¡Hola! ¡WOW! Me puse a contar hace cuanto fue la ultima vez que publique algo y fue hace ocho años, estoy sorprendida por el tiempo, en fin les dejo una historia Jerza, porque aunque haya pasado mucho tiempo mi amor por esta pareja nunca termina.

Inspirada en la canción de Mastermind de mi bellísima Taylor Swift, creo que fue una de las primeras canciones que me gustaron antes de que en unas horas más sacara la versión de las 3 a.m. También un poco en la canción de Simplemente pasan de Morat, de alguna forma tenían que estar relacionados, todo el día siempre los escucho a ambos.

Disclaimer: Los personajes son de Hiro Mashima.


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Mastermind.

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Miércoles 6 pm.

— ¿Sabían que el 92 por ciento de la gente que viene al gimnasio filtrea? —Comento una joven de estatura pequeña, su cabello rosa sujetado con una coleta, siempre lo amarraba cuando empezaba el cardio en la maquina caminadora.

— ¿92 por cierto? ¿Estás de joda Mer? —Contesto su compañera que también hacia cardio. Ella por el contrario era más alta, con un estupendo cuerpo y una cabellera negra hermosa que le llegaba hasta la cintura— Si realmente fuera cierto eso Jellal desde hace un año ya tendría novia, un polvo o ¡lo que sea!

Meredy soltó una risa por las palabras de Ultear, su amiga, aunque a veces la consideraba como una madre por como la trataba —o en otros casos su hermana mayor cuando ambas molestaban a Jellal—. Este, por el contrario, solo bufo, algo cansado por los comentarios de sus amigas, a veces se cuestionaba a si mismo porque sus mejores amigos, eran dos mujeres que disfrutaban sacarlo de quicio la mayor parte de tiempo, era muy rara la vez que él se aliaba con una de ellas para molestar a la otra, casi un milagro.

— Entonces me considero del 8% afortunado de no tener una cita desastrosa. —Les dijo burlón y en medio de ellas— Porque si no mal no recuerdo ustedes siempre vienen quejándose de la horrible cita que tuvieron con los tipos de aquí después de salir con ellos.

Meredy le saco la lengua en burla y Ultear puso los ojos en blanco porque aquello era verdad y odiaba que el peli azul tuviera razón. Ultear es la que más salía con chicos del gimnasio —y a veces una que otra chica—, por su físico y su forma de ser seductora no tenía ningún inconveniente, no sin antes dejarles en claro que todo era casual ya que ya había aprendido su lección una vez que no fue clara y tuvo un pretendiente por más de dos meses atrás de ella haciendo uno de sus pasatiempos favoritos algo muy molesto e incómodo, no solo para ella si no para sus amigos. Pero también agradecía que Jellal siempre las salvaba de situaciones incomodas, por ejemplo, haciéndose pasar por su hermano sobreprotector o fingiendo una emergencia cuando la cita era un total caos.

Aunque también le molestaba que su amigo no saliera con nadie desde hace dos años y tras finalizar una relación de cinco años, a sus veintiocho años debería de estar divirtiéndose no desperdiciar su tiempo.

— Eres demasiado virgen Jellal —Dijo en voz alta Ultear.

La cara de este se puso de un tono carmesí intenso, no solo por lo que dijo casi gritando su amiga si no porque justo iban pasando un grupo de chicas que al escuchar soltaron la risa no sin antes comerlo con la mirada porque vamos, Jellal Fernandes no salía con nadie, pero eso no quitaba que era alguien apuesto y de buen cuerpo.

— Ul… te estas pasando un poco. —Le regaño la menor de los tres.

— Oh vamos Meredy, si nos contara un poco de su vida amorosa como nosotras lo hacemos no lo molestaría tanto. Si no fuera porque un día lo sorprendimos en media acción diría que es virgen. — Comento como si nada, Jellal puso los ojos en blanco y un recordatorio más de poner siempre cerrojo a su cuarto por la mala costumbre de sus amigas de entrar a su casa sin avisar.

Jellal dejo de prestarle atención, porque ya estaba acostumbrado a las pláticas que tenían ellos tres en el gimnasio. Se inscribieron en un gimnasio abierto las 24 horas ubicado dentro de una plaza comercial, el estacionamiento estaba al aire libre y se podía divisar los carros estacionados, las personas pasar y el clima que había. Su rutina es de domingo a viernes, él nunca faltaba, ahí descargaba toda su frustración después de un día laboral, era su lugar feliz de alguna forma, terminar jodido e irse a casa para cenar, hacer una que otra actividad extra para divertirse y luego dormir como un bebé. Aunque también lo admitía, él no salía con muchas mujeres después de su última relación, se había acostumbrado a estar soltero, estar con una mujer de vez en cuando y luego ya no las ve. Se sentía bien con su rutina, aunque algo solitario, aunque las tenía a ellas, a sus mejores amigas de años que hacían su vida más agradable, pero aquello no era suficiente y Jellal lo sabía.

Él, que nunca faltaba a su rutina observaba siempre a las personas que entraban y salían del gimnasio, algunas al igual que él, eran constantes que por monotonía de verse diario ya se saludaban como viejos amigos, no le molestaba aquello, ya que de alguna forma le resultaba agradable estar ahí. Le resultaba gracioso cuando veía personas que solo iban una semana y luego ya no regresaban o como entraban o salían todos jodidos por el gran entrenamiento que hicieron, si, Jellal era muy observador y últimamente solo le interesaba cierta chica.

Una chica de cabello color rojo escarlata.

Sabía que estaba estrictamente prohibido mencionarla o mostrar interés cuando estaba con Ultear y Meredy, el creía… no, él estaba completamente seguro que ellas harían cualquier tontería para que hiciera contacto con la pelirroja si se enteraban que él estaba interesado, o bueno, que tenía cierta curiosidad por ella.

Pero era muy difícil no ponerle atención.

— Oh, miren —Menciono Meredy— Ahí va a ella.

Porque ella resaltaba de cualquier forma que hasta sus mejores amigas la tenían en el radar.

Porque como todos los días, de lunes a viernes, llegaba Erza al gimnasio.

¿Cómo sabe su nombre?

Simple. Al parecer ella también cuenta con amigos escandalosos que suelen gritar su nombre desde el otro lado del gimnasio —Sonrió al no sentirse únicamente humillado— y por alguna extraña razón siempre tiene aquel nombre en sus pensamientos. Se le hacía curioso como nunca faltaba y como estaba inscrita a todas las actividades extras que había, nunca faltaba a la clase de crossfit que era diaria, llegaba un poco más temprano que él cuando hacia box y se iba más tarde cuando tenía yoga y clase de telas, no entendía el aguante de esa mujer.

Como un titan… Titania. Pensó para si con una sonrisa.

Le alegraba verla, a veces cruzaban miradas, pero la conexión se iba rápidamente, Erza apartaba la vista muy rápido y él empezó hacerlo también cuando se dio cuenta de ello, se quedó con el pensamiento de que él no era de todo su agrado, entonces la observaba cuando no se daba cuenta.

Diablos, ¿Jellal Fernandes tenía un crush con alguien del gimnasio? Se negaba rotundamente, no quería dejar de ser del ocho por cierto que no tenía nada romántico con alguien de ahí.

— Erza solo te acompaño al yoga, y te lo advierto desde ahorita, no quiero que me arrastraste a tus otras cosas, no quiero morir de dolor al día siguiente. —Le dijo una rubia con la cara cansada y con su tapete de yoga en manos.

— Pero Lucy, el dolor del día siguiente es lo mejor. —Le contesto con determinación.

— Estas demente.

Jellal sonrió al escucharlas. Oh, otra cosa curiosa de Erza es que nunca repetía su ropa, siempre eran muy diferentes sus outfits de ejercicio, lo admitía, la pelirroja es muy hermosa con todo lo que se pone, aunque para Ultear le resultaba muy provocativa su ropa ya que todos los hombres se le quedaban viendo a Erza y aquello le daba algo de celos porque le encantaba ser el centro de atención.

Jueves 5 pm.

¿Lo había hecho apropósito? Puede ser.

¿Es un acosador? De ella un poco.

Jellal llego más temprano a lo que está acostumbrado. Al poner su tarjeta de acceso en el lector se la encontró de frente, quedándose inmóviles.

— Tu primero —Se ofreció dejándola pasar primero, su voz titubeo ya que era la primera vez que estaba así de cercas con ella y le hablaba finalmente.

Contrólate maldita sea Fernandes. Se dijo a sí mismo, no esperaba encontrársela en la entrada.

— Oh no, lo justo es que lo hagas tú, fuiste el primer en llegar. —Le contesto tranquila y con una sonrisa de labios.

— Déjame ser caballeroso contigo, no tiene nada de malo.

— Pero tampoco pierdo tiempo si soy después de ti, me gustan las cosas justas.

Se quedaron viendo a los ojos, ambos sin ceder.

— Bueno, si ninguno de los dos quiere entrar, seré yo el primero. —Hablo un hombre de cabello azabache y por alguna razón ya no tenía la playera puesta.

— ¡Maldito Gray! No pasaras primero, yo me baje del carro antes que tú. —Grito un hombre de cabello rosa llegando corriendo y peleándose con el anterior nombrado a pasar primero.

— Muévete ojos de lagartija. —Le dijo con molestia Gray.

— Hazlo tu maldito exhibicionista. —Contesto el otro obstruyendo la entrada ya que ambos querían entrar chocado sus hombros.

Jellal veía la situación con gracia olvidándose un poco de lo nervioso que estaba por estar al lado de su crush.

— ¡Ustedes dos! —Grito una autoritaria Erza— ¿Pueden parar y comportarse como los mejores amigos que son?

— ¡Aye! —Dijeron al uniso mientras se abrazaban, Jellal noto la tensión de ellos al escuchar a la pelirroja.

— Es más, háganse a un lado, pasara primero él —Señalo con el dedo acusador al peli azul sin mirarlo.

— ¿Ah? —Se sorprendió— ¿Sigues con lo mismo? No lo haré hasta que pases primero tú, las damas primero.

Jellal le sonrió, ajeno a los dos hombres abrazados y con sonrisa fingida que tenía al lado. Erza se sonrojo por la amabilidad y paciencia del hombre del extraño tatuaje en el rostro.

— Oye, ¿acaso quieres que Erza te golpee? Más vale que entres —Le susurro o más bien le grito el de cabello rosa.

— Qu e diab blos Natsu, ¡no lo golpearía!

Fue la primera vez, que ver a una mujer tartamudear y ponerse completamente roja se le hizo extremadamente tierna y hermosa a la vez.

Soltó una risa ligera y entro haciéndole caso.

— Me debes una. —Le dijo antes de pasar la tarjeta y se escuchara el piii que podía pasar.

— ¿Una? —Cuestiono Erza.

— Si, a la siguiente que estemos en una situación parecida no podrás reprochar.

La vio de reojo y noto que nuevamente su cara tomaba el mismo color que su cabello largo.

— ¿Es tu novio Erza? —Escucho decir a uno de los hombres escandalosos de antes, el tal Gray.

— Van a ver cómo les ira ahorita en box… —Les dijo con amenaza.

Estamos fritos. Pensó Gray con miedo.

Ese tipo de cabello azul… tiene el mismo color que Happy, me agrada. Pensó Natsu acerca de su gato y el no parecido con Jellal.

Fernandes sudo frio. ¿Qué le pasaba? ¿acaso estaba ligando con ella? ¿y si uno de ellos era su novio? ¿tan desvergonzado era? Y ¿por qué tenía tantas ganas de volver a tener contacto con ella?

No no no no no no. No quería ser uno de ese 92 por cierto. Meredy y Ultear se burlarían de él. Aparte por lo que sabía de eso, solo salían una vez y era para tener sexo, era muy rara la ocasión que terminaba en una relación formal.

Volvió a quedarse de piedra, ¿Por qué ahora pensaba en tener una relación formal? Cuando en estos años nunca lo ha pensado como posible, le gustaba ser soltero, sin depender de nadie o dar explicaciones cuando quiera salir.

Tenía que parar de pensar en esa pelirroja.

Pero ese jueves antes de salir porque él ya había terminado su rutina vio la zona de crossfit y conectaron miradas, esta vez, ninguno aparto la vista solo cuando Jellal casi tropieza con alguien más y Erza casi cae al saltar la cuerda, pero ambos no se dieron cuenta de lo que le paso al otro.

Viernes 8 pm.

Jellal amaba los viernes. Después de su jornada laboral y tener que aguantar a Ul todo el día —porque también eso, trabajan juntos— venir un viernes era relajante, no había nadie, podía contar a la gente con las manos y le sobraban dedos, él sabía que los viernes siempre salían todos de fiesta, por ende, estaba desértico —agregando que también estaba lloviendo—, pero así podía utilizar los aparatos o las pesas sin presión a las demás personas.

— Oe Elfman, ¡tienes que darme clase!

La escucho desde lejos, esta vez le echaba la culpa a que no había tanto ruido, no porque siempre le prestara atención. Él se encontraba terminando su rutina de brazo, pero le termino llamando la atención la disputa.

El hombre más alto que ella, moreno, cabello blanco y muy musculoso dio un gran suspiro. Erza se encontraba mirando hacia arriba, retándolo con la mirada.

— Erza, ¿Por qué no te vas a casa? Ya es tarde y no pienso en darte clase a ti sola, no es de hombres dar clase a una sola mujer y luego con este maldito resfriado que tengo —Al final dio un gran suspiro.

— Pero la anterior semana solo era yo y aun así me impartiste clase de crossfit.

— Si bueno… —Se rasco la mejilla— Si consigues a otro hombre, te impartiré clase.

— ¡Oh! ¿En serio? —La pelirroja miro hacia los lados y vio a un hombre pasar y lo llamo, este corrió al saber que se trataba de ella, si, la mujer es hermosa pero también intimidaba a todos de ahí— Espera…

Se quedó con la mano levantada y derrotada. No quería perder su semana perfecta por una tontería como esta. Pero sabía que el muy idiota de Elfman no le daría clase por ser la única y querer salir temprano para irse con su novia que siempre le reñía cuando iba a verlo.

— Yo entrare a la clase.

Elfman se sorprendió de que alguien más aparte de Erza asistiera a clase de crossfit un viernes, suspiro aceptando aquello.

¿Por qué lo hizo? ¿Qué clase de idiota sin cerebro se ha convertido al tener que entrar a esa horrible clase solo para hacer feliz a esa mujer? Porque claro, su sentido de verla feliz y no cabizbaja se hizo presente cuando el fortachón le dijo que no le impartiría clase si no había alguien más. Pero en estos momentos en donde hacia 100 burpees se cuestionaba que clase de psicópatas les gusta el crossfit. Ni siquiera le presto tanta atención a Erza, estaba más ocupado por no vomitar y tratar de terminar toda la rutina para no parecer un imbécil.

Al final, fracaso y terminando la hora se fue a vomitar al baño.

Patético Jellal. Pensó para sí.

Suspiro al tomar sus cosas, eran las 9 y media. Ya estaba totalmente vació, ¿su plan de viernes? Había pensado en aceptar en tomar unas cervezas con un nuevo departamento que estaba en el piso seis —Cobra, Ángel, Richard, Macbeth y Sawyer—. Pero por lo muerto y como le temblaban las piernas mejor decidido ir directo a su casa y descansar porque sería la burla de ellos si lo veían en ese estado.

Tomo su paraguas, el clima había empeorado y cuando salió ahí estaba ella. Sentada en la banqueta, abrazando sus piernas observando la lluvia torrencial en frente de ella mientras que el techo la respaldaba de mojarse, más sin embargo una que otra gota se deslizaba por la cabellera rojiza.

— ¿Tu auto está lejos? —Pregunto Jellal, sobresaltándola.

— Oh, se me ocurrió la gran idea de regresarme a casa corriendo.

Esta demente. Pensó Jellal al verla.

— ¿Bromeas?

Erza soltó una risa.

— Vivo cercas, a veces suelo hacerlo, pero no vi el clima el día de hoy. —Se excuso con simpleza, devolviendo la vista al pavimento— Espero a que se calme la lluvia para irme.

El hombre del tatuaje se puso en frente de ella con el paraguas ya abierto, tuvo que levantar la vista para verle, se sonrojo al ver como tenía su mano extendida hacia ella.

— Vamos, te llevare a casa. —Le dijo como si se conocieran de años— La lluvia no parará hasta el día de mañana.

— N no quiero molestarte. —Contesto negando con las manos moviéndolas frenéticamente.

Y luego lo observo como se ponía a su altura haciendo muecas de dolor.

Estúpido ejercicio. Pensó Jellal.

— ¿Recuerdas lo que te dije el día de ayer? —Ella se sonrojo asistiendo con la cabeza, si lo sabía, no había olvidado nada de lo que paso ayer con él— Entonces no puedes negarte.

La ayudo a levantarse y no evito reírse como reprochaba que no era necesario que cargara sus cosas. Caminaron juntos —muy juntos, por culpa de la lluvia y para que ambos se cubrieran con el paraguas — a su automóvil. En un paso en falso la chica resbalo.

Kya~ —Soltó Erza cerrando los ojos, pero no toco el suelo porque sintió la mano del hombre en su cintura sujetándola fuertemente.

Que… linda. Pensó Jellal al escuchar aquel inusual gritillo.

— Gracias —Le dijo sonrojada, carraspeo puesto que él aun la tenía sujeta, Jellal le dio su espacio nervioso.

Siguieron como si nada caminando hacia el carro, le abrió la puerta y el cerro cuando ella estuvo adentro, cuando caminaba a su lado del conductor no paraba de pensar en muchas cosas.

¿Qué diablos estaba haciendo? Su corazón latía muy rápido, estaba demasiado nervioso, nunca imagino estar en esta situación con su crush imposible de meses. En estos momentos se le vino a la mente un estúpido artículo que leyó en internet acerca de lo que hablaba Mer el otro día. En donde concluyo que había una posibilidad de ese 92% de las personas que ligaban en el gimnasio… que un 25% terminaban juntos.

Que… tonterías piensas Jellal. Se regaño a sí mismo.

Al entrar al auto lo primero que hizo fue alborotarse el cabello ya que se había mojado un poco.

— Gracias por lo de hoy. —Escucho una voz a su lado, casi como un susurro. Ella se encontraba con la mirada apenada viendo al suelo, se le hizo muy tierna.

— No hay de que Erza —Ella se sorprendió— No pensaba dejarte ahí esperando a que la lluvia se apaciguara.

— Me refiero a la clase de crossfit. —Ella le miro directo a los ojos— Se… que tu no tomas esa clase.

— ¿Tan mal me vi? —Al decir eso soltó una risa.

— N no. —Negó con las manos apenada— Pero nunca te eh visto en la clase, y eso que voy todos los días.

— Oh… si bueno, te veías algo triste.

Hubo un silencio.

— Por cierto, ¿Cómo sabes mi nombre?

Era el turno de Jellal ponerse como el color de cabello de Erza, miro hacia el otro lado avergonzado.

— Bueno…—carraspeo— um… tus amigos, o tus novios, o bueno…

Ella se rio.

— Mis amigos. —Reafirmo.

Él suspiro aliviado. —Tus amigos gritan mucho tu nombre. Creo que todos saben quién eres.

— Tus amigas también gritan mucho tu nombre Jellal… y entre otras cosas. —Le sonrió con complicidad.

Él se llevó su mano al rostro maldiciendo a esas mujeres, pero también una ola de felicidad lo rodeo, así que ella también sabía cómo se llamaba.

Erza le indico el camino a su casa, Jellal conducía con cuidado por la lluvia. Esa noche se conocieron un poco, su trayecto duro entre unos quince minutos, ya que si estaba cerca el gimnasio de la casa de Erza, pero disfrutaron la plática ambos, él quería invitarla a cenar, pero, ¿sería demasiado por hoy no? Se trago las ganas de pasar más tiempo con ella, era una mujer muy interesante, trabajaba como productora de un canal de noticias de las doce, Fairy News, mientras que él solo es un abogado la mujer no dejo de estar interesada en lo que le platicaba de sus casos.

Observo como Erza se despedía de él con la mano y arranco para ir dirigirse a su casa. Estaba parado esperando a que la luz fuera verde y poder avanzar cuando todo dio un clic en su cabeza.

— Espera… —Hablo en voz alta para sí mismo— Si Erza es productora de noticias, y las noticias dan el clima…

Y con la luz verde del semáforo iluminando su rostro y aun sin avanzar, una sonrisa divertida se le dibujo en su rostro, soltando al final una risa.

¿Podría ser más estúpido y lento todo este tiempo? Todo por no ser del 92% a estado ignorando a una mujer que ha estado interesado en él todo este tiempo, pero esta vez, él jugaría su juego, porque ella lo había iniciado, no él.

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— Y… pon la cámara cinco.

Tras decir aquello, una mujer de cabello corto color azul apareció en la pantalla en grande, tenía un paraguas haciendo referencia que las lluvias en la ciudad seguirían. Juvia es la encargara de dar el clima y en el mundo televisivo era muy famosa por lo bonita y talentosa en el ámbito.

— Juvia se ve excelente el día de hoy. —Comento Mirajane, llegando a sentarse al lado de la productora Erza que observaba todo, ella solo asintió— Y dime… ¿Cómo vas con ese chico guapo del gimnasio que tanto hablas? Que camina sobre el agua y esas cosas que alardeas.

Erza empezó toser, todos voltearon a verla, Mirajane solo soltó una risita.

— ¡Yo nunca eh dicho que camina sobre el agua! — Le contesto, su cara empezó a ponerse rojiza tanto así como su cabello.

— ¿No? Pero es casi lo mismo, te vez muy emocionada cuando hablas de él y como es un asco en el crossfit.

— ¡No dije que fuera un asco! —Un poco sí. Pensó, a veces se preguntaba porque le contaba todo a Mirajane cuando cualquier cosa podría ser usado en su contra— Y… ayer me llevo a mi casa.

— ¡¿Cómo?! ¿Por qué no lo habías mencionado? Literalmente estuve escuchando tu rutina de esta mañana cuando me pudiste contar esto.

— Bueno, mi rutina de mañana siempre te a interesado. —Dijo con inocencia. La albina de su amiga puso los ojos en blanco— No lo se Mira… ¿Te acuerdas que me dijiste que actuara como si me hubiera lastimado una pierna para que así él se acerque y ayudase?

— ¿Lo hiciste? Te dije que seria una gran idea. —Contesto con un deje de orgullo.

— Claro que no. —Contesto simple. Luego se sonrojo y guardo silencio. —Lo estuve pensando de una forma más natural, ¿sabes? Es muy poco probable que me lastime con lo cuidadosa que soy.

Mirajane recordó todas esas veces que se ha tropezado y caído al suelo, pero prefirió no decir nada.

— En fin, ese viernes me quede pensando tanto, tanto, tanto, es decir. ¿Cómo porque diablos no se acerca hablarme? ¿Qué acaso no soy de su agrado? ¿lo intimido como al resto de los demás? No lo sé… se me fue el tiempo volando que cuando ya me había dado cuenta lo tenía en frente de mi con el paraguas en mano. Así que fingí demencia y le dije que olvide el mío, aunque claramente se encontraba en los casilleros del gimnasio, solo que… olvide sacarlo. Y darme la vuelta para ir de nuevo a buscarlo, ¡era imposible! Ya me había paralizado. Nunca me había pasado eso con nadie. Entonces decidí seguir con la mentira si con eso iba a tener un momento con él.

— Oww. —Le tomo de las mejillas rosas— Mi pequeña Erza se siente atraída por alguien.

— ¿Atraída?

Alguien de la cabina carraspeo, si bueno, al parecer no era gran idea contar su vida "amorosa" en horas laborales… espera, ¿Erza tenia vida amorosa ahora?

Se quedó pensando.

Atraída.

La palabra era nueva en su mente. Nunca se había sentido atraída por alguien. Sonaba descabellado aquello, pero era verdad. Lo más importante para Erza Scarlet siempre ha sido sus amigos, su trabajo, un buen pastel de fresas y recientemente —ya casi un año— el gimnasio. Siempre la rodeaban hombres apuestos, eso le decían todas sus amigas, pero para ella solo eran los peleoneros que la sacaban de vez en cuando de quicio, el tipo rudo de las perforaciones y el pikachu musculoso. Nunca se había detenido a pensar si realmente son apuestos o no. Bueno en realidad nunca lo hacía con ningún hombre.

Pero un miércoles en una tarde calurosa vio algo nuevo. Llevaba ya dos semanas en el gimnasio, siempre llegaba puntual para su rutina, le encantaba, y aunque muchos hombres le hablaban ella no hacia mucho caso, o bueno, cuando lo hacia los intimidaba siendo una mandona o con su enfado —Pero porque ya venía enojada por Natsu y Gray.

— No conocen el verdadero encanto de Erza Scarlet.

Le decía Mira cuando le contaba lo sucedido al día siguiente. No lo negaba, ella siendo tan exitosa, guapa, amable y fiel a todos sus principios estaba sin una relación ya hace varios años. Y en algunas noches se sentía algo triste por no tener a nadie con quien compartir todo eso, solo algunas veces, ya que la mayoría de sus días eran pintados de muchas risas, buenas platicas y grandes aventuras con sus amigos.

Pero solo a veces… si quisiera tener alguien para ella. Porque, ¿Qué tenía de malo entonces Erza Scarlet?

— ¡Anda Jellal! ¡Ven con nosotras al karaoke! —Le dijo una mujer pequeña de cabello rosa esperando a que el terminara de hacer unos ejercicios de espalda.

El hombre llamado Jellal con un extraño tatuaje en el rostro solo bufo y Erza lo vio todo, como su respiración subía, bajaba, subía, bajaba. Como trago saliva antes de contestarle con la voz más masculina y amable que pudo salir de esos labios. Las gotas de sudor recorriendo su cara, sus brazos y como también había en su cuello.

¿Por qué no puedo ser esas gotas de sudor? Pensó.

Y entonces se quedo helada. ¿Qué acaba de pensar? No tardo en ponerse roja, ¿desde cuándo ese tipo de pensamientos pasaban por su cabeza? Es decir… ¡claro que los tenía! Pero con sus personajes literarios de novelas eróticas y no con un completo desconocido.

Decidió mejor concentrarse en su rutina

— No iré. Solo quieren que vaya para que luego ustedes me graben cantando una canción ridícula y me estén chantajeando en llevarlas a comer días después o si no lo publicaran.

Lo escucho decir. Erza mataría por tener ese video.

Sacudió la cabeza. No se podía permitir obsesionarse con un completo extraño. Se regaño a sí misma tratando de pensar en otra cosa para bajar el color rojizo de su cara, pero al pasar al lado de él se vieron a los ojos. Se lamento ella que ese momento de cruce de miradas puso una cara de pocos amigos a lo que él rompió la conexión rápidamente, si bueno… quizá lo asusto, como al resto de hombres que tratan de acercarse.

Pero desde ese miércoles Jellal se convirtió en alguien a quien le gustaba ver. Se le hacía muy apuesto, quería acariciar aquel cabello color azul eléctrico, se había imaginado terminar una rutina y que el se recostase con la cabeza en sus piernas para así tocar su cabello mientras él descasaba.

Para la desgracia de Erza desde ese miércoles él ya no la volteo a ver.

— Erza, Er za, Ef za —Le decía Mira tratando de recuperar el aliento— ¿Por qué tenemos que ir a box cuando terminamos de hacer crossfit? Y sin saber que me ibas a meter ahí.

Porque si él no iba a verla, lo iba a obligar. Era imposible que nadie se fijara en ella, entonces por eso se metió a cada clase que se impartiese, descubrió que también es muy buena en cada una —aunque al principio le costaba, pero después de varias semanas lograba destacar entre los profesionales—. Inclusive llevo un momento donde olvido porque hizo todo aquello ya que se sentía tan satisfecha con ella misma que ya no le importaba mucho si ese tal Jellal le hacia caso.

Aunque si podía impactarlo con los muchos de sus outfits deportivos lo hacía.

— Tienes que aceptarlo. Te come con la mirada. —Le decía Lucy, otra amiga que algunos días la acompañaba a yoga.

Podía tener razón su amiga la rubia, pero tampoco se acercaba a ella. Tan siquiera había conseguido atraer su atención.

Hubo un tiempo en donde se pregunto si alguna de las dos mujeres que siempre estaba con él era su novia o… ¡o quizá mantenían una relación de tres! Oh basta… tenía que dejar de leer tanta novela erótica. Después de un tiempo descubrió que solo eran sus amigas, lo relaciono tanto como su amistad con Natsu y Gray.

Y después de mucho tiempo. Al fin hablaron, en la entrada, su voz sonaba hermosa, su sonrisa retándola le encantaba y la atontaba de una manera que nunca había experimentado, se le hacia raro que la desafiasen, pero también crecía el interés por el hombre del tatuaje.

Nunca había amado tanto un viernes como aquel. La había llevado a su casa… ¡La había llevado a su casa y habían compartido un momento juntos! ¡Hasta el la tomo de la cintura! No podía parar de bailar cuando llego a su departamento y sonreír como boba.

— ¡Ashuuuu! —Destornudo.

Oh diablos. Pensó. No podía enfermarse, no después de este gran avance. Se sentía muy feliz que olvido tomarse algo para prevenir la gripe o irse a bañar con agua calientita.

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— Jellal, estas muy distraído. —Le comento Ultear con aburrimiento— ¿Leíste toda la información que te pase?

— Umm, no. —Contesto sin ánimos— Me la llevare para leerla y estudiarla en casa.

Ultear lo miro con curiosidad mientras tomaba sus cosas para salir de la oficina.

— Anda vamos. —Le dijo esperándolo en la puerta.

El suspiro con pesades. Estaba esperanzado de verla hoy. Pero es que había pasado una semana sin verla como siempre. Era extraño y preocupante. Erza nunca había faltado y mucho menos una semana entera. ¿Será que estos días en donde la a dejado a su casa por las lluvias y el tiempo compartido juntos la a fastidiado?

No. Aquello era una gran tontería.

Pero algo él sabía; sus nervios podían más que su cordura.

Ocultar su desilusión era algo difícil con dos personitas observando su comportamiento desde hace ya varias semanas. Si bien, lo sucedido con Erza y el paraguas había pasado ya hace como 2 semanas, desde ahí y por las lluvias la a estado llevando a casa, era un momento que disfrutaba demasiado, de hecho, era su momento favorito de todos los días.

No sabía exactamente cuál era la dinámica de los dos recientemente. Se buscaban con la mirada cuando uno de los dos llegaba y salía una pequeña sonrisa de parte de ambos, una sonrisa que solo ellos conocían y era su secreto. Porque así lo querían ambos, porque no estaban seguros que estaba sucediendo, o bueno, Jellal solo se dejaba llevar por las historias de la mujer y su olvidadizo tema de "no tener paraguas" en los días lluviosos que han estado muy activos.

Al principio Erza era quien lo esperaba, pero con el paso de los días Jellal empezó a llegar un poco más temprano para no hacerla esperar, algo que no sabia si lo había notado ella.

Ciertamente sentía que todo este asunto era como dar paso en una habitación obscura, sin saber si lo estas haciendo bien o si el paso que estas dando te esta llevando al destino correcto.

Ninguno decía nada al respecto. Quizá debería de hacerlo él, ya que… de todas formas, daba crédito que ella fue la que dio el primer paso en aquella habitación obscura.

— ¡Natsu más vale que te lleves tu ropa y las cosas de Happy de mi departamento! Siempre haces lo mismo, apareces de la nada y luego te vas. —Llego la rubia con sus escandalosos amigos. Pero sin ningún rastro de una cabellera roja.

— Mira. Lo hiciste, la rompiste, hasta Lucy se harto de ti. —Le comento en forma burlona Gray.

— ¡Para ti también va! ¡Tengo muchas playeras tuyas en mi departamento! —La mencionada parecía que iba a estallar de lo histérica por su tono de voz— Tener que ir a lavar toda esa ropa y me cuesta más dinero. Tengo un presupuesto para mi renta no puedo estar gastando también en ustedes.

— Tranquila Lucccy. —Jellal vio cómo se dirigían los tres al área de los casilleros y como el tal Natsu se acercaba a ella rodeándola por detrás— Conseguiremos el dinero para la renta.

Lucy y Erza compartían casilleros.

Y Jellal no apartaba la vista de ahí mientras hacían sus últimos minutos de cardio.

— ¿Te gusta la rubia eh? —El tono pícaro de Ultear hizo que devolviera su vista al frente— Lo vimos, no paras de voltear hacia allá y cuando llego dejaste de ponernos atención.

— ¿Cuándo se supone que les hago caso cuando empiezan hablar de hombres de aquí? —Les pregunto burlón— Y no, no me gusta la rubia.

— Yo voy con ella a yoga, de echo ahorita en nada empieza la clase, ¿quieres que le pregunte si quiere salir contigo esta noche? —Intervino Meredy feliz.

— ¿Qué? No Meredy, por dios, dejen de meterse en donde no les llaman —Dijo fastidiado.

— Wow, es la primera vez que te pones así por este tipo de cosas, ¿realmente te gusta? No pensé que fuera de tu tipo Jellal.

Puso los ojos en blanco. Suspiro, detuvo la maquina de cardio y bajo.

— ¿A dónde vas? Aun faltan como quince minutos. —Le pregunto Ultear.

— Creo que va a pedirle a la rubia que salga con él. —Le dijo Meredy emocionada, ambas abrieron los ojos y se les vio entusiasmadas siendo parte de esta escena que sería épica. Jellal solo caminaba con la venita en la frente resaltara, resultaba gracioso si conocieran la situación, pero para los demás era extraño ver siempre las interacciones de estos tres.

Cuando estaba en frente de Lucy se preguntaba que tan interesado tenía que estar por la pelirroja para hacer este tipo de cosas. Ella aun no se daba cuenta de su presencia ni tampoco abría el casillero.

— Disculpa. —La llamo para tener su atención.

— Oh, hola —Contesto una Lucy extrañada. No era la primera vez que chicos le hablaban en el gimnasio. Jellal se sintió un poco avergonzado por estar todo sudado, pero bueno, eso era lo de menos.

— ¿Te llamas Lucy, ¿verdad?

— Si, ¿Cómo lo sabes?

— Bueno Erza me a hablado de ti.

— ¡Oh! ¿Eres amigo de Erza? Eso es nuevo, es raro que haga una amistad cuando se la pasa concentrada aquí —Dijo ahora muy natural sabiendo que era un conocido de su amiga.

— Bueno algo así… —Lo dijo en un tono más bajo— Me preguntaba si está bien, no la eh visto por aquí.

Trato de sonar lo más natural, pero sabía que todo esto no era nada natural.

— Oh, ¡pero si es el novio de Erza! —Llego con ellos Natsu.

— ¿Novio? ¡Vaya! ¿Cómo te llamas?

— Jellal, pero yo no… —No lo dejaron terminar porque llego Gray a molestarlo de la misma forma, todo esto era un caso perdido, nunca lo dejarían hablar.

— ¿Por qué no vas a verla? —Sugirió Lucy— Le dio una gripe muy fuerte. Pero creo que ya debe de estar un poco mejor.

Gripe. Pensé Jellal. Claro todas esas veces que se a estado mojando.

Se sintió un poco mal, la sonrisa cálida de Lucy lo reconforto, ella se giro para abrir el casillero y lo primero que vio fue un paraguas color azul, casi igual al de su cabello.

— ¿De quién es el paraguas? —pregunto curioso.

— Es de Erza. —Le comento guardando sus cosas— Siempre es muy precavida para todo, no saldría sin uno.

Y Jellal sonrío. Se apresuraría en bañarse y cambiarse de ropa para salir de ahí, tenía unas cosas que hacer ahora mismo.

.

Ashuu.

Mirajane puso los ojos en blanco.

— ¿Por qué no te vas a casa? —Le dijo con la tranquilidad que siempre tiene su tono de voz— ¿Sabes Erza? Si te hubieras quedado en casa toda la semana descansado estoy segura que te hubieras aliviado en un día o dos. Y no llevarías ya cinco días enferma.

— Dios Mira, deja de ser una mamá enojona. —Contesto Erza tomando sus cosas y con la nariz roja. No era su mejor momento realmente.

— Ara ara, solo quiero que estes bien Er. —Le sonrió— Por esto no pudiste ir a gimnasio y ver a tu príncipe azul.

Si no hubiera estado ya roja de la cara por el resfriado lo hubiera estado por el comentario de su amiga.

— Termine por hoy. Me iré a casa —Antes de salir de la puerta agrego— Sabes que igual si pasa algo puedes llamarme y vendré enseguida.

— Más vale que te vayas a tu casa Erza Scarlet, o si no, comprare todos los pasteles de fresa del mundo y los destruiré. —Le amenazo.

— Eres un demonio. —Susurro, salió rápidamente porque la mirada amenazante de Mirajane se hizo presente.

La amenaza tenía sentido. Erza sabia que era muy terca, si no hubiera sido por Mirajane y Lucy hubiera ido al gimnasio el lunes, estaba demasiado enferma, muy débil y sus ojos llorosos, la habían cuidado muy bien, Erza realmente tenia amigos que la querían demasiado y se preocuparían por ella. Así que por el amor a todos sus cuidados seguiría las ordenes sin objeciones, aunque claro… había cierto tema que le molestaba.

Jellal Fernandes, abogado con experiencia de 11 años que no sabe mentir y extremadamente apuesto. Es que aún no podía creer que todo este tiempo que han compartido juntos no le ha pedido su número, ¿y si es gay? Erza sacudió la cabeza con tal descabellada idea. Pero es que ese hombre la tenía de los nervios, ¿Cómo es que se comportaba tan caballeroso, le sonreía mientras ella no paraba de hablar de todos los tipos de pasteles de fresa que hay y cual es su favorito por media hora y aun así no la calla? Por dios, ¿Cómo es que no le aburría? ¿Cómo es que le importaba como le fue en su día o al terminar de entrenar siempre tiene una botella de agua fresquita para ella en el auto? Y aun así… ¿¡no poderle pedir su estúpido número de celular?!

Llego a su casa, cansada, con la cabeza que le explotaba, hambrienta —Erza no era muy buena cocinera que digamos y por lo débil que estaba no se estaba cuidando del todo bien— y, sobre todo, llego enojada. Enojada con ella misma, con la gripe, por lo tonta que se sentía y enojada con el estúpido y sensual abogado que no estaba aquí con ella.

Se echo en el sofá ignorando todo el mugrero que se había acumulado por estar enferma como por ejemplo platos, muchas cajas de pañuelo desechable, comida preparada, etc.

Quizá después de todo… no soy de su agrado y solo a sido amable. Pensó, ella creía mucho en la amabilidad de las personas.

Escucho el timbre de su puerta. Se levanto con pesades pensando que podría ser Lucy, en ese entonces ella ya se había quitado sus zapatillas, se había desfajado un poco y su cabello era un desastre, pero estaba en su casa y sus amigos ya la conocían en sus peores momentos.

— Lucy tienes llave, no tienes que…

Se quedo en piedra. No era Lucy. Era todo lo contrario y extremadamente lejos a su amiga la rubia. Era Jellal Fernandes con una bolsa blanca en la mano izquierda y con la derecha tenia un paraguas, no cualquier paraguas, era su paraguas, el de color azul, el que estaba en su casillero y que no quiso utilizar para así poder acercarse a Jellal y ahora lo tenía él usándolo como si nada con una sonrisa de lado.

— Eh… Je Jellal. —Soltó, perpleja.

Porque siempre tengo que parecer tan ridícula con él. Se regaño a si misma. ¿Dónde estaba su estúpida seguridad cuando más la necesitaba?

— Hol a. —Dijo su nombre lento y juguetón. ¿Qué hacía aquí?,— ¿Puedo pasar?

Aunque tardo un poco en procesar que le estaba pidiendo asintió. Él entro. Sintió raro tener a alguien nuevo en su casa, en su casa toda mugrienta y ella estaba en el mismo estado. No tardo en ponerse nerviosa y roja de la cara. Empezó a ordenar todo con rapidez —En sí, solo estaba juntando todo para apilarlo en una esquina, pero no podía hacer más teniéndolo ahí— Jellal se percato de lo que intentaba hacer y dejo lo que traía en la mesa excepto el paraguas ese lo puso en una esquina cerca de la entrada para no mojar más.

— Déjame ayudarte Erza, estas enferma, no tienes que preocuparte por esto. —Empezó a tomar una pila de libros que estaban en el suelo para ordenarlos.

Oh que amable es ayudando a recoger mis libros, espera… esos libros son…

— Puedes dejarlos en el suelo, no tienes que hacer esto Jellal. —Dijo tratado de quitárselos y acercándose a él.

— Solo que pienso que a mí me dolería ver mis libros en el suelo, eso es todo —Contesto con amabilidad, le dio la vuelta para ver la portada y saber de qué libro se trataba.

Jellal se quedo en silencio y con cara de poker. Erza con las manos alzadas, con el mismo tono de su cabello en su cara.

— Bueno yo…

Trato de decir ella. Si, se trataba de uno de sus libros para adultos que, bueno, le encanta leer no podía negarlo y no tenía nada de malo.

— Oh —Soltó. Sus ojos verdes aun seguían en la portada del libro— ¿Sabes? Mi amiga Ultear me a dicho que este a sido el peor de la trilogía, dijo algo como… "el sexo fue tan aburrido que me quede dormida con el libro en la cara"

Jellal puso los libros en la estantería y luego se volteo para verla con una sonrisa de labios. Lo admitía, ese hombre la hacia sentir como en una montaña rusa, hace nada podía sentir como su corazón se le salía y ahora, bueno, ahora sentía que flotaba en una balsa por un mar tranquilo.

— ¡¿Verdad?! —La emoción de Erza se hizo presente. Era algo que Jellal siempre iba atesorar y nunca destruir— Aunque bueno, tendría que platicarlo con ella, ¿es la morena verdad?

Él asintió.

— Te traje el pastel que tanto me has contando desde que te conocí. —Enseño la bolsa blanca, los ojos chocolate de Erza brillaron— Pero me dijo Lucy que seguramente no has comido nada, así que… anda a la cama, primero te prepare algo de comer.

— No te dejare que me hagas de comer, eres una visita.

— Si bueno, en realidad me invite solo, así como disculpa, te hare un sopa de pollo y luego podrás comer todo el pastel que quieras.

Erza frunció el ceño, iba a protestar, pero se sintió nuevamente mal que termino en el sofá dando un gran suspiro.

Culpo la medicina que tomo en la oficina por tener de repente sueño, a la gripa por los ojos llorosos y a la lluvia porque le daban mas ganas de estar en la cama dormida que estar despierta.

— ¿Por qué haces esto Jellal? —Pregunto cansada. Él se acerco para ayudarla a levantarse y llevarla a la recamara.

— ¿Hacer qué? —Sonrió mirándola.

— Ayudarme, estar aquí… —Susurró.

— Bueno, no lo se —Le ayudo a recostarse en la cama y la arropo, era extraño, si, pero tampoco incomodo, ambos se dejaban llevar sin pensar en sus actos— Supongo que extraño a cierta pelirroja en el gimnasio acaparando toda la atención.

— Por favor, nadie me hace caso. —Dijo adormilada, apenas podía permanecer con los ojos abiertos, los sentía llorosos— Todos están metidos en sus asuntos.

— Mi atención. —Contesto.

Aquello lo sintió muy lejano, suave y como si le hubiera dicho que la quería en un susurro. También sintió como el dedo pulgar de él acariciaba su mano fría, sus caricias eran lo más tierno que podía sentir en ese momento, sentía cariño por parte de él.

Amor. Fue lo que pensó antes de cerrar los ojos sin importar que Jellal estuviera ahí.

Y luego despertó, la poca luz que había por el día lluvioso ya no estaba, en su lugar todo era obscuro.

¿Cuánto había dormido? Vio su celular, ya eran las siete, durmió una hora. Se sentía un poco mejor y se cuestionaba que si todo solo fue un sueño, un hermoso sueño… y se sintió triste, deseando con todo el corazón que él estuviera aquí. Realmente le quería, ¿eh? No. Realmente quería que él le quisiese.

Por qué quererlo a él era quizá lo más fácil que había hecho en toda su vida. Y aquello le asombrada. No era un simple crush y obsesión. Erza Scarlet quizá se había enamorado a primera vista de él.

Salió de su habitación. Olía a comida. Recordó que moría de hambre.

— ¿Mira? —Pregunto adormilada.

— Vaya, que tan rápido olvidas que tienes un hombre en tu casa.

Se quedó ahí, viéndolo. Guardando en recipientes de vidrio la comida que había él preparado.

— No sabía si ibas a despertar así que te la estaba guardando, perdón por meterme tanto en tu cocina, es decir, bueno, la veo muy nueva, esta muy bien equipada, ¿sabes?

Se veía emocionado, ella solo lo miraba.

— ¿Qué pasa? —Preguntó por el silencio de Erza.

— Pensé… que habías sido un sueño. —Contesto con la voz baja.

— ¿Así? —Pregunto divertido— ¿Una pesadilla o algo así?

— N n no —Negó con las manos— Un hermoso sueño.

La sinceridad era algo que Erza era.

Jellal no dijo nada.

— ¿Quieres que te caliente la comida?

Ella asintió feliz. Se sentó en la mesa mientras esperaba.

— La cocina esta nueva porque casi no la uso. —Le dijo mientras lo miraba.

— ¿Por qué? —Volteo a verla— ¿Sabes que tienes el mejor kit de cocina de este año?

Ella se rio.

— Si, eso mismo me dijo mi amiga Mira. Yo… no soy muy buena en la cocina, me eh metido en clases, pero la comida se quema sola.

Jellal soltó una risa.

Este maldito hombre piensa matarme con cada maldito sonido que sale de su boca. Pensó ella ya harta de negar que estaba locamente enamorada de él.

— Si claro, la comida pensara: Oh, ahí viene Erza Scarlet, deja empiezo a quemarme.

— Exacto. Eso mismo pienso que piensan los ingredientes.

La mirada sería de Erza hizo creer a Jellal que realmente hablaba en serio, pero más que nada, se le hizo tierna.

— Bueno, eres buena en muchas otras cosas.

— ¿Cómo en qué? si se puede preguntar señor chef.

Jellal le entrego un tazón bien servido, ella sintió que devoraba como una desquiciada que estuvo 5 días amarrada en un sótano, pero estaba delicioso y tenía mucha hambre. Vio como se sentaba en frente de ella con la mano apoyando su barbilla.

— Veamos, en que es buena Erza Scarlet a lo que te llevo conociendo… —Fingió pensar su respuesta— Es buena… comiendo un pastel entero de fresas, en cuidar a sus amigos, según ella en obras de teatro, eso aun no lo confirmo, también es buena vistiéndose, creo que eres la primera mujer que me encanta con cualquier conjunto.

Vio como las mejillas del hombre del tatuaje tenían un color carmesí con todo lo anterior, ella lo miraba como una boba.

— También el cabello de Erza es muy hermoso, su color escarlata me llena de un sentimiento raro, ¿sabes? Como cuando vez un atardecer, ese punto que solo dura minutos y lo miras sabiendo lo efímero que es. Nunca me cansaría de verte pasar todos los días si puedo ver aquel rojizo llenando mi atardecer.

Bueno… ¿se le estaba confesando no? El cerebro de Erza estaba tratando de funcionar, pero todo lo que decía quería escribirlo y leerlo miles de veces.

— También su carácter fuerte.

— Eso… es, ¿triste sabes? Es decir, asusto a todos. —Comento con voz baja siendo sincera con ella misma.

Jellal solo se le quedó mirando recordando las veces que los hombres le huían, pero bien sabía él que se morían por estar con una mujer como lo es ella.

— Eso es uno de tus muchos encantos Erza Scarlet, no todos se quedan para ver que hay debajo de la armadura.

Levanto la vista, mirando la sonrisa que tenía en sus labios, los ojos verdes con un brillo esperanzador, aquello, se lo había dicho Mirajane, pero la diferencia es que ella le quería y la conocía. Pero Jellal… él nunca había huido, se había quedado sabiendo como es ella.

— ¿Por qué… me dices todo esto Jellal? —Pregunto. Quería que lo dijera, sabía que más claro no podía ser posible, pero quería hacerlo realidad diciendo las palabras exactas, porque la vida era una mierda y las personas hoy día podían jugar con los sentimientos de los demás como si nada.

— Oye aun no termino. —Le dijo con los ojos cerrados— También, otra cosa que es muy buena Erza Scarlet es… en mentir.

Y Jellal miro directamente al paraguas que estaba atrás de ella, cosa que hizo que le siguiera con la mirada, el color rojo no tardo en presentarse en la cara de Erza.

— E eeso, bu bueno y yoo —Trato de explicarse.

Jellal se levanto de su asiento, ella pensó que se iría, que quizá se había molestado todo este tiempo por la mentira, no fue tan mala, pero al fin de cuentas sabía que era una mentira y aquello estaba mal.

Pero en vez de salir por la puerta, tomo el paraguas azul.

— ¿Sabias que hay un 92 por cierto que las personas que van al gimnasio terminen enrolladas entre ellas?

— ¿Qué?

Jellal vio el paraguas.

— Todo este tiempo no quería ser una de esas personas, ¿sabes? Es decir, me gustaba admirarte de lejos, me gustaba saber que había una hermosa mujer que iba al gimnasio todos los días al igual que yo, me gustaba saber de tu existencia, pero me negaba hablarte porque no quería que todo terminara en una noche o en una cita fallida, pero también existe un 25 por ciento que terminen juntos.

Erza lo miraba con un signo de interrogación en la cabeza si pudiera ser posible aquello.

— No quiero ser ninguno de los dos. —Dijo— Quiero que seamos Erza y Jellal, que se conocieron en el gimnasio más nunca se hablaron, no hasta que cierta pelirroja invento un plan maestro para que el estúpido y ciego del hombre se fijara en ella y dejara todos sus pensamientos absurdos acerca de las relaciones, que dejara sus miedos y que fuera valiente en querer a alguien de nuevo.

Jellal la miro a los ojos al terminar de hablar.

— No… ¿No estas molesto? Porque fui una mentirosa.

Él se acerco a ella que ya se encontraba de pie, le puso las dos manos en sus mejillas acariciándolas.

— Creo que eres una mente maestra Erza Scarlet.

Se vieron a los ojos, ella sonriendo y él siempre admirándola.

Erza entendió que hace tiempo Jellal se había enterado de la verdad, aun sabiéndolo decidió pasar tiempo con ella, porque sabia que cuando el le preguntaba algo sobre ella, él le prestaba toda la atención del mundo, que empezó a llegar más temprano para que no lo tuviera que esperar en la salida, que vino aquí sin tener un motivo, solo para cuidarla.

Vio como se acercaba a ella con la intensión de un beso, y claro que es lo que más quería, pero…

— ¡Espera! —Se alejo un poco de él. Pudo ver la mirada de incomodidad de Jellal.

— Oh… perdón, si no quieres está bien, tú me gustas Erza, pero si yo no…

Oh, lo a dicho. Pensó ella.

— ¿Después de todo lo que hice crees que no me gustas? En serio Jellal Fernandes me mataras un día de estos. —Le dijo con enfado fingido, él solo le sonrió con complicidad ignorando su humor, era otra cosa que le gustaba de él, que de alguna forma extraña era inmune a todo lo que los demás temerían de ella.

— ¿Entonces? —Pregunto aun teniendo sus manos en sus mejillas.

— Bueno… —Miro hacia un lado— Estoy enferma Jellal, no me gustaría que yo fuera la que te contagie y te la pases tan mal como yo, ¡yo no te podría preparar comida tan deliciosa como para que te mejores como tu lo hiciste!

Soltó una risa y puso los ojos en blanco.

— Erza llevo enfermo de amor por ti desde hace meses, una gripe no sería nada si aun así tu estarías ahí para mí —Hizo una pausa— Además, ¿También enfermarte fue plan de tu mente maestra para venir a verte?

Bromeo y ella puso los ojos en blanco.

Luego sonrió tímidamente, preguntándose si sentirse amada y deseada podría durar para siempre. Al final de cuentas, Jellal tenía razón en lo que había dicho anteriormente, amar es de valientes, es no esperar nada a cambio, pero también todo sin saber si la otra persona te lo va a dar. En este momento ellos lo estaban teniendo todo.

Erza lo tomo de la playera y lo acerco a él. Porque al final de cuentas, siempre había iniciado todo y también iniciaría este beso. Las manos de él ahora en su cintura mientras que la espalda de ella estaba recargada en la pared haciendo que sus cuerpos se pegaran había echo este beso más que perfecto, acariciaba el cabello azul cuando paraban y se miraban en silencio unos momentos para volver a comenzar.

El celular del hombre empezó a sonar, lo ignoro tres veces, pero a la cuarta se separaron ya no pudiendo ignorar el sonido. Lo vio contestar algo enfurruñado, eso le hizo gracia. Y luego se dio cuenta de las cosas, como estaba agitada, su cara roja y su ropa algo desalineada. Se llevo la mano a la frente pensando si esto podía llevar a más, pero si sucediera… realmente no tenía miedo, aunque de alguna forma, lo que lleva conociendo a Jellal sabía que eso iba hacer imposible porque se preocuparía más que se alivie al cien por ciento antes de hacer cualquier cosa.

— Era Ultear —Dijo, se veía algo triste— Yo… tengo que irme.

— Oh, um si, es muy tarde —Trato de ocultar su desilusión.

— Prometí que estudiaría un caso importante y quiere que le de algunas respuestas para mañana.

— No te preocupes Jellal —Erza le sonrió con ternura, entendía más que nada la importancia del trabajo y nunca se enojaría por aquello.

— Pero puedo venir mañana y hacerte algo rico de cenar.

Erza sonrió con entusiasmo.

— Y un pastel. —Agrego.

— Aun ni te comes el que te traje hoy.

— Pero si será mi postre mientras veo una película y mañana no tendré.

La tomo de la cintura acercándola a él y la beso. Ella sintió cosquillas, cosquillas en todas partes, mientras se ponía de puntitas para poder besarlo mejor y acariciando su nuca.

— Besarte es muy dulce. —Dijo Jellal apartándose— Mañana tendrás tu pastel si eso es tu secreto.

Erza se puso roja.

Antes de irse Jellal por fin le pidió su número cosa que se lo dio encantada.

Esa noche Erza se comió todo un pastel de fresas feliz y olvidándose por completo de su gripe. Hablo con Mirajane contándole todo lo que había pasado, ambas se fueron a dormir felices, no sin antes ver el mensaje de buenas noches que le había enviado Jellal.

Por el contrario, con Jellal, no paraba de sonreír hasta llegar a su casa, se la paso toda la noche leyendo para no morir con los regaños de Ultear, pero todo valdría la pena, porque ahora se encontraba siendo parte de la vida de Erza.

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Erza termino su clase de yoga en un viernes por la noche. Se despidió de sus amigos y se fue directamente a casa, estaba agotada, con mucha hambre y quería llegar para darse una buena ducha.

— Estoy en casa. —Anuncio dejando sus cosas en el sofá. El olor a lasaña la hizo ir directamente a la cocina.

Jellal se encontraba ahí, haciendo la cena, ya era muy común verlo los viernes cuando ella llegaba, él había dejado de ir casi todos los días, más que nada porque desde hace meses a estado en un caso muy difícil y sale muy tarde de la oficina, también porque empezó a dedicarle más horas a la cocina ya que le gustaba cocinar para Erza que estaba encantada en comer cualquier cosa que le preparase. Incluso empezó a tomar un curso de pastelería y repostería para hacer feliz a su pelirroja con lo dulce.

— Hola tú. —Le dijo Jellal cuando sintió los brazos de ella rodeándolo por detrás y su cabeza apoyada en su espalda.

— Te extrañe —Le dijo— Elfman se enojo porque solo me impartió clases a mí, estaba pensando en ya no ir los viernes y mejor ayudarte hacer la cena.

Jellal tocio.

— Estem, ¿Qué? pero tu amas ir al gimnasio.

— Pero te amo más a ti.

—Pero tu rutina perfecta.

Erza puso los ojos en blanco y se separo de él.

— Bien, ya se que amas más a mi cocina que a mí, tranquilo no quemare ni romperé nada. —Cruzo sus brazos enfurruñada.

Jellal se rio mientras la atrajo hacia él. Se miraron a los ojos.

— Hola tú —Le dijo de nuevo él y besando la punta de la nariz de la pelirroja— A la otra te acompañare para que Elfman nos odie a los dos.

Erza se abrazo a él, pensando que no podía ser más perfecto su hombre.

— Ven.

Erza lo condujo a la sala, sentándose y dando palmaditas en sus piernas para que él se acostara, él frunció el ceño.

— Acuéstate poniendo tu cabeza en mis piernas, te quiero hacer piojito. —Le hizo caso— ¿Sabes? Cuando no nos hablábamos siempre quise hacer esto.

— ¿Así? ¿Y porque no me lo pediste?

— Si bueno, no te conocía, solo te acosaba.

— Igual que yo. —Se sonrieron. Ella acaricio el cabello de su novio de ya de diez meses. Era muy suave y ya lo tenía un poco más largo que cuando empezaron a salir.

Jellal ya no iba diario al gimnasio, pero lo veía más fuera de. Conoció a sus mejores amigas y él a los suyos, todos muy escandalosos y les encanta ir de fiesta juntos, entre semana pasan unas horas juntos o a veces no se ven por el trabajo, los viernes siempre esta en su casa esperándola con una cena y un pastel, los sábados Jellal trabaja desde el cuarto de Erza mientras que ella lee sus novelas eróticas aunque la mayoría de las veces prefiere mejor ponerlas en practica con su novio, en la noche ven una película mientras Erza es la encargada de la cena —siempre comprada— y Jellal de escoger la película, se dormían abrazados y el domingo salían a hacer ejercicio, road trip o cualquier cosa fuera de casa. Cada día amándolo más y todas esas pequeñas cosas que hacen juntos.

— ¿Por qué no te vienes a vivir aquí? —Soltó ella, mordiéndose el labio. Él tenía los ojos cerrados, por un momento creyó que se había quedado dormido por las caricias que le hacía a su cabello.

Luego los abrió viéndola directamente a los ojos. Suspiro y se incorporo igual que ella.

— Bueno… no es que sea anticuado ni nada.

— Si fueras anticuado no me hubieras cogido sin ser novios.

Jellal se puso rojo haciendo que su novia soltara una carcajada, siempre amaría ponerlo nervioso porque ella era la que siempre estaba roja por culpa de él.

— Erza… —Ella paro de reír al ver lo serio que estaba— Quiero que seas mi esposa antes de empezar a vivir juntos.

Eso la dejo sin habla, solo unos cuantos sonidos queriendo ser palabras salían de su boca.

— Aunque claro… —Hizo pose pensativa— No me puedo quedar atrás con alguien como tú.

— ¿A que te refieres? —Pregunto confusa.

— Que… me encantaría pedirte que seas mi esposa de una forma especial, pero para eso tendría que ser una mente maestra como tú para poder crear un plan perfecto lleno de drama, mentiras y con un final feliz diciéndome "si acepto" mientras yo estoy arrodillado con el anillo en manos.

Erza puso los ojos en blanco.

— Podrías pedirme cualquier locura, si se trata de estar junto a ti, mi respuesta siempre será si acepto Jellal Fernandes.

— Entonces…

Vio como se levantaba y se paraba en frente de ella, se le hizo extraño pero su corazón se acelero cuando se arrodillo.

— Se mi esposa Erza Scarlet. —Y saco del bolsillo de su pantalón una pequeña caja de terciopelo color negro, al abrirla pudo ver el anillo.

Erza se arrodillo junto a él mientras lo besaba, en los labios, en las mejillas y en la punta de la nariz, estaba tan nerviosa que no se dio cuenta que ella misma se puso el anillo. Él se rio y le ayudo ya que sus manos temblaban.

— Siempre queriendo ser la primera en hacer las cosas —Dijo burlón recordando su primer beso— Aunque aún no me has dicho que si señorita.

— Sabes que siempre será que sí. —Le sonrió.

Se abalanzo sobre él y cayeron al suelo besándose y soltando una risa al darse cuenta de lo locos y enamorados que estaban ambos. Erza se separó de golpe observándose a si misma y lo que llevaba puesto.

— Dios Jellal, cuando contemos esto tienes que decir que estaba con un hermoso vestido y bien arreglada no con la ropa deportiva, apestosa y sudorosa.

Jellal se rio llevándose las manos a la cara.

— Sabes que diré la verdad, como tu dices… soy malo mintiendo.

Ella lo miro fingiendo enfado, luego soltó un bufido sonriendo al anillo que tenía y luego a él. Erza Scarlet estaba completamente segura que cualquier plan que hubiera ideado para estar con el hombre que muy pronto iba hacer su esposo hubiera funcionado de cualquier forma, porque ambos estaban destinados a estar juntos como un hilo rojo que los unía y porque las cosas buenas cuando tienen que pasar, simplemente pasan.


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Lo cierto es que, no podía parar de escribir. En algún momento llegue a pensar, ¿realmente a alguien le va a gustar esto? Es decir, yo lo estaba escribiendo con mucho amor y me divertía en hacerlo, no se, quizá porque a pasado mucho tiempo que no publico nada más sin embargo podría haber seguido escribiendo simplemente como se aman estos dos. Bueno... ¿Qué decir? la inspiración llego cuando estaba entrenando XD es obvio la verdad.

Me encanta Crime Sorciere así que lo tenía que poner de alguna forma en la historia y como no amar a Ultear y Meredy, son mi top por dios. Amo que Erza solo vea a Jellal de esa forma por una entrevista de Hiro Mashima o un comentario de Twitter entonces no pude desperdiciar esa oportunidad y ponerlo. También me encanta que Jellal sea la excepción de Erza en todo, NO SE, ME FASCINAN, y como no amarlo más sabiendo que sabe cocinar (?) Lo siento tenía que ponerlo así, se me hace re hermoso Jellal cocinando ;-;

Espero que les haya gustado tan siquieraaaaaaa un poquito, lo siento por lo largo, si trataba de detenerme D;

¡Un saludo y le mando un abarzo de oso :D!