Disfruten de la nueva adaptación!
Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
12
Sasuke.
—Sasuke, que vamos a llegar tarde.
Me siento en el suelo mientras tres cachorros de color negro azabache se suben y bajan de mi regazo jugueteando. Han tardado casi todo el día en pillarle el gusto al lugar, y hemos decidido despejar una habitación que hay cerca del patio interior para que nos fuera más fácil salir a que hagan sus cosas. He tenido mucho en lo que pensar, y casi hace que se me olvide lo que está a punto de pasar.
Casi.
Alzo la mirada y siento un nudo en la garganta que me impide respirar. Sakura está guapísima con cualquier trapo que se ponga, pero el negro le queda espectacular, de infarto. La austeridad del color resalta su piel dorada y su melena rubia. No es que opaque su resplandor, sino que produce la sensación de que un rayo de sol extraviado ha llegado al Inframundo por pura casualidad. El vestido se desliza por su piel como si fuera aceite, se posa sobre sus pechos y le cae por las caderas hasta llegar al suelo, cubriéndole los pies.
Parece una reina.
—¿Sasuke?
Mentalmente sacudo la cabeza, pero no puedo quitarle los ojos de encima.
—Estás preciosa.
Pasea la mirada por su cuerpo y, con las manos, se alisa el vestido a la altura de las caderas.
—Shizune se ha superado con este vestido. Parece simple a la vista, pero el corte y la tela son una verdadera obra de arte.
Con cuidado, bajo a los cachorrillos de mi regazo y me pongo en pie.
—No le quedaría tan bien a nadie más, ni de lejos.
—Me estás vacilando, va.
Pero sonríe como si mis cumplidos la hicieran feliz. Debo contener el impulso de prometerle que le haré cumplidos todos los días si me pone esa carita. ¿Se ha dado cuenta de que, a lo largo de las últimas semanas, se ha ido relajando y soltando poco a poco? Porque yo sí. Ha dejado de vigilar tanto sus palabras; ha dejado de tomarse cada conversación como una guerra de la que quizá no podría salir viva. Otro signo inequívoco de lo mucho que confía en mí. De lo segura que se siente.
Sakura señala a los cachorros con la cabeza, y una expresión indulgente se adueña de su rostro.
—¿Has estado pensando en algún nombre?
—Perro.
No hablo en serio; solo lo he dicho para ver cómo me pone los ojos en blanco. Y Sakura no me decepciona.
—Sasuke, tienes tres perros. No puedes llamarlos a todos Perro. Necesitan un hombre.
—Cerbero —Señalo al más grande de los tres, al que es el claro líder incluso a esta edad temprana— Ese es Cerbero.
—Me gusta —contesta sonriendo— Venga, ahora los otros dos.
—Quiero que tú elijas los nombres.
Sakura junta las cejas al fruncir el ceño y, por primera vez desde que puso un pie en esta habitación, parece insegura.
—No creo que sea buena idea.
Porque se va a marchar.
El instinto me dice que lo deje estar, para protegerme, pero la fecha límite me hace comportarme de manera temeraria.
—Sakura.
—Dime.
¿Es esperanza lo que oigo en su voz? Me da miedo suponerlo. Ahora mismo tengo mil cosas en la cabeza que podría, que quiero decirle. Estas últimas semanas que he pasado con ella han sido la época más feliz de toda mi vida. Es todo un reto para mí, y me encanta al mismo tiempo, y tengo la sensación de que podría pasarme décadas junto a esta mujer y, aun así, encontraría la forma de sorprenderme. De pronto, siento la desesperada necesidad de que este invierno nunca termine, quiero que la primavera no llegue jamás; quiero quedarme aquí, con ella, para siempre… Pero no hay un para siempre. No para nosotros.
Me acerco a ella y le acuno el rostro con las manos.
—Si fuésemos otras personas, en circunstancias diferentes, me arrodillaría ahora mismo y te suplicaría que te quedaras conmigo cuando acabara el invierno. Removería cielo y tierra, y el mismísimo Inframundo, para que te quedaras conmigo.
Sakura abre y cierra esos enormes ojos color esmeralda y se humedece los labios.
—Si... —Parece indecisa; tengo ganas de estrecharla entre los brazos y, al mismo tiempo, de no moverme por si acaso ella nunca termina esa frase. Pero no se hace mucho de rogar— Si fuésemos otras personas, no tendrías que suplicar. Echaría raíces aquí, en esta casa, y solo un suceso catastrófico podría sacarme de aquí.
«Si.»
Una palabra clave, una palabra decisiva, una palabra que bien podría ser un muro de treinta metros de alto que se interpone entre nosotros y en ese futuro que solo un imbécil no querría.
—No somos otras personas.
—No —conviene y le brillan un poco los ojos—. No somos otras personas.
Cuando la verdad me cala hondo, me pesa todo el cuerpo. Amo a esta mujer. Debo armarme de valor para evitar hacer justo lo que acabo de decir, para evitar arrodillarme ante ella y suplicarle que se quede aquí. Pero no sería justo para ella que usara esa artimaña. No quiero ser otro carcelero que acabe amargándola. Sakura quiere ser libre, y la única forma que hay para que obtenga esa libertad es marcharse de Olimpo. No puedo ser el motivo por el que no siga los pasos de su plan. Me niego a serlo.
Cuando por fin logro articular palabra, hablo con voz ronca. No digo nada que pueda hacer que se quede aquí. Sí, es posible que la ame (joder, solo de pensarlo me mareo), pero, si se lo confieso, todo cambiará. Es una trampa que no pienso hacer saltar.
—Déjame una parte de ti, sirenita. Ponles nombre a los cachorros.
Sakura aprieta los labios con fuerza y, al final, asiente.
—Vale —Da un paso hacia atrás, y yo la suelto. La observo mientras se agacha para acariciar a los perritos, que intentan treparle por las piernas— Este se llamará Caribdis.
—¿Has dicho Caribdis?
—Y esta chiquitina será Escila —dice pasando de mi comentario.
—Esos nombres tienen... algo —añado parpadeando.
—Sí, ¿no? —Esboza una sonrisa maliciosa— Les quedarán bien, ya verás.
Tsunade entra agitada a la habitación, nos mira y pone los brazos en jarra.
—¿Cómo es que todavía estáis aquí?
—Estamos decidiendo los nombres de los cachorros —contesta Sakura con tranquilidad— Te presento a Cerbero, Caribdis y Escila.
Tsunade asiente como si esos nombres fuesen la mar de normales y se los esperase.
—Unos nombres buenos y potentes para unos perros buenos y potentes. Venga, ahora salid de aquí y dejad que juegue un ratito con ellos.
Antes nos ha visto atravesar la puerta y ha tomado a los cachorritos como los nietos que jamás tendrá. Me da a mí que, de ahora en adelante, voy a tener que pelearme con ella para pasar tiempo con los cachorrillos, pero ya nos las apañaremos.
Le ofrezco el brazo a Sakura y ella posa la mano sobre mi antebrazo, con un gesto elegante y regio propio de la reina que he dicho antes que era. Mientras recorremos los pasillos de camino al cuarto del sótano, me permito un instante para imaginarme qué pasaría si no tuviésemos una fecha de caducidad. Si Sakura gobernara a mi lado, una reina oscura para mi rey de la zona baja de la ciudad. No la dejaría viviendo entre las sombras para siempre. Lucharía para darle cada rayito de sol y toda la felicidad que pudiese encontrar. Pero para nosotros eso no es posible.
Me obligo a concentrarme en lo que tengo delante y freno justo antes de darme contra la puerta.
—Ya sabes cómo va todo esto. Si cambias de opinión o quieres parar, solo dímelo y todo se detendrá.
Me brinda un amago de sonrisa.
—Lo sé. —Por un instante, parece nerviosa, pero lo oculta casi de inmediato—. Estoy lista.
—No pasa nada si no lo estás.
Sakura abre la boca, y parece replantearse la situación.
—Estoy más nerviosa de lo que pensaba. La última vez nos acostamos entre las sombras y, aunque había gente mirando, me pareció diferente. La fantasía me pone mucho y la tengo presente cuando pienso en ello, pero saber que va a pasar de verdad es un poco... intimidante.
Analizo el gesto de su rostro. No sé si siente los nervios buenos o si está empezando a arrepentirse de haber pedido todo esto.
—No tienes que hacer esto.
—Ya lo sé —La certeza penetra otra vez en su voz— Sé que, cuando estoy contigo, no tengo que hacer nada que no quiera hacer —Sakura inspira hondo y se pone derecha— ¿Igual podemos improvisar?
—Me parece bien.
Ahora mismo no sé cómo me siento. No estoy en contra de acostarme con alguien delante de gente y siendo el centro de atención. Si las personas involucradas son las adecuadas y se establecen unas expectativas, puede ser la hostia de fogoso. Me puse tan cachondo como Sakura cuando por fin me confesó que quería hacerlo. Aquella noche no me sentí tan expuesto. Era consciente de que me preocupaba por ella, pero ¿amor? Llevo treinta y tres años sin sentirlo, así que casi me autoconvencí de que no era susceptible a esa emoción. Era de esperar que esta mujer me convirtiera en un mentiroso.
Nos guío hacia delante, atravesamos la puerta y entramos al cuarto. A pesar de que he enviado las invitaciones esta misma mañana, no hay un solo hueco libre. Puede que estén aquí para jugar, pero en realidad han venido para presenciar otro espectáculo entre la monada preferida de la alta sociedad que le he quitado a Madara y yo. Ojalá esa versión fuese cierta. Así podría quedarme con ella.
La cojo de la mano y me abro paso entre la multitud. El único camino que hay hacia el trono nos lleva a atravesar varios conjuntos de sillones y sofás. Se diseñó así, para que pudieran verme como a un tigre en un zoo. Están tan cerca que pueden tocarme, pero saben que no deben intentarlo siquiera. Veo rostros conocidos mientras caminamos por el cuarto. Eros ha vuelto, con un brazo rodeando a un hombre y el otro a una mujer. Me mira con una sonrisa arrogante cuando pasamos por su lado. Por una vez, parece que nadie ha empezado la fiesta sin nosotros.
Están todos esperando el espectáculo.
Con cada paso que damos, el andar de Sakura es más forzado. Miro hacia atrás y veo en sus ojos esmeraldas una mirada vidriosa a pesar de la brillante sonrisa que luce en el rostro.
Su máscara. Joder.
Mi trono está vacío, como siempre. Me hundo en él, y tiro de Sakura para que se siente sobre mi regazo. Está muy tensa, temblando, y eso no hace más que confirmar mis sospechas. Le recojo las piernas y se las paso por encima de mis muslos, rodeándola todo lo que puedo con mi cuerpo.
—Respira despacio, Sakura.
—Eso intento.
Por su voz parece que se esté ahogando. Pero no por el deseo. Ni por las ganas. Por el miedo.
La cojo de la barbilla y le levanto la cara hasta que su mirada se cruza con la mía.
—He cambiado de opinión.
—¿Qué?
Tengo que ir con cuidado. No me va a dar las gracias por intervenir, pero no pienso dejar que siga adelante con esto solo porque sí. Ya habrá más noches, más oportunidades. No voy a participar en nada que pueda hacerle daño. Me la quedo mirando un par de segundos.
—No me apetece mucho follarte en el escenario esta noche.
Veo el alivio reflejado en sus ojos, y esboza una tímida sonrisa.
—¿Tan evidente soy?
—He aprendido a analizarte mejor que el resto —Me inclino hacia delante y continúo— Pero voy en serio. No estoy listo para exponerte a ese nivel todavía. Me gusta que nos quedemos entre las sombras, que lo nuestro sea solo para nosotros. ¿Me perdonas?
—Siempre —Se relaja contra mi pecho y me da un beso fugaz en la comisura de la boca— La teoría me pone mucho, pero ahora que estamos aquí...
—Si crees que nunca vas a poder llevar a cabo la fantasía, no pasa nada.
Sakura se echa hacia atrás.
—Pero es algo que tú quieres. Con el tiempo.
Le cojo la mano y le paso el pulgar por los nudillos, con suavidad.
—Me atrae, sí. Pero parte de esa atracción radica en tu placer. Si a ti no te pone, entonces no vale de nada.
—Mmm —Mira nuestras manos— Igual podemos empezar con algo entre las sombras, aquí, en el trono... ¿Y continuarlo allí la próxima vez?
—Si te apetece... —digo con cautela.
No comento nada de que necesitaríamos mucho más que seis semanas para llevar a cabo todas las cosas que se le pasan por ese increíble cerebro que tiene. No sería justo, y no quiero herirla, ni siquiera de pasada.
—Pero ¿esta noche no?
—Esta noche no —confirmo.
—Vale —Parece relajarse un poco más y, entonces, una sonrisa traviesa se adueña de sus labios— En ese caso, Sasuke, me gustaría muchísimo empezar la noche contigo follándome la boca, sentado en tu trono.
Me quedo de piedra. Ya he tenido sus labios alrededor decenas de veces desde esa primera vez, pero no creo que me acostumbre nunca a oírla pronunciar esas palabras. Y tampoco dejaré de desearlas. No le digo que todavía tenemos noche por delante. Me ha dejado ver su vulnerabilidad, y ahora nos ofrece algo que ambos deseamos para recuperar la seguridad. La suelto y me recoloco en mi trono, apoyando los brazos en el sillón.
—Faltaría más, sirenita. Arrodíllate.
No tarda ni un segundo en deslizarse hacia el suelo y obedecerme. Parece toda una reina aun estando de rodillas ante mí. Me desabrocha los pantalones y me la saca. La muy juguetona se relame y me mira desde abajo.
—Nos están mirando todos, ¿no?
No tengo que levantar la cabeza para saber la respuesta a esa pregunta, pero lo hago de todas formas. Al ver que ha cambiado la programación de la noche, hay un puñado de siluetas borrosas que ya se han puesto manos a la obra y están teniendo sexo, pero la mayoría de los presentes están tirados en los sofás y los sillones, mirando en nuestra dirección.
—No pueden vernos bien, pero su imaginación está haciendo el resto.
—Mmm —Sakura se estremece, pero esta vez los escalofríos son de deseo— Nos observan y ven cómo corrompes la propiedad de Madara.
—No eres de su propiedad —espeto, y mi voz suena más áspera de lo que quería.
Sakura me rodea la base con la mano.
—Ya lo sé —contesta, y me regala una sonrisa que me parte el alma— Destroza mi maquillaje, Sasuke. Monta un buen espectáculo, solo para nosotros.
Nosotros.
Esta mujer va a acabar conmigo si sigue hablándome así, como si fuésemos nosotros contra el mundo. Como si fuésemos un equipo, un conjunto, una pareja. Pero no la corrijo. Por el contrario, me permito el gusto de zambullirme en la fantasía tal como ella está haciendo. La fantasía de un nosotros.
La agarro del pelo con una mano y endurezco mis facciones en un gesto frío y contenido.
—Chúpame, sirenita. Y hazlo bien.
—Sí, señor.
No vacila, sino que se introduce toda mi erección en la boca hasta que debe retirar la mano de la base para poder tocarla con los labios. Se atraganta un poco, pero eso no la disuade ni un ápice. Lo único que hago es contenerme mientras Sakura acelera el ritmo con facilidad, y casi se ahoga cada vez que me engulle. Pero parece que soy yo quien la lleva. Mientras se le corre el rímel por las lágrimas y me deja marcas de pintalabios, que también mancha la comisura de sus labios, parece que soy yo quien la está obligando a hacerlo.
Puedo sentir cómo aumenta la tensión sexual del cuarto sin levantar la mirada siquiera. Pero los observo. Contemplo la habitación mientras Sakura se esfuerza por metérsela hasta el fondo de la garganta, y veo a aquellos que miran nuestra escena con lujuria y a quienes parecen casi preocupados. Lo odio. Casi siempre que interpreto escenas semejantes a esta, lo he hecho para añadir una capa más al mito de Sasuke, para aumentar la fama de que soy un hombre al que no deben importunar. Ya me han observado con miedo en la mirada, y jamás me ha molestado porque me era de gran utilidad. Sakura no es una pareja anónima que interprete un papel para después regresar a su vida normal. No importa cuánto necesite esta escena, que necesite el resultado final tanto como yo. Solo de pensar que se creen que estoy mancillando a la prometida de Madara por simple venganza me duele como si me clavaran cristales en el pecho. El hecho de que piensen que algo tan natural y sencillo como el sexo puede mancillar a alguien presiona más esas esquirlas.
Sakura me hunde los dedos en los muslos, y dejo de mirar al cuarto para centrar mi atención en ella. Me mira y dice:
—Quédate conmigo, Sasuke. Esta noche solo importamos tú y yo.
Tiene razón. Sé que tiene razón. Cierro los ojos un instante, dos, y los abro. La única persona de este cuarto que me importa está arrodillada entre mis piernas, mirándome con unos ojos color esmeralda con tal fogosidad en ellos que es un milagro que no hayamos combustionado aquí y ahora. Sakura es un desastre precioso, y saber que me permite disfrutar de ella es embriagador.
—Estoy aquí —carraspeo, ya que de pronto tengo un nudo en la garganta— Estoy contigo.
Sakura sonríe, se vuelve a meter toda mi erección en la boca, y retoma la tarea de volverme completamente loco de placer. No intento contenerme. No cuando me devora con tanta dulzura, no cuando ha convertido esto en algo solo para nosotros en vez de en un espectáculo para ellos. Le paso los pulgares por las mejillas, y le seco las lágrimas.
—Estoy cerca.
Un aviso y una promesa. Sakura acelera el ritmo al instante, y me chupa como si fuese a conseguir su redención con este orgasmo. Me dejo ir. Todo el cuarto se reduce a ella y a mí, y al placer que me embarga. Ella se lo bebe todo mientras yo me corro, chupándome hasta que tengo que apartarla con un empujoncito. Sakura se relame y me brinda una sonrisa de alegría.
—Te juro que me gusta muchísimo verte correrte así.
«Te juro que te quiero.»
No sé cómo, pero me guardo esas palabras. No puedo decírselas sin atarla a mí, sin echarlo todo a perder. Pero... puedo demostrárselo. Puedo darle un regalo a cambio por todo lo que me ha dado ella estas semanas que hemos pasado juntos, que ha culminado en esta escena. Esta mujer no se merece estar de rodillas. Se merece que la veneren. Se merece estar en el trono como mi igual.
Y pienso subirla a él.
—Levanta —le indico.
Debe de pensar que acabará de nuevo sobre mi regazo, porque se le abren los ojos como platos cuando me levanto y le doy un empujoncito hacia el sillón que estaba ocupando hace un momento. Hacia el trono. Al fruncir el ceño se le juntan las cejas, pero no le doy la oportunidad de preguntarme. Me limito a arrodillarme frente a ella.
—Sasuke, ¿qué estás haciendo? —me pregunta con los ojos más abiertos si cabe.
Por un instante, no puedo dejar de mirarla desde el suelo. El vestido le cae por las piernas hasta los pies, y el trono oscuro sobre el que está sentada y la cuidada iluminación del cuarto dibujan un halo sobre la melena rubia. Es imposible negar cómo la energía emerge de cada célula de su ser, incluso con el maquillaje todo corrido. Antes me ha parecido toda una reina, pero estaba muy equivocado.
Es una maldita diosa.
Sakura.
No puedo soportar mirar el resto de la estancia, así que me centro por completo en el hombre arrodillado a mis pies. ¿Es que no entiende lo antinatural que es esto? Sí, ya ha estado arrodillado delante de mí antes, pero era diferente. Privado, algo solo entre nosotros dos. Independientemente de nuestras posiciones, no me cabe duda alguna de que cada célula de su cuerpo es dominante. Nunca ha llegado a someterse a mí.
Y ahora tampoco lo está haciendo.
Pero lo aparenta, y eso es todo lo que le importa a la gente que lo está presenciando. Están viendo a Sasuke, de los Trece, arrodillado a los pies de una mujer que se sienta en su trono. Pensaba que estábamos marcándome como suya y solo suya, pero esto no entraba en el plan.
—¿Qué estás haciendo? —susurro.
—Venerarte.
Nada de lo que dice tiene sentido, pero no me da tiempo a comprenderlo. Me agarra el dobladillo del vestido, sube las manos por las piernas con una caricia y arrastra la tela con ellas. Me deja al descubierto las pantorrillas, las rodillas y los muslos, y después me amontona el vestido sobre las caderas. Es tan diferente de la última vez que estuvimos aquí... Por aquel entonces no me preocupaba el recato, estaba tan fuera de mí por el deseo que no me importaba quién viera qué hacíamos en las sombras, pero la posición de Sasuke hace que este acto parezca un secreto. Como si fuera solo para nosotros.
Me mira como si nunca antes me hubiera visto, como si yo fuera la que tuviera todo el poder en esta ecuación y él estuviera adorando de verdad a alguien por encima de su estatus. No tiene sentido, pero mi confusión no consigue amainar mi deseo. Sobre todo cuando desliza los dedos por la cara interior de mis muslos y me insta a abrirme para él.
Centra la atención en mi parte más íntima.
—Te encanta comerme.
—Culpable. Pero eso ya lo sabías —Ambos hablamos en voz baja, apenas un poco más alto que un susurro. Esto añade una capa más de intimidad a este momento, a pesar de todas las miradas que se posan en nosotros— Sasuke... —No sé qué decir. No sé qué debería decir— ¿Qué estamos haciendo?
Contesta con la boca, pero sin palabras. Baja la cabeza y me besa entre las piernas. Una caricia larga y minuciosa que hace que todas las preguntas desaparezcan de mi cabeza. Pueden esperar. Ahora mismo, lo único que me importa es el placer y me lo está proporcionando con creces. Me empuja una de las piernas hacia arriba, por encima del reposabrazos del trono para abrirme para él. Parece que me memoriza con cada lametón y con cada beso. No está centrado en mi orgasmo, eso me queda claro, aunque el deseo me hierva en las venas. Puede que me esté comiendo, pero Sasuke lo hace como si fuera solamente por su placer. En cierta forma, esto hace que la experiencia me excite mucho más.
Entonces levanto la mirada. No exagero si digo que todos los ojos de la estancia están clavados en nosotros. La gente ha dejado de hacer lo que quiera que estuviera haciendo antes de que Sasuke y yo empezáramos con nuestro propio espectáculo. Su lujuria me salpica y hace que la mía aumente todavía más. El poder y el anhelo se enroscan en mi interior a medida que voy encontrándome con todas esas miradas, cuando veo la envidia y el ansia. Algunos quieren ser yo. Otros quieren ser el que está arrodillado a mis pies.
Hacer como si no estuvieran no se parece a nada que haya experimentado antes. No nos hemos equivocado al quedarnos en las sombras, al no exhibirnos bajo los focos. Esto es mucho mejor, crea una fantasía de la fruta prohibida que todo el mundo puede ver, pero no tocar. Todos menos Sasuke.
Me sorbe el clítoris entre los labios a la par que lo baña en atenciones con la lengua. Después de sus caricias suaves y los lametones provocadores, esto me pilla tan por sorpresa que se me arquea la espalda y se me escapa un grito de los labios. La tensión que se respira en el ambiente incrementa varios niveles, pero yo ya no estoy mirando a nuestro público. No, Sasuke es el dueño de mi atención. Le paso los dedos por el pelo y los hundo para acercarlo a mí.
Gruñe contra mi piel y es una sensación tan lasciva que apenas puedo soportarlo.
—Haz que me corra —susurro.
Durante un instante, creo que se va a apartar, a recordarme que, sin importar que estemos al mismo nivel, es él quien está al mando ahora mismo. No lo hace. Sino que... obedece. Sasuke me penetra con un dedo, después con otro, gira la muñeca en búsqueda de ese lugar que me derretirá al tiempo que dibuja círculos con la punta de la lengua alrededor de mi clítoris. Donde antes desarrollaba mi placer en olas constantes que podía capear, ahora levanta un tsunami de deseo que no tengo esperanzas de poder combatir. Aunque nunca he tenido la intención de hacerlo.
Me corro con su nombre en los labios, parece hacer eco en todas las esquinas de la estancia. Incluso cuando modera sus caricias y me obliga a volver a mi cuerpo, tengo la sensación de que ya nada volverá a ser como antes. Hemos pasado de largo ese punto sin retorno que ninguno de los dos sabíamos que existía. Ahora ya no hay marcha atrás. Y tampoco estoy segura de querer que la haya, aunque esa posibilidad siguiera disponible.
Sasuke vuelve a colocarme bien el vestido y se levanta. A simple vista, parece perfectamente sereno... al menos hasta que lo miro a los ojos. Tienen un aspecto salvaje, con la misma necesidad que me recorre como una marejada bajo la piel. No ha sido suficiente. No ha servido ni para quitarnos el gusanillo. Me tiende la mano. La contemplo lo que dura un suspiro. Parece un gesto muy simple, pero, a pesar de encontrarme tan conmocionada, lo comprendo. No me está exigiendo nada. Me lo está pidiendo. Nos está poniendo al mismo nivel. La cuestión es que no entiendo por qué. Al final, me es indiferente. Coloco la mano sobre la suya y dejo que me ponga en pie de un tirón. Se da la vuelta para enfrentarse al resto de la estancia, la gente ha dejado de fingir que no nos está mirando. Es una sensación... extraña, pero no necesariamente mala. Están esperando a ver qué hacemos y esperarán tanto como nosotros queramos.¿Así se siente una al ser poderosa?
Sasuke parece retar con la mirada a todas y cada una de las personas presentes.
—Cuando volváis con el rabo entre las piernas a vuestros rascacielos y vidas glamurosas de la zona alta, más os vale contar toda la verdad de lo que ha ocurrido esta noche aquí dentro. Es mía —Le da un apretón fugaz a mi mano— Y yo soy suyo.
Esto no formaba parte del plan. Ni siquiera estoy segura de que hubiera algo planeado esta noche, no después de que me echara atrás. Pero Sasuke no me está declarando de su propiedad como lo lleva haciendo desde el principio de nuestro acuerdo, del modo que habíamos establecido para provocar a Madara. Lo está declarando como algo mutuo.
Es algo de lo que hemos hablado en privado, pero hacerlo así cambia las cosas por completo. No sé qué significa. Y como no sé lo que significa, lo único que puedo hacer es esforzarme por mantener mi expresión bajo control mientras Sasuke nos conduce a la salida y abandonamos el cuarto. En cuanto se cierra la puerta a mis espaldas, murmuro:
—¿No vas a entretener a tus súbditos esta noche?
—Que les den —Apenas suena a sí mismo— Solo vienen por los chismorreos y hoy no estoy de humor para interpretar al villano —Atraviesa el vestíbulo hasta llegar a las escaleras, casi me arrastra detrás de él— No me ven. Nadie me ve, solo tú.
Se me sale el corazón por la boca.
—¿Qué?
Pero no vuelve a hablar hasta que entramos en su habitación y cierra de un portazo. Nunca lo había visto de esta forma. Enfadado, sí. Incluso un poco presa del pánico. Pero ¿así? No sé qué está pasando.
—Sasuke, ¿qué te ocurre?
—Juré que no lo haría —Se pasa las manos por el pelo— Lo que tenemos no es sencillo, pero es lo más sincero que he tenido con nadie desde que alcanza mi memoria. Eso significa algo, Sakura. Incluso aunque para ti no quiera decir nada, para mí sí.
Sigo sin entenderlo, pero al menos ya tengo una respuesta.
—Para mí también significa algo.
Eso hace que se calme un poco. Se deja caer sobre el sofá y exhala con fuerza.
—Dame un minuto. No es culpa tuya. Son mierdas que tengo en la cabeza. Es que... necesito un minuto.
Pero no quiero darle un minuto. Quiero entender qué le ha disgustado. Quiero arreglarlo. Me ha dado tantas cosas durante estas últimas semanas, más de lo que puedo llegar a comprender. No puedo quedarme aquí parada y dejarlo sufrir mientras yo me cruzo de brazos. Así que hago lo único que se me ocurre.
Camino hasta Sasuke y me arrodillo delante de él. Cuando se limita a mirarme, me abro paso entre sus muslos hasta que se ve obligado a empujarme o a dejarme sitio. Abre las piernas mientras suelta otro de esos suspiros desgarradores.
—Ya me la has chupado esta noche, sirenita.
—No es lo que iba a hacer.
Si hubiera pensado que habría sido de ayuda, me lo habría metido en la boca sin dudarlo y con mucho gusto. Pero el sexo no es la solución para esto. De eso estoy segura.
En vez de eso, me pego a su torso y lo envuelvo entre mis brazos como puedo. Se queda tan quieto que pensaría que está aguantando la respiración si no fuera porque siento su pecho subir y bajar contra mi rostro. Muy pero que muy despacio, me rodea con sus brazos, al principio con cuidado y después con fuerza para apretarme contra él.
—Va a doler cuando te vayas.
Habla tan bajito que apenas escucho las palabras. Cuando me golpean, lo hacen con la fuerza de una explosión nuclear.
Pues claro que sospechaba que le importaba. Puede que Sasuke sea temible en muchos sentidos, pero es demasiado sincero para ser capaz de mentir con su cuerpo. Me toca como si significara algo para él. Me ha abierto poco a poco las puertas de la zona baja, me ha mostrado aquello que le importa, me ha dejado entrar. Aunque no me hubiera permitido plantearme a fondo lo que implicaba, me había dado cuenta. Pues claro que me había dado cuenta.
Y a mí también me importa.
—Sasuke...
—Lo que he dicho antes iba en serio. No te voy a pedir que te quedes. Sé que no es posible. —Suelta un largo suspiro.
Me muerdo la lengua antes de que pueda añadir algo más. Tiene razón, es imposible que me quede, pero eso no cambia que yo también fuera en serio con lo que le he dicho antes. Si fuésemos otras personas, este sitio sería mi hogar y este hombre sería mío.
—Cuando acepté el trato, tres meses me parecían una eternidad.
Se me escapa una risa que amortigua su camisa.
—Ahora no lo parece.
Nos quedan menos de dos meses y se pasarán en un suspiro. Como me despiste, se habrá acabado y la distancia entre nosotros será cada vez mayor. Nunca más veré a Sasuke. Y no sé cómo, con todo lo que ha estado pasando, nunca se me había ocurrido esto. Que podría echarlo de menos. Que marcharme será como arrancarme una parte de mí misma. Qué descabellado. Solo han pasado unas semanas. Puede que alguna de mis hermanas se enamorase hasta las trancas de su pareja en ese período de tiempo, pero yo no. Comprendía los límites cuando le insistí tanto a Sasuke para que aceptara el trato. Solo era de puertas para fuera, solo porque no nos quedaba otra. No me habría escogido si no hubiera estado con Madara antes de ser suya. Ni siquiera me habría mirado dos veces: una mujer que es la personificación de todo lo que odia de la zona alta. Un rayo de sol con piernas, una personalidad falsa que proyecto para conseguir que la gente haga lo que quiero.
Me echo hacia atrás e intento soltar otra carcajada. Me sale rota, más parecida a un sollozo que a una risa.
—Yo...
¿Qué debería decir? Nada va a cambiar el curso de los hechos. El camino que hemos compartido durante un instante mientras coincidían su necesidad de venganza y mi anhelo por la libertad.
Nunca planeamos que durara para siempre.
Debería aliviarme saber que Sasuke no me va a pedir que me quede, que no va a complicarlo todo con cosas que ninguno de los dos debería querer. Pero no. En vez de eso, una extraña desesperación se abre paso a zarpazos por mi cuerpo; sube, sube y sube hasta que me brota por la boca.
—Bésame.
Duda por el más fugaz de los instantes, como si quisiera memorizar mis rasgos antes de salvar la minúscula distancia que nos separa y reclamar mi boca. Me besa con brusquedad, no queda nada de la tierna delicadeza que ha mostrado una y otra vez.
«Bien.»
No quiero su ternura. Quiero su recuerdo marcado hasta en mis huesos.
Se levanta y tira de mí para que haga lo mismo, apenas interrumpiendo el beso. Con manos exigentes nos desnudamos el uno al otro, me arranca el vestido cuando la tela no se mueve lo bastante deprisa, salen volando los botones de su camisa. Sigo peleándome por librarme de la prenda cuando me obliga a caminar hacia atrás, en dirección a la cama.
—No puedo esperar.
Yo ya estoy asintiendo. Ahora mismo no necesito la seducción meticulosa. Solo lo necesito a él.
—Date prisa.
Me levanta y le envuelvo la cintura con las piernas. Con un pequeño movimiento, me penetra; Sasuke me agarra del culo para controlar mi descenso sobre su erección. Rápido, rápido, más rápido. Me da igual. Me retuerzo en un intento de pegarme más a él. No hemos dejado de besarnos, no es suficiente. ¿Quién necesita oxígeno cuando tengo a Sasuke? Él es mi oxígeno.
Ese pensamiento debería asustarme. Puede que lo haga cuando disponga del tiempo para pensarlo. Ahora mismo, lo único que siento es deseo.
Me levanta y me hace descender, usa la fuerza para hacerlo ahí de pie. Solo con esto ya me siento delirar. Aparto la boca de la suya el tiempo suficiente para musitar:
—Más. Hazlo duro.
Espero que me tumbe en la cama. En vez de eso, se da la vuelta y se mueve hacia el tocador para subirme a él. Me agarra de la garganta y me empuja hacia atrás para arrinconarme contra la pared.
—Observa —Apenas suena a él, su voz se ha vuelto grave y feroz— Observa lo mucho que me necesitas ahora mismo. Cuando seas libre y persigas esa vida de ensueño que tanto quieres, recuerda lo mucho que te gusta tenerme dentro, sirenita.
Entra de golpe y luego sale; su pene reluce con mis fluidos. No puedo apartar la vista. No quiero.
Sasuke sigue seduciéndome con palabras, atrapándome.
—Algún día, cuando dejes que un capullo cualquiera te seduzca y estéis follando, recuerda esta noche y estate segura de que nadie jamás podrá compararse conmigo. Pensarás en mí cuando los tengas dentro.
Mi mirada vuela hacia su cara, esa furia posesiva que se aprecia en ella es tan excitante como lo que le está haciendo a mi cuerpo. Quiero hundirme en ella y no volver a salir a la superficie. Pero no puedo. No puedo.
—No seas cruel —jadeo.
—Lo soy —Vuelve a embestir y pega nuestros cuerpos, tan cerca como pueden estar dos personas, para después besarme con brusquedad. Levanta la cabeza lo justo para decir— Me has destrozado, Sakura. Así que, joder, más te vale perdonarme por querer devolverte el favor.
Y ya no hay nada que decir. Nos entregamos a nuestro ser más primitivo, buscamos nuestro placer mutuo. Cuando me corro, parece que me han arrancado el orgasmo a la fuerza, como si fuera algo que nunca más vaya a recuperar. Sasuke me sigue por el precipicio unos instantes después, pegando nuestros cuerpos y hundiendo el rostro en mi cuello mientras se corre.
Se hace el silencio.
Me aferro a él con los ojos aún cerrados, no estoy dispuesta a dejar que la realidad se inmiscuya. Aun así, ahí está, acechando desde las lindes del placer, que se va desvaneciendo. El frío de la habitación sobre nuestra piel húmeda por el sudor. El dolor que siento en varias partes del cuerpo por lo que nos hemos hecho el uno al otro. La respiración entrecortada de Sasuke que se va ralentizando a medida que lo hace la mía.
Por fin levanta la cabeza, pero no me mira.
—Lo siento.
Debería dejarlo estar. Podemos dar tantas vueltas como queramos, pero eso no va a cambiar nuestra situación, nuestra fecha límite. En vez de eso, trago saliva con dificultad.
—Yo no.
