Disfruten de la nueva adaptación!

Ni la historia ni los personajes me pertenecen.


8

Sasuke.

Lo que más me apetece ahora mismo es subir a Sakura a mi habitación y acabar lo que hemos empezado. Aunque a estas alturas ya debería estar acostumbrado, la chica me ha vuelto a sorprender. Quiero seguir conociéndola, seguir descubriendo sus fantasías para hacer que se corra una y otra vez.

Por desgracia, todavía queda mucha noche por delante. Ya nos lo hemos pasado bien. Ahora ha llegado el momento del politiqueo.

No puedo evitar darle un beso en la sien.

—El espectáculo ya casi ha terminado.

—Bueno, al menos uno de los dos ha acabado.

Se acurruca contra mi pecho como una gatita buscando mimos. Con su actitud, el corazón me da un vuelco incómodo. Sakura ha cerrado los ojos y se ha arrimado a mí como si fuese su mantita favorita. Es... adorable.

—Sakura —Hablo con la mordacidad justa para conseguir que me mire— Tenemos que fingir que estamos juntos, al menos durante un rato. Por eso hemos montado lo de esta noche.

Omito que todo esto se me ha borrado de la mente con suma facilidad en cuanto se la he metido. La habitación se ha desvanecido y solo podía verla a ella.

Sakura frunce el ceño y suspira.

—Ya sabía yo que era demasiado pedir seguir hasta que saliera el sol.

Debo contener una sonrisa.

—Creo que tenemos tiempo para hacer esto.

—Ajá —Juguetea con uno de los botones de mi camisa y me lanza una mirada traviesa— Supongo que no me lo recompensarás luego, ¿no?

—Eres imposible.

—Pues parece que eres el único que saca esa parte de mí.

De una forma un poco retorcida, me gusta. Puede que Sakura me saque de quicio como nadie lo ha hecho antes, pero disfruto de nuestras bromas más de lo que debería. Disfruto de un montón de cosas de Sakura. Cuando la intensidad de las luces aumenta un poquito, un hombre blanco se acerca a nosotros y me salva de tener que pensar una respuesta. El hombre posee un atractivo que corta la respiración, con unos rasgos tan perfectos que hasta casi duele mirarlo. La mandíbula cuadrada, unos labios gruesos, una melena salvaje de rizos en la cabeza. Es tan guapo que no se le puede tomar en serio, pero es el hijo de Afrodita. Sé de buena tinta que se encarga de varias tareas desagradables en lugar de su madre para que esta pueda mantener sus manos inmaculadas. Es sumamente peligroso.

Con el dedo le doy un toquecito a Sakura en la cadera, y me recuesto.

—Eros.

El susodicho sonríe, y deja a la vista unos dientes blancos y perfectos.

—Gracias por el espectáculo —Desvía la mirada hacia Sakura— Has cabreado a un montón de gente de la zona alta de la ciudad.

La chica se remueve en mi regazo. Espero que se ruborice, que hable entre tartamudeos, que haga cualquier cosa que deje ver que se arrepiente por haber dejado que las cosas fuesen tan lejos delante de otras personas. Nunca ha hecho nada semejante; acostarse con alguien con público delante es una maldita movida para una princesa tan protegida como Sakura. Me dispongo a intervenir para salvarla.

Y entonces vuelve a sorprenderme. Adopta un tono dulzón envenenado.

—Qué curioso, porque hay un montón de gente en la zona alta que me ha cabreado a mí.

La sonrisa de Eros no titubea ni un instante, aunque la observa con una gélida mirada azul.

—Madara está furioso, y lo mejor para todos es que esté contento.

—Poco me importa a mí que esté contento —responde ella, y esboza una sonrisa deslumbrante— Venga, sé bueno y saluda a Afrodita de mi parte. Ha manejado a Madara todo este tiempo. Estoy convencida de que es más que capaz de manejarlo un poquitín más.

Eso acaba con la sonrisa de Eros. El hombre mira hacia abajo y la observa como si no la reconociera. Comprendo a la perfección cómo se siente. Eros lanza un silbido bajito.

—Parece que hemos subestimado a la hijita perfecta de Deméter.

La voz de Sakura se endurece un poco.

—Asegúrate de decirles eso también cuando entregues el informe de esta noche.

Eros levanta las manos, y vuelve la sonrisa relajada. Es una máscara, pero no es ni de lejos tan buena como la de Sakura.

—Esta noche solo he venido a pasar un buen rato.

Esta noche. Qué poca confianza da esa afirmación. Le sostengo la mirada y digo:

—Pues pásatelo bien y disfruta... esta noche. Pero recuerda quién te ofrece la hospitalidad de la que te estás aprovechando.

Me envía un saludo tocándose un sombrero imaginario y se aleja. Una pareja que está recostada en un sofá al otro lado del escenario lo saluda, y él se une a ellos. En apenas unos segundos, lo están desnudando para que participe en la fiesta. Bajo la vista y me encuentro a Sakura mirando con el ceño fruncido. Se muerde el labio inferior y comenta:

—Sabes que viene en calidad de espía.

—Mejor que venga por eso que no para cumplir la venganza de Afrodita. Cosa que se rumorea que suele hacer a menudo.

Sakura pasea la mirada por la estancia, y casi puedo ver su cerebro trabajar al tiempo que logra, por fin, reconocer los rostros entre la multitud.

—Hay mucha más gente de la zona alta de la que me esperaba. Gente que asiste a las mismas fiestas a las que iba yo.

—Ya.

Me enrollo uno de sus mechones rubios entre los dedos, mientras espero que acabe de desarrollar lo que sea que esté rumiando en su mente.

—Esa gente sabía que estabas aquí. ¿Por qué no eres más que un rumor si todas estas personas saben que existes de verdad?

Le paso el pulgar por el pelo y contesto:

—Es una pregunta sencilla con una respuesta compleja. La versión corta es que Madara tiene un interés personal en que yo siga siendo un mito.

—Porque así consigue más poder —dice mirándome— Poseidón casi nunca sale de su territorio alrededor de los muelles y no tiene la paciencia necesaria para la política. Tú eres el único, aparte de ellos, con un título hereditario. Si no apareces en la ecuación, no hay nadie que pueda impedirle a Madara que juegue a ser el rey de todo Olimpo.

Qué astuta es la sirenita.

—Así es.

Todos los demás miembros de los Trece responden ante Madara a su manera. Ni uno solo de ellos puede ejercer el poder de un miembro que ha heredado el título. Ni siquiera Deméter, que controla la reserva de alimentos de la ciudad; ni Ares, con su pequeño ejército de mercenarios privados.

Como Sakura sigue con el ceño fruncido, le doy un suave tirón de pelo.

—¿Qué pasa?

—Es que es todo tan... hipócrita. En la zona alta de la ciudad, es todo cultura de la pureza y fingir que están por encima de esta clase de necesidades humanas tan viles, y le dan valor a privarse de lo que quieren. Para después venir aquí y aprovecharse de tu hospitalidad y participar en juegos sexuales con los que se ganarían el exilio de sus círculos sociales y la vergüenza pública. —Vuelve a mirar a su alrededor, por toda la sala— Aunque no vienen solo por los juegos sexuales, ¿no? Vienen a la zona baja de la ciudad por un sinfín de cosas que no quieren que se sepan.

La verdad, apenas me sorprende que Sakura haya atado cabos tan rápido; no cuando ha demostrado que, tras ese personaje de banalidades bonitas, se esconde una mente sagaz.

—Si cometen sus pecados en la oscuridad, ¿estos cuentan, acaso? Su gesto es de una ferocidad absoluta.

—Te utilizan y después te meten de nuevo en las sombras y fingen que eres el hombre del saco. No está bien.

Noto que un extraño latido se intensifica en mi pecho. Creo que estoy sin palabras. Es la única explicación posible para quedarme mirándola como si no la hubiese visto antes. Pero no es solo eso. La he visto actuar con una ferocidad de la hostia, pero nunca ha lanzado esa ferocidad en mi defensa. Es raro, y toda una novedad para mí, y no sé qué hacer al respecto.

Por suerte, Karin y Suigetsu se acercan y me libran de tener que currarme una respuesta. Como los espectáculos (tanto el oficial como el no oficial) se han acabado, la gente que nos rodea está en varios niveles de desnudez y escenas empezadas. Pero estos dos no. Siempre asisten, si bien Karin es la única de los dos que ha participado algunas veces, aunque muy pocas. En cambio, entre los vicios de Suigetsu no se incluye el sexo de ningún tipo.

Suigetsu señala un sillón que ocupan dos mujeres.

—Fuera.

Se levantan, se alejan un par de metros de distancia, y él coge el sillón y lo arrastra hasta nosotros.

—Bonita fiesta.

—Me alegro de que te guste —contesto con tono seco. Suigetsu se deja caer en el sillón y Karin se encarama al brazo del asiento. Le pasa los dedos por el pelo a Suigetsu distraídamente, pero mantiene una mirada perspicaz. Suspiro, y le pregunto— ¿Qué pasa, Karin?

—Ya sabes que no me gusta decirte cómo debes vivir tu vida.

—Como si alguna vez eso te hubiese impedido hacerlo.

Noto que Sakura se tensa como una serpiente enroscada sobre sí misma, y le paso las manos por el cuerpo, estrechándola contra mí con más firmeza (y rodeándole la cintura con un brazo). No creo que mi sirenita vaya a usar la fuerza física contra alguien, y menos contra uno de los Trece, pero tampoco me esperaba que lidiara con Eros con tanta eficacia. Es una caja de sorpresas, lo cual no debería maravillarme tanto.

Suigetsu rodea a Karin por la cintura con un brazo e inclina la cabeza para que la mujer pueda seguir con sus distraídas caricias sin problema. Da igual lo relajado que parezca, ahora mismo está tan sobrio y avispado como ella.

—Estás molestando a la bestia, colega. ¿Estás preparado para lo que se te viene encima?

Juzgaba imposible que Karin y Suigetsu fueran más teatreros sobrios que borrachos. Y aun así...

—No todos improvisamos al tomar decisiones.

—Mira, cuando te comentamos que tenías que soltarte un poco, no te estábamos diciendo que te tiraras a la prometida de Madara delante de cincuenta personas a las que se les hace la boca agua por volver corriendo a la zona alta y contarle al susodicho lo que acaban de ver con todo lujo de detalles —Karin se recoloca las gafas— Nosotros no, claro. No nos va lo de ir contando historias de esas.

—Si hay alguien en este cuarto que se ha creído esa frase, tengo una casa preciosa con vistas al mar Muerto para venderle —replico resoplando.

—Sasuke... —Karin deja de acariciarle el pelo a Suigetsu y se endereza en el brazo del sillón— ¿Eso que acabas de decir es una broma? —Señala a Sakura y añade— ¿Qué le has hecho? Tres días contigo y ya va soltando pullitas por ahí. Es raro y va contra natura, así que tenéis que acabar con esto de forma inmediata.

Sakura resopla.

—Igual sabrías que tiene un sentido del humor muy irónico si te callaras un ratito y le dejaras participar en la conversación.

—Esto... —contesta Karin pestañeando despacio.

—Y otra cosa, si tan buenos amigos sois, igual tendríais que replantearos lo de iros corriendo a ver a Madara e irle con el chisme de todo lo que habéis visto durante vuestras visitas. Esa clase de acciones es de ser amigos de mierda, no buenos amigos, por muchas noches que acabéis pasando la borrachera en su casa.

Karin vuelve a pestañear despacio y dice:

—Sasuke, me he enamorado.

—Karin, sit!

—Otra pulla más —Suelta un gritito y menea todo el cuerpo de tal modo que Suigetsu se ve obligado a reaccionar rápido para evitar que se caiga del brazo del sillón— Por todos los dioses, la adoro —Se pone recta y mira a Sakura con una gran sonrisa en el rostro— Eres un encanto, te lo juro.

Sakura se vuelve hacia mí.

—Acabo de gritarle y ahora me está diciendo lo bien que le caigo. ¿Qué le pasa a esta tía en la cabeza?

—Es Karin —respondo yo encogiéndome de hombros— Cotillear de lo que pasa a ambos lados del río Estigia forma parte de su trabajo. Por eso está aquí toda esta gente.

Las mejillas de Sakura adquieren una brillante tonalidad roja.

—Cierto. Se me había olvidado.

Se ha olvidado porque se ha lanzado a defenderme. No lo entiendo. Ella no gana nada defendiéndome. Ha venido a mí en busca de protección, no para protegerme. Una vez más, Suigetsu me salva de tener que pensar en una respuesta adecuada para la chica con una sonora carcajada.

—Deberías ver lo cabreado que está Madara. En público finge que no le afecta, pero se dice, se comenta, que ha destrozado toda una habitación cuando ha descubierto dónde estabas. ¿Qué pasará cuando sepa que has montado a Sasuke delante de un montón de gente para que te vieran? —Sacude la cabeza— Con algo nuclear me quedo corto.

Sakura se pone tensa otra vez, y no tengo que mirarla a la cara para saber que está pensando en sus hermanas. Igual tiene sentimientos encontrados con su madre, pero por todo lo que me ha contado y todo lo que he presenciado, eso no se aplica al resto de las hermanas Haruno. Si Madara tiene algo a su favor para hacerle daño, son ellas. Joder. Tendría que haberlo previsto. No puedo enviar a mis hombres para mantenerlas a salvo sin romper el acuerdo, y Madara no se haría a un lado si les permito entrar en mi casa ni en sueños. Es un problema para el que no tengo una solución fácil, pero ya me las apañaré.

Le doy un beso en la sien a Sakura.

—¿Estás cansada?

—¿Es un eufemismo para preguntarme si quiero salir de aquí y subir a tu habitación? —pregunta, y se gira lo justo para rozarme los labios con los suyos— Si la respuesta es sí, pues sí. Si no, prepárate, porque voy a intentar convencerte para que lo sea.

—La. Adoro —declara Karin juntando las manos— Sasuke, tienes que quedarte con ella. Te está convirtiendo en un ser humano, y tú la estás haciendo interesante. Y eso que no habéis pasado ni una semana juntos. Imagínate lo divertidos que seréis dentro de un año, o cinco.

—Karin...

La advertencia en mi tono es tan palpable que cualquiera habría vuelto a sus cabales. Pero, cómo no, ella me ignora.

—Aunque supongo que si estáis provocando a Madara para que ataque, entonces tendremos una guerra, y eso nos aguará la fiesta.

Sakura se vuelve para mirarla.

—Espera, ¿has dicho guerra? Si rompe el acuerdo, los Trece irán a por él. Así funciona.

—Corrección, así es como se supone que funciona —Karin se encoge de hombros— La realidad es que un tercio de los miembros son secuaces de Madara y están muy interesados en mantener el statu quo. Se unirán a su causa para pisotear a Sasuke y que caiga en el olvido si creen que va a levantar polvareda.

—¿Y los otros dos tercios?

Se encoge de hombros una vez más y contesta:

—Quién sabe, podrían ir a un bando o al otro.

Esa información no es que me sorprenda, la verdad, aunque es una decepción enorme. Si fuese yo quien se pasase de la raya, todos los Trece aunarían fuerzas para acabar conmigo sin un momento de vacilación. Quizá Karin y Suigetsu se sentirían culpables, pero, en cuanto las cosas se pusieran difíciles, se unirían al resto. Aun así, esto no aplica cuando hablamos del mierdecilla de Madara, claro está.

Cojo a Sakura en brazos y me levanto, pasando de las protestas de la chica, que protesta diciendo que puede caminar por su cuenta. Ahora mismo no cargo con ella por lo que pueda o no pueda hacer. Es por lo que yo quiero, por ese pequeño consuelo que me permito. Tengo que pensar, y no puedo hacerlo aquí. Aunque no sé qué espero conseguir. Ya hemos expuesto nuestro plan y nos hemos lanzado en caída libre sin paracaídas. Ya no hay vuelta atrás. Las consecuencias no importan, tenemos que llegar hasta el final. Ahora solo debo averiguar cómo puedo asegurarme de que no maten a todas las personas que tengo bajo mi responsabilidad en el proceso.


Sakura.

Sigo dándole vueltas a la nueva información mientras Sasuke me saca de la habitación en brazos. Me opongo a que me lleve como un saco a todos sitios, pero una parte diminuta y secreta de mí lo disfruta. Me gustan muchas cosas de Sasuke, la verdad sea dicha. Se muestra quisquilloso y despótico, pero, tan solo unos días después, ya sé cómo es en realidad.

—Sasuke —Le apoyo la cabeza en el hombro y dejo que el latido constante de su corazón me relaje— Conozco tu secreto.

Se dirige escaleras arriba.

—Y ¿cuál es?

—Gruñes, te enfadas y ruges, pero bajo esa fachada de tipo duro tienes un corazón blandito —Hago círculos alrededor del botón superior de su camisa con el dedo índice— Te preocupas. De hecho, creo que eres el más atento de todos los Trece, lo cual resulta irónico teniendo en cuenta el nombre que te has labrado en Olimpo.

—¿Qué te hace decir eso?

Sigue sin mirarme, pero no pasa nada. El caso es que es más sencillo hablar con él de este modo, sin sentir que puede leerme la mente con solo observarme con intensidad.

—Quieres vengarte de Madara, pero no a costa de tu gente. Y son tu gente de verdad. He visto cómo te comportas con Tsunade y también con Shizune y Sai. Pasa igual con todos, ¿no es así? Atravesarían el infierno mismo por ti y tú los proteges con tu actitud de macho taciturno.

—Yo no soy taciturno.

—Eres la taciturnidad hecha persona.

Resopla.

—Sin duda no soy más atento que tu madre. Ella es la que se asegura de que toda la ciudad tenga alimentos y productos básicos.

—Sí, es cierto —Es imposible ocultar la crudeza de mi tono— Es muy buena en su trabajo, pero no lo está haciendo por caridad, no le sale del alma. Lo hace en pos de poder y prestigio. Nunca va a tener suficiente. Iba a venderme a Madara. Ella no lo verá de esa manera, pero eso es lo que fue el compromiso: una transacción. Me quiere, pero eso siempre va después de todo lo demás.

Sasuke no responde al instante y miro hacia arriba para encontrarme con una expresión insólita en su rostro. Parece casi... desgarrado. Me tenso.

—¿Qué sabes que yo no sepa?

—Unas cuantas cosas.

Me niego a que me distraiga esa broma estúpida.

—Sasuke, por favor. De una forma u otra, estamos juntos en esto hasta que acabe el invierno. Cuéntamelo.

Cuanto más duda, más se cuela la ansiedad por los resquicios. Espera hasta que llegamos a su habitación y la puerta esté cerrada aislándonos del resto de la casa para contestarme al fin:

—Tu madre ha mandado una especie de ultimátum.

No sé por qué me sorprende. Estaba claro. Igual que a Madara, a ella no le hará ninguna gracia que haya huido. Todos los planes que tan concienzudamente había urdido se han ido al traste por culpa de una hija díscola. No lo permitirá, no si sabe dónde estoy. Me muevo nerviosa hasta que Sasuke me suelta. Estar de pie no hace que me sienta más estable.

—Cuéntamelo —repito.

—Como no te deje volver, dejará sin suministros a la zona baja.

Parpadeo con la esperanza de que las palabras se reorganicen de modo que tengan sentido.

—Pero eso... En la zona baja viven miles y miles de personas. Personas que no tienen nada que ver con nosotros dos ni con los Trece.

—Sí —se limita a afirmar.

—Está amenazando con dejar que se mueran de hambre.

—Sí.

No aparta la mirada, no hace nada más que ofrecerme la sinceridad que le pido.

Espero, pero no sigue hablando. Está claro que ha llegado el final. Está claro que no podemos seguir con este plan si eso va a perjudicar a tanta gente. La frontera que mantiene Olimpo aislado del resto del mundo está demasiado protegida, la gente no puede salir a conseguir suministros. Además, parte del papel de Deméter es negociar precios favorables para asegurarse de que todo el mundo tenga acceso a recursos para una dieta equilibrada sin importar su salario. Sin recibir esos suministros, la gente pasará hambre.

No me puedo creer que haya hecho algo así, pero mi madre no se marca faroles.

Inhalo despacio.

—Pues tengo que volver.

—¿De verdad quieres volver?

Suelto una risa sin poder evitarlo.

—La ironía de todo esto, si es que se puede llamar así, es que lo único que mi madre y yo tenemos en común es que no perdemos de vista el horizonte. Yo solo quiero escapar de este sitio, descubrir quién soy si no soy la hija mediana de Deméter. Si no tuviera un papel predeterminado que interpretar, ¿en qué clase de persona me convertiría?

—Sakura...

Pero no le estoy escuchando.

—Supongo que eso me hace tan egoísta como ella, ¿no? Ambas queremos lo que queremos, y nos trae sin cuidado quién tenga que sufrir las consecuencias —Sacudo la cabeza— No, me niego. No dejaré que tu gente lo pase mal a cambio de mi libertad.

—Sakura —Sasuke reclama el espacio que nos separa y me agarra de los hombros de forma firme y delicada a la vez— ¿Quieres volver?

No puedo mentirle.

—No, pero no veo la manera en que...

Asiente como si hubiera contestado más que su única pregunta.

—Entonces no lo harás.

—¿Qué? Acabas de decir...

—¿Te crees que soy lo bastante ingenuo para confiarles a los Trece la salud y el bienestar de mi gente? Siempre hemos estado a un paso de cabrear a uno de ellos y causar una disputa como esta —Se le curvan los labios, aunque su mirada sigue siendo fría— Mi gente no morirá de hambre. Tenemos recursos de sobra en la zona baja. Puede que las cosas se pongan complicadas durante un tiempo, pero nadie sufrirá daños irreparables.

«¿Cómo?»

—¿De dónde vas a conseguir los suministros?

—Tritón y yo tenemos un trato clandestino.

No está sorprendido ni cabreado ni siente ninguna de las emociones que me recorren en estos instantes. Ni siquiera está preocupado.

No deja de sorprenderme.

—Has... Has negociado con la mano derecha de Poseidón para colársela a los Trece. ¿Cuánto tiempo lleva esto en marcha?

—Desde que tomé el mando a los diecisiete —Me sostiene la mirada— Sé mejor que nadie que uno no puede permitirse confiar en la benevolencia de los Trece. Solo era cuestión de tiempo que uno de ellos tratara de utilizar a mi gente para hacerme daño.

Lo miro con nuevos ojos. Este hombre... Joder, es incluso más complejo de lo que sospechaba. Un líder donde los haya.

—Sabías que esto podría pasar cuando accediste a ayudarme.

—Sabía que había unas probabilidades muy altas —Levanta las manos para acunarme el rostro y me pasa los pulgares por las mejillas— Hace mucho tiempo, me prometí a mí mismo que no dejaría que los capullos de la zona alta volvieran a dañar nada que fuera mío. Hay poco que puedan hacer que pueda perjudicarnos demasiado en este lado, excepto la guerra.

¿Cómo serían las cosas si fuera Sasuke quien reinara sobre Olimpo en vez de Madara? Apenas puedo hacerme a la idea. A Sasuke le importa de verdad.

Lo beso aun antes de darme cuenta de que voy a hacerlo. No hay ningún plan, ningún truco, nada más que la necesidad de mostrarle... Ni siquiera estoy segura del qué. Algo. Algo que no puedo poner en palabras. Se queda quieto durante medio suspiro y después mueve las manos a mis caderas para acercarme a él. Me devuelve el beso con la misma ferocidad que me burbujea en el pecho. Un sentimiento que linda con la desesperación, con algo incluso más complejo.

Me separo lo bastante para decir:

—Te necesito.

Ya se está moviendo, me empuja hacia la cama. Sasuke baja la mirada a mi cuerpo semidesnudo y gruñe:

—Quiero que te quites la ropa.

—Pues vas a tener que esperar.

—Ni de coña —Busca en su chaqueta y saca una navaja pequeña— No te muevas.

Me quedo quieta. Aguanto la respiración a conciencia mientras él desliza la navaja entre mi piel y la primera tira. Esta cede con facilidad bajo la hoja afilada. Y después otra, otra y otra hasta que estoy ante él, completamente desnuda. Cierra la navaja y da un paso atrás, me recorre con la mirada de la cabeza a los pies y viceversa.

—Mejor.

Se dirige al interruptor y apaga la luz haciendo caso omiso a mis protestas. Quiero ver. Sasuke me pasa de largo hasta llegar a las ventanas y abre las pesadas cortinas de par en par. Los ojos se me adaptan a la luz bastante deprisa y reparo en que puedo distinguir, al menos un poco. Las luces de la ciudad bañan la habitación con un tenue brillo neón.

Se desnuda a medida que camina en mi dirección. La chaqueta y la camisa. Los zapatos y los pantalones. Se detiene a poca distancia de mí y no puedo evitar alargar la mano hacia él. Puede que me esté regalando las vistas que anhelo, pero necesito algo incluso más esencial: su piel contra la mía.

Me agarra la mano antes de que entre en contacto con su pecho y la guía hasta su cuello. Termina de salvar la distancia que nos separa de modo que estamos pecho con pecho. Noto una ligera sensación de cicatrices contra mi piel, pero Sasuke me besa de nuevo y me olvido de todo lo demás, excepto de que quiero que me penetre de inmediato.

Me levanta y le envuelvo la cintura con las piernas. Esta nueva posición hace que su polla esté alineada casi a la perfección con el lugar que la anhela, pero se mueve antes de que pueda volverme lo bastante loca para aprovecharme. Mi ansia lo consume todo y se lleva acumulando desde el momento que posé la mirada sobre él. Follar en público es una cosa, pero solo ha sido la punta del iceberg. Era un asunto de reputación. Esto es asunto nuestro.

Sasuke nos lleva a la cama y se sube a ella. Me coge las manos y las guía hacia el cabecero.

—No las muevas de ahí.

—Sasuke —jadeo como si hubiera corrido el maratón— Por favor. Quiero tocarte.

—No muevas las manos de ahí —repite mientras me aprieta las muñecas.

No tiene que volver a decirlo. Ya estoy asintiendo. Lo que sea para hacer que esto continúe, para evitar que termine.

—Vale.

Retrocede para arrodillarse entre mis piernas abiertas. Está cubierto por las sombras, pero tengo la sensación de que él puede verme con todo detalle gracias a la luz que entra por las ventanas. Me acuna los pechos entre las manos, pero no desperdicia mucho tiempo con eso antes de deslizarse hacia abajo y darme un beso con la boca abierta en la piel sensible que se encuentra justo debajo de mi ombligo. Y después lo tengo en el coño. Jadea contra mi clítoris como si este momento le afectara tanto como a mí. Puede que incluso más.

—Voy a hacerte mía, sirenita. En todas las posiciones, de todas las formas, hasta que deje mi marca en tu piel.

No sé si está hablándome a mí o si habla consigo mismo, pero me trae sin cuidado. Me agarro al cabecero con fuerza y me esmero por no moverme.

—Pues hazme tuya.

Es un eco de lo que le he dicho en el trono, pero ahora significa algo diferente. No puedo fingir que quiera esto simplemente para el beneficio de nuestras respectivas reputaciones.

No, lo necesito y punto.

Mi deseo de escuchar la risa seca y ronca de Sasuke se está convirtiendo en una adicción muy grave. Es mil veces mejor que el sonido que emite sobre mi sexo. Me pasa la lengua por encima. Su gruñido es el único aviso que me da antes de agarrarme de los muslos para levantarme y separarme más las piernas, lo que me deja totalmente expuesta. No lo saborea, no me provoca, no me tienta. Se limita a comerme como si nunca más fuera a tener la oportunidad. Como si necesitara que yo llegara al orgasmo más de lo que él necesita respirar. Cada exhalación me sale como un sollozo. No puedo pensar, no puedo moverme, no puedo hacer nada más que obedecer sus órdenes, agarrarme al cabecero y aceptar el placer que va aumentando con cada movimiento de su lengua. Empiezo a temblar, no puedo parar.

—¡Sasuke!

No contesta, sigue con los mismos movimientos que hacen que el deseo se enrede cada vez con más intensidad por mi interior. Esto es increíble. Quiero que dure, quiero el final que me ha prometido. Quiero; sin más. Sasuke pone la boca contra mi clítoris y chupa con fuerza mientras me mete dos dedos. Me corro con tanta intensidad que parece que se me sobrecargan todos los sistemas.

Es como si ese orgasmo lo hubiera desinhibido, porque ahora se toma su tiempo y arrastra la boca por mi estómago, me besa las curvas del pecho. Sigo dando vueltas, pero cada caricia, combinada con el peso de su cuerpo sobre el mío, me devuelve a la tierra poco a poco. Me humedezco los labios.

—Sasuke.

Se detiene.

—¿Sí?

—¿Puedo tocarte ya? Por favor.

Jadea contra mi cuello.

—Ya me estás tocando.

—No es eso a lo que me refiero y lo sabes.

No suelto el cabecero, no pienso desobedecer sus órdenes sin permiso. Esto parece un momento importante, como si estuviéramos al borde de algo inconmensurable. Y no tiene ningún sentido. Es solo sexo, un acto que puede reducirse a componentes básicos. Lo deseo, por lo tanto quiero tocarlo. No quiero que esto termine, así que, por supuesto, no desobedezco sus órdenes.

Solo que no parece tan sencillo.

Sasuke se está escondiendo de mí de forma intencionada. De mi vista, de mi tacto, de todo. No debería odiar esa pequeña distancia que nos separa, no cuando está tan pendiente de mi placer. Pero la odio. Lo quiero todo, igual que él me lo está exigiendo a mí. Noto una opresión en el pecho.

—Sasuke, por favor.

Duda durante mucho tiempo, como si fuera a volver a rechazarme. Por fin suelta un taco y alarga la mano por encima de mi cabeza para tomar una de las mías y bajarla hasta su pecho; después repite el mismo movimiento con la otra. La piel está desfigurada, en algunas zonas es demasiado lisa y en otras está hinchada. Son cicatrices. Lo que noto son cicatrices.

No digo ni una palabra mientras bajo lentamente las manos por su pecho y después las vuelvo a subir. Sasuke se queda quieto como una estatua. Ni siquiera estoy segura de que esté respirando. Algo (o alguien) le hizo daño, mucho daño. Sin ver siquiera el grado de la lesión, sé que tiene suerte de seguir con vida. Puede que un día confíe lo bastante en mí para dejarme que lo vea entero.

Me arqueo hacia arriba y lo beso. Ahora mismo no necesitamos decir nada más. Él se relaja al instante contra mí y en una parte de mi cabeza se me ocurre que esperaba que lo rechazara. Será tonto... Cada pieza de él que descubro, cada pequeño matiz y misterio, solo consigue que lo desee más. Sasuke es un rompecabezas que podría pasarme la vida entera explorando y aun así jamás llegaría a conocerlo del todo.

Casi me da pena tener solo tres meses.

Se separa del beso el tiempo suficiente para rebuscar en la mesilla de noche y sacar un condón. Se lo arrebato de las manos y lo obligo a recostarse con una mano en el pecho.

—Déjame a mí.

—Se te da fatal lo de la sumisión —murmura, pero en su voz se aprecia esa risa ronca.

—Te equivocas —Abro el condón— Se me da de maravilla la sumisión. Y se me da igual de bien comunicar lo que quiero cuando lo quiero. Se llama adaptarse.

—No me digas —sisea cuando le acaricio la polla, así que vuelvo a hacerlo.

—¿Sasuke?

Se ríe entre dientes.

—Dime.

—Prométeme que podré hacerte una mamada pronto. Muy pronto.

Ahora mismo necesito tenerte dentro, pero me encantaría. Levanta el brazo y me pasa el dedo por el labio inferior.

—Cuando decidas que necesitas meterte algo mío en la boca, arrodíllate y pídemelo amablemente. Si ese día estoy por la labor, puede que hasta acceda.

Le muerdo el pulgar.

—Vale, me lo merecía.

—Ponme el condón, Sakura. Ya.

Resulta que yo tampoco tengo ganas de seguir chinchándole. Le deslizo el condón por la erección. Apenas consigo apartar las manos cuando Sasuke me vuelve a empujar a la cama. Antes de haber estado con él, habría dicho que no me pone que me traten así, ya sea con delicadeza o no. Resulta que solo necesitaba que me manejara el hombre indicado. Me pone de lado y me levanta una pierna por encima de su brazo a la par que se arrodilla entre mis muslos. Es una posición extraña, pero no tengo tiempo de hacer ningún comentario porque, media respiración después, lo tengo dentro. Se clava en mi interior hasta la base y ambos suspiramos al unísono.

Sasuke apenas me concede un segundo para acostumbrarme antes de empezar a moverse. Embestidas largas y minuciosas que me dejan totalmente atrapada contra la cama.

—Tócate —gruñe— Quiero sentir cómo te corres. Sin testigos. Sin público. Esta vez solo para mí.

Hago lo que me pide, deslizo la mano hacia abajo para acariciarme el clítoris. Y es una sensación muy placentera. Parece que todo lo que hacemos juntos es increíble. Estar con Sasuke es como vivir en una alucinación de la que nunca querría despertar. No quiero que esto se detenga, nunca jamás.

Sasuke ajusta el ángulo y aumenta el ritmo, lo cual envía una ola de placer que no puedo parar.

—Joder.

—No pares. Ni se te ocurra parar.

Parece que me lea la mente y pronuncie las palabras que siento en el pecho para decírmelas. No podría ni aunque quisiera. Se me escapan las palabras, pronuncio su nombre, una y otra vez. Él se inclina hacia abajo, dobla mi cuerpo como a él le place y reclama mi boca a la vez que me corro. Sus embestidas se vuelven más toscas, menos constantes y después me sigue por el precipicio. Los huesos se me convierten en líquido mientras me esfuerzo por no interrumpir el beso. Ha pasado de ser feroz a algo dulce, casi cariñoso. Como si me estuviera diciendo sin palabras lo contento que está conmigo.

No es algo que hubiera creído necesitar antes, pero se me clava en el pecho como un cuchillo afilado.

Sasuke se separa por fin.

—No te muevas.

—No podría aunque quisiera.

Su risa ronca lo sigue cuando se mete en el baño. Unos segundos después vuelve. Lo contemplo dirigirse a la cama y desearía que la habitación estuviera mejor iluminada. Ahora apenas parece humano. Es casi como si fuera un íncubo al que hubieran enviado para cumplir mis deseos más oscuros, uno que desaparecerá con la luz matutina.

—Quédate.

Sasuke se detiene de sopetón.

—¿Qué?

—Que te quedes —Me incorporo, algo similar al pánico me revolotea en la garganta— No te marches.

—Sakura —Llega a la cama y se mete dentro para acunarme entre sus brazos— Sirenita, no me marcho.

Nos lleva unas cuantas maniobras meternos bajo las sábanas, pero Sasuke no deja de tocarme durante todo ese tiempo. Acabamos tumbados de lado, él abrazándome por la espalda.

Solo cuando estoy completamente envuelta por él consigo volver a respirar.

—Gracias.

—¿Adónde me iba a ir? Estás en mi cama.

Quiero reírme, pero no puedo. En vez de eso, le acaricio los brazos.

—Pero al final te marcharás. O mejor dicho, lo haré yo. Al final, sin importar lo mucho que me guste, acabará.

—Sí.

Cierro los ojos, odio lo decepcionante que me resulta su respuesta. ¿Qué esperaba? Hace menos de una semana que nos conocemos. La única razón por la que le insistí tanto en este trato era poder estar bien y ser libre de verdad. Meterme de cabeza de un compromiso con Madara a este trato con Sasuke... Eso no es libertad. Lo sé y, aun así, me arden los ojos al pensar que esto terminará.

Aún no.

Aún me queda un poco más, y pienso disfrutar al máximo cada momento