Strawberries and cigarettes

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—¿En serio vas a dejar de fumar? — Nana le miraba seria mientras Ren terminaba de fumarse su cigarro — . No me mires de esa manera. No esperarás que ahora todos dejemos de fumar porque tú quieras dejarlo…

— ¿No me ves capaz? — inquirió recelosa y un poco mosqueada por los comentarios que había recibido desde que había decidido dejarlo.

— ¡No he dicho eso! — quiso evitar un malentendido —. Pero tienes que entender que no es de la noche a la mañana…

— ¡Eso ya lo sé! ¡Ya me las apañaré! — se fue directa hacía la ventana y se quedó observando el paisaje, el mar que se veía a través del cristal de aquel apartamento que compartía con Ren.

— Oye, tampoco te estreses. Poco a poco...— Ren se fue hacía ella y la abrazó por detrás. Nana quiso zafarse pero Ren no la dejó intensificando el agarre —. No me rechaces… — le susurró cerca de su oído — . Sabes que puedes contar conmigo...

Ren sabía que Nana estaba pasando por un momento delicado. De inseguridad para ser más concretos. Se comparaba con Layla y a raíz de eso muchos complejos habían salido a flote. Pero aunque intentaba que todo volviese a su cauce y apoyar a Nana, parecía que ella no estuviese dispuesta.

Se quedaron en silencio abrazados varios segundos largos hasta que Nana intranquila retomó la palabra.

—¡Suelta! Últimamente estás muy sentimental —Ren le dejó espacio y Nana tomó distancia.

—¿Y no te gusta? —Ren ya conocía el carácter orgulloso de Nana pero le preocupaba que esa actitud distante se tornase algo habitual —. ¿Te van más los hombre fríos como Takumi? —sabía que ese comentario haría saltar a Nana y lo había dicho a propósito.

—¡Takumi debería estar muerto! —sentenció tajante.

Frase que para cualquiera hubiese sido un escándalo para Ren sonó neutral. Ya se esperaba una contestación de ese tipo.

—¡Qué agresiva es mi chica! —Nana que hasta entonces seguía dándole la espalda se giró hacia Ren y se lo encontró sonriendo.

Mi chica. Que bien sonaba cuando Ren lo decía. Aquellas dos palabras resonaron en el corazón de Nana.

El móvil de Ren sonó y fue hasta la mesita de noche para ver quién era. Nana al darse cuenta de que no lo cogía le interrogó.

—¿Quién es? ¿No vas a cogerlo?

Ren rascó su cabeza y antes de decirlo discutió consigo mismo internamente sobre si mentirle o no. Finalmente y como siempre acababa siendo sincero.

—Layla. Supongo que querrá saber si iré a la sesión de fotos de esta tarde. —Nana no dijo nada y se fue directa a la nevera. Abrió la puerta y sacó un plato repleto de fresas—. No iré —se adelantó a decir volviendo a dejar el teléfono encima de la mesita mientras seguía sonando —. ¿Vas a comerte todo eso?

El plato de fresas estaba a reventar y ni siquiera podía llegar a contar cuantas había dentro.

—Sí.

—¿Ni una para mi? —Nana ya había engullido una e iba a por la siguiente —No vayas a atragantarte.

A Ren le encantaba picarle, aunque tenía que admitir que no era tan divertido si Nana no participaba. Se echo en la cama y dejó que los minutos pasasen. Ninguno de los dos dijo nada por un buen rato y Ren sumido en sus pensamientos, tenía los ojos cerrados. No fue hasta que un gran estruendo resonó que del susto instintivamente se incorporó al instante.

El plato lleno de fresas estaba en el suelo echo pedazos y varias fresas esparcidas aquí y allá. Nana se había quedado estática, paralizada, mirando la escena como si no formase parte de su realidad. Ren tardó varios segundos en reaccionar pero después se fue directo hacía ella evitando que cogiese con la mano algún pedazo y pudiese cortarse.

—Déjalo, lo recogeré yo —Nana tenía los ojos cristalinos, como si unas ganas inmensas de llorar estuviesen emujándole. Pero no lloró, ninguna lágrima resbaló por su cara —. ¿Nana?

—Lo he vuelto a hacer… —murmuraba al aire y Ren le cogió de la mano.

—¿Estás bien? —Nana apoyó su frente en el pecho de Ren y este dejó que reposase en él, para seguidamente acariciar su pelo —. No te preocupes, compraremos más —quiso tranquilizarla al notar que su cuerpo temblaba por momentos.

Estaba rara. Por supuesto que lo estaba. Que Hachi estuviese con Takumi y la hubiese "abandonado" para Nana era un disgusto que no sanaría en años. Y para rematar que ahora hubiese decidido dejar de fumar le estaba afectando, no solo a su humor, sino a todo su carácter. Estaba más irascible que nunca, se ponía nerviosa por nada, la mayoría de veces se mostraba distante y sus celos estaban a flor de piel cada vez que el nombre de Layla salía en alguna conversación. Podía entenderlo, pero Ren pensó que como no hiciese algo para cambiar eso, pronto tendrían una crisis.

—¡Cómo voy a estar bien…! —la voz de Nana salió turbia —¡¿Qué no me ves?!….

—Para mi siempre estás perfecta.

Y a pesar de que su intención era reconfortarla no mentía. Ren siempre veía a su Nana perfecta, en todos los sentidos.

Incluso cuando ni ella misma era capaz de aceptarse, Ren lo hacía.

Antes de que pudiese rechistar Ren ya se había adelantado y acallado la boca de Nana posicionando la suya encima. Nana enseguida se calmó cuando su lengua se mezcló con la de Ren, como si probar su saliva fuese su calmante. Ren la besó fogosamente y el morreo se prolongó.

—Tu boca apesta a tabaco —espetó frunciendo el ceño a lo que Ren no dudo en contraatacar.

—La tuya sabe a fresas y me encanta.

Con agilidad Ren cargó el cuerpo de Nana. No pesaba nada y era tan liviano... A veces había tenido la tentación de romperlo.

La dejó encima de la cama y se tomó su tiempo para deleitarse y mirarla de arriba a abajo.

No se la merecía, o eso pensó Ren en aquel momento fugaz en que la lujuria empezaba a hacer estragos y ya le había nublado el juicio.

La pasión entre ellos siempre había sido extrema. El sexo una parte muy importante de su relación en la que se entendían a la perfección. Se deseaban al límite, se atraían y cuando ambos estaban en ese plan, el calor era tal que incluso el mismísimo diablo sentía envidia.

—No me pidas que pare ahora porque no voy a poder —comentó Ren cachondo y completamente seguro de lo que decía.

Nana abrió sus ojos chocada cuando le dijo aquello con ese timbre de voz tan firme y directo. Ren acostumbraba a ser fogoso pero en ese momento sonó diferente.

Después de muchos besos en el cuello de Nana y después de haberse quitado todo lo que le quedaba de ropa, empezó a desvestir a Nana.

—Idiota… Haz algo o te saco de la cama —pronunció al ver que Ren se había quedado embobado mirándola cuando estuvo desnuda del todo.

Lo cierto era que cuando Ren la miraba de esa manera le avergonzaba.

Aquella orden fuese acatada por Ren de inmediato. Posicionó su mano derecha en el cuello de Nana y lo apretó, lo suficiente como para que Nana sintiese esa presión en su garganta, pero sin llegar a hacerle daño. Nana entreabrió su boca para poder coger aire y Ren la penetró.

Lo que vino después ya lo conocían. Fluidos, su voz entrecortada, gemidos, labios rojos, el sudor empapando su frente, calor, mucho calor...Ganas de gritar…

—Ahgh...Ren…

Ren quién seguía con una de sus manos en su cuello, acercó la otra hasta la boca de Nana. Pasó sus dedos por entre sus labios abriéndose camino hasta meter uno dentro. Nana lo lamió despacio y aquella imagen tan provocativa y erótica no hizo otra cosa que encenderle aún más.

—Nunca me cansaría de esto...—murmuró embriagado mientras seguía embistiéndole.

No le faltaban admiradoras y estaba seguro de que más de a mitad de ellas estarían dispuestas a bajarse las bragas sin necesidad de decirles nada.

Pero para Ren, Nana era todo su mundo.

El ambiente se volvió un tanto violento cuando ya casi explotaba y anticipando que estaba a punto de llegar al éxtasis, Ren aumentó el ritmo. Nana apenas pudo abrir la boca o quejarse porque Ren se encargó de taparsela y apretándole la cabeza contra la almohada no dejó de metersela, esta vez muy duro. En pocos segundos el líquido blanquecino caliente se escurría por las piernas de Nana, manchando las sabanas también.

Noches como aquella marcaban siempre un punto de inflexión. Como si volviesen a renacer en el pasado y empezasen de nuevo. Como aquella noche llena de deseo en la que se conocieron.

Cuando ambos estuvieron más serenos y tranquilos, y Ren ya se había acostado al lado de Nana, ella se quejó.

—Te has pasado… —se incorporó reparando en lo sucias que habían quedado las sabanas —. Te tocará a ti lavar esta asquerosidad.

Ren cogió un cigarro y lo encendió.

—Siempre a sus ordenes, señorita.

—No te burles.

—No lo hago. Lo limpiaré —dijo finalmente pasando su brazo por entre la nuca de Nana y atrayendola hacía él —Y el plato roto también.

Cuando Nana recordó lo que había pasado hacía apenas unos minutos se tensó de nuevo y Ren al darse cuenta se incorporó quedando los dos sentados encima de la cama.

—¿Crees que me estoy volviendo loca? —peguntó de repente cogiendo por sorpresa a Ren pero que no quiso echar más leña al fuego e intentó desviar la conversación.

—¡¿Loca?! ¿Loca por mí? Sí, seguro.

Nana le dio un golpe en el hombro y Ren sonrió.

Nana pensó que sus emociones fluctuaban como una maldita montaña rusa. Hacía un rato se sentía tan tensa y desquiciada, para pasar del desconcierto puro a la calma absoluta. Sí, todo era culpa de Ren. Aquella calma que le envolvía por momentos era culpa de Ren, pero ¿por qué?

—Nana…

Ren fumaba su cigarro despacio. El humo se esparcía por ese pequeño espacio que compartían en esa cama. Nana inevitablemente aspiraba también de esa nube de nicotina al estar tan cerca de Ren. Pensó que de esa manera se le haría tremendamente difícil dejarlo pero de alguna forma aquello la tranquilizaba.

¿Sería por eso que en ocasiones conseguía sentirse en paz y calmada? Porque Ren le daba pequeños chutes de su adición, el tabaco?

Ambos se miraron a los ojos.

—...¿Qué pasaría si me muriese?…. —era una pregunta directa y clara, pero lo suficientemente perturbadora como para que en la cabeza de Nana diese muchas vueltas y no pudiese contestar hasta pasados largos segundos.

—¿Morirte? ¿A qué viene eso ahora?

Recordaba perfectamente que ella en varias ocasiones le había sacado el tema de la muerte. Y que se había convertido en una especie de promesa romántica.

Si tú mueres yo moriría contigo.

—Nunca estamos seguros cuando vamos a morir.

Nana no dijo nada y dejó que las manos de Ren le acariciasen.

¿Morirse? Sí, por supuesto. Algún día se morirían. La vida no era eterna y siempre tenías que vivir con esa cruda realidad de por medio.

—¿Y si me muriese yo? —Nana invirtió la pregunta y tomó por sorpresa a un Ren que no se la esperaba pero que no dudo al contestar.

—Yo iré dónde tú vayas —pronunció sereno y convencido.

Fue Nana esta vez la que tomó la iniciativa y besó a su novio.

Ren era increíble.

Por muchas vidas que pasasen Ren siempre sería su héroe.

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(POV NANA)

Habíamos hablado tantas veces sobre la muerte….Nunca las suficientes….Cuándo de verdad le tenemos que hacer frente, el mundo se para. El mío sigue en pausa desde que te fuiste, Ren.

¿Qué viste antes de morir? ¿Sufriste? ¿Tuviste miedo? Tengo tantas preguntas que me gustaría saciar que a veces creo que voy a colapsar.

Tus manos se salvaron...¿Será que con eso puedes descansar en paz?

Te fuiste sin avisar. Ni siquiera pudimos despedirnos y ese tormento me acompañará siempre.

Ese día parte de mi corazón se fue contigo...el poco que me queda aún me deja respirar….¿Hasta cuándo? No lo sé, pero hasta entonces y hasta que nos reencontremos, seguiré rezando por ti, mi querido héroe. Seguiré cantando para que no te olvides de mi voz.

Oh...¿Sabes qué? Al final sí pude dejar de fumar. Al menos una temporada pero ….tus seven stars siguen tranquilizándome...y su olor...ese olor….

Ese olor siempre me sigue llevando hasta ti.

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