Mi otra mitad

-Candy piensa bien lo que vas hacer.

-Ya te dije que es lo mejor Annie, Michael es un buen hombre, será el esposo perfecto y estoy segura que será un gran padre, ¡Te has dado cuenta como es cariñoso con sus pequeños pacientes!

- ¡Claro Candy!, es pediatra, como no serlo, ¡Por favor Candy! no cometas un error, a mí no me engañas tú sigues pensando en….

- ¡No lo menciones! Annie por favor, él ya se decidió y es feliz con ella.

Annie solo apretó la mandíbula al ver como la obstinada de su amiga, no escuchaba razones, y le dolía en el alma, ver como destruía su vida, porque desde aquel triste día, Candy ya no era la misma.

Cuando regresó de New york, aquel frio invierno, llegó devastada, sus amigos no lograban volver a ver a la feliz y entusiasta Candy que era antes, pues se había convertido en una chica solitaria y con mirada apagada. A los días descubrió que su protector, no era más que su amigo Albert, el jefe de él clan Ardley.

Albert le dio a escoger, si quería vivir en la mansión, o le daba la libertad para decidir, que era lo que quería hacer de su vida, ya que por más intentos que hacía no lograba reanimarla.

Candy pasó un tiempo recluida en el hogar de pony, y unos meses después, se deicidio por estudiar medicina y especializarse en pediatría.

Albert la apoyó en todo y Candy aceptó la ayuda económica que le correspondía por ser una heredera Ardley.

De ese modo, habiendo pasado 5 años desde aquella triste separación, Candy era ya una Doctora pediatra, y trabajaba en un hospital ubicado en New York.

Cuando le ofrecieron ese puesto, ella dudo en aceptar, porque temía un encuentro con él, pero cuando se enteró por los medios de comunicación que él residía en Inglaterra, aceptó su puesto y ahí fue que conoció a el doctor Michael, un experto pediatra, que la conquistó y aunque Candy decía que se había enamorado de él, su corazón no la engañaba, pues aquel chico de ojos azul zafiro, ocupaba la mayoría de sus pensamientos.

Lo que Candy no sabía es que Terry Grandchester, el culpable de su corazón roto, había viajado a Inglaterra, porque su padre había enfermado y se encontraba grave de salud.

Aunque se resistió a su llamado, su madre Eleonor, le convenció, pues ya era tiempo de reconciliarse son su padre, no era bueno llevar ese sentimiento en su corazón, bastante era con el corazón roto, ocasionado por esa cruel ruptura, de la cuál ella no pudo hacer nada, pero por lo menos se sentía satisfecha, de que la relación que tenía con esa posesiva Susana Marlow, había terminado, gracias a la intervención de él padre de su hijo, El duque de Grandchester.

Richard Grandchester por medio de un abogado, que mando en su representación, ofreció a las Marlow, una cantidad generosa, una propiedad, lejos de New York y seguir pagando los gastos médicos, dado a la condición de Susana, a cambio de que dejaran libre a su hijo, poniendo de pretexto que Terry, ya no podría seguir haciéndose cargo de Susana, porque se iría a vivir a Inglaterra con su padre, las Marlow al ver que podían quedarse totalmente desamparadas, aceptaron su ayuda, Richard les puso como condición que Terry no se enterara, que él les había ofrecido ese trato.

Terry no podía creer, que Susana al fin lo dejara libre, cuando Susana le dijo que le daba la libertad, ya que se dio cuenta, que nunca podía amarla, creyó que era una broma, pero al ver la cara de desolación que Susana tenía, no quiso saber más, y deseándole suerte y agradeciéndole su libertad, se alejó de ellas, les ofreció la casa, pero para su sorpresa no aceptaron nada, esa situación se le hizo muy extraña, pero su madre le sugirió ya no indagar en esos temas que aprovechara su libertad y acudiera a el encuentro con su padre, ya que en esos momentos, su padre lo necesitaba más.

Cuando Terry llegó a el encuentro con su padre, no pudo evitar perdonarlo, ya que, al verlo tan decaído, no tuvo corazón para dejarlo así.

Terry pasó un tiempo al lado de su padre, y gracias a la buena intervención de los médicos y a los cuidados de los cuál él también fue parte, junto con sus medios hermanos, Richard Grandchester logró recuperarse, ya que la duquesa su esposa, fue expulsada de él castillo, después de que se descubrieran ciertas infidelidades, hacia su esposo.

Richard Grandchester estaba en espera de una disolución de su matrimonio, sabía que eso llevaría tiempo, pero por lo menos, la tenía lejos de su lado, ya que nunca pudo amarla y menos soportarla.

Terry sabía que toda esa situación en la que vivía su padre Richard Grandchester y en parte de que su corazón había quedado roto, después de no poder vivir con la persona que realmente amo, le habían ocasionado ese pre infarto.

Dado a todos esos acontecimientos, Terry se propuso a no cometer los mismos errores de su padre, y decidió luchar por la persona que más amaba, una rubia pecosa de cabellos dorados y ojos color verde esmeralda, la cual no había pasado un segundo en que dejara de pensar en ella.

Terry con ayuda de un investigador, proporcionado por su padre, decidió localizar a su pecosa y saber que había sido de su vida.

Cuando se enteró que su amada pecosa estaba en vísperas de contraer matrimonio, con un doctorcito el cuál en ese momento odio, decidió dar su última batalla, antes de llenarse la cabeza de ideas absurdas y acobardarse, iría por ella hasta América y si era necesario, se la robaría a ese tipo.

América semanas después…

-Pequeña ya estás lista, preguntaba su gran amigo, casi hermano Albert.

-Si Albert, pasa.

-Luces hermosa como siempre Candy.

-Gracias Bert.

- ¿Ya llegaron todos los invitados?

-Aún no, faltan pocos, pero creo que ya es hora de que bajes, para saludar a los que llegaron y recibir a los que faltan.

-De acuerdo, vamos entonces.

Candy había decidido pasar un tiempo en la mansión Ardley de Chicago, ya que había aceptado la propuesta de matrimonio de Michael y se había tomado unos días de descanso en el hospital para planear su fiesta de compromiso, la cual se llevaría a cabo esa noche.

Albert sabía que su pequeña, estaba cometiendo un grave error, pero ya estaba cansado de persuadirla, ya que Candy se molestó tanto la última vez, que decidió ya no intervenir, solo esperaba un milagro, y pedía Dios que, ese viejo castaño amigo suyo, despertará de su letargo y viniera a luchar por esta rubia testaruda, que no escuchaba razones.

Cuando estaban por abandonar la habitación, Dorothy tocó a su puerta.

-Adelante Dorothy, pasa, dijo Candy.

-Candy llegó esta carta para ti, le dijo Dorothy, extendiéndole la carta y poniéndola en su mano.

Candy se sorprendió y se preguntó ¿Porque su amiga Dorothy, le había llevado esa carta hasta su habitación?, y no espero a que revisara la correspondencia en el estudio, como solía hacerlo todas las mañanas.

Cuando Albert vio la cara de sorpresa de Candy al ver el remitente, decidió darle espacio, para que leyera la carta a solas.

-Te dejaré un momento a solas pequeña, le dio un beso en la frente y le dijo: te espero abajo.

Albert, se dio prisa para alcanzar a Dorothy, pues quería saber quién le había mandado esa carta a su pequeña, que la hizo trastabillar cuando leyó el remitente.

-Dorothy, espera, gritó Albert, al salir de la habitación de Candy.

-Si dígame señor, le dijo Dorothy.

- ¿Quién te dio esa carta?

- ¡Oh! Me la dio un joven que se encontraba en la entrada de la casa, me dijo que era urgente que se la diera a Candy en sus manos, yo dude en entregarla, pero cuando lo vi, recordé que es el mismo joven que aparece en los recortes de periódicos que Candy conserva delicadamente y que cada vez que los observa, sus ojos se llenan de lágrimas y pensé que podría ser alguien importante para Candy. ¿Hice mal señor?

-No creo Dorothy, dijo Albert sonriendo, creo que es lo mejor que has hecho por Candy, y salió de prisa a buscarlo en la entrada, pero ya no lo encontró. ¡Terry, espero y si seas tú! Y puedas evitar que Candy comprometa su vida a una persona que no ama.

Candy abrió con manos temblorosas la carta y leyó:

Ya me enteré
Que hay alguien nuevo acariciando tu piel
Algún idiota al que quieres convencer
Que tú y yo somos pasado

Ya me enteré
Que soy el malo y todo el mundo te cree
Que estás mejor desde que ya no me ves
Más feliz con otro al lado

¿A quién piensas que vas a engañar?
Sabes bien que soy tu otra mitad

Olvídate de ese perdedor
Y repítele que yo soy mejor
Que no le eres fiel con el corazón
Que eres mía y sólo mi amor

Despídete de ese perdedor
Que imagina que yo ya no existo yo
Deja claro que aunque intente no, no vas a querer
La verdad es que me extrañas tanto, lo sé
Ya me enteré

Regresarás, estoy seguro de que regresarás
Estás con él por pura comodidad
Aburrida entre sus brazos

La verdad es que me extrañas
Me extrañas tanto, lo sé
Ya me enteré

Candy abrazó la carta a su pecho y comenzó a llorar, de pronto algo tocó su ventana, camino para abrirla y oh sorpresa, ahí estaba él, frente a ella, tan bello, más maduro, cuerpo más atlético y la miraba con tanto amor con aquellos ojos azul zafiro que tanto amaba.

Terry abrió su brazos y Candy no lo dudo, se abrazaron, llorando sin decir nada, solo tocándose y reconociéndose, Candy levantó su mirada y el miro sus labios entreabiertos, Terry no dudo y la besó.

El beso que empezó despacio, tierno, dulce, comenzó a ser más demandante, cuando Candy gimió, Terry, bajo la intensidad del beso y se separó para susurrar entre sus labios.

-Pecosa te amo, ven conmigo, aún estamos a tiempo de comenzar de nuevo, cásate conmigo, se mi mujer, esposa, amiga, amante, mi confidente, estos años lejos de ti, han sido los más tristes, desde el día que te deje partir, mi corazón se partió en dos: Sabes bien que soy tu otra mitad.

-Si amor, tú también eres mi otra mitad, le respondió Candy, con lágrimas recorriendo sus mejías, las cuáles Terry limpio con sus besos.

- ¿Qué haremos con los invitados? ¿Con Michael? Merece una explicación.

En eso Albert toca la puerta, quien imaginándose lo que podía estar pasando en esa habitación, había llegado en ese momento para ayudar a esa pareja de rebeldes, la cual quería y apoyaba, Albert sabía que solo Terry podría ser el que haría feliz a su pequeña, la cual estaba triste pues le faltaba su otra mitad.

-Tranquilos yo me haré cargo de los invitados, yo te acompañaré pequeña a hablar con Michael, Terry quiso intervenir, pero la mirada de Albert, lo tranquilizó, y se resignó a esperar a su pecosa y hacer las cosas bien.

Candy abrazó feliz a su hermano Bert y le agradeció con un beso en la mejilla y bajaron a dar la cara a los invitados y enfrentar a Michael.

Al día siguiente, Terry y Candy estaban en el estudio hablando con Albert, para decidir lo que harían.

-No te preocupes Albert, dijo Terry, tengo todo listo, para casarnos, solo me hacía falta la novia.

- ¿Cómo dijo Candy? sorprendida.

-Así es dijo Annie al entrar, yo le ayudé a Terry y tenemos todo preparado para tu boda en la colina de Pony, solo falta ultimar detalles y por supuesto que la novia aceptara, sonrió guiñando un ojo.

Candy abrazó a Annie, y lloró con ella de alegría.

Y así fue, como unos días después, la pareja de enamorados celebraba con sus seres queridos una boda sencilla pero llena de amor en la iglesia de la colina de pony.

Archie y Annie, compartían la felicidad, con su querida amiga, Archie no estaba muy convencido con esa boda, pues aun no aceptaba del todo a ese actor inglés, pero al saber que era la felicidad de su querida prima, no dudo en apoyarla.

Albert en compañía de su prometida Kathie, una chica muy bella y de buena familia, con espíritu libre como el patriarca, festejaban alegremente, la felicidad de los rebeldes.

Eleonor estaba feliz, al ver a su hijo al lado de la persona que realmente amaba, el duque, no pudo asistir a la boda, ya que su estado de salud aún era delicado, pero había mandado su apoyo a su primogénito el cual amaba y deseaba que fuera feliz, y como regalo de bodas le ofreció la villa de Escocia, Terry dudaba en aceptarla, pero su madre y Candy lo convencieron.

Sus dos madres, los niños del hogar de Pony y hasta Tom quien se veía muy alegre bailando con Dorothy, disfrutaban del amor de esa bella pareja de novios.

Cuando llegó el momento de que los novios partieran, todos los despidieron con amor, la pareja iría a pasar la luna de miel a la villa de Escocia, y posteriormente, residir en Inglaterra, ya que a Terry le habían ofrecido trabajo en El Royal Shakespeare Theater.

Terry no dejaba de besar a su pecosa y susurrarle al oído lo bella que se encontraba, y lo mucho que la amaba, Candy le correspondía de igual manera, pues también, estaba feliz con su bello engreído.

Candy había cambiado su vestido de novia, para abordar el tren que los llevaría a New York, por un atuendo más cómodo, ya que el viaje sería largo. Terry hubiera querido quitarle el vestido el mismo, pero entendía lo incomodo que resultaría el viaje, para su pecosa, vistiendo de esa manera.

Los novios llegaron al puerto de New York, abordaron el barco, y se instalaron en un lujoso y acondicionado camarote, el cual estaba bellamente decorado para pasar su noche de bodas.

Antes de entrar a el camarote, Terry tomó en brazos a Candy, y cerró la puerta con el pie, la deposito en la cama llena de rosas rojas y apagó la luz, ya que las velas le daban ese ambiente cálido y romántico a la habitación.

Comenzó a besarla delicadamente y a susurrarle palabras llenas de amor al oído, Candy estaba nerviosa pues sería su primera vez, pero estaba feliz de poder ser completamente de su amado.

Terry notó su nerviosismo y le dijo con voz suave:

-Tranquila amor iremos despacio no te haré daño seré delicado.

Candy se relajó y se dejó envolver en esas tiernas caricias, y se entregó en cuerpo y alma a su único amor.

Cuando por fin saciaron su amor, y Terry la lleno por completo.

Se dijeron felices y extasiados: ¡Sabes bien que eres mi otra mitad!

Y continuaron amándose toda la noche, felices y expectantes, de lo maravilloso que sería su vida juntos.

FIN