Resumen: Después de los eventos de locura inducida por la Amortentia de Hermione, Severus ahora necesita saber: ¿cuál es el nombre del juego? ¿Esto significa algo para ella? ¿Y puede ella sentir lo que sea que es esto, de la forma en que él lo hace?

Nota de la autora: La esperada continuación de When I Kissed the Teacher.

Una semana. Solo había sido una maldita semana de supervisar sus detenciones nocturnas y de alguna manera en ese corto tiempo, había logrado hacer lo que nadie había sido capaz de hacer en los veinte años desde que él se había aislado del mundo. Sabía que era un caso imposible y, sin embargo, la señorita Granger, Hermione como se había convertido rápidamente en su mente, lo había hecho más abierto de corazón.

Era peligroso corresponder a sus afectos. Ella era una debilidad que no podía permitirse. Una vulnerabilidad no solo para su cuerpo y mente si Dumbledore o el Señor Oscuro se enteraban de ella, sino también para su corazón y alma. No estaba seguro de si después de los treinta y seis años de infierno que había vivido, había suficiente de cualquiera de las dos cosas, y mucho menos de ambas, para arriesgarse a entregarse libremente y enamorarse de ella. Una segunda oportunidad en el amor, una que incluso podría ser bienvenida y correspondida esta vez, podría destruirlo, haciéndolo inútil en la guerra que estaba llegando a su punto crítico. Aún así, Severus de alguna manera se encontró perdiendo lo que quedaba de él por la bruja de diecisiete años que lo había besado tan descaradamente frente a sus compañeros de clase, sus alumnos.

No era como si ella estuviera siquiera intentándolo. Simplemente estaba siendo ella misma, aunque un poco menos reservada en la forma en que lo miraba y le hablaba, ya que se había convertido en la comidilla de la escuela durante los años, si no es que generaciones, por venir. Al hacerlo, ella reclamaba más y más de él cada noche, obteniendo los restos indignos y andrajosos que él tenía para ofrecer y tratando cada pieza que coleccionaba como si fuera una joya invaluable. Era una magia que no había experimentado en todos sus años de voraz estudio y observación. Una faceta única para ella y solo para ella. Una que lo cautivó y lo curó mientras lo dejaba asustado e inseguro.

Incluso ahora, siete días después del incidente que lo había convertido en el blanco de varias bromas y risas disimuladas entre sus compañeros profesores- especialmente de aquellos que lo conocían desde que era estudiante y pudieron conectar los puntos de forma desafortunadamente lógica llegando a la conclusión de que Hermione había sido su primer beso- podía sentir el roce de su boca emocionada, tierna e igualmente inexperta junto a la suya. A menudo se encontraba persiguiendo la sensación desvaída pero aún presente y electrizante, sus dedos trazando las líneas en la comisura de sus labios. Era una acción que estaba seguro habría llamado aún más la atención si no fuera por su historial de hacer tal cosa cuando estaba sumido en sus pensamientos. Nadie sabía- posiblemente ni siquiera el objeto de su repentina y creciente adoración- que esos pensamientos ahora se centraban en una bruja increíblemente cautivadora, inteligente e incandescente que era demasiado pura de corazón e inocente de la verdadera profundidad de la crueldad en el mundo, para alguien que vivía en las sombras, demasiado destrozado como para si quiera mendigar los restos de amor que uno necesitaba para sobrevivir ya que nunca se le había dado en una cuchara de plata como al resto. Ella era demasiado para alguien como él.

Ella tenía una forma de hechizar sus sentidos, poseyendo cada uno de sus pensamientos, cautivando su atención a voluntad. Podía mirarla a la cara, a los ojos, y ver lo que ella podía enseñarle sobre el amor. Lo que tal vez incluso quería enseñarle al respecto. Ella había llegado a poseerlo con poco más que palabras amables, atención sin restricciones y acciones impetuosas que habrían resultado en la expulsión de su clase si hubiera sido cualquier otro estudiante. Aunque estaba asustado y vacilante, Severus sabía que así lo admitiera o no, se había enamorado de ella. Él le pertenecía a ella y solo a ella por el tiempo que ella quisiera tenerlo. Incluso si borraba lo poco que quedaba de él que Dumbledore y el Señor Oscuro no habían destruido o reclamado, él la amaba inequívocamente y sin fin.

Ella despertó su curiosidad y sus ganas de seguir creciendo. Ella lo hizo hablar con sorprendente franqueza. Le hizo sentir lo que pensó que había muerto hacía mucho tiempo y que nunca fue destinado a personas como él. Y ella le hizo revelar cosas que a menudo trabajaba incansablemente para ocultar a los demás con una facilidad y sin esfuerzo que ninguno de los hombres que presidieron su vida durante más tiempo del que ella había estado viva habían sido capaces de lograr sin el uso de la fuerza.

Todo lo que quedaba eran los pensamientos insidiosos y persistentes que le suplicaban que la interrogara. ¿Podía confiar en ella? ¿Ella lo decepcionaría? ¿Haría ella lo que otros habían hecho en su pasado y se reiría de él si le decía lo mucho que le importaba? ¿Sería posible que ella sintiera lo mismo que él? ¿O fue todo simplemente una fantasía pasajera de una joven bruja que carecía de opciones en sus compañeros? Peor aún, ¿era todo un ardid elaborado para avergonzarlo de una manera que nadie más había logrado? Un intento de destrozarlo de una manera que haría palidecer en comparación lo que hasta la fecha era su peor recuerdo.

De cualquier manera, quería desesperadamente saber el nombre del juego y cuál era su posición con ella. Entonces, sin importar el poco tiempo que había pasado, lo tonto que estaba a punto de ser y el riesgo para sí mismo, demostraría de una vez por todas que no era un cobarde y buscaría la verdad que necesitaba de ella.

"¿Profesor?" Hermione llamó desde su salón de clases. El sonido de su voz llegando a su oficina, arrancándole una sonrisa mientras se pasaba los dedos por última vez por los labios antes de levantarse para encontrarse con ella.

Bajando las escaleras, movió perezosamente los dedos hacia la puerta del salón de clases, cerrándola con un suave chasquido del pestillo.

De pie frente a ella, pero escondido de forma segura detrás de su escritorio de enseñanza, saludó: "Buenas noches, señorita Granger - Hermione".

Su curiosa inspección del salón de clases vacío se detuvo al escuchar su primer nombre, sus ojos se clavaron en los de él mientras sus labios se abrían suavemente en lo que solo pudo suponer que era sorpresa. Tragando de tal manera que él podía ver cómo se movían los músculos de su delicado cuello, en voz baja y con torpeza ella declaró lo obvio, diciendo: "No hay nadie más aquí".

Al notar que su boca se secó repentinamente cuando se presentó su hora de ser valiente, se atragantó con sus palabras antes de toser para aclararse la garganta, pero aun así se las arregló para titubear cuando respondió: "Sí, no tengo planes... es decir, nadie más a quien ver… Lo que quiero decir es que los otros han sido transferidos con Filch. La invitación de su detención es solo para usted".

"¿Así que solo somos nosotros?" Aclaró, bajando distraídamente su bolso sobre un escritorio.

"Aparentemente, sí".

Acercándose lentamente a su escritorio, se detuvo en el otro lado, mirando hacia arriba para encontrarse con sus ojos mientras él luchaba contra el instinto de protegerse ocluyéndo.

"¿A pesar de que asignó una multitud de detenciones hoy y ayer?"

Sin confiar en sí mismo para no vomitar las palabras que todavía estaba buscando, respondió secamente: "Sí".

Con los dientes hundidos en su labio inferior antes de curvarlos, una vez más demostró que había sido colocada correctamente en Gryffindor y dijo con valentía, sus palabras tímidas y recatadas: "Eso me emociona, profesor".

"Severus".

Concediéndole una sonrisa beatífica que la iluminaba desde el interior, bañándolo en su calidez inmaculada, probó su nombre en la lengua, acariciando cada sílaba.

Fortalecido por sus rasgos serenos y triunfantes, habló lentamente como si estuviera dando un sermón: "Usted ve a través de mí y me temo que me ha dado pocas opciones en el asunto en cuestión, pero significaría mucho para mí si pudiera decirme lo que está pasando. El nombre de lo que sea esto que has despertado en mí."

Sus dedos se arrastraron a lo largo del borde de su escritorio mientras lo rodeaba lentamente, recordándole a un depredador y haciéndolo muy consciente de lo ansioso que estaba por ser su presa. Deteniéndose a uno o dos pasos de él, confesó: "Me temo que es lo mismo que has despertado en mí, Severus", su nombre una vez más salió de sus labios y aceleró su corazón.

"¿Y eso es?" Susurró, influenciado por su sola presencia a cerrar la brecha entre ellos.

"Enamoramiento… obsesión… deseo… amor."

No necesitando más de ella, actuó sin pensar en los secretos que guardarían de aquí en adelante y pasó sus dedos por su cabello, reclamando sus labios con una devoción desesperada. Ella respondió con un fervor equivalente, un delicioso gemido se le escapó cuando él ladeó la cabeza, abriendo sus labios aún más para su reclamo.

Desenredando una mano de sus rizos desenfrenados mientras su lengua se deslizaba para encontrar la de ella, cada uno de ellos ansioso por aprender cómo aumentar la pasión que despertaba en el otro, arrastró sus dedos por su columna, provocando un gemido de necesidad que egoístamente se tragó para contener y codiciar para su memoria privada. Siguiendo su camino con cautela, no permaneció del todo consumido por sus embriagadores besos y ruidos para estar alerta por si ella detenía sus movimientos. Sintiendo su cabeza asentir contra él y escuchándola gemir un asentimiento, agarró su trasero, sus dedos clavándose en el músculo tenso y firme.

Gimiendo por la rápida exploración del otro - Hermione se puso de puntillas en busca de más mientras la tocaba firmemente con la palma de su mano - Severus soltó sus rizos e igualó su agarre sobre ella, bajándose una fracción para equilibrarse mejor mientras la levantaba en sus brazos, sus esbeltas piernas aferrándolo entre sus muslos como un torno mientras su falda ondulaba hacia atrás.

Separándose de él con un pesado jadeo, ella tomó su turno para pasar sus dedos por su cabello lacio, sus uñas raspando su cuero cabelludo de una manera que casi lo hizo ronronear. Besando su mejilla, su mandíbula, la larga línea de su cuello, le ofreció cada pedazo restante de su alma rota, su corazón creciendo y despertando de su frío sueño mientras ella susurraba, "Te amo, Severus".

"Yo también te amo", le correspondió en voz baja y con devoción en su cuello, abrazándola contra él como si ella fuera el ancla que iba a mantenerlo con vida durante la guerra, su sola presencia en sus brazos y el amor acunado protectoramente en sus manos encallecidas finalmente dándole algo para amar, luchar y vivir en lugar de morir en busca de la expiación por sus pecados.

Nota de la autora: La inspiración para este fic, el título y varias líneas provienen de la canción de ABBA, "The Name of the Game". La entrega final (subida de tono) será "Andante, Andante".

Nota de la traductora: pues parece que la incansable devoción de Severus encontró un mejor hogar, uno lejos de Dumbledore, Voldemort e incluso lejos del fantasma de Lily. Mucho mejor, si me preguntan, ya que ahora su devoción no es utilizada sino correspondida. Nos vemos en la última entrega.