Disclaimmer: Los personajes de la siguiente historia pertenecen a Clamp. La historia es de mi propiedad.

Summary: Una copa de champagne puede cambiar por completo la noche de cualquiera.


—¡Salud!

Los tintineos de las copas de champagne, las risas moderadas y hasta en cierto tono falsas, el repiquetear de tacones y el roce de ropa tan cara que una sola prenda alcanzaba para alimentarla seis meses sin mesura... todo gritaba fortuna chorreando a borbotones de los bolsillos de personas que no conocía en su gran mayoría pero que se preciaban de ser más importantes que cualquiera. Algunos tenían la cortesía de ocultarlo; otros lo alardeaban con desagradable descaro.

Por supuesto que ella no pertenecía a ninguno de los dos bandos... ni siquiera podía decir que pertenecía a su clase social demasiado cerrada como incluirla en sus conversaciones. Era simplemente una invitada de honor de su mejor amiga, una súper diseñadora de moda que en los últimos años marcaba las nuevas tendencias y que se había amasado una fama y fortunas inconmensurables tan solo por su talento, buen gusto y empeño en su trabajo y amor por la moda. Agradecía que al menos Tomoyo siguiera manteniendo su perfil bajo y su personalidad innatas, esos pequeños ingredientes que lograban que siguieran manteniendo su amistad desde los pañales.

El choque del cristal contra el suelo, disculpas corteses y unas carcajadas falsas. Más y más olor a champagne y la suave música ambiental que solo lograba dormirla en el rincón en el que se había ocultado para su supervivencia.

El desfile de Tomoyo había acabado hacía varias horas, pero la velada continuaba en una pequeña fiesta entre los invitados. La fiesta no era lo que Sakura había supuesto en un principio, y a medida que los minutos seguían pasando se preguntaba cómo es que aún no había hecho acto de huida hacia su pequeño departamento a las afueras de la ciudad. Los zapatos a juego con su vestido le hacían doler horrores los pies -estaba segura que ya se los había ampollado-, el atuendo mostraba más piel de la que le gustaría -cortesía de Tomoyo- y su peinado empezaba a molestarle el cuero cabelludo.

Sakura Kinomoto estaba en el lugar equivocado definitivamente y su cara lo reflejaba con total claridad.

—Deberías dejar de ocultarte.

Tomoyo apareció de pronto como un fantasma: sigilosa y provocándole un susto de infarto que intentó contener con una mano en su pecho demasiado expuesto. Su amiga tenía esa costumbre y con el pasar de los años aún no lograba lidiar con ello.

—Sucede que la plebe no suele mezclarse con los de alta alcurnia. Y a pesar de que intentes vestirla con elegancia, tu mejor amiga pertenece al primer grupo —explicó Sakura con un exceso de sarcasmo que no era propio de ella. Debían perdonarla, el dolor de pies la traía de mal humor; el exceso de pomposidad también.

—Siempre eres tan exagerada, Sakurita —dijo sin inmutarse por el tono en su voz—. Te traeré una copa de champagne y verás cómo las burbujas te ponen de mejor humor.

Sakura se negó, no era de las personas que aprovechaban la oportunidad para beber apenas ésta aparecía. Y sin embargo Tomoyo trajo la copa, y sin embargo ella acabó por beber no solo esa, sino varias más cada vez que el joven del servicio de catering tan bien vestido ofrecía rellenársela. Para su tormento las burbujas no le trajeron felicidad, sino una ligera borrachera que, si bien aún podía controlar, adormecía sus sentidos temiendo cometer una estupidez en cualquier instante.

Aquella fue su luz roja para detenerse y la verde para salir de allí y desaparecer entre la comodidad de las suaves sábanas de su cama.

Pero un error de cálculo, por más leve que sea, puede truncar los planes de cualquier persona, Sakura entre ellos. Un paso en falso, un leve temblor de su pie lastimado, un tambaleo que puede acabar en un accidente -y en ella desparramada por el suelo- puede hacer que su ideal de relajación acabara en completo desastre.

Al instante en que supo que había tropezado con sus pies y que acabaría en el suelo, atinó a hacer lo que su instinto dictaba: aferrarse a lo primero que estuviera al alcance de su mano. El objeto en cuestión fue el brazo que sujetaba la copa de champagne de un desconocido. Y no, no terminó en el suelo, pero si empapada con la refinada, costosa y encima helada bebida.

—¡Mierda! —exclamó, sin temor a lo que la alta sociedad pudiera pensar de ella y su delicado vocabulario.

Por un momento todo permaneció en silencio, como si todos los presentes estuvieran atentos al pequeño percance de Sakura; luego todo volvió a la normalidad, los invitados volvieron su atención a sus propios asuntos, y el desconocido, acompañado de su copa vacía, pareció salir de su letargo.

—¡Cuanto lo siento señorita! —dijo, y en su voz preocupada pudo notar la genuinidad de su disculpa.

Sakura podría estar cansada, medio ebria y odiar aquel lugar, pero no era hipócrita: ella era quién debía disculparse. Su torpeza era innata y la verdadera culpable de aquel mojado accidente era nadie más que ella misma y sus enredados pies.

—No se preocupe —respondió algo abochornada—, ha sido culpa mía.

Alzó la vista para ver el rostro del pomposo sujeto, que al fin y al cabo había evitado que cayera al suelo, y la vista le quitó el aliento.

Bendita sea su mala suerte.

Había chocado nada más y nada menos que con Shaoran Li, el millonario más famoso del país, el soltero más codiciado y, por qué no, el más guapo que pudiera conocer.

—Maldición —dijo sin premeditarlo.

Él la observó con extrañeza, y luego sin que ella lo esperara, se carcajeó en su cara.

Sakura estaría ebria, pero aquello no era producto de su alcoholizada imaginación.

—¿Disculpa?

Shaoran tardó unos instantes en recobrar la compostura, tiempo que ella permaneció completamente pasmada observándolo.

—Lo lamento una vez más, señorita —se disculpó—. Es solo que es tan sorprendente encontrar a alguien tan transparente y auténtica dentro de este mar de falsas personas.

—¿Acaso no perteneces a ese "mar de personas"? —cuestionó sin medir sus palabras poniendo especial énfasis en las comillas.

—¿Acaso me estás juzgando sin conocerme?

Sakura cubrió su boca con sorpresa. Una vez más había actuado sin pensar y aquello la había metido en un aprieto. Esta vez culpaba totalmente a las burbujas de champagne, puesto que jamás en su vida habría dicho algo así en otras circunstancias. Se sintió ruborizar por la vergüenza y rogó a la eminencia que hiciera que la tierra se la tragara y la escupiera del otro lado del mundo.

Él sonrió, mezcla diversión y mezcla ternura, pero sí quiso decir algo al respecto, no lo hizo.

—Soy Shaoran Li —se presentó por mera formalidad porque ella bien sabía quién era su interlocutor.

—Sakura Kinomoto —respondió.

—Un nombre muy bello y difícil de olvidar.

—¿Crees que soy lo suficientemente atractiva como para que no me olvides? —preguntó escéptica.

—Apenas me conoces y ya me coqueteas —dijo él—. Definitivamente eres lo más interesante que me ha pasado en todo lo que va de la velada.

Sakura volvió a sonrojarse con fiereza. La situación era de lo más hilarante y ni siquiera en su más alocada fantasía podría haberse imaginado a ella misma conversando con nada más ni nada menos que Shaoran Li; mucho menos que ella fuese la que coqueteara y que además él no se molestara por ello.

No era estúpida; podía ser torpe, tímida en circunstancias sin alcohol, mala en matemáticas y en extremo inocente, pero estúpida jamás. Shaoran era un joven en extremo atractivo, de cuerpo tonificado, hombros anchos y fuertes, un cabello castaño rebelde y unos ojos ámbar que invitaban a sumergirte en ellos. Su sonrisa era capaz de derretir al mismo polo... y si se sumaba el hecho de sus, en extremo, acaudaladas arcas, era el prototipo de hombre que jamás, jamás, se fijaría en alguien como ella.

Entonces... ¿por qué la situación parecía ser todo lo contrario?

A su alrededor las mujeres del salón derrochaban estilo, delicadeza y elegancia; los vestidos que llevaban era algo que ni con el sueldo de un año podría costearse, y aunque ella lucía un modelo único hecho por Tomoyo, era justamente porque era su mejor amiga y no porque pudiera permitirse algo de ese lujo. Sí, Shaoran tenía mejores opciones más a su altura, pero por alguna alocada razón seguía frente a ella sonriéndole con esa mezcla de burla y galantería que empezaba a inquietarla y ponerle la piel de gallina.

—Disculpa —dijo de pronto. La situación le había caído como un baldazo de agua fría y no necesitaba seguir haciendo el ridículo—. No acostumbro beber champagne y las burbujas se me subieron a la cabeza.

La ternura se reflejó en los ambarinos ojos que la observaban y se sintió avergonzar.

—No hay nada de qué preocuparse —dijo y luego señaló su mojado cuerpo con su copa vacía—. El champagne te ha provocado varios problemas esta noche.

Bajo su escrutinio, Sakura se sintió desnuda e indefensa. En un gesto automático intentó cubrir su piel expuesta, no solo de la vista de Shaoran, sino del aire fresco que a causa del líquido desperdiciado empezaba a incomodarla. Hasta ese instante no se había dado cuenta que seguía empapada en medio de un salón repleto de gente refinada y por más que quisiera aprovechar el instante de conversación con el hombre guapo frente suyo, su sentido de decencia le indicaba que se marchase antes de que su dignidad continuara siendo pisoteada.

—Lo mejor será irme —se excusó prontamente—, empieza a hacer frío y no traigo ropa de recambio en este pequeño e inútil bolso a juego con el vestido —no pudo evitar decir con cierto sarcasmo.

—¿Tan pronto me dejarás sin tu presencia, Sakura? —cuestionó Shaoran sin parecer realmente afligido, y eso provocó una mínima punzada de dolor que jamás admitiría.

—Tendrás muchas más mujeres con las que puedes lidiar en mi ausencia.

—Apenas se tu nombre, pero puedo asegurarte que ninguna vale la pena.

—¿Y yo sí? —curioseó con cierta valentía impulsada por su inminente huída.

—¿Por qué tiendes a creer que no puede ser así?

No había dicho de forma directa que sí, pero para Sakura aquella frase fue suficiente para acrecentar su ego y, por primera vez en lo que iba de la noche, sentirse en un rango mucho más superior a cualquier otra persona allí. Todo porque un hombre que había derramado su copa de champagne sobre ella le había hecho un casi cumplido.

Sí, estaba siendo demasiado conformista. Pero vamos, era Shaoran Li.

—Pero dime, Sakura, antes de que huyas como cenicienta perdiendo su zapatilla de cristal, ¿qué puedo hacer por ti para compensar nuestro primer fatídico encuentro? Tal vez pueda llevarte hasta tu casa.

Muy tentador, pensó, pero a pesar de ser nacionalmente reconocido, aun era un desconocido para ella y ya era muy entrada la noche para aceptar invitaciones de desconocidos.

—Gracias, pero vine en mi coche... no será un ferrari último modelo, pero jamás me ha dejado a pie —se excusó con sinceridad. Luego lo observó de pies a cabeza y la lamparita dentro de su cabeza se encendió—. Pero quizás haya algo que puedas hacer por mí.

—Tus deseos son órdenes —bromeó.

Minutos después Shaoran escoltaba a Sakura fuera del salón de fiesta. En la calle, el ruido de la ciudad le daba una sensación de mayor tranquilidad que la música clásica que sonaba dentro, y el frío era en escala mucho mayor, pero eso ya no tenía por qué preocuparla, no cuando un saco negro varias tallas más grande de lo que solía usar la rodeaba brindándole calor suficiente como para sentirse reconfortada. Shaoran había sido lo suficientemente caballero como para cedérselo en préstamo por esa noche y ella no podía evitar abrazarse a él como si pudiera fundirse con la prenda de vestir.

Ambos esperaron en cómodo silencio a que trajeran su coche. Sakura sabía que faltaban escasos minutos para convertirse en cenicienta, tal y como él había bromeado instantes antes, dejando de lado la princesa que había llamado la atención del codiciado soltero a su lado. Por la mañana todo sería una anécdota divertida que solo permanecería en su memoria... volvería a ver a Shaoran en tapas de revistas y a escuchar su voz únicamente por la televisión; él tal vez ni siquiera la recordaría, más que como la joven que robo su saco una noche de fiesta.

—Dime donde puedo pasar a devolvértelo —solicitó recordando el asunto y esperando que al menos cuando lo tuviera de nuevo en sus manos su nombre pasase por su cabeza una vez más —. Lo llevaré a la tintorería antes por supuesto.

Shaoran pareció pensarlo un instante y luego le tendió su celular.

Sakura lo observó confundida.

—Anota tu número. Cuando menos te lo esperes te escribiré para ir por él.

Sonrió divertida. Un último juego de coquetería no le haría daño a nadie, y sin borrar la sonrisa de su rostro, cargó sus datos en el costoso aparato en sus manos.

—Suerte encontrándome en tu lista de contactos.

Él le guiñó un ojo en respuesta claramente aceptando el desafío.

Su coche llegó y ambos se despidieron. Por el espejo retrovisor Sakura pudo ver que Shaoran permaneció observándola hasta que se perdió en una esquina. Luego solo la noche y el leve aroma a Paco Rabanne que desprendía el saco la rodearon.

La primera noche durmió con el saco puesto.

La primera semana lo dejó perfectamente doblado en su habitación.

La segunda, lo colgó en el perchero de la sala.

La tercera, lo guardó en el armario de la habitación de huéspedes. A pesar de haberlo mandado a lavar, aún conservaba su perfume y quería evitar tenerlo a su alcance para olerlo como posesa.

La cuarta, su celular sonó.

—¿Hola?

—¿Quién en su sano juicio se agenda como "Champagne"?

Sakura sonrió.

—Quizás conozca a alguien que lo hace.

—¿Puedes presentármela? —preguntó la sexy voz masculina del otro lado—. Tiene algo que es mío lo cual es mi perfecta excusa para volver a encontrarme con ella.


Nota de autora:

Buenos días, tardes, noches.

Un día aparecí desde las sombras y traje esta historia para cualquiera que siga ahí o sea nuevo y no me conozca y quiera leer algo fresquito recién salido del horno de mi cabeza.

La vieja Suzu ya no es lo que era, ya no es lo que era. Mi regularidad para subir cosas es tan inexistente que me sorprende haber acabado algo (hola, apenas pasa las dos mil palabras), pero algo es algo. En cuanto a mis procesos creativos estuve dedicándome a una historia ya finita que pueden encontrar en Wattpad. En cuanto a mi vida personal todo es una montaña rusa de emociones que me hacen feliz (y a veces querer gritar, lo admito)

En fin, gracias por estar ahí y leer y espero que lo hayas disfrutado y me dejes tu opinión. Un par de palabritas y yo soy feliz.

Por otro lado, para quienes son de Argentina y quieren colaborar sin fines de lucro con una desconocida autora, pueden hacerlo donando su cafecito. Sin compromiso de compra!

Todo pueden encontrarlo en mi perfil, les prometo que está actualizado.

Saludos *vuelve a las sombras*

LadySuzume-Chan