Disfruten de la nueva adaptación!

Ni la historia ni los personajes me pertenecen.


13

Sasuke.

No puedo dormir.

Ni siquiera después de darme una ducha y de meterme en la cama con Sakura, de estrecharla entre los brazos mientras se acompasa su respiración, ni siquiera entonces me entra el sueño. No consigo deshacerme del terror que ha ido creciendo en mi interior con cada minuto que ha pasado desde que he alcanzado el orgasmo y he salido de ella, y en mi cabeza todavía resuenan las duras palabras que le he soltado. Me he pasado de la raya, y que ella estuviese justo allí, conmigo, no cambia el hecho de que ha ocurrido.

No quiero dejar que se vaya.

Un supuesto imposible. Para el caso, bien podría tratar de echarle el lazo a la luna en vez de intentar que Sakura se quede conmigo. Aunque ella quisiera, pagaríamos un precio demasiado alto por estar juntos. Su madre jamás aceptaría que su encantadora hija prefiriese la zona baja de la ciudad (que me prefiriese a mí, a Sasuke), en vez de la brillante y tóxica corte de Madara que ella le ofrece. Seguirá castigando a mi pueblo para intentar que dé mi brazo a torcer. Podríamos sobrevivir un par de años sin su ayuda, siempre y cuando no usáramos demasiado las líneas de abastecimiento que he establecido con Tritón; pero en cuanto Poseidón o Deméter se dieran cuenta de lo que está pasando, nos cerrarían esa vía también. Y quien sufriría será la gente que depende de mi seguridad. ¿Y Madara? No descansará jamás mientras Sakura esté conmigo. Pensaba que a estas alturas ya habría movido ficha, pero ese viejo cabrón es más hábil de lo que creía. Irá a por mí, pero ya se encargará de que nadie sepa nunca que tuvo algo que ver en mi caída. Si no puedo demostrar su involucración...

No, tengo mil motivos para cumplir el trato que hice con Sakura y allanarle el camino para conseguir su libertad. Pero solo tengo uno para pedirle que se quede conmigo: que la quiero. Y no es suficiente. Jamás será suficiente con la suerte en nuestra contra.

Estoy tan sumido en mis pensamientos que tardo unos segundos en percatarme de que está sonando un móvil. Levanto la cabeza, pero no es mi tono de llamada.

—Sakura.

La chica se estira y me mira con esos enormes ojos color esmeralda, parpadeando.

—Dime.

—Te está sonando el móvil —Mientras ella intenta espabilarse, me levanto de la cama y cojo su teléfono del tocador. Echo un vistazo a la pantalla y veo que aparece el nombre de Hinata— Es tu hermana pequeña.

Al oírlo, se termina de despertar. Se incorpora en la cama y se echa la melena hacia atrás con una mano mientras me pide que le pase el teléfono con la otra. Espero que hable con su hermana en el baño, o en la salita de estar, para tener algo de privacidad, pero activa el altavoz.

—Dime, Hinata.

—¿Sakura? Alabados sean los dioses. Eres la única que me ha cogido el móvil.

El pánico que destila la voz de la mujer me pone los pelos de punta.

—¿Qué te pasa?

—Me están siguiendo. Había quedado con Toneri en un bar, pero no se ha presentado y un tío se ha puesto muy pesado, así que me he ido, pero... —Hinata solloza entre jadeos— Me está siguiendo. Y no pasan taxis. No sé qué hacer. Había gente por la calle, pero estamos muy cerca del río y ahora no hay nadie. He intentado llamar a Toneri, pero no me lo coge. Sakura, ¿qué hago?

Cuanto más asustada está su hermana, Sakura más oculta sus sentimientos, y le habla con brusquedad:

—¿Dónde estás? Dime tu ubicación exacta.

—Esto... —El silbido del viento se cuela por el altavoz— En el cruce de Enebro con la Cincuenta y seis.

Mi mirada se cruza con la de Sakura. Su hermana está cerca del río Estigia, pero no lo suficiente. Si Sakura intenta cruzarlo, los hombres de Madara irán a por ella. Si lo intento yo, habré incumplido el acuerdo.

—Tiene que llegar al río —susurro.

Sakura asiente, y habla con su hermana.

—Hinata, tienes que cruzar el Estigia. ¿Me oyes? Si bajas por Enebro, verás el puente. Te estaré esperando allí.

Hinata ni siquiera pone en duda la orden de su hermana, y eso no es más que una muestra del miedo que siente la chica.

—Sakura, tengo miedo.

—Estamos de camino.

Yo ya me he puesto en marcha; he ido al armario y he sacado lo primero que he pillado, y después me he metido una pistola en la parte de atrás de la cinturilla del pantalón. Espero no tener que dispararla esta noche, pero quiero estar preparado. Cojo unos vaqueros y una camiseta para Sakura. Acaba de colgar con su hermana cuando vuelvo al dormitorio. Le envío un mensaje a Naruto para que se reúna con nosotros en la puerta, con un grupo. Tenemos que ir con cuidado, pero con solo notar la tensión en el gesto de Sakura ya sé que vamos a mandar a la mierda la prudencia y hacer lo que sea por salvar a su hermanita.

—Todo esto es culpa mía.

No ha acabado la frase y yo ya estoy negando con la cabeza.

—No, no es verdad.

—¿Cómo puedes decir eso? ¿No te resulta familiar? Un desconocido que está llevando a una mujer asustada hasta el río. Apesta a Madara de lejos.

Tiene razón, pero eso no cambia nada. Tenemos que llegar al puente.

—Ya averiguaremos más cuando Hinata esté a salvo. Ahora debes concentrarte en eso.

Una parte de mí cree que me lo va a discutir, pero Sakura se yergue e inspira hondo, despacio.

—Vale.

—Vamos.

Corremos escaleras abajo y nos topamos con Naruto y los demás esperándonos. El puente Enebro está muy lejos para ir hasta allí a pie en caso de urgencia, así que nos apretujamos en dos coches. No le suelto la mano a Sakura en todo el viaje. De nada servirá intentar rebajar un poco la tensión de la chica, no cuando corre peligro la vida de uno de sus seres queridos. Lo único que puedo hacer es ofrecerle el poco consuelo del que soy capaz. No deja de llamar a gente con el móvil y al final se desquita.

—No hace más que saltarme el contestador del gilipollas ese. Antes no tenía el móvil apagado, y ahora sí.

Es fácil saber a quién se refiere.

—No es que se pueda confiar mucho en Toneri.

Una afirmación neutra, pues no sé qué necesita Sakura ahora mismo.

—No se lo pienso perdonar en la vida. —Percibo una mirada gélida en sus ojos— Si le pasa algo a Hinata, lo voy a matar con mis propias manos.

No puedo decirle nada que vaya a serle de ayuda. «Ya lo mataré yo por ti» no es ni de lejos la frase romántica que una persona quiere escuchar, por muy preocupada o furibunda que esté. Llegamos al puente, y eso me evita tener que pensar en una respuesta mejor.

Frenamos en seco y salimos del coche en tropel. Parece una noche hecha para que la gente cometa actos malvados: el ambiente está cargado y húmedo, y una niebla baja se acerca desde el río y cubre el suelo. Da un toque espeluznante y nos dificulta la visión.

Me recuerda a la noche en que Sakura cruzó el río Estigia.

Sigo a la chica hasta las enormes columnas que tiene el puente Enebro a cada lado, una señal inequívoca de la frontera a nuestra orilla del río. Es uno de los puentes mejor iluminados, y sé que está escrudiñando al otro lado del río en busca de cualquier indicio de su hermana, como yo. Hemos llegado enseguida, pero ella ya debería estar aquí, aunque fuese a pie.

—Sasuke...

El miedo que percibo en la voz de Sakura es una llamada que no puedo evitar contestar. Nunca, jamás debería tener miedo. No mientras esté conmigo.

—Estará al caer.

No me corresponde a mí darle esa seguridad. No conozco las circunstancias de los hechos, solo sé que alguien perseguía a Hinata.

Como si la hubiese invocado con mis palabras, se disipa un poco la niebla al otro lado del río y vemos emerger una silueta de mujer. No está corriendo. Se tambalea. A esta distancia no puedo percibir los detalles, pero se está sujetando el brazo contra el cuerpo, como si estuviese herida.

Joder.

Sakura me coge del brazo y suelta un grito silencioso. Da un paso antes de que la retenga por la cintura.

—No podemos cruzar el puente.

—Pero nosotros... —No tiene oportunidad de acabar la frase. Un hombre aparece entre la niebla justo detrás de Hinata, un halcón de cacería tras su paloma herida. Sakura se queda de piedra y, cuando habla, su voz destila una tranquilidad sobrecogedora— Suéltame.

Si la suelto, saldrá corriendo tras su hermana y acabará entre las garras de Madara. Ya sea atrapándola esta noche o alargando un poco el juego, eso es irrelevante. Pasará antes o después. Si la retengo mientras le pasa algo a su hermana, la perderé mucho antes de que acabe el invierno. Es más, jamás podré vivir con mi conciencia si me quedo de brazos cruzados mientras esa chica sufre.

—Sakura... —El hombre que persigue a Hinata la alcanza, la coge por el hombro y la obliga a volverse. La joven grita, y es un sonido claro y aterrador. Me muevo antes incluso de darme cuenta de que he tomado una decisión. Lanzo a Sakura a los brazos de Naruto— No permitas que cruce el puente.

Yo seré el único que pague el precio por las infracciones de esta noche.

No dejaré que lo haga ella.

Sakura protesta y se revuelve, pero Naruto la retiene con un abrazo fuerte, sujetándole los brazos contra los costados e inmovilizándola sin hacerle daño. Me basta. Cruzo el puente a toda velocidad, hacia su hermana; hacía muchísimo tiempo que no corría tan rápido. Pero no lo suficiente. Lo sé cuando llego a la mitad del puente.

El agresor de Hinata la empuja contra el suelo. La chica cae y se da un porrazo tal que se me revuelve el estómago, pero no se queda quieta. Ni siquiera mira al desconocido. Clava la mirada en su hermana y empieza a arrastrarse hacia el puente.

—¡Hinata!

Los gritos agonizantes de Sakura me motivan. Eso, y que el hombre se cierne sobre su hermana. Tiene el rostro desfigurado en un ceño fruncido y salvaje. No grita, pero, aun así, sus palabras llegan hasta mí.

—Venga, Hinata, llama a tu hermanita. Grita por ella.

Ya intuía que Madara estaba detrás de todo esto, pero las palabras de ese hombre no hacen más que confirmar mis sospechas. No recuerdo sacar la pistola, pero siento el frío peso del arma entre las manos cuando llego a las columnas del lado del puente de la zona alta de la ciudad.

—¡Aléjate de ella!

Entonces, por fin, el hombre me mira.

—¿O qué? —Hay un destello de metal en su mano cuando se inclina y coge a Hinata del pelo— Este no es tu lado del río, Sasuke. Si me tocas, habrá consecuencias.

—Lo sé.

Aprieto el gatillo. La bala impacta en la muñeca de la mano con la que sostiene el cuchillo, y el hombre cae hacia atrás. Echo un vistazo a la hermana de Sakura, y me queda más que claro que no será capaz de salvar la distancia que nos separa. Reconozco una terrible mirada vacía en sus ojos que me suena demasiado. La veía de niño, cuando me miraba al espejo. Se ha encerrado en algún lugar de su interior, por culpa del miedo y la violencia. Cualquiera diría que la calle está desierta, pero no soy tonto. Madara tiene a sus hombres vigilando su orilla del río, igual que tengo yo a los míos. Si pongo un pie fuera del puente, todo se habrá acabado. La guerra sacudirá Olimpo.

El hombre se incorpora y se lleva la muñeca al pecho con una expresión violenta en el rostro. Hinata suelta una especie de sollozo entrecortado. Me pasa lo mismo que antes, no recuerdo haber tomado la decisión de hacer lo que hago. En un segundo lo estoy estampando contra el suelo y dándole de hostias en la cara. Joder, no estoy pensando. Ahora lo único que importa es acabar con la amenaza. Cada puñetazo que le doy alimenta algo oscuro en mi interior, como si pudiese darle tan fuerte a este cabrón que hasta el monstruo de la torre Dodona pudiese sentirlo.

Y otro, y otro, y otro.

—Sasuke. ¡Sasuke, para!

Los gritos de Sakura me frenan en seco. Me duelen las manos. Hay sangre por todas partes. Hace un buen rato que el tío ha dejado de moverse, aunque veo cómo le sube y le baja el pecho. Sigue vivo. Me vuelvo para mirar al otro lado del puente. Naruto todavía contiene a Sakura contra su pecho, pero ambos parecen impactados. Ambos están horrorizados… ¿Qué estoy haciendo?

Me alejo del tipo y me pongo en cuclillas junto a la chica, que no deja de sollozar.

—Hinata...

Ella se encoge ante mí.

—No me toques.

—Hinata, tu hermana te está esperando —No hay tiempo para sutilezas. La cojo por la barbilla y me aparto para que pueda ver a Sakura al otro lado del puente. Mis nudillos manchados de sangre no ofrecen una imagen muy tranquilizadora, pero ya es demasiado tarde para cambiar las cosas— ¿Puedes caminar?

Me mira con esos enormes ojos color lila sin dejar de parpadear, con un temor tan grande que podría envolvernos a los dos.

—No lo sé.

—Voy a llevarte en brazos, no te resistas.

No le doy ni un segundo para prepararse; me limito a cargarla en brazos y cruzar el río a toda prisa de vuelta a la zona baja. He estado en el territorio de Madara el desorbitado lapso de dos minutos, pero no soy tan ingenuo como para pensar que no tendrá repercusiones. Aunque no haya sido él quien haya orquestado todo esto (y todas las pruebas parecen indicar que sí ha sido él), Madara sin duda aprovechará la oportunidad que acabo de darle.

Me preparo para el miedo de Sakura. Acaba de verme totalmente desquiciado y dándole una soberana paliza a un hombre. Me clava la mirada, y me mira como si fuese la primera vez que me ve.

—Sasuke...

—Hablaremos del tema cuando lleguemos a casa —No dejo a Hinata en el suelo y emprendo la marcha hacia el coche— Sube. Ahora.

Por primera vez, Sakura no me discute. Se mete en el coche delante de mí, en el asiento trasero, y le coge la mano a su hermana mientras la poso con cuidado a su lado. Veo que le brillan los ojos color esmeralda.

—Gracias, Sasuke —dice en voz baja— Sé que esto te traerá consecuencias.

—Cuida de tu hermana, nos vemos en casa —Cierro la puerta antes de que pueda discutirme mi decisión y me acerco a Mente— Llévalas a casa. Y ciérrala toda a cal y canto. Que no entre nadie. Y que no salga nadie. Y ya puedes rezar todo lo que sepas si esta noche Karin se cuela por el perímetro de seguridad.

Mente asiente y corre hacia el lado del conductor. No desvío la mirada del coche hasta que los pierdo de vista y, solo entonces, me vuelvo hacia Naruto.

—Vamos a tener problemas.

La piel de Naruto ha adquirido una tonalidad cerosa.

—Has cruzado el río.

—No tenía alternativa.

Abre la boca como si quisiera contradecirme, pero, al final, sacude la cabeza.

—Bueno, supongo que ahora ya da igual. ¿Qué vamos a hacer?

Intento dejar de reaccionar y ponerme a pensar. ¿Madara va a atacar de forma directa, o intentará presionarme para conseguir lo que quiere y evitar un conflicto bélico generalizado? No lo sé. No puedo pensar, joder. Lo único que oigo es el eco de los gritos de Sakura; lo único que veo es la mirada indefensa en los ojos de su hermana; y lo único que siento es el dolor que me recorre los nudillos de la paliza que le he dado a ese tipo al que casi mato.

Me llevo las manos a la sien y me la masajeo. ¿Qué diría Kakashi? Resoplo en cuanto se me pasa ese pensamiento por la mente. Kakashi me va a matar por haber sido tan impulsivo.

—No podemos asumir que llegarán por los puentes. Retira a todo el que puedas de los límites del territorio. Si no quieren irse, no los obligues, pero haz que corra la voz. Se acerca la guerra.

Naruto vacila y después asiente.

—¿Quieres que lleve a toda nuestra gente a la casa principal?

La tentación casi se apodera de mí. Quiero que Sakura esté a salvo, y sé a ciencia cierta que será un objetivo. Las ganas de reforzar nuestras defensas hasta quedar totalmente invulnerables son muy grandes. Pero Sakura no es la única persona de la zona baja de la ciudad que necesita protección ante lo que está por llegar.

Me obligo a negar con la cabeza.

—No, mantén las patrullas dobles por el río. Saca de él a todo aquel que necesites para ayudar a quienes quieran salir de la posible zona de conflicto.

—Sasuke... —Naruto se ve obligado a hacer una pausa y a luchar contra el miedo que destila su voz— Toda la zona baja de la ciudad será una zona de conflicto si nos atacan.

—Ya lo sé —digo, y le doy una palmada en la espalda— Haré que sobrevivamos a esto, Naruto. No lo dudes ni por un instante.

Lo único es que todavía no sé cómo. No puedo actuar hasta que Madara no lo haga. Me debato entre la esperanza de que no nos ataque de inmediato, y el temor de que vaya a alargar esta situación hasta que estemos todos locos perdidos.

Durante todo el camino de vuelta a casa no logro quitarme de encima el miedo de que, al llegar, Sakura se habrá ido. De que Madara, de uno u otro modo, habrá superado todas mis defensas y se la habrá llevado. De que la chica habrá sido consciente de que no puedo protegerla de verdad como le prometí, y que habrá tomado la decisión de probar suerte por su cuenta. De que habrá visto en mí el monstruo que todo Olimpo cree que soy y que habrá huido. Me imagino miles de posibilidades, todas alimentadas por el conocimiento de lo feas que se van a poner las cosas. Cuando empezamos con toda esta movida pensé en varias situaciones hipotéticas, pero ninguna se acercaba a lo que hemos vivido esta noche. Hay cosas de las que una persona no puede retractarse.

Me llevo un golpe sorpresa al llegar y verlas a ella y a su hermana sentadas en el salón de la casa con los tres cachorrillos jugueteando a su alrededor. Están aquí. Están a salvo. Por ahora.

Me hundo en uno de los sillones y cruzo miradas con Sakura. Deja a dos de los cachorros en el regazo de su hermana y se recuesta. Me parece bien. Presionar a Hinata ahora mismo no es una buena decisión. Acaba de vivir... Bueno, no sabremos con exactitud lo que ha vivido hasta que se anime lo suficiente para contárnoslo. Y eso llevará tiempo. Así que me quedo sentado y observo en silencio a Hinata, poco a poco, volver en sí. Empieza acariciando a los cachorros y acaba con un suspiro tembloroso que se le escapa casi en forma de sollozo.

—Sakura, he pasado muchísimo miedo.

—Lo sé, cielo.

Deja que Hinata apoye la cabeza en su regazo y, despacio, le acaricia la melena negra, un roce tranquilizador. Pero no veo nada de tranquilidad en sus ojos color esmeralda. Sakura me mira, y jamás la he visto tan aterradora. Una diosa de la oscuridad de las de verdad, empeñada en reclamar venganza. Disimula la expresión en cuanto le cruza la cara, y odio que me oculte esta parte de ella. Una sonrisa temblorosa se entrevé en sus labios y articula un «gracias» sin hablar.

En ese momento, sé que volvería a hacerlo una y mil veces más. Fueran cuales fuesen las consecuencias. Cualquier cosa vale la pena por ella.

Joder, lo que sea por ella.


Sakura.

A mi hermana le sale la historia a trompicones. Cuenta que se suponía que Toneri y ella habían quedado en una parte de la zona alta con la que ella no está muy familiarizada. Que nunca se presentó. Que ignoró sus llamadas, que le saltaba directamente el buzón de voz aunque ella estuviera cada vez más asustada y ese hombre desconocido se negara a dejarla en paz. No dejo de acariciarle las sienes y el pelo, intento tranquilizarla de la única forma que sé. Tiene raspones en las palmas por la caída, estaba tan aterrorizada que no se había dado cuenta hasta ahora. Muestra magulladuras en los brazos del momento en que la estampó contra un edificio antes de que pudiera escapar por primera vez. También tiene moretones en las rodillas, del momento en que la lanzó al suelo al otro lado del puente. Anoto y archivo en mi memoria cada una de las lesiones. Por mucho que quiera echarle la culpa de esto a Toneri, solo hay un responsable: Madara. Solo de pensar en su nombre se atizan las llamas de la ira en mi interior.

Quiero que pague, ojo por ojo.

Cuando Hinata se sume en el silencio y cierra los ojos, por fin vuelvo a mirar a Sasuke. Ya está de pie, listo para envolverla en una manta que lleva en el sofá desde la última vez que estuve leyendo en esta habitación. Parece que fue hace una eternidad.

Me pasa el móvil.

—Pon al día al resto de tus hermanas.

Claro. Es verdad. Se me tendría que haber ocurrido a mí. Acepto el móvil, pero no lo desbloqueo.

—Has sacrificado mucho al salvarla.

Ha disparado a un tipo. Le ha dado una paliza. Creo que si no hubiera gritado su nombre, no habría dejado de pegarle. No sé cómo sentirme al respecto. Quería que sufriera, pero ser testigo de semejante violencia sin restricciones me ha dejado de piedra.

—No ha sido nada.

—No hagas eso —Me cuesta no levantar la voz, pero soy plenamente consciente de la cabeza de mi hermana sobre mi regazo— Nosotras pagaremos las consecuencias, y no lamento que la salvaras, pero tampoco voy a dejar que hagas como si nada. Gracias, Sasuke. Lo digo en serio.

Me acuna el rostro con su enorme mano. En sus ojos oscuros se atisba una legión de pensamientos que no comprendo.

—Siento que hayas tenido que verme perdiendo el control de esa manera.

No quiero hacerle la pregunta, pero me obligo a ponerla en palabras:

—¿Lo has matado?

—No —Deja caer las manos— Y tú no vas a pagar el precio de mi decisión. Me aseguraré de ello.

Antes de que pueda quejarme, me acaricia el labio inferior con el pulgar y después se marcha de la habitación.

Tengo que apretar la mandíbula para no llamarlo. Para no decirle que no tiene por qué cargar con esto él solo. Yo soy la razón por la que ha incumplido el acuerdo. No puedo dejar que pague las consecuencias él solo. Aunque tiene razón, lo primero es lo primero. Tengo que informar a mis hermanas. Escribo un mensaje corto para ponerlas al día y lo envío a un grupo en el que solo están TenTen y Ino. La respuesta no se hace esperar:

Ino: ¡Me alegro de que esté bien!`

TenTen: Puto gilipollas.

Mandan una foto, una captura de pantalla de una de las redes sociales de Toneri. Es una foto de él con una sonrisa de oreja a oreja rodeado de un trío de hermosas mujeres. La hora que sale en la publicación es aproximadamente la misma que cuando empezó a saltarme su buzón de voz.

Ino: Para nosotras está muerto.

TenTen: Cuando le ponga las manos encima SÍ que va a estar muerto.

Yo: Tampoco es que sea el único responsable.

Yo: Es Madara.

TenTen: Que le jodan. A él también lo voy a matar.

Ino: Para ya. No digas esas cosas.

Yo: Ya se nos ocurrirá algo. Por lo menos, ahora Hinata está a salvo y eso es lo único que importa.

Ino: Por favor, mantennos informadas.

Yo: Lo haré.

—Lo siento.

Aparto el móvil y me centro en mi hermana pequeña.

—No tienes nada que sentir.

Se gira hasta tumbarse de espaldas para verme mejor la cara. La dulce inocencia que tan acostumbrada estoy a ver cuando la miro ha desaparecido. En su lugar, hay un hastío y un cansancio que desearía con todas mis fuerzas hacer que se esfumaran. Respira hondo.

—Sasuke no debería haber cruzado el puente.

—Aparte de los Trece, poca gente cree en su existencia.

O al menos esa era la realidad antes de que empezáramos nuestra campaña para restregarle por las narices a Madara que yo ahora esté con él.

—Basta ya. Soy la más pequeña, pero no soy ni la mitad de ingenua de lo que crees. Qué más da lo que piense el resto de Olimpo. Solo importa lo que piense Madara —Me toma la mano entre las suyas— Va a aprovecharse de esta oportunidad para llegar hasta ti, ¿verdad?

«Lo va a intentar.»

—No te preocupes.

Ella niega con la cabeza.

—No me excluyas, Sakura. Por favor. No puedo soportarlo. Pensé que podría ignorar las tramas de los Trece y ser feliz, pero... —Se le atraganta la voz— ¿Crees que ha sido una trampa de Toneri?

Puede que ahora mismo arda en mi interior un nuevo e intenso desprecio hacia su novio, pero deseo con todas mis fuerzas poder contestar a esa pregunta con una negativa. Toneri nunca ha estado a la altura de mi hermana, pero su único pecado ha sido el de ser un músico que se quería más a sí mismo que a ella. Eso lo convierte en un sinvergüenza y un chulo. No en un monstruo.

Como la haya vendido a Madara... Monstruoso se quedaría corto. Parece ser que Hinata no necesita que le conteste.

—No puedo dejar de pensar si habrá sido él. Hoy se comportaba de forma extraña, estaba más distante y distraído de lo habitual. Pensaba que igual estaba poniéndome los cuernos. Creo que lo habría preferido. Lo nuestro se ha acabado. No queda otra.

—Lo siento. —Quería que mi hermana le diera la patada a Toneri, pero no así. Estaba destinado a romperle el corazón en algún momento, pero esta traición es tan profunda que no sé cómo va a levantar cabeza. Hemos protegido y mimado a Hinata todo lo que hemos podido, y así ha acabado. Suspiro— Vamos a hacerte un té y a buscar un somnífero.

—Vale —susurra— No creo que pueda dormir sin tomarme uno.

—Lo sé, cariño.

Me pongo de pie y tiro de ella para que haga lo mismo. Está a salvo. Esta noche estamos a salvo. Habrá consecuencias por nuestros actos, pero hoy no podemos hacer más que prepararle una habitación a mi hermana y estar allí para ella. Pensaba que podía conseguir que la furia de Madara se centrara solo en mí. Pensaba que abandonar Olimpo no tendría consecuencias negativas para nadie más.

Me siento idiota.

Aunque me marchara esta noche, aunque desapareciera sin dejar rastro, mis hermanas tendrían que soportar las consecuencias de mis actos. Sasuke tendría que enfrentarse a las consecuencias de mis actos. Toda la zona baja. He sido increíblemente egoísta y he puesto a muchísima gente en peligro.

Preparo la ducha para que entre Hinata.

—Vuelvo enseguida, ¿vale?

—Vale —susurra.

No estoy segura de si dejarla a solas ahora mismo es lo correcto, pero la verdad es que no va a poder dormir sin beberse un té y tomarse un somnífero. Estoy segura de que, como mínimo, Tsunade tendrá de lo primero en la cocina. Y alguien sabrá dónde encontrar lo segundo.

Abro la puerta y no me sorprende nada toparme con Sasuke. Es más, me sorprende todavía menos verlo con una taza humeante de té en la mano y un frasco de pastillas. Me trago el nudo que se me hace en la garganta.

—¿Nos estabas espiando?

—Solo un poco —No sonríe, está tan tenso que casi parece que esté esperando a que le dé la espalda y me vaya— ¿Puedo pasar?

—Pues claro —Doy un paso atrás para que entre en la habitación. La sensación que tengo en la garganta empeora todavía más cuando Sasuke deja la taza y el frasco y retrocede. Aprieto los labios— ¿Puedes abrazarme? ¿Aunque sea solo unos minutos?

Y así, sin más, el frío de su expresión se derrite. Sasuke extiende los brazos.

—Tanto como necesites.

Me meto de lleno en su abrazo y me aferro a él. Estoy temblando y ni siquiera sé cuándo he empezado. Esta noche ha comenzado siendo la mejor entre las mejores y después ha caído en picado hasta convertirse en la peor de las peores. Si Sasuke no hubiera incumplido el acuerdo, no sé si ese hombre se habría detenido. Podría haber perdido a mi hermana. Hundo el rostro en su pecho y lo abrazo con más fuerza todavía.

—Nunca podré agradecerte lo suficiente lo que has hecho esta noche. Es que... gracias, Sasuke.

Sin importar qué más pase, no dejaré que pague él solo el precio de sus acciones.

Se acabó el huir.