Tirar la toalla
Tirar la toalla. Una frase que comúnmente relacionamos en el mundo del boxeo, cuando uno de los contrincantes decide ya no salir a pelea; en pocas palabras, sinónimo de rendirse. Pero lo que muchos no saben es que esta frase, o más bien, acción, tiene un significado completamente diferente a lo que muchos creemos. Y esta frase radica en Roma, donde toma lugar esta historia. Steve Rogers, uno de los hombres más poderosos de la ciudad, quedando solo por debajo del Cesar y los senadores, pero todo ese dinero y poder conllevaba una soledad, parcial de no ser por la compañía de sus sirvientes y su mano derecha
-¿Tienes todo listo, James?-
-Sí, señor. Toallas, aceites y perfumes-
-Sera mejor irnos, espero que él esté ahí-
-Yo creo que así será, señor, hoy es el día donde suele ir al baño público-
La otra cara de la moneda, Anthony Stark, hijo de campesinos y pastor de ovejas. Parecía que el destino intercambio 2 cosas en su vida, a cambio de no tener una gran fortuna, fue el poseedor de una gran belleza, llegando al punto de ser la envidia de doncellas de alta clase. Cada cierto tiempo, y ante la desaprobación de sus padres, solía visitar los baños públicos; más frecuentemente el que se encontraba en el centro de la ciudad, pues ahí solían reunirse los hombres más poderosos y ricos. Tenía la esperanza de que alguno de ellos se interesara en él, y le ofreciera dinero a cambio de su compañía. Si bien era una realidad que la mayoría eran atrapados por su belleza, ellos solo deseaban un momento con el joven, y eso claramente no le convenía a Anthony
Nuevamente preparo sus cosas para su "ducha casual", tras un sermón de sus padres sobre su forma de actuar y pensar, salió de su casa hacia el baño central, su favorito. Solo poner un pie ahí y todas las miradas se posaron en él, pero ninguna era diferente; viejos gordos y con poco cabello que lo miraban como si fuese un trozo de carne. Pero de entre todos, hubo alguien que llamo su atención desde la primera vez que lo vio, alto, fornido, rubio y de ojos azules. Además de ser muy atractivo, era muy rico e influyente, todo lo que podía buscar en un hombre; pero también era realista, no había ninguna posibilidad de que se fijara en él... O eso creía
Tratando de no notar su presencia, primero entro al vestuario, donde dejo sus ropas y pertenencias en una banca. El primer cuarto al cual entro fue al sauna, allí se permitió relajarse un poco, mientras disfrutaba del vapor que inundaba la habitación. Tras algunos minutos, paso al frigidarium, donde enjabono su cuerpo con el jabón de rosas que siempre usaba; se enjuago con el agua fría para cubrir su cintura con la toalla. El último cuarto, el caldarium, muy famoso en la ciudad por la amplia piscina que se encontraba en medio del lugar, además de ser el principal punto de reunión para los que solían visitar ese baño. Ahí, y ante las miradas que lo devoraban, se despojó de su toalla, la cual dejo caer con gracia al suelo. Los murmullos callaron, era como si ante ellos se hubiese presentado una de sus deidades
Anthony actuó como si nada sucediera, lentamente se introdujo a la piscina, cerrando los ojos cuando remojo su cabeza. Mientras remojaba su cuerpo con ayuda de un pequeño balde, podía sentir como los varones de mayor edad lo devoraban con la mirada, las miradas envidiosas de las doncellas, pero sobretodo, como Steve Rogers apreciaba cada parte de su cuerpo. En su interior se sentía orgulloso de provocar alguna sensación entre las demás personas, pero sabía muy bien el motivo de sus visitas a ese lugar y debía poner su mejor esfuerzo para lograr su objetivo. Finalmente salió de la piscina, tomo la toalla que había dejado en el suelo y nuevamente cubrió su cintura; con otra toalla, comenzó a secar su cuerpo. Pero apenas termino, un hombre se le acerco, ya lo conocía perfectamente, se trataba del fiel lacayo de Obadiah Stane, el hombre más desesperante que jamás había conocido. Desde la primera vez que lo vio, y en cada visita que hacia al baño, siempre lo enviaba para proponerle una noche a su lado a cambio de algunas bolsas llenas de monedas
-¿Y ahora qué quieres, Ronald?-
-No sé porque finges demencia, Anthony, mi señor tiene la misma propuesta para ti-
-¿Cuántas veces tengo que decirle a tu señor que no me interesa una sola noche? Yo quiero algo seguro, no soy como esas mujeres con las que acostumbra divertirse-
-Escúchame bien, mocoso- dijo mientras lo sujetaba agresivamente de un brazo, llamando la atención de todos los presentes en el lugar –Aquí todos sabemos a qué vienes, y no necesariamente para asearte, así que deja de hacerte el digno. No eres más que una puta barata, deberías estar agradecido con que mi señor haya puesto su mirada en ti y esté dispuesto a darte una buena cantidad de dinero-
-Bien. Si con su estúpido lacayo no parece entender la respuesta, entonces...-. Soltándose de su agarre, dio unos cuantos pasos hasta quedar en medio de la piscina, justamente frente a Obadiah; quien lo miraba con aquella estúpida sonrisa "varonil". Bajo su mirada hacia la toalla envuelta en su cintura, todos ya sabían perfectamente lo que podría hacer. Tomo la parte inferior de la tela, y la alzo un poco para que todos pudieran observar la respuesta, otro nudo apareció en la toalla... La respuesta era un "No". Todos soltaron un jadeo de sorpresa, nadie antes había rechazado a un hombre tan poderoso como Obadiah Stane –Escúchame con atención, Stane. Yo no seré el juguete de nadie, y mucho menos de un anciano asqueroso como tú. Podrás tener todo el oro del mundo, pero no eres más que un pobre diablo solitario y disfuncional-
Las carcajadas no se hicieron esperar, el rostro de Obadiah paso a tomar el olor de la sangre derramada en el campo de guerra, pero lo que más resaltaba era la sonrisa llena de orgullo por parte de Steve. Alzo su mano frente a James, era su señal. Sin hacer caso a las risas, se dirigió hacia el joven castaño; al instante, todos se callaron, sabían perfectamente a que hombre le servía, y se negaban a creer que se atreviera a proponerle algo tras semejante rechazo –Anthony Stark. Mi señor, Steve Rogers, ha sido testigo de la belleza que los dioses decidieron concederle desde el día de su nacimiento. El desea que pasen sus vidas juntos, no como un simple amante, sino como un compañero de vida-
Lo miro, estaba sentado en una silla, solo cubierto por la toalla mientras le dirigía una sonrisa capaz de hacerlo temblar. No podía creer que realmente estaba sucediendo, el único hombre en el que realmente se había interesado ahora le proponía todo lo que alguna vez busco en esas visitas a los baños públicos. El sonrojo en Stane había disminuido un poco, quizás con la esperanza de no ser el único rechazado en ese día, pero vaya que estaba equivocado... Primero deshizo el nudo que se encontraba en la parte inferior de la toalla, paso sus manos hasta que ya no se viera arruga alguna. Mirándolo fijamente, acerco sus manos hacia el nudo que aseguraba la tela a su cintura, y lentamente la deshizo; al mismo tiempo que colocaba sus brazos a ambos lados de su cuerpo, la toalla cayo en lo que parecía durar una eternidad, hasta que se impactó contra el suelo. Nuevamente se escuchó un jadeo de sorpresa por parte de los demás presentes, la mirada incrédula de Stane no tuvo precio, pero pasados unos segundos comenzó a escucharse una serie de aplausos que aumentaron de volumen conforme se unían más personas celebrando a la pareja que acababa de formarse
Tal vez se vería un poco pretencioso, pero no le importo; aun sin despegar su mirada de la de Steve, entro a la piscina, nadando lentamente en su dirección. Subió los pocos escalones que los separaban, y se detuvo al quedar frente a frente. El vino servido en la copa que el rubio aun llevaba en la mano se meneaba lentamente, casi tocando los bordes, Tony tomo la copa y le dio un pequeño sorbo a la bebida, obteniendo a cambio la misma sonrisa varonil. Eso lo animo a sentarse en sus piernas, sin ningún atisbo de vergüenza ante su desnudez; las enormes manos de Steve recorrieron sus piernas, subiendo por los muslos, cintura y pecho. Todos ya habían regresado a sus actividades de aseo personal, ignorando el momento donde el rubio se apodero de sus labios en un beso donde ambas lenguas luchaban por el dominio de la acción, solo separándose por la falta de oxigeno
-¿Deberíamos decírselo a tus padres, pequeño?-
-Más tarde... Me encantaría conocer mi nueva casa, cariño- susurro contra sus labios, obteniendo otro beso pasional. Lo cubrió con una enorme bata que lo cubría mas debajo de sus rodillas, no quería que otra persona además de él pudiese admirar su belleza. James tomo tanto las cosas personales de Steve como las de Anthony, y los siguió, siendo el principal testigo del derroche amoroso entre la pareja durante todo el trayecto hacia la casa de su señor. Si bien Tony se imaginó varias veces como sería la casa de aquel hombre, la realidad supero sus expectativas; una casa de 2 pisos, tan grande que bien podría ser la mitad de un palacio, incluso contaba con un jardín decorado con varios árboles frutales y flores coloridas
-¿Te gusta?-
-Es... Es hermosa- respondió completamente anonadado, pasó sus dedos por varias de las rosas, eran las más hermosas que había visto en su vida. Giro hacia el rubio, dándole una sonrisa inocente, se le podía comparar con la de un pequeño cuando esta frente a un caballo por primera vez. James se retiró del lugar, sabía que ambos desearían algunas horas para ellos solos. Steve rodeo su cintura con sus brazos antes de apoderarse de sus labios -¿Me presentas el resto de tu casa?-
-Claro que sí, mi cielo, sígueme-. Sin soltar su mano, lo llevo hacia el interior de la casa, los pasillos estaban adornados con algunas pinturas, las cuales representaban momentos históricos sobre su ciudad; también había pequeñas macetas con plantas aptas para interiores y los pisos cubiertos con alfombras. En el segundo nivel de la casa, la primera puerta se trataba de un pequeño taller, era bien sabido que a Steve le gustaba las cosas relacionadas con artesanías, y ese cuarto era específicamente para esa labor. A un lado estaba otro pequeño cuarto desocupado –Podrás disponer de ella para lo que gustes, pero no quiero que te malpases con las horas. Debes descansar bien-
-Dios, ya suenas como mis padres-
-Graciosito-. La habitación al final del pasillo era la principal, en medio estaba una amplia cama, cubierta con las mejores sabanas de la ciudad. En frente un mullido diván de color rojo, bastante llamativo; en un lado de la habitación se encontraba una mesa que funcionaba como escritorio, y en el otro extremo, un amplio armario. Había otra puerta, era la del baño. Al abrirla, parecía una especia de recreación más pequeña del caldarium, una espaciosa tina al lado de un banco junto a varios productos de limpieza, en otro mueble estaban las toallas limpias dobladas, y algunas batas colgando de la pared -¿Te gusta, lindo?-
-Mucho. No tienes nada que envidiarle al Cesar, tu casa es más hermosa. Pero ahora... Hay algo que debo probar- dijo antes de caminar hacia la cama, fingiendo que Steve no se encontraba en la habitación, se deshizo de la bata y esta cayó al suelo mientras él se arrojaba en la mullida cama –Es tan... Cómoda y espaciosa-. Se removió en la cama como si de un felino se tratara, y usó la mejor carta para que Steve cayera por completo, dejo que sus piernas quedaran ligeramente abiertas, flexionando una de ellas. ¿La técnica funciono? Maravillosamente. Casi al instante, ya tenía el cuerpo de Steve encima del suyo, apoderándose de sus labios con un beso que le robo el aliento. Con algo de ayuda, logro quitarle la bata al rubio, tocando cada parte de su cuerpo; pronto sus labios bajaron por el cuello del castaño, el sabor de su piel y el aroma del jabón volvieron completamente loco al rubio
Beso, lamio, incluso mordió, cada rastro de su piel, no quería dejar un solo centímetro sin marcar; se permitió soltar cada instinto que había despertado en él desde la primera vez que lo vio. ¿Qué recibió a cambio? Una serie de gemidos, jadeos y espaldas arqueadas en el colchón mientras las manos de Anthony se aferraban a las sabanas en un burdo intento de mitigar la ola de sensaciones. Cuando supo que ya estaban completamente listos para el siguiente paso, se acomodó entre sus piernas y lo beso al mismo tiempo que comenzaba a penetrarlo; ambos estaban deseosos por continuar, no paso mucho tiempo antes de que las embestidas iniciaran de forma rápida y certera, la base de la cama se golpeaba repetidamente contra la pared. El final de toda aquella actividad terminó después de hacerlo como animales en celo, se permitieron descansar lo suficiente para enfrentarse a darles la noticia a sus suegros. Aquello seria otra prueba difícil, pero estaban listos, ahora juntos podrían enfrentar cualquier cosa que la vida les pusiera enfrente
