El servicio de señoras está vacío cuando entro, y el único sonido que puedo oír es la suave melodía que suena a través de los altavoces. Aprovechando que no hay nadie, paso a un cubículo y cierro la puerta.

Como siempre, el restaurante muy amablemente surte el baño con toallas mullidas, así que me seco las manos con una antes de recorrer mis dedos por mi melena azulada en un intento de peinarme un poco. Cuando estoy contenta con el resultado, cojo mi bolso y salgo.

Mientras camino a través de la puerta en dirección a mi mesa, no veo a la persona frente a mí, así que me estampo contra ella, perdiendo el equilibrio sobre mis tacones. Abro los ojos como platos al darme cuenta de que voy directa al suelo, así que me preparo para el impacto cuando de repente un fuerte tirón a mi cintura evita el desastre. La fuerza causa que el aire se me salga de los pulmones con un fuerte sonido mientras la persona me coloca recta otra vez sobre el suelo. Mi corazón palpita salvajemente dentro de mi pecho por el casi accidente. Eso ha estado cerca.

Mientras me coloco el bolso de nuevo, miro a un lado para ver a la persona que me ha salvado de tal encuentro con el mármol, pero se me cae el semblante cuando me doy cuenta de que es Ranma. Gruño internamente. ¡De todas las personas que podrían haber pasado por aquí!

Ahora que le tengo de pie delante de mi, me doy cuenta de cuánto ha crecido durante el pasado año. Debe medir casi metro noventa. Frunce el ceño y me mira de tal manera que sus ojos parecen estar cavando un agujero en mi. Chasquea la lengua impaciente, quizás esperando a que le agradezca por haber parado mi caída.

Desafiante, considero irme como si nada, sin decir ni una palabra, pero mis modales pronto se interponen. ''Gracias por haberme atrapado,'' murmuro.

''Bueno, si miraras por donde vas, no tendría que haberlo hecho.''

Menudo imbécil.

''¿Qué haces ahí parado? El servicio de hombres está por ese otro lado. No es la primera vez que vienes así que lo sabes bien,'' digo cabreada, rodeando mi cintura con mis brazos y sintiendo el conocido terciopelo de mi vestido.

Ranma respira hondo un par de veces. Parece que le está costando decir lo que sea que quiere decir. ''Lo sé. En realidad he venido a esperarte para poder hablar contigo sin que escuchen nuestros padres.''

''Oh.''

¿De qué quiere hablarme? Por desgracia una parte de mi tiene curiosidad de qué podría ser. Le miro, esperando a que continúe pero se mantiene callado. Cansada de que vaya al grano suspiro. ''Bueno, ¿me lo vas a decir o qué?''

''Una tregua.''

''¿Una tregua?'' Pregunto, jugando con el asa de mi bolso. ¿Qué demonios significa eso?

''Sí. Con los dos en Osaka estamos condenados a toparnos con el otro allí. Así que he pensado que sería más fácil si intentáramos poner nuestras diferencias atrás.''

''¿Está tu padre detrás de esto?'' Le pregunto acusadora. No me creo que Ranma me venga con esto por su propio pie.

Se encoge de hombros. ''Él puede haberlo sugerido, pero tiene razón. No es que podamos exactamente huir del otro. Con nuestras familias siendo cercanas y nosotros en la misma universidad, quizás podamos hacer el esfuerzo.''

Mis cejas se elevan casi hasta el techo. ''¿Acaso no hemos demostrado que somos incapaces de hacer eso? Incluso con un año separados, aún acabamos peleando cuando estamos juntos en la misma habitación,'' le digo con un suspiro exasperado.

''Lo sé, ¿pero quizás podemos igualmente probar? Hará nuestro tiempo en la universidad más fácil.''

Todo esto no suela tentados para nada. No quiero ir a la universidad y tener que pretender ser amable con él. Espero evitarle a toda costa y tener mi propia experiencia universitaria, sin Ranma. ''¿No crees que es mejor simplemente mantener las distancias en Osaka?''

Él frunce el ceño. ''Entonces, ¿ni siquiera quieres probar?''

Muevo la cabeza. ''Realmente no. No creo que fuera a funcionar, igualmente.''

Además, no quiero una tregua con alguien que va a su bola y puede meterme un gol o dejarme en ridículo.

En un segundo, la cara de Ranma se endurece y su cuerpo se tensa. ''Si esa es la manera en la que vas a actuar, entonces no sé para qué lo intento. Siempre eres una cabezota.''

''Por lo menos no soy una gilipollas,'' respondo cabreada.

Cansada de esta conversación, me coloco el asa de mi bolso sobre el hombro y trato de dar un paso para rodear a Ranma y volver al restaurante, pero tan rápido como la luz, me coge del brazo y me estampa contra la dura pared. ''Aún no hemos acabado,'' gruñe en mi oído a la vez que planta su mano en el muro al lado de mi cabeza.

Me estremezco por el sonido de su mano golpeando la pared. ''Ranma, déjame salir,'' replico mientras intento liberar mi brazo.

Soy plenamente consciente de su cuerpo presionando con fuerza contra el mío, y trago duro mientras mi pulso se acelera por su proximidad.

La presión en mi brazo empieza a doler pero él me agarra aún más fuerte, y dejo escapar un leve gruñido como protesta. Sus ojos caen a mi boca, y antes de que tenga tiempo de moverme, estampa sus labios contra los míos.

Me mantengo congelada en shock mientras siendo cómo sus labios se mueven de forma ruda contra los míos. Noto cómo muerte mi labio inferior con sus dientes, sacándome del shock. Consigo menear mi mano derecha y la libero de su agarre, la echo atrás y le abofeteo en la cara.

Ranma da un paso atrás inmediatamente, tocándose la mejilla. ''¿Qué coño, Akane?''

''¡Qué demonios pasa contigo!'' Grito, sobándome el brazo dolorido. ''No puedes manejarme así como te de la gana, y luego besarme. ¡En serio tienes un problema, Ranma!''

Sus ojos se abren como platos como si comprendiera lo que acababa de hacer. Intenta dar un paso en mi dirección, y yo otro más cerca de la pared. ''¡No se te ocurra acercarte a mi, Ranma!''

Eso lo congela en su sitio y sus ojos van a mis brazos, donde aún intento que se vaya el dolor. Estoy tan furiosa con él. No puedo ni siquiera mirarle. ''Estoy harta de esto. ¿Ves a lo que me refiero? ¡Cómo esperas una maldita tregua cuando actúas como un imbécil todo el tiempo!''

Ranma trata de hablar, pero levanto mi mano para silenciarle. ''Simplemente vamos a volver a la mesa antes de que nuestros padres vengan,'' declaro.

Antes de que pueda decir nada, paso con rapidez por su lado oyendo el eco de mis tacones.

Con esfuerzo, empujo la puerta que conecta con el restaurante y me dirijo a la mesa para estar en presencia de mi padre. Gracias a Dios, esta noche está por acabar, porque estoy más que harta de toda esta situación.