Disfruten de la nueva adaptación!

Ni la historia ni los personajes me pertenecen.


16

Sakura.

Me despierto con las noticias de la muerte de Madara. Está en todas las páginas del ordenador ante el que se agolpan mis hermanas, que las miran con diferentes niveles de satisfacción. Me inclino sobre el hombro de TenTen y leo con el ceño fruncido el titular que ocupa la parte inferior de la pantalla.

—¿Murió de una caída?

—Dicen que reventó la ventana y saltó —Ino se esfuerza por sonar neutral— No hay pruebas de que haya otra persona involucrada.

—Pero ¿por qué iba a...?

Mi madre escoge ese preciso instante para entrar en la habitación. A pesar de lo inusual que está siendo esta mañana, va toda emperifollada y luce un elegante mono que resalta su figura.

—Preparaos, señoritas. Hay una rueda de prensa con los Trece esta tarde. Van a dar información actualizada sobre la muerte de Madara y también a nombrar oficialmente a Perseo como el siguiente Madara.

TenTen resopla.

—Vaya, no perdéis el tiempo, ¿eh?

—Es primordial que siempre haya un Madara. Y tú lo sabes mejor que nadie. —Da una palmada— Así que no, no pienso perder mi valioso tiempo.

Mis hermanas abandonan la habitación poco a poco y obedecen su orden, aunque al mismo tiempo la reprueban. Yo no. Está demasiado alegre, sobre todo después de que anoche se cobrase los favores que le debía la mitad de los Trece para convencerlos de traicionar a Madara y después marcharse para «hacer un recado, nada importante». Es demasiada coincidencia que muriera esa misma noche.

—No se ha suicidado.

—Pues claro que no. Era la clase de hombre al que tendrías que haber arrastrado al Inframundo entre gritos y patadas —Me levanta la barbilla y frunce el ceño— Habrá que hacer algo con esas ojeras que tienes.

Le aparto de un manotazo.

—¿Es que no te preocupa nada el asesinato?

—¿Y a ti?

Abro la boca para replicar, para decirle que está claro que sí, pero al final sacudo la cabeza.

—Me alegra que ya no esté.

—A ti y a la mayor parte de Olimpo —Ya se está dando la vuelta y jugueteando con el móvil— Vístete. El coche estará abajo esperando para llevarte al puente que conduce a la zona baja. Tendrás que llegar tú sola hasta Sasuke desde allí.

Vamos demasiado rápido. La contemplo, intento ver más allá de la fachada de perfección tras la que se esconde.

—Madre...

—¿Mmm?

¿Cómo le pregunta una a su madre si ha cometido asesinato? Es capaz de ello. Lo sé de sobra. Pero la pregunta sigue atascada en mi garganta, rasposa y seca.

—¿Has...?

—¿Que si he asesinado a ese desgraciado? —Por fin levanta la vista del móvil— No, por supuesto que no. Si hubiera sido cosa mía, habría escogido una táctica menos pública que tirarlo por la ventana.

No sé si se supone que debe dejarme tranquila, pero la creo.

—Vale.

—Ahora que ya nos hemos quitado eso de encima —Vuelve a centrarse en el móvil— Voy a cobrarme la primera parte de nuestro trato. Asegúrate de que Sasuke asista a la rueda de prensa de esta tarde.

La anticipación se mezcla con la ansiedad.

—No me has dado mucho tiempo para prepararme lo que le voy a decir.

—No me vengas con chorradas, Sakura —No levanta la mirada de la conversación que esté teniendo con quien le esté mensajeando— Está enamorado de ti. Aceptará de buena gana cualquier cosa con tal de que te quedes a su lado. Serías una necia si echaras a perder la oportunidad.

—Bien. Yo me encargo.

—Y tráete a Hinata a casa —Su tono se dulcifica— Aquí ya está a salvo y necesita a su familia mientras lidia con el corazón que le ha roto el imbécil de su exnovio.

Al menos en esto estamos de acuerdo.

—Lo haré.

No tiene sentido discutir acerca de si seré capaz o no de convencer a Sasuke. Mi madre ha considerado todos y cada uno de sus matrimonios como un trampolín para llegar a algo mejor y, más que como compañeros, ha visto a sus maridos como peones a los que manipular. Nunca se le ocurriría que yo pudiera ver a Sasuke como a mi igual.

Entro a mi habitación sin concederle ni una palabra más. No tardo mucho en prepararme, aunque sí que suelto un taco entre dientes y añado más corrector en las ojeras. Después de pensarlo mucho, me pongo un par de pantalones de vestir anchos y una blusa granate que es tan oscura que casi parece negra. Me recojo el pelo en una coleta repeinada y añado pintalabios casi del mismo tono que mi camisa.

Me miro en el espejo un buen rato. La imagen que llevo labrándome con mimo durante tantos años es risueña y resplandeciente, de colores pastel y labios rosas. Ahora mismo parezco una persona totalmente distinta. Me siento una persona totalmente distinta… Mejor.

La chica que era hace un mes jamás habría tenido la osadía de hacer el trato que cerré anoche. Tan poco tiempo. Tantos cambios. Y todavía no hemos acabado.

El viaje de casa de mi madre al puente dura menos de lo esperado. Parecen mundos distintos, pero en realidad están a menos de media hora de distancia, aun con tráfico. Salgo del asiento trasero y me preparo. De ser posible, me habría gustado disponer de al menos veinticuatro horas para hacer que Sasuke viera las cosas a mi manera, pero apenas me han concedido unas cuantas. Aún tengo que disculparme por salir a hurtadillas en plena noche como una ladrona.

Cruzar el puente bajo la luz del día me proporciona una sensación diferente. Me preparo para sentir el mismo dolor que la última vez, pero solo siento una ligera presión sobre la piel. Tengo la extraña impresión de que es como si me diera la bienvenida a casa. Recorro el puente a grandes zancadas y cruzo las columnas de la zona baja. Sí que... parece que vuelva a casa. Levanto la barbilla y comienzo a caminar; mis pasos se comen la distancia entre el puente y la casa de Sasuke. Aún es muy temprano, por lo que hay muy poca gente de un lado para otro y su presencia solo sirve para afianzar la idea de que he hecho lo correcto.

Ninguna de estas personas sufrirá las consecuencias de mis actos. Se terminó.

O casi.

Aguanto la respiración mientras subo los escalones que llevan a casa de Sasuke y llamo a la puerta con el corazón saliéndoseme por la garganta. Se abre un instante después y alguien tira de mí para envolverme en un abrazo con su cuerpo mullido. Me lleva varios segundos percatarme de que se trata de Hinata.

—¿Por qué me abres tú la puerta?

—Ino me ha mandado un mensaje para decir que venías de camino —Me mete en la casa a rastras y cierra la puerta tras de nosotras— ¿Es cierto que Madara ha muerto?

—Sí —Parece exhausta, tiene ojeras y el pelo hecho una maraña, como si se hubiera estado mesándoselo. Le agarro de las manos— Madre quiere que vuelvas a casa. Todas lo queremos.

Abre la boca, vacila y al final asiente.

—Volveré —Me regala una sonrisa compungida— Pero algo me dice que no has venido a buscarme. Sasuke está con los cachorros. Lleva ahí toda la noche.

—No tardaré mucho...

—Tranquila —Otra de esas sonrisas tristes— Naruto se ha ofrecido a llevarme a casa en coche en cuanto decidiera que quería volver. No te preocupes por mí.

Eso se dice pronto, pero está en lo cierto. Hinata tiene que seguir su propio camino. Le doy otro abrazo.

—Estoy aquí para lo que necesites.

—Lo sé. Ahora ve a por tu hombre.

Me empuja con delicadeza en dirección al comedor, que ahora mismo está destinado a los cachorros. Me encuentro a Sasuke sentado contra la pared con los ojos cerrados, los cachorritos despatarrados sobre sus piernas y a su alrededor. Abre los ojos en cuanto entro en la habitación y parpadea poco a poco.

—Has vuelto.

—Pues claro que he vuelto —Doy un paso adelante y me detengo, de repente me siento incómoda e insegura. Junto las manos delante de mí— Siento haberme marchado sin despedirme. Vi una oportunidad de salir de esta y la aproveché.

Acaricia de forma ausente el lomo del cachorro que tiene en el regazo.

—Podrías haberlo hablado conmigo antes de marcharte. Ya te dije que no eras una prisionera, e iba en serio.

—No podía arriesgarme —susurro— Estás dispuesto a lo que sea por la gente que te importa, y sin duda te trae sin cuidado tu propia seguridad.

—Soy prescindible —Se encoge de hombros— Es parte del trabajo.

—No, Sasuke. No eres prescindible, ni por asomo —Camino hasta donde está y me arrodillo con cuidado delante de él. Es entonces cuando puedo verle bien la cara. No puedo detener el grito ahogado que se me escapa, como tampoco puedo evitar pasarle un dedo por el moretón que le oscurece la mejilla y el ojo morado— ¿Qué ha pasado?

Sigue sin mirarme.

—Anoche hiciste un trato con tu madre para asegurarte de que pudiera actuar contra Madara sin repercusión alguna. ¿Cuáles eran las condiciones?

—¿Cómo lo has...? —Me callo en cuanto comprendo lo que está insinuando— Madara. ¿Has sido tú?

Tiene que haber sido él, a no ser que se metiera en una pelea de bar en el tiempo que ha transcurrido desde que me fui hasta que he vuelto. La respuesta más lógica también es la más sencilla. Fue tras Madara y pelearon. Ahora Madara está muerto y Sasuke está en casa con pinta de haber escapado de un accidente de coche.

Alargo la mano y cojo la suya con vacilación. Me agarra con fuerza antes de darse cuenta de que lo está haciendo, momento en el que intenta separar los dedos. Yo no se lo permito.

—Has ido a por él.

—Pensaba que el trato era que te habías entregado a él para salvarme a mí. Sabía que acabaría contigo y no podía quedarme de brazos cruzados y dejar que lo hiciera —Suena casi vacío— Me gustaría decirte que no tenía intención de que cayera, pero... no lo sé. Es que no lo sé. Si eso cambia algo...

—Sasuke, para.

—Sí, eso ya me lo has dicho antes.

Me lleva un instante comprender a qué se refiere.

—En el puente.

—También estuve a punto de matarlo —Su voz no suena bien. Apenas suena a sí mismo— Podría haberlo hecho si no me hubieras parado los pies.

Me aclaro la garganta y vuelvo a las andadas.

—Madara era un monstruo. No voy a fingir que el asesinato sea la forma correcta de resolver un problema, pero ¿de verdad crees que él no te habría matado si hubiera tenido la oportunidad? Tiene muchas muertes a su espalda. Lamento que tengas que soportar esta carga, pero no que haya muerto —Alargo la mano libre para acunarle la cara, con cuidado de no tocarle el moretón— Y ese hombre al que le diste la paliza hirió a mi hermana. No grité porque quisiera salvarlo. Lo hice porque sabía que te sentirías culpable por haber perdido el control.

Deja escapar un suspiro tembloroso.

—Entonces, supongo que esto es un adiós.

Me reiría si no fuera porque me siento como si estuviera corriendo un maratón. Ahora es la hora de contarle toda la verdad, pero el corazón me late tan deprisa que de repente temo que vaya a desmayarme. Era mucho más fácil escribir las palabras y escaparme antes de que las encontrara.

—No me marcho, Sasuke. Te quiero. Me voy a quedar y a hacer todo lo que haga falta para protegerte... y para ayudarte a proteger a los tuyos.

—Pero ahora que Madara ya no está eres libre.

—Sé que soy libre —Respiro con el aliento entrecortado— Y como soy libre, elijo esto. Nos elijo a nosotros —No me está rechazando, así que reúno todo mi coraje y continúo— Antes lo único que quería era escapar. No sabía que existías y mucho menos que me enamoraría de ti. No sabía que hubiera una parte de Olimpo en la que podría sentirme en casa —Cuando se limita a contemplarme con aparente confusión, le doy un apretón en la mano— Aquí, Sasuke. Aquí contigo me siento en casa. En esta casa, en la zona baja. Y quiero estar contigo si me lo permites.

Sonríe con lentitud.

—¿De veras?

—Te lo digo de todo corazón.

—Yo también te quiero —Levanta nuestras manos entrelazadas y me da un beso en los nudillos— No quería obligarte a quedarte al decírtelo, pero... yo también te quiero.

Me quiere. Que dice que me quiere. Lo sospechaba, pero escuchar esas dos palabras salir de sus labios hace que me sienta mareada de la felicidad. Ojalá pudiera hundirme en ellas de lleno, pero aún tenemos que lidiar con la petición de mi madre.

—Sasuke, hay una cosa pendiente.

—Las condiciones de tu trato.

—Sí —Le agarro la mano con fuerza— Le prometí a mi madre seis apariciones de su elección en la zona alta. Seis apariciones conjuntas, tú y yo.

Sasuke me contempla durante un buen rato.

—¿Y ya?

—¿Cómo que «y ya»? Tener al hombre que se esconde tras el mito de Sasuke a su entera disposición unas cuantas veces al año va a hacer que el poder que aparenta ostentar incremente exponencialmente. Incluso aunque no seas su aliado, la gente pensará que lo eres. No es cosa de risa.

Aparta a los cachorritos con delicadeza y se pone en pie arrastrándome con él.

—Es un precio que estoy dispuesto a pagar.

—¿Estás seguro? Porque si tienes alguna duda...

—Sakura —Sasuke me acuna el rostro— Sirenita. ¿Crees que hay un precio que no estaría dispuesto a pagar por tu felicidad y seguridad? ¿Por tu libertad? Deméter podría haberme pedido mucho más de lo que ha hecho.

Se me cierra la garganta.

—No se lo digas.

—No lo haré —Me sonríe— Repítemelo.

No hay duda de a qué se refiere. Le paso las manos por el pecho y le rodeo el cuello con los brazos.

—Te quiero.

Me acaricia la oreja con los labios.

—Otra vez.

—Te quiero.

Noto cómo curva los labios contra mi piel.

—Yo también te quiero.

—Supongo que es un momento de lo más inoportuno para hacer una broma, ¿no?

Me pone las manos en la cintura y me acerca más a él para envolverme en su calidez constante.

—¿Desde cuándo has dejado que eso te pare?

Me río. La risa comienza un poco ronca y después se convierte en el sonido de la alegría pura y dura.

—Tienes razón —Me muevo un poco contra él. Apenas puedo creerme que todo haya acabado. O puede que no haya acabado, que sea solo el principio. Parece demasiado bonito para ser verdad y no puedo dejar de tocarlo, de asegurarme de que está aquí, de que está pasando— En ese caso, tengo una pregunta.

—Ajá. —Se aparta lo bastante para mostrarme que está sonriendo— Pregunta.

—¿Me quieres más que a tus amados suelos?

Se carcajea.

Un sonido para el que hace uso de todo el cuerpo entero y que parece llenar la habitación que nos rodea. Sasuke baja la cabeza hasta rozar sus labios con los míos.

—Desde luego, te quiero mucho más de lo que quiero a mis amados suelos. Pero he de insistir en que te abstengas de sangrar en ellos en el futuro.

—No prometo nada.

—Ya, no espero que lo hagas.

Me da un beso. Hace menos de un día que sus labios han estado sobre los míos, pero parece mucho más tiempo. Me aferro a él y abro la boca dispuesta a profundizar el beso; me pierdo en su sensación, en la perfección de este momento.

Al menos hasta que levanta la cabeza unos segundos más tarde.

—Como no paremos, vamos a llegar tarde a la rueda de prensa.

—Que les den por culo.

Vuelve a regalarme una carcajada deliciosa.

—Sakura, sinceramente, no quiero volver a estar en la lista negra de tu madre, sobre todo si es por algo que puedo prevenir.

Tiene razón. Sé que la tiene. Le enredo los dedos en el pelo y tiro un poco.

—Prométeme que esta noche cerraremos las puertas, apagaremos los móviles y pondremos repelente para Karin. Te quiero para mí sola.

—Dalo por hecho.

Después de eso, nos separamos de mala gana. Sigo teniendo la mayoría de mis cosas aquí, así que maquillo lo mejor que puedo las magulladuras de Sasuke y las gafas de sol oscuras hacen el resto. Se viste con un traje, todo de negro, con el cual parece un villano que se aventura bajo la luz del sol. Nos damos la mano durante todo el viaje hasta la rueda de prensa.

Los otros Trece y sus familias se reúnen en uno de los jardines que rodean la torre Dodona, todos de punta en blanco. Los tres hijos de Madara que siguen en Olimpo van de luto con las caras cuidadosamente inexpresivas. Mis hermanas están detrás de Madre. Le doy un último apretón a la mano de Sasuke y comienzo a caminar en su dirección. Él me aprieta la mano con más fuerza.

—Quédate.

—¿Qué? —Miro a mi alrededor— Pero...

—Sé mía, Sakura. Deja que sea tuyo. En público y en privado.

Lo contemplo y, la verdad, solo hay una respuesta a esa petición y me aletea en el pecho como un pájaro enjaulado.

—Sí.

No sé qué esperaba. Una confrontación. Puede que acusaciones. En vez de eso, Sasuke se acopla a la perfección a sus filas justo cuando aparecen los reporteros y Poseidón da un paso adelante para concederles un comunicado oficial en el que declarar a Perseo el nuevo Madara. A la gente le importan menos las preguntas que las opiniones, cosa que juega a nuestro favor ahora mismo. Al igual que lo hace que los reporteros estén tan centrados en Sasuke.

Durante todo el evento, este muestra un semblante tranquilo, como si asistiera a ruedas de prensa de forma habitual. El único indicio de que dista mucho de estar cómodo es la fuerza con la que me agarra la mano, donde nadie puede verla. Cuando empezamos a dispersarnos, me apoyo en su brazo y le susurro en el oído:

—Lo has hecho genial. Ya casi hemos acabado.

—Hay más gente de la que esperaba —habla entre dientes, apenas mueve los labios.

—Te prometo que te protegeré.

Empezamos a caminar hacia los coches, los reporteros nos siguen, lo apabullan con tantas preguntas que apenas puedo seguir el hilo.

—¿Has estado en la zona baja todo este tiempo?

—¿Por qué has aparecido ahora? ¿Es porque Madara ha muerto?

—¿Eres el hombre misterioso con el que se fugó Sakura Haruno?

—¿Lo vuestro es oficial?

Levanto la mano, le quito la atención de encima a él para que se centren en mí.

—Amigos, estaremos más que encantados de ofrecer un comunicado oficial... mañana. Hoy estamos aquí para llorar la muerte de Madara.

Tengo suficiente práctica hablando en público, así que ni siquiera se me atraganta esa mentira. Me limito a esperar en silencio y al final todos se dan por vencidos y se vuelven a centrar en el tema que hoy nos ocupa.

Sasuke se da la vuelta para encararme cuando por fin nos libramos de ellos, y vuelve a mirarme como si nunca antes me hubiera visto.

—Mi caballera de brillante armadura, entrando a lomos de su corcel para salvarme de la prensa.

—Ya, bueno, no eres el único al que le gusta dárselas de héroe —Vuelvo a apretarle la mano— Lleva tiempo acostumbrarse a todo este circo.

—Supongo que me irá bien, siempre que estés a mi lado.

No espera a que le responda. Me envuelve entre los brazos y toma mi boca. Yo me pongo de puntillas de buena gana para rodearle el cuello con los brazos. Soy consciente del ruido de las cámaras y cómo se forma un murmullo a nuestro alrededor, pero me da igual.

Cuando por fin levanta la cabeza, me agarro a él para evitar que me fallen las piernas.

—Ven a casa conmigo.

—Sí.

—No me refiero solo a hoy. Digo para siempre. Múdate conmigo.

—Ya sabía que te referías a eso —Sonrío y le doy un pico rápido— Y mi respuesta sigue siendo la misma. Sí a todo.


Epílogo

Sasuke.

—¿Estás segura?

Sakura me mira con una sonrisa. Pero es su sonrisa de felicidad, su auténtica sonrisa.

—Me lo has preguntado mil veces en una hora. —Entrechoca su hombro con el mío—¿Acaso eres tú el que está nervioso, Sasuke?

Nervioso es una palabra demasiado banal. He tenido que adaptarme muchísimo durante estas últimas dos semanas, desde que dejé las sombras y me metí en el nido de víboras que es la zona alta de la ciudad. Sakura ha estado a mi lado en cada paso del camino, guiándome con habilidad por cada interacción con los medios. No sé qué haría sin ella.

Y les rezo a los dioses por no tener que saberlo nunca.

Pero lo de esta noche... Lo de esta noche es solo para nosotros.

—No estoy nervioso —digo, al rato— Si no estás preparada...

—Sasuke, estoy preparada. Más que preparada —Mira la puerta que lleva al cuarto de juegos. Está completamente insonorizado y es imposible oír a la gente que se reúne tras ella, pero ambos sabemos que están ahí. Esperando. Sakura inspira hondo— ¿Cómo me ves?

Es otra pregunta que me ha hecho medio millón de veces desde que he entrado en nuestro cuarto y me la he encontrado vistiéndose.

—Estás perfecta —Es la verdad. Se ha dejado la larga melena rubia suelta y se la ha ondulado un poco. Lleva la última creación de Shizune: otro vestido negro que se ciñe a su cuerpo, que le cae desde el cuello en un escote halter por el pecho, el estómago y las caderas hasta que acaba ondeando en la parte alta de los muslos. Lleva la espalda al aire y, cada vez que se da la vuelta, debo reprimir el impulso de arrodillarme y besarle la curvatura al final de la espalda— Sirenita...

—Estoy lista —Da un saltito y me da un piquito fugaz— Estoy lista, de verdad. Te lo prometo.

—Pues vámonos —digo, creyendo en su palabra.

Ya hemos hablado de cómo irán las cosas. Se lo he explicado paso a paso. Hay veces que la sorpresa forma parte del juego, pero no quiero que nada eche a perder la noche de Sakura. Nuestra noche. No cuando me parece un paso muy significativo en medio de un par de vidas que están del revés.

Yo encabezo la marcha hacia el cuarto. Está todo organizado según mis especificaciones, otra vez. Han movido un poco los muebles que rodean el escenario, una clara señal de que lo que va a pasar es un espectáculo y no una invitación para participar en ello. Las luces están bajas y no hay un asiento libre.

Sakura me coge de la mano sin fuerza, con confianza, y está encantada de seguirme mientras me abro camino entre los sofás y los sillones hasta el escenario. Antes de que pueda darle una última oportunidad de cambiar de opinión, da un paso hacia delante y se coloca bajo la luz de los focos. Gira la cabeza para mirarme por encima del hombro, como si supiese justo lo que he estado a punto de hacer. Contengo una sonrisa y la sigo hasta el escenario. Las luces otorgan una privacidad diferente a la que ofrecen las sombras. Puedo ver cada centímetro del cuerpo de Sakura, pero el resto del cuarto no es más que un resplandor borroso. Otra modificación que se tendrá que hacer si esto se convierte en un acontecimiento habitual; esta noche, todo está pensado para asegurarme de que Sakura se lo pasa en grande.

Señalo el centro del escenario.

—Ponte allí.

—Sí, señor —me contesta con tono realmente afectado, como si sus labios no se estuviesen curvando ya en una sonrisa pícara.

Me muevo despacio a su alrededor, intensificando sus ganas. Por los dioses, joder, es tan perfecta que no llego a creerme que sea mía. Que me ha hecho suyo con tal efectividad como si me hubiese tatuado su nombre en el alma. Haría lo que fuera por esta mujer. Conquistar la zona alta de la ciudad. Derrocar a los otros Trece de sus torres de marfil. Concederle otra entrevista interminable a un columnista de la prensa del corazón.

Le aparto el dobladillo del vestido, que le revolotea alrededor de los muslos.

—Si te levanto la falda del vestido, ¿me encontraré con que no llevas bragas?

—Solo hay una forma de saberlo —me responde, y se le amplía la sonrisa.

—En un instante —Me las apaño para no sonreír ante su descarada decepción y doy un paso hacia ella para pasarle las manos por los brazos, subirle hasta los hombros, y acunarle el rostro. Bajo la voz, dirigiéndome solo a ella— Tienes la palabra de seguridad, pero, si en algún momento quieres que pare, solo dímelo. Y todo acabará.

—Ya lo sé —me dice, y me coge por las muñecas con suavidad.

—Vale.

—Sasuke... —me llama sonriéndome— ¿Te gustaría ver la parte más interesante de este vestido?

La condenada no se espera a mi respuesta, y estira los brazos hacia la nuca y se desabrocha el vestido. La tela le cae ondeando sobre el cuerpo y flota hasta el suelo, con la delicadeza del pétalo de una flor.

No lleva nada debajo, nada de nada.

Le cojo la mano y se la levanto por encima de la cabeza; entonces, la insto a dar una vuelta sobre sí misma, despacio.

—¿Te apetece dar un buen espectáculo, sirenita? Deja que te vean. —Disfruto cómo el rubor se apodera de su piel dorada como respuesta.

Le suelto la mano el tiempo suficiente para acercarme al borde del escenario y coger una silla que había colocado allí antes, esta tarde. Está hecha de metal negro con un asiento amplio y con un respaldo lo bastante alto como para reclinarse con comodidad.

Con un gesto, le indico que se siente en la silla.

—Separa las piernas, Sakura.

Ha empezado a respirar con pequeños jadeos, y cuando le apoyo la mano en la nuca, se hunde en mi roce. Porque lo que mi sirenita quiere no solo es exhibirse; es que yo la obligue mientras lo hace.

Me inclino por encima del respaldo de la silla y le acaricio los muslos de abajo arriba, y tiro suavemente de ellos para que abra un poco más las piernas. Con una sutil caricia en su coño descubro que está húmeda y excitada. Mientras la acaricio, le doy un beso en la sien.

—Nos están observando, ¿y sabes lo que ven?

—No —jadea y levanta las caderas en un intento por guiar mis caricias— Dímelo.

—Ven caer a su deslumbrante princesa de oro —Le meto dos dedos— Y, en su lugar, ven alzarse a su diosa oscura.

Sakura jadea, y yo no puedo contenerme. Atrapo su boca con la mía. Con el sabor de Sakura en la lengua, por un momento me olvido de mí mismo. Me olvido del público. Me olvido de todo salvo de hacer lo que haga falta para conseguir que vuelva a emitir ese sonido. Le presiono el clítoris con la base de la mano y, despacio, meto los dedos, aumentando su placer. Sus movimientos se tornan más frenéticos a medida que persigue el éxtasis, y se mueve sobre mi mano mientras le doy justo lo que necesita para tocar el cielo.

Aparto sus labios de los míos, y le pido:

—Córrete para mí, sirenita.

Y lo hace. Por los dioses, cómo lo hace.

Provoco en ella dos oleadas más de placer antes de moderar mis caricias y sacar los dedos de su interior.

—Ahora te voy a inclinar sobre esta silla y te voy a follar.

Sakura me regala una sonrisa aturdida, con los ojos color esmeralda rebosantes de amor.

—Sí, señor.

Cuando la ayudo a levantarse, Sakura se tambalea ligeramente, y la coloco en la postura que quiero, inclinada sobre el respaldo de la silla. Con las manos le separo un poco los pies y doy un paso hacia atrás para apreciarla bien.

Increíble.

Qué confianza tiene esta mujer en mí. Me hace querer ser un hombre mejor, asegurarle que jamás le fallaré. Sakura se estremece y yo acorto la distancia que hay entre los dos; le paso las manos por el culo y por la parte baja de la espalda.

—¿Lista?

—Por favor, hazlo de una vez.

Una risa sofocada se pasea por el cuarto, y varias voces se unen a la mía como respuesta a sus palabras. Le doy una suave palmadita en el trasero.

—Serás impaciente.

—Sí, muchísimo —Se contonea un poco, y añade— Sasuke, por favor. No me hagas esperar más. Te deseo.

En el fondo no quiero provocarla más de lo que ella quiere que la provoque. Otro día, quizá. Esta noche la necesidad está en su máximo esplendor. Me abro el pantalón y la cojo de las caderas mientras hundo toda mi erección dentro de ella. Sakura suelta un gemido grave que casi tapa mi intenso suspiro. Tampoco me cansaré nunca de esto. La forma en la que se aferra a mí como si no quisiera soltarme jamás. Cómo se estrecha contra mí, ansiando que se la meta todo lo posible. Sus suspiros.

Puede que el resto del cuarto crea que están accediendo a esto también, pero esta noche están aquí con el único papel de intensificar su placer, el de Sakura.

Me inclino hacia delante y le cojo el pelo con la mano, tirando de ella hasta que Sakura levanta la mirada y observa la oscuridad que rodea el escenario.

—Te están mirando. Todas esas personas están ansiosas por cualquier ápice de ti que les permitamos ver. Esta noche, buscarán el orgasmo tocándose con el recuerdo de ver esto.

—Joder —gime— Más fuerte.

Suelto una risa ronca y obedezco. La follo con fuertes embestidas, aunque la sujeto para que no se mueva. No hay forma de disimular que estamos expuestos ante una multitud y, por cómo se aferra a mí, está disfrutando de cada momento del espectáculo.

Entonces Sakura llega al orgasmo, con unos gritos claros y ansiosos. Tengo que hacer acopio de todas mis fuerzas para no correrme con ella, pero esta noche solo importa Sakura. No yo. Suelto un suspiro despacio, salgo de su interior. Entonces, la levanto y me la echo a la espalda. Suelta un chillido que me obliga a reprimir una sonrisilla. Me doy la vuelta, despacio.

—Espero que hayáis disfrutado del espectáculo. Hemos terminado.

—¡Ha sido increíble! —grita alguien entre el público. Su voz se parece un poco a la de Karin.

Niego con la cabeza y bajo del escenario, con la risa de Sakura resonando a nuestras espaldas. Parece tan feliz..., joder, y ese sonido encaja a la perfección con el calor que siento en el pecho. Llego a zancadas hasta el trono y me dejo caer sobre él.

Este es nuestro reino, nuestro trono, nuestro, de ambos.

Sakura sigue riéndose un poco mientras se acomoda sobre mi regazo.

—«Espero que hayáis disfrutado del espectáculo. Hemos terminado.» ¿Qué ha sido eso?

—Breve y directo.

—Mmm —Se mueve hasta sentarse a horcajadas sobre mí— Iba a proponer poner un segundo trono aquí.

La cojo de las caderas con firmeza, y dejo que lleve el mando de la situación.

—La persona que creó este trono todavía vive en la zona baja de la ciudad. Puedo encargarle otro si quieres.

—No —Me toca por encima de los pantalones— Me gusta lo de compartir. Así puedo tocarte con más facilidad —Sakura se inclina hacia delante, hasta que me roza la oreja con los labios— Sasuke, ¿te has aguantado y no te has corrido para que te follara en este trono?

—Sí.

Se echa a reír otra vez. Madre mía, adoro su risa.

—Eres insaciable.

—Solo de ti —Le acaricio los costados con las manos— Te quiero, sirenita.

—Yo también te quiero. —Me da un beso, un beso lento, indecente, que hace que por unos segundos todo a mi alrededor gire. Sakura hunde las manos en mi pelo y sonríe contra mis labios— Qué bien que seas tan insaciable como yo, porque todavía no he acabado contigo, ni de lejos.