Disfruten de la nueva adaptación!

Ni la historia ni los personajes me pertenecen.


7

Sasuke.

Sakura me ha puesto en una posición nada envidiable. Tiene razón: antes o después tenemos que hacer correr la voz de que estamos juntos. Pero, al mismo tiempo, no deja de demostrar que tanto su salud como su seguridad ocuparán el último puesto en su larga lista de prioridades una y otra vez. Quizá esos gilipollas de la zona alta la aplaudan por ello, pero aquí, en la zona baja, su postura implica que no puedo fiarme de que será honesta conmigo. Y eso implica que podría hacerle daño si no voy con cuidado… Y no quiero ir con cuidado. Me jode, pero nunca he estado tan cerca de perder el control con otra persona. Con cada ocurrencia que sale de esos preciosos labios y con cada chispa de diversión maliciosa en esos ojos de color esmeralda me entran ganas de arrastrarla a la oscuridad conmigo. De descubrir sus fantasías más oscuras, más sucias, esas que apenas es capaz de admitir que anhela... y hacérselas realidad. Pero eso no explica por qué la he llevado al invernadero. Ni la reputación ni el sexo tienen nada que ver con ese lugar. Es uno de mis pocos refugios. Solo la he llevado allí porque me parece que a ella también podría irle bien un lugar en el que refugiarse. Ya está. Sin más, de verdad. No hay motivo por el que ahondar más en el asunto.

Paso la página del libro que tengo entre manos y veo cómo come con el rabillo del ojo. Sus movimientos son cortos y enfadados, pero ha dejado de mirarme como si quisiera apuñalarme con el tenedor.

Al final se apoya en el respaldo del sofá y suspira, aunque ha tardado más de lo que me esperaba.

—No puedo más.

No le hago ni caso y paso otra página del libro. Va a ser un tostón tener que repasar las páginas anteriores y averiguar por dónde me había quedado de verdad, porque ahora mismo no estoy leyendo ni de broma. Sakura susurra un taco resoplando que casi, y digo casi, me despierta una sonrisa, y se repantinga en el sofá.

En apenas cinco minutos, oigo unos suaves ronquidos.

Sacudo la cabeza y me pongo en pie. ¿Cómo narices es posible que haya conseguido llegar tan lejos pasando por alto sus necesidades más básicas? Su madre lleva años ostentando el título de Deméter. Una persona no puede aguantar mucho tiempo corriendo a todas partes irreflexivamente sin que todo se hunda a su alrededor. Al parecer nadie se lo explicó a Sakura.

Le envío un mensaje a Naruto y, un par de minutos después, llega acompañado de otras dos personas que se encargan de llevarse la comida en silencio. Saco una manta del pequeño arcón que hay contra la pared y se la echo por encima a Sakura. Así dormida parece más pequeña. Al verla, salen a flote unos instintos que creía no tener. Aunque, bueno, esta mujer me trastoca los instintos.

La contemplo dormir un par de minutos, vigilando su respiración. Está bien. Sé que está bien. No sé por qué tengo tan claro que, en cuanto me dé la vuelta, Sakura se las apañará para descender por el lateral de la casa, o sembrará el caos allá por donde pase.

Tengo que reorganizar los planes que tenía previstos para esta noche, y para eso debo hacer un par de llamadas.

Cuando, un par de horas después, Sakura se despierta, todo está en marcha a mi gusto. La chica se incorpora como si alguien hubiese disparado una pistola justo al lado de su oreja, y me mira sin dejar de pestañear, desconcertada.

—Me he quedado dormida.

—Pues sí.

—¿Por qué has dejado que me quedara dormida?

Utiliza un tono tan acusador que casi me hace sonreír. Otra vez.

—Necesitabas una buena siesta. Tienes una hora para prepararte. Shizune ya ha mandado un par de cosas para que te las pongas esta noche. Están en mi cama. —Al ver que se me queda mirando, le hago un ademán para que vaya de una vez—. Insistes mucho para convencerme de que estás bien. A no ser que en realidad no tengas ganas de hacerlo...

—Estoy bien —Casi se enreda con la manta al levantarse, pero consigue recomponerse antes de dar un traspié. Sakura me fulmina con la mirada— Tengo mi propia habitación, lo sabes, ¿no?

Cuanto más tiempo pasa en esta casa, más complicado me resulta recordar que en realidad no es mi deber protegerla. Le he prometido que estaría a salvo, sí, pero las cosas cotidianas y rutinarias de la vida no entran en el trato. A menos que yo quiera que entren. No soy quién para decirle que a partir de hoy dormirá en mi habitación, por mucho que me guste esa idea.

—Prepárate.

Sakura me mira con el ceño fruncido, pero al final entra en mi dormitorio. Aunque se detiene justo al cruzar el umbral de la puerta.

—Si tardo mucho, ¿creerás que me he desmayado y echarás la puerta abajo?

Menos mal que no sé lo que es la culpa; si no, me estaría ruborizando.

—Tienes antecedentes de pasar por alto las necesidades de tu cuerpo. Y eso tan solo en las últimas cuarenta y ocho horas.

—Lo que yo decía —Me regala una sonrisa angelical de lo más sincera; si tuviese pelos en la espalda, se me habrían puesto de punta al verla. Sakura se muerde el labio inferior, y añade— ¿Por qué no nos ahorramos la entrada triunfal? Puedes hacer de perrito guardián y vigilarme al mismo tiempo —Se lleva las manos a las sienes— No hay motivo para creer que me pueda desmayar, pero nunca se sabe, ¿no?

Una oleada de calor me recorre el cuerpo, y tengo que contenerme con todas mis fuerzas para evitar dar un paso hacia ella.

—No se te ocurriría intentar tentarme para que pierda el control, ¿verdad?

—Claro que no.

Entonces se vuelve, y es evidente que sus movimientos son un poco más resueltos que hace un momento. Mientras la observo, Sakura se quita el suéter y lo deja caer al suelo. No lleva nada más debajo.

Aunque me repito a mí mismo que debo mantenerme firme, la sigo en su camino a mi dormitorio. Se detiene en el umbral de la puerta del baño y se baja las mallas, cogiéndolas por la cintura. Joder. Me deleito ante la visión de ese culo redondo y, entonces, desaparece en el interior.

Seguirla es un error. Está intentando llevar las riendas de la situación otra vez, y si le dejo llevar la batuta en esto...

Me cuesta un montón recordar por qué tengo que mantener la compostura. Puede que ella haya encendido la chispa que enciende el infierno entre ambos, pero soy demasiado dominante para dejarla al mando mucho tiempo. Además, me conozco lo suficiente para saber cuándo estoy poniendo excusas. Pero saberlo no basta para evitar que la siga hacia el baño.

Sakura se contonea hacia la mampara de la ducha como si no fuese la tentación hecha mujer. Me gusta que no muestre ni un ápice de timidez por estar desnuda delante de mí. Que sea lo bastante valiente para coger el toro por los cuernos. Joder, creo que me empieza a gustar.

—Sakura.

Se detiene y vuelve la cabeza por encima del hombro para mirarme.

—Dime, señor.

Sabe muy bien lo que me está haciendo, y la mocosa está disfrutando hasta el último minuto. La verdad sea dicha, yo también. Me quedo en el banco que hay cerca de la entrada de la ducha para evitar las gotas de agua.

—Ven aquí.

Decir que esboza una sonrisa radiante es poco. Se acerca contoneándose hacia mí y se detiene justo antes de tocarme las rodillas con las suyas. Es una diosa de oro con una larga melena rubia y un cuerpo que es una tentación que no tengo intención de ignorar.

—¿Qué pasa, señor?

—Tu boca está mostrando obediencia, pero tus acciones no.

Entonces repite ese adorable gesto con el que se muerde el labio y le brillan los ojos.

—Supongo que eso significa que quieres premiarme la boca.

Su comentario me saca una carcajada inesperada. Suena tan oxidada como la siento yo, pero me gusta cómo se le curvan los labios en respuesta. No es la cegadora sonrisa radiante. No, esta es una expresión de diversión sincera.

—No me sorprende lo más mínimo que hayas llegado a esa conclusión —contesto resoplando.

Sakura se inclina un poco, y sus pezones rosados quedan a la altura de mis ojos.

—¿Puedo elegir mi recompensa?

Con un lento movimiento, niego con la cabeza.

—Estás perdiendo el tiempo. A la ducha, Sakura.

La chica vacila un instante, como si le hubiese sorprendido mi respuesta, pero se mueve para obedecerme. Un par de segundos después me rodea el vapor caliente. Sakura se mete debajo del chorro de la ducha y se pasa las manos por el cuerpo, despacio. Provocándome. Provocándose. No sé cuál es su objetivo, pero no importa. Tengo el pene tan duro que apenas puedo concentrarme lo suficiente para recordar por qué no puedo tocarla. Todavía no. Si cedo, no podré parar. Lo de anoche fue mi límite. Si no me estuviese casi suplicando, quizá no me costaría tanto resistirme, pero Sakura lo desea casi más que yo, y esa era una posibilidad con la que no había contado hace veinticuatro horas. ¿Ahora? No me fío de nosotros juntos. Si arrastro a esta mujer a mi cama, nos pasaríamos días sin salir de entre las sábanas, puede que semanas. Igual acabaría en un placer formidable, pero no nos ayudaría una mierda en nuestro plan de destrozar a Madara. Ojos de Olimpo que no ven, corazón de Madara que no siente.

Y ese es el problema.

Sakura se pellizca suavemente los pezones y se pasa las manos por el cuerpo hasta el estómago. Y yo ya estoy negando con la cabeza.

—No.

—¿No?

—Ya me has oído.

Sakura coloca los brazos en jarra.

—Me deseas.

—Sí.

—Pues tómame.

Vale, es oficial. Me gusta.

Reprimo una amplia sonrisa.

—Lo haré. Cuando esté listo —Despacio, me pongo en pie— Por lo que veo, tienes todo bajo control. No tardes mucho. Estés lista o no, nos vamos dentro de... —Compruebo la hora en el reloj de pulsera— Cuarenta minutos. Así que espabila.

Oigo sus quejas de camino al dormitorio. Solo entonces me permito sonreír. No me esperaba mantener este tira y afloja con ella, y mucho menos disfrutarlo tanto. Vuelvo al estudio y me siento a esperarla.

Treinta y ocho minutos después, Sakura entra arrastrándose a la habitación.

—A ver, Sasuke, dime la verdad. Tienes un fetiche con la princesa Leia, ¿no?

La miro fijamente. Estupefacto. Joder, me ha dejado sin palabras. Se ha recogido el pelo en una especie de corona, y lleva el traje que elegí para ella. Es un conjunto de sujetador y braguitas que pasaría desapercibido si no fuese por las tiras de satén que le cruzan los pechos, la cintura y las caderas. Debo admitir que la falda es muy similar a la del biquini de la princesa Leia, con un largo trozo de tela transparente en la parte de atrás y uno más estrecho en la parte de delante.

Parece un regalo que me muero de ganas por desenvolver.

Con un gesto del dedo, le indico que dé una vueltecita sobre sí misma. Sakura resopla, pero obedece, y se gira despacito. Se supone que tanto el sujetador como las braguitas deberían taparle todo, pero son de encaje y ofrecen una visión tentadora de los pezones y el sexo. La quiero entre mis labios, y la quiero ya.

Para cuando vuelve a estar frente a mí, ya he recuperado mi autocontrol. O casi.

Me pongo en pie y le ofrezco una mano.

—He organizado algo especial para esta noche.

—Eso espero. He tardado unos buenos veinte minutos en ponerme esta cosa. —Engancha una de las tiras y se queja. Con cada paso que da hacia mí, más expuestas quedan sus piernas. Está esplendorosa. Echo un vistazo a sus pies, y antes de que pueda decir nada, añade apresurada— Me he puesto unas tiritas pequeñas. No necesitaba vendas.

Me tienta la idea de comprobarlo, pero la mirada feroz que distingo en sus ojos me dice que está aguardando que lo intente para echarme la bronca. No estoy dispuesto a decir que me he pasado de cuidadoso con ella, no cuando parece que tengo que ir con ojo por los dos, pero pienso vigilarla bien de cerca esta noche. Y ese pensamiento me hace sonreír.

—Vamos.

Salimos juntos de la habitación y nos encontramos a Naruto esperándonos. Mira fugazmente a Sakura, pero toda su atención está en mí.

—Estamos listos.

No celebro tantas fiestas como antes. En la zona baja hay otros lugares que atienden a la gente rica y fetichista que quiere pasárselo de lujo jugando en el lado oscuro. En mi casa, mi hogar, no recibo a cualquiera; solo se puede entrar con invitación. Cuando tenía veintipocos años tuve una temporada en la que me la sudaba bastante quién ponía un pie en mi casa, y mi imprudencia contribuía a que mis fiestas fuesen casi legendarias, lo cual no hacía más que engrandecer el mito de Sasuke. Hace mucho tiempo de eso ya. Ahora soy muy quisquilloso con quién atraviesa las puertas de mi casa.

Esta noche me he relajado un poquito, y he elegido un par de nombres selectos de la larga lista de espera. Naruto y mis hombres se encargarán de que los nuevos invitados no se muevan de los lugares que les corresponden, y que no se les ocurra ponerse a fisgar por la casa.

—¿Dos personas en la puerta?

—Sí, Sasuke.

—Más en las entradas.

Naruto no pone los ojos en blanco, pero tiene pinta de querer hacerlo.

—Ya hemos repasado todo el plan. Y lo he hecho siguiendo todas tus indicaciones. No te preocupes. Nadie estará donde no quieras que esté.

No me parece suficiente, pero me tendré que conformar.

—Bien.

Emprendemos la marcha hacia la puerta que ayer le enseñé a Sakura. Está tan lustrosa que, a medida que nos acercamos, casi parece un espejo, y mi reflejo con este traje, y el suyo, con el conjunto que lleva... Sakura es un regalo hermoso (una prisionera hermosa), y yo soy el capullo que matará a cualquiera que intente arrebatármela.

En mi cabeza niego lo que acabo de decir. No vale la pena pensar así. Puede que, mientras dure todo esto, sea mía, pero en realidad no es mía, de mi propiedad. No me voy a quedar con ella. No puedo permitirme olvidarme de esto ni por un instante.

Naruto se sitúa junto a la puerta. Yo coloco la mano de Sakura sobre mi brazo doblado.

—Estamos a punto de tener público. Esta vez será real.

—Estoy preparada —dice después de inspirar hondo.

No lo está, pero de eso va también esta noche. De introducirla en todo esto. De reivindicarla como mía, sí, pero de hacerlo de una forma que no la lance a las profundidades y se hunda en ellas.

—Yo soy tu ancla. Que no se te olvide.

Le tiemblan los labios como si quisiera soltarme un comentario arrogante, pero al final asiente.

—Puedo ser sumisa.

Me echo a reír. Joder, ya van cuatro veces en menos de veinticuatro horas.

Ignoro la mirada de sorpresa con la que me observa Naruto y señalo la puerta con la cabeza.

—Vamos.

Entrar en este cuarto es siempre como entrar en otro mundo, pero esta noche la sensación es mucho más intensa. Las luces son más tenues, y la habitación parece más grande de lo que es. Anoche Sakura lo clavó: es verdad que es la antítesis del salón de banquetes de Madara. El resplandor plateado del agua que se refleja en el techo crea la impresión de que estamos en algún punto por debajo de la superficie terrestre. Una fantasía total del Inframundo.

Las luces todavía no iluminan del todo el escenario. Esa será la señal que nos indicará que el espectáculo está a punto de comenzar. Ahora mismo, los asistentes se conocen en sus sillones y sofás. Algunos charlan, y otros ya han empezado sus propias fiestecillas. Las normas de la zona alta no tienen validez aquí, y aquellas personas que cruzan el río suelen lanzarse al placer con una entrega imprudente. Yo freno un poco el paso, y le doy tiempo a Sakura para acostumbrarse a la falta de luz. También les doy tiempo a nuestros invitados para vernos, para darse cuenta de que el espectáculo va a comenzar. Todas las miradas se posan sobre nosotros, y un murmullo quedo se extiende por toda la sala cuando el público se percata de a quién llevo del brazo.

Guío a Sakura hacia el oscuro trono que han colocado contra la pared, en el centro del cuarto. Es jodidamente dramático y tremendamente ridículo, pero nos viene de maravillas. Un rey solo es un rey si la gente de su alrededor lo reconoce como tal. Quizá no vaya a poner un pie en la zona alta de la ciudad nunca más, pero así promuevo mi interés de recordarle a cada uno de los presentes en esta sala quién manda en esta zona.

Al fin y al cabo, tengo una reputación que mantener.

Me hundo en el trono y tiro de Sakura para sentarla sobre mi regazo. Está tan tensa que bien podría tener una estatua sobre los muslos.

—Vas a tener agujetas si no te relajas —le comento enarcando una ceja.

—Todo el mundo nos está mirando —replica por la comisura de la boca.

—Para eso hemos venido.

Baja la mirada hasta las manos, que tiene apretadas, con la mandíbula tensa.

—Ya sé que hemos venido para esto, pero saberlo y vivirlo son dos cosas muy diferentes.

Justo por esto es por lo que cambié los planes que tenía para esta noche. Se pasa de intrépida, joder; se lanza con todo a pesar de que su mente y su cuerpo le gritan que se relaje. Me hundo un poco más en el trono y la arrastro conmigo. Al principio se resiste, pero, cuando le lanzo una mirada elocuente, me deja que la coloque de tal manera que acaba recostada sobre mi pecho.

—El espectáculo va a empezar enseguida.

Y, cuando ocurra, estará demasiado distraída para preocuparse de todos los presentes en la habitación.

—¿Qué espectáculo?

Dejo escapar una sonrisa y le rodeo la cintura con un brazo, sin ejercer presión. Por la habitación, las luces se atenúan un poquito más, y las que iluminan el centro del escenario brillan un poco.

—¿Te acuerdas de cuando quedaste expuesta?

—Claro, si fue ayer.

La acomodo sobre mi regazo con más firmeza. Otra noche me vendrá bien tenerla confundida, pero ahora quiero que esté a gusto.

—Esta noche no estarás ahí arriba.

No se me escapa la forma en la que sus músculos se relajan un poco. Sé que le pone la idea de que la observen, pero es una novata en todo esto. Acabar en el centro del cuarto sería demasiado, demasiado pronto, y me resulta imposible negar que quiero que esta vez disfrute de esto conmigo.

—¿No?

—No. Venga, relájate y disfruta del espectáculo —le susurro al oído— Es solo para ti.


Sakura.

¿Cómo se supone que voy a concentrarme en el espectáculo cuando Sasuke me está tocando por todas partes? Siento sus duros muslos debajo de los míos, el firme pecho contra mi espalda, un brazo alrededor de mis caderas, como una argolla de hierro de la que no me quiero liberar.

Me muevo lo justo para sentir la tensión, que me oprime sin llegar a hacerlo de verdad.

—Quédate quieta.

Vuelvo a moverme solo para llevarle la contraria y me arrepiento al instante de mi decisión cuando noto su erección contra el culo. Una tentación a la que no se me permite sucumbir, al menos aún no. Pensaba que podría seducirlo y hacer que cambiara de idea en la ducha, pero tendría que haberlo visto venir. Sasuke no ha flaqueado. Si no he podido convencerlo de que me hiciera suya mientras estaba desnuda y mojada, está claro que no tengo la más mínima oportunidad ahora mismo, con lencería de lujo o sin ella.

Me distraigo un momento cuando dos personas suben al escenario. Un hombre blanco y una voluptuosa mujer asimismo blanca que no reconozco. Él lleva un par de pantalones de cuero de tiro bajo y ella, nada de nada. Debe de haber unas cincuenta personas en el cuarto, pero él solo tiene ojos para ella. No puedo escuchar lo que se dicen el uno al otro desde aquí, pero ella se arrodilla de forma elegante, como si le saliera el movimiento por inercia.

Una palpitación me recorre para darme la respuesta, y lo comprendo. Me relajo contra Sasuke y vuelvo un poco la cabeza.

—¿Quiénes son?

—¿Qué importa? Mira hacia delante. Presta atención.

Resuello y me giro hacia el escenario. El hombre coloca el dedo bajo la barbilla de la mujer para inclinarle la cabeza hacia arriba. Lo que sea que le diga hace que ella esboce una sonrisa angelical. Él aún no ha hecho nada, pero a pesar de todo estoy embelesada. Se aparta unos cuantos pasos y entonces me percato de que hay una bolsa en el borde del escenario. El hombre agarra una cuerda que estaba enrollada y comienza a atar a su compañera. Casi consigue que se me pase por alto que aún hay cabezas que se vuelven para observarnos. No puedo ver a la mayor parte del público con claridad por la penumbra, pero no hay duda de que con nuestra llegada ha comenzado un murmullo de fondo y todavía no se ha acallado. Capto cómo pronuncian mi nombre y tengo que esforzarme por no ponerme tensa.

Ahora ya no hay vuelta atrás. Nunca la ha habido.

Cierro los ojos un buen rato, lucho contra la sensación de aleteo del pecho. Yo lo he elegido. Y lo seguiré eligiendo. Una parte diminuta y prohibida de mí disfruta de la atención, disfruta de la estupefacción de algunas de estas personas. Quiero seguir dejándolas sin palabras.

Respiro despacio y vuelvo a centrarme en la pareja del escenario. Él ya está a medio camino de atar a su pareja. Cada vuelta, cada línea que corta visualmente en su cuerpo curvilíneo hace que la tensión bulla cada vez con más fuerza en mi interior. Es como ver a un artista crear una obra de arte, solo que esta obra es otra persona y el evidente deseo que hay entre ellos palpita con cada minuto que pasa. Se me entrecorta el aliento y tengo que resistirme a la necesidad de mover mi cuerpo contra Sasuke.

Toca la curva de mi oreja con los labios.

—¿Es el bondage o la exhibición lo que te está poniendo así de cachonda y celosa?

—Todo el mundo está mirando —le susurro— Se le ve todo.

Al menos ahora sí, porque él le ha atado las piernas para separárselas y está trenzando unos nudos entre sus muslos. El arrebol de su piel revela que está disfrutando de la experiencia mucho más que yo.

Sasuke se recoloca, se mueve para pasar los dedos levemente por mi estómago. Me lleva varios segundos darme cuenta de que está siguiendo las tiras que zigzaguean por mi cuerpo y otros tantos ver la relación que hay entre mi ropa y la escena que está teniendo lugar ante nosotros. Su aliento me roza el cuello.

—Voy a tocarte.

—Ya me estás tocando.

No sé por qué estoy discutiendo y fingiendo que no estoy aguantando la respiración para no suplicarle que me toque incluso más.

—Sakura —Un poquito de censura mezclada con diversión— Dime que no te correrás con más ganas que anoche si te meto los dedos aquí mismo, delante de todo el mundo... Dímelo y pararé.

No puedo, no sin mentir. De repente quiero que me lleve al escenario, que me incline sobre una silla o que me eche en el suelo y me folle allí mismo con todas las miradas puestas en nosotros. Ya hay miradas puestas en nosotros, aunque no puedan vernos con mayor claridad que nosotros a ellos. ¿Se percatarán si Sasuke me desliza la mano dentro de las bragas? ¿Quiero que lo hagan?

«Sí.»

Me inclino hacia atrás con cuidado y bajo los brazos para apretarme contra sus caderas. Esta nueva posición me deja abierta a él por completo. Trago y procuro utilizar un tono agradable y compungido, que no suene a una orden.

—Por favor, tócame, Sasuke.

—Vaya, sí que encuentras motivación cuando tu placer está en juego —Suelta una risa contra mi hombro. A pesar de que yo haya estado a punto de suplicarle, eso no le mete ninguna prisa. Pasa el dedo corazón por la tira que me abarca la cintura— La mitad de las miradas están fijas en ti, Sakura.

Me estremezco y aprieto con más fuerza las manos sobre sus caderas en un intento de no moverme.

—Bueno, estamos enviando un mensaje, ¿no?

—Sí. Mira a tu alrededor.

Aunque fuera un demonio sentado sobre mi hombro no conseguiría ser más tentador. Baja la mano otro par de centímetros hasta que roza con el meñique la parte superior de mis bragas a través de la falda.

En efecto, no se equivoca. A pesar de la penumbra, puedo distinguir sin problemas que la mitad de los allí presentes nos observan a nosotros y no a la pareja del escenario. Casi parece que estén allí para fomentar mi placer. ¿Acaso no me imaginé a gente mirándome cuando Sasuke me hizo desnudarme ayer? ¿Cuando, en ese mismo escenario, hizo que me corriera con tal intensidad que me temblaban las piernas? Pues resulta que la realidad es incluso más excitante.

Sasuke me hace cosquillas con la barba en el hombro desnudo.

—Falda transparente. Bragas de encaje. Van a ver todo lo bonito que es tu coño. ¿Estás preparada?

¿Lo estoy? Estoy casi segura de que me moriré ahí mismo como no cumpla con el lascivo hechizo que está tejiendo a mi alrededor. Me humedezco los labios y me esfuerzo por no levantar las caderas y guiar su mano hacia abajo.

—Sí, señor.

Me da un beso en el hombro.

—Una palabra y todo esto se acaba. Sin dolor, sin enfados.

Para alguien que se empeña tanto en que lo tachen de monstruo, está muy comprometido con mi placer y consentimiento. Un escalofrío de poder me lame la piel. No estoy al mando. Ni por asomo. Pero saber que, sin importar lo que me haga Sasuke, soy yo quien lo está escogiendo... me pone a mil.

—Lo sé. Confío en ti.

Vacila un poco, como si lo hubiera sorprendido.

—Bien —Aun así, se mueve con lentitud; desliza la mano hacia abajo para acunarme a través de la falda. La tela es tan fina que es casi como si no existiera, y no puedo evitar que se me escape un saltito al notar la calidez de la palma de su mano. Maldice entre dientes— Noto lo mojada que estás.

—Pues haz algo al respecto.

Aprieta la mano, me agarra ese lugar íntimo como si me poseyera.

—Un día aprenderás a no intentar mandar cuando eres la que tiene más que perder.

Mueve la mano que tiene libre hacia mi pecho derecho y tira del encaje para bajarlo y desnudarme ante todos. Me sobresalto y me echo hacia atrás, pero su cuerpo no me deja escapatoria y la mano que tiene entre mis piernas me sigue para presionarme el cuerpo con más firmeza contra el suyo. Entonces Sasuke repite el mismo gesto, pero esta vez con el pecho izquierdo. Aún me cubren las tiras de seda, pero tengo los pezones al aire. Suelta un grave chasquido con la lengua.

—Solo por haberme desafiado, voy a hacer que te corras como nunca en tu vida delante de todos.

Ni siquiera se me ocurre taparme. En su lugar, abro un poco más las piernas.

—Sé malo.

—¿Que sea malo, Sakura? —Su voz se vuelve más grave, casi como un gruñido— Pruebas las aguas y te crees que estás preparada para recorrer todo el río Estigia a nado. Créeme, no vas a poder conmigo si te ofrezco toda mi maldad —Por fin mueve la mano hacia arriba, solo para meterla dentro de mis bragas y abrirme con dos dedos. El contacto hace que se me arquee la espalda, pero ahí está su otra mano para sujetarme la garganta y evitar que me mueva— ¿Notas cómo te miran todos?

Quiero seguir desafiándolo, pero se me ha nublado el cerebro por el placer. Ni siquiera me lo está haciendo con los dedos. Me está sujetando, poseyéndome de una manera que nunca antes había experimentado. Como si me reclamara delante de una sala llena de testigos de la forma más primitiva posible. «No, la forma más primitiva posible sería inclinarme sobre el trono y follarme hasta que me quedase sin voz.» Me estremezco.

—Sí —jadeo— Noto cómo me miran.

—¿Sabes lo que ven? —No se mueve, solo me pega contra su cuerpo— Ven a un monstruo que está a punto de devorar a la hermosa princesa. Me ven cogiendo a una de los suyos para arrastrarla conmigo hasta la oscuridad. Te estoy mancillando delante de sus ojos.

—Bien —susurro con ferocidad— Mancíllame, Sasuke, quiero que lo hagas.

—Te estás tensando contra mis dedos —Su voz suena más grave, si acaso es posible— Estás disfrutando.

—Claro que sí —Sasuke cambia la mano de posición, me roza el clítoris con la base y de repente las palabras manan de mis labios— Me gusta que me marques como tuya.

—¿Es eso lo que estoy haciendo?

Por fin empieza a mover la mano, sus dedos curiosos encuentran mi punto G y lo acarician con delicadeza.

—Sí, ¿no? —Tengo que esforzarme por no levantar las caderas, por no gemir— Me marcas como tuya. Me mancillas. Ahuyentas a los demás.

—Sakura —pronuncia mi nombre como si fuera una canción que acaba de memorizar— ¿Quién ha dicho nada de ahuyentar a los demás? —Me muerde el lóbulo de la oreja con delicadeza— ¿Y si quiero compartirte? ¿Y si te aparto las bragas y dejo que se acerque cualquier interesado y te folle aquí contra mi pecho?

Se me tensa todo el cuerpo, pero estoy demasiado embelesada para decidir si es por la protesta o por el deseo.

—¿Lo harías?

Se queda quieto durante un segundo interminable. Entonces suelta un taco y me levanta para que me siente transversalmente sobre su regazo. Me sujeta del pelo con una mano y me abre las piernas todo lo que puede con el otro codo. Ahí es cuando deja de andarse con chiquitas. Cada caricia de sus dedos me acerca más al límite.

—No, pequeña Sakura. Compartir no me va. Yo seré el único que te toque. Tu coño es mío hasta que deje de serlo, y no pienso malgastar ni un segundo regalándoselo a otra persona.

Palabras rudas. Y sensuales.

Alargo una mano temblorosa para acunarle el cuello.

—¿Sasuke?

—¿Sí? —Ralentiza las caricias y añade el pulgar a la mezcla, dibuja círculos devastadores alrededor de mi clítoris con él— ¿Necesitas algo?

Me olvido de ser tímida. Me olvido de las normas. Me olvido de todo excepto de los límites del placer que se me echan encima, una ola que de repente estoy segura de que me ahogará como no tenga cuidado. No queda nada, solo la más pura sinceridad.

—Te necesito a ti.

—Te gusta mucho hablar. Así que habla.

—Hazme tuya —jadeo— Fóllame delante de todos. Enséñales a todos y cada uno de ellos a quién pertenezco —Tengo que parar, morderme la lengua, pero no puedo cuando me está tocando así— Soy tuya, Sasuke. No de Madara. Nunca seré suya.

Algo parecido al dilema se le pinta en la cara y desaparece tan rápido como los rayos de luna titilando sobre las aguas picadas.

—Todavía no he decidido si te lo has ganado.

Si tuviera el aire suficiente, me reiría. Bajo la mano por su pecho para presionarla contra su pene.

—Ya me castigarás luego si quieres. Ahora danos lo que ambos necesitamos —Tengo una vaga noción del sonido del sexo proveniente del escenario, el golpeteo de la carne contra la carne, pero solo tengo ojos para Sasuke— Por favor —Lo beso. Sabe a whisky y a pecado, a una tentación a la que quiero entregarme por completo. Mis razones para aceptar este trato empiezan a parecerme lejanas ahora que el deseo me palpita por todo el cuerpo. Lo necesito. Lo necesito más que la comida, más que el agua, más que el aire. Le mordisqueo con delicadeza el labio inferior— Por favor, Sasuke.

—Vas a acabar conmigo —murmura.

Antes de que se me ocurra una respuesta para eso, aparta los dedos. Se oye un sonido de desgarro y mi falda desaparece. Otro tirón despiadado y mis bragas van detrás. Parpadeo mientras levanto la vista para mirarlo, y él esboza una sonrisa pícara.

—¿Lo estás pensando?

—Para nada —No necesito que me insista para subirme a horcajadas sobre él. Corro el riesgo de ponerme a restregarme contra él a través de sus pantalones como un monstruo embriagado por el sexo. Apenas (y cuando digo apenas, es apenas) consigo controlarme para no lanzarme sobre él— ¿Condones?

—Mmmm.

Baja la mano a un lado del trono y la saca con un paquete de papel de aluminio. Espero... no estoy segura. A estas alturas ya debería saber que no puedo anticiparme a Sasuke. Me pone el condón en la mano y me empuja hacia atrás lo suficiente para desabrocharse los pantalones.

Abro el condón a la vez que se saca la erección. Me humedezco los labios.

—Prométeme que pronto te podré tener desnudo.

—No.

Lo miro ceñuda, pero tampoco me queda muy convincente. Le tengo demasiadas ganas. Le lleva menos de cinco segundos colocarse el condón sobre la erección. Me coge de las caderas con una mano para que no me mueva hasta que lo mire.

—¿Qué?

—Si lo haces, ya no habrá vuelta atrás. Como te subas encima de mí con todos mirándote, se creerán de verdad que eres mía.

Las palabras suenan serias, llenas de capas en las que no puedo profundizar ahora que mi cuerpo prácticamente ruega por cómo necesita a Sasuke. Mañana. Mañana me pararé a pensarlo.

—Sí, ya lo has dicho —De golpe me da miedo que cambie de opinión. Sospecho que yo llegaré al orgasmo de igual manera, pero necesito tanto su polla dentro de mí que no puedo jugar limpio. Me inclino hasta que le acaricio la oreja con los labios— Toma lo que es tuyo, Sasuke. Te necesito.

—No eres una princesa. Eres una maldita sirena.

Tira de mí hacia delante y me penetra. Apenas puedo respirar mientras me desliza por su pene y me proporciona tal sensación de plenitud que es casi incómoda.

—Ay, dioses.

—Ellos no tienen nada que ver con esto. —Parece furioso y cachondo, pero, aun así, no es ni por asomo lo brusco que de repente necesito que sea— Esto es lo que querías, sirenita —Y así, sin más, me suelta y coloca los brazos sobre el trono, lo cual le da el aspecto de rey indulgente— Móntame, Sakura. Úsame para correrte.

Me escandaliza tanto que me quedo quieta. Una cosa es follar delante de una habitación llena de gente cuando él está conmigo, pero ahora está poniendo distancia entre nosotros a propósito, aunque él no se haya separado ni un centímetro. De pronto, soy yo sola la que está exhibiéndose, en vez de nosotros. Y... me gusta. Ninguno de los aquí presentes pensaría que no estoy dando todo de mí, que no estoy encantada de participar. Sasuke debe saberlo, debe saber la diferencia que marcará. Montármelo aquí y de esta forma es casi lo mismo que gritarle a todo Olimpo que soy suya de verdad.

Deslizo las manos hacia arriba por su pecho, desearía notar su piel en lugar de su camisa. Otra vez será. Y sin duda habrá otras veces. Le agarro de los hombros y empiezo a moverme. Da igual que el corazón me vaya a mil por hora, quiero que esto dure. Porque es un espectáculo, sí, pero aún más importante: es nuestra primera vez. No quiero que acabe pronto.

Lo follo despacio, me concentro en moverme arriba y abajo sobre su pene, aumentando la sensación de placer cada vez más. No es suficiente y, al mismo tiempo, es demasiado. Más. Necesito más. Infinitamente más.

Por mucho que quiera acortar la distancia y volverlo a besar, la manera en la que me mira me embriaga. Sus ojos viajan por todo mi cuerpo, casi puedo sentir que me rozan la piel. Aunque apriete con las manos los reposabrazos del trono, me come con la mirada mientras me muevo. Puede que se haya colocado la máscara de la indiferencia, pero se está desviviendo por no tocarme.

Le sostengo la mirada y me inclino hacia atrás, coloco las manos en sus muslos y arqueo la espalda para dejar los pechos a plena vista. Una parte lejana de mí sabe que este espectáculo que tengo montado lo está viendo más gente, pero el único que me importa es él.

—¿Ves algo que te guste?

—Una malcriada bocazas.

Me acerco al orgasmo. Siento que Sasuke y yo estamos jugando al gato y el ratón, estamos en una lucha constante para ver quién será el primero en caer. Yo siempre, y repito, siempre, he sido la que daba el brazo a torcer en el pasado. Con mi familia, con los Trece, con todo. Me doblegaba para que no me destrozaran, siempre con los ojos puestos en el horizonte.

Pero hoy no lo voy a hacer. Me niego.

Me muerdo el labio inferior y ralentizo el ritmo todavía más; hago círculos pequeños y agonizantemente deliciosos con las caderas.

—Sasuke.

—¿Mmmm?

Se me acelera la respiración y él contempla cómo me suben y bajan los pechos en movimiento. Me lleva dos intentos encontrar las palabras.

—Tienes una amenaza que cumplir.

—Ah, ¿sí? —Enarca la maldita ceja— Pues adelante, recuérdamela.

—Has dicho que harías que me corriera como en mi vida aquí mismo, delante de todos. —No consigo esbozar por completo mi habitual sonrisa deslumbrante— Que me follarías de tal forma que les enseñarías a todos los aquí presentes que soy tuya.

Se le tensa el cuerpo debajo del mío.

—Eso he dicho, ¿verdad?

Me levanta y sale de mi interior antes de que pueda asimilar el movimiento. Ni siquiera tengo oportunidad de protestar cuando me da la vuelta y vuelve a guiarme hacia abajo sobre su erección. Con las piernas a ambos lados de sus muslos, estoy de cara al resto de la sala y completamente abierta. Me pone de nuevo la mano en la garganta, me acaricia con el pulgar la piel sensible y me gruñe en la oreja:

—No me gustaría que se perdieran lo que queda de espectáculo.

En el escenario, el hombre ha hecho que la mujer se ponga bocabajo en el suelo, atada e inerme, mientras la penetra por detrás. La expresión de felicidad en su hermoso rostro solo se puede comparar a la de pura concentración que muestra él. Es increíblemente sexy. Pero la mayor parte del público está centrado en nosotros. Observan cómo me muevo, observan cómo me toca y me da cada vez más placer.

Sasuke desliza la mano hacia abajo por mi estómago y me acaricia con delicadeza el clítoris.

—No te pares. Toma lo que necesites.

Se me escapa un jadeo que casi suena como un sollozo. Es un poco más complicado hacerlo de este modo, pero me las apaño. Con cada movimiento, hago que sus dedos se deslicen por mi clítoris, pero me está obligando a hacer todo el trabajo. En esta posición, es imposible ignorar la cantidad de gente que nos mira. La atención solo me pone más cachonda, me desespera.

—Sasuke, por favor.

—No me supliques nada. Tómalo.

Estoy teniendo una experiencia extracorpórea y, aun así, de repente estoy segura de que puedo sentir cada uno de mis nervios de manera individual. Su fuerza a mis espaldas, sus brazos sujetándome, la atención de tantas personas... Todo contribuye a crear una experiencia que nunca antes había tenido. Me agarro bien al trono y balanceo mi cuerpo cabalgándole la erección, rozando el clítoris contra sus dedos. El placer me serpentea el cuerpo cada vez con más fuerza, tan intenso que he de cerrar los ojos. Aguanto la respiración, tengo la sensación de estar a punto de caer por un precipicio y entonces me corro con más intensidad de lo que he hecho en la vida. Las palabras manan de mi boca, pero estoy demasiado abrumada para entender lo que estoy diciendo. Solo sé que no quiero que esto se acabe nunca.

Nada dura para siempre.

La mar picada se calma poco a poco, la forma delicada que tiene Sasuke de tocarme hace que vuelva a la tierra. Se desliza fuera de mí y me aparta lo suficiente para volver a meterse el pene en los pantalones, pero yo soy incapaz de hacer nada más que permitirle que me mueva a su antojo. Cuando por fin me coloca sobre el regazo, apoyo la cabeza en su pecho y suspiro despacio.

—Esto...

Su risa me retumba en la mejilla.

—¿Sí?

No estoy muy segura de qué debería decir. ¿Le doy las gracias? ¿Le pregunto si me ha drogado con un afrodisíaco mágico? Porque nunca había tenido un orgasmo parecido. ¿Le acuso de haber hecho trampas? Me acurruco más contra su cuerpo.

—No te has corrido.

—No, no lo he hecho.

Me invade algo parecido a la inseguridad que frustra esa deliciosa sensación de ingravidez que noto en los huesos.

—¿Por qué no?

Me acaricia la columna con una mano.

—Porque todavía no he acabado contigo.