¡Lo que tú me haces sentir!

POV Terry:

Aún recuerdo el día que la conocí, quedé impactado al ver esos ojos de un color verde esmeralda que jamás había visto en otra persona, ese brillo que mostraron sus ojos al verme tomar el lugar a su lado, en el aula, no lo puedo olvidar, sin embargo, me mostré altivo y distante, pues no deseaba que aquella bella rubia, se diera cuenta el efecto que causo en mí.

Yo Terrence Grandchester estaba acostumbrado a que las mujeres me admiraran y no ser yo él que cediera a sus encantos, pero esa pecosa me cautivó.

Mi padre Richard Grandchester, me obsequió un departamento en Nueva York; por fin había accedido a que viviera una temporada con mi madre y su esposo, después de tanto insistirle, ya que nunca he soportado a mi madrastra; no viviría solo hasta que cumpliera la mayoría de edad, los esperados 18 años; así que viajé desde Londres a Nueva York y con las influencias de mi padre me aceptaron en este colegio, sin importar que fuese mitad de semestre.

Ese primer día de clases, noté el interés que Anthony sentía hacia Candy.

- ¡Hola pequeña! - Le dijo Anthony a Candy, al entrar al salón, quiso tomar asiento a su lado, pero yo ya estaba ahí, así que lo miré de manera retadora y el muy creído, me saludo muy amablemente.

- ¡Hola!, ¿Grandchester verdad? -, me dijo con una sonrisa fingida, solo asentí con la cabeza y me puse a hojear un libro, la verdad no tenía la más mínima intención de entablar una conversación con él.

Candy le contestó con un: - ¡Hola Tony!, ven siéntate atrás de mí, Patty no asistirá hoy-, le dijo con una sonrisa que hacía latir mi corazón, pero al darme cuenta que esa sonrisa no era para mí, me puse tenso y escondí mi cabeza en el libro que tomé, para que no notaran mi perturbación.

La clase continuó y Anthony no dejaba de acercársele a Candy, con pretextos tontos, deseaba que la clase terminara, para salir de ahí, definitivamente tendría que hacer algo, ¡pero ya!, para atraer la atención de esa rubia pecosa, antes de que ese rubiecito, se me adelantara.

Iniciaría con ganarme su confianza, ya que ninguno de los dos nos conocíamos, pero a mí eso no me importaba, ella había entrado directo a mi corazón, desde que la vi, tal vez suene muy cursi pero no me importa, eso solo lo sabemos mi corazón y yo y si tengo suerte, pronto podré compartir estos sentimientos con ella.

El primer paso fue esperarla a la salida de la escuela, pero los siguientes dos días de mi llegada, no me pude acercar, ella siempre iba acompañada de sus amigas, ¡Patty y Annie!, tuve que memorizar sus nombres por si en alguna ocasión necesitaba de su ayuda.

El día viernes, de esa primera semana de clases, la escuché platicar con sus amigas, mientras íbamos bajando las escaleras en grupo, para asistir a nuestra clase de computación:

-Candy, ¿Nos vemos mañana en el centro comercial?, recuerda que prometiste acompañarnos-, le dijo su amiga Annie.

- ¡Claro chicas!, a las 6 pm ¿Cierto? –preguntó Candy.

- Si-, afirmaron Patty y Annie.

Me acerqué más, sin que se dieran cuenta y puse atención en el nombre de la plaza al que acudirían ese día, ese sería mi primer intento, fingir que nos encontramos en ese lugar.

El día sábado llegó, me alisté lo mejor que pude, ya que quería llamar su atención, porque en la escuela, no lo lograba, ya que cada vez que nuestros ojos se encontraban, ella bajaba su mirada, me parecía ver un rubor en sus mejías, pero no quería hacerme ilusiones, el pensar que mi presencia, le causaba alguna emoción.

Cada día me atraía más, pues no era como todas esas chicas, que no dejaban de asediarme, con muestras melosas para llamar mi atención, Susana era una de ellas, yo las ignoraba y parecía que eso las atraía más, yo solo quería la atención de mi pecosa y haría todo lo posible para conseguirlo.

Cuando llegué al centro comercial a la hora acordada por ellas, las vi de lejos entrar a una tienda de accesorios de belleza.

No fue difícil encontrarlas, caminé por fuera de la tienda, ya que estaría raro entrar a una tienda para mujeres. Cuando me percaté que estaban en cajas, me alejé un poco de la puerta, y las observé a cierta distancia.

Salieron de la tienda y Candy jaló a sus amigas a entrar a una tienda de música, me alegré, era el lugar ideal para un encuentro inesperado.

Entre detrás de ellas a la tienda, y se separaron, ya que al parecer cada una buscaba algo diferente.

Seguí a Candy con la mirada y se acercó a tomar un CD, me puse a su lado y tomé otro disco, cuando Candy notó mi presencia, me habló.

- ¿Terry? ¿Qué haces aquí? -

- Lo mismo que tu pecosa, decidiéndome por un disco-.

- ¿Pecosa yo? - Respondió graciosamente molesta.

- ¡Si! ¿Acaso no te has dado cuenta? -, pregunté con risa burlona.

Candy se puso roja y esa cara me encantó, - ¡Claro que lo sé!, pero no por eso me tienes que llamar así, ¡Mi nombre es Candy, por si ya se te olvidó! -

- ¡No!, no se me olvidó, pero me gusta más pecosa.

- ¡Ay engreído! - dijo molesta, y dio media vuelta para alejarse, pero cuando me percaté que se alejaba, me disculpé:

- No te enojes pecosa, Candy es un dulce nombre, pero pecosa es un cumplido-.

Observó el disco que tenía en mis manos y por un momento olvidó su molestia.

- ¿Te gusta Coldplay? Preguntó emocionada, vaya sí que le gusta ese grupo, como para olvidar su enfado pensé.

- ¡Eh, si! - Contesté titubeando, deseando que no me preguntará nada sobre ese grupo, ya que no tenía idea de quien era.

- ¿En serio? - Preguntó emocionada, - ¿Cuál es tu canción favorita? -

- ¡Eh! ¿Canción?, en realidad no tengo ninguna favorita en particular, me gustan todas-, dije lo primero que vino a mi mente.

- ¡Oh! Tienes razón, sus canciones son hermosas-. Dijo suspirando.

- ¿Y a ti cuál te gusta pecosa? - Le pregunté, para que no insistiera en que yo le dijera el nombre de alguna canción.

- ¡Me gustan varias! Es difícil decidir- ¡Candy! -le llamaron sus amigas desde cajas.

- ¿Ya elegiste algo? Ya vamos a pagar-, le gritó Annie.

- ¡Si ya voy! – contestó Candy, -Ya debo irme, ¡Adiós Terry! - me dijo-, despidiéndose de mí con una mano al aire.

- ¡Ey! Espera no compraste nada-, le dije en tono preocupado.

- ¡Oh no!, después, en otra ocasión, - ¡Nos vemos en la escuela Terry! –dijo y se alejó.

Me alegré de haberla visto, y conocer alguno de sus gustos.

Decidí marcharme, pues no quería portarme como un acosador, persiguiéndola todo el día.

El fin de semana transcurrió tranquilo, por la noche busqué canciones de Coldplay en mi celular, para darme una idea del tipo de música que tiene ese grupo.

En realidad, me gustó, y comprobé lo que dijo Candy, son muy buenos.

Llegó el día lunes y al entrar al salón, Candy me saludó con una sonrisa, que hizo que mi corazón latiera a mil por hora.

- ¡Hola pecosa! - Le dije con una sonrisa.

- ¡Terry! Me dijo en modo de queja, -En qué modo te explico que mi nombre es CANDY, lo dijo en tono lento, como si no le entendiera.

-En ninguno pecosa, ya lo sé, pero para mí eres pecosa- Le respondí guiñándole un ojo.

Candy se ruborizó y eso me encantó y por un momento nuestras miradas se quedaron fijas, el momento se interrumpió cuando sus amigas llegaron, y se pusieron a conversar, antes de que el maestro iniciara la clase.

Anthony, Archie y Stear, llegaron después y se unieron a la plática.

La hora del receso llegó y cuando estábamos en la cafetería decidí acercarme a la mesa de Candy, ella estaba sentada sola, creo que esperaba a sus amigas.

- ¡Hola pecosa! – le saludé y me senté a su lado.

- ¡Hola Terry! - me contestó amablemente.

- ¿Gustas? - Le ofrecí el emparedado que llevaba extra, obviamente lo compré para ella.

- ¡Oh no qué pena! Ya las chicas me traerán algo- Dijo con voz apenada.

- ¡De ninguna manera! Lo compré para ti-, y le sonreí de lado.

- ¿De verdad? - Me preguntó sorprendida.

- ¡Así es!, anda tómalo y no me desprecies-, ella aceptó algo apenada y comenzamos a comer.

Cuando sus amigas llegaron se sorprendieron al vernos comer juntos, noté que Annie le hizo una señal a Patty y se sentaron a la mesa del lado, junto con Archie y Stear. ¡Vaya! pensé, ahora tendré algo que agradecer a Annie.

Candy y yo, iniciamos una conversación amena, temas irrelevantes, de lo que ha ocurrido en clases, del día que nos encontramos en el centro comercial, me sentí muy cómodo en su compañía, que no quería que acabará el receso, lamentablemente el timbre sonó y regresamos a nuestras aulas y al salir de la cafetería, nos topamos con Anthony recargado en la puerta, nos miró con cara molesta, creo que no le agradó que yo estuviera con Candy, tome del brazo a Candy y caminamos hacía el aula, sin prestarle atención.

Las clases terminaron y esperé a Candy en la puerta del aula, cuando iba a pedirle si me permitía acompañarla a su casa, Anthony se me adelantó y jaló a Candy hacía el pasillo.

Observé desde lejos como Candy lo miraba con cara sorprendida, parecía que Anthony le reclamaba algo, ella se molestó y se alejó, dejando solo a Anthony.

Cuando paso por mi lado, le pregunté:

- ¿Candy, está todo bien? – en realidad me sentía molesto, no me gustó como Anthony trató a Candy.

- ¡Ah sí! No te preocupes- respondió Candy con la cara roja.

- No parece, ¿Me permites acompañarte? -, pregunté esperando no ser rechazado.

- ¡Oh no te preocupes!, iré con Annie y Patty-, Pero cuando volteamos en dirección a la salida de la escuela, Annie y Patty iban caminando del brazo de Archie y Stear respectivamente.

- Creo que tus amigas te abandonaron- le dije sonriendo por la oportunidad que se presentaba.

- Creo que si- respondió con una tímida sonrisa, -Está bien acepto, vamos-dijo tímidamente.

Caminamos rumbo a la estación y una vez arriba del autobús, nos sentamos juntos, Candy no emitía palabra alguna, iba viendo hacia la ventana, evitaba mirarme a los ojos.

-Candy- me atreví a hablarle, - ¿Qué es lo que pasa?, ¿Me quieres contar? -

-No es nada Terry no te preocupes.

-Si me preocupo, ¿Acaso te incomoda mi presencia? -

-No, nada de eso, es solo que…- titubeo en decirme o no.

-Confía en mí, te prometo que lo que me digas solo quedará entre los dos- dije guiñándole un ojo y creo que eso le dio confianza porque se animó a contarme.

Candy me contó que Anthony le reclamó verla en mi compañía, y que se sintió incomoda ya que ella nunca le ha dado motivos a Anthony para que mal interpretara su amistad.

-Tranquila Candy, tu no haces mal, y si Anthony es solo tu amigo, él no tiene derecho en reclamarte nada- le dije y por impulso tomé sus manos, que ella tenía en su regazo, Candy me miró tímidamente, pero no apartó sus manos.

- ¡Hemos llegado! - dijo soltándose de mis manos, para tomar su mochila y bajar del autobús.

-Permíteme-, le dije y me coloqué su mochila en el hombro, no tuvo tiempo de protestar, ya que debíamos darnos prisa en bajar del autobús.

Al bajar caminamos una cuadra y llegamos a su casa.

- ¡Gracias por acompañarme Terry! –Dijo Candy sonrojada.

- Por nada, un placer pecosa- le dije tomando su mano, para depositar un beso en el dorso.

Ella se ruborizó y me encantó ver como se notaron más sus pecas.

- ¿Pecosa, me podrías dar tu número de teléfono? – Me atreví a preguntarle.

- ¿Eh? -, se sorprendió, pero accedió.

- ¡Hecho! Te marcaré para que registres mi número- Le dije emocionado.

- Si-, dijo Candy con una dulce sonrisa.

Me despedí de ella, sorprendiéndola con un beso en la mejía, el cual no rechazó.

- ¡Bye pecosa! -, le dije y me alejé.

Al regresar a casa encontré a mi madre en la cocina.

- ¡Hola cariño!, ¿Ya comiste? –Dijo mamá, con unos platos en mano.

- No, mamá y muero de hambre- mamá se sorprendió por mi buen humor.

- ¿A qué se debe tan buen humor, si se puede saber? - preguntó mamá sonriendo.

- No es nada madre, solo tengo hambre-, contesté despreocupado, pues no era el momento de contarle que lo que me tenía así, era una rubia pecosa de ojos verdes esmeraldas.

- ¿Y Roberts? -, pregunté por el esposo de mi madre, era un buen tipo y me trataba como su hijo.

Mi madre Eleonor Baker y Roberts Hathaway, solo tuvieron una hija, Beatriz, mi hermanita de 10 años, tan rebelde como yo, pero de muy buenos sentimientos.

- ¡Hermanito, llegaste!, ¿Porque llegaste tarde?, ¿No me digas que por fin tienes novia? – Preguntó Betty en tono de burla.

- ¡Ey! Demasiadas preguntas, son cosas de adultos, no debes inmiscuirte- le dije sobando su cabeza y quitándole sus lentes.

- ¡Auch! - Se quejó Betty y golpeó mi hombro.

- No tarda en llegar cariño, ¡vamos ayúdenme a poner la mesa! - Nos dijo mi madre a los dos cariñosamente, mientras yo molestaba a mi pequeña hermana.

Más tarde ya en mi habitación, decidí mandarle un mensaje a Candy por WhatsApp.

- ¡Hola pecosa! - (carita feliz)-

Sonreí al ver que estaba escribiendo un mensaje.

- ¡Hola engreído! - (carita sacando la lengua)- contestó.

- ¿Ah sí? ¿Crees que soy un engreído? - (carita de indignación)

- ¡Sí, si lo eres! - (carita con lentes oscuros)

Me quedé pensando por un rato que más podía preguntarle, quería decirle tantas cosas, más la emoción bloqueaba mis pensamientos.

- ¡Mmmm, está bien!, y tú eres muy pecosa- (carita sacando lengua)

Me contestó con (Carita enojada)

Y así estuvimos en un lindo juego, compartiendo emojis, molestándola, porque me fascinaba como reaccionaba ante mis bromas y platicando de lo que nos gustaba hacer.

Me platicó que vive con sus padres, Rose y William White, que era hija única, y que por eso sus padres la consentían demasiado.

Después de un largo rato, me despedí de ella, deseando fuera el siguiente día para verla en el colegio.

A la mañana siguiente, llegué al colegio más temprano de lo acostumbrado, y la esperé en la entrada, cuando la vi llegar, me acerqué a ella, saludándola con un beso en la mejilla, noté que fue inesperado para ella, pero no se molestó.

- ¡Hola pecosa! ¿Cómo estás? –Le pregunté.

- ¡Hola engreído muy bien ¿Y tú? –Contestó con esa bella sonrisa que me desarma.

- Estoy mejor ahora que te veo- dije guiñándole un ojo, y me miró con sus ojos brillantes llenos de ternura.

- Deja te ayudo- le dije y tomé su mochila.

- No es necesario Terry, yo puedo llevarla-

- Pero yo quiero hacerlo- me coloqué su mochila en el hombro y le tomé la mano.

Noté que de nuevo se sonrojó, pero no apartó su mano.

Al entrar al salón, nos sentamos uno al lado del otro.

Toda la clase estuvimos compartiendo miradas y sonrisas cómplices, sus amigos nos miraban de forma extraña, pero no dijeron nada.

La hora del receso llegó y antes de que las amigas de Candy la llamaran para salir con ellas, yo la tomé de la mano y me la llevé fuera del salón.

Nos sentamos en una banca solos cerca del jardín y saqué de mi mochila dos emparedados, que llevaba conmigo, los cuales, por la mañana, le pedí a Lucy la señora que le ayuda a mi madre en casa, que me los preparara, se sorprendió, pero los preparó gustosa, no le di tiempo de hacer preguntas, solo los tomé y me despedí de ella.

- ¿Tú los hiciste? - me preguntó sorprendida.

- No, pero yo pedí que los hicieran- dije sonriendo traviesamente.

- ¡Gracias Terry! – dijo con en una hermosa sonrisa.

Así estuvimos compartiendo ese tiempo solos, nadie se atrevió a molestarnos, solo murmuraban y no dejaban de vernos.

Noté que Susana nos miraba molesta, pero no me importó, ya le había dejado las cosas claras a esa chica, así que tenía dos problemas.

Al terminar las clases, le pedí a Candy de nuevo si me dejaba acompañarla a su casa, y aceptó.

Así pasaron unos días, pasábamos el receso juntos y todos los días la acompañaba a su casa, noté que Candy ya había platicado con sus amigos de lo que sucedía entre ella y yo, ellos me saludaban amablemente, y con una sonrisa cómplice, excepto Anthony, Candy me platicó que ya había aclarado las cosas con él, y que se sintió un poco triste perder su amistad, él no solo quería ser su amigo, le confesó que estaba enamorado de ella, al enterarme de eso sentí arder mi sangre, mis celos empezaban a salir a flote, pero me sentí aliviado cuando Candy me explicó que ella solo lo apreciaba como amigo, eso me daba esperanzas y me apresuraría en pedirle que fuese mi novia.

Por fin era viernes, y le confesé a Candy, que el día siguiente era mi cumpleaños y que me gustaría invitarla a cenar, ya que, por la tarde, mi madre y hermana se habían empeñado en comprarme un pastel, y no deseaba desairarlas.

Ese día sábado 28 de enero, al fin cumpliría mi mayoría de edad, 18 años, estaba emocionado, por fin podría mudarme a el departamento que papá me había obsequiado.

Candy aceptó en salir a cenar conmigo y yo estaba feliz, pues cada vez nuestra relación se iba reforzando, y era el momento de pedirle ser mi novia.

Como todos los días esa tarde, acompañé a dejar a Candy en su casa, y después me dirigí a la mía, al llegar, encontré un auto estacionado en el garaje con un moño de regalo, ¡Era un Audi azul modelo 2023!

- ¡Wow hermanito! - sí que eres el consentido de papi- me dijo mi hermanita Beatriz emocionada al entrar a casa.

- ¿Qué pasa mamá? ¿De quién es el auto? - pregunté confundido.

- Tu padre te dejó esto- dijo mi madre en tono molesto y me extendió una nota.

Feliz cumpleaños hijo, espero sepas disfrutar tu regalo, siendo responsable, precavido, y con un buen promedio en tus notas.

Lamento no poder estar contigo en tu cumpleaños, no pude librarme de mis compromisos, pero prometo estar ahí el día de tu graduación.

P.D. Ya puedes hacer uso de tu apartamento, confío en ti hijo, pórtate bien y mantén siempre los pies en el suelo. ¡Te quiero!

Atte.: Richard Grandchester.

- ¡No puedo creerlo! - grité emocionado, tomé las llaves que estaban en la mesa y salí a ver mi auto.

- ¡Terry! - me llamó mi madre con tono preocupado, -esta vez tu padre se excedió, primero el apartamento y ahora esto, por favor, prométeme que tomarás esto con calma y no harás imprudencias-

- No te preocupes mamá, se cuidarme y prometo portarme bien- la abracé y le di un beso en la frente- mi madre suspiró y movió la cabeza de un lado a otro resignada.

- ¿Me llevarás a dar una vuelta hermanito? - dijo Beatriz ya sentada en el lugar del copiloto- ¡Claro rebelde! ¡Vamos! - Y encendí el auto muy emocionado.

- ¡Con mucho cuidado Terry! - Gritó mi madre desde la puerta.

Al día siguiente, mi madre, Roberts y Betty, me festejaron en casa, con una rica comida y un pastel, cuando terminamos, Roberts pidió hablar conmigo a solas.

- Terry sabes que te quiero como un hijo, y no puedo hacer nada para no dejarte volar, pero quiero que sepas, que está siempre será tu casa, puedes venir a quedarte las veces que desees, si de repente te sientes solo o tienes algún problema, cuenta conmigo, tu madre y yo siempre estaremos aquí para ti. -

- ¡Gracias Roberts! - Me sentí tan conmovido que no dude en darle un fuerte abrazo, lo apreciaba mucho y sé que sus palabras fueron de corazón.

La noche llegó y era el turno de ir a cenar con Candy, ¡Nuestra primera Cita!, ya quiero ver su cara de sorpresa al verme llegar por ella, en este auto.

POV: Candy

No puedo creer que Terry me haya invitado a cenar, ¡Es tan guapo!

Recuerdo ese día que lo vi por primera vez, entro al aula y se sentó a mi lado, noté que era muy reservado, ignoró a todos, ¡Engreído pensé!

El día que lo encontré en la tienda de discos, me emocionó enterarme que le gustaba el mismo grupo de música que yo.

Annie y Patty no dejaban de hacerme bromas, diciendo que Terry nos había seguido al centro comercial ese día, yo solo les dije que las coincidencias existían.

Mis amigas, aseguraban que Terry estaba enamorado de mí, que era la única que no se daba cuenta, porque en la escuela, todos nos veían como pareja.

Sin embargo, Archie y Stear, me aconsejaban que tuviera cuidado, ya que no deseaban que un tipo como él me rompiera el corazón, a ellos les hubiese gustado que yo me fijara en su primo Anthony, pero yo solo veía a Anthony como un buen amigo.

¡Y ahora estoy aquí muy emocionada, iría a cenar con Terry para festejar su cumpleaños!

Cuando les pedí permiso a mis padres para salir con Terry, me cuestionaron quien era, a que se dedicaba, desde cuando lo conocía, pareciera que me iba a casar con él.

Se tranquilizaron cuando les dije que se los presentaría esa noche, que era mi compañero de clases, y que era el chico que todos los días me acompañaba a casa.

Estaba ya lista, cuando tocaron el timbre.

-Yo abro- grité bajando de prisa las escaleras, pero mi padre se adelantó y recibió a Terry en la sala.

Mi padre le dijo a Terry que tomara asiento y comenzó el interrogatorio, yo moría de pena, pero cuando vi a Terry muy tranquilo y sonriendo me relajé.

Mi madre se acercó a saludarlo y le ofreció algo de tomar, Terry, les dio las gracias diciéndoles que iríamos a cenar y que no deseaba nada por el momento.

-Muy bien muchacho, confió en ustedes y por favor no lleguen tarde, ya que viajar de noche en taxi es muy peligroso- le dijo mi padre a Terry.

-No se preocupe señor William, traigo mi propio auto- le contestó Terry.

Mi padre se sorprendió y por un momento pensé que no me dejaría salir, volteé a ver a mi madre, pidiéndole ayuda con la mirada.

-Cariño, tranquilo-, dijo mi madre abrazando a mi padre por la cintura -Que Terry tenga su propio auto, será más seguro para ellos, Terry cuidara bien de nuestra Candy y la traerá temprano a casa sana y salva, ¿No es así Terry? – preguntó mi madre.

- ¡Eh sí, claro señora!, no se preocupe, soy un caballero y cuidaré muy bien a su hija- contestó Terry con voz firme y segura.

Terry lucía irresistible, con esos pantalones negros ajustados y su camisa azul rey, que hacía resaltar el brillo de sus ojos.

-Está bien, vayan con cuidado y feliz cumpleaños Terry- dijeron mis padres acompañándonos a la salida.

Terry me tomó de la mano y salimos, cuando llegamos a su auto me abrió la puerta del copiloto para que subiera, disimulé mi emoción, no quise verme interesada, pero su auto era precioso.

- ¿Te gusta pecosa? - me preguntó Terry.

- Si Terry es muy bonito, ¿No sabía que tenías auto? – Dije sin demostrar mi emoción.

-Mi padre me lo acaba de obsequiar por mi cumpleaños, serás la segunda chica que suba a mi auto-Dijo guiñando un ojo.

- ¿Segunda? - Pregunté sintiendo algo de celos.

-Si pecosa, mi hermanita Betty, fue la primera en pasear conmigo-.

-Ah ya veo, que afortunada Betty, y que bueno que seas tan lindo con ella. - suspiré aliviada y sintiéndome un poco tonta, ya que no tenía derecho en cuestionar a Terry, solo éramos amigos.

- Por cierto ¡Te ves hermosa Candy! - Dijo antes de encender el auto y viéndome a la cara.

-Gracias Terry, tú también luces muy bien – Demasiado bien, pensé.

Me sentía feliz, no podía creer que iría a cenar con Terry, solos y en su auto.

Terry me llevó a un restaurant italiano, nos acomodamos en una de las mesas de la terraza, que ya había sido reservada por Terry.

La cena estaba deliciosa y antes de que nos sirvieran el postre, me levanté al tocador, Terry quiso acompañarme, pero le dije que no era necesario, se me había ocurrido decirle al mesero, sin que Terry se diera cuenta, que estábamos festejando el cumpleaños de mi amigo.

Unos minutos después de regresar a la mesa, el mesero le sirvió a Terry una rebanada de pastel con una velita.

- ¿Pecosa, tú les dijiste? - preguntó Terry sorprendido.

- Si, ¿Te molesta? – pregunté con pena.

- ¡Claro que no pecosa, gracias!, ¿Quieres probarlo? – me dijo tomando una cucharada de su pastel.

-Si- contesté emocionada- era de chocolate y se veía delicioso.

Terry acercó la cuchara a mi boca, para que la abriera, saboreé el pedazo, quedando un poco de betún de chocolate en mis labios, pero antes de tomar la servilleta para limpiarme, Terry se adelantó, tomando él la servilleta para retirarme el exceso de betún, su cara estaba muy cerca de la mía, miró hacia mis labios entreabiertos, y me besó.

POV Terry.

No pude resistirme en besar a Candy, se veía tan hermosa en ese vestido negro, arriba de sus rodillas, su pelo suelto caía en cascadas sobre su espalda y ese aire de inocencia que radiaban sus ojos, la hacía ver irresistible.

Quería besarla desde que la vi bajando las escaleras de su casa, pero primero tuve que pasar por el interrogatorio de sus padres, no me molestó en absoluto que cuidaran así de Candy, entendía perfectamente a su padre, ya que él solo protegía a su hija, si yo tuviera una hija, haría lo mismo.

Al terminar el beso, Candy me miró sonrojada.

-Pecosa- le dije tomándole ambas manos - ¿Quieres ser mi novia? –

Candy se sorprendió y tímidamente me dio un sí, besé sus manos y me acerqué de nuevo a su cara, para volver a besar sus labios.

Salimos del restaurant y una vez dentro del auto, tomé su mano y le dije lo que me hacía sentir.

-Me gustas mucho pecosa, desde el primer día que te vi, te metiste directo a mi corazón -Le dije poniendo su mano en mi pecho para que sintiera el palpitar de mi corazón, -Gracias por corresponderme me haces muy feliz- y acaricié suavemente su mejilla con una mano.

-Tú también me gustas Terry, desde que te vi ese primer día entrar al salón-.

- ¡Te quiero pecosa! - y la volví a besar.

-Será mejor que nos vayamos-, dije separándome de ella para encender el auto -No quiero tener problemas con tu padre y no te de permiso de salir conmigo la próxima vez-.

-Si- dijo aun sonrojada por el beso.

El trayecto a su casa fue lento, ya que no quería separarme de ella, intercambiamos miradas cómplices y tomaba su mano cada que podía, para darle un beso.

Al llegar a casa de Candy, me baje para abrirle la puerta del auto y la acompañé a la entrada de su casa, la tome de la cintura y la pegue a mi cuerpo, para darle un dulce beso en sus labios.

Le susurre al oído que la extrañaría toda la noche y que ya deseaba que fuese lunes para verla de nuevo.

Ella me rodeo el cuello con sus brazos, para felicitarme de nuevo y me dio otro beso.

Cuando llegué a mi casa, fui directo a mi habitación, y antes de entrar, mi madre grito desde su habitación, si era yo el que había llegado y si estaba todo bien, le contesté que sí y le di las buenas noches desde mi puerta.

Me recosté en la cama y tomé mi celular para llamar a Candy.

-Hola pecosa ya te extraño- le dije cuando contestó la llamada.

-Terry- pero si nos acabamos de ver.

-Y eso que, yo quiero estar siempre cerca de ti, y cuando no tengo a mi lado, te extraño demasiado.

-También te extraño Terry- me dijo con esa voz que me desarma.

Duramos un rato hablando, diciéndole todo lo que me hacia sentir, realmente me sentía muy enamorado.

POV: Candy

El domingo por la tarde me reuní con Patty y Annie, pasamos toda la tarde juntas, fuimos al cine y a comer.

- ¡Candy anda ya cuéntanos, no nos dejes así! -, dijo Annie muy ansiosa.

- ¡Si Candy no omitas ningún detalle! - secundó Patty muy emocionada.

Les conté a mis amigas, que Terry me pidió ser su novia, que me llevó a un restaurant italiano, en su nuevo auto, que estaba muy feliz y enamorada.

Ellas me abrazaron y gritamos de felicidad.

El día lunes llegó, Terry pasó por mí a mi casa en su auto y nos dirigimos a la escuela.

Antes de partir Terry me dio un largo beso cuando estábamos dentro del auto y me dijo lo mucho que me extrañaba.

Cuando llegamos a la escuela, los que no vieron bajar del auto, nos miraban sorprendidos.

Terry me tomó de la mano y me dio un beso en los labios, fue solo un roce, pero entendí que lo hizo, para aclarar los rumores y que todos se dieran cuenta de que éramos novios.

A lo lejos vi a Anthony, con cara de decepción, cuando mi mirada se encontró con la suya, se alejo rápidamente, vi como Susana lo alcanzó y lo tomó del brazo para susurrarle algo al oído.

- ¿Esos dos están juntos? – preguntó Terry.

-No lo sé- contesté alzándome de hombros.

-Nos harían un favor- dijo Terry en tono de burla.

-Terry- lo reprendí.

-No te enojes pecosa- beso mi mejía y caminamos al salón tomados de la mano.

A la hora del receso vimos como unos alumnos decoraban los pasillos de la escuela con carteles en honor a el día de san Valentín, ya que se acercaba el 14 de febrero, sentí mucha emoción, y tenia que pensar en que le podría regalar a Terry ese día, tendría que ser un buen regalo, ya que el día de su cumpleaños me tomó desprevenida y no pude darle un obsequio.

Los días iban pasando, Terry y yo nos acoplábamos cada vez mas como pareja, era tan cariñoso conmigo, lo adoraba.

El sábado de esa semana, Terry me llevó a conocer a sus padres, se portaron muy amables conmigo, hice amistad con su hermana Betty y me llevó a su conocer su cuarto para mostrarme algunas fotos de ella y Terry.

El domingo Betty salió de paseo con nosotros, fuimos al parque y nos divertimos mucho, Terry me hacia bromas, pero Betty se hizo mi aliada y entre las dos nos defendíamos, Terry no hizo mas que darse por vencido, ya que decía que no podía con las dos chicas rebeldes.

Por la tarde, terminamos de ayudar a Terry con la mudanza a su apartamento, ya que ese día se quedaría a vivir en él.

La siguiente semana pasó y Terry me había invitado a una cena especial para el 14 de febrero, estaba ansiosa en que llegara ese día.

El viernes por la tarde, salí con Patty y Annie a comprar regalos a nuestros respectivos novios.

Patty me contó que Stear se le declaró el mismo día que Archie a Annie.

Así que las tres estábamos muy emocionadas eligiendo los regalos ideales para nuestros amores.

El 14 de febrero llegó y yo ya estaba lista para ir a cenar con Terry.

POV: Terry

Le tenía preparado a Candy una cena romántica en un restaurant, y una sorpresa.

Llegué por ella a su casa y tal como nos habíamos puesto de acuerdo, ella llevaría un vestido rojo y yo una camisa roja, para ir acorde con el día.

Me dejó sin aliento, el rojo hacia resaltar su piel blanca junto con el dorado de su cabello rizado, le obsequié un ramo de rosas rojas y ella me dio las gracias con un dulce beso y una caja pequeña con un moño rojo, era un bello reloj, le extendí el brazo para que me ayudara a colocarlo y la abracé devolviéndole el beso, con más intensidad.

Ya en el restaurant, Candy estaba feliz, todo estaba decorado muy romántico, con velas en el centro, manteles rojos y blancos.

El menú estaba delicioso, brindamos con dos copas de vino tinto y saboreamos los postres, dándonos de comer mutuamente, bromeando y demostrándonos nuestras muestras de cariño.

Al salir del restaurant, le dije a Candy que era la hora de mi sorpresa.

La llevé a mi departamento, cuando abrí la puerta y encendí la luz, Candy se sorprendió, había un gran oso de peluche adornado con unos globos de corazón, que decían ¡Te amo Candy!

- ¡Terry es precioso! - y tomó el oso en brazos

Encendí el reproductor de música y le ofrecí mi mano para invitarla a bailar.

El ambiente era cálido, solos y sin que nadie nos interrumpiera, dejándonos llevar por nuestras emociones, quería demostrarle a Candy todo lo que me hacía sentir.

Mientras bailábamos le susurre al oído:

Y es que no sabes lo que tú me haces sentir, si tú pudieras un minuto estar en mí tal vez, te fundirías a esta hoguera de mi sangre y vivirías aquí, y yo abrazado a ti.

Y es que no sabes lo que tú me haces sentir, que no hay momento que yo pueda estar sin ti, me absorbes el espacio, despacio me haces tuyo, muere el orgullo en mí, y es que no puedo estar, sin ti.

La pegué más a mi y acaricié delicadamente su cuerpo, Candy me miró dudosa y se separó un poco, me dio un dulce beso en los labios y me acarició la mejía, entendí lo que sus ojos me transmitían, aún no estaba lista para dar ese paso, y yo la esperaría el tiempo que fuera necesario, porque amaba a esa pecosa y cuidaría de ella a pesar de que mis instintos morían por hacerla mía esa noche.

- ¡Feliz día de san Valentín mi amor! - me dijo Candy abrazándome fuertemente.

- ¡Feliz día mi pecosa! - y nos besamos apasionadamente.

A finales de junio Candy y yo nos graduamos del colegio, para después ingresar a la universidad.

Años más tarde, Candy se graduó en medicina y yo en administración de empresas.

Mi padre me ofreció trabajar en unas de sus empresas en América, y no dudé en aceptar, tenía una esposa e hijo que mantener.

Si mi pecosa y yo pronto seríamos padres, nuestra boda se tuvo que apresurar antes de culminar nuestras carreras, nuestro hijo sería el resultado de nuestras múltiples entregas de amor.

FIN