Gracias Cla1969, Elizabeth, MariaGpe22 y Mia Browe Graham de Andrew por los comentarios.

Advertencia: El capítulo de hoy tiene contenido de alto voltaje, apto solo para mayores de 18 años.

Capitulo 8.

Verla con el albornoz ligeramente abierto, mostrando un escote espectacular, hace que empiece a tener una erección, no lo puedo controlar, es algo automático, ella me pone a mil... Y es que no puedo apartar la vista de aquellos senos generosos, felizmente ella es pequeña y no se da cuenta, tiene la mirada enfocada al suelo, está preocupada y atenta intentando no apoyar el pie. Yo la sujeto de la cintura, no ha querido que la lleve en brazos.

He puesto un taburete en la bañera y la he sentado, he sacado fuera el pie afectado para que el yeso no se moje, así que mientras ella se ducha, yo le sujeto la pierna derecha, es perfecta... no puedo evitar recorrerla con mis ojos, desde sus uñas coquetas pintadas de azul, subiendo lentamente por su pierna, no puedo evitar acariciarla, es tan suave, subir mi mirada hacia su muslo, hacia su entrepierna... pero ella ha puesto la cortina justo ahí, así que no he podido verla, no puedo evitar imaginar cómo es su sexo, cómo serán sus labios, su clítoris, quiero comérmela entera... Candy me pide que le pase la toalla, y regresan mis sentidos a mi, así que le paso una toalla y me doy la vuelta, no quiero que vea como me pone. Pasan unos minutos y ella me pide la ayude a salir. Así que la cojo en brazos y a pesar de que protesta un poco, le digo que es lo mejor.

Recorro el pasillo y la llevo a mi habitación, la deposito en la cama y le alcanzo la bolsa de ropa que nos hizo llegar George, le pido se vista y que cuando acabe me llame. Me voy sin voltear atrás, necesito una ducha de agua fría, muy fría.

Cuando regreso, me quedo de nuevo anonadado, ella es preciosa, todo le queda perfecto, un vestido que acentúa sus curvas a la perfección. Ella me saca de mis sucios pensamientos, si son sucios porque lo que quiero es follármela entera. Aunque luego recapacito, joder, la he atropellado, está adolorida, y ha perdido la memoria por mi culpa, debería dejar atrás mis instintos primitivos...

- Albert (empieza a sollozar), ¿estas enfadado conmigo?

- (Otra vez mi inconsciencia la lastima) Candy, ¿por qué dices eso?, claro que no pequeña, jamás podría estar enfadado contigo.

- Estas muy raro Albert, no me miras, me evades, y estas muy serio

- Candy, estoy preocupado por ti, solo es eso. Quiero ayudarte, quiero que te recuperes y yo me siento culpable por todo esto.

- Pero ¿por qué culpable? tú no tienes la culpa de nada, al contrario me estas ayudando, no sé qué sería de mi sin ti.

- (Claro, ella no sabe que yo la he atropellado, quiero aclarárselo pero llaman a la puerta) Pequeña, creo que es el chófer y no hemos preparado nada para el viaje. Decide que es lo que más te gusta y lo llevaremos ¿de acuerdo? el resto lo dejaremos porque solo necesitaremos ropa para el viaje, cuando lleguemos a Escocia tendrás todo lo que necesites, no te preocupes. Voy a abrir la puerta. Regreso enseguida.

- Esta bien Albert (me regala una hermosa sonrisa)

Preparamos juntos una pequeña maleta y se la doy al chófer. Cojo de nuevo a Candy entre mis brazos y bajamos al garaje, subo a mi pequeña al coche, emprendemos un largo viaje y espero que todo salga bien... y que Candy no me odie por separarla de su marido, de su hijo.

Mi tía me impresiona, nos ha recogido el chófer y nos ha llevado a una playa de Santa Marinella, ahí nos esperaba una pequeña embarcación que nos llevo al yate privado de Elroy Briand, viajamos un par de horas hasta que vimos un barco comercial anclado a unas millas de Serdeña. El yate se fue acercando poco a poco, y de pronto vi a George, nos hizo subir al navío, y nos presento al capitán Niven. El viaje duraría unas cuantas horas, así que nos instalamos en una de las suites. Candy se quedó completamente dormida después de cenar, así que aproveché para hablar con George.

- William...

- George, gracias por venir.

- Ordenes de la Sra. Elroy. ¿Cómo estas?

- Confundido... Candy es increíble...

- La señora de Grandchester es una mujer muy hermosa.

- (No puedo evitar sentirme furioso, George lo hace para provocarme lo sé, pero tiene razón) Según el informe que me enviaste Candy no desea seguir casada con el Sr. Grandchester.

- Así es, y al parecer hay una infidelidad de por medio.

- ¿Cómo?

- Si, sucedió el día anterior al accidente, él le confesó que le fue infiel con la actriz Susana Marlow y le ha pedido que compartan la custodia del niño.

- (Estoy más que enfadado, mis nudillos están tensos) ¿Lo saben sus padres?

- No William, pero ha salido en las noticias que Candice White ha desaparecido.

- No puede ser...

- Por eso tu tía me pidió que os escoltara hasta la mansión de Escocia, ella se quedará a cargo de Candice. Mientras tú te presentas como presidente de la multinacional. Eso sí, será una presentación discreta y selectiva. No queremos que tu imagen se haga pública todavía. Esperaremos unos meses...

- Muy bien George estoy de acuerdo, no me apetece asistir a las reuniones de la alta sociedad, si puedo permanecer en el anonimato más tiempo, os lo agradeceré. En relación al niño de Candy, quiero que envíes información detallada de la infidelidad de Terruce a los señores White/McGregor, así como las intenciones de Candy de separarse antes de eso, tienes que incluir los episodios de violencia doméstica... para que ellos puedan reclamar la custodia del niño, en ausencia de su madre.

- Será como digas, podemos ejercer nuestras influencias para que el veredicto sea favorable.

- Lo que sea necesario George. Ahora necesito descansar.

- No creo que sea correcto que permanezcas en la misma habitación que ella.

- George no hacemos nada malo, solo vigilo sus sueños.

Me retiro a la cubierta y veo el chal de Candy en el suelo, por un momento me entra el pánico de saber que ha escuchado toda la conversación. No puede haber ido muy lejos con el pie como lo tiene. Así que camino unos metros y la veo en una esquina llorando desconsoladamente.

- Candy...

- Albert no quiero causarte problemas con tu familia.

- Candy a mi me importas tú, quiero que estés bien y te mejores pronto.

- Pero ellos ven mal que durmamos en la misma habitación y yo... yo tengo miedo, de despertarme y no saber qué paso hoy, o ayer... si no estas tú para orientarme... (empezó a llorar otra vez)

- Pequeña no llores, eres más bonita cuando ríes que cuando lloras.

- Albert... (me regala una hermosa sonrisa)

- Candy necesitas descansar, ven aquí pequeña (la cojo en brazos y la llevo a la habitación)

- Albert, tengo frío

- Lo sé, es que saliste sin abrigarte, y por la noche en el mar siempre hace frío, espero que no te enfermes. (Paso mis brazos entorno a su cuerpo y siento como ella tiembla, a los pocos minutos se queda dormida, es un ángel... me trasmite tanta paz que a mi también me vence el sueño).

Llegamos a la mansión de Escocia al atardecer, nos recibió mi tía Elroy y el Dr. Martin, quien inmediatamente revisó a Candy de pies a cabeza, ella no se había visto en un espejo y cuando se percató de la pequeña cicatriz en su vientre se desmayó. Estuvo inconsciente varios días. Y yo no me podía concentrar en la oficina, así que trabajaba en mi habitación (en donde instalé a Candy desde el minuto uno). Así que la contemplaba todas las noches, rogándole que despertara, verla tan frágil me dolía el corazón. Yo dormía en el diván.

En la tarde de un jueves ella se despertó, estaba desorientada no recordaba el viaje a Escocia, estaba nerviosa y alterada, hasta que llegó el Dr. Martin y la sedó un poco, ella no había recuperado la memoria. Poco a poco recuperó la movilidad de las piernas y dábamos paseos por el jardín. Acordamos en decirle que la cicatriz era del accidente que tuvo (decirle que era producto de una cesárea, no ayudaría en nada a su aún confundida mente).

Mi tía no paraba de discutir conmigo por Candy, quería que empezará a viajar por los negocios pendientes y la dejara a su cuidado, pero mi pequeña estaba muy frágil todavía, no podía dejarla, abandonarla...¡no! ¡imposible!

- Tía Elroy, le ruego deje de decirme lo que tengo que hacer. No pienso dejar a Candy en este estado.

- ¿Sigues enamorado de ella?

- Nunca la he dejado de amar. La amo, es mía y no la dejaré nunca. Ella me necesita, y yo he decidido permanecer a su lado todos los días de mi vida.

- ¿Y qué pasará cuando ella recupere la memoria? ¿Lo has pensado William? ¿Has pensado que pensará de ti después de todo esto?

Se escucha un sollozo, es Candy. Sale corriendo del despacho, sube las escaleras... y yo... yo tengo que ir tras ella.

- Pequeña, abre por favor... Candy, si no abres tendré que abrir la puerta a la fuerza, es de nogal ¿sabes? me puedo hacer daño en el hombro, pero sino tengo alternativa lo haré.

- No Albert, no quiero que te lastimes. Entra...

- Candy, déjame explicarte...

- No Albert, quiero que solo me respondas a una pregunta

- Esta bien Candy... Dime

- ¿Me amas? (eso no me lo esperaba) Yo... Candy... yo te amo desde que te vi por primera vez.

- Albert pero por qué no me dijiste que éramos pareja (oh, no no no, yo... ¿y ahora cómo le digo que yo no era correspondido?...)

Candy se dirige al ventanal del balcón... el sol se refleja en los cabellos dorados de mi pequeña rubia... destellan... bajo la mirada y me doy cuenta de que Candy tiene puesto un camisón blanco que trasluce a la luz, mis ojos se fijan en su escultural cuerpo, no tiene ropa interior. No puedo evitar acercarme. Así que lentamente voy hacia ella, la abrazo por la cintura, y apoyo mi cara en sus preciosos rizos, su aroma a rosas me inunda, es tan sensual.

- Albert, yo te amo

- Candy...

- Si Albert, yo... yo quiero... (me besa apasionadamente y yo no puedo más, la sujeto de sus caderas y la acerco hacia mi, nuestros besos se vuelven más ansiosos... pero yo tengo que parar)

- Candy, no podemos...

- Albert, pero...

- Candy no puedes entregarte a mi, hay muchas cosas que no sabes...

- Albert, te amo... no te entiendo...

- Candy, yo te atropellé, por mi culpa has perdido la memoria.

- Albert... (me pongo de rodillas y la miro a los ojos)

- Perdóname Candy... lo siento tanto...

- Albert, yo... te sigo amando... estoy segura que fue un accidente no intencionado ¿verdad?

- Preciosa, claro que fue un accidente, venía discutiendo con mi tía Elroy y no me percaté, hasta que...

Candy me coge del cuello y me acerca a ella, me besa de nuevo, yo no me puedo resistir así que la beso, y con ella en brazos me acerco a la pared en donde están los mandos: cierro la puerta, las ventanas, bajo la persiana, las cortinas, pongo una luz tenue. Y ella de nuevo me sorprende, pone una canción de My Bloody Valentine.

Sonrío y volvemos a los besos, esta vez voy bajando por su cuello hasta sus hombros, dejando un camino de besos y pequeños mordiscos, la oigo gemir, es fantástica, me pone a mil. De pronto siento como su pequeña mano recorre mi erección y es que no me he dado cuenta de cuando me he quedado totalmente desnudo para ella. Veo sus ojos verdes, oscuros y llenos de deseo, la cargo sujetándola de su precioso culo. La llevo a la cama y la dejo boca arriba, beso cada rincón de su cuerpo, sus pechos son perfectos, le tiro de los pezones y ella gime, acerca sus caderas deseando que la penetre, pero no... todavía no lo haré. Beso su sexo, abro sus labios con mi lengua y bebo de ella, se arquea, veo como sus manos tiran de las sabanas... juego con su clítoris, lo succiono, lo muerdo un poco, y empiezo a masajearlo con mis dedos y con la otra mano me voy adentrando en ella, meto primero un dedo, luego otro, cuando siento que se va a volver a correr, meto en un solo movimiento mi miembro totalmente duro, ella gime, es tan estrecha, sus gemidos me encienden cada vez más, ver su cuerpo moviéndose al ritmo que le impongo, es preciosa, una diosa del sexo.

No salimos de la habitación durante varios días. Es más hice que mi tía y el servicio se retiraran de la mansión y no volvieran hasta que les llamara. Bajamos de peso esos días, nos alimentábamos de nuestros cuerpos y de las reservas de una pequeña nevera que tenía en la habitación. Los condones se acabaron, pero no nos importó. Recorrer su maravilloso cuerpo era increíble, lo hicimos en cada rincón de la habitación. Ella se entrego a mi sin reservas, y yo a ella. Y pensar que todo se debió a que coincidencias de la vida ella y yo nos vimos en aquella tienda.