EN LA CASA DEL DIABLO

Capítulo 1: Las Estrellas de la Mañana

Sé sincero conmigo, ¿está bien, querido? ¿Qué duele más?

Recordaba bien esas palabras, no dejaba de repasarlas en su mente una y otra vez, no podía dejar de pensar en el sentimiento que había recorrido su cuerpo durante aquel lapso de tortura que parecería ser eterno. Solo había espacio en su mente para los últimos momentos de lucidez que lo habían acompañado antes de que aquel demente los borrara con el duro toque de una barra de metal oxidándose en aquel maldito almacén abandonado.

¿A o B?

"¿Derecho o revés?"

Su mano temblaba de solo recordar las preguntas que se habían quedado marcadas a fuego vivo en su mente, las palabras expresadas con burla por ese demente antes de obligarlo a responder entre quejidos de dolor con ese trozo de metal viejo.

No había gritado, ese era el único motivo de orgullo que poseía en estos momentos, incluso estando en el que podía ser fácilmente el peor momento de su vida, se había rehusado a mostrar debilidad. No podía derrumbarse, por más complicada que fuera la situación, tenía que mantenerse firme y hallar el modo de sobreponerse a la crisis que él mismo se había creado.

No, en lugar de darle al loco con maquillaje la satisfacción que sabía que estaba buscando mediante su dolor, había optado por murmurar suavemente un par de palabras mientras le devolvía la mirada.

Se acarició el cuello con suavidad al recordar lo doloroso que había sido realizar ese único movimiento para enseñar su valor y fuerza.

Un poco más alto, jovencito. Creo que puedes tener un pulmón colapsado, eso siempre impide la oratoria.

No quiso escucharlo más, ya le producía asco el solo tener que escucharlo tan cerca de su oído, le escupió en la cara en señal del desprecio que aún mantenía con firmeza en su corazón. No obstante, la gravedad de los golpes que había recibido era tal que en lugar de divisar gotas de saliva transparente emergiendo de su boca, solo pudo ver un poco de rojo manchando el blanco lleno de arrugas.

Por supuesto, lo único que recibió a modo de respuesta fue el agarre del maldito en su cabello, tirándolo hacia arriba antes de estrellar su rostro con fuerza contra el duro suelo. Todo mientras una ola de gemidos desesperados acompañaba el llanto de una mujer que había significado tanto para él, en tan poco tiempo.

Eso fue grosero, el primer chico mantequilla tenía modales.

La verdad, dudaba sinceramente que Dick hubiera caído en una trampa así antes. Él era mejor que eso, mejor que todos, mucho mejor que él.

La cara del loco expresó un ligero desagrado al sacar un pañuelo y secar de su rostro la sangre que él mismo había derramado. Solo pudo ofrecerle una sonrisa burlona al girar una vez más para observarlo con claro desafío.

Tal vez, si lograba que prolongara esta tortura unos minutos más, podría ganar el tiempo suficiente para que llegaran los refuerzos. No le preocupaba recibir un poco más de daño, se necesitaría más que eso para romperlo. Si lograba que el maldito payaso continuara con su sesión de práctica de bateo, podría ganar el tiempo suficiente para escuchar el granito de los muros romperse frente al estruendo de un par puños venidos de otro mundo o el derrape de unas ruedas en la nieve sobre el vigor de un poderoso motor.

Por desgracia para él, en ese momento había cometido el error de subestimar las precauciones del bufón. Debió tener en claro que este mal intento de comediante no sería tan tonto como para caer en una trampa como esa.

Solo le dio un golpe más con esa asquerosa palanca oxidada antes de tirar el objeto a un costado y quitar la mordaza de la boca de la mujer que había hecho este infierno posible para ambos. Cómo temía, el psicópata no perdió tiempo en escuchar los ruegos y reclamos de quién creyó haber sido cómplice antes de convertirse en víctima, solo caminó con su abrigo en sus hombros hasta la salida, ignorando por completo las pobres almas torturadas en el centro del oscuro almacén.

Dijo un montón de tonterías más antes de salir, no le prestó mucha atención a ninguna mientras trataba de moverse aun con el dolor de varios huesos rotos azotando su magullado cuerpo. No se tomó la molestia de escuchar a detalle ninguna de sus habladurías, a excepción de la última.

Dile al grandulón que le envié mis saludos.

¿Cómo pudo saberlo? ¿Cómo sabía con exactitud que Bruce se encontraba en camino para rescatarlo? Sabía que era algo que cualquiera podría imaginar al tratarse de su compañero en peligro, pero la forma en que lo dijo, la forma en que saboreó cada sílaba de la frase, lo hizo dudar. Se sentía como si todo hubiera formado parte de su plan desde el principio y su rescate no fuera más que la cereza del pastel.

Ahora que lo pensaba con detenimiento, tenía mucho sentido.

Sin embargo, ya nada de eso importaba. Todo se había terminado para él, ya no quedaba nada en su vida más que esperar a que alguien más hallara el modo de resolver el problema en el que estaba ahora.

Y por eso estaba aquí.

Jason Wayne había muerto en ese maldito almacén abandonado con nada más que el dolor constante de la traición de un ser querido a modo de recordatorio permanente durante su viaje al más allá. Jason Wayne había muerto, engullido por las entrañas de la tragedia y la oscuridad de un demente sádico que se había regocijado con horas de una tortura que no concluyó hasta que vio los números de ese detonador en ceros. Había muerto y su alter ego se había ido con él.

Ese era el único pensamiento que tenía en estos momentos, para ofrecerse a sí mismo a modo distracción, mientras esperaba pacientemente el final de la discusión que se libraba detrás de aquella fina puerta de madera bien cuidada al final del pasillo, brillando bajo la luz de los reflectores que iluminaban la fiesta del salón inferior, en el cual miles de almas de todo tipo festejaban con alegría ocasiones especiales que le era imposible distinguir.

Entonces, ¿ya serás sincera y me dirás qué está pasando? Ex Lux es un club, no un hospicio, Muerte.

Ya te lo dije: no lo sé. Esto nunca había pasado antes.

Dijiste que ya habías visto morir a ese chico Wayne en varias realidades de la Creación, ¿correcto? ¿Qué hace a este tan diferente, que prefieres dejarlo aquí en lugar de llevarlo al sitio al que pertenece?

El hombre estaba molesto, y tenía buenas razones para estarlo. Solo podía imaginar lo que debió sentir cuando un cadáver cruzó las puertas de este extraño club en un traje rojo, verde y amarillo, incapaz de entender lo que estaba sucediendo. No podía culparlo por ser precavido con él, después de todo, presencias como las suyas tendían a atraer problemas indeseados, y más en lugares como estos.

Aunque, sorprendentemente, nadie pareció reconocerlo en su momento. Había cruzado las puertas de lo que parecía ser un club nocturno en plena celebración sin saber porque estaba aquí, ni como había llegado.

La única persona que parecía saber quién era la pobre alma perdida en un traje de kevlar en múltiples colores era esa chica de tez anormalmente pálida, cabello tan oscuro como las plumas de un cuervo y un conjunto negro eclipsado por lo que parecía ser un Anj colgando de una cadena alrededor de su cuello.

Esta chica que decía ser la muerte en persona pareció ser por unos momentos la única que sabía distinguir quién era y a que hacía referencia su traje, la R en su pecho.

En un inicio, la había tomado por loca, ¿cómo era posible que fuera la muerte? No tuvo mucho sentido en su momento, pero luego se dio cuenta de lo estúpido que debía verse cuestionando una encarnación de tal concepto frente a él después de vivir por quince escasos años en un mundo en que la llegada de los alienígenas era algo ya muy común para la población. Además, la presencia de lo que parecían decenas de demonios y distintos tipos de criaturas sobrenaturales no hizo más que reforzar los argumentos de esta tal "muerte" para dejar en claro la verdad que no tenía sentido seguir negando. Alienígenas, seres mágicos y sobrenaturales, demonios, hechiceros, que la muerte tuviera una encarnación no sonaba tan loco como lo habría hecho a inicios de su vida.

Por supuesto, eso no lo hizo más digerible. Estaba muerto, por el amor de Dios, ¿cómo se supone que debía tomárselo? Quería creer que todo esto no era más que un mal sueño, pero la realidad de sentir su piel pálida gracias al pellizco de sus dedos y sus recuerdos vívidos en su mente lo hizo ver la verdad: su vida se había apagado.

Lo único que recordaba antes de llegar a este lugar desconocido era el poderoso estruendo de una cantidad anormal de explosivos detrás de él. Estaba muerto, estaba jodidamente muerto, y en lugar de descubrir si el cielo o el infierno eran reales, estaba en un maldito club nocturno con su traje demacrado e incapaz de entender lo que estaba pasando.

Jason se había alterado notablemente, la muerte trató de acercarse para calmarlo, pero él se alejó tan rápido como pudo. Estaba muerto, su piel cada vez más pálida y fría delataba ese hecho, pero no tenía sentido ¿cómo podía estar muerto y aún conservar su cuerpo? ¿Era una especie de zombie? ¿Comenzaría a descomponerse como los cadáveres que Bruce le había enseñado en las autopsias? ¿Por qué estaba en este sitio?

Los monstruos que disfrutaban de las atenciones del lugar también se alarmaron, preocupados de tener a un humano enloquecido junto a ellos. No podía entender a qué temían tanto, no era más que un adolescente de quince años en medio de un océano de criaturas sobrenaturales. Ellos tenían miedo, pero él estaba aterrado.

Recordaría siempre la sensación que lo había recorrido al alejarse de espaldas hacia la puerta con miedo, mientras la muerte trataba de acercarse a él con cuidado y dulces palabras de consuelo que se había negado a aceptar. El pensamiento que había dominado su mente en esos instantes era el de salir de ahí, averiguar que estaba pasando, volver con Dick, con Alfred, con Kara, con los Titanes, con Bruce.

Miles de posibilidades habían recorrido su mente a gran velocidad y miles de posibles soluciones a esta situación habían llegado a su mente con la misma rapidez. Tal vez, la Liga podría hacer algo, quizás Bruce podría contactar a Zatanna y pedir su ayuda. De todos modos, estaba seguro de que la maga haría cualquier cosa por ayudarlos, especialmente si involucraba a su amor de la infancia y a su hijo adoptivo.

Estaba listo para salir de este lugar, dando la espalda a la puerta que trataba de alcanzar, cuando se sintió chocar suavemente contra lo que creyó que era una pared con una dureza similar a la de Superman en primera instancia, pero que lo detuvo en seco al posar una mano sobre su nuca antes de cargarlo como si fuera una pluma con una sola mano.

Había tratado de defenderse dando una patada al rostro de este desconocido para que lo liberara, pero sus intentos se vieron frustrados cuando el sujeto ni se inmutó ante su ataque, ni siquiera reaccionó al recibir la patada como si no fuera más que una suave brisa.

Si pudiera sacar a Jason de aquí, ya lo habría hecho. No entiendo que sucede, esto no debería estar ocurriendo.

La voz de la chica que decía ser la muerte se escuchaba insistente y un poco preocupada, lo que no hacía mucho para calmar los pensamientos negativos llenos de su propia preocupación respecto a este dilema sin aparente respuesta fácil.

¿Acaso perdiste tu poder, Muerte? Si ese es el caso, solo dímelo y yo mismo me encargaré de este asunto.

No te burles de mí, Lucifer. Esto no es normal y tenemos que averiguar que está pasando.

Lucifer.

Lucifer Morningstar.

Nunca podrá superar el hecho de aquel hombre que lo había detenido con tanta facilidad era nada más y nada menos que el diablo en persona. A simple vista, ni siquiera parecía ser todo lo que le habían descrito acerca del mítico personaje que había desafiado al que aún parecía ser la entidad más poderosa de la existencia antes de ser enviado al infierno.

Siendo sincero, siempre había se había imaginado que, si algún día llegaban a encontrarse cara a cara con el demonio que había escuchado a John Constantine describir a Bruce y Zatanna, éste tendría la apariencia de un hombre alto y pelinegro, con cuernos, cola y una piel roja que dejaría ver sus músculos quemados por su caída al infierno, una mirada maliciosa en unos ojos tan rojos como el fuego que el hombre en gabardina había descrito a su mentor. No obstante, el diablo que lo había sometido con tanto facilidad no era nada de eso, su cabello era rubio brillante, algunos de sus mechones dorados se deslizaban con cuidado sobre su rostro mientras que la gran mayoría se mantenía en puntas, mirando directamente al cielo. Su piel era de la misma tonalidad que él mismo había tenido en vida, su rostro era alargado y en él se notaba un par de ojos de un color brillante, similar al de su cabello, que transmitían una mirada carente de emociones al verlo de frente, su nariz estaba perfectamente recta y sus labios eran delgados y casi asimétricos sobre su mandíbula fuerte. Una alargada cicatriz diagonal decoraba su rostro, desde la frente hasta un costado de su barbilla. Vestía un traje finamente atendido, conformado por lo que parecía ser una chaqueta sastre de color negro abrochada sobre una camisa blanca y una corbata oscura sobre un par de pantalones y unos zapatos con punta del mismo color que su chaqueta, todo englobado dentro de la apariencia elegante de un hombre de alrededor de 1.75 de estatura. Todo en la presencia de aquel que decía ser el diablo era llamativo, pero lo que más fácil captó la atención de Jason fueron las alas que sobresalían de su espalda.

Otra cosa en lo que Constantine mintió respecto al demonio fueron sus alas, pues nunca mencionó que realmente fueran tan similares a las de los ángeles, aunque tenía sentido al haber pertenecido a su legión por lo que tuvieron que ser eones. Los apéndices que sostenía el caído en su espalda eran grandes, casi tan grandes como él mismo, cubiertos de plumas mucho más blancas que su misma piel pálida.

No pasó mucho después de eso, Lucifer lo obligó a mantener la calma mientras él mismo discutía su situación con "Muerte". Lo avergonzaba reconocer que, a pesar de su complexión más delgada y pequeña, Lucifer era mucho más intimidante que Bruce cuando estaba molesto.

Le ordenaron que se quedara en la barra a esperar que el diablo y la muerte terminaran de debatir su situación, pero Jason nunca había sido bueno para quedarse de brazos cruzados mientras otros discutían su vida. Nunca se lo había permitido a Bruce, a pesar de todo lo que éste había intentado, mucho menos se lo permitiría a un par de desconocidos, sin importar quienes o que tan poderosos fueran.

Sintiéndose con nada más que perder, Jason siguió con cuidado a las dos entidades, escondiéndose entre los múltiples clientes del diablo tal como su mentor le había enseñado para tratar de averiguar que harían con él. Dudaba mucho de su capacidad para enfrentar seres de lo que debía ser un poder gigantesco, pero era peor quedarse de brazos cruzados y no hacer nada por lo poco que aún le quedaba de vida propia.

Aplicó todos las enseñanzas y conocimientos que Bruce le había impartido durante su entrenamiento para evitar ser descubierto por aquellos a los que pretendía espiar y se sentía orgulloso de su éxito. No podía creer que en verdad había logrado seguir al diablo y a la muerte hasta lo que parecía ser una habitación alejada del resto del club, mientras la fiesta retomaba su ritmo detrás de ellos hasta quedar completamente relegada al primer piso del lugar.

Cuando la discusión comenzó, Jason solo tuvo que ponerse cómodo junto a la puerta de la habitación antes de escuchar atentamente todo lo que dirían.

¿Tenemos? La última vez que revisé, Muerte, este era tu trabajo. Así que no nos metas en eso.

Está en tu casa, Lucifer. ¿No te importa ni siquiera para sacarlo de aquí?

El humano no me molesta, me disgustó su pequeño espectáculo, pero no fue nada realmente.

¿Ni siquiera te interesa saber por qué Jason está aquí? De todos los lugares de la Creación, llegó a tu club. ¿En verdad no te interesa esto en lo más mínimo?

No negaré que me genera cierta intriga, pero tengo mejores cosas que hacer. Y como dije antes: este es tu trabajo. Además, estoy retirado, esos ya no son mis asuntos.

Las palabras del diablo eran pronunciadas con tranquilidad y un poco de indiferencia, sabía que tenía razón, ya lo había visto durante su seguimiento hasta este punto. Había varios humanos disfrutando de la fiesta en el piso inferior junto a las criaturas que fácilmente podrían atormentar niños en sus pesadillas, pero que a estos parecían tratar como compañeros de bebida cualquiera.

Entonces, ¿eso es todo? ¿Dejarás que un alma errante se quede en este lugar, aunque sabes muy bien que no debería estar aquí?

La pregunta de Muerte llamó su atención y, por unos segundos, el diablo se quedó en absoluto silencio. Ni una sola palabra más fue pronunciada por unos instantes que parecieron eternos. No estaba seguro de si es que acaso el rubio ya le había dado una respuesta a dicha pregunta y él no la había escuchado.

No podía imaginarse estando aquí por tiempo indefinido, ¿qué clase de broma era esta? ¿En que lo convertiría esto? ¿Acaso ya se lo podía describir como un alma en pena? ¿Un no muerto vagando por la tierra como si nada y quedándose en la casa del diablo? La sola idea haría que los vellos de su cuerpo se erizaran con escalofríos, pero esta vez no hubo reacción alguna e imaginaba que se debía a su nueva condición.

Instintivamente, se acercó más a la puerta, lo suficiente para pegar su oído a la dura superficie para captar todos los detalles que le fueran posibles de esta extraña conversación. No podía negar que la parte más inmadura de él se sentía tentado a experimentar la vida aquí, no sabía si podría decir que no a una buena fiesta ahora que ya no tenía nada mejor que hacer, pero la parte racional de su cerebro descartó la idea rápidamente. No podía pensar así, tenía una vida fuera de estos muros.

Familia, amigos, una chica. Había vivido gran parte de su vida sin ninguna de esas cosas y no quería renunciar a ellas tan pronto. Aún tenía mucho porque vivir, aún tenía motivos para seguir viviendo.

– ¿Han dicho algo interesante? –. Preguntó una vez de repente a sus espaldas.

El llamado hizo que Jason respingara en su lugar, tuvo que tener una mezcla de cuidado y suerte para no golpearse la cabeza con el pomo de la puerta en su salto antes de girarse para ver a quién había logrado escabullirse a un metro detrás de él sin que se diera cuenta.

Al girar, fue recibido por la imagen una mujer formalmente vestida devolviéndole la mirada con su única ceja visible arriba. Era un poco más baja que Lucifer, su cabello ondulado oscuro llegaba casi hasta su cintura y hacía contraste con su piel blanca, su rostro era triangular, sus labios estaban pintados con labial negro, su barbilla era puntiaguda y su único ojo visible lo veía con escepticismo.

Su vestido rojo opaco le llegaba hasta las rodillas, donde sus largas piernas descubiertas conducían a un par de tacones oscuros, cubriendo sus pies descalzos. Al igual que el dueño del club, la mujer también poseía un aura atrayente, pero Jason la miró con cautela al distinguir un par de escamosas alas negras con lo que parecían ser garras en las puntas. Su presencia transmitía un aire seductor y su mirada delataba su carácter fuerte y seguro, aunque esto último apenas era visible teniendo la mitad de su rostro escondido detrás de una máscara blanca con grandes puntas sobre la frente, que la hacían ver como si llevara una corona.

Tantos años vagando por las calles de Ciudad Gótica le habían enseñado a Jason a distinguir a las personas solo con un vistazo, sacar las primeras impresiones solo con una mirada era algo que ya dominaba incluso antes de que Bruce llegara a su vida. Por lo que podía notar a simple vista, esta mujer tenía que estar estrechamente relacionada con los demonios, si es que no era una directamente, por la apariencia de sus alas y debía ocultar algo más que la apariencia de una dama rica si era capaz de escabullirse hasta este punto con unos tacones y un vestido que claramente no estaban diseñados para este tipo de actividades.

No supo que responder al momento, esta misteriosa mujer lo había atrapado con las manos en la masa, por la forma en la que se refería a la situación que se estaba discutiendo detrás de la puerta pegada al muro que simbolizaba el final del corredor, parecía estar siquiera un poco familiarizada con Muerte y Lucifer.

– Supongo que no vas a responderme –. Suspiró la mujer descargando sus manos en sus caderas, dejando ver sus uñas pintadas de negro –. Entonces, dime qué haces aquí.

El tono de la mujer era tranquilo y bajo, como si no quisiera que Lucifer se diera cuenta de que estaba espiando su conversación, y parecía funcionar. Tanto el diablo como la muerte retomaron su charla con frases inaudibles para Jason, que delataban el desconocimiento que tenían ambas entidades de la persona que los había estado oyendo.

No sabía si esta mujer quería delatarlo o no, pero no quería que el dueño del club se diera cuenta de que lo estaba espiando. Era preferible alejarse, fingir que no había hecho nada y esperar que la demonio le siguiera la corriente.

– Yo… –. Comenzó Jason en voz baja, tratando de encontrar las palabras exactas para explicarse.

Normalmente, hallar excusas para justificar determinadas conductas no le era difícil, había aprendido de un playboy millonario con uno de los secretos más importantes del mundo, después de todo. Sin embargo, ante el problema que tenía entre manos, pensar una excusa creíble no era tan sencillo. Todo el club había visto como Lucifer lo obligaba a calmarse y podían distinguirlo de entre todos los demás sin la necesidad de señalar su colorido traje destrozado.

Era imposible que alguien así se creyera la clásica tontería de "buscaba el baño", mucho menos considerando que lo había visto con el oído pegado a la puerta.

– Y no me mientas, lo sabré si lo haces. No apreciamos a los mentirosos en Ex Lux –. Aclaró la mujer antes de que pudiera abrir la boca nuevamente –. Una vez aclarado eso, dime porque estás espiando a Lucifer.

No sabía que decir, ¿qué explicación podría dar? Pero tenía que decir algo, no podía quedarse estático y en silencio esperando que apareciera algún milagro del cielo para salvarlo de esto. Probablemente, esperar algo así en un lugar como este sería un insulto.

Jason abrió la boca, preparándose para decir cualquier cosa, pero se sintió incapaz de pronunciar palabras que ayudaran a remediar este predicamento, por lo que solo pudo volver a cerrar la boca con vergüenza mientras un sonrojo teñía sus mejillas. Además, no quería que el rubio del otro lado de la puerta lo escuchara, estaba demasiado cerca de la puerta como para que el mismísimo diablo no pudiera oírlo si hablaba.

La mirada penetrante de esta dama infernal no hacía nada para aplacar los nervios de Jason. En cierto modo, era imposible para él no recordar a Bruce cuando lo cuestionaba por alguna tontería en los entrenamientos o en la escuela. La extraña familiaridad era casi palpable en el aire.

Finalmente, la mujer se cansó de esperar y suspiró con una mezcla de agotamiento y aburrimiento en su lenguaje corporal antes de agachar la cabeza y dar media vuelta con una mano arriba y un dedo indicándole que lo siguiera.

– Sígueme –. Indicó la dama dándole la espalda con sus alas retraídas a los lados exteriores de sus omóplatos visibles sobre su vestido.

Se quedó quieto una vez más, no le transmitía mucha confianza la idea de seguir a una demonio a una zona desconocida en un entorno completamente ajeno a él. Bruce le había enseñado que siempre debía ubicar las salidas de todos los lugares a los que accediera, pero la única visible hasta el momento era la puerta principal y dudaba seriamente de su capacidad para evadir al diablo.

¿Quién le habría dicho que inmediatamente después de su muerte se encontraría cara a cara con el mismísimo demonio? Aún no podía digerir tal hecho y dudaba que fuera a hacerlo muy pronto. Toda esta situación era algo irreal y tenía que lidiar con ella por su cuenta. Esta vez no tendría al murciélago grande y malo a su lado, ni a los Titanes para respaldarlo o a su súper novia para cubrirle las espaldas.

Sería solamente él, perdido en un mar de demonios.

– Oye, créeme cuando te digo que no quieres estar aquí cuando esos dos salgan –. Declaró la mujer girando levemente para verificar porque no la estaba siguiendo –. Lucifer no aprecia a los intrusos ni a los espías, ya empezaste bastante mal con ese espectáculo que diste en medio la fiesta.

El solo recordatorio de su histérica reacción lo hizo suspirar con pena mientras acariciaba su nuca con la mirada gacha. Había aprendido a mantener un bajo perfil en situaciones de emergencia para evitar llamar atención indeseada. Sin embargo, el solo pensar que estaba muerto, que todos los sueños y expectativas que tenía por delante se habían ido por el desagüe, no era una noticia fácil de sobrellevar.

Inmediatamente, el hecho le cayó como un baldado de agua fría, su piel estaba casi tan pálida como la de Muerte y se sentía casi tan fría como la de Víctor Fries. Estaba seguro de que, si no tuviera su antifaz aún puesto, esta mujer podría ver el túmulo de reacciones que trataba de ocultar para evitar volver a convertirse en el centro de atención.

Estaba muerto, era una realidad que no tenía sentido negar. Estaba muerto y el principal culpable de este hecho aún rondaba libre por ahí. Esa cara blanca mal pintada, esa sonrisa sádica tan roja como la sangre, ese cabello verde alborotado y esos ojos amarillentos que se habían regocijado viendo su dolor seguían sueltos y no había nada que pudiera hacer para cambiarlo.

Solo podía sentarse aquí y esperar su muerte definitiva, mientras rezaba con pena a Dios o al diablo para que Bruce pudiera impedir que más personas sufrieran su destino.

Instintivamente, su puño se cerró con odio. Su mente dañada dio paso atrás al eco de esas risas retorcidas en la soledad del tren de sus pensamientos. A pesar de todo su entrenamiento, de todas las enseñanzas de Bruce y su experiencia ganada combatiendo un mal eterno, no había sido más que otro nombre en la lista del miserable payaso que había destruido tantas vidas.

Incluyendo la suya.

– No sabes cuántas veces he visto esa mirada –. Comentó de repente la mujer mirándolo desde unas escaleras que conducían a los niveles superiores del edificio –. Te puedo jurar que no te pasará nada malo. Solo quiero que hablemos, Robin.

Ella lo distinguía, no sabía cómo, pero lo hacía. Hasta el momento, parecía que solo la muerte y el diablo estaban conscientes de quien había sido en vida, de lo que significaba la R en su pecho, del lado en que se encontraba su corazón. Sin embargo, a ninguno de los dos parecía importarle realmente, Muerte no se refería a él por ningún nombre en específico y Lucifer solo lo llamaba "chico".

A pesar de toda la severidad que acompañaba su fuerte presencia, había algo en esta mujer que lo llamaba y le daba cierto aire de calidez al expresarse. Era imposible saber si era sincera, pero el solo hecho de que no lo delatara con el dueño del club debería ser un buen indicio. Para ella sería muy fácil solo subir el tono de su voz para que el diablo la oyera y castigara su osadía el espiar sus asuntos, por más que el mismo Jason fuera el núcleo de este nuevo predicamento.

– Supongo que no tengo de otra –. Suspiró el humano sobando su cabello antes de seguir a la mujer.

Estaba cansado, y no sabía que algo así era posible para alguien en su situación, pero lo estaba. Su cabello negro se resbalaba en mechones alborotados en su frente, podía sentir con la yema de sus dedos las ojeras que se habían formado en sus últimos días de vida por su falta de sueño y que lo habían seguido hasta la muerte, sus piernas hacían un esfuerzo considerable para cargar su propio peso y el traje de Robin no le ayudaba, sentía el frío de la muerte y el calor perseverante de la explosión del almacén y su traje al mismo tiempo.

– Ya me preguntaba cómo sonaría tu voz para algo que no fuera tartamudear –. Bromeó la pelinegra suavemente mientras avanzaba.

El bullicio de la fiesta se fue perdiendo poco a poco conforme más avanzaban por la escalera hasta llegar a un par de puertas dobles que aguardaban el final de las largas escaleras. Jason no podía entender como la dama que guiaba el camino era capaz de subir tantos escalones con un par de tacones puestos. De estar en su lugar, él ya habría usado esas alas para saltarse el martirio que debía ser este camino para ella, pero no emitía ninguna queja si le dolía. Pisaba con elegancia y clase cada superficie con la misma facilidad que tendría de estar usando algo más cómodo.

Cuando finalmente llegaron a las puertas que los esperaban al final del recorrido ascendente que había agotado aún más las cansadas piernas del humano, cuyas botas dejaban huellas de tierra y polvo por cada paso que daba, la demonio fue la primera en sostener las alargadas manijas de ambos portales decorados con una fina pintura nogal.

Bruce siempre le había aconsejado que fuera un caballero con las damas, abrir las puertas por ellas, ofrecer pañuelos y tener efectivo disponible en caso de que necesitara pagar algo eran algunas de las recomendaciones más comunes por parte de su mentor. Pero esta mujer no parecía estar dispuesta a dejarlo a hacer nada por ella, al contrario, parecía buscar hacer de esta caminata lo más amena posible para él.

Aunque las puertas frente a ellos eran de gran tamaño y la madera que la conformaba se notaba sumamente gruesa, la pelinegra pudo abrirlas de lado a lado sin problema. Estando al mismo nivel del suelo, Jason pudo notar que era ligeramente más alto y fornido que la demonio, por lo que resultaba impresionante para él que pudiera hacer algo que estaba seguro de que le habría costado más trabajo.

Ex Lux era un edificio que hacía gala de su elegancia en su fina fachada y sus decoraciones en las zonas públicas para los clientes que quisieran pasar una noche de fiesta infernal. Los tragos eran añejos y tenían una gran variedad respecto a los tipos de bebidas que los conformaban, los vasos usados eran de un cristal tan brillante y bien cuidado que Jason estaba seguro de que podrían usarse como lentes, las mesas y la barra eran bien atendidas para ofrecer a cada cliente una experiencia única y quienes parecían ser el personal vestían con finos trajes de servicio decorados con un moño cuidadosamente amarrado alrededor de sus cuellos.

Sin embargo, estaba claro que el jefe del lugar tenía cierto favoritismo por determinadas zonas de su edificio y esta sala debía ser una de sus consentidas.

Al abrirse las puertas, lo primero que Jason pudo ver fue la luz de la luna entrando por las grandes ventanas de vidrio en el lado opuesto de la entrada, haciendo que el granito de un piso de cerámica en los balcones brillara junto con la caoba que decoraba los suelos internos de esta sala. Más adelante del pequeño balcón detrás de los muros de vidrio, se encontraban un par de sillones costosos de un color rojizo tenue en el cuero de los muebles, una mesita pequeña con patas metálicas sosteniendo un vidrio perfectamente milimetrado con la altura del marco oscuro del objeto, sobre una alfombra color crema. El techo era de una tonalidad más clara que el marrón rojizo de los sillones y contaba con una serie de luces alargadas para iluminar el lugar a horas tempranas de la noche. Del lado derecho de la sala, se encontraba un sector específicamente dedicado a una cama matrimonial de gran tamaño delicadamente tendida, entre un par de lámparas blancas de aplauso sobre mesitas de noche con cajones y al lado de lo que parecía ser un corredor hacia un baño. Finalmente, oculto a una esquina de la enorme habitación, se encontraba un gran piano delante de un mueble acolchado.

No podía evitar recordar la Mansión Wayne, era como tener una versión compacta de la sala principal en una sola habitación.

Sin embargo, la zona tenía algo que Alfred jamás podría aprobar del lado opuesto de la cama matrimonial, algo que el mismo Bruce jamás podría permitir que se hiciera en su casa y mucho menos en su habitación: su propio bar.

A unos pocos pasos de la cama de la pareja que dormía en esta habitación, se encontraba una amplia variedad de bebidas alcohólicas perfectamente ordenadas en unas vitrinas hechas de vidrio, iluminadas por unos focos detrás del delgado muro claro que hacía sobresalir las múltiples botellas sobre los cristales. Por otra parte, a menos de dos metros de la amplia selección de tragos, se encontraba una mesa alargada hecha de lo que parecía ser mármol a modo de barra, donde reposaban solo un par de vasos de cristal impecablemente limpios.

Si la fachada de Bruce como playboy fiestero fuera completamente real, este sería el tipo de habitación que tendría. Era una pena y un gran alivio al mismo tiempo que Roy no estuviera aquí para ver esto.

– Pruflas, sírvenos unos tragos –. Ordenó la mujer de repente.

Al oír el llamado de quién parecía ser una importante figura de autoridad, una silueta robusta pero bajita emergió de las entrañas de la barra. Vestido con un traje formal del mismo estilo que el resto del personal de servicio del club, una criatura humanoide con apariencia felina saltó ante las órdenes de la mujer como si de un militar se tratase. Su mirada se percibía aburrida, sus labios podrían formar una fina línea oscura si no estuvieran considerablemente obstaculizados por el pelaje blanco que tapaba la parte inferior de su rostro, junto con unos alargados bigotes en las mejillas sobre un grueso pelaje anaranjado que hacía un leve contraste con sus ojos verdes.

Este no era momento para hacer bromas, lo sabía muy bien, pero viendo a este asistente en específico, Jason supo cómo se habría visto la combinación de Alfred y Garfield en un solo cuerpo.

– Enseguida, Lady Mazikeen –. Asintió el gato antes de comenzar a buscar entre las botellas.

– Ven, siéntate –. Señaló la enmascarada tomando asiento del lado opuesto de la barra y ofreciéndole la segunda silla a su lado.

Jason se sentó incómodo al lado de esta mujer, Mazikeen. Se revolvió en su silla incapaz de mirar por mucho tiempo el orificio vacío en el ojo de la máscara, que no permitía ver a detalle el orbe invisible de la demonio enmascarada. No sabía que decir, no sabía cómo comenzar lo que sería una charla todavía más incómoda que la anterior.

¿Se avecinaba un interrogatorio? No sabía por qué, pero lo dudaba mucho. Por algún motivo, todas las figuras importantes en este lugar parecían actuar como si ya lo conocieran, pero no les importaba. Tenía la sensación de que una sola mirada a esta mujer podría decirle todo sobre él y no tener la más mínima oportunidad de sacarle sobre este sitio o su verdadera identidad más allá de ser una invitada frecuente en este sitio.

– Lorin me dijo que teníamos visitas –. Comenzó el felino sosteniendo una botella de coñac –. Majestad, si me permite preguntar…

– Sí, Pruflas, es él –. Afirmó Mazikeen palmeando el hombro del chico –. Te presento a Jason Wayne.

– Ya veo, el hijo de Batman –. Comentó Pruflas descartando el coñac para sujetar una botella de tequila.

Jason casi saltó alterado al entender rápidamente el significado de las palabras del gato gigante que se preparaba para servir el tequila en un par de vasos sacados de los cajones de la barra.

¿Sabían quién era Bruce? ¿Cómo era posible? Zatanna y los miembros fundadores de la Liga eran los únicos que sabían la verdadera identidad de su padre adoptivo y ninguno la compartiría sin el consentimiento del hombre. No le inquietaba que supieran su propia identidad, Lucifer y Muerte ya lo sabían y lo hablaban con total naturalidad, no lo sorprendía viniendo del diablo mismo y la encarnación de un concepto universal. Pero Bruce, Bruce seguía vivo y si estas personas sabían su secreto, nada le garantizaba que no supieran el de los demás. Dick, Alfred, Barbara, Kara, Roy y toda la Liga podían correr peligro.

La enmascarada pareció entender los pensamientos alarmistas que atravesaban su mente y lo detuvo antes de que pudiera saltar a la defensiva posando su mano en su hombro una vez más.

– Tranquilízate, Jason. No tienes enemigos aquí –. Aclaró Mazikeen recibiendo los vasos del felino –. Relájate y bebe un trago, creo que lo necesitas.

La mujer extendió uno de los vasos hacia él, deslizándolo con cuidado sobre el mármol liso de la barra antes de llevar su mano hasta la máscara que reposaba en la mitad de su rostro, desajustándola lentamente de su lugar.

Instintivamente, Jason desvió su mirada hacia su vaso nuevamente, pero atento con el rabillo del ojo a la piel ahora descubierta de la mujer. Poco a poco, la máscara se fue retirando de su lugar, dejando ver lo que parecía ser una quemadura severa en la forma de piel arrugada y deforme cubierta bajo el delgado velo de su cabello oscuro.

Tomó un momento de espera, la dama infernal se tomó su tiempo para privarse del cuidado e intimidad que le daba la máscara blanca, pero cuando finalmente lo hizo, tras unos segundos de espera que erizaron la piel del humano, Jason tuvo que reunir todo su valor y coraje para evitar caer de su asiento.

La mitad del rostro de la mujer no estaba quemado como había creído originalmente, ojalá hubiera sido eso. No, la mitad antes oculta de su rostro ahora se revelaba en toda su gloria retorcida, enseñando con sutil orgullo sus músculos rojizos expuestos, privados de todo rastro de piel y una hilera de dientes amarillentos, separados ligeramente los unos de los otros y con filo en las puntas. Un enorme abismo negro destacaBA del resto de su rostro demacrado en el lugar donde debería estar su ojo, no había nada más que una cuenca vacía envuelta en la carne gastada y vieja de su rostro.

Para Jason, fue inevitable no recordar a Harvey Dent. Aunque tenía el presentimiento de que, a pesar de todo lo que el ácido le había hecho al antiguo fiscal, nunca podría verse tan mal como la pobre Mazikeen.

– ¿Quiénes son ustedes? –. Se aventuró a preguntar Jason después de un silencio sepulcral.

Nunca se había caracterizado por quedarse sin palabras, pero esto era muy diferente a todo lo que había experimentado en su vida. El lado más inquieto de su mente no podía dejar de pensar en la posibilidad de que estas personas solo estuvieran esperando el momento oportuno para hacerle algo.

La mujer con el rostro demacrado no respondió inmediatamente, solo tomó un sorbo de su trago, dejando a Jason ver cómo el líquido descendía por su boca hasta perderse en el interior de su boca, deslizándose entre sus peligrosos dientes afilados y amarillentos, antes de jadear al sentir el líquido ardiente recorrer su garganta.

Al ver como la demonio descargaba su vaso vacío en la barra, Jason no pudo evitar desviar su mirada hacia su propio vaso. No tenía problemas con la bebida, se había escabullido con anterioridad por la mansión para probar algunos de los licores que Alfred tenía escondidos para ocasiones especiales, por no mencionar las probadas pequeñas en los eventos a los que Bruce solía asistir. Sin embargo, beber con una demonio, arriesgándose a quedar ebrio en un lugar desconocido no sería su mejor idea hasta ahora. Había una razón por la cual Bruce no bebía en grandes cantidades ni permitía que sus compañeros lo hicieran.

– Es descortés dejar bebiendo sola a una dama, en especial cuando ella invita los tragos –. Comentó Mazikeen de pronto, jugando distraídamente con su vaso vacío.

– También lo es evitar una pregunta del invitado –. Se envalentonó Jason al responder.

Si quería respuestas, tenía que buscarlas. Estas personas parecían estar acostumbradas a tener el control sobre todo, el diablo le hablaba a la muerte como si no fuera más que una niña y Mazikeen se movía por este lugar como si fuera la dueña del mundo. Si quería ser tomado enserio, tenía que demostrar que era más que un niño perdido.

Mazikeen solo respondió con una risa al escuchar su respuesta antes de extender su vaso al mayordomo felino una vez más.

– Pruflas –. Llamó la mujer al sirviente una vez más.

– Joven Wayne, ahora mismo se encuentra en presencia de la Reina Mazikeen Morningstar, Regente del Infierno, Hija de Lilith y General de los Lilim, Terror de los Traidores y Autoridad Máxima del Infierno –. Presentó Pruflas formalmente a la mujer, llenando su vaso nuevamente.

Tuvo que sostenerse de la barra para evitar caer de su lugar en la silla, se sintió mareado y se resistió a creer las palabras del felino en primera instancia. Era imposible, debería serlo, pero Jason había visto lo suficiente en su corta vida y ahora en su muerte, como para que fuera ridículo tratar de negar la posibilidad de que en verdad estuviera sentado junto a la reina del infierno.

La gran mayoría sentiría miedo ante la idea de estar compartiendo un trago con una figura así, pero la presencia de la demonio era algo relajante para él. Era difícil decir si en verdad se sentía así o era un truco para manipularlo, pero había algo en esta mujer que le decía que no debía tener miedo.

Era raro, no se sentía de esta manera con nadie desde…

Concéntrate –. Se regañó Jason mentalmente, negando con la cabeza para volver al problema en cuestión.

Tenía que enfocarse, no podía perderse entre raras divagaciones en estos momentos. No entendía que estaba pasando se sentía demasiado distraído en este sitio, era algo que nunca le había sucedido durante su vida en las calles o en su entrenamiento. El cansancio post-mortem parecía ser especial si era capaz de adormecer sus instintos de esta manera.

Sin embargo, algo había llamado su atención especialmente. Podía digerir hasta cierto punto la identidad de esta mujer, tenía sentido considerando el respeto y adoración que el mayordomo parecía profesar por ella a la hora de seguir sus órdenes. Pero había algo que no entendía.

– ¿Morningstar? –. Preguntó Jason confundido.

– Normalmente, no uso el título que mi consorte me dejó –. Respondió la mujer entre risas secas –. Puedes llamarme Mazikeen o "Reina Mazikeen", si prefieres.

El contenido de su vaso desapareció rápidamente una vez más, en un solo segundo, el tequila en el vaso se había desvanecido en la boca de la reina.

¿Consorte? El mismísimo diablo, el ángel caído y Portador de Luz ¿era un mero consorte? ¿El esposo de la verdadera reina? Ahora sentía lástima por sus maestras de escuela, temerosas de todo lo que los relatos bíblicos les habían mentido a lo largo de la historia.

– Ahora sabes algo de mí. Es tu turno de decirme algo de ti –. Devolvió la mujer llenando su vaso una vez más.

– Creía que lo sabían todo de nosotros –. Dijo el difunto a modo de respuesta.

– Y así es, pero parece que vas a estar aquí un tiempo. Así que sería mucho mejor para ti, si aprendes a sostener una conversación.

– El mundo era más sencillo antes –. Suspiró Pruflas evaluando la botella –. La aparición de estos superhéroes complicó todo.

– Sí, ya no podemos encender la televisión sin que salga alguien con mallas apretadas y los calzones por fuera –. Bromeó Mazikeen bebiendo el contenido de su vaso una vez más.

Los demonios compartieron un par de comentarios sarcásticos más, pero Jason no los escuchó. Para el chico, fue imposible no quedarse estancado una vez más en la posibilidad de tener que quedarse en este sitio. Si no iba a terminar en una especie de paraíso o infierno, ahora que sabía que existían, entonces debería encontrar el modo de volver a la mansión. Los criminales de Gótica no iban a estar de luto por la pérdida de Robin y no quería que Bruce tuviera que volver a enfrentarse a todo eso por su cuenta. Dick tenía sus propias responsabilidades ahora, tanto con los Titanes como con Blüdhaven, no tendría tiempo para brindar soporte a Bruce ni tratar con su propio dolor por la muerte de aquel que consideraba un hermano menor.

No, si la muerte no iba a llevárselo, entonces tendría que regresar a casa lo más pronto posible.

– No puedo quedarme aquí –. Declaró sosteniendo su propio vaso.

Mazikeen ya llevaba tres tragos casi seguidos, Jason no se había atrevido a tocar si quiera su vaso hasta el momento.

Mazikeen lo miró una vez más con su única ceja arriba, lo veía como un loco incapaz de reconocer su propio entorno con su única mejilla visible inflada por el tequila en su boca antes de tragar.

– No creo que tengas muchas opciones –. Comentó la reina descargando su vaso vacío en la barra –. Si algo he aprendido en todos mis siglos de vida, es que no existen las coincidencias. Apareciste aquí por una razón, Jason.

De todos los lugares en el multiverso que la Liga tanto investigaba, había caído precisamente en el bar de un retirado diablo y su esposa. Mazikeen tenía razón, no podía ser coincidencia, había algo más en todo esto, pero no podía decir que era y no sabía por dónde comenzar a investigar.

Bruce sabría qué hacer, él no se quedaría estancado, pero él tampoco estaba aquí para ayudarlo.

– Entonces, ¿por qué no nos dices algo de ti? Lo que tú quieras –. Trató de incentivarlo Mazikeen a hablar.

¿Qué podía decir que ella no supiera ya? Sabía su nombre, conocía la naturaleza de su estado civil y si conocía la identidad secreta de uno de los miembros más precavidos de la Liga, no tenía razones para pensar que no conocería la de los demás. Se sentía indefenso, expuesto, vulnerable a las palabras de una mujer que había domado su carácter como si no fuera más que un gato asustado.

Siempre se había enorgullecido de tener un espíritu libre, uno que ni siquiera Batman mismo era capaz de domar. Solía creer que eso le ayudaría cuando llegara el momento de heredar la capucha de su mentor, pero Mazikeen le había demostrado que ni siquiera él estaba fuera de su control.

No debería sorprenderse, la reina de millones de demonios repartidos por el infierno tenía que estar acostumbrada a tratar con cosas mucho peores que el aprendiz del murciélago. Estaba seguro de que ni siquiera John Constatine debía ver cosas tan locas y horribles como las que tenía que presenciar Mazikeen en su propio reino.

– ¿Y qué le gustaría saber? –. Preguntó Jason con cautela.

Siendo la encargada de torturar a millones y millones de pecadores repartidos por la basta existencia, sería absurdo tratar de engañar a la reina del infierno con mentiras pobres. Miles de mentirosos mejores que él ya deberían haberlo intentado, así que no tenía caso aventurarse a provocar la ira de alguien así.

Normalmente, no tendría problemas en ser más provocativo y audaz, pero la presencia dominante que emanaba Mazikeen desde su encuentro en aquel corredor le había dejado en claro que estaba muy lejos de casa, muy lejos de la protección que Bruce y la Liga ofrecían a los jóvenes héroes.

– No lo sé, ¿cómo es la vida en Gótica? Por lo que mis súbditos me han dicho, muchos de los pecadores que torturamos provienen de esa ciudad –. Comentó la demonio compartiendo unas sonrisas con el mayordomo –. Por lo que sabemos de ti, tienes que ser especial para no haber terminado como muchos de ellos.

Tenía razón, la vida en su ciudad natal era severa y muy poco generosa con aquellos que tenían la desgracia de nacer en lo más bajo. Jason aún recordaba con amargura todos los años que había tenido que pasar escabulléndose por las noches para robar partes de vehículos que luego vendería por precios que apenas le darían para comer un día más.

Había tenido que ingeniárselas para vivir así hasta que tuvo la fortuna de ser descubierto tratando de robar los neumáticos del Batimóvil.

– No es sencilla, muchos teníamos que hacer lo necesario para sobrevivir –. Respondió el chico con sencillez.

– Eres un guerrero y un sobreviviente, yo respeto eso –. Felicitó la mujer con tono formal –. Enorgullécete de lo que eres, no todos podemos decir que salimos de la cloaca más fuertes de lo que éramos antes.

– ¿"Podemos"? –. Cuestionó Jason aun jugueteando con su vaso.

– Los Lilim tampoco eramos muy queridos antes, muchos aún no lo son –. Respondió Mazikeen extendiendo su vaso al felino una vez más –. Mis hermanos le dieron forma a la Ciudad de Plata y los ángeles nos repudiaron. No conformes con eso, los demonios del infierno tampoco nos querían cerca, nos consideraban "impuros" o alguna tontería así.

Conocía bien el mito de Lilith y sus hijos, la biblioteca de Bruce era grande y Jason adoraba pasar tiempo en ella. Gracias a esa afición por la lectura terminó adentrándose más en los mitos griegos que solía leer con la Mujer Maravilla y llegando, eventualmente, a los antiguos mitos bíblicos. Sin embargo, nunca pensó hasta dónde podría llegar el desconocimiento de la verdad.

Debería considerarse afortunado, miles de millones de personas darían lo que fuera por conocer esta información, pero Jason no podía dejar de pensar en su propia situación. ¿Por qué estaba aquí? ¿Por qué parecía haber sido elegido de entre cientos de candidatos mejores para conocer todo esto? No tenía sentido, nada de esto tenía sentido.

– A los ángeles les gustaba fingir que eran el epítome de la bondad y la perfección, creo que muchos todavía lo disfrutan –. Comentó Mazikeen entre risas secas.

– Entonces, ¿por qué está con uno? –. Se aventuró Jason a preguntar.

No hubo malicia en su tono, tampoco burla, solo genuina curiosidad acompañaba sus palabras. Mazikeen parecía tener sus propios problemas con los ángeles, así que no entendía por qué estaba casada con uno de los más famosos. Por desgracia, sus palabras parecieron tener una reacción demasiado lejana de la que esperaba recibir.

– Dirígete con respeto a Su Majestad, muchacho –. Recordó Pruflas con severidad –. Es un error grave creer que estás a su altura.

Mazikeen lo intimidaba, Lucifer lo intimidaba y Muerte lo inquietaba, tenía que admitir eso sin importar cuanta molestia le provocara el pensamiento. Pero no se iba a encoger ante un gato gigante, ya había enfrentado miles de desafíos peores que eso.

Estaba listo para devolver una mirada desafiante al mayordomo, pero la reina pareció ser mucho más rápida que el hombre y el demonio, estampando su vaso suavemente contra la barra para detener cualquier confrontación que pudiera producirse entre ellos.

– Tranquilos, muchachos, nos estamos conociendo apenas –. Detuvo la mujer a los hombres con calma –. Pruflas, creo que podemos permitirnos ser un poco más permisivos con nuestro nuevo acompañante considerando todo lo que ha pasado últimamente.

Su control era impresionante y su capacidad para mantener el orden era envidiable. Recordaba las miles de veces en que Alfred había tenido que detener una riña con Dick sin mucho éxito hasta que llegaba Bruce para encargarse del asunto. No obstante, su padre adoptivo siempre los paraba con castigos y entrenamientos severos, aunque Dick ya no viviera en la mansión; Mazikeen lograba parar los posibles disturbios solo con sus palabras tranquilas y su mirada penetrante.

Ambos hombres retornaron a sus lugares con sus ceños fruncidos, esperando que ninguno de los dos fuera a intentar provocar a la reina que se había mostrado tan cordial y permisiva con la visita inesperada que Ex Lux estaba recibiendo.

– Respondiendo a tu pregunta, Jason, creo que uno simplemente hace cosas locas por amor –. Contestó la reina con una mirada de complicidad –. Imagino que alguna vez haz hecho alguna locura por eso.

Le había dado un dato relevante, algo que un enemigo podría usar en su contra si jugaba bien sus cartas, le había confesado que su relación con el diablo no se reducía a acuerdos políticos o satisfacciones personales, ella lo amaba. Mazikeen amaba a su esposo y le había dado ese dato con tal facilidad porque ella sabía algo que él mismo quería olvidar.

Cabello rubio acompañado de ojos azules vinieron a su mente, junto con todos los esfuerzos que había realizado para encontrar a la mujer que poseía dichas facciones en un rostro que se presentó severo y profesional antes de romperse bajo la angustia y la culpa.

La demonio había ganado, a pesar de que le había regalado un dato importante que podría haber usado a su beneficio, Mazikeen había ganado una vez más. Solo había tenido que recordarle su más grande equivocación, aquella que había marcado el final de su vida.

Aunque tratara de mantener la máscara de Robin, aunque tratara de convencerse de que aún tenía opciones y podía encontrar una forma efectiva de moverse por este lugar, el temblor en su temple y el brillo en sus ojos lo delataban. No tenía ningún tipo de control aquí, si no se movía con cuidado, no sería más que un peón en el juego del diablo y su esposa.

Robin no era nada aquí, Jason Wayne no era nada aquí. Quién fuera la persona que había sido en vida, no podía ser nada en este lugar.

– Tranquilo, Jason, nadie te juzga. Todos hacemos tonterías por quienes nos importan –. Comentó la demonio palmeando una vez más el hombro del humano.

– ¿Cómo saben tanto de nosotros? –. Preguntó Jason incómodo una vez más.

Mazikeen solo miró con picardía una vez más, antes de que su expresión se iluminara brevemente al dirigir su mirada a la puerta. Hizo un gran intento por esconder el brillo de alegría que se posó en su único ojo, pero el entrenamiento de Bruce le había enseñado a notar este tipo de cosas sin importar el contexto.

Por desgracia, solo le ocurría una explicación lógica para el motivo de esta repentina alegría en la mujer.

– Creo, chico, que ya era turno de la dama por preguntar –. Comentó Lucifer Morningstar desde la entrada de la gran habitación.

La mano de Jason se tensó al instante, apretando ligeramente el vaso de tequila inamovible en su posición, dejando la marca de sus dedos bajo sus guantes demacrado grabadas en el cristal.

No importaba cuanto se lo repitiera con tal de creerlo, no podía digerir el hecho de que estaba en el club del diablo.

El rubio caminaba con elegancia, su paso era firme y el talón de sus zapatos resonaba al chocar contra el suelo de la habitación mientras la luz se reflejaba en el cuero. Ni una sola pelusa o mancha se podía divisar en el fino material de su abrigo o sus pantalones, su camisa no tenía ninguna arruga visible y su corbata se encontraba perfectamente alineada con el vértice de la V que formaba su chaqueta ligeramente abierta. Y sus alas se mantenían retraídas detrás de su espalda, contrastando el negro brillante del traje de su amo con su característico blanco vivo. A pesar de haber organizado una gran juerga en su club con lo que parecían ser cientos de demonios, la apariencia del ángel caído no se veía afectada de ningún modo, ni una sola parte de su vestimenta se encontraba fuera de su lugar correspondiente.

Mazikeen se levantó con elegancia de su asiento, descartando el vaso en la mesa bajo la mirada respetuosa de Pruflas, antes de emprender el camino para reunirse con su esposo.

– Lord Lucifer –. Saludó Pruflas con una reverencia en señal de respeto.

El saludo del mayordomo fue ignorado, ambos monarcas del infierno se perdieron por unos segundos en su propio mundo, compartiendo un beso apasionado mientras se exploraban mutuamente con sus manos.

Las yemas de los dedos de Mazikeen se aventuraron a recorrer las mejillas y el cuello del rubio respondía el beso con entusiasmo. La parte demacrada de su rostro se escondía detrás del beso de la pareja.

Jason no podía evitar preguntarse cómo debía sentirse esta demostración de afecto con la mitad del rostro demoníaco de su esposa.

Este gesto no se parecía en nada a los besos que había compartido con Kara, Lucifer y Mazikeen eran mucho más apasionados y fieros en sus acciones. Sus primeros besos con su chica habían sido experimentales, aprendían juntos y vivían la experiencia, pero estos demonios hacían gala de todos sus años de vida a la hora de expresar su afecto.

Bajó la cabeza incómodo tras unos segundos de presenciar el espectáculo que los monarcas del infierno daban de forma gratuita. Pruflas no tardó en seguirlo, temiendo estar violando la poca privacidad de sus amos con solo presenciar su beso.

Finalmente, después de unos segundos que parecieron eternos, la pareja se distanció ligeramente con enormes sonrisas pícaras en sus rostros. Ambos monarcas se separaron lentamente, alejando sus manos con suavidad de la tela que conformaba la ropa del otro sin dejar de mirarse mutuamente.

Había acompañado a Bruce a innumerables eventos sociales en los que sacaba a relucir su fachada de playboy y había presenciado esa misma cantidad de veces el deseo con el que las mujeres ricas de Gótica veían al príncipe de la ciudad. Pero esto, esto era diferente, Lucifer y Mazikeen se veían con la pasión y el amor de aquellos amantes que no se habían visto en años y finalmente estaban reunidos después de una larga espera.

– Hablé con Muerte de tu situación, chico –. Comentó el rubio de pronto, soltando a su esposa y dirigiéndose a la barra.

Jason se tensó visiblemente en alerta, su espalda se puso recta, sus manos apretaron el vaso que aún no se atrevía a llevarse a los labios y la punta de sus pies se posaron en el suelo, listo para impulsarlo hacia arriba en caso de que el ángel atacara.

No estaba seguro de poder vencer a un ser como este si las cosas tomaban un giro hostil, pero no podía perder más por intentar. De cualquier modo, ya estaba muerto.

– ¿Y a qué llegaron? –. Cuestionó el humano con cautela.

Mantenía las manos pegadas a la barra, cerradas en puños gemelos, para evitar que el hombre viera su temblor. Estaba seguro de que, si su corazón aún pudiera latir, estaría batallando con él para tranquilizarlo.

Tenía que actuar con calma, no podía dejarse llevar por las emociones. Bruce se lo había repetido en varias ocasiones y era hora de poner a prueba sus enseñanzas.

– Ella averiguará que te pasó, la razón por la que no pudiste ir al cielo o al infierno –. Respondió el caído estirando su mano ligeramente para alcanzar la botella de tequila en la mesa –. Y hasta entonces, te quedarás aquí con nosotros.

– Temo que Jason ya dijo que eso no es posible –. Interrumpió Mazikeen con un tono juguetón.

– ¿Enserio? ¿Te esperan en algún lado, chico? –. Preguntó el ángel con sorna.

Se estaban burlando de él, estaba claro que lo hacían, pero no sentía malicia de su parte. No sabía por qué, pero no parecía que alguno de estos dos quisiera hacerle daño.

Aun así, no podía bajar la guardia. Por lo poco que sabía de parte de John Constantine, estas personas reinaban la mayor cámara de tortura de la existencia y podían verlo como un conejo asustado, tanto como un alma desamparada.

– No puedo quedarme aquí, hay personas que me necesitan –. Aclaró Jason con toda la firmeza que pudo reunir en su tono.

– Lamento decirte esto, chico, pero te recuerdo que estás muerto. Nadie te está esperando –. Respondió el diablo borrando su sonrisa de su rostro para verlo con seriedad –. Acéptalo rápido y será más fácil para ti.

No tenía pelos en la lengua al hablar, sus palabras lo atravesaban como un cuchillo directo al corazón y caían como una cascada sobre él.

Parecía que el diablo disfrutaba de ser cruelmente honesto. Sabía que tenía razón, que tenía que aceptar esta nueva realidad porque no tenía modo de volver a la anterior. Y lo peor de todo es que ahora ni siquiera tenía decisión sobre su propio destino. Solo podía sentarse y observar como otros debatían sobre lo que sería el resto de su eternidad.

– Si así lo quieres, eres libre de irte. No te vamos a obligar a estar aquí –. Dijo Lucifer sirviéndose un trago –. Pero piensa despacio lo que sucederá, lo que pasará después de que salgas, ¿crees que vas a volver al infierno que tienes por ciudad y esperar que te reciban con los brazos abiertos? Si regresas con el murciélago ahora, aunque pueda verte y no seas un espectro en pena, ¿qué te garantiza que las cosas volverán a ser como eran antes?

– Estás muerto, Jason, y muchos ya vieron tu cadáver –. Interrumpió Mazikeen acercándose a su esposo –. La muerte del hijo de Bruce Wayne no será un asunto privado, estoy segura de que se van a enterar en toda tu ciudad. Entonces, ¿qué crees que pensarán cuando, de pronto, lo vean caminando por ahí?

– Se me ocurren un par de titulares en los periódicos: "Bruce Wayne, tan mentiroso como rico" o "El engaño del siglo, millonario finge la muerte de su propio hijo" –. Comentó Lucifer con sarcasmo –. ¿Es eso lo que quieres?

Si trataban de convencerlo de quedarse voluntariamente, Jason esperaba que apelaran al bienestar de todos los demonios y criaturas que estaban en el piso de abajo, que le dijeran algo sobre cómo podría afectar las vidas de todas estas almas si abría la boca. No habían tratado de mencionarlo si quiera, lo mantuvieron en su lugar solo recordándole todo lo que podría pasarle a él, a Bruce y a toda su familia si regresaba.

Nunca se había preocupado mucho por su propia seguridad, había vivido al límite desde muy pequeño, no había nada que le importara más que obtener el dinero suficiente para comer otro día. Pero esos tiempos se habían terminado, ahora tenía gente por la cual velar y no podía darse el lujo de comprometerlos.

Estaba muerto, pero aún tenía que hallar el modo de proteger a su familia.

– No –. Respondió Jason en un suspiro.

– Exactamente –. Asintió el ángel palmeando el hombro del chico –. No tenemos problemas con que te quedes aquí, pero tienes que saber que nadie se hospeda gratis en Ex Lux.

Trabajo, no era ajeno al concepto, aunque podía estar un poco oxidado en la materia, no se preocupaba por eso. Se necesitaría más que tres años viviendo entre las comodidades de Bruce Wayne para borrar todas las habilidades que el tiempo en las calles le habían dado.

– Tendrías una habitación entre los demás empleados y un salario como todos –. Dijo Mazikeen sentándose en la barra junto a su esposo –. Y serás tratado como tal, nadie te verá diferente por ser humano.

– No serías el primer humano muerto en venir aquí, aunque sí serías el primero en tener una forma tangible –. Comentó el rubio antes de beber el contenido de su vaso en solo trago –. Pero como dije: es tu decisión. Si quieres irte, no interferiremos.

Sería estúpido preguntarse qué podía hacer, era obvio cual era la decisión más lógica a tomar. No le gustaba, no terminaba de convencerlo, pero sabía que no tenía mejores opciones. Deseaba de todo corazón que todo esto no fuera más que un sueño, pero la sensación de sus propios pellizcos se sentía muy real, al igual que las palmadas de Lucifer y Mazikeen.

Tenía que aceptarlo, sin importar cuántas veces tratara de convencerse de lo contrario, tenía que aceptar que estaba muerto y ahora tenía que arreglárselas solo en la casa del diablo.

– ¿Y qué tendría que hacer? –. Preguntó el humano renunciando a su propio vaso finalmente para jugar con sus manos.

– Estamos en tiempos de festejo, Ex Lux siempre se llena más de lo normal en estas ocasiones y Amelio no puede con todo por su cuenta. Si accedes a quedarte, solo tendrías que servir tragos –. Respondió el dueño del club recogiendo el vaso descartado con algo de fascinación –. Creo que ya tienes experiencia en eso, chico.

No se equivocaba, antes de desmontar autos por dinero, se había dedicado a servir tragos en bares de mala muerte por los estrechos de Gótica. Había sido solo un niño en aquel entonces, por lo que nunca había visto el encanto de las bebidas alcohólicas hasta que Roy lo motivó a darles otra oportunidad. Servir tragos para unos demonios no sería tan difícil, siempre y cuando no amenizaran con comerse su cabeza.

– Veo que lo estás pensando –. Comentó la demonio acariciando el hombro de su esposo.

– En ese caso, solo queda una pregunta por hacer –. Declaró el ángel girando sobre su silla para ver al chico –. ¿Tenemos un trato, chico?

Las palabras del hombre acompañaban una mirada divertida al ver su reacción tensa nuevamente, odiaba sentirse así de pequeño, pero estas personas tenían control absoluto en su propio lugar y no tenía forma de darle un giro a los eventos.

Solo le quedaba una opción, todo el mundo lo daba por muerto y no podía regresar con su familia sin comprometerla, no tenía amigos cerca, no tenía a nadie fuera de Bruce y todo lo que le había dado; ni siquiera sabía con seguridad donde estaban, lo único que había visto en la salida y las ventanas de la habitación se reducía a una serie de edificios altos.

No tenía donde ir, no tenía a quien acudir y no tenía nada más que hacer.

Con un suspiro de resignación, solo pudo tomar la mano del hombre en señal de acuerdo. Estaba entre la espada y la pared, y en estas circunstancias, trabajar para estos dos no podía ser peor que deambular por una ciudad que desconocía.

– ¿Cuándo empiezo? –. Preguntó el pelinegro.

– Mañana en la noche –. Respondió el rubio soltando la mano del difunto.

No se burló, no mostró ninguna señal de disfrute por lo que estaba pasando o por tener un nuevo empleado, solo lo miró con seriedad y profesionalismo antes de dirigir su atención a su mayordomo, que se había mantenido en completo silencio hasta momento.

– Pruflas –. Llamó el hombre al felino.

– Mi Lord –. Respondió el mayordomo con una reverencia.

– Lleva al chico a la habitación de Reggie, se quedará ahí esta noche y mañana pondremos un nuevo cuarto para él. Aprovecharemos que no regresará hoy –. Ordenó Lucifer a su mayordomo.

– Como ordene, Mi Lord –. Asintió el felino antes de comenzar su marcha hasta la salida.

– Asegúrate de que se cambie, que se ponga algo más apropiado –. Dijo el caído mirando su demacrado traje de batalla.

Jason se quedó estático un momento mientras veía al mayordomo avanzar hasta la salida. Una mirada de Mazikeen bastó para decirle que debía seguir al gato gigante. No sabía que pasaría si no cumplía dicha orden y no quería arriesgarse a averiguarlo, así que con un suspiro de resignación, salió con cautela de la habitación en dirección a la mismas puertas por la que había entrado junto a la reina.

Caminó con cuidado y en ningún momento dejó de ver al que sería su nuevo jefe. Lucifer se mantenía estático en su silla, completamente tranquilo degustaba su propio vaso de tequila frente a las luces del bar en la que debía ser su alcoba compartida con su esposa.

– Oye, chico, antes de que te vayas –. Interrumpió el rubio sosteniendo el vaso abandonado en la barra –. Quiero hacerte una pregunta.

Se detuvo en seco, tan preocupado como interesado en lo que el diablo pudiera preguntarle, pero la interrogación no llegó al instante. Antes de hablar nuevamente, el hombre mayor se bebió el trago que Jason había obviado en la barra de un movimiento.

– ¿Por qué no dejamos descansar al chico? Ya fue suficiente emoción para una noche –. Trató de defender la reina al pobre chico que luchaba por mantener una expresión seria en su rostro pálido.

– Solo es una pregunta, querida –. Respondió el ángel con lo que parecía ser un poco de dulzura a su esposa antes de redirigir su atención a Jason una vez más –. Nos seguiste a Muerte y a mí hace rato, ¿cierto?

Si aún tenía sangre dentro de su cuerpo, se congeló al instante que escuchó las palabras del ángel caído. Su mente trató de buscar la mejor excusa que se le pudiera ocurrir en estos momentos, pero no tenía nada. Si Mazikeen era capaz de distinguir sus verdades de sus mentiras, sin importar que tan creíbles fueran, nada le garantizaba que Lucifer no pudiera hacer lo mismo.

Tenía que decir algo y un atisbo de impaciencia destelló en los ojos del hombre mientras jugaba con el vaso vacío y la botella medio llena. Tenía que decir algo, pero no podía mentir como lo haría Bruce en una situación así, corría el riesgo de ser severamente castigado por los maestros de la tortura.

Tenía que decir algo y todo apuntaba a que en Ex Lux se valoraba la verdad sobre muchas otras cosas.

– Estaban hablando de mi vida, de lo que sería de mí a partir de ahora, sentí que era mi derecho averiguar a qué llegarían –. Respondió Jason con toda la determinación que pudo reunir para ver al diablo a la cara.

Morningstar no reaccionó abruptamente, solo asintió en entendimiento antes de que una pequeña sonrisa llena de diversión se asomara en sus labios mientras servía por sí mismo un par de vasos más antes de hablar nuevamente.

– Hiciste bien, chico. Ya puedes irte.

No dijo más después de su felicitación, solo se limitó a entregar uno de los vasos a su mujer antes de chocar los cristales suavemente.

Mazikeen cerró suavemente su puño y lo alzó casi a la altura de su rostro con los nudillos mirando al techo, un gesto destinado a motivarlo para ser fuerte o eso es lo que parecía. No se atrevía a dar por sentadas las intenciones de la Reina del Infierno y mucho menos de su consorte, así que solo asintió de la forma más respetuosa que pudo antes de que el portal de madera se cerrara en su rostro, dejando como última visión del interior de la alcoba al rubio abalanzándose sobre su esposa, batallando por quitarse la camisa sin destrozar la prenda, y a la demonio abriendo sus brazos para el ángel gustosa.

Jason se consideró afortunado al alejarse lo suficiente de las puertas de los reyes para no tener que escuchar claramente lo que debían ser los gemidos roncos de Lucifer y los gritos apasionados de Mazikeen.

– Fue toda una hazaña –. Comentó Pruflas de repente.

Los fuertes estruendos y gritos de festejo no tardaron en alcanzarlos nuevamente, era sorprendente que la voz del felino pudiera oírse incluso en medio del revuelo que provocaba la fiesta debajo de ellos.

– No entiendo a qué te refieres –. Admitió Jason con fuerza para que su voz pudiera oírse en medio de la celebración.

– No sabes cuántos en este club matarían por ganarse el respeto del jefe –. Dijo Pruflas antes de girarse suavemente para verlo con sus enormes orbes verdes –. Y tú lo lograste solo con unas cuantas palabras.


Mansión Wayne, Habitación de Jason

Hace 1 semana

– ¿Estás seguro de que es ella?

La pregunta lo sobresaltó visiblemente, no esperaba recibirla después de estar sumergido por tantos segundos en la imagen captada por los satélites.

Cabello rubio acompañado de ojos azules captaban toda su atención, no podía enfocarse en nada más que en la imagen de esta mujer tan aparentemente bien cuidada en un desierto de Etiopía. Los brillantes cabellos de la mujer brillaban ligeramente bajo el resplandor del cielo y el sol picante que iluminaba la arena a su alrededor. Desde la nada humilde opinión de Jason, era como ver una especie de ángel desde el otro lado de la pantalla que la buscaba.

– Tiene que serlo –. Respondió el pelinegro levantándose de los pies de su cama.

Con mucho cuidado, guardó la fotografía tomada por los satélites de Bruce en uno de los bolsillos exteriores de su chaqueta, reposando colgada en el espaldar de la silla de su escritorio.

– ¿Estás seguro de que quieres hacer esto? Tengo un mal presentimiento.

Regresando con lentitud a su cama, Jason se permitió apreciar a su propio ángel, que reposaba con tranquilidad en el espaldar de su lecho. Ni siquiera los finos muros color vino tinto de los muros o la exquisita arquitectura compuesta por madera y bloques de piedra en los apoyadores podría compararse con la belleza de la joven que lo veía con preocupación, sosteniendo una de sus almohadas contra su pecho. El azul tan claro de sus ojos podría destacar fácilmente entre el océano grisáceo opaco de la alfombra que cubría la caoba del suelo, a pesar de su baja estatura, los grandes armarios y mesas que una vez decoraron la antigua habitación de Bruce podrían verse pequeños al lado de la ojiazul.

Junto con la persona captada en la foto guardada en su chaqueta, esta chica era la mujer más hermosa y maravillosa que había conocido en su vida. A sus escasos quince años, Jason dudaba seriamente que fuera capaz de hallar a alguien con la misma belleza que esas dos personas capaces de traerle tanta alegría solo con su existencia.

– ¿No confías en mí? –. Preguntó el ojiazul con una risita.

Gateando lentamente sobre su propio colchón, se permitió contemplar un poco más a la joven que lo veía con una mezcla de angustia por sus planes y anhelo por sus atenciones.

Su cabello rubio era una cascada de oro que se derramaba sobre sus hombros y ocultaba ligeramente su bello rostro, su piel del color de la crema se veía suave a simple vista, pero podía ser tan dura como el acero, su posición en la cama la hacía ver más pequeña de lo que era realmente y su forma de abrazar la almohada la hacía ver como una niña ansiosa; sus piernas estaban descubiertas debajo de los shorts que le servían como pijama, al igual que sus brazos gracias a su camisa blanca carente de mangas.

No estaba seguro de cómo la percibían otros hombres y tampoco le interesaba descubrirlo, pues, para Jason Wayne, Kara Zor-El podría ser fácilmente la encarnación de la perfección. Una de las mejores cosas que le habían pasado en su vida.

Tenía sus diferencias con su padre adoptivo, pero siempre le estaría agradecido a Bruce por haberlo obligado a acompañarlo a uno de sus viajes a Metrópolis, donde tuvo la oportunidad de conocer a la prima de Superman, que no tardó en convertirse en una de las personas más importantes de su vida.

– No es eso, es solo que siento que algo no anda bien –. Trató de justificarse Kara, descartando la almohada en sus brazos para acoger a su novio.

– No te preocupes por eso –. Buscó tranquilizar Jason a su novia –. Oye, soy Robin, no me va a pasar nada.

Acompañó sus palabras llenas de confianza con una ráfaga de besos en los suaves labios de su chica. Para ser la apodada "Chica de Acero", sus labios se sentían como una nube contra los suyos, una con el sabor de la fresa acompañándola en todo momento, una solo para él.

– Me sentiría mucho más tranquila si Bruce fuera contigo.

Se desinfló notablemente al escuchar las palabras de su súper chica. No estaba en las mejores circunstancias con su padre y mentor, una serie de eventos desafortunados que prefería no recordar los habían mantenido separados los últimos días y habían obligado a Bruce a quitarle el traje de Robin temporalmente.

– Dudo que acepte venir si le explico cómo obtuve su ubicación –. Respondió el joven maravilla con un suspiro.

– ¿Y que tal si voy contigo? Puedo pedirle a Kal un par de días fuera para acompañarte –. Se ofreció la joven con insistencia.

– Créeme, me gustaría que vinieras, pero no quiero ser el responsable de la repentina desaparición de la alumna estrella de la Mujer Maravilla –. Comentó Jason entre risas.

– Diana te quiere mucho, estoy segura de que lo entendería –. Insistió Kara antes de que su rostro se iluminara brevemente, como si un foco se hubiera encendido sobre su cabeza –. ¿Y si le pedimos que nos acompañe? No creo que tenga problemas.

– No creo que la mujer esté lista para ver a su hijo acompañado de Supergirl, mucho menos de una superheroína como Diana –. Explicó el ojiazul con diversión.

Sheila Haywood, era el nombre de la mujer que había comenzado esta discusión. Finalmente, después de tanto tiempo de búsqueda insistente en la que había puesto en práctica todas las enseñanzas de Bruce, había dado con la ubicación de su madre biológica y ahora se estaba preparando mentalmente para conocerla. Tenía su ubicación y tenía a la mano los medios para llegar a ella, tenía que conocerla.

Era lo único que tenía en la cabeza desde el día en que descubrió que Catherine Todd no era su madre biológica. Siempre amaría a aquella mujer que lo había criado y acompañado durante sus primeros años de vida, pero necesitaba reunirse con aquella que lo había traído al mundo para, si quiera, conocerla y decirle que no la odiaba, que la quería casi tanto como había amado a Catherine y como amaba a Bruce; aunque nunca se lo dijera.

– Oye, todo va estar bien. No hay de que preocuparse –. Consoló Jason dando un suave beso en la frente de su novia.

Aunque siempre se contenía cuando estaba con él, la joven no pudo o no quiso medir su fuerza cuando se abalanzó sobre su novio para envolverlo en un abrazo que lo derribó y lo hizo caer de espaldas al colchón, el cual chilló suavemente al sentir el peso de ambos enamorados caer agresivamente sobre él.

– Prométeme que te cuidarás –. Pidió la rubia enganchada al cuerpo de su novio.

Su voz parecía estar a punto de quebrarse, su cuerpo temblaba suavemente en sus brazos, sus manos apretaban su sencilla camisa roja y sus fuertes piernas se enredaron con la tela de su sudadera negra mientras compartían suaves besos.

Kara no solo estaba angustiada, no solo estaba preocupada, se encontraba aterrada por su búsqueda. Quería atribuir eso a una fuerte paranoia provocada por lo que su novio tendría que pasar al tener enfrente a la mujer que lo había abandonado cuando no era más que un bebé, pero no podía. Su chica necesitaba calma, tranquilidad, saber que nada malo pasaría.

Se condenaría si no era capaz de hacer algo tan básico para un novio antes de su viaje.

– Te prometo, nena, que nada malo va a pasar –. Juró entre besos mientras acariciaba suavemente las hebras doradas de la kryptoniana –. Cuando vuelvas de Themyscira, me aseguraré de pasarte los saludos de tu suegra –. Bromeó entre suaves risas.

– Espero que podamos llevarnos bien –. Respondió Kara levantando su bello rostro para besar una vez más a su novio.

No podía asegurar cómo sería la reunión con su madre, no se atrevía a tratar de adivinar el futuro, pues no conocía a la mujer de nada realmente. Sin embargo, se prometió a sí mismo regresar sin importar que, haría lo que fuera necesario para ver por siempre aquella sonrisa hermosa, acompañada de esos brillantes ojos iluminados con la chispa de un amor que no creyó que podría sentir alguna vez.

Sin importar como reaccionara Sheila Haywood a la aparición de su hijo, Jason se prometió regresar a casa, enfrentaría la ira de Bruce y la desaprobación de Alfred solo para ver nuevamente el hermoso rostro de su súper chica.


N/A: Debo decir que nunca había pensado en un crossover DC/Vertigo donde viéramos a Jason llegar a Ex Lux tras su muerte, no fue hasta que vi la conversación de dos usuarios en YouTube que la idea llegó a mi cabeza y, rápidamente, me puse a buscar si había algún fic que tratara el tema. Grata fue mi sorpresa cuando me encontré con DriedFishTimesTwo y su one-shot (en chino) "[Bat Family] Morning Star". La idea me pareció tan loca, tan rebuscada y, al mismo tiempo, tan brillante y maravillosa, que me dije a mí mismo que tenía que estallar este alocado concepto a mi manera en una historia un poquito más grande, aprovechando que son justamente mis personajes favoritos de la línea principal de DC y la extinta sub-línea Vertigo.

Debo hacer un par de aclaraciones antes de comenzar esta nueva aventura:

1. La historia será corta, dudo que pasemos de los 5 capítulos, así que no esperen un evento súper grande como DC nos tiene acostumbrados. Este fic se irá más por el lado dramático.

2. Las historias base para este fic son A Death in the Family, Lucifer Vol. 1 de Mike Carey, Lucifer Vol. 2 de Holly Black y la película Under the Red Hood.

3. Esta historia no se ubica en la Tierra principal de DC, tómenlo como uno de los tantos universos esparcidos por la existencia que hemos visto a lo largo de los años con todas las crisis multiversales y omniversales.

4. Se preguntarán porque elegí Jason/Kara y Bruce/Zatanna (aunque esta última pareja será más un extra), y la respuesta es simple: ¿Han visto los memes de con las conversaciones de Injustice 2? Me cayeron en gracia y, viendo que Jason y Kara tenían cierta atracción desde los New 52, no vi razón para no aprovechar la libertad creativa que ofrece una tierra apartada de la principal. En cuanto a la segunda pareja, siempre me llamó la atención su dinámica y como las cosas se habrían desarrollado tan bien entre ellos de no ser por todo el tema del murciélago.

5. Verán una mezcla de nombres originales y traducidos, esto producto de la mezcla de términos en los doblajes mexicanos y venezolanos en los productos de DC, así que no se preocupen si leen "Mujer Maravilla", "Bruce Wayne" o "Lucifer Morningstar" en lugar de "Wonder Woman" o "Lucifer Estrella de la Mañana". Les prometo que no tienen la percepción de la realidad alterada xD.

6. ¿Por qué "Jason Wayne", en lugar de "Jason Todd"? Ya lo iremos viendo.

7. ¿Cómo están? :D

PD: Aquí les dejo el link para que lean el one-shot de DriedFishTimesTwo en Ao3 en caso de que tengan curiosidad: /works/20120383