El bosque huele a frío. El otoño en las Highlands es duro, pero Harry disfruta de cada minuto de luz al aire libre. El sonido de sus botas en la gravilla del sendero delante de su casa es crujiente cuando abre la puerta y entra en la pequeña cabaña. Se limpia con energía las botas en la esterilla en el recibidor y después entra en la cocina con las bolsas de alimentos. Las deja despacio en el mostrador y mira por la ventana.
Va a nevar, la primera nevada de la temporada. Su cuarta temporada en la montaña como guarda forestal y aún siente la anticipación, la emoción por el primer manto blanco. El silencio, el bosque solo guarda silencio en días así. Para alguien como él, que ha crecido con la cabeza llena de ruido, el silencio es importante.
Se prepara la cena. Algo frugal, una ensalada y un par de tostadas con queso, sabe que va a ser una noche larga. Siente que no puede despegar la mirada del crepúsculo , las nubes negras y pesadas hacen que los últimos rayos de sol pinten el cielo de un dorado intenso.
Cuando sale de la casa, la luna llena está en lo alto y hace brillar el suelo en el que la nieve ya empieza a crear una capa blanca. Ahí está el silencio, la calma. Cierra los ojos e inhala fuerte, el olor del frío. Pero entonces, un sonido agudo y persistente atraviesa el bosque.
Abre los ojos y revisa el horizonte con el vello de la nuca erizado, esperando, buscando. Conoce ese sonido, aunque no lo ha escuchado en mucho tiempo con oídos humanos. Y no lo quiere en su bosque.
Su bosque, su territorio, los animales que protege de depredadores como ese que está oyendo aullar. Ha escuchado quejas de varios granjeros de que hay un zorro robando gallinas y han desaparecido un par de corderos, pero ese aullido le hace reconsiderar sus opiniones sobre el tema.
Maldice entre dientes y empieza a quitarse la ropa despacio. No quería eso para esa noche. Ese aullido hará salir a los lobos a defender su territorio, aún son pocos y se están adaptando, no les va a gustar tener un invasor y menos a ese.
Mira de nuevo a la luna llena. Con el tiempo, ha empezado a resultar más fácil dominar el cambio, o quizá es que el dolor es más manejable cuando no te opones a él.
Aún así, siempre hay resistencia, siempre hay dolor y una voz en el fondo del cerebro que le recuerda que está allí por eso, porque es un monstruo tratando de hacer algo bueno con su vida.
La mente del licántropo funciona de otra manera, aunque Harry siempre está de fondo, nunca se va del todo. Ese es su territorio, los otros lobos, los reales, lo reconocen y respetan, el instinto de la pequeña manada es apartarse del camino del gran lobo solitario. Y el suyo es protegerlos.
Nunca caza, es la regla del Harry humano que sul lobo respeta al máximo. son unas horas de correr libre, de ver el bosque con otros ojos, pero no de dañar, nunca de dañar. Salvo esa noche.
Esa noche corre con un gruñido entre los dientes. Lo huele, los huele, son dos extraños, dos olores vagamente familiares pero que no corresponden a ese bosque. Escucha los pasos ágiles de los líderes de la manada, una loba joven que tiene un carácter irritable y su compañero un poco más viejo. Ella ya ha nacido en la reserva, fue el primer cachorro que Harry alimentó con sus propias manos, él fue el primer lobo con el que corrió por el bosque.
Incrementa el ritmo, preocupado, protector. Sabe que aunque son animales fuertes, no están preparados para enfrentarse a otro licántropo. Porque eso le dice su olfato, el invasor es un licántropo acompañado de un perro. El Harry humano trata de decirle algo, de recordarle algo, pero en ese momento el instinto de protección está por encima de todo.
Los encuentra en un claro, la nieve ya teñida de rojo. La loba está enseñándole los dientes al licántropo, delante del cuerpo caído de su compañero. El monstruo, de pie sobre las patas traseras, es delgado, de pelaje gris, pero con grandes colmillos y garras. Tras él, un gran perro negro sangra profusamente por el vientre.
La atención del licántropo gris está sobre él en cuanto pone una pata en la linde del claro. La otra bestia lo mira fijo, pero no gruñe. Él sí gruñe, un sonido bajo y amenazante; no es un rival para él por tamaño, pero Harry ya aprendió recién transformado a no infravalorar a sus iguales más ancianos.
Mantiene el gruñido mientras se acerca hasta colocarse junto a la loba, que se arrima a su flanco en señal de respeto y luego se desliza hacia atrás para golpear con el morro a su compañero con un gemido de preocupación.
El lobo solitario escucha con claridad el gemido en respuesta del otro lobo. Y solo entonces da un paso hacia delante, hasta erguirse sobre el licántropo viejo. No lo ataca, solo busca transmitir el mensaje de que no son bien recibidos, pero en ese instante ocurre algo que lo saca de balance: el perro negro desaparece y en su lugar hay un hombre, un hombre de pelo largo y oscuro al que creyó perder diez años atrás.
===o0o===
El interior de la cabaña de Harry está muy iluminado. En un rincón, acurrucado en una butaca, Remus Lupin observa al muchacho que en algún momento consideró un hijo.
La última vez que vio a Harry fue seis años atrás, en San Mungo. Hermione le mandó una lechuza, asustada, porque su amigo había sido mordido durante una refriega de los aurores. Al llegar, en la puerta de la habitación se encontró a los Weasley, con caras que iban de la pena a la rabia. Pero fue la mirada de Bill la que le dijo lo mal que pintaba la situación.
Poco después, supo por su suegra que Harry se había marchado. Nadie sabía dónde estaba ni a dónde se dirigía, la prensa pasó semanas especulando en balde porque nadie en el mundo mágico volvió a saber de él.
El muchacho es ya un hombre, poco que ver con el adolescente enclenque y mal alimentado que conoció en Hogwarts. Igual que su lobo, es alto y fuerte. El pelo oscuro sigue siendo un desastre despeinado y luce una poblada barba. Parece un ermitaño vestido con uniforme verde oscuro. Pero sus manos, de dedos largos y morenos, están curando con infinito cuidado las heridas en el abdomen de Sirius.
— ¿Qué se supone que hacéis en mi bosque? —le pregunta por fin Harry, con voz grave.
Es lo primero que dice desde que ha recuperado su cuerpo humano. Ha sido el Harry licántropo el que ha tomado entre sus fuertes brazos a Sirius y lo ha traído a la cabaña, indiferente a los gruñidos de Remus. Cuando él se ha recuperado de la transformación, él guardabosques ya estaba sacando un maletín con ungüentos y pociones, la única muestra de magia en la casa. Y había en la hornilla un cazo de chocolate caliente.
— Buscarte.
— ¿A cuento de qué? —pregunta mientras cierra con cuidado uno de los potes de ungüento— ¿Y tu mujer y tu hijo, Remus?
— En el mismo lugar que tu prometida—le contesta con voz calma.
— Ya no era mi prometida cuando me marché. Fui honesto con ella, ¿lo fuiste tú con Tonks? —le interroga con brusquedad, mirándole de refilón.
— Lo fui. Hasta que él volvió —Señala la cama en la que Sirius aún sigue desmayado.
Por primera vez Harry se gira completamente hacia él y ve un rastro de emoción en su cara. Lo sigue con la mirada mientras se acerca a la hornilla y llena dos tazas de chocolate. Se sienta frente a él, a los pies de la cama en la que descansa su padrino, y pregunta, con un tono que le recuerda un poco más al adolescente inseguro, colocando una taza entre sus manos.
— Aún no puedo creerlo. ¿Cómo...?
Remus se encoge de hombros, sintiendo como tiran las heridas que su genética de lobo ya está curando, aunque no tan rápido como cuando era joven.
— Los inefables trabajaban en la sala, investigando el funcionamiento del velo. No sé mucho más, solo que apareció en mi puerta, una mañana. Y me dijo que necesitábamos encontrarte.
Las gruesas cejas de Harry se alzan sorprendidas. Mira a su padrino mientras bebe y luego de vuelta a Remus.
— ¿Y lo dejaste todo atrás por un fantasma? —cuestiona por fin.
— No es un fantasma, Harry. Es Sirius, volvió y necesitaba dar contigo —responde con terquedad Remus.
— ¿Por qué?
— No lo sé.
— Y aún así lo dejaste todo.
— Habría cruzado el velo para buscarlo de haber podido.
— Eso es una locura.
— Le quería, Harry, le quiero. —Remus se inclina hacia delante para mirarle con fijeza a los ojos— Pero él me hizo prometer que si le pasaba algo cuidaría de ti. Eso fue lo único que me impidió ir tras él. Parece que no hice un buen trabajo.
Un gemido de dolor hace que los dos den un respingo. Tan rápido como sus propios dolores lo permiten, Remus se acerca a la cama y se inclina sobre Sirius, que se revuelve inquieto todavía con los ojos cerrados. Al mismo tiempo, Harry da varios pasos atrás hasta apoyarse contra la pared.
Desde su lugar apartado, los mira a los dos. Ve como Remus se sienta muy cerca y retira el pelo oscuro que se ha pegado a la frente por el sudor. Todo en sus gestos grita amor, el cuidado infinito, la mirada preocupada, la espalda encorvada. Él ya sabía eso, sabía que se amaban desde el momento en el que los vio abrazarse en la Casa de los Gritos. Y vio el dolor de Remus cuando Sirius cayó a través del velo. Puede entender los sentimientos de su antiguo profesor mucho mejor que los suyos propios.
Mantiene el rostro neutro mientras todos estos pensamientos le atraviesan. Remus no ve sus manos, porque está apoyado en la pared con los brazos detrás del cuerpo, no ve sus puños apretados, aunque las líneas de contención están presentes en su postura, basta mirarle para saber que está haciendo un esfuerzo por dejarles espacio. O quizá también está un poco asustado de su propia reacción cuando Sirius abra los ojos y tenga que creerse por fin que su padrino ha vuelto de entre los muertos, desde que le mordieron es consciente de que vive las emociones fuertes de otra manera.
— Rem...
Solo es un susurro ronco, pero suficiente como para erizarle el cuerpo. Siente un tirón hacia delante, todo el cuerpo una línea tensa queriendo acercarse a la cama.
— Estoy aquí. Estás herido, Sirius, no te muevas —escucha a Remus decir y ve que le pone la mano en el hombro porque el herido quiere incorporarse.
— ¿Dónde estamos? ¿Tú estás bien? no recuerdo con claridad.
Desde su posición contra la pared, ve como Sirius sujeta ansioso la muñeca de Remus y lo examina con los ojos muy abiertos. Aún no se ha percatado de su presencia y siente que un nudo enorme por la espera se le instala en el estómago.
— Te peleaste con un lobo, maldito loco impulsivo. Pensé que su compañera te descuartizaría. Pero tuviste suerte, apareció él.
En ese momento Remus se aparta lo suficiente como para que Sirius se percate de la figura alta y fuerte apoyada en la pared. Por un momento Harry teme que no le reconozca, sabe cuanto ha cambiado, pero entonces lo ve: la cara de Sirius se llena de una sonrisa y los ojos grises de lágrimas justo antes de que levante un brazo con esfuerzo hacia él y le llame con voz ronca.
— Harry...
Siente el nudo subir hasta su garganta. No hay más contención, da tres largos pasos hasta la cama y se abraza al enfermo, escondiendo la cara en su pecho como si aún tuviera quince años.
Todavía huele a Sirius, por debajo del olor a tierra y bosque, incluso al de las pociones y los ungüentos, su yo del pasado recuerda el olor especial de su padrino cuando lo abrazaba en su casa, las pocas veces que se sentó con él en un sofá simplemente a charlar.
Entonces su olfato no era tan agudo cómo ahora, no volverá a no reconocer ese olor a kilómetros de distancia. Tampoco podrá ignorar que en parte huele a Remus, como un animal marca a otro con su olor.
Se separa despacio, con la nariz llena de reconocimiento de propiedad, casi contra su voluntad. Es el licántropo el que le obliga a alejarse.
— Harry, hijo —murmura Remus, poniendo una mano en su espalda.
Eso sí le eriza el cabello y se separa con más violencia de los dos hombres.
— Será mejor que durmáis —les dice sin mirarlos para no ver sus caras, desconcertadas y dolidas—. Yo tengo que salir a comprobar cómo están los lobos.
Sale de la casa sin mirar atrás, poniéndose el abrigo. Toma varias bocanadas de aire frío y crujiente y camina recto hacia la zona en la que viven los lobos, con las manos fuertemente hundidas en los bolsillos.
===o0o===
Los animales del bosque perciben a su paso que está alterado. El instinto de pájaros y mamíferos pequeños es siempre apartarse un poco de él cuando está así, porque sienten la presencia del licántropo más allá de la del humano amable que cuida de la reserva.
Debería estar dolorido después de la luna llena, pero hoy otras cosas distraen su atención del dolor físico. Lleva el olor de Sirius y Remus muy dentro, como si lo llevara pegado al cerebro.
Hay una época de caos en su vida que no recuerda bien. No es su adolescencia, que también fue caótica, sino los meses posteriores a ser mordido. Se echa la mano al costado inconscientemente, donde está la mordedura bajo capas de ropa. Su memoria es un batiburrillo en el que destaca sobre todo la ira.
La ira le hizo alejarse de su familia y amigos, le hizo perder su trabajo y, finalmente, le hizo asumir que necesitaba un cambio, porque no podía seguir haciendo daño a la gente a su alrededor.
Según Bill, que le había visitado a menudo en ese tiempo, la ira era una expresión de su frustración porque de nuevo su vida se había salido de su control. Pero en ese momento él no quería entenderlo, quería que parara, quería ser el de antes. Y no podía.
El trabajo en la reserva de ... fue una suerte increíble. Ese lugar, el contacto directo con la naturaleza, el silencio, dejar de estar en la lupa pública. Ha rehecho su vida resignado a vivir solo. Darle un lugar en esa vida a lo que acababa de ocurrir... no sabe cómo hacerlo.
Un rastro de sangre entre las manchas de nieve que se va derritiendo le saca de sus pensamientos para centrarse totalmente en su trabajo. Siente un nudo en el estómago por el líder de la manada, sabe cómo de importante ha sido su presencia en el pequeño grupo, y se siente mal por no haberle prestado atención la noche anterior.
Los encuentra por fin a unos metros de la pequeña cueva en la que han creado su cubil. La hembra está junto a él tumbada, gimiendo. Un poco más allá, sus cachorros y los otros dos lobos adultos se acurrucan entre ellos.
Se agacha junto al alfa, pero no lo toca. Espera, buscando la mirada de la loba, respetando siempre su posición en la manada. Finalmente, la nueva líder lo mira y levanta las orejas. Se yergue sobre sus cuatro patas y lo desafía, Harry reconoce el espíritu de la cachorra que crió e inclina levemente la cabeza hacia ella. En realidad, él es un intruso al que la manada respeta, pero no le permiten olvidar que es un lobo solitario corriendo en el territorio que ellos dominan.
Finalmente, la loba se da la vuelta y camina en dirección al riachuelo, seguida de los demás. Esa es la naturaleza de los animales, la vida sigue para ellos y se limita a procurarse alimento y reproducirse. Harry se permite en ese momento presentarle sus respetos al líder, con la mandíbula apretada. No es un final digno para un lobo, debería haber tenido la oportunidad de apartarse a morir de viejo lejos de los ojos de los suyos.
Rabioso consigo mismo, saca la pala portátil de su mochila. No es habitual excavar una tumba para un animal en el bosque, pero siente que se lo debe. No ha vuelto a cavar una tumba desde que era un adolescente, a la orilla del mar, pero siente la misma rabia. Pudo hacer más, esos animales son su responsabilidad como guardabosques y como lobo.
Al menos la frustración le da impulso para cavar. De hecho en algún momento teme haber doblado la pequeña herramienta, pensada para tareas más puntuales. Apenas lleva la mitad del trabajo, el lobo es un animal grande, cuando decide quitarse la chaqueta, porque siente el sudor bajarle por la espalda. Entre palada y palada de tierra helada, recuerda la cantidad de lunas que corrió con él, las primeras los dos solos cuando aún se estaban haciendo ambos a vivir en la reserva. Harry es consciente de que ese animal le acogió como no lo ha hecho ningún humano desde que fue mordido.
De ahí su mente vuelve a los dos hombres en su cabaña y cava con más ahínco. No puede evitar una mínima sonrisa al darse cuenta de que la magia ha vuelto a sorprenderle. Tener a Sirius ahí de nuevo despierta tantas cosas...
Da las últimas paladas con fuerza, tratando de no dejar a su mente traidora irse por ahí. Pero entonces llega la congoja, al darse cuenta de que lo que la magia te da, también te lo puede quitar.
===o0o===
Cuando entra en la casa de nuevo, se encuentra a Remus en la cocina. Huele a comida y sus tripas responden inmediatamente con un rugido, recordándole todo el ejercicio que ha hecho en las últimas catorce horas después de apenas haber cenado.
— He pensado que tendrías hambre —le saluda su exprofesor, con los ojos en la sartén en la que se doran un montón de huevos revueltos.
— Gracias.
— Está despierto, si quieres...
— Necesito una ducha primero.
Entonces Remus lo mira de reojo y finalmente se gira, soltando la cuchara de madera de boj.
— ¿Estás herido? —pregunta preocupado, acercándose al ver la sangre en su uniforme y la ropa manchada de barro.
— No es mía.
Los ojos dorados lo repasan un momento. Allí, alejado del olor de la comida, el olor es más claro. Un gesto de pesar llena el rostro maduro.
— Lo siento. De verdad —le dice, estirando una mano para ponerla en su brazo.
Pero Harry da un paso atrás, rehuyendo el contacto.
— Voy a ducharme.
Y Remus lo mira mientras desaparece tras la puerta del aseo que él mismo ha usado hace un rato.
Pone la mesa para los dos en silencio, el sonido de la ducha de fondo. Se asoma al único dormitorio con una taza de café en la mano y mira a Sirius. Su compañero tiene los ojos cerrados, pero sabe que está despierto. Desde su vuelta, el vínculo entre ellos ha cambiado. Sirius ha cambiado, hay en él algo diferente, un impulso que a veces le recuerda al adolescente que amó en silencio mucho tiempo.
Siente las pisadas silenciosas de Harry hasta que se coloca cerca de él y mira también a su padrino. Lo mira de reojo, tratando de distinguir su gesto, pero ahí está de nuevo la máscara neutral. Lo ve secarse el pelo con la toalla, los músculos de sus brazos abultándose con el movimiento.
— Mantendré el almuerzo caliente — murmura por fin para él, dándose la vuelta para dejarlos a solas.
Harry da un par de pasos dentro de su propio dormitorio, la nariz llena otra vez del olor de la pareja. Dentro de él están pasando muchas cosas, pero se esfuerza en mantenerse sereno cuando se sienta en el filo de la cama y lo contempla unos segundos. Es extraño ser más grande que él, tener conciencia de que Sirius es mucho más frágil.
— Harry... —susurra su padrino, abriendo los ojos.
— ¿Cómo te encuentras?
— Bien, mejor, gracias a ti. ¿El lobo está bien?
Niega con la cabeza, con los labios apretados. Ve llenarse la cara de Sirius de tristeza y permite que le ponga una mano temblorosa en la nuca y lo acerque hasta unir sus frentes.
— Lo siento, lo siento muchísimo.
Cierra los ojos con fuerza. Quiere ese contacto, lo anhela a un nivel que duele y le recuerda cuanto le trastornó ese sentimiento en su adolescencia. En la soledad de la cabaña, ha leído mucho sobre las consecuencias de una infancia de abandono. Su lado humano sabe que tiene serios problemas de apego, su lado animal ha renunciado ya a eso y asumido que siempre va a estar solo.
— ¿Quieres hablar?
El abrazo se afloja y Harry se yergue, de nuevo la mandíbula trabada con dureza.
— No. ¿Qué hacéis aquí, Sirius?
— Creo que es mejor que vayas a almorzar primero y hablemos después.
— A la mierda la comida —responde, rabioso— . Acabo de enterrar a uno de los animales que estaban bajo mi cuidado y quiero saber el porqué.
— Atacó a Remus.
— Que es perfectamente capaz de protegerse solo. ¿En qué estabas pensando?
— En protegerle, Harry.
— Sin pararte a pensar en lo que te rodea. Invadiste su territorio, y el mío, por cierto. Fue algo enormemente estúpido. Podría haberos atacado yo, ¿lo pensasteis acaso?
— Sabíamos que no lo harías.
— Pues te equivocas, Sirius —le responde, poniéndose de pie.
Los ojos grises, rodeados de arrugas nuevas como si su padrino hubiera seguido envejeciendo al otro lado del velo, lo miran, dolidos.
— No te alegras de que estemos aquí.
— Te perdí, y me sentí culpable durante mucho tiempo. Y ahora me siento culpable de que estéis aquí sin que os importe tu prima y tu sobrino, sé lo que es crecer sabiendo que te han abandonado. Así que recupérate y lleva a Remus de vuelta con su familia. Ya me has visto, ya te he visto, permite que él recupere su vida.
— Eso no es asunto tuyo, Harry —le interrumpe la voz de Remus desde la puerta, enojado.
— Tú... ¿cómo te metes en un territorio ajeno en luna llena?
— No lo culpes a él, lo hice perseguirme. Capté tu olor en el pueblo —trata de razonar Sirius, medio incorporado en la cama—. No lo pensé, estaba demasiado emocionado por haberte encontrado.
Hace una mueca a medio camino entre el dolor y la impotencia y vuelve a tumbarse. Por supuesto, Remus se acerca hasta agacharse junto a la cama y comprobar que está bien, antes de girarse hacia Harry con ojos fieros.
— Desde que volvió solo ha pensado en ti —le reprocha.
— ¿De verdad eso te parece excusa para abandonar a tu hijo? ¡es un niño! —grita Harry, frustrado, con los puños apretados— Casi os pierde a su madre y a ti en la guerra y ahora has elegido abandonarlo.
— No lo entiendes... —masculla Remus, moviendo la cabeza con aire impotente.
— ¡Claro que no!
— No sé cuánto tiempo va a durar esto —interviene Sirius en voz baja y plana—. Nadie sabe porqué estoy aquí y nadie sabe si es definitivo. Soy una anomalía mágica. Pero sea lo que sea, estar cerca de ti es mi prioridad, Harry.
— Y la mía seguirle. Ya le he perdido dos veces.
En el aire queda el sentimiento de que no sobrevivirá a la tercera. Harry los mira a los dos y levanta las manos, sobrepasado. Después da media vuelta y sale de la casa.
===o0o===
Camina unos metros, hasta toparse con el primer árbol. Contiene a duras penas el impulso de darle un puñetazo a base de poner sus manos abiertas sobre la corteza rugosa y respirar hondo para llenarse del olor a bosque.
Escucha los pasos de Remus tras él y la brisa le trae el olor a huevos y café.
— Tienes que comer algo —le recuerda a sus espaldas.
Harry espera un momento a ver si deja todo en el suelo y se va, pero no, el otro licántropo está esperando a que se gire.
— Gracias —masculla, cogiendo plato y taza y dejándose caer en el suelo con la espalda contra el tronco.
— No comes carne.
Es fácil deducirlo al abrir su nevera. Niega con la cabeza sin mirarle, la boca llena de huevos revueltos.
— No nos habrías atacado en el bosque.
— Habría devuelto el golpe si hubierais atacado primero. Mi lobo no os reconoció —explica todavía sin mirarle—. Igualmente fue una locura, conozco a los lobos de aquí, puedo apostar que ella atacó primero y él intervino cuando Sirius devolvió el golpe.
— Así fue. Te respetan.
— Me conocen, como hombre y como lobo. A ella y a su hermano los alimenté con biberón. A él lo ayudé a acostumbrarse al nuevo territorio, fue el primer lobo adulto en la reserva.
— Siento lo ocurrido.
— Yo también. —Harry suaviza el tono y levanta la cara hacia su antiguo profesor— Remus... esto es una locura y tú eres el sensato.
Remus se acuclilla para quedar frente a él y mirarle a los ojos. A la luz del sol, parece aún más viejo y desgastado, cuesta creer que apenas tiene cincuenta años.
— Los sentimientos son distintos, ¿verdad? El lobo siempre en la superficie, todo es mucho más intenso. Bill me dijo que tuviste problemas de ira.
Asiente. Es tentador hablar de ello con alguien que puede entenderlo.
— Comprendo tu decepción respecto a cómo lo he gestionado. Tú sabes cuantas dudas me generó casarme y ser padre. No debí hacerlo, fue un parche. Jamás habría ocurrido si Sirius no hubiera caído.
— Pero lo hiciste, y tienes que...
— Lo sé.
— ¿Entonces?
— ¿Sabes cuánto daño me he hecho a mi mismo en estos diez años, cada luna? Para una criatura perder dos veces a su pareja es un camino directo a la locura, Harry. Creo que si le preguntaras a Dora, te diría que están mejor sin mí, no eres el único que ha tenido problemas con sus emociones.
Harry siente una inevitable empatía. Recuerda las subidas y bajadas, la ira, la depresión, sentirse incomprendido y muy observado, todo el mundo a su alrededor opinando sobre cómo debería sentirse.
Da un largo sorbo para acabarse el café y se pone de pie. Estira la mano y ayuda a Remus a levantarse.
— Tengo que volver al trabajo. Iré a comprar alimentos, hazme una lista y me acercaré por la tarde al pueblo.
— ¿Podemos quedarnos entonces?
— No creo que Sirius esté en condiciones de ir a ninguna parte en unos días.
Lupin trata de no sonreír triunfante, pero se le escapa un poco por una comisura. Harry gruñe y le entrega la vajilla. Lo ve entrar en la casa con los ojos entornados y luego, con un suspiro, se da media vuelta para internarse de nuevo en el bosque.
===o0o===
La convivencia es fácil, sobre todo porque Harry ya tenía por costumbre pasar todo el tiempo posible al aire libre, así que apenas está en casa. Evita el contacto físico y trata de hablar poco, algo que tampoco es difícil porque tiene un carácter bastante taciturno.
Les ha cedido su dormitorio y está durmiendo en el sofá. Remus se ha ofrecido a ampliarlo para él varias veces, tal y como ha hecho con su cama, pero Harry siempre se limita a negar con la cabeza.
Para bien, debería dormir en el porche, para despegarse un poco del olor. Y porque las pesadillas han vuelto con las emociones, es como si los sentimientos les abrieran la puerta. Se despierta casi todas las madrugadas de golpe, con el corazón a mil y empapado en sudor.
Esa madrugada, diez días después de su llegada, cuando Harry se incorpora para levantarse a beber agua, se encuentra a Sirius mirándole desde el mostrador de la pequeña cocina.
— ¿Va todo bien? —le pregunta con voz ronca.
— Tenías una pesadilla. Cuando intenté acercarme a despertarte, tu magia no me dejó.
Antes de poner los pies en el suelo, Sirius le acerca un vaso de agua y se sienta junto a él.
— No te he visto hacer magia en estos días —insiste Sirius mientras lo ve beberse el vaso a grandes tragos.
— Porque no hago.
— ¿Por qué?
Harry está a punto, muy a punto, de decirle que no es asunto suyo y huir aunque sea al baño. Pero Sirius le pone la mano en el hombro y aprieta un poco.
— Antes de ser mordido, ya tenía problemas de magia accidental. Después, con lo de la ira... era aún más frecuente. Aquí no la necesito.
— ¿Sales al bosque sin nada para defenderte de los animales?
— El instinto animal es inteligente. Saben que estoy aquí para cuidar el bosque.
— ¿Y las pociones y ungüentos?
— Pedidos vía lechuza con nombre falso. La empresa de tu sobrino tiene un servicio excelente. Vuelve a la cama, Sirius.
— ¿Te molesta la gente en general o solo nosotros?
Él guardabosques lo mira directamente por primera vez. Sirius ha invocado un lumus suave al sentarse en el sofá y puede ver las líneas de preocupación en sus ojos.
— No me molestáis—dice, tratando de suavizar el tono.
— Quiero abrazarte todo el tiempo, Harry. Siento que necesito aprovechar cada minuto.
Las palabras de Sirius son el recordatorio de que su presencia puede ser efímera y eso hace que Harry sienta como se le aprieta el pecho de angustia. Lo abraza, fuerte, consciente otra vez de que ha crecido hasta ser más grande que su padrino. Y de cuánto necesita su contacto, aunque una voz en el fondo de su mente le recuerde que es incorrecto y sucio.
Cuando Sirius vuelve por fin a su habitación, Harry contempla el techo, incapaz de dormir. Ha intentado no volver a esos recuerdos, pero con el olor de Sirius muy adentro es inevitable. Hasta que no lo ha vuelto a tener delante no se ha dado cuenta de que sus problemas para dormir en Grimmauld Place después de ser mordido tenían que ver con eso: el olor de Sirius y Remus combinado estaba por todas partes. Le sigue sorprendiendo no haberse dado cuenta de la relación ni haberlos reconocido en el bosque.
Lo siente a menudo esos días, la insatisfacción del lobo. Bill le habló de que la licantropía exacerbaba la intensidad de los sentimientos y Harry teme lo que puede pasar en la próxima luna. Sabe que necesita hablar de ello con Remus, pero su parte humana está horrorizada de tener que poner en palabras lo que siente, lo que sentía ya de adolescente y pensó que estaba ahí, en el pasado.
Se acurruca para dormir, sigue haciéndolo como si aún estuviera en la alacena, y cierra los ojos con fuerza. Mañana, se dice, mañana hablo con Remus. Lo que no tiene presente en ese momento es que ha olvidado algo fundamental, algo que de normal hace a diario: mirar la previsión meteorológica.
