Hace poco volví a ver las precuelas de Star Wars, de las que soy bastante fan, y se me ocurrió esta idea de repente. La verdad es que tengo la cabeza fatal.
Ya me diréis que os parece en las reviews.
Un nave consular de la República protegida por siete cruceros estelares salía del hiperespacio para contemplar la impactante belleza del exótico planeta Naboo. Desde el puente de mando, Anakin Skywalker observaba el planeta en silencio. Naboo representaba todo aquello que de niño él consideraba inalcanzable: paz, riqueza, manantiales de aguas cristalinas en verdes e interminables praderas de hierba verde; un frondoso entorno paradisiaco. Y por encima de todo eso, el amor.
Un amor que sacaba lo mejor de sí mismo, y alejaba sus más oscuras tinieblas. Un amor que, por fin, daba sentido a su vida, a soportar todas aquellas arduas batallas en remotos sistemas contra los droides del ejército de los Separatistas; y también los asfixiantes y dogmáticos principios de los Jedi, sabiendo que al final de todas esas cosas ella le estaría esperando.
Anakin llevaba demasiado tiempo separado de ese amor.
-Te alegrará saber que la Senadora Amidala nos está esperando junto a la reina para la ceremonia de bienvenida esta noche-Palpatine sorprendió a Anakin colocándose a su lado en el puente y observando Naboo junto a él.
-¿En serio? Oh, bueno… será sin duda un honor contar con tan honorable presencia…-Anakin se apresuró a disimular su emoción por ver a Padme, pero no era muy buen actor, y al Canciller no se le escapa nada.
Palpatine sonrió a Anakin con candidez.
-Como yo siempre he dicho, eres un magnífico Jedi, capaz de contener hasta el más difícil de tus sentimientos. Pero es normal que te alegres de volver a verla, Anakin, cuando fuiste su guardaespaldas pasasteis por mucho juntos.
-Sí, eh… somos buenos… amigos-reconoció Anakin, algo cortado.
-No me sorprende, porque tenéis mucho en común-asintió el Canciller, divertido ante el rubor de Anakin-ambos sois valientes y comprometidos con la misma causa: la libertad. La verdad es que parecéis…
El Canciller hizo una pausa, mirando a Anakin con inseguridad. El Caballero Jedi sonrió, burlón.
-¿Qué parecemos, Señoría?
-Hechos… el uno para el otro.
-¡Canciller!-rio Anakin, levantando los brazos hacia el cielo con fingida indignación.
-Lo sé, lo sé, perdóname. Es solo que, un gran guerrero como tú merece…-Palpatine volvió a dejar la frase a medias-… en fin, hay cosas de los Jedi que los que no somos tan sabios como vosotros, no somos capaces de entender.
-Bueno…-Anakin contempló su propio reflejo en el cristal de la ventana de la nave-creo que yo no soy tan sabio como pensáis…
Cuando la nave consular aterrizó en el palacio de Naboo, la nueva reina del planeta fue a recibir al Canciller y su séquito, acompañada de Padme.
-¡Senadora Amidala, cuanto me alegro de verla!-dijo el Canciller, abrazando cariñosamente a Padme-creo que ya conocéis a mi protector, el caballero Jedi Anakin Skywalker…
-Sí…-Padme dirigió a Anakin una educada pero distante inclinación de cabeza (ella era mejor actriz que él)-ya nos conocemos. Os por vuestra victoria en Zygerria, general Skywalker.
-Ni mil victorias igualarían el honor de volver a disfrutar de vuestra compañía… senadora-respondió Anakin, inclinándose y besándola la mano. Padme disimuló nuevamente, fingiendo indiferencia ante el gesto del Jedi.
-¡Ani! ¡Misa alegra muchísiomo de ver a tusa!-Jar Jar apareció dando brincos, y se interpuso entre la pareja, estrechando efusivamente la mano robótica de Anakin, hasta que le provocó un cortocircuito que casi lo mata.
Atardecía, y el cielo de Naboo se teñía de un precioso color violeta mientras los últimos rayos de sol resplandecían multiplicados por mil en el agua de las cascadas del palacio real. C3PO condujo a Anakin hasta sus aposentos.
-Esta es vuestra suite, amo Anakin-dijo 3PO. La habitación era muy espaciosa, tenía una cama de aspecto blando como una nube, un baño que más bien parecía una piscina y un balcón por el que Anakin podría disfrutar de las preciosas vistas del paraíso de Naboo.
Asomándose al balcón, Anakin echó una ojeada a las otras habitaciones que se veían en las torres cercanas. No eran las vistas lo único que le interesaban del balcón.
-…también tiene un gimnasio al que puede acceder por el ascensor, y me he tomado la libertad de dejarle sobre la mesilla de noche la tarjeta de acceso a la biblioteca del palacio… ¡R2, no incordies!
Mientras C3PO continuaba su incesante perorata, Anakin avistó a Padme, apoyada sobre la barandilla de su alcoba, unos pisos por encima del suyo. Sonrió. Sí, sin duda ella lo había planificado todo a la perfección.
-Amo Anakin, le sugiero que lleve a R2 al garaje de astrodroides… ¡si lo tiene en el cuarto este pesado no le dejará dormir! ¿Amo Anakin?
El amo Anakin ya no estaba, dando un salto kilométrico que solo un Jedi podía efectuar se había impulsado hasta la terraza de Padme.
-¿Me permite, Senadora?-el chico la sorprendió apareciendo por detrás, y colocándole una bella dalia en el pelo a su mujer.
-¡Ani!-Padme miró nerviosa hacia los lados-¿te has vuelto loco?
-¿Me estás diciendo que tú no lo has planeado todo para que yo escale hasta tu alcoba sin que nos moleste nadie?-se burló Anakin, y antes de que Padme pudiese replicar la besó, ansioso.
Ella no tardó en devolverle el beso, y durante unos minutos permanecieron fundidos en un beso desesperado, que trataba de recuperar en tan poco tiempo los muchos meses que habían pasado separados a causa de la guerra.
Cuando finalmente se quedaron abrazados, Anakin aspiró el aroma floral de Padme, mientras ella acariciaba la larga melena de su joven amado.
-Ani… no imaginas lo que te necesitaba a mi lado-susurró Padme, besándole en el lóbulo.
-Y yo… ha pasado demasiado tiempo… te necesito Padme… te necesito ahora-Anakin llevó sus manos a las mangas del vestido de la Senadora, y comenzó a bajárselas, acentuando la acción con caricias. La respiración de Padme comenzó a acelerarse, mientras Anakin posaba los labios en su cuello, y le propinaba un leve mordisco.
Padme cerró los ojos, extasiada por los cariños de su esposo. Anakin había ido adquiriendo más habilidades desde su noche de bodas, y cada vez que se encontraban era más satisfactoria que la anterior. Tras su última noche de amor en su residencia de Coruscant, a Padme le había costado sentarse en la cámara senatorial durante varios días.
Pero pese a que los besos de Anakin eran ardientes como su Tatooine natal, Padme sabía que una vez más le tocaba ser la madura de la relación, y detener aquello.
-Van a avisarnos para cenar en cualquier momento…-dijo, haciendo ademán de separarse de su marido. Anakin no se lo permitió, y siguió depositándole besos en el cuello y la clavícula, saboreando cada nuevo contacto con la tersa piel de ella-… ¡Ani!
-No importa… mmmmn… no importa Padme. Si es C3PO le borraré la memoria. Si es Jar Jar…
-Podría ser cualquiera… vamos Ani…
Anakin dejó de besarla, pero no se separó de ella.
-Supongo que yo me alegro más de verte que tú a mí, eso es todo-dijo el joven, descaradamente.
-Por favor, ¿no era que meditabas mejor incluso que Obi-Wan? La paciencia podría alcanzarte hasta después de la cena, al menos-se burló Padme, dejando la flor que le había puesto él para que no hubiera nada sospechoso.
-Contigo es imposible abstenerse-respondió Anakin. Ella rio. Por un momento Anakin pensó que iba a besarle, pero Padme fue hacia el interior de la sala, y le hizo un gesto para que le siguiera.
-Nos esperan para cenar, general Skywalker.
El suntuoso comedor donde la cena tenía lugar estaba situado en el ala oeste del palacio de la reina, y desde allí se podía apreciar perfectamente la gran cascada que regaba los lagos de Naboo.
En principio Padme debía de comer junto al Canciller en la cabeza de la mesa, y Anakin unos sitios más alejado, junto a Jar Jar y el Senador Organa, pero el Canciller insistió en cambiarse argumentando que estaba incómodo, y así Anakin y Padme acabaron sentados el uno frente al otro.
-La Senadora y yo queríamos aprovechar esta cena para hablarle de nuestra iniciativa para proteger a los niños víctimas de la guerra galáctica-le explicó el Senador Organa a Palpatine.
-Oh, supongo que podríamos hablar de trabajo, aunque estemos de celebración-respondió el Canciller, dando un buen trago a su vino de Rodia.
-Yo estoy seguro de que este trabajo podría darnos muchos más motivos para celebrar-insistió hábilmente el Senador Organa-¿verdad, Padme?
-Oh… sí, sí, claro-se apresuró a responder ella. Llevaba un buen rato intercambiando miradas cómplices con Anakin. La Senadora estaba turbada. Debía pararle, pero se sentía tentada de seguirle el juego. Era demasiada frustración la que había sentido lejos de Anakin, y le apetecía desafiar a las normas. El problema es que, conociendo a Anakin, se temía que él no supiera cuando parar.
-Los niños no merecen padecer la guerra que los adultos hemos decidido-dijo la reina de Naboo.
-Eso mismo digo yo siempre en el Senado, Majestad-se apresuró a coincidir el Canciller-decidnos, ¿cuál es vuestra propuesta, Senadora Amidala?
Anakin estaba intentando darle la mano a Padme por debajo de la mesa, cuando les sorprendió la pregunta del Canciller. Padme dio un respingo, y separó la mano, pero Anakin insistió. Padme le dio un manotazo, y luego se apresuró a responder al Canciller.
-El Senador Organa y yo queríamos presentar un proyecto ley que garantice la protección de menores en caso de que…
Anakin masticó su asado con frustración, mientras observaba a Padme seguir hablando.
-Puedes darme la mano a mi si quieres, Ani-le sugirió Jar Jar estúpidamente.
-No nos estábamos dando la mano-mintió él en voz baja.
Cuando pasaron a los platos principales, la conversación dejó la deriva política y se centró en los viejos tiempos de Naboo, antes de la guerra. El Canciller Palpatine tenía muy buenos recuerdos de su época como Senador de Naboo, y sorprendió a todos con algunas batallitas de su ya lejana juventud.
Padme escuchaba educadamente la anécdota del Canciller, mientras Anakin se moría de aburrimiento, y había comenzado a juguetear con su tenedor y su cuchara, imaginando que eran su crucero estelar y la nave comandada por Grievous. Entonces, se le ocurrió una idea.
Dejó los cubiertos en la mesa, y miró a Padme con una expresión depredadora. La atención no recaía ahora sobre la Senadora. Era un momento tan bueno como cualquier otro.
-… solían llamarme Palps, era un mote horrible…-continuaba hablando el Canciller, mientras su audiencia rompía en carcajadas.
Padme reía también, hasta que comenzó a notar algo extraño. Una llamativa sensación en los hombros. Era algo suave, y delicado. Algo que la estaba acariciando. Pero mirándose los hombros, Padme no vio nada. ¿Acaso había unas manos invisibles, que la estaban tocando? Mirando hacia Anakin, que exhibía una traicionera sonrisa en su rostro, Padme adivinó la verdad.
Anakin guiñó un ojo a Padme, y la Senadora le respondió con un claro "NO" sin que palabra alguna saliese de sus labios, pero él no la hizo ni caso. Continuó utilizando la Fuerza para acariciarle los hombros, y después fue desplazando ese tacto hacia el centro, hasta que Padme notó una antinatural (y excitante) presión en los pechos.
-…solíamos veranear en el país de los lagos. Creo que la Senadora pasaba también sus veranos allí-recordó el Canciller.
-Es cierto, ¿no, Padme?-le preguntó la reina de Naboo. Padme respiró profundamente, mientras notaba las manos invisibles de Anakin juguetear con sus pechos malvadamente. Unos pulgares intangibles atravesaron la tela del vestido negro de la Senadora, hasta posarse en sus pezones. Lenta, tortuosamente, frotaron sus yemas contra sus rosadas aureolas, en movimientos circulares que provocaron en ella un escalofrío.
-Ssí… ssí, yo veraneaba allí-reconoció Padme.
-¿Ya no?-preguntó el Senador Organa amistosamente.
-Nno… o sea sí… ahora también-Padme se concentró para no hacer caso al descarado manoseo de Anakin-pero es que llevamos años sin tener vacaciones…
Todos rieron ante el comentario de Padme, y el Senador Organa tomó la palabra para hablar de sus vacaciones en las montañas de Alderaan. Padme aprovechó que las miradas volvían a apartarse de ella para darle una patada a Anakin por debajo de la mesa.
-Ya vale-le advirtió. Anakin se mordió el labio, provocativo, y Padme cogió el cuchillo de postre y levantó una ceja, amenazadora.
Eso pareció surtir efecto, porque la mano sobona de la Fuerza desapareció, y Padme soltó un suspiro de alivio. Sin duda, Anakin tenía cada vez más técnicas, más ahora gracias a sus poderes. Pero aquel no era el momento ni el lugar para que las utilizase, ciertamente.
Padme disfrutó de unos minutos de calma llevando una charla distraída con Jar Jar y el jefe Nass acerca de las fiestas de la ciudad Gungan, hasta que el Canciller hizo un llamamiento de silencio tocando su copa y levantándose.
-Quisiera ofrecer un brindis en honor de la reina de Naboo, y por supuesto, de todos sus ciudadanos. Porque este planeta nada sería, sin todas las maravillosas criaturas que lo pueblan, humanos y gungans…-dijo el Canciller con solemnidad.
Mientras Palpatine continuaba su pomposo discurso, Padme dio un respingo al notar nuevamente el suave tacto, como si fuese una ráfaga de viento, de la Fuerza. Esta vez era en sus piernas. Primero ascendió, acariciando sus muslos y rodillas, hasta llegar a sus bragas. Al llegar a ellas, Padme notó con horror como empezaban a separarlas de su bajo viente, y bajaban y bajaban hacia sus pies.
Anakin la contemplaba con una sonrisa tan ancha que parecía a punto de salírsele de la cara.
-… civilización que ha vivido en paz por mil lunas, y que por otras mil lunas vivirá. Cuna de ilustres personajes, y no hablo de mí, si no de grandes escritores como Opoo Bamba o la archiduquesa…-el Canciller seguía hablando, y todos los comensales parecían entusiasmados con sus palabras.
A Padme le hubiera encantado enterarse de qué más personajes famosos de Naboo consideraba el Canciller como "ilustres", pero en ese momento no podía hacer otra cosa que tratar de reprimir el irresistible placer que estaba sintiendo. La Fuerza le acariciaba en su intimidad, y Padme pudo jurar que Anakin incluso estaba besándola con sus poderes.
Entonces, un dedo invisible desplegó sus labios mayores, y comenzó, lentamente, duramente, a introducirse en ella. Padme abrió mucho los ojos y arrugó su servilleta de seda hasta convertirla en un burruño.
-¿Os encontráis bien, Alteza?-le preguntó Anakin, sin compasión. Padme le lanzó una mirada asesina. No podía verse la cara, pero estaba segura de que se estaba poniendo colorada.
-Si, Seniadora ¿os encontráis bien?-preguntó Jar Jar, extrañado con la actitud de Padme.
-Ssí… es que este helado está delicioso-mintió Padme, tan diplomática como siempre. Anakin estaba poniendo a prueba sus habilidades, una vez más
El dedo mágico de Anakin penetró hasta el fondo de la vulva de Padme, y al poco rato se le unió un segundo dedo. Los dedos empezaban a jugar, moviéndose dentro de ella de arriba a bajo, y la Senadora entrecerró las piernas, profundamente turbada, no solo de lo que le estaba ocurriendo, de saber donde le estaba ocurriendo y de que su marido fuese el responsable. Es que además, el estar allí delante de todos, la estaba excitando. Quería que Anakin hiciese más. Ver hasta dónde él podía llegar.
Anakin bebió un poco de su copa, y luego se limpió los labios, relamiéndose provocadoramente. Padme sintió los dedos dentro de su vagina relajarse un poco, y durante unos segundos creyó que iba a parar, pero entonces Anakin atacó nuevamente, esta vez moviéndolos muy rápido, y muy fuerte. Los dedos giraban de forma circular en su interior, mientras Padme sentía como sus fluidos la empapaban bajo la mesa, y se secaba el sudor de la frente.
-… y por eso, yo alzo mi copa, para que cuando la guerra acabe y la Galaxia al fin contemple la paz, todos los planetas se giren hacia Naboo como referente de la concordia y la vida que…
De repente ya no eran dedos, la Fuerza se volvió más densa y se expandió por el interior de la vulva de Padme. Anakin estaba utilizando otra técnica para seguir follando a Padme mentalmente. La Senadora sentía como si tuviese la catarata de Naboo fluyendo a chorro en su interior. Y comenzó a dar ligeros saltitos en su asiento, haciendo que la mesa temblara un poco. Mientras ella cerraba los ojos, a punto de consumirse en el placer, Anakin no podía contener más la risa, y el Senador Organa la miraba, extrañado por su actitud tan poco propia en ella.
Anakin utilizó su vasto dominio de la Fuerza para continuar masturbando sin piedad a Padme a la vez que le daba besos de Fuerza por los hombros, el cuello, los labios y las tetas. La Senadora continuaba sentada, todo lo rígida que podía, mientras su cuerpo estaba experimentando la misma reacción que uno tendría al mantener sexo salvaje en una noche de verano. El placer era insoportable. Resistirse, imposible…
-Así que, una vez más y sin miedo yo me atrevo… ¡no solo yo, todos nos atrevemos! A decir… ¡Viva Naboo!
-¡Viva Naboo!-repitió la reina, encantada.
-¡Viva lo Naboo!-exclamó el jefe Nass.
-¡Viva Naboo!-dijo Bail Organa, alzando también su copa.
-¡UUUUMMMMMM, SSSÍ PAPI!-gritó Padme, alcanzando el orgasmo, y dando una palmada sobre la mesa. Todos se quedaron callados como tumbas, y la miraron perplejos.
Anakin sonrió, nervioso. Merecía la pena haberlo pasado tan bien. Porque seguro que luego ella iba a matarle.
-Ssi… preciosas palabras, Ca... Canciller…-se apresuró a decir Padme, abanicándose con las manos y sonriendo entrecortadamente. Todos forzaron sonrisas incómodas-¡Viva Naboo!
-¡Viva!-repitieron los invitados al unísono, y dejaron correr el tema, aún traumatizados.
Padme no miró a Anakin ni una sola vez más durante lo que quedaba de cena. Tras eso los invitados mantuvieron una larga charla nocturna hasta que se fueron retirando a sus aposentos para dormir. Padme fue la primera, y Anakin quiso seguirla enseguida.
-Que tengas buena noche Anakin-le deseó el Canciller, estrechándole la mano con efusividad.
-Cualquier cosa, ya sabe que estaré alerta-respondió él.
-No te preocupes hijo, estoy bien protegido-le tranquilizó el Canciller-tú descansa… te lo has ganado tras tanto duro trabajo al servicio de la República.
Anakin miró con cariño a su anciano mentor, y luego se marchó, despidiéndose también de la reina y los demás senadores.
Mientras subía en su ascensor al cuarto de Padme, Anakin trató de pensar una disculpa. Él había presentido el placer de ella y su deseo de continuar, si no se hubiera detenido. Pero aún así sabía que se había pasado de la raya. Le esperaba una buena.
Llamó a la habitación de Padme, y nadie respondió. Anakin suspiró, y abrió la puerta de un empujoncito.
-Padme… ¿Senadora?... ángel de mis viajes…-Anakin buscó con la mirada en la oscuridad del cuarto, hasta que por fin avistó a Padme, cerca de la ventana, su cuerpo desnudo envuelto por la fina seda de la cortina.
-Hola, Ani.
-Me… me das miedo-dijo Anakin, acercándose a ella, cauteloso.
-¿Por qué deberías tenerlo? Eres un Jedi muy ingenioso-dijo Padme con voz muy suave. Anakin tragó saliva.
-Yo… sé que una disculpa ahora sería insultante… pero si no puedo disfrutar de tu amor, no me veo capaz de empuñar mi sable láser para ir a otro combate…
-No te preocupes por eso, Ani…-Padme se acercó, y tomando el aguerrido rostro del chico entre sus manos, depositó un intenso y húmedo beso en sus labios. Anakin lo disfrutó, y cuando se separaron, sonrió con malicia.
-Va a tener razón Ashoka con eso de que soy el tío con más suerte de la galaxia-se jactó, engreído.
-Sí que la tiene-concedió Padme, pasando un dedo por la cicatriz del ojo del chico-y ahora… respecto a lo de tu espada láser…
Padme encendió el sable azul de Anakin, que escondía con la mano que tenía detrás de la espalda.
-¿P… Padme?-Anakin arqueó una ceja, extrañado.
-Oh Ani… me muero de ganas de saber lo que puedes hacerme con tu espada láser…-gimoteó Padme. Al escucharla hablar de esa forma, Anakin palideció, y notó como todo su cuerpo empezaba a revolucionarse, empezando por la parte más sensible…
-Te voy a enseñar…-dijo Anakin tratando de besarla, pero Padme se lo impidió. Anakin la miró con desconcierto.
-Veo que sabes un par de truquitos Jedi…-le dijo su esposa, y pasó la espada muy cerca del rostro de Anakin, juguetona-no eres el único… se me han ocurrido un par de cosas que hacerte… con esta espada.
Anakin retrocedió, sin poder disimular su miedo, pero Padme avanzó hacia él, y acercando el láser a la túnica del chico se la rajó, dejando su torso al descubierto.
-Póngase de espaldas, general Skywalker-le dijo Padme tumbándolo en la cama. Anakin tragó saliva, mientras su amada se acercaba a él desde detrás, y le mordía una reja, juguetona.
Sus ardientes y provocativos juegos acababan de empezar, y continuaron durante toda la noche hasta que la cama de Padme se quebró. Escondido en un armario, R2-D2 no se atrevía ni a pitar. Se había metido en la habitación de Padme para echarse una siesta lejos de los estridentes quejidos de C3PO, y se había encontrado con aquel tórrido panorama al reactivarse.
Decidió volver a apagarse para no tener que seguir escuchando los escandalosos gemidos de los dos jóvenes humanos.
Mientras, en la habitación del Canciller, Palpatine se había despedido de sus acompañantes, y cerrando la puerta se colocó su capucha de Darth Sidious. No pensaba llamar a nadie del bando Separatista esa noche, pero igualmente le ayudaba a ponerse en plan malvado.
-"Esto es mejor de lo que yo creía-pensó el pérfido Darth Sidious, con una retorcida sonrisa-no es atracción lo que hay entre ellos. Es ya deseo consumado. La benévola Senadora Amidala será clave en la creación de mi nuevo aprendiz".
Por supuesto Sidious, bajo la máscara de Palpatine, había presentido todo lo ocurrido en la cena gracias a su sensibilidad a la Fuerza, lo cuál le había alegrado mucho por conocer por fin la conexión que ya sospechaba entre ellos, pero también le había incomodado bastante al sentir también él en su cuerpo los "truquitos" de Anakin.
Como os dije, bastante mal. Espero que os haya gustado, excitado o que os hayáis reído un rato. Contadme que os aparecido en un review, me encanta leer vuestras opiniones ¡un abrazo y nos leemos!
