Akagami no shirayuki hime no me pertenece.
Un buen Príncipe
El Príncipe Raj poco a poco comenzaba a cambiar. Ya no era más aquel niño egocéntrico que alguna vez fue. Estudiaba y se preocupaba por su pueblo. Incluso visitaba seguido a los aldeanos, para conocer cuáles eran sus necesidades y poder ayudarlos.
Después de regresar de un viaje muy agotador, se tendió en su cama dispuesto a dormir. Recostado, miraba hacia su gran ventana.
Era ella la que lo había hecho cambiar, su forma de ver la vida, el deseo por saber más del mundo que los rodea. Ella era única, ¿por qué no se dio cuenta antes? ¿por qué solo se había fijado en su reluciente cabello rojo? Había dicho que no la necesitaba a su lado. Y eso tenía una razón. Él aún no era digno de estar a su lado. Lo sería cuando se hubiera convertido en el mejor Príncipe que sus tierras podrían haber deseado. Para eso incluso, debía ser mejor que Zen.
Cuando ese día llegara, la invitaría a un baile en Castillo y le rogaría de ser necesario que se quede a su lado.
Lanzó un largo suspiro y cerró los ojos. Debía descansar, el día de mañana iba a ser muy largo y cansado si quería cumplir su objetivo.
