Nieve

Había concluido una nueva misión, aunque no obtuvo resultados positivos, debido a que los rumores sobre lo que podría ser una nueva inocencia fueron solo eso, rumores, una leyenda urbana nada más.

Había ido solamente con Link quien lo vigilaba, aunque hubiera deseado ir solo, pero aprovechando el viaje que había hecho y después de perder a su vigilante, dio un paseo por la ciudad, observando las tiendas, a las personas y la vida pacífica que llevaban.

Ya era invierno por lo que hacía bastante frio, incluso parecía que estaba a punto de nevar, así que Allen decidió regresar a la Orden. Tenía prohibido utilizar el arca, así que tenía que tomar un tren.

Dando la vuelta en la esquina, para dirigirse a la estación, chocó con alguien. Sus reflejos reaccionaron a tiempo para evitar que aquella persona cayera al suelo por el impacto, pero al hacerlo se dio cuenta de quien era.

—¡Oye! Casi me… ¿Allen? —preguntó ella al reconocerlo.

—Road—Allen soltó enseguida su brazo y se alejó pertinentemente.

Ella rio al notarlo.

—Tranquilo Allen, no estoy aquí para darte problemas, ni siquiera sabía que iba a encontrarte.

Allen sabía que decía la verdad, no por algo los dejó libres en el arca después de que Lavi la derrotara.

—Pero dime, ¿qué haces aquí?

Un poco más tranquilo, pero no confiando en ella, decidió que no tenía nada de malo en contestarle.

—Regresando de una misión fallida, solo estaba paseando, antes de regresar a la Orden.

Allen notó que Road se acercaba demasiado a él, pero por alguna razón, no se alejó y permitió que incluso le acariciara la mejilla, aunque se quedó congelado en su sitio.

—Te ves mal, ¿pasa algo?

¿Cómo pudo ella darse cuenta? Nadie lo había notado. Desde que sabía que poseía las memorias del decimocuarto, no podía comer ni dormir bien. Estaba intentando desesperadamente encontrar una solución, la cual de seguro ni siquiera existía. Pero ¿acaso ella sabía algo? Decidió confesarle solo un poco al respecto.

—Ya no me siento tan cómodo en la Orden, me tienen vigilado porque piensan que soy un traidor. De hecho, Link debería estar detrás de mí, pero logré perderlo. Tim tuvo que ayudarme.

—Debe ser algo duro para ti.

—No tienes ni idea.

La nieve que antes amenazaba con caer, empezaba a hacerlo. Allen se cubrió la cabeza con su uniforme y al mirar a Road se dio cuenta de que no estaba vestida correctamente para ese clima.

—¿No tienes frio?

—Un poco, no esperaba que nevara.

Allen sonrió, son esas pequeñas cosas que siempre notaba, que la hacían tan humana. No sabía porque estaba allí hablando con ella, pero quería seguir a su lado un poco más. Ya lo consideraban un traidor, así que no le importaba mucho ya, que lo siguieran creyendo solo por hablar con una Noah.

—¿Te parece si entramos a esa tienda a tomar un chocolate caliente y comer un pastel?

Ella no se esperaba para nada aquello.

—¿Me estás invitando a comer? —preguntó riendo.

—¿Acaso tiene algo de malo?

—Para mí no, pero te aseguro que para muchos sí que es algo malo. ¿Acaso traes aquí a alguna otra chica?

—No es como si conociera a muchas chicas, pero eres la primera a la que invito a comer.

Eso le fascinó a Road. Sonriendo, le tomó la mano y lo hizo entrar en aquel lugar.

El chico la observó comer totalmente divertido. Se veía tan feliz con un simple pastel que en verdad parecía una chica común y corriente. Si la hubiera conocido en otras circunstancias, ¿cómo sería su relación? El beso que ella le robó pasó por su mente. ¿A ella realmente le gustaba como decía? Road se terminó su pastel de fresas y estaba por terminar su chocolate cuando notó que Allen no había probado bocado.

—¿Qué pasa? ¿No tienes hambre?

Él negó con la cabeza y comenzó a comer.

Ahora fue Road quien lo miraba mientras comía.

—No te ves como siempre, ¿en verdad todo es tan difícil en la Orden ahora?

Él solo respondió con una sonrisa triste, la cual logró que a Road solo le dieran más ganas de invitarlo a que se uniera a su familia, de todas formas, eso sucedería tarde o temprano.

Después de pagar por lo consumido, ambos salieron a la calle, ahora cubierta por una pequeña capa de nieve, aunque ya no nevaba en ese momento.

—Muchas gracias por invitarme, Allen.

Ella dio la vuelta alegremente para regresar al arca, pero Allen en un impulso, lo evitó. Llevaba pensándolo todo el rato, y aunque no llegó a una conclusión, sentía una angustia en el pecho que no sabía describir.

Tomó su brazo y la atrajo hacía sí para poder besarla. Aquel beso en el arca fue su primer beso y hasta ese día seguía sin comprender ese hecho, ni a ella y mucho menos por qué no podía olvidar ese contacto.

Fue un beso demandante, necesitado y ansioso. Tuvo que reunir todo su autocontrol para dejar de besarla antes de que sus manos continuaran el camino que su mente empezaba a imaginar y la tocara. Era demasiado, lo sabía, así como sabía que ese beso estaba terriblemente mal y fuera de lugar.

Road no entendía nada de lo que pasaba, jamás hubiera esperado que Allen actuara de esa manera, sentía perfectamente su frustración, así como su impaciencia y su falta de experiencia, pero aprovechó el momento y se aferró a él, hasta que la soltó.

Sin embargo, había sido tomada tan por sorpresa que no pudo evitar sonrojarse totalmente, tardó unos momentos en recomponerse y volver a su actitud normal y con una pícara sonrisa, jaló a un aturdido y pensativo Allen de su pequeño lazo en el cuello, a un pequeño callejón cercano, donde hizo aparecer su puerta y lo empujó dentro.

Poco después, Allen se encontraba en la que supuso era la habitación de Road. Sabía bien que todo eso le causaría aún más problemas de los que ya tenía, pero nuevamente quería romper las reglas y Road era la persona perfecta para hacerlo.

Así que en otro impulso y aunque no sabía muy bien qué hacer, simplemente la empujó contra su cama. No se había puesto a pensar en lo que Road sentía o quería, pero no tenía tiempo para eso y conociendo a esa chica extraña, suponía que no había ningún problema.

Tomó sus muñecas con fuerza, levantándolas sobre su cabeza, para poseer su boca una vez más.

Road podía sentir muchas más cosas en ese beso, desesperación, tristeza, incluso había un poco de pasión desenfrenada, se aferró con fuerza a Allen, aceptaría cualquier cosa que él le diera.

Pero, los sentimientos de Allen explotaron, le faltaba el aire y no sabía que decir, la soltó y se alejó un poco, sentándose en la cama. Cubrió con fuerza su rostro justo a tiempo para ocultar sus lágrimas.

Road admitía que estaba un poco decepcionada por haber parado tan abruptamente, pero si estaba haciendo eso por el bien de Allen, ahora lo que parecía que el chico necesitaba era un abrazo.

Lo rodeó con fuerza y sintió como él se aferraba a su uniforme. Lloró por un buen rato y le acarició la espalda para consolarlo.

—¿Quién eres realmente Road Kamelot? —preguntó él en un susurro mientras la soltaba.

—Una Noah, la Noah de los sueños.

—Pareces más que eso.

—Para ti seré lo que necesites, incluso si es un camino por el cual andar.

—Perdón por esto, te obligué.

—No me pidas perdón y jamás me obligaste a nada.

Allen le sonrió débilmente.

—Si la Orden supiera que estoy aquí y todo lo que he hecho…—divagó para sí mismo.

—Parecía como si esa fuera la razón principal para hacerlo.

—En parte—rio el chico—sentí que contigo podía portarme mal y si aún creen que soy un traidor sin hacer nada, quise que sí hubiera un motivo real.

—Eso suena como si me hubieras utilizado.

—No, porque nadie lo sabrá.

—Entonces, es una promesa entre nosotros.

Allen rio una vez más.

—¿Sabes? No sé qué hacer ahora.

—Únetenos—pidió Road con seriedad—te contaré todo.

Allen la miró con sorpresa.

—Pero…

—Creo que ahora sabes que la Orden no es exactamente lo que piensas, además el Conde está preparando algo, específicamente para que te des cuenta de ello y nos elijas y dejes la Orden, si vienes con nosotros, tal vez cambie su plan, porque me temo que implica que muchos de tus compañeros estén en peligro. Podrías salvarlos, y a la vez buscar respuestas.

Allen no podía mentirse a sí mismo, sabía que esa era una opción; había días que pensaba que eso era lo mejor y parecía que eso sería cierto.

—¿Puedo poner algunas de mis condiciones al Conde?

—Por supuesto, te ayudaré a hablar con él.

—Bien, creo que me he decidido, pero antes…

Otro beso cortó el discurso de Allen.

Road pensó que sí era eso lo que Allen quería de ella, lo aceptaría sin problemas, aunque probablemente después de un tiempo quiera algo más.