Debo de admitir que me daba mucha vergüenza publicar esto. Por eso me tarde tanto. Lo siento por quienes estaban esperando. ¡Espero lo disfruten!

*Inuyasha y compañía no me pertenecen. Por favor no demandar, soy estudiante universitario hambriento*


Si alguien se enteraba de esto Inuyasha de seguro que estaría en muchos problemas.

Tenía la frente perlada en sudor, le temblaban las manos y las piernas, no sabía cuánto más podría resistir de pie. Golpeó su cabeza contra la pared y se mordió los labios con fuerza para no emitir ningún sonido. Se preguntó brevemente si alguien podría morir por esto… Seguro que él podría.

El día había sido perfecto, se graduaban por fin los alumnos de tercer grado. Nuevos adultos qué ahora tenían que afrontar la universidad como él. Tenía 20 años y estaba estudiando para ser maestro de deportes. Un amigo de su padre le había ofrecido un trabajo de medio tiempo como asistente del profesor de gimnasia, le servía como práctica para su futuro así que había aceptado gustoso.

Le iba relativamente bien, tratar con adolescentes no era realmente tan difícil a pesar de que la diferencia de edad no era demasiada. O eso pensó hasta que conoció a cierta chica. Decir que era bonita se quedaba corto, cabello negro ondulado, ojos grises, labios rosados y un cuerpo que le hacía agua la boca. Alumna de tercer grado, capitana del equipo de tiro con arco, Kagome Higurashi era prácticamente su fantasía erotica en persona. Pero también era una alumna, y aunque solo se llevaban 2 años de diferencia, él tenía que marcar un límite rotundo al acercarse a ella. El Problema fue que ella parecía querer cruzar ese límite ante cualquier oportunidad, cada que se encontraba con él lo tocaba de alguna manera… en el brazo, la espalda, los hombros, el cabello. Kagome era en extremo coqueta con él. Se negaba a llamarlo Profesor Taisho (aunque en realidad aun no fuera profesor) siempre le llamaba directamente Inuyasha.

A Inuyasha le causaba un escalofrío en la piel la manera en que articulaba su nombre, como si lo saboreara, tenía cierta decadencia en la pronunciación qué lo excitaba y estaba seguro de que ella sabía los efectos qué tenía sobre él.

Tuvo que soportar la tortura de mirarla a la distancia durante un año completo. Un año que trajo gran cantidad de sueños húmedos muy explícitos y creativos. Sueños que lo dejaban ansioso y con una furiosa erección qué él tenía que calmar cada mañana antes de ir a trabajar y otra antes de asistir a la universidad por las tardes.

Pero a pesar de todos los coqueteos descarados y los toques furtivos, él mantuvo su distancia.

Hoy ella se graduaba e iba a la universidad, tenía sentimientos encontrados, angustia ya que no la vería de nuevo, pero al mismo tiempo tenía una leve sensación de tranquilidad por que la tentación por fin estaría fuera de su alcance.

O eso pensó hasta que alguien derramó refresco sobre su camisa de vestir casi al final de la ceremonia de graduación. Había corrido al baño privado dentro de la sala de profesores para limpiarse, estaba tan concentrado tallando la mancha de su camisa en el lavabo qué no escucho la puerta abrirse y luego cerrarse y mucho menos cuando pusieron seguro a dicha puerta.

Se dio cuenta que no estaba solo cuando unos delicados dedos se deslizaron por toda su columna, desde la parte superior de la espalda hasta el cinturón de los pantalones, el toque tan tentador lo hizo estremecerse y le puso la piel de gallina. Cerro los ojos con fuerza porque sabía a quien pertenecía esa mano, tuvo un año para familiarizarse con su toque caliente tan delicado. Quedó en shock cuando un beso húmedo fue puesto sobre su omóplato, seguido del susurro qué hizo qué su polla despertará con furia en ese mismo instante.

— ¿Todo bien Inuyasha?

Se negaba a darse la vuelta, así que solo se mantuvo firme y cerró los ojos con fuerza.

— K-Kagome, ¿qué crees que estás haciendo aquí?

— Estaba preocupada ya que desapareciste tan de repente.

— Deberías salir de aquí, nos meterás en problemas a ambos.

— Quiero portarme muy mal en mi último día Profesor Taisho — ronroneo Kagome en su oido.

Eso lo tomó por sorpresa y se giró para mirarla a los ojos, definitivamente fue un error porque la mirada llena de deseo que le estaba dando hizo qué le temblaran las piernas. Ella se estaba mordiendo los labios mientras giraba un mechón de su cabello entre sus dedos. Su mirada bajó lentamente analizando a conciencia su torso desnudo, sus delicadas uñas fueron dejando un rastro ardiente sobre su pecho y abdomen hasta su cinturón donde lo tomó con firmeza y lo jaló hacia ella.

Sus labios chocaron e Inuyasha perdió la batalla, la besó con fuerza, con esa asfixiante necesidad que tenía desde que la conoció. Su beso era todo lengua, dientes y jadeos necesitados. Gemidos contenidos apenas entre ellos, ¡demonios! él la deseaba con desesperación. En el fondo su conciencia gritaba qué se detuviera, qué esto estaba mal pero al mismo tiempo se sentía tan bien que su cuerpo se negaba a ceder.

Kagome se alejo de sus labios de repente y solo pudo gemir por la perdida de contacto, abrió los ojos para verla de rodillas ante él. ¿En que momento había abierto su cinturón y pantalones? Ella bajo su ropa en un solo movimiento liberando su dura y necesitada polla justo frente a sus ojos. Verla relamerse los labios como si estuviera a punto de degustar un caramelo lo hizo estremecer... sabía lo que ella tenía planeado.

Sin dejar de mirarlo a los ojos saco su lengua y le dio una larga y húmeda lamida desde la base hasta la punta qué casi lo hizo atragantarse con su propia saliva. Cuando ella lo sumergió hasta el fondo, tocando su garganta con su erección, sintió que podía convulsionar en el acto. Abandono su polla con un audible pop pero sus ojos se negaban liberar el hechizo qué tenían sobre él.

— Tan delicioso Profesor Taisho — la cadencia lujuriosa en sus palabras lo estaba volviendo loco.

En ese momento mando todo al diablo, no le importaba qué perdiera su trabajo, él se iba a follar a Kagome Higurashi.

Ella volvió a chuparlo, dando lentas y largas lamidas, alternando entre su saco y su polla. Cuando llegaba a la punta giraba su lengua y chupaba la cabeza con delicadeza. No sabía dónde había aprendido tales trucos, una leve punzada de celos se registro pero fue olvidada de inmediato cuando ella lo engullo hasta el fondo de nuevo. Lo que su boca no alcanzaba a tomar lo compensaba usando una mano, su cabeza comenzó a acelerar el movimiento, la mano que no estaba trabajando su polla ahueco su saco para masajearlo en tandem.

No sabía cuándo tiempo llevaban encerrados en el baño, podrían ser solo minutos u horas, a Inuyasha ya no le importaba, solo le interesaba la boca caliente de Kagome, sus maullidos excitados alrededor de su polla y sus propios jadeos trabajosos, sentía como el placer llegaba a un punto culminante. Sus bolas se tensaban con su eminente liberación por lo que trato de apartar a Kagome por los hombros pero ella opuso resistencia, en cambio aceleró sus movimientos, después de una fuerte succión qué hizo qué sus piernas temblaran abandono su polla pero su mano siguió trabajándolo.

— Lo quiero todo en mi boca Inuyasha, así que dámelo…

— ¡Joder…!

Sintió que algo dentro de él hervía, ella definitivamente era una niña sucia… Su niña sucia de ahora en adelante.

Puso sus manos en el cabello negro y sedoso de la pequeña zorra y la llevo de regreso a su palpitante polla. Ella abrió gustosa su boca y dejó que se la follara a su propio ritmo, sus embestidas eran rápidas y duras, siempre con cuidado de que ella mantuviera su mandíbula relajada y no ahogarla con su dura erección. Cuando sus bolas se apretaron con fuerza se incrustó lo más que pudo dentro de la dulce boca de Kagome y se derramó por completo en su garganta. Él no podía hablar, sus gruñidos sin sentido eran todo lo que salía de sus labios. El jadeo qué ella dejó escapar añadió una sensación de placer sin límites a su orgasmo, lo bebió, lo lamió ansiosa por no desperdiciar ni una gota de su espesa liberación. Sentía la mente nublada, sus piernas eran de goma en ese momento y no dejaban de temblar. Cuando ella se dio por satisfecha y se levantó limpiando los restos de la comisura de sus labios él estaba listo para devolver el favor, se la comería en ese instante antes de estar listo para follarla duro contra la pared.

Lo que no esperaba era que ella se acercó con una enorme sonrisa y le dio un dulce beso en los labios. Ella acomodo su cabello en el espejo qué estaba cerca y lo que dijo después lo dejó pasmado.

— Simplemente delicioso, justo como esperaba de ti. Lastima que tengo que irme. Nos vemos después Inuyasha. Definitivamente soñare contigo.

— P-Pero…

Se dio la vuelta y desapareció por la puerta guiñando un ojo y meneando esas deliciosas caderas.

Lo abandono ahí con la polla medio erecta, los pantalones en los tobillos y una sensación de insatisfacción... no por lo sexual, eso estaba cubierto, más o menos.

Pero no dejaba de sentirse vacío.

¿Qué pasó ? ¿Qué fue eso? ¿No significó nada?

Lo dudaba, había aprendido muchas cosas de Kagome Higurashi y ella no era una jugadora, nunca coqueteaba con nadie qué no fuera él.

Se vistió con prisa, la buscaría de inmediato.

Él enfrentaría cualquier cosa que ella tuviera que decir y definitivamente la invitaría a salir, porque después de esto que acababa de suceder no la iba a dejar escapar de su vida.

¡Kagome Higurashi sería suya!


¿Este es el final? En realidad no, si esta historia, qué me dio muchísima vergüenza escribir, tiene comentarios positivos puede que les muestre el reencuentro.

Espero que les haya gustado. Muchas gracias por todos los bellos comentarios. Y disculpen si los contesto por MP ya que lo hago desde la app y no de mi computadora.