En primer lugar, ¡feliz cumpleaños a mí! Esta historia no estaba prevista para hoy, debía publicarse más adelante porque forma parte de un intercambio de historias, así que me vais a permitir que desde aquí reclame a aliveraniega : ¡quiero a esos tres canadienses!
Ahora procedo a explicar que esto surge de una conversación con mi amiga, algo así como:
Ali: quiero leer algo de Sirius, Remus y Harry.
Yo, inocentona: ¿Un wolfstar criando a Harry? yo tengo uno.
Ali: no, no, algo de los tres juntos... juntos. ¿Me lo escribes?
Y me puso ojitos. El acuerdo final fue escribir uno cada una, pero la maldita está liada con otras historias y yo tengo aquí a estos chicos que quieren ver la luz (y a ella poniéndome ojitos otra vez para que los publique). Os recomiendo muchiiiiiisimo pasar a su perfil a leer su omegaverse de dragones (y osos y ay, los necesitáis, os lo digo de verdad).
Esta historia se sitúa en una reserva en las Highlands, en Escocia. Por si no lo sabíais, no hay lobos en Reino Unido, fueron exterminados antes del siglo diecinueve, y eso en las tierras altas de Escocia ha contribuido a crear un problema medioambiental serio: sin mamíferos carnívoros, también se exterminaron los linces, los hervíboros se multiplicaron y se cargaron la flora, lo que ha generado una progresiva desertización en esa zona. A día de hoy solo hay un proyecto de reintroducción de linces, los lobos aún no han prosperado, así que mi reserva es pura fantasía, por desgracia.
Y llegamos a los avisos, esa parte que soléis pasar de largo, pero yo igualmente os voy a contar: en esta historia se habla de una relación de amor entre varias personas que tienen casi una relación parental; también se alude a decisiones adultas cuestionables y a traumas infantiles. Borraré cualquier comentario que ataque a mis personajes y sí, soy yo la que decide lo que es ataque y lo que no.
Los personajes de esta historia no me pertenecen, yo solo les doy otra vida diferente a la que planteó JK. Y por supuesto no me lucro escribiendo esto.
