Disfruten de la nueva adaptación!
Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
5
Sasuke.
Me he equivocado con Sakura.
Cada vez que la presiono, que la pongo a prueba, que compruebo si he dado con aquello que hará que salga corriendo a su casa en la zona alta de la ciudad, ella lo aguanta. Pero la cosa no acaba ahí. Creo que pasar tiempo juntos la provoca tanto como a mí. Cada vez que se le curvan los labios y se transforma en la encarnación humana de un rayo de sol, veo que las cosas se van a poner interesantes. Y ¿ahora qué? No tengo palabras para describir cómo me siento ahora, no con ella desnuda en mi casa, con esa piel morena que se ruboriza de deseo ante mi tacto. Deslizo la mano por su estómago, y odio a su madre y a todos los habitantes de la zona alta de la ciudad por crear unas circunstancias en que esta chica se ha concentrado tanto en sobrevivir y en poder escapar que ha ignorado las necesidades de su cuerpo. Está muy delgada. No es que su cuerpo sea frágil, la verdad, pero ella misma casi ha admitido que no se preocupa por su salud como debería.
—Sasuke —Sakura presiona su cuerpo contra el mío, apoya la cabeza sobre mi hombro, y me ofrece todo su cuerpo al completo— Por favor.
Lo dice como si ahora yo pudiera parar aunque quisiera hacerlo. Estamos juntos en este camino rumbo al Inframundo, y hace tiempo que abandonamos la posibilidad de dar marcha atrás. Le rodeo el sexo con la mano, y no puedo evitar soltar un gruñido al descubrir que está lubricada y llena de deseo.
—Te gustan estos jueguecitos. Te gusta estar expuesta.
—Ya te he dicho que sí —contesta asintiendo.
Me concentro en moverme despacio, porque la alternativa es echarme encima de ella como una criatura hambrienta y romper la frágil confianza que he creado. Sakura es suave, está húmeda y muy excitada. Le meto dos dedos y ella deja escapar el gemido más delicioso que he oído y se estrecha alrededor de ellos. La exploro despacio, mientras busco el punto que hará que se derrita al instante, pero no me satisface. Necesito verla. Ver todo su cuerpo.
Pronto.
Bajo la mano que tengo libre y la engancho por el muslo; lo levanto y le abro las piernas para facilitarme el acceso. La expongo ante un público inexistente. Siempre me ha gustado hacerlo delante de la gente, y me es imposible negar las ansias con las que espero poder tomarla delante de una habitación abarrotada de personas. La respuesta que me está dando esta noche me hace saber que lo disfrutará tantísimo como yo.
Le acaricio el clítoris con el pulgar, experimentando hasta que encuentro el movimiento correcto que le tensa todo el cuerpo. Inclino la cabeza hacia delante hasta que le rozo la oreja con los labios.
—Mañana por la noche este cuarto estará lleno de gente. Todo el mundo se presentará para poder ver tu precioso coño, para escuchar lo dulce que vas a gemir cuando haga que te corras.
—Madre mía.
—¿Vas a darles un buen espectáculo, Sakura?
No puedo evitar recorrerle el cuello con los labios. Es como si mi cerebro por fin hubiese asimilado el hecho de que puedo tocarla cuando quiera, de que está retorciéndose a las puertas del orgasmo, de que ansía más... Esta mujer es mía, aunque solo sea durante un par de meses. Resulta excitante saberlo.
—Sasuke, por favor.
Me detengo, y ella intenta mover las caderas para seguir follándome los dedos. Y sus actos hacen que se gane un mordisco en el hombro.
—Por favor ¿qué? Sé concreta.
—Haz que me corra. —Respira de manera entrecortada— Bésame. Fóllame. Pero no pares.
—No pienso parar.
Las palabras emergen de mi interior en forma de gruñido, pero no me importa. Le doy un beso y sigo con mi cometido de hacerla llegar al orgasmo. Todavía sabe a verano. Me entran ganas de cobijarla y mantenerla a salvo. Me entran ganas de follarla hasta que se caigan todas sus máscaras y empiece a gritar al correrse encima de mí.
Lo deseo.
Por mucho que intente prolongar este momento, ambos estamos a punto de explotar. Con la base de la mano le presiono el clítoris, y le proporciono ese poquito más de fricción. Sakura gime, entrecortada y gravemente, y daría lo que fuera por oírla gemir de ese modo una vez más. Por saber que soy yo el causante de su placer.
—Déjate ir, yo te sujeto.
Vuelvo mi atención a su cuello, y la beso mientras ella se retuerce contra mí. Empieza a respirar en forma de jadeos ásperos y, entonces, se sume en el placer y me envuelve los dedos con su sexo al tiempo que sucumbe al orgasmo.
Suavizo mis caricias, y la devuelvo a la tierra mientras alzo la cabeza. Sakura se estremece entre mis brazos; se reclina sobre mí y deja que cargue con todo su peso de una manera que expresa una confianza que no me merezco. Le suelto la pierna para que vuelva a apoyarla sobre el suelo, pero me resulta imposible no besarle el cuello una última vez. Ni siquiera nos hemos acostado todavía y ya anhelo sentirla entre mis brazos, sentir el sabor de su lengua con un deseo que raya en el delirio.
Debo cerrar los ojos durante más de un par de segundos para contener el impulso de posarla sobre la tarima y penetrarla aquí mismo. Los motivos por los que no debería ceder me resultan tan endebles como una telaraña, algo que sería fácil destrozar sin pensarlo dos veces.
Todavía no.
He de esforzarme muchísimo para reprimirme, para refugiarme tras la máscara que, por lo general, me resulta más natural que mi propia personalidad. Me alejo de Sakura, aunque mantengo una mano sobre la cadera por si se tambalea.
Pero no ocurre. Claro.
Hago caso omiso de la mirada inquisitiva de su rostro mientras se vuelve para quedarse frente a mí. Apenas puedo observarla por miedo a que la necesidad que me recorre todo el cuerpo tome el control, así que recojo el vestido que le había quitado momentos antes y se lo paso por la cabeza. Sakura suelta un taco que se amortigua por la tela del vestido, pero consigue colocar los brazos donde toca y tirar de la prenda hasta que le cubre todo el cuerpo. Ya era toda una incitación antes de que supiera lo que escondía debajo. Ahora he de concentrarme para no distraerme. Sería sumamente sencillo abalanzarme sobre esta mujer y pasar el resto de la noche descubriendo qué puedo hacer para arrancarle esos exquisitos gemidos de los labios. Para memorizar su sabor y su tacto hasta que mi cuerpo se quede grabado en su piel… Imposible. Si le doy la mano, Sakura me cogerá el brazo. Puede que no la conozca mucho, pero de eso no me cabe ni la menor de las dudas. Esta mujer no es una adorable princesa en apuros encerrada en un torreón. Es un maldito tiburón, e intentará intercambiar su papel de sumisa con el mío en cuanto se le presente media oportunidad. Mi reputación, mi poder, mi capacidad de proteger a los habitantes de la zona baja de la ciudad, todo ello depende de que yo sea el peor de los cabrones hijos de puta a este lado del río Estigia. Esa reputación es la razón por la que no tengo las manos manchadas de sangre; todo el mundo está demasiado asustado para ponerme a prueba. Si de pronto una famosilla de la zona alta me pone la correa y empieza a manipularme, todo por lo que llevo la vida luchando estará en peligro.
Y no puedo permitirlo.
La cojo en volandas. Para tener una personalidad tan grande, apenas pesa cuando la llevo así por la casa. Y ese pensamiento saca a la superficie un instinto protector que creía inexistente en mí. Con cada paso que doy hacia la puerta, más sencillo me resulta ignorar lo mucho que mi cuerpo exige el suyo. Tengo un plan y debo ceñirme a él. Y se acabó.
Sakura apoya la cabeza contra mi hombro y me mira desde abajo.
—¿Sasuke?
Noto la trampa, pero no podría pasar de esta chica aunque quisiera.
—Dime.
—Sé que esta es la idea que tienes en mente para esta noche y para la de mañana.
—Ajá.
Abro la puerta y me detengo un momento para asegurarme de que se queda bien cerrada cuando la atravesamos. Después, recorro el pasillo hacia las escaleras. En cinco minutos habremos vuelto a su cuarto y podré poner un poco de distancia entre nosotros.
Sakura desliza la mano por mi pecho y me envuelve el cuello con ella, con delicadeza.
—Iba en serio cuando te he dicho que quería acostarme contigo.
A punto estoy de tropezarme. A puntito. Y debo hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para no mirarla. Si cedo, nos pondremos a hacerlo en mitad del pasillo.
—Ah, ¿sí?
—Sí. —Me acaricia la zona delicada de la nuca— Ese orgasmo ha estado bien, muy bien, la verdad, pero ¿no crees que primero deberíamos hacer una prueba antes de que me folles delante de una habitación llena de gente?
Será lista... Sabe perfectamente lo que está haciendo. Llego a las escaleras y me concentro en caminar rápido, pero no lo suficiente como para que piense que estoy corriendo.
Sakura sigue con esas leves caricias que me están poniendo de los nervios.
—Imagino que eso debes planteártelo tú. Pareces un hombre al que le gustan los planes, y eso lo respeto —Se acurruca un poco más contra mi pecho y me restriega una de las mejillas— ¿Y si llegamos a una solución intermedia? ¿Por qué no te aseguras por ti mismo de que de verdad soy tan buena como te he dicho y, después, te como la polla?
No respondo hasta que llego a su habitación y ambos entramos en ella. Entonces la coloco sobre la cama y enredo los dedos en su sedosa melena. La forma en la que separa los labios cuando le cojo el pelo me obliga a contener un gruñido más.
—Sakura... —Doy un pequeño tirón de pelo— Me he percatado de que estás acostumbrada a salirte con la tuya.
Me observa como si esperara que fuera a sacármela y a follarle la boca hasta que ambos nos corriéramos. Arquea un poco la espalda.
—Solo en ciertos contextos.
—Mmm.
Un último tirón de pelo y me obligo a dejar de tocarla. No puedo perder el control ahora, o jamás lo recuperaré. Si fuese un hombre más, un hombre corriente, no vacilaría y aceptaría todo lo que me está ofreciendo. Pero no soy un hombre normal. Soy Sasuke.
—Tengo una palabra a la que deberías acostumbrarte.
—¿Qué palabra? —pregunta frunciendo el ceño.
—No.
He de esforzarme más de lo que estoy dispuesto a admitir para darle la espalda a una Sakura despeinada sentada sobre la cama y entrar en el baño. La distancia no me sirve de ayuda. Tengo a esa mujer metida en las venas. Hurgo en el armario que hay debajo del lavabo en busca del botiquín. Hay uno en cada baño de la casa. En teoría no estoy en guerra con nadie, pero hay veces en las que, por mis negocios, mis hombres deben lidiar con heridas inesperadas. Heridas de bala, por ejemplo.
Cuando regreso al dormitorio, una parte de mí espera encontrar a una Sakura lista para ejecutar su siguiente seducción, pero la chica está sentada sobre la cama en una pose remilgada, justo donde la dejé. Hasta ha conseguido peinarse un poco, aunque el rubor que colorea su piel la delata. Deseo, ira, o una mezcla de ambos.
Planto una rodilla en el suelo, junto a la cama, y la miro.
—Compórtate.
—Sí, señor —Pronuncia esas dos palabras con un tono tan meloso y envenenado que me habría dejado de piedra si no me lo esperase ya.
Nunca antes se había quedado una de mis personas sumisas en casa. Prefiero limitar esta clase de cosas al cuarto de juegos y a escenas individuales, aunque sea con parejas ya conocidas. La única norma que hay es que todo se detiene en cuanto se acaba la escena. Esto es totalmente diferente, y no estoy preparado para los sentimientos encontrados que me aprisionan el pecho mientras quito las vendas que envuelven los pies de Sakura y los examino. Se están curando bien, pero todavía tienen mala pinta. Esa carrera por la zona alta de la ciudad ha estado a punto de mutilárselos. Y eso sin mencionar que cuando llegó hasta mí le faltaba poquísimo para sufrir una hipotermia. Si se hubiese quedado un poco más a la intemperie esa noche, quizá los daños que hubiese sufrido serían irreparables.
Podría haberse muerto, joder.
Confiaría en que, si se hubiese dado el caso, los hombres de Madara habrían intervenido, pero no albergo ni la más mínima esperanza en nada que tenga que ver con ese hombre. Sería tan probable que la dejara correr hasta morir de agotamiento para castigarla por haber huido de él como lo sería verlo hacer una entrada triunfal y llevársela a rastras a la zona alta de la ciudad.
—¿Por qué no pediste un taxi al salir de la fiesta? —No tenía pensado hacer esa pregunta, pero aun así aterriza en el silencio que se ha creado entre nosotros.
—Quería pensar, y pienso mejor mientras camino —Se remueve un poco cuando le echo crema en la herida que peor pinta tiene— Tenía muchas cosas que pensar después de lo de anoche.
—Menuda bobada.
—No es una bobada —me dice, y se pone tensa— Cuando me di cuenta de que me estaban persiguiendo ya me estaban guiando hacia el río, y entonces... —Sakura levanta una mano y la deja caer— No podía volver. No pienso volver.
Debería dejar el tema ahí, pero al parecer no puedo mantener el pico cerrado cerca de esta mujer.
—Hacerte daño cuando alguien te lleva la contraria le importa una mierda a esa persona. En todo caso, es lo que quiere. Tratas tu cuerpo como si fuese el enemigo; y eso te convierte en una persona demasiado débil para luchar.
Sakura resuella.
—Lo dices como si me estuviese autolesionando o algo. Sí, a veces pongo las necesidades de mi cuerpo en un segundo plano por el estrés o por tener que lidiar con todas las mierdas que conlleva ser una de las hijas de Deméter, pero no lo hago para provocarme dolor.
Cuando compruebo que le he echado pomada en todos los cortes, empiezo el proceso de envolverle de nuevo los pies con las vendas.
—En esta vida solo tenemos un cuerpo, y se te da de puta pena cuidar del tuyo.
—Te estás tomando muy a pecho una heridilla de nada.
Puede que tenga razón, pero la forma en la que insiste en restarle importancia al peligro en el que estaba me saca de mis casillas. Su actitud implica que ya lo ha hecho antes, las veces suficientes como para que no valga la pena casi ni mencionarlo. Implica que volverá a hacerlo ante la más mínima oportunidad.
—Si no me puedo fiar de que cuides tu cuerpo, entonces tendré que hacerlo yo.
El silencio dura tantísimo tiempo que al final levanto la vista y me la encuentro mirándome con la boca abierta en una O perfecta. Un rato después, se sacude.
—Es un detalle, supongo, pero no será necesario. Puede que haya aceptado acostarme contigo (y de buena gana), pero no he aceptado que adoptes el papel del canguro más cascarrabias del mundo. ¿También se te ha ocurrido darme de comer con la cuchara y hacerme el avioncito? —Suelta una carcajada llena de alegría— No seas absurdo.
Su rechazo duele más de lo que debería. No porque esté intentando rechazarme a mí. No, siento un poco de fragilidad bajo su fingido entusiasmo. ¿Acaso alguien se ha preocupado por Sakura alguna vez en su vida? A mí eso no me incumbe. Debería levantarme, marcharme de la habitación y dejarla hasta que la necesite para las escenas en público. Hacer cualquier otra cosa sería buscarse una ruina de la que un hombre como yo quizá no podría recuperarse.
Sakura.
Cuando Sasuke dijo que su intención era cuidarme, no lo creí. ¿Por qué iba a hacerlo? Soy una mujer adulta y completamente capaz de cuidarme solita, sin importar lo que él quiera pensar. Si no fuera insistente como él solo, quizá hasta podría haber admitido lo peligrosa que fue la noche que nos conocimos para mi salud. No tenía pensado ignorar el frío y el dolor, pero, para cuando fui consciente de que suponían un problema, no me quedó otra que seguir adelante. Quizá hasta podría asegurarle que, aunque a veces se me olvide comer u otras nimiedades sin importancia, no tengo por costumbre hacerme daño a propósito. Pero Sasuke está siendo insistente y, sorprendentemente, por mucho que una parte de mí disfrute de ello, el resto de mi persona no puede evitar rechazarlo.
Se pone en pie con parsimonia, se cierne sobre mí y tenso el cuerpo con anticipación. A pesar de la irritante conversación, el orgasmo que he sentido antes... no tengo palabras. Ha reclamado mi placer como si le perteneciera y le ha llevado unos treinta segundos descifrar la forma de provocarme y hacer que me corra. Si puede hacer eso sin más ayuda que sus dedos, ¿qué podrá conseguir con el resto de su cuerpo? Quiero ser egoísta, tocarlo y saborearlo. Quiero meterme debajo de ese elegante traje negro y ver todo lo que tiene que ofrecer este hombre. No había anhelado a alguien con tal intensidad desde... ni siquiera me acuerdo. Quizá desde María, la mujer que conocí en un tugurio de mala muerte a las afueras del polígono de almacenes hace unos años. Me puso la vida patas arriba en el mejor sentido de la palabra y aún nos enviamos mensajes, aunque el tiempo que pasamos juntas no tenía otro objeto que ser un rollo… ¿Acaso estaré destinada a conectar con personas con las que solo pasaré poco tiempo?
La idea me deprime, así que la hago a un lado y alargo el brazo hacia Sasuke. Este me agarra la mano antes de que pueda tocarlo y sacude la cabeza con lentitud.
—Pareces tener la idea equivocada de que puedes alargar la mano y tomar todo aquello que quieras sin más.
—¿Y por qué no si es lo que ambos queremos?
Me suelta y da un paso atrás.
—Duerme un poco. Mañana tenemos mucho que hacer.
Hasta que no llega a la puerta, no me doy cuenta de que no es un farol.
—Sasuke, espera.
No se da la vuelta, pero sí que se detiene.
—¿Sí?
Si la humillación derritiera, yo sería un charco de blandiblú en el suelo. El orgullo me dice que lo deje salir de la habitación y que maldiga su nombre hasta que consiga dormirme. No se me da tan bien como a Ino o a TenTen guardar rencor, pero tampoco me quedo atrás. Por instinto, sé exactamente lo que quiere de mí y lo odio. Sí, sin duda lo odio.
Me humedezco los labios e intento sonar indiferente.
—Me has prometido un segundo orgasmo si me comportaba.
—¿De verdad crees que te has comportado, Sakura?
Cada vez que pronuncia mi nombre es como si me pasara esas manos ásperas por la piel desnuda. No debería gustarme tanto cómo lo hace. Desde luego, no debería desear que lo volviera a hacer una y otra y otra y otra vez. Todavía no me ha mirado. Levanto la barbilla.
—Ya sabes, soy lo bastante hedonista para funcionar a cambio de orgasmos. Supongo que podría prometerte que me portaré bien mañana si esta noche vale la pena.
Se ríe.
El sonido es un tanto hosco, casi oxidado, pero al reírse se da la vuelta para apoyarse contra la puerta. Al menos aún no se va a marchar. Se mete las manos en los bolsillos, un movimiento que debería ser totalmente normal, pero hace que tenga que esforzarme por no apretar los muslos. Al final, dice:
—Estás haciendo promesas que no tienes intención de cumplir.
Le lanzo una mirada inocente.
—No tengo ni idea de qué estás hablando.
—Pequeña Sakura, eres una malcriada —Vuelve a soltar una risilla oxidada— ¿Lo saben los idiotas de la zona alta?
Quiero contraatacar con un comentario ocurrente, pero por alguna razón la pregunta me hace vacilar.
—No —Me sorprendo contestando con sinceridad— Ven lo que quieren ver.
—Ven lo que tú quieres que vean.
Me encojo de hombros.
—Supongo que tienes razón.
No sé qué tiene este hombre que me tienta a prescindir del personaje risueño (o de convertirlo en un arma), pero no me puedo quitar a Sasuke de la cabeza. Si las circunstancias fueran distintas, estaría impresionada. Está empeñado en verme, mientras que yo estoy igualmente obcecada en que no me vean. No de esa manera. La vulnerabilidad invita a que te desgarren y te hagan añicos, cachito a cachito. Lo aprendí por las malas el primer año que mi madre tomó las riendas como Deméter. Las únicas personas en las que puedo confiar son mis hermanas. El resto o bien quiere algo de mí o bien quiere usarme para sus propias prioridades. Es agotador y es más sencillo no concederles ni un pellizco de mi persona.
Parece que esa no es una opción con Sasuke.
Me observa como si pudiera sacar los pensamientos directamente de mi cabeza como si fueran caramelo caliente.
—No espero la perfección.
Eso hace que yo suelte mi propia risa amarga.
—Casi me engañas. Quieres que te obedezcan sin rechistar.
—La verdad es que no —Ahora le toca a él encogerse de hombros— A este juego se puede jugar de muchas formas distintas. En un encuentro único, la mayor parte de las cosas se negocian previamente. Esta situación es infinitamente más complicada. Así que te lo volveré a preguntar: ¿qué quieres? Está claro que la perfección te irrita. ¿Quieres que te obligue a obedecerme? ¿Dejarte a tu aire y castigarte cuando te pases de la raya? —Sus ojos oscuros son un infierno que espera a consumirme en sus llamas— ¿Qué es lo que más te pondría, Sakura?
La respiración se me entrecorta en el pecho.
—Quiero portarme mal.
No tenía pensado decirlo. De verdad que no. Pero que Sasuke me dé carta blanca con mis necesidades es más embriagador que cualquier alcohol que haya probado. Me está ofreciendo una asociación de lo más extraña, una que no sabía siquiera que deseara. Podría dominarme. Yo podría someterme. Pero el equilibrio de poder es sorprendentemente recíproco.
No sabía que pudiera ser así.
—Pues ahí lo tienes —dice como si hubiera revelado algo profundo con esas cuatro palabrillas de nada. Sasuke vuelve a acercarse a la cama y, si antes su actitud dominante era casual, ahora es abrumadora. Yo retrocedo hasta el colchón, incapaz de quitarle los ojos de encima. Chasquea los dedos— El vestido. Fuera.
Muevo las manos al dobladillo antes de que mi cerebro se dé cuenta.
—¿Y si no quiero?
—Entonces me marcho —Vuelve a arquear esa condenada ceja— Por supuesto, es decisión tuya, pero ambos sabemos lo que quieres en realidad. Quítate el vestido. Después túmbate y abre las piernas.
Me tiene acorralada y no puedo ni fingir lo contrario. Le lanzo una mirada asesina, pero no debe de parecer muy convincente, pues la anticipación me lame la piel. No quiero perder el tiempo tomándole el pelo; me arranco el vestido y lo lanzo a un lado.
Sasuke sigue el movimiento de la tela mientras irradia desaprobación.
—A la próxima lo doblas o voy a hacer que recorras la habitación a gatas como castigo.
Sorpresa. Furia. Deseo puro.
Me reclino apoyada sobre los codos y lo miro desafiante.
—Inténtalo.
—Pequeña Sakura —Sacude la cabeza con lentitud mientras yo me abro de piernas— Todavía no sabes lo que te excita, ¿a que no? No pasa nada. Yo te lo mostraré.
Debería dejarlo estar. De verdad que sí. Pero, por alguna razón, no puedo fingir ser una mosquita muerta en presencia de Sasuke.
—Venga ya. Sé lo que me gusta.
—Demuéstralo.
Parpadeo.
—¿Perdona?
Señala la mano como si nada, como si no estuviera devorándome con la mirada.
—Muéstramelo. ¿Tan desesperada estás por tener un orgasmo? Pues hazlo tú misma.
Ahora mi mirada asesina no va en broma.
—Eso no es lo que quiero.
—Sí, sí que lo es.
Se sube a la cama para colocarse de rodillas entre mis muslos abiertos. No me toca, pero noto como si hubiera tatuado que soy de su propiedad en cada parte de mi cuerpo. El evidente deseo que siente por mí no hace más que azuzar mi anhelo.
Pienso hacerlo. Voy a colocar la mano entre mis muslos y acariciarme el clítoris hasta que me derrita delante de él. Con lo excitada que estoy ahora mismo, tampoco me llevará mucho tiempo. Y yo... quiero hacerlo, maldita sea. Aunque no puedo rendirme así sin más. No está en mis genes. Me humedezco los labios.
—Te propongo un trato.
Otra vez alza la ceja, pero se limita a decir:
—Te escucho.
—Me encantaría que... —No sé cómo decir esto sin morirme de la vergüenza, así que me lanzo a la piscina de lleno— Quiero que te corras cuando yo lo haga —Como sigue observándome, esperando, me obligo a continuar— Si voy a llegar al orgasmo por mi propia mano... Me encantaría que tú también lo hicieras.
Me contempla durante un instante infinito, como si esperara a que cambiara de idea. Podría asegurarle que no hay riesgo de que lo haga, cosa de la que parece percatarse unos segundos después.
Sasuke mueve las manos como si no pudiera resistirse, las coloca en mis muslos y me acaricia con suavidad.
—Puede que esta noche te salgas con la tuya, pero no te acostumbres.
Le concedo una sonrisa deslumbrante que hace que se le tense un músculo en la mejilla.
—Si me saliera con la mía de verdad, ya te tendría dentro.
—Mmmm —Niega con la cabeza— Eres incorregible.
—Qué formal.
No puedo resistirlo más. Bajo una mano serpenteante por mi estómago y me abro para él. Lo estoy alargando porque disfruto la forma en la que me aprieta los muslos con las manos, como si estuviera esforzándose al máximo para no tocarme más que eso. El control de este hombre lo tiene envuelto como cadenas. Me pregunto qué haría falta para romperlas. ¿Qué ocurrirá cuando por fin suceda?
Uso el dedo corazón para arrastrar hacia arriba mi humedad, hago círculos alrededor del clítoris y Sasuke suelta una risa ahogada.
—Qué traviesa.
—No sé de qué me estás hablando —A pesar de ir despacio a propósito, de ir poco a poco, el placer se arremolina en mi interior. Se me ocurre algo que roza la locura: quizá sea capaz de correrme solo con la intensidad de su mirada en mi cuerpo. Vuelvo a dibujar círculos alrededor de mi clítoris— Sasuke, por favor.
—Me gusta la manera en la que dices mi nombre —Me suelta, aparta los dedos de mis muslos de modo tan lento que está claro que no quiere dejar de tocarme. Yo tampoco quiero que pare, pero el resultado final merece este desvío temporal. Busca la parte delantera de sus pantalones. Aguanto la respiración mientras se la saca. Es... Joder. Es perfecta. Grande y gruesa, y mi cuerpo se tensa con la necesidad de tenerlo dentro de mí. Sasuke se la acaricia de forma ruda— No pares.
Me doy cuenta de que mis movimientos se habían ralentizado hasta pausarse, así que vuelvo a aumentar el ritmo. No puedo apartar los ojos de su pene mientras se masturba.
—Eres guapo.
Suelta una de sus risas roncas que ya estoy aprendiendo a desear.
—La lujuria te nubla la vista.
—Puede. Pero eso no lo hace menos cierto —Me muerdo el labio inferior— ¿Me tocas? ¿Por favor? —Cuando no responde al instante, insisto— Por favor, Sasuke. Por favor, señor.
Sasuke suelta un taco y me aparta la mano del clítoris.
—Le sientas de pena a mi autocontrol.
—Lo lamento —murmuro e intento parecer arrepentida.
—No, no es verdad. No te muevas o se acabó.
—No lo haré.
Bajo la vista a mi cuerpo mientras Sasuke cierra la mano alrededor de su pene y se inclina sobre mí para pasar el glande por mi clítoris. Es una sensación lasciva, como si no estuviera bien, pero no quiero que pare nunca. Por todos los dioses, ¿cómo es posible que esto sea más excitante que cualquier polvo que haya echado? ¿Se debe solo a él? No tengo la respuesta. Ahora no. Puede que no la tenga nunca.
Espera un instante y después vuelve a restregarse y dibuja círculos alrededor de mi clítoris igual que he hecho yo antes con los dedos. Aguanto la respiración, ojalá hiciese más. Es como si me leyera la mente, porque arrastra la polla hacia abajo para humedecerla con mi deseo. Provocativo. Esto es demasiado provocativo.
Tengo en la punta de la lengua la petición de que me folle en este mismo instante, pero me trago mis palabras. Sin importar lo delirante que sea este placer, sigo estando lo bastante lúcida para saber que lo he llevado al límite esta noche. Si intento conseguir más, es casi seguro que se echará atrás. Que detendrá ese movimiento decadente. Abajo, después arriba para rodear mi clítoris y de vuelta abajo.
Se tensa cuando presiona mi entrada, pero no tengo ocasión de lanzar mi prudencia por la borda antes de que hable:
—Las manos por encima de la cabeza.
No dudo ni un segundo. No pienso permitir que me deje a dos velas. A pesar de lo que él parece pensar, sí que soy capaz de ser obediente cuando tengo la motivación adecuada. La mirada que me lanza me dice que se ha percatado de lo rápido que he dejado de discutir ahora que estoy consiguiendo lo que quiero. Se mueve hacia delante para aprisionar mi cuerpo contra el colchón, su peso macizo me deja clavada en el sitio. Y después mueve las caderas y toda su erección roza de repente mi clítoris con cada lenta embestida.
Con mucho cuidado. Incluso ahora me trata con mucho cuidado, joder. Me aplasta, pero asegurándose de que su peso no me deja sin aliento en los pulmones. Podría decirle que es una causa perdida, pues el placer ya lo ha conseguido. Tengo que esforzarme en cada exhalación por quedarme quieta, por obedecer, por no hacer nada que pueda provocar que se detenga. Su ropa me frota la piel desnuda en movimientos lentos. En este preciso instante, daría mi pulmón derecho para que estuviera tan desnudo como yo.
Espero un beso en la boca, pero me besa la mandíbula hasta mordisquearme el lóbulo de la oreja.
—¿Ves lo bien que sienta obedecer, pequeña Sakura? —Otra larga caricia de su erección contra mi clítoris— Haz lo que te diga mañana y mi polla será tuya.
Tengo la mente hecha un lío, los pensamientos van en todas las direcciones.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
Aumenta el ritmo un poquito. Encojo los dedos de los pies y no puedo evitar arquearme contra su cuerpo. Sasuke engancha un brazo bajo mi muslo y hace que me abra de piernas incluso más. El mínimo cambio en sus movimientos y lo tendré dentro. Lo quiero desesperadamente, estoy en riesgo de ponerme a suplicar.
Mi cuerpo no me da la oportunidad. Me corro con fuerza, cada músculo de mi cuerpo se contrae. Sasuke sigue moviéndose, alarga el momento para después separarse y correrse en mi estómago. Miro hacia abajo hipnotizada al líquido que me marca la piel y siento el absurdo deseo de pasar los dedos por encima.
Mientras me estoy recuperando, Sasuke se arregla la ropa y se sienta sobre sus talones. La forma en la que me mira... Ni siquiera nos hemos acostado todavía y este hombre me está mirando como si quisiera que me quedara aquí. Debería bastar para que saliera corriendo, pero no consigo reunir la energía para que esto me preocupe. Tenemos un trato. No sé por qué estoy tan segura, pero sé de sobra que Sasuke no romperá su promesa. Al final de todo, se asegurará de que salga de Olimpo sana y salva.
—No te muevas —Se baja de la cama y se dirige al baño. Unos segundos después vuelve con una toalla húmeda. Alargo la mano para cogerla, pero él niega con la cabeza— Estate quieta.
Miro cómo me limpia. Debería molestarme... ¿no? No estoy segura, no cuando aún tengo el subidón del orgasmo. Sasuke deja a un lado la toalla y se apoya contra el cabecero.
—Ven aquí.
De nuevo, una parte de mí protesta y me dice que debería plantarme, pero ya me estoy moviendo hacia él y permitiendo que me coloque sobre su regazo. Aun así, no puedo quedarme callada.
—No me van mucho los arrumacos.
—Esto no va de arrumacos.
Me pasa una mano por la espalda y me guía la cabeza hacia su hombro. Espero, pero no parece motivado a seguir hablando. Se me escapa una risilla.
—Por favor, no te sientas obligado a darme más detalles. Yo me sentaré aquí en un agradable estado de confusión mientras dure esto.
—Para alguien de tu reputación, menuda lengua tienes.
Tampoco es que parezca que le moleste. No, si no me equivoco, le hace gracia.
Suspiro y me relajo contra él. Está claro que no va a soltarme hasta que dé por terminado lo que quiera que sea esta sesión de no arrumacos, y mantenerme en tensión durante todo el rato es demasiado agotador. Además... es bastante agradable estar aquí tumbada. Aunque sea un ratito.
—No sé por qué estás tan sorprendido. Ya has admitido que usas tu reputación como arma. ¿Tan extraño es pensar que yo pueda hacer lo mismo?
—¿Y por qué elegiste la alegría? Ninguna de tus hermanas tomó la misma decisión.
Al oír eso, me inclino un poco hacia atrás para poder arquearle las cejas.
—Sasuke... pareces saber mucho sobre nosotras. Serás asiduo de las webs de cotilleos.
No parece arrepentirse lo más mínimo.
—Te sorprendería la cantidad de información que se puede obtener de alguien si se lee entre líneas y tienes un poquito de información privilegiada.
No se lo puedo reprochar. Opino igual. Con una risilla, vuelvo a relajarme contra su cuerpo.
—Hinata no está interpretando ningún papel, al menos no del todo. Ella sí que es una soñadora inocente, así es como acabó con el imbécil ese como novio.
La risa de Sasuke le resuena por el pecho.
—No das tu visto bueno a Toneri.
—¿Acaso tú lo harías si estuviera en una relación con alguien que te importa? Se ha aferrado a ese aire de artista famélico como a un clavo ardiendo, sobre todo teniendo en cuenta que es un niño pijo con una herencia, como el resto de nosotros. Puede que piense que ahora mismo Hinata es su musa, pero ¿qué pasará cuando se aburra de ella y empiece a buscar inspiración fuera de su relación? Yo sé muy bien lo que va a pasar. Hinata se quedará hecha polvo. Puede que la destroce de verdad. Hemos tenido a nuestra hermana pequeña entre algodones, al menos dentro de lo que cabe para alguien que vive a un tiro de piedra de los Trece. La idea de que pueda perder su inocencia... Me duele. No se lo deseo.
—¿Y qué hay de tus otras hermanas?
Me encojo de hombros tanto como puedo.
—Ino prefiere pasar desapercibida. Nunca deja que nadie sepa qué está pensando y a veces parece que todo Olimpo la adora por eso mismo. Es algo así como una creadora de tendencias, pero hace que parezca sencillo, como si le saliera sin intentarlo siquiera —Aunque a veces atisbo un vacío en sus ojos cuando se cree que nadie la mira. Antes de que nuestra madre se convirtiera en Deméter, nunca la vi con esa expresión. Me aclaro la garganta— TenTen no interpreta ningún papel. Es tan temible como parece, tal cual. Odia a los Trece, odia Olimpo, odia a todo el mundo menos a nosotras. Me he preguntado una y otra vez por qué no se ha marchado. Es la única de nosotras que tiene acceso a la herencia y, en vez de usarla para conseguir una forma de escapar, no ha hecho más que hundirse cada vez más en su odio.
Sasuke enrolla lentamente un mechón de mi pelo en uno de sus dedos.
—¿Y tú?
—Alguien tiene que mantener el orden.
Ese era mi papel en nuestra pequeña familia incluso antes de que trepáramos a la cima social y política de Olimpo, así que me pareció natural seguir con ello. Yo limo asperezas, hago planes y consigo que el resto se apunte a ellos. No tenía pensado que fuera para siempre. Solo hasta que pudiera construirme un barco que me sacara de aquí.
Jamás habría anticipado que llevar la máscara de la hija dulce y obediente sería lo que de verdad me ataría aquí para siempre.
