Notas Iniciales: Que ganas de escribir a Ikki desesperado por el afecto de su hermano en diferentes niveles. Y bueno, no hay mucho lore respecto a cierta película en 3d de Saint Seiya, así que… me tomaré muchas libertades creativas.

Advertencias: Riesgo de lemon incestuoso.

Inspirado en la canción "Had some drinks" de Two Feet.


Nota Silenciosa.

—Me gustas. Por favor sal conmigo. —Las palabras de la chica no le causaron ningún impacto pero Shun prefirió dedicarle una sonrisa apenada, era mejor que no demostrarle emoción alguna, o eso suponía. ¿Cuántas chicas se le han confesado en el mes? A veces le gustaría pasar desapercibido como el resto de sus compañeros para no tener que lidiar con esto con tanta frecuencia. La chica de esa tarde era alta, esbelta con un largo cabello rubio brillante y unos bellos ojos azules; una extranjera, estudiante de intercambio que había arribado a Japón la pasada primavera. Creía recordar que su nombre era June.

—Lo siento, agradezco tus sentimientos pero la verdad es que me gusta otra persona.

El viento sopló con suavidad, apenas agitando unos cuantos cabellos rebeldes en las cabezas de los dos estudiantes que yacían de frente detrás de las antiguas aulas del instituto que en el presente servían de almacenes para mueblería desgastada y donde una porción de naturaleza hacía del lugar una entrada espiritual de jardín, abundante en privacidad.

—Eso dicen… pero, Shun, dime una cosa. ¿Es de esta escuela?

—No.

—Debe ser muy maravillosa para que te guste tanto. ¿Cómo es?

Aquello lo sorprendió, era la primera mujer que estaba interesada en revelar ese detalle de forma directa, usualmente todas se marchaban en este punto, al menos si poseían la suficiente dignidad para no insistir. Sin embargo, Shun concluyó no afectaría en nada compartirle un poco de aquello que lo cautivaba tanto como le hería el corazón cada vez que lo pensaba o estaba a su lado. No tenía a nadie con quien hablar de ello sin correr un riesgo absurdo después de todo.

—Es una persona muy solitaria, reservada aunque intensa. Nunca sé lo que está pensando. Quisiera comprenderla pero a veces me resulta inalcanzable.

—Así como tú lo eres —declaró la chica de pronto con una sonrisa—, para muchas de nosotras.

No supo cómo responder, así que se quedó callado mientras la veía despedirse con lágrimas en los ojos. Sus compañeros de clase solían bromear diciéndole que ya debería estar acostumbrado pero lo cierto era que no le gustaba para nada ver a sus pretendientes llorar. Tal vez era su honor como caballero de bronce proyectándose, pues fue por el bien de una diosa encarnada en una joven de su edad que terminó entrenando hasta el hartazgo, la placa que colgaba de su cuello y que contenía discretamente su armadura se lo recordaba cada vez que se encontraba con el reflejo del espejo. Miró al cielo preguntándose cuándo volvería ser llamado para cumplir con su deber en el Santuario. Hasta ese momento todo había sido pacífico y le sabía un poco a melancolía, aunque no era que deseara un desastre para actuar, era mejor si el planeta yacía libre de peligro. Pero sin una amenaza arrastrándose en contra del equilibrio que -los santos como él- resguardaban, sería desgastante tolerar el reiterado mal humor de Ikki.

.

La escuela terminó y él volvió al departamento que rentaba junto a su hermano, notando enseguida el desorden que abandonaron en la mañana. El vago mentiroso, siempre hacía promesas que no cumpliría en el último momento; seguramente volvería a excusarse con su partida tardía al trabajo. Recordando su propio empleo de medio tiempo se dispuso ir en busca de su segundo uniforme del día para alejarse una vez más de su silencioso departamento. No entendía lo que le ocurría a Ikki, abandonando la posibilidad de continuar sus estudios por la añoranza de violencia y guerras futuras. Eran santos al servicio de Atenea pero Shun siempre creyó eso no debía interferir con sus vidas privadas mientras tuvieran la mínima excelencia en los puestos que tomaban para renunciar cuando fuera necesario. A veces pensaba que todo el asunto de ser guerreros extraterrenales, su hermano lo usaba de pretexto únicamente para llevarle la contraria, cosa que lo irritaba mucho.

Desde que podía recordar, Ikki era el modelo de hermano mayor sobreprotector: celoso, desconfiado, atento y amable, algo que cambió en cuanto se separaron para asistir a distintos campos de entrenamiento y les hicieron entrega de sus respectivas armaduras. Entonces se hizo distante con él, degradándolo en combate al decir abiertamente que se avergonzaba de tener un hermano menor tan débil, que de no ser parte de su sangre, lo asesinaría él mismo*. Shun quiso excusarlo ante sus amigos por el bestial entrenamiento al que fue sometido en comparación a ellos pero con los días su relación no parecía mejorar nada.

En cuanto terminó la batalla por la que habían sido criados, tomaron la decisión de vivir juntos para solventar sus necesidades como una familia y había funcionado, pero además de eso no parecían congeniar en nada. Había esa tensión en el aire que podría llevarlos a protagonizar una calurosa discusión que podría concluir en un homicidio pasional. O en algo más. Pero Shun no quería pensar en eso ni imaginarse que tal cosa fuera ser posible ya que era su hermano con quien estaba tratando.

Ikki de Fénix, el bravucón, el solitario, el ácido, el herido. El que le acariciaba suavemente de diferentes maneras cuando creía que estaba dormido después de haber estudiado hasta tarde.

Shun tragó espeso saliva ante el recuerdo. Y aunque se distrajo de esos pensamientos mientras trabajaba, no pudo evitar tenerlo en mente al volver de su ardua jornada. ¿Por qué lo mimaba en secreto? ¿Realmente era tan extraño que dos hermanos varones se mostraran cariño de esa manera? Quizás lo era pero Shun sin duda querría que le dedicara esos gestos estando visiblemente consciente. Sí, su relación nunca fue del todo normal pero sentía que no les haría daño traspasar otro límite, después de todo ya había aceptado esa atracción depravada que Ikki le provocó luego de cinco años sin saber nada de él. El santo de Andrómeda no era de los que espiaban pero no se impedía contemplar demasiado atentamente el cuerpo de Ikki cuando se paseaba por las habitaciones con nada más que los boxers en épocas muy calientes. A estas alturas era una situación común, por lo que Shun se entretenía buscando las cicatrices que despertaban en él una extraña sed al imaginarse recorriendo esa bronceada piel.

Después de terminar con sus deberes escolares, Shun miró el reloj de la sala para darse cuenta que ya estaba a dos minutos de la media noche y ni rastros de Ikki. ¿Dónde se habría metido? No era normal que se retrasara tanto ya que no era adepto a convivir con sus compañeros de trabajo, más interesado en perder el tiempo encerrado en su habitación ejercitándose o dar paseos nocturnos, cosa que ocurría después de avisarle. Revisó la bandeja de mensajes en su teléfono móvil; ninguno reciente. Sólo esperaba esto no se debiera a algo de lo cual preocuparse. Con resignación se fue a dormir pero el sofocante silencio le impidió conciliar el sueño, quedándose despierto bajo la seda de sus sabanas hasta que escuchó el sonido de la puerta abriéndose de forma ruidosa, señal suficiente para que saliera de la cama y corriera a recibirlo. No sabía qué esperaba ver cuando lo fue a buscar pero sin duda nunca se hubiese imaginado verlo tambalearse un poco luego de quitarse los zapatos en la entrada, dedicándole una cínica sonrisa que lo hacía ver salvaje por su aspecto desalineado.

— ¿Qué hay, hermanito? ¿Despierto hasta tarde por los deberes otra vez?

—Ikki… —Shun pronunció su nombre con un hilo de voz, absorto por lo que veía—. ¿Bebiste?

—Traje para ti también. —El santo de Fénix se inclinó para tomar del suelo una bolsa repleta de latas con sake—. Ya sé que te faltan un par de años para ser mayor de edad pero, hey, no le diré a nadie si tú no lo haces. Así que, ¿qué dices? ¿Me acompañas? —Shun balbuceó un poco debido al desconcierto que experimentaba pero no tuvo oportunidad de negarse cuando Ikki lo alcanzó de la muñeca y lo arrastró hasta el comedor donde lo obligó sentarse para ofrecerle la primer lata abierta por sus propias manos—. Anda, no te pongas nervioso y bebe —le alentó.

Shun miró la bebida con desconfianza. En primer lugar no sabía que su hermano bebía ni tampoco que fumara, pues no tardó en verlo encenderse un cigarrillo sin borrar esa burlona expresión del rostro, presumiendo de una mirada filosa como su cosmos. Cuando expulsó el humo lo volteó a ver, entonces supo que estaba en problemas.

—Hoy fui a buscarte a tu escuela —la confesión lo tomó por sorpresa—. Vi cómo te rodeaban todas esas chicas. Eres muy popular, ¿eh?

—¿Saliste a comer?

—¿Con cuántas te has enredado? —inquirió Ikki ignorando su pregunta.

—Ninguna —mintió Shun incómodamente.

—No te creo, a estas alturas ya debiste presentarme diez novias como mínimo. Sin embargo, no te he conocido una sola. No me quejaré si me dices que prefieres mantener tus relaciones amorosas en privado, aunque no lo entendería, sería incapaz de robártelas. No tengo tanta suerte como tú, ¿sabes? Mucho menos la cara o el carisma.

— ¿Por qué no me avisaste que irías a buscarme?

—No me cambies el tema, estamos hablando de ti, Shunny.

—No me llames así.

— ¿Por qué no? Solía llamarte así todo el tiempo.

—Cuando éramos niños. Está muy fuera de lugar que lo hagas ahora después de que no lo has hecho por más de cinco años.

—Siempre puedo retomar la costumbre, Shunny. Ya sabes, para reparar la hermandad.

—Basta —exigió Shun tras reconocerse irritado. Simplemente no le gustaba la manera en que Ikki sacaba el tema a colación.

—Es muy lindo que te muestres tan avergonzado —se burló antes de mirar la lata llena frente a Shun y señalar lo evidente—. No haz probado tu sake.

—Prefiero no hacerlo viendo lo que te ha hecho a ti.

Ikki se echó a reír como si su hermano acabara de hacer una broma grandiosa, algo que no le pareció gracioso en lo absoluto a Shun de Andrómeda, ya que su hermano se estaba comportando el doble de cretino por el consumo desmedido de alcohol, sin mencionar que el aroma del tabaco comenzaba a molestarlo también. Shun no se consideraba a sí mismo una persona de códigos éticos estrictos pero en esos instantes estaba aborreciendo ver a su hermano presa de esos mundanos e innecesarios vicios. Si alguien le diera a elegir un mejor escenario, se inclinaría por verle violentar a un oponente, a pesar de que a Shun realmente no le gustaba ver sufrir a otros.

—Entonces, como no tienes novia a pesar de todo, ¿significa que tienes gustos especiales? —Ikki continúo interrogándolo, el cigarrillo entre sus labios y la lata en sus dedos, listos para hacer un movimiento ascendiente directo a su boca cuando prefiriera tragar algo más líquido. Más que la pregunta, el tono con que la pronunció dejó a Shun helado—. No me dirás que estás interesado en ese tipo Hyoga, ¿o sí? Aceptaría más fácilmente que tengas una fijación por Shiryuu el Dragón, al menos ese no tiene complejo de Edipo y es responsable. Tampoco es ruidoso como el inútil de Seiya pero, según me enteré, está enamorado de una chica. Aunque si sólo tienes curiosidad, casi prefiero que la sacies conmigo.

— ¿¡Qué estás diciendo!?

Sin contenerse más Shun se puso de pie con un movimiento brusco, como queriendo salir huyendo, escandalizado por todo lo que su hermano decía. La silla y la mesa crujieron victimas de su apresurada acción, generando mucha más incomodidad entre los dos. Pero el suspiro que emergió de los labios de Ikki no combinó con la rudeza de sus palabras o siquiera con la mirada entristecida que de pronto le regaló, en este punto todo lo que Shun veía en él lo confundía.

—Vamos, al menos sígueme la corriente. Será la primera y última vez que te pida algo así.

— ¿Qué es lo que te pasa? Yo… No lo entiendo.

—Quiero charlar, ¿de acuerdo? Volver a entendernos, porque no soporto vivir junto a mi hermano y sentirlo como un completo desconocido. Ya sé que es en parte mi culpa pero tú tampoco has hecho mucho para solucionarlo. Hasta parece que preferirías que continuara siendo así. Cero compromisos familiares, cero cargos de consciencia.

— ¿Qué?

—Sabes bien de lo que hablo.

—En realidad no.

—Te queda bien estar confuso —dijo Ikki con tanta naturalidad que sembró una ola de calor en las entrañas del santo de Andrómeda, misma que se elevó hasta su cara, pintando desordenadamente sus pálidas mejillas a la vista de esa sonrisa depredadora.

— ¿Por qué estas coqueteando conmigo?

—No te estoy coqueteando. —Ikki desvió la mirada con nerviosismo, fue la primera señal que Shun logró capturar al instante, razón por la que también sonrió con cierta timidez y malicia.

— ¿Y qué esperas?

Era un movimiento arriesgado, un balanceo irregular en la cuerda floja; Shun lo comprendía a la perfección. Sin embargo, no podía perder la oportunidad de dar este salto suicida para comprobar de una vez por todas las intenciones de su distante hermano mayor con él. Podría excusarse, alegando aquello como una broma de pésimo gusto pero la reacción de Ikki no sólo provocó que se le formara un hueco en el estómago sino que convirtió en una tetera en ebullición la sangre corriendo por sus venas. Ikki se mordió los labios, lo miró de reojo un instante mientras se sujetaba la nuca y entonces se bebió todo el sake de una nueva lata hasta el fondo. Si aquello no era estar insinuándose a su torpe manera, Shun no tenía idea de lo que era. Tampoco dudaba que estuviera sintiendo culpa. El más joven se acercó a la mesa de nuevo y sin tomar asiento dio un contemplativo trago a su lata, asqueándose ligeramente por el sabor inicial pero necesitando beber más para acumular valor hacia lo que estaba dispuesto intentar. Cuando terminó de tragar una cantidad generosa golpeó la lata en la superficie de la mesa con un ruido sordo, un contraste en su delicadeza y fijación por los modales; eso a Ikki le encantó.

—No es que no me interesen las mujeres, a decir verdad he tenido unas cuantas experiencias. Recibo confesiones de amor cada cierto tiempo desde que comencé a cursar la preparatoria. La mayoría en persona y unas cuantas en carta —comentó a tientas—. Pero siempre les respondo lo mismo: "Me gusta otra persona", "Estoy enamorado de alguien más", "Mi corazón pertenece a otro individuo". —Dio otro sorbo mucho más largo a su sake, tosiendo al finalizar debido a lo mucho que caló en su garganta—. Esta última vez me preguntaron cómo era y… yo respondí con la verdad. Le dije que es una persona solitaria, reservada pero intensa. Nunca sé lo que pasa por su cabeza pero aunque quisiera comprenderla… siempre…

Miró a Ikki directo a los ojos después de pronunciar aquello, dándose cuenta que no poseía el valor suficiente para sostenerle la vista por más tiempo, así que la desvió de manera incomoda. Aunque la expresión de su hermano fuera ilegible, quería pensar que el brillo en sus pupilas tenía un significado positivo en su maniobra. Se esforzó en retomar la palabra pero se encontró separando los labios un par de veces sin que su voz surgiera. Comenzaba a sentirse un idiota por no finalizar su sentencia, más cuando estaba a punto de proseguir fue interrumpido.

—Shun. —La dureza en el tono de Ikki lo silenció al instante pero lo que realmente le arrancó las palabras de la boca fue la mano del santo de Fénix posándose deliberadamente sobre la suya, acariciándole los dedos casi con ternura—. No lo digas.

Luego todo fue silencio, agobiante y desgarradora quietud, donde podía colarse sin problema el sonido de los autos avanzando a gran velocidad por la carretera o los ruidos discretos de los vecinos de cada extremo próximo en el complejo de apartamentos. Sin embargo, todo eso palidecía ante los acelerados latidos del corazón de Andrómeda reventando contra sus propios tímpanos. Shun creyó enloquecería mientras sentía la mirada de su hermano recorrerlo de pies a cabeza pero luego Ikki se levantó de la silla para rodearlo, dejando el dorso de su mano fría tras su toque caliente, colocándose justo detrás de él y obligándolo separarse de la mesa para recargarse contra su cuerpo de forma brusca, sólo para ser abrazado por los aromas que en su momento le resultaron tan desagradables. ¿Cómo debería actuar? Se preguntó Shun nervioso mientras sentía a esas decididas manos acariciar su cintura y cadera tentativamente, rozando algunas partes extra sin ir más allá de eso. Se estremeció cuando Ikki acercó los labios a su oreja, penetrando hasta el oído con su cálido aliento. La tensión estaba creciendo a medida que respiraba sobre él.

— ¿Es esto lo que quieres? —Con una momentánea mirada inquisidora, Shun se dio cuenta que la respiración de ambos se tornaba pesada, así que volvió a cerrar los ojos—. ¿No te incomoda? ¿Cuánto estarías dispuesto a probar?

—Todo… lo que sea posible, o más bien, lo que quieras darme —confesó sintiendo que su cabeza le daba vueltas debido a la adrenalina, ni siquiera podía creerse que aquello estuviera ocurriendo.

—Que lindo, Shunny.

—Te dije que no… no me llames así.

Ikki liberó una risa ligera, pues a pesar de lo débil del tono empleado por su hermano menor, no dejó de ser demandante, así que se tomó el descaro de acariciar un poco más, impulsado por su estado. No tenía idea cuántas veces fantaseó con una oportunidad así desde que descubrió lo mucho que Shun había madurado en su travesía de convertirse en guerreros; ahora era más independiente y tenaz cuando solía ser un niño mimado que se emberrinchaba cuando algo no le salía bien. La simple sensación de tenerlo tan dispuesto era magnifica y no le apenaba nada confesar que lo estaba disfrutando como nunca, sin nada que temer dentro de la privacidad del hogar que compartían, donde nadie podría molestarlos.

—Ah… quiero desnudarte —gruñó con ansias.

—Estás muy ebrio, Ikki.

—No lo suficiente para negarme a beber de ti.

Las caricias del Fénix alcanzaron el interesado miembro erecto de Andrómeda, quien instintivamente se retorció en sus brazos durante la lenta sección de roces. Ojalá pudiera culpar al alcohol por dejarse hacer sin resistirse pero ni siquiera se había terminado una lata, contrario a Ikki, a quien tampoco podía culpar de usarlo como medio para tomar la iniciativa. ¿Cuánto tiempo habían estado postergando esto? Shun no quería que volvieran a retroceder una vez dado el paso. Que su diosa en cuerpo mortal los perdonara por ser unos enfermos asquerosos. Habían cruzado la línea y no había marcha atrás, no era que cualquiera de los dos quisiera la redención.

—Ya estás así de duro por mí, ya veo.

— ¿Cómo puedes ser tan vulgar? —se quejó Shun con voz entrecortada.

— ¿Disculpa? —Ikki se burló una vez más—. No has escuchado nada, niño bonito.

— ¿Es así?

Sin responder, Ikki olfateó ligeramente los cabellos que tenía al alcance de su nariz, inhalándolo y exhalándolo casi de forma instintiva. Shun tenía miedo de pronto pero se reconocía impaciente por experimentar más. Le habría gustado que su confesión constara de dulces momentos pero no condenaba ese ambiente lujurioso que se había instalado a su alrededor; solía ser un caballero paciente al atender una dama pero con su hermano no necesitaba nada de eso, podría saltarse las formalidades e ir directo al postre. Se removió erráticamente cuando en un primer impulso notó el fuerte agarre que Ikki mantenía sobre él. Sin embargo, terminó riéndose.

— ¿De qué te ríes? —inquirió el santo de Fénix un tanto desconcertado.

—Pensaba en que tal vez tuvieras miedo de que me fuera. Este es un buen agarre.

Aunque Ikki redujo la fuerza con la que lo rodeaba, no lo liberó por completo, así que Shun tuvo que improvisar girándose dentro de sus brazos para mirarlo a los ojos y robar de sus labios el primer beso de los muchos que se darían: breve y tímido pero cargado de la atracción que pretendió ocultar bajo llave por siempre. Ikki se mostró sorprendido al principio pero luego correspondió con un segundo beso, más prolongado y más apasionado al anterior, el cual hizo que Shun gimiera dentro de su boca de la pura emoción.

—Mentiroso —susurró Ikki de pronto, Shun lo miró sin entender muy bien sus motivos para recriminarlo así—. Dijiste que no tenías novia. Respondiste muy bien eso, casi estoy seguro que besas mejor que yo.

—Dije que había reservado unas cuantas experiencias, ¿no? Además, no quiero que empieces a acomplejarte, besas bien.

— ¿En serio? ¿No lo dices sólo para hacerme sentir mejor?

Shun rodó los ojos para enseguida capturar a Ikki del rostro y la nuca con sus dedos, forzando un tercer beso que logró callarlo antes de que siguiera divagando con sus dudas de borracho, probando el sake y el tabaco una vez más en su boca sorprendentemente más dulce. Cuando rompieron el ansioso contacto, la pasión pareció haber aumentado en sus miradas, al igual que hizo laboriosas sus respiraciones. A Shun empezó a gustarle esto, sería un vicio al que sin duda se volvería adicto por voluntad propia. Podría ser mejor que cualquier droga y un poco más sana.

—Parece que te gusta jugar rudo, Shunny. Quién lo diría de alguien tan delicado.

—Y tú eres un grosero que no aprende a escuchar, aunque eso ya lo sabía.

—Vamos, es un buen apodo. Mucho mejor que uno de esos melosos que usaría una novia, si la tuvieras.

— ¿Por qué esa obsesión con mis inexistentes relaciones amorosas? —interrogó Shun más curioso que irritado por la insistencia de Ikki, cuyas manos bajaron de su cintura hacia sus glúteos bruscamente, haciendo al menor sobresaltarse de manera instintiva por el descarado apretón.

—Ya sabes… hacer esto entre hermanos de sangre es ilegal —dijo, su pícara sonrisa contrastando con su declaración.

— ¿Te importa, Ikki?

El fuerte impacto de sus pelvis fue la respuesta que el santo de Fénix otorgó, agregando rudas frotaciones de sus cuerpos. Pronto Shun se olvidó del tema de conversación, jadeando mientras Ikki lo llevaba golpear la espalda contra la pared más cercana sin dejar de estimular sus erecciones con movimientos circulares. Ikki podría estar ebrio pero parecía saber muy bien lo que hacía, bastaron esos minúsculos minutos para que Shun aprendiera una lección sobre jugar demasiado con fuego, especialmente proviniendo de alguien que fue elegido para portar una armadura del propio elemento. Entreabrió los ojos queriendo apreciar las llamas encendidas en sus ojos y las encontró mezcladas con el deseo en forma de una sonrisa ególatra. Fascinante.

—Imagino que eres virgen —susurró Ikki contra su cuello.

—Si te refieres a estar con un hombre… si —confesó tímidamente.

—Significa que podré guiar. —El santo de Fénix pareció celebrar aunque su voz seguía siendo ronca, meramente sensual, Shun casi dejó pasar su comentario a causa de ello.

—Creo que siento envidia por el sujeto que te enseñó a ti.

—Descuida, si eres buen aprendiz te dejaré hacerlo en el futuro.

—Bueno, es un trato entonces.

Compartiendo una sonrisa llena de complicidad, ambos hermanos se dejaron saborear sus labios sin restricción. Se tomaron de las manos y se apresuraron en dirigirse a la recamara más cercana. Shun tuvo un breve momento de mirar el reloj en la pared de la habitación de su hermano para descubrir que eran más de las dos pero dejó de importarle cuando la boca de Ikki estuvo en su oreja, explorando bajo su camisa para enseguida incitarlo a sacársela. Shun accedió tirándola en cualquier parte, respondiendo a las caricias por el pecho del santo de Fénix, sin estar seguro cuándo fue que él se desvistió. Luego se enfocó en juguetear con el elástico de su pantalón, introduciendo sus dedos por la parte trasera, gesto que hizo a Ikki reír antes de apartarse de nuevo y quitárselos apresuradamente, todo mientras lo empujaba hacia el interior. En este punto ni siquiera hubo tiempo para cerrar la puerta o encender la lámpara junto a la cama, dejando a la poca luz lamer parte de sus pieles ahora desnudas. Shun se las arregló para arrojar a su hermano contra el colchón tras subirse hasta tenerlo recostado debajo de él. Ikki todavía le devoraba la boca de forma descontrolada, entreteniendo sus manos en las caricias que ejecutaba debajo de los boxers que cubrían la erección del santo de Andrómeda.

—Maldita sea, si sigues así voy a desear que me penetres, Shunny —se burló Ikki.

—Si lo quieres estoy dispuesto —replicó mordaz aunque con una sonrisa nerviosa.

—Después, esta noche de verdad quiero ser el primero en cogerte.

—Ikki… —Un tanto abochornado por la explicites en esa simple frase, apenas fue capaz de sostenerle la mirada y sólo porque lo sostuvo de ambas mejillas impidiéndole moverse.

—Hey, seré cuidadoso —le tranquilizó depositando cortos besos por toda su cara—. No pienso convertir esto en una violación.

—No tengo miedo. Sé que no me harás daño.

Después de su sincera declaración, el lento proceso de preparación pasó a segundo plano, pues todo lo que su hermano le hizo lo excitó, impacientó y deleitó. Verlo tan concentrado a la menor de sus reacciones hicieron que desbordara seguridad en culminar aquella noche con sexo. En algún punto se le ocurrió que era apresurado pasar del nivel dos al diez pero realmente llevaba tiempo deseando tener las manos de Ikki sobre su cuerpo, así que ignoró esos insignificantes detalles, después de todo no eran una pareja normal, por lo que los pasos para una relación amorosa no ajustaba mucho con ellos. Cuando Shun se consideró listo, atrajo a Ikki para que aquello comenzara de una buena vez. Las lágrimas derramadas ya se habían secado, por eso no le importaría que le arrancara más. Se le hizo agua la boca cuando vio ese miembro endurecido probar su elasticidad, saliendo sólo un momento para volver a intentarlo justo como lo habían hecho los dedos de Ikki. No era tan largo pero era grueso, así que se preguntó si lo lograría.

— ¿Estás bien? —quiso saber el santo de Fénix. Hasta en la voz se le notaba lo mucho que había aguantado por conseguir este pequeño avance, así que Shun se animó intentar un poco más.

—Entra, puedo… no, voy a soportarlo.

— ¿Seguro?

—Estás tan caliente —Shun sonrió en son de provocación, pues no era común ver a su hermano contenerse por obtener lo que más desea de inmediato—. Necesito saber cómo es tener tu calor dentro. —Ante esto Ikki recorrió el resto del camino con una brusca estocada. Shun gimió sorprendido pero se obligó respirar lo más tranquilo que le fue posible hasta que pudo reutilizar su entrecortada voz—. Vaya, nada mal —bufó.

—Masoquista —le acusó Ikki recuperando su sonrisa arrogante.

— ¿Nunca te he contado de qué manera obtuve mi armadura? Me ataron con cadenas dentro de una pecera, que aunque grande era angosta, sin mencionar que estaba repleta de quijadas filosas de megalodones. El reto era romperlas con ayuda del cosmos. Lo logré pero me hice tantos cortes que pude morir desangrado, por suerte había cerca un equipo médico que se hizo cargo de mí.

—Si… apuesto a que este dolor no es nada.

—Así es.

—Y pensar que te he estado llamando débil.

—Está bien, lo soy —dijo Shun con modestia—. Es posible que yo no hubiese sobrevivido a la tortura constante como lo hiciste tú.

Un movimiento presuroso le arrancó a Shun momentáneamente el aliento, sintiendo a Ikki agitarse para volver a mover la cadera con brusquedad de adelante hacia atrás, entrando y saliendo; se estaba quedando sin autocontrol. Lo escuchó gruñir, apenas deteniéndose al notar que su hermano le llamaba con ese delgado hilo de voz que el santo de Andrómeda fue capaz de conservar. Desconociendo el tiempo que se mantuvieron quietos por encima de su pesada respiración, se separaron un instante para poder verse a los ojos. Con un beso comprobaron que la espera ya se había extendido más de lo apropiado, así que Ikki le hizo darse la vuelta, penetrándole con más severidad esta vez. La respiración sobre su nuca hizo a Shun enloquecer.

— ¿Me perdonarías por tratarte como una muñeca?

—Dudo que una muñeca tenga mi peso.

—No —aceptó Ikki obligándolo tomar una posición mucho más vergonzosa, siguiéndolo para continuar jadeando en su oído y sostenerse en una mano mientras capturaba con la otra su perlada virilidad que ya goteaba en fluido pre-seminal—. Tampoco llegará a ser así de deliciosa —mordió y Shun se estremeció estimulado.

—Zeus… creo que puedo acostumbrarme a tu lenguaje.

—Muy mal, Shun. No está bien nombrar una deidad ajena a nuestra diosa —bufó Ikki.

—Es imposible que la señorita Saori quiera que la mencionen en un momento tan- ¡Ah!

El sorpresivo movimiento distrajo a Shun de nuevo mientras empuñaba sus manos arrugando las sabanas y frotaba una mejilla en la cama. Con una sonrisa maliciosa esta vez Ikki no dejó de impactar su pelvis y testículos en los glúteos de su hermano, quien no objetó más a las palabras sucias que el santo de Fénix quiso susurrarle, las cuales algunas pudieron resultar degradantes pero no en esa situación, de hecho Shun las estaba gozando, hasta respondiendo afirmativamente cuando alguna lograba aumentar el placer que experimentaba. Se sentían tan bien los impactos en su próstata, los dedos de Ikki alrededor de su pene y su aliento contra su nuca. Si tal ritmo permanecía no tardaría mucho en alcanzar el orgasmo.

—Ikki… Ikki…

— ¿Estás en tu límite?

—S-Si…

—Perfecto, no te contengas. Ve.

Shun tembló, atrapando su propia respiración en un tenso jadeo cuando el vaivén fue abrumador, el calor lo abrazó en una explosión tan intensa que echó una mano hacia atrás para sostenerse de una de las piernas de Ikki y arañó sin consideración la piel de quien pareció disfrutar de aquello al incrementar la velocidad de sus embestidas, inspirado por el desastre en que Shun no tardó en convertirse mientras su recto se cerraba entorno a su miembro. Además la vista de su espalda y cabellos desordenados lo enloquecían, casi era una lástima que no pudiese contemplar su expresión también para asegurarse de cuan intensa había sido su llegada al orgasmo. No tardó mucho en terminar su labor por igual, dejando ir un gruñido que volvió hacer que el cuerpo del santo de Andrómeda temblara por los erráticos impactos. Enseguida ambos tomaron posesión de un lado del colchón mientras Ikki amarraba el condón lubricado que había usado y lo lanzaba a la papelera cerca de la mesilla.

— ¿Qué día es hoy? —inquirió Shun sin aliento, cubriéndose los ojos con un brazo al terminar de colocarse boca arriba. Tenía un aseo personal del cual hacerse cargo pero estaba tan cansado que no quería ocuparse todavía.

—El día que sellamos nuestro pase al infierno —respondió Ikki sin culpa. El hermano menor sonrió.

—Me gusta.

—Al menos sigues siendo positivo.

—Empecé a sentirme atraído por ti durante nuestro reencuentro, así que… tuve mucho tiempo para asimilarlo. Naturalmente a nadie le hablé de esto.

—Ese día te desprecié enfrente de todos —rememoró Ikki agotado—. ¿Cómo eliges a las personas que te gustan? Se supone que deberías buscar personalidades más consideradas. Si no me hubiese adelantado a esto, estaría preocupado por la clase de gente con la que podrías relacionarte.

—No lo sabrías, te lo estoy diciendo ahora.

—Eso también es cierto —bufó divertido.

— ¿Cuándo empezaste a sentirte así por mí?

—Ni siquiera lo sé con exactitud, creí sentir algo cuando nos volvimos a ver pero… no sé, podría estarlo arrastrando desde antes. Quizás sea hora de que vayamos a terapia.

— ¿Lo dices en serio? —Shun abrió los ojos sorprendido por su declaración pero casi al instante Ikki suspiró derrotado, albergando algo agrio en ese gesto.

—No… no quiero terminar en la cárcel, eso debimos hacerlo antes de coger. Maldita sea, ¿te das cuenta de lo que estoy diciendo? Ni siquiera puedo alegar que estaba borracho, no alcanzo ni las náuseas. Estoy un 50% consciente. Y tú aún eres menor de edad ante la ley.

—Descuida, no te delataré si tú no lo haces —bromeó Shun tomándolo de la mano, acción que el santo de Fénix correspondió dedicándole una sonrisa extrañamente amorosa—. De todos modos no creo que resistieras estar tras una celda, conociéndote te convertirías en un fugitivo. Y la policía terrenal no puede hacer mucho contra nuestro tipo de poder a menos que usaran armada nuclear.

—Siempre tan inteligente, me llenas de orgullo.

Ante aquello, Shun no pudo hacer más que sonreír. No recordaba cuándo fue la última vez que se habían detenido a tener una charla así de amena. Era curioso que hubiesen tenido que cometer un crimen moral para poder compartir una verdadera conversación, la cual yacía aberrantemente mezclada con amor romántico y fraternal. Del Ikki que lo sobreprotegió ya se había quedado como un recuerdo, pues la nueva relación que parecieron ir construyendo cambió completamente la percepción que tenían el uno del otro sin rozar el verdadero odio. El pensamiento le trajo a la cabeza una duda que siempre había querido resolver.

—Hermano, ¿qué prueba superaste para obtener tu armadura? Sé lo que tuviste que vivir en parte pero… desconozco todas las implicaciones.

—No hay mucho que te pueda contar. No es agradable...

—Es posible. Pero... necesito saber qué te alejó de mi. —La falta de respuesta orilló a Shun insistir un poco más—. Está bien, Ikki. Estoy de tu lado.

La tensión que sintió abordar el cuerpo de su hermano fue perceptible para el santo de Andrómeda porque todavía no lo soltaba de la mano, así que pudo adivinar la fibra tan sensible que resultaba el tema en cuestión, motivo por el cual no lo presionó más y se quedó callado en espera de cualquier respuesta. Se dio cuenta que el santo de Fénix tomó una decisión por la manera en que había apretado su mano.

—Mi maestro era un sádico, me atrevo a decirlo. En ese momento estaba teniendo un enfrentamiento con él, uno de tantos que amenazaba con la muerte, sólo que esa ocasión iba muy en serio. Empujó tanto mis limites que por un momento me sentí acorralado. Fue casi instintiva la manera en que elevé mi cosmos para contraatacar. No me preocupé por medir mi fuerza, estaba desesperado por alejarlo, aterrado de recibir otro de sus feroces ataques... por eso terminé haciéndolo pedazos. —Shun se conmocionó con el giro de la experiencia que le relataba pero no lo interrumpió, convencido de que había más alimentando la tensión en su garganta—. Al no portar una armadura él impacto fue fulminante. Yo sólo me quedé observando cómo su cuerpo se fragmentaba y llenaba el entorno de rojo. Sólo recuerdo haberme sentido aliviado antes de desmayarme. Desde que dieron inicio las lecciones, él intentó meterse en mi mente, trastornar mis principios y hacer que aborreciera el universo. En la actualidad lo hago y seguiré haciéndolo pero no porque él consiguiera transmitirme su odio, es más por lo que he sido testigo. Sin embargo, admito que no puedo maldecir al mundo por completo.

— ¿Por qué? —le instó a continuar cuando la repentina pausa se prolongó.

—Porque… lo habitas tú —murmuró. El santo de Andrómeda sintió que su corazón dolía con esa confesión, su hermano había dejado de mirarlo y parecía evadir encontrarse con sus ojos después de lo que había dicho—. Tal vez de eso nació el trastorno de mi amor por ti. Me aferré durante todo ese tiempo a tu imagen que quise romperlo cuando te volví a ver. Cada vez que te insultaba, cada vez que te amenacé con herirte físicamente… estaba intentando borrar esta atracción. Por eso, perdóname, sé que debí luchar contra ello pero... ¿Puedo seguirte amando?

Shun lo pensó cuidadosamente, pues no era una decisión que ninguno de los dos podía tomarse a la ligera. No era cualquier persona, este era su hermano, alguien a quien estaría atado sin importar lo que les deparase el futuro. Sin embargo, también se dio cuenta que sin él a su lado todo sería mucho más difícil de combatir y no se estaba refiriendo únicamente a su postura como santos de Atenea, había demasiado en juego, incluida su hermandad.

—Tendríamos que tolerar nuestro mal humor —dijo, comenzando a enumerar todos los aspectos negativos que se le ocurrían—, nuestros desacuerdos, nuestros celos, la paranoia de ser encontrados y expuestos. No saber cómo consolar al otro cuando algo salga muy mal. —Ikki finalmente devolvió la vista hacia él, esperando encontrarse una expresión desalentadora pero lo que vio fue una sonrisa—. Pero, ¿sabes? Es lo que hemos estado haciendo.

—Shun.

—No me importa el futuro o el mundo, me importa más lo que somos nosotros y lo que podemos hacer en él. Y yo quiero estar a tu lado, como hermano y como amante. Tal vez todo se arruine pero mientras tanto estamos aquí. Enfrentémoslo juntos. Por mucho que odies trabajar en conjunto, tendrás que hacerlo si me quieres amar de esta manera.

—Oye —Ikki se animó hablar—. Si, detesto trabajar en grupo pero no me importaría hacerlo en pareja. Es más sencillo, sólo deben ser dos personas.

—Ya veremos, pollo en llamas.

—Te estás vengando por las veces que te llamé "Shunny", ¿verdad?

Shun contestó con una suave y corta risa antes de removerse para frotar la nariz de su hermano contra la suya con cariño, Ikki también se rió atrayéndolo a su cuerpo para abrazarlo. Se quedaron en esa cómoda posición hasta que Shun comentó sobre lo tarde que era, que tenía una clase muy importante a primera hora por la mañana y que debían tomar un baño. Entre quejas el santo de Fénix le sugirió no presentarse pero el santo de Andrómeda lo rechazó, así que establecieron su respectivo turno para darse una ducha, quedándose el hermano mayor en la cama luchando por no dormirse mientras esperaba que le tocara a él. Tal vez no fuera considerado, mucho menos correcto, pero Ikki se reconoció inmensamente feliz de contar con la complicidad y compañía de su hermano menor, así que se prometió escribirle una nota que depositaría a escondidas en su folder favorito, dándole las gracias por quedarse a pesar de todo.

Fin.


Esto ocurre exclusivamente en la versión japonesa porque en la latina sí que lo defiende y lo trata como estamos acostumbrados. No sé cómo será en la española.