Nota de la traductora: primero lo primero, quiero agradecer al usuario tu guacamole por sus comentarios en mi otra traducción así como en esta, me alegra haberte 'convertido' al Sevmione con la GRAN ayuda de las autoras a las que traduzco. Espero en esta semana seguir subiendo más capítulos de Corrigiendo el destino (la había tenido pausada porque desafortunadamente sufro de migrañas de vez en cuando y en los periodos en los que me da no puedo estar mucho tiempo frente a la compu). También espero muy pronto subir más traducciones. Mil gracias por tu apoyo y tus comentarios que me motivan a continuar. Segundo, este es el final de esta traducción (al menos de momento) un enorme agradecimiento a SlytherinLovesAGryffindor por permitirme traducir esta serie, recuerden que la pueden encontrar a ella y a las historias originales en mi lista de Favoritos y en su perfil de AO3.
Resumen: Después de semanas de hacer crecer su relación detrás de la mascarada de su detención continua, Severus y Hermione están listos para dejar crecer sus sentimientos, haciendo que sus dedos sean suaves y ligeros, permitiendo que sus cuerpos se conviertan en el terciopelo de la noche.
Nota de la autora: La conclusión tierna y sexy de la serie Canciones de Amortentia.
Advertencia: este capitulo incluye escenas subidas de tono, si son menores de edad no deberían estar aquí. Si ya son mayores y se ofenden con ese tipo de escenas tampoco deberían estar aquí. Leer bajo su propia responsabilidad.
La detención con el profesor Snape- Severus- resultó ser todo lo que Hermione había esperado y más. Durante las semanas posteriores al incidente que había comenzado todo, cenaba con prisas sentada entre Harry y Ron, con Neville al otro lado de la mesa en compañía Ginny, Dean y ocasionalmente Lavender. Mientras comía, sus ojos miraban furtivamente hacia la mesa principal para verlo como si fueran atraídos por imanes, pequeñas sonrisas adornaban su rostro cada vez que encontraba su propia mirada severa recorriendo el Gran Comedor en busca de ella. Habían pasado más de dos meses y aún sus amigos disfrutaban de molestarla por haber besado al Murciélago Grasiento de las Mazmorras de entre todos los profesores. Esto siempre era seguido por una conmiseración colectiva por el período de detención prolongada que tuvo que cumplir por su delito.
Aunque todas sus noches ahora estaban ocupadas por su temible y a menudo odiado profesor, no era una penitencia en lo más mínimo. De hecho, era lo que ella esperaba todo el día con gran expectación. Verlo levantarse de su silla en la mesa principal y salir del Gran Comedor en una masa de túnicas ondulantes como la misma noche que guardaba sus secretos, conmovía su ser sin falta durante cada cena. Su cautivadora presencia mientras se retiraba a su oficina y habitaciones para pasar la noche hacía que comenzara una cuenta regresiva en su cabeza. Los segundos pasaban a medida que su ritmo de comida se aceleraba y esperaba que pasara el tiempo suficiente para que pareciera temer el castigo que se avecinaba y no saltar con alegría y urgencia de correr detrás del hombre que con tanta seguridad sostenía su corazón en sus manos cicatrizadas y ásperas.
Sin embargo, esta noche estaba aún más nerviosa, más ansiosa, más embelesada que todas las otras noches desde que le había dicho que lo amaba y él le susurró al oído sus sentimientos correspondidos. Durante las noches de sus detenciones, él se había tomado las cosas con gentileza y calma, casi dudando en pedirle siquiera una fracción más de lo que ya le había dado. A pesar de que ella gemía y suspiraba para ir más allá mientras estaba aferrada a sus brazos posesivos, su severo y apasionado profesor continuó solo caminando a través de las olas de sus crecientes y exploradores toques; cada uno dejándola cálida, sin aliento y optimista, pero siempre necesitando más para cuando sus noches llegaban a su fin.
Su ritmo lánguido no se debió a que él la negara abiertamente o, como ella había temido en esas primeras semanas, que él encontrara sus amorosos besos y caricias demasiado inexpertos para buscar más. En cambio, él le había confesado una noche frente al fuego en sus habitaciones mientras ella estaba sentada en su regazo, sus dedos bailando a lo largo del cuello abierto de su camisa, que cuando había sido tan impertinente como para besarlo durante la clase, ese había sido su primer beso. No era el primero en algún tiempo, como ella había supuesto inicialmente, pero sí el primero en los treinta y seis- casi treinta y siete- años de su triste y solitaria vida. Sus palabras habían roto e inflado simultáneamente su corazón, haciéndola dudar entre elevarse en su amor y sumergirse en su dolor.
Fue entonces cuando Hermione le dijo- aunque estaba segura de que él ya lo sabía pero una verdad por una verdad siempre había sido su trato- que ella tampoco había sido una bruja muy buscada por los magos, nunca había sido besada hasta que robó un beso de sus labios. Su confesión fue rápidamente seguida por la oferta desvergonzada de darle a Severus todo de ella para guardarla y codiciarla. Él protegió su corazón, nutrió su mente, y ella quería que él poseyera y adorara su cuerpo, aprendiendo metódicamente cada grieta oculta y mantenida en secreto que su carne intacta poseía.
Sus inseguridades enterradas se desenterraron esa noche cuando él la cambió de posición para que no se sentara a horcajadas sobre sus muslos donde pudiera mirar sus insondables ojos chocolate oscuro fundido y en su lugar la acurrucó contra su costado, ambos viendo las llamas retozando en la chimenea. En una voz baja y ronroneante que la acarició como si fueran manos sobre terciopelo, le ofreció otra llave de acceso a su propia mente y corazón estrechamente guardados. Él le contó cómo su vida había sido una historia repetitiva de tener al alcance de la mano -sus dedos de vez en cuando incluso rozaban- aquello que más deseaba solo para que se marchitara y se convirtiera en cenizas en el viento ante sus ojos. Ella había hecho todo lo posible para asegurarle que ella era un valor atípico, que otros habrían descartado por alterar la curva, pero él permaneció en su neblina melancólica, abrazándola a su lado como si esperara que se convirtiera en humo.
Finalmente, cuando se acercaba el final de su tiempo esa la noche- lágrimas silenciosas habían manchado sus mejillas mientras se llenaba de ira hacia aquellos que lo habían lastimado y de angustia paralizante por el abuso al que habían condicionado a su mente- él le había hecho una oferta. Él pidió ocho semanas más de su tiempo; ocho semanas para continuar como lo habían hecho; escondidos bajo la farsa de su detención. Ocho semanas más en las que hablarían, se besarían y se abrazarían sin un centímetro de espacio entre ellos mientras susurraban obsesivamente sobre su amor. Entonces, si después de esas ocho semanas su mente permanecía sin cambios, su corazón seguía siendo suyo, entonces y solo entonces él le daría las partes físicamente desgastadas y desvencijadas de sí mismo que sentía que eran un intercambio injusto por lo que ella le daría.
Así que había pasado ocho semanas, cincuenta y seis noches, aislada con su profesor, su amor, aprendiendo y apreciando cada faceta de su mente, corazón y alma con él aprendiendo de ella a cambio. Mientras tanto, los dos robaban besos de afecto y adoración acalorada, así como toques tiernos y tentativos y movimientos que coqueteaban con sus límites. Cada noche se les hacía más y más difícil separarse a medida que las horas se hacían más tarde, sus cuerpos como cables vivos rogando por un ancla que solo la carne igualmente excitada y ansiosa del otro podía proporcionar; sus mentes se alinearon con su lujuria físicamente despierta habiendo sido acariciadas y mimadas con discusiones llenas de pasión y palabras dignas de devoción.
Y a medida que se acercaban las semanas y los días finales, comenzaron a desmoronarse y a participar en conversaciones masoquistas y cargadas de erotismo en las que detallaban cómo se tocaban a sí mismos después de despedirse. Cómo sus dedos se deslizarían sobre su piel sensible mientras imaginaban los masajes y los suaves agarres del otro hasta que ambos estuvieran mojados y jadeando por la liberación. A su vez, sus límites fueron empujados hacia atrás cada vez más.
Severus finalmente eligió desabotonarla más y más cada noche, exponiendo sus simples senos cubiertos a sus ojos, permitió que sus labios adoraran cada uno de sus bultos y su lengua bailara a lo largo de la costura de las copas de su sostén hasta que sus pezones se endurecieron en picos erectos y sus areolas se erizaron para sobresalir orgullosamente a través del ligero acolchado. Incluso le dio permiso a sus manos para aventurarse debajo de su falda, para palmear mejor su trasero, sus manos se volvieron audaces cuando se atrevió a deslizarse debajo de sus bragas para presionar sus dedos en el músculo firme sin ninguna barrera. Y justo la noche anterior, vacilante pasó sus dedos a lo largo de la parte exterior de su entrepierna húmeda, un largo gemido acompañó su toque mientras el cuerpo de ella respondía con una sacudida y necesitada sorpresa, sus caderas se mecían vigorosamente en su mano hasta que su excitación dejó sus dedos brillantes y sus ojos se encendieron con fuego cuando llevó su sabor a su boca, la vista la destrozó con un grito de dolor mientras empapaba su regazo.
Por parte de Hermione, esa no había sido la primera vez que había destruido sus pantalones. Mientras se arrepentían lentamente, luego apresuradamente, de su acuerdo de ocho semanas, ella se había deleitado con la sensación de su turgente erección cubierta de lana entre sus muslos- una sensación que él le había negado hasta ese momento, siempre ajustándola de tal manera que le evitaba deleitarse con su grueso y largo miembro. Ella repetidamente y desenfrenadamente se frotaría sobre él al ritmo de sus lenguas saqueadoras, continuando más allá del punto del orgasmo jadeante. Lo montaría en una segunda, una tercera, e incluso se lanzaría por una cuarta vez. La ocurrencia le volvió la garganta en carne viva por los gritos de placer de su nombre; su boca se enganchó a lo largo de su cuello y clavícula, coloreando su piel con sus besos mortíferos mientras la evidencia de su ardiente pasión por él se filtraba a través de sus pantalones; la humedad en su regazo se extendió aún más cuando su propia liberación se mezcló con la de ella. Su asombro igualmente vocalizado llegó con un gemido al valle de sus pechos mientras miraba dónde estaban alineados, paralizado por la vista.
Sin embargo, la culminación de su espera en su mayoría paciente llegó a un punto crítico esta noche. Sus ocho semanas habían terminado oficialmente a mitad de semana y los últimos dos días y noches habían sido agonizantemente lentos mientras esperaban la noche del viernes. Con Gryffindor jugando un partido temprano contra Hufflepuff a la mañana siguiente, sabía que Harry tendría al equipo en un horario estricto de acostarse temprano y por lo tanto nadie estaría despierto para notar su falta de regreso a su torre. Pasarían toda la noche juntos, no sólo las tres o cuatro horas robadas después de la cena. Una noche entera para desnudarse y acariciarse, besarse, lamerse y chuparse hasta la felicidad antes de que Severus finalmente reclamara lo que ella juró que solo compartiría con él.
Incapaz de contener más su emoción o mantener su fachada mal construida de temor por sus amigos, Hermione se excusó de la mesa y una vez que estuvo fuera del Gran Comedor, corrió al baño más cercano. Desempacando su mochila escolar en el cubículo, sacó la ropa de repuesto que había seleccionado cuidadosamente la noche anterior, así como la lencería dulce y de buen gusto que había comprado semanas atrás específicamente para usar cuando él la desnudara. Poniéndose el body de encaje color ciruela- un color que nunca hubiera imaginado en un millón de años que sería su favorito si nunca hubieran estado juntos como lo habían hecho- y atando las cintas de raso debajo de su busto y alrededor de su cuello en lazos dignos de un Escaparate de Navidad en Knightsbridge, se puso los jeans que mejor resaltaba la forma de su trasero y abrazaban las curvas de sus tonificados muslos así como un grueso jersey color crema que susurraba sin confirmar la presencia de algo especial debajo de su ropa. Con su uniforme metido en su bolso, sus artículos de tocador y una muda de ropa para la mañana siguiente encima, se dirigió hacia donde estaba Severus como si estuviera caminando en el aire.
Tocando antes de cruzar la puerta parcialmente entreabierta de su salón de clases, un hábito que odiaba aunque sabía que era necesario para los momentos en que había llegado para encontrar a un compañero de estudios u otro profesor con él, llamó suavemente: "¿Profesor Snape?"
En respuesta, la puerta se cerró detrás de ella con un chasquido del pestillo antes de que el cerrojo cayese en su lugar, haciendo que su corazón se acelerara con emoción expectante. Casi corriendo por el pasillo entre los escritorios, subió las escaleras hasta su oficina, empujando la puerta de par en par mientras entraba y se detenía en seco.
Hermione nunca se consideró una dada a las impracticabilidades de los sueños y fantasías. No era como las chicas de su dormitorio que tenían visiones inalcanzables de cómo sería su primera vez. Nunca había pensado mucho en eso más allá de asumir que eventualmente le sucedería algún día. Al menos hasta Severus.
Y después de persuadirlo para que entrara en su vida y ganarse su afecto, lo único en lo que pensó fue en que estaba segura de que él era el único con quien deseaba compartir el hito y que no quería que nadie más lo siguiera. Ella inequívocamente le pertenecía a él y solo a él. La seguridad de ese hecho fue más que suficiente para seguir adelante con lo que sería su primera vez. Sin embargo, su sombrío y sobrio profesor había pensado mucho más en la noche y, ya fuera por ella o por él, había tenido mucho cuidado al dejarlo claro.
Marcando el camino desde la puerta de su oficina hasta sus habitaciones- que solo se revelaba por una pequeña abertura detrás de sus estanterías- había cientos de pétalos de rosa esparcidos. A los lados de aquel sueño romántico había docenas de velas votivas y de pilar, sus llamas parpadeantes atrayéndola hacia él y hacia lo que esperaba más allá de la puerta secreta. Sonriendo ante el romanticismo memorable de todo esto y sabiendo que realmente había encontrado el tipo de amor que solo se encuentra una vez en la vida en Severus, casi fue saltando por el camino de pétalos, sus manos temblaban mientras las cruzaba sobre su corazón hinchado de emoción.
Al cruzar a sus aposentos, fue recibida con una continuación de la fantasía descabellada de cualquier otra bruja que cobraba vida sin expectativas para ella y los suaves hilos de un cuarteto de cuerdas tarareando desde su gramófono. Depositando su bolso en la mesa de café al pasar, girando para captar el efecto completo de la laboriosa imagen que él había creado para ella y quitándose los zapatos antes de entrar en su habitación, no perdió el tiempo al verlo esperándola. Corriendo el resto del camino, se lanzó a sus brazos, besándolo mientras envolvía su cuerpo alrededor del suyo, dándole una letanía de amor, elogios y gratitud entre cada fuerte y suave presión de sus labios contra los de él.
"¿Hiciste todo esto por mí?"
"No hay mucho que pueda prometerte, pero la devoción firme, el amor inquebrantable, la fidelidad férrea y la voluntad de tratarte de una manera acorde con lo preciada que eres para mí, son cosas que no solo puedo prometer, sino también comprometerme a hacerlo cada día durante el tiempo que me quieras tener contigo e incluso después."
Pasando sus manos por su cabello e inclinando su cabeza hacia atrás para que la mirara a los ojos, ella bromeó dulcemente mientras deseaba en silencio que fuera verdad, "Severus, creo que te has vuelto loco. Tal vez deberíamos hacerte revisar. Suenas como si me acabaras de proponer matrimonio."
Dejándola de nuevo en el suelo de una manera que tenía cada centímetro de su cuerpo rozando el de él, encendiendo la flama que se convertiría en su noche llena de pasión, se apartó de ella y sostuvo un anillo entre sus dedos mientras se ponía de rodillas como un adorador en el altar de su deidad favorita.
"Lo hice", respondió en voz baja, el suave rubor de cuando ella lo había besado regresando a sus mejillas y sin duda a sus oídos, aunque ella no podía verlos. "Eso es si me aceptas con mi mal humor, mi peor aspecto y mi cuerpo menos que agradable".
Cayendo de rodillas, tomó su rostro entre sus manos y lo besó una vez más mientras aceptaba con entusiasmo: "No sé quién está más loco en esta situación, pero sí. Hoy, mañana, el próximo mes, dentro de diez años; no importa cuánto tiempo tenga que esperar hasta que podamos salir de las sombras, mi respuesta siempre será sí".
Deslizando la banda de oro en su dedo anular izquierdo que se curvaba hacia arriba y hacia abajo hasta sus nudillos con hojas de diamantes marquesa con sus propios dedos temblorosos, la besó una vez más, su lengua buscando la entrada en su boca.
Con los dedos de ella enredados en su cabello y sus manos agarrando la parte superior de su trasero, la animó a volver a envolver sus piernas alrededor de sus caderas, levantándose del suelo mientras la parte interna de sus muslos se apretaba para asegurarla a él. Besándola dulce y apasionadamente, la llevó hasta su cama, una rodilla tocando el colchón cuando la depositó en el centro del edredón de seda, acostándola de espaldas entre las almohadas, sus ojos oscuros brillando con un sinfín de emociones mientras la miraba. No permitiéndole más que ese único momento para separarse de ella, se aferró a la nuca de él y lo usó como palanca para empujarlo hacia abajo con ella, juntando sus labios mientras su peso se asentaba cuidadosamente en ella.
Mientras sus lenguas se enredaban en una danza creada por ellos mismos, sus manos comenzaron a vagar. Primero de él mientras apartaba los rizos errantes de su rostro, la parte de atrás de sus nudillos acariciando su mejilla mientras continuaba hacia la columna de su cuello; sus dedos ásperos siendo gentiles mientras jugueteaban con los sensibles y delicados tendones. Luego la de ella cuando deslizó sus manos entre ellos, levantando su camisa de vestir desde donde estaba firmemente metida en sus pantalones, sus dedos desapareciendo debajo para acariciar sus músculos y mapear la topografía invisible de los picos y valles que componían sus diversas cicatrices.
Empujándolo hacia atrás, con el ceño fruncido mientras la observaba, su próxima pregunta silenciada mientras ella lo seguía y continuaba guiándolo para que se acostara debajo de ella. Equilibrados como estaban, su mirada amorosa la miró mientras ella avanzaba sin restricciones ni vacilación. Acomodándose entre sus muslos, desabrochó cada botón, sus labios siguieron su rastro con un beso y una lamida de devoción en cada centímetro de piel recién expuesta. Desnudando su pecho para ella, pasó lánguidamente sus manos por los contornos de su estómago mientras se acercaba a la cabecera, su rostro paralelo a la cintura de sus pantalones.
Durante semanas, sus atentos afectos se habían centrado en ella. Cada toque y beso fue dado pensando y con cuidado solo para el placer de ella, el suyo ni siquiera entraba en el radar. Y cuando ella intentaba volver su floreciente amor físico hacia él- deseando brindarle tal placer que le volara la mente de forma intencional en lugar de como consecuencia de su propia liberación perseguida- sus manos grandes y capaces siempre actuaban como un tope. Ahora que le había quitado el escudo final, dejándolo más expuesto y vulnerable a ella que nunca, ella deslizó su lengua entre sus caderas haciendo que su estómago se contrajera mientras sus dedos subían para abrir su cinturón.
Agarrando sus hombros y apretándola hasta que ella lo miró, jadeó, "No sé si deberías".
"¿Por qué no?" preguntó ella, sentándose sobre sus talones negándose a permitir que una sensación de rechazo se filtrara hasta que él se explicara.
"Tengo treinta y seis años, Hermione. Mi período de recuperación no es el de un mago de tu edad. Aunque sé que me divertiré sin medida, temo que el camino que estás tomando haga que las cosas terminen demasiado rápido, vergonzosamente rápido. Simplemente quiero que esta noche sea perfecta para ti, mi amor."
Descansando sus manos sobre sus muslos tensos, buscó confirmación, "Tenemos toda la noche para estar juntos, ¿correcto? ¿No tengo que irme a las diez o a las once como de costumbre?"
"Si quedarte conmigo sigue siendo lo que deseas, entonces sí".
Estirándose entre sus piernas, ella lo miró a través de sus pestañas y procedió a bajarle la cremallera, diciendo: "Entonces, por favor, déjame hacer esto. Quiero hacer esto por ti. Nunca quiero que las cosas se traten solo de mí. Esta noche, y todas las noches antes y después de esta, se trata de nosotros. Ya sea que dures toda la noche o te corras en minutos, quiero tocar y saborear cada parte de ti. Tal como hemos sido, nos tomaremos las cosas con calma; suave como la brisa de una tarde de verano, yendo lento y dejando que las cosas crezcan."
Asintiendo con la cabeza cuando se le escapó una exhalación audible y entrecortada, Severus invocó sin varita una pequeña colección de almohadas. Apilándolos a lo largo del estribo para que estuviera ligeramente inclinado, él asintió una vez más, sus manos ya formaban puños en las sábanas mientras ella agarraba la cinturilla de sus pantalones.
Levantando sus caderas para ayudarla a quitarse la ropa, le quitó la prenda y la ropa interior por las piernas, dejándola amontonada en los tobillos para que él se preocupara por el resto del camino. Tentativamente, Hermione rodeó sus rodillas con los dedos antes de arrastrar sus manos temblorosas por la parte interna de sus muslos. Con una respiración profunda, finalmente se obligó a apartar la mirada de su rostro y miró su orgulloso miembro.
Finalmente, al ver lo que recientemente le había permitido sentir entre sus piernas sobre su ropa, su mente farfulló mientras su boca luchaba contra la acumulación repentina de baba. Hace solo un momento, tenía todas las acciones y técnicas sobre las que había leído en preparación para su incursión en el sexo planeadas en su cabeza. Pero al ver su miembro grueso y venoso estirándose para chocar contra su ombligo, haciendo que las paredes de su coño se apretaran con desesperación envidiosa, su mente se convirtió en un vacío. Ella solo reaccionó cuando el movimiento de su mano llamó su atención.
Agarrando su muñeca para detener su intento de cubrirse, arrojó a un lado su propio pánico y vergüenza mientras se apresuraba a tranquilizarle: "Eres grande. Quiero decir, lo sabía desde la otra noche, pero eres mucho más grande de lo que pensaba. Lavender dijo que los penes generalmente miden desde la base de la palma de la mano hasta la punta del dedo medio". Mostrándole su mano, dijo lo obvio cuando dijo: "Eso claramente no es ni cerca de ser exacto. Nunca antes había tenido nada más que mis dos dedos dentro de mí, es simplemente impactante, eso es todo. De la mejor y más emocionante, aunque un poco aterradora, de las maneras".
Extendiéndose para entrelazar sus dedos a través de su mano todavía levantada, Severus tiró de ella hacia arriba de su cuerpo y murmuró contra sus labios, "Nos estamos tomando nuestro tiempo y yendo lento, ¿recuerdas?"
Tarareando bajo su beso y el roce de su miembro expuesto a lo largo de su vientre, ella respondió: "Sí, agradable y lento... suave y ligero... tocando nuestras almas".
"Exactamente. Tuyo es el único corazón y alma que deseo poseer alguna vez; el único cuerpo que deseo explorar alguna vez", prometió. "Eres mi tesoro brillante entre la oscuridad; lo único que amaré y apreciaré por encima de todo, codiciando nada más que más de tu tiempo y amor por el resto de mis días, sin importar cuántos me queden."
"Solo te amaré a ti, Severus", respondió ella con la misma profundidad y promesa. "Eres el comienzo y el final de cada aventura que deseo tener en la vida. En tus brazos sé que soy amada y segura. Que estoy en casa."
Mientras se besaban, la pura intención de sus palabras el uno al otro los envolvió en una luz brillante de plata y oro. Hilos de magia cobraron existencia, entrelazando sus votos con un vínculo antiguo y sagrado, uniendo sus corazones y uniendo sus mentes haciéndola una parte de él tanto como él lo era de ella. Dos almas completas e independientes que se unen en una entidad inquebrantable. La prueba de su unión matrimonial involuntaria apareció alrededor de sus dedos en forma de bandas de oro permanentes que estaban incrustadas con un solo hilo vivo de la magia pulsante del otro. El de él se llenó de un blanco brillante y el de ella de una obsidiana brillante.
Llenos como estaban del amor preexistente y la lujuria el uno por el otro, la antigua magia que habían traído a la vida, encendió su deseo convirtiéndolo de una tímida quemazón creciente en un infierno furioso y desprevenido.
Encogiéndose, Severus entrelazó los rizos de Hermione con los dedos y la besó con feroz desesperación. Empujando su camisa Oxford abierta por sus hombros y tirándola de sus brazos para arrojarla sin cuidado al suelo, ella pasó sus uñas por su espalda mientras buscaba apoyar sus caderas que se encontraban lejos de su erección expuesta.
Dejando su boca tan rápido como la había reclamado, Severus dejó un camino de besos húmedos a lo largo de su mandíbula y por su cuello mientras enganchaba su muslo sobre su cadera. Con ella anclada contra él, se levantó sobre sus rodillas lo suficiente para caer hacia atrás y que ella quedara estirada debajo de él.
Jadeando mientras besaba sus hombros desnudos, ella soltó sus brazos de alrededor de él y comenzó a tirar de su propia ropa.
"Fuera, fuera, fuera", repetía una y otra vez mientras él movía las caderas entre sus muslos, sus malditos jeans amortiguaban la sensación de su miembro deslizándose a lo largo de su húmedo y ansioso coño.
"Ven aquí" —le ordenó bruscamente, pasando sus brazos alrededor de su cuello mientras la arrastraba hacia arriba—.
Él tomó bruscamente el dobladillo de su suéter en sus manos y pasó la suave tela sobre su cabeza, la prenda fue arrojada a un rincón olvidado de sus habitaciones.
Arrastrando sus dedos por su garganta y sobre el encaje morado oscuro que cubría sus senos y estómago antes de desaparecer en sus jeans, la admiró con reverencia, "Dioses, eres tan hermosa", sus labios se cerraron alrededor de uno de sus senos, obteniendo un gemido agudo desde dentro de ella mientras su cuerpo se arqueaba debajo de él.
Mientras Severus lamía el rígido pico, su pulgar e índice subieron para tirar del otro. La respiración de Hermione se volvió irregular cuando él rodó y pellizcó su pezón, la sensación se disparó directamente a su clítoris. Demasiado impaciente mientras sus caderas continuaban empujando hacia arriba para encontrarse con los movimiento de su pene, metió la mano entre ellos y abrió el botón de sus jeans, apenas tomándose el tiempo para desabrochar la cremallera antes de luchar para quitárselos.
"Por favor", gimió cuando su desesperación se vio obstaculizada por su posición.
Mirando hacia arriba de sus pechos, su semblante normalmente estoico fue reemplazado por un encanto casi juvenil, limpiando el estrés y el peso de las elecciones que había hecho en lo que era básicamente otra vida y devolviéndole los años robados de su existencia.
Respirando por la nariz mientras un momento de claridad penetraba la niebla de la lujuria en su cerebro, Hermione tomó su rostro entre sus manos y susurró: "Te amo".
"Yo también te amo", sonrió, revelando por primera vez un solo hoyuelo en su mejilla derecha antes de besar su nariz. Con una especie de encanto descarado que trajo de vuelta la ferviente necesidad de ser llenada plenamente por él, ofreció: "Ahora, ¿qué tal si te saco estos jeans y admiro adecuadamente el dulce envoltorio con los que te cubriste para mí?"
"Sí, por favor hazlo", suplicó, estirando la mano para rodear su longitud.
Añadió su otra mano y comenzó a trabajar con giros opuestos de sus muñecas, bombeando hacia arriba y hacia abajo su bien dotada longitud, sus palmas se volvían resbaladizas con cada pasada sobre su cabeza mientras recogía sus gotas de humedad.
"Joder", gimió en su hombro, mientras su ritmo se aceleraba. "Agarrame un poco más fuerte", le ordenó, dando un tirón salvaje a la cintura de su pantalón para forzarla a bajar por su trasero. Cuando ella cumplió con su requerimiento, él se movió en su agarre y gimió: "Mierda, he estado follando mi mano durante semanas imaginando cómo te sentirías".
Mordisqueando su piel mientras ella se movía con él para que él pudiera sentarse y liberar sus piernas, continuó, "Tus manos, tu boca, tu dulce, apretado y pequeño coño, dioses. Ni siquiera me masturbaba tanto cuando era adolescente, pero mis pensamientos sobre ti me han hecho necesitar frotarme una, dos, tres o cuatro veces al día", sus palabras sucias y sinceras la sorprendieron dada su naturaleza generalmente reservada incluso cuando estaba solo con ella.
Suspirando mientras se subía a su regazo y frotaba el refuerzo empapado de su body que comenzaba a desaparecer entre sus labios codiciosos, ella subía y bajaba por su pene, llevando la palma de su mano a sus labios y confesó: "Cuando estamos en clase y tu hablas con esa voz profunda y sedosa, tengo que luchar contra el impulso de deslizar mi mano debajo de mi falda y apartar mis bragas para poder llenarme a mi misma con mis dedos. He llegado tarde casi todos los días a Runas Antiguas porque tengo que parar en el baño y tocarme para poder sobrevivir el resto del día hasta que pueda verte."
Sintiendo que la parte inferior de su abdomen comenzaba a tensarse mientras continuaba frotándose arriba y abajo de su longitud, deslizó su mano entre ellos para apartar su lencería, haciendo que ambos soltaran un gemido entrecortado cuando se sintieron sin barreras por primera vez. Con cada golpe, la cabeza de su polla rozaba su clítoris hinchado, acercándola más y más al borde.
"Severus..."
Agarrando su trasero y guiando sus movimientos sobre él, ronroneo en respuesta a su nombre.
"Mis pezones... por favor... necesitan..."
"Te tengo", ronroneó, tirando del lazo de satén alrededor de su cuello.
La cinta revoloteaba por su pecho, amontonándose en su regazo, seguida de cerca por las frágiles y delicadas copas de encaje. Con sus pechos moviéndose libres, los tomó a ambos acariciando con los pulgares sus picos endurecidos.
"Sí, sí, así", animó ella, su ritmo comenzaba a fallar. "Estoy tan cerca... Severus, estoy tan cerca", jadeó.
"¿Qué necesitas?" Preguntó pegado a su oreja, provocándole escalofríos.
Con el sudor empañando su pecho y su respiración entrecortada, suplicó: "Te necesito dentro de mí. Lengua, dedos, polla, algo."
Tirando de su lóbulo con los dientes cubiertos por los labios, la guió de vuelta a la cama y procedió a quitarle la lencería del cuerpo, dejándola desnuda solo para sus ojos. Dejando un camino húmedo de besos por su cuerpo, él se hundió entre sus muslos, levantando primero uno y luego el otro sobre sus anchos hombros, abriéndola.
"Tan hermoso", canturreó. Pasando los dedos por su raja, ronroneó, "Y húmedo y salvaje", llevándose el dedo brillante a la boca. Tarareando mientras chupaba el sabor de su excitación, decidió: "Tan adictivo como había pensado que sería", antes de bajar su boca traviesa a sus labios y lamer desde el final de su abertura empapada hasta su clítoris distendido, haciendo que ella gritara de placer, sus caderas se sacudieron para frotarse contra su rostro.
Primero sacudiendo el manojo de nervios con la punta de la lengua, luego aplanándolo contra ella mientras chupaba, no perdió tiempo en llevarla a un frenesí enloquecedor. Moviendo sus caderas contra su boca, Hermione persiguió el placer que él le ofrecía, sus manos sumergiéndose en su cabello para sostenerlo contra ella mientras él la penetraba por primera vez con su lengua curvada.
Deseando que fuera más profundo, ella gimió, "Tus dedos, por favor. Necesito que me estiren y me llenen", sus palabras se apagaron con un gruñido de necesidad cuando lo vio frotándose en las sábanas revueltas. "Oh, dioses, por favor fóllame, Severus. Te necesito dentro de mí. Por favor."
Asintiendo contra su vulva con un estruendo vibrante de palabras ininteligibles que la hicieron gemir hasta el techo, desenredó un brazo que había estado sosteniendo sus piernas abiertas y acarició con un dedo su raja. Mientras lo trabajaba lentamente, su necesitado coño se apretó alrededor de él, desesperado por recibir más. Bombeando adentro y fuera de ella, curvó el dedo y le hizo cosquillas a lo largo de la pared frontal hasta encontrar un punto que hizo que sus caderas se dispararan mientras al mismo tiempo trabajaba con su clítoris.
"Justo ahí", le informó sin aliento, sus ojos se entornaron cuando su próximo orgasmo la hizo tensarse.
"Por las bolas de Merlín, estás tan apretada", murmuró, en su muslo. "Tan caliente y húmeda. Increíblemente suave mientras estrangulabas mi dedo. No puedo esperar para meter mi polla dentro de ti y hacerte mía".
"Sí, por favor. Hazme tuya. Poseeme. Lléname", balbuceó sin sentido, dejando escapar un breve gemido cuando él introdujo un segundo dedo en ella.
Moviendo los dedos, rodeó y empujó a lo largo de las paredes de su coño, estirando su tejido hinchado tanto como fue posible en preparación para su miembro mucho más grueso. Volviendo a tocar el lugar que parecía alimentar a su clítoris y a la vez alimentarse de él, probó una serie de diferentes técnicas de estimulación, y rápidamente se dio cuenta de lo que la hacía más vocal.
Luego, cuando sintió un aleteo en sus paredes y la repentina necesidad de liberar su vejiga, él introdujo un tercer dedo, estirándola de tal manera que hizo que sus ojos se abrieran como platos por la intrusión. Aunque el ajuste era apretado, ella estaba demasiado excitada para sentir el estiramiento por más de un momento, sus caderas trabajaron rápidamente para igualar los dedos de él bombeando.
Palmeando sus propios senos mientras él preparaba su coño para que pudiese recibir su polla, Hermione comenzó a arquear la espalda mientras sus músculos se tensaban. Con los tres dedos de él presionando contra el tejido hinchado y su pulgar trabajando en su clítoris al mismo tiempo, ella se tambaleó en el precipicio por un segundo lento y claro antes de caer en un abismo eufórico, gritando el nombre de su profesor ahora convertido en su esposo, su orgasmo reteniendo a sus dedos como rehenes mientras chorreaba y empapaba la cama debajo de ella.
Jadeando mientras flotaba de regreso desde dónde la había enviado, Hermione abrió los brazos, instando a Severus a que se acostara sobre ella. Con sus brazos y piernas envueltos alrededor de él, besó y lamió su cuello como un pequeño gatito, su mente en una neblina mientras su cuerpo brillaba con calidez.
Riéndose mientras acariciaba su cabello, murmuró: "¿Todavía deseas continuar esta noche?"
Tirando de su mano izquierda hacia ella y besando el anillo de bodas que ella sabía distantemente debería ser motivo de alarma, aunque no se atrevía a permitir que explotara su burbuja color de rosa, suspiró, "Definitivamente".
"He leído que estar encima es una de las posiciones más cómodas para la primera vez de una bruja. Le permite controlar la velocidad y la profundidad de entrada. ¿Es eso algo que preferirías?"
Negando perezosamente con la cabeza, respondió: "No, después de tantas noches de usarte para mi placer, creo que preferiría que sucediera de una manera que te permita usarme. Pero si sirve de algo, me gusta cómo estoy ahora, debajo de ti y acunándote entre mis muslos."
"Entonces, que así sea, mi amor" —concedió él, besándola en la sien.
Separando más los muslos, ella creó más espacio para que él se hundiera mientras se erguía un poco para verlo trabajar su erección varias veces antes de alinearse en su entrada.
"Dime si te duele, Hermione y me detendré. Lo prometo."
Enganchando sus piernas alrededor de sus caderas, con los tobillos cruzados sobre su trasero, le advirtió: "No te atrevas".
Riéndose de su indignación por la idea de que él se detuviera, Severus abrió sus piernas, devolviéndolas a su posición doblada y abierta. Mirando primero hacia donde estaban a punto de unirse, ambos observaron cómo lentamente comenzaba a meterse, su frente se fruncía con cada cuarto de pulgada que ganaba.
"¿Cómo te sientes?" Preguntó cuando ella se puso rígida por el estiramiento.
Exhalando por la boca mientras se recostaba, asintió con la cabeza y respondió en voz baja: "Bien... es un poco más de lo que pensé si eso tiene sentido, pero se siente bien. Realmente bien" —añadió con un gemido de sorpresa cuando él se deslizó más adentro, su cuerpo lentamente comenzando a descender sobre el de ella con cada centímetro que cedía su coño.
"Ya casi llego", dijo entre dientes, con la cabeza recargada sobre sus pechos mientras jadeaba y trataba de regular su respiración. "Maldita sea, te sientes tan bien. Ni siquiera he recorrido todo el camino y podría correrme por la sensación de tu apretado coño succionándome".
Gimiendo al ver que volvía a hablarle sucio, Hermione levantó más la pierna derecha, llevando la rodilla hacia la parte exterior de su pecho. La acción hizo que Severus perdiera la voluntad de hierro que tenía y deslizara el resto de su pene dentro de ella, ambos inhalaron profundamente mientras él se envainaba completamente dentro de ella.
Respirando en su hombro mientras deseaba que su cuerpo permaneciera relajado, no pasó mucho tiempo antes de que el leve ardor de sus paredes estiradas diera paso a una deliciosa sensación de plenitud. Probando tentativamente un movimiento de balanceo, levantó las caderas, intentando trabajar sobre su longitud.
"Joder" —gruñó él, pasando sus brazos por debajo de los de ella, sus manos curvándose sobre sus hombros para proporcionarle apoyo—.
"¿Estas bien?" Preguntó con un creciente y desesperado deseo.
"Solo un segundo más", admitió de mala gana, moviéndose para que la pierna levantada de ella pudiera descansar sobre su codo. Asintiendo con la cabeza contra la de ella, murmuró: "Está bien, creo que estoy bien", besando su frente y el rabillo de su ojo mientras ella inclinaba la cabeza hacia atrás para alcanzar su boca.
Con sus labios sellados en un beso, lentamente comenzó a alejarse de ella, la retirada la hizo gemir ante la pérdida gradual. Cuando llegó a un punto en el que solo quedaba la punta, comenzó a reintruducirse, su lengua buscando la de ella. Repitió el ritmo lento y constante varias veces más, dándose la oportunidad de ajustar su ángulo de entrada para que su hueso púbico rozara su clítoris con cada embestida.
Cuando encontró su ritmo, Hermione dejo de contenerse y comenzó a practicar el levantamiento de sus caderas para igualar su embestida. Tomando un impulso que funcionó para ellos, su ritmo aumentó lentamente hasta que la habitación se llenó con el sonido erótico de carne contra carne y la canción mezclada de sus gemidos jadeantes y suspiros entrecortados.
Donde su orgasmo anterior creció con una necesidad cegadora y lujuriosa, el balanceo repetitivo a lo largo de su clítoris y la textura esponjosa de su Punto G mezclados con los sonidos que hacían y el deslizamiento resbaladizo de sus cuerpos empapados de sudor, creció al ritmo de un maratón, no una carrera. Sus besos fueron pausados, sus toques una caricia suave, todo trabajando en conjunto para eventualmente llevarlos a ambos al límite.
Con sus labios salpicando besos a lo largo de su rostro entre sus repetidas palabras de amor y promesas de intentar siempre ser digno de todo lo que ella le estaba dando, Severus comenzó a perder el ritmo, su cuerpo acelerándose.
"Mierda..." dijo, su cabeza descansando contra la de ella. "Quería que esto durara mucho más".
Pasando los dedos por su costado, Hermione ahuecó su mejilla, su cabeza girando hacia su toque mientras presionaba sus labios en su palma, "Esta no será nuestra única vez, mi amor. Tenemos toda la noche y todas las noches después de esta para estar juntos. Déjate llevar y simplemente siente".
"Te amo."
"Yo también te amo; ahora clávame en tu cama."
"Nuestra cama", corrigió él, levantando su otra pierna mientras comenzaba a empujar brutalmente sus caderas, aprovechando la posición en la que estaban para empujarla más profundamente sobre su polla hinchada.
Serpenteando una mano sobre su estómago, metió la mano entre sus piernas y comenzó a frotar furiosamente su clítoris mientras los dulces sonidos que habían creado se volvían acalorados y animales en su frenesí.
"Joder... Severus, estoy cerca... estoy tan cerca".
Besándola en la frente, la animó, "Sigue adelante, ya casi llego", con la respiración entrecortada.
La creciente bola de deseo que habían avivado de una pequeña llama a un incendio forestal, cayó en picado a través de ella cuando se corrió con un grito ahogado y repetitivo de su nombre, su coño apretando su polla con tanta fuerza que hizo que sus caderas se estremecieran.
Gruñendo en su hombro, mientras cabalgaba por sus palpitantes paredes, Severus gimió, "Mía", en el hueco de su cuello mientras inundaba sus paredes con su orgasmo.
Hermione soltó sus piernas y las envolvió alrededor del cuerpo de Severus, sosteniéndolo contra ella mientras él intentaba salir de su interior.
"No, quédate", ella hizo un puchero, guiando su rostro hacia el hueco de su cuello. "Quédate."
Dejando un camino de besos lánguidos a lo largo del tendón de su cuello, acomodó sus piernas alrededor de él y le devolvió el abrazo.
Suspirando con una satisfacción optimista, se dejó llevar por la calidez poscoital, disfrutando de los suaves y acariciadores besos que acentuaban sus sentimientos por ella.
Pasando perezosamente sus dedos a través de su cabello mientras su respiración se relajaba y su pene se ablandaba y se deslizaba fuera de ella, supo que no había ningún otro lugar en el que preferiría estar. Ella estaba en su cama, acurrucada debajo de él, envuelta en sus brazos, con la prueba de su amor y deseo por ella derramándose gradualmente y cubriendo la parte superior de sus muslos.
Enterrándose más en su abrazo, besó el hueco de su garganta antes de meter la cabeza en ese espacio, diciendo somnolienta: "Esta noche fue perfecta, Severus. Lo hiciste tan especial para mí, para nosotros".
"Mmm...", murmuró, levantando su mano izquierda para que la luz de las velas captara el brillo de su anillo de compromiso y la esencia arremolinada de su magia que la marcaba como su esposa. "Esto no debería haber sucedido, pero", enunció sobre su próxima protesta. "Pero me doy cuenta de que no puedo sentir culpa ni arrepentimiento por ello."
"Es seguro que causará una multitud de problemas más temprano que tarde, pero por todo mi tiempo en esta tierra, por todos los pecados que he cometido, los errores que he cometido, enamorarme de ti no está entre ellos. Eres un faro que me llama a casa a través de la tormenta, mi absolución, mi salvación. Lo eres todo para mí y mientras no te arrepientas, e incluso si algún día lo haces, yo nunca podría hacerlo. Eres mi felicidad."
Tragando el bulto de emoción que se abría paso a través de su garganta mientras una lágrima rodaba por su mejilla, rodó con él para que él estuviera sobre su espalda y ella se acurrucaba a su lado y sobre él.
Instalada en un lugar donde tendría que ser restringida a la fuerza para evitar que regresara a él cada noche, besó su pecho y le respondió: "Nunca me arrepentiré de ti, Severus. Y si toma el resto de nuestras largas vidas mágicamente bendecidas para convencerte de tal cosa, lo haré con mucho gusto y de buena gana porque nunca será una carga para mí recordarte cuán profundo es mi amor por ti".
Luego, con un acento exhausto en su discurso, susurró descaradamente: "Descansemos un poco y luego hagamos eso de nuevo".
Y aunque sus ojos estaban pesados cuando comenzó a entregarse al sueño, sabía que él estaba sonriendo con ese hoyuelo recién revelado cuando dijo: "Mientras que mi ego aprecia el entusiasmo, estarás demasiado adolorida, mi amor. Tal vez en un día o dos."
"Entonces cuál es el punto de estar casada con un Maestro de Pociones", suspiró. "¿No deberías tener algo a mano para arreglar eso?"
"Si no, te sugiero que te prepares algo porque planeo que me folles muchas veces más esta noche y todas las noches que vienen. Después de todo, eres el único hombre con el que estaré y planeo aprovechar al máximo".
"Ahora, ¿cómo podría negar una solicitud tan desenfrenada de mi dulce esposa?"
Bostezando por última vez, murmuró: "No puedes", antes de quedarse dormida, sin que ninguno de los dos se diera cuenta-ni en ese momento ni durante las próximas semanas- de que Severus y Hermione nunca antes habían necesitado una poción anticonceptiva y, por lo tanto, no habían consumido una esa noche o cualquiera de las noches siguientes.
Nota de la autora: La inspiración para el fin, el título y varias líneas provienen de la canción de ABBA, "Andante, Andante".
Inicialmente, cuando escribí la primera pieza, "When I Kissed the Teacher", tenía la intención de que solo tuviera tres partes. Debido a ese plan, esta serie ahora está marcada como completa. Sin embargo, hay una idea en movimiento para una cuarta entrega final, pero debido a que apenas comienza a tomar forma en mi cabeza, no estoy del todo lista para comprometerme a decir que sin duda habrá más.
De cualquier manera, muchas gracias a todos por hacer el mini viaje que es Canciones de Amortentia conmigo. Las opiniones, felicitaciones y comentarios sobre esta serie de tres partes han significado mucho y nunca podré agradecerles lo suficiente.
💚 SLaG
Nota de la traductora: bueno, llegamos al final de esta traducción. Como pueden ver es un final demasiado ambiguo ya que aun hay muchas cosas que necesitan suceder como la muerte de Dumbledore, los horrocruxes, etc. Si la autora se decide a hacer el epílogo, no duden que le pediré permiso para traducirlo también. Con todo y todo me parece un fic bastante esperanzador, Severus recibió en tres capítulos todo el amor y la aceptación que no recibió en canon y ahora aunque sus "amos" aun no lo saben, el ya no les pertenece a ellos (o al fantasma de Lily si a esa vamos), Severus ahora es libre y hará todo por los suyos. Espero les haya gustado y nos vemos en la próxima.
