LEGADO
BESOS
Hinata se preguntó cómo en el mundo una esposa miraba a su marido la mañana siguiente a la noche en que habían hecho el amor.
Cómo encontrarse con su mirada sin recordar el sabor al vino que se había quedado pegado en sus labios, la sombra bronceada de su piel, los músculos que se habían tensado cuando él se había levantado sobre ella, el sudor que le había adornado la garganta y el pecho, las sacudidas contra ella, los suspiros, los gemidos...
Se echó más agua fría en la cara, tratando de ahogar las imágenes de la mandíbula apretada de Naruto y su mirada ardiente. No, no podía enfrentarlo, simplemente se quedaría en su habitación hasta que supiera si estaba cargando a su hijo.
Nunca algo la había sorprendido tanto. La noche anterior había sido un regalo inesperado. No se parecía a nada de lo que había presenciado entre sus padres. No se parecía a nada de lo que Indra había insinuado.
Los golpes resonaron contra su puerta. Esperaba que fuera Kawaki, pero incluso mientras recorría la habitación, reconoció el constante ir y venir perteneciente a su marido.
Ella se envolvió más apretadamente dentro de su bata y abrió la puerta. Su mirada recorrió el marco de la puerta antes de, finalmente, posarse sobre ella, y se preguntó si le resultaba tan difícil a él como a ella hablar de cosas mundanas e intrascendentes después de la intimidad que habían compartido.
—No has bajado a desayunar — dijo con voz ronca — Solo quería asegurarme de que estabas bien.
No podía obligarse a admitir que experimentaba un leve escozor cuando caminaba.
—Estoy bien. Bien.
Él entrecerró los ojos.
—¿Estás dolorida?
El calor flameó sobre sus mejillas mientras bajaba sus pestañas.
—Un poco.
—Lo siento por eso. Haré... Haré lo que pueda para hacerlo mejor la próxima vez.
Ella se atrevió a levantar su mirada.
—Si hay una próxima vez. Tal vez tuvimos suerte anoche.
Si ella no lo conociera tan bien, habría pensado que había herido sus sentimientos por la expresión que había pasado por su cara.
—Sí, tal vez — dijo, y cambió su postura — ¿Vas a ir a la ciudad a buscar a tu maldita perra de las praderas o quieres que vaya yo a buscarla?
La brusquedad en su voz dolió más que un cuchillo de hoja afilada que se hundía en su corazón. Después de su partida abrupta la noche anterior, temía haberlo decepcionado de algún modo. Ahora, sabía sin lugar a dudas de que sí lo había hecho. Se tragó las lágrimas.
—Yo la buscaré.
—Bien.
Giró sobre sus talones, dio dos largos pasos, se detuvo y miró por encima del hombro.
—Necesito hablar con Kiba hoy. Iré a la ciudad contigo si no tienes objeciones.
Como un guijarro arrojado sobre aguas tranquilas, la alegría la recorrió.
—Me gustaría eso. Me tomará un momento prepararme.
—Tómate tu tiempo. Ensillaré nuestros caballos.
Se deslizó en la habitación, presionó la espalda contra la puerta cerrada, y extendió los dedos sobre su estómago. Quería darle a Naruto tanto como él le había dado. Si solo la fortuna les hubiera sonreído anoche. Su esposo había compartido tanto de sí mismo con ella, le había dado una gratificación tan inmensa, que no veía cómo él también no podría haberle dado un hijo.
Mientras Naruto cabalgaba al lado de Hime, se deleitaba con las cosas más pequeñas: la graciosa inclinación de su espalda mientras estaba sentada en su caballo, los mechones de pelo sueltos que jugueteaban con el viento, la expectación que brillaba en sus ojos cuando se acercaban a la ciudad.
Había decidido, a primera hora de la mañana, mientras el sueño se le escapaba, que se mantendría alejado de su esposa hasta que supiera si habían tenido suerte o no.
Esa resolución duró hasta que los dedos del alba entraron sigilosamente en su habitación, y se encontró pensando en lo solo que se sentiría ese día que se extendía ante él, al no compartirlo con Hinata.
No podía negar que quería estar en su cama todas las noches, enterrado profundamente dentro de ella, pero también reconoció que quería más que eso. Quería sus cálidas sonrisas en el desayuno, su risa mientras galopaba por la pradera en Gota de limón, el apretón de su mano, la alegría en sus ojos, su voz suave cuando le hablaba.
Si no podía compartir sus noches, había decidido sentarse a la mesa para desayunar y cenar con ella y con Kawaki por compañía, se contentaría con compartir sus días, si no sus noches.
Ella se elevó en la silla de montar cuando el lugar para el hotel apareció a la vista.
—Oh, Naruto, comenzaron a construirlo.
—Por supuesto que sí. Por eso ayer comenzaste a excavar.
—Aun así, no pensé que sucedería tan rápido. — Se giró hacia él con una sonrisa tan radiante que necesitó de toda su fuerza de voluntad, para no tender la mano, atraerla hacia sí y plantar un devastador beso en su boca. — ¿Podemos acercarnos y mirar?
—Es tu hotel, Hime. Puedes clavar los clavos en la madera si quieres.
—¿Puedo?
—Por supuesto.
Mientras detenían los caballos, Kiba Inuzuka dejó la multitud de trabajadores, sonriendo ampliamente.
—¡Buen día!
Antes de que Naruto pudiera desmontar y ayudar a su esposa, Kiba disfrutaba del privilegio, con las manos apoyadas en la cintura de Hinata.
Unos celos, calientes y cegadores, atravesaron a Naruto como plomo fundido y lo tomaron por sorpresa. Incluso cuando sospechaba que Menma albergaba sentimientos por Tanahi, nunca se había sentido celoso. Furia, sin duda, pero nada que lo hiciera querer destrozarle el brazo a un hombre simplemente porque había ayudado a su esposa a desmontar.
Kiba se apartó de Hime y agitó su mano en un amplio círculo.
—¿Qué piensa?
—Es maravilloso. No puedo creer que ya tenga una parte del marco colocado.
—La razón fue que su esposo les ofreció una bonificación a los hombres si lograban terminar el hotel en tres meses, ese es el motivo por el que los hombres cortan y martillan desde el amanecer — explicó Kiba.
Hinata volvió su atención a Naruto, que cambió su postura, incómodo por su escrutinio.
—¿Les pagarás una bonificación? — le preguntó.
—Pensé que cuanto antes terminaran, antes podrías traer a tus mujeres aquí, para entrenarlas.
Kiba abrió los ojos y la boca ante el comentario.
—¿Qué mujeres?
—Hime planea que un grupo de mujeres sean las que administren, se encarguen del hotel, y también sirvan la comida en el restaurante.
—¿Mujeres meseras? — sonrió torcidamente — No tendrías que pagar una bonificación si se lo hubieras dicho a los hombres antes — afirmó mirando a Naruto.
—Estas serán mujeres respetables — le dijo Naruto — no prostitutas. Cualquier hombre que no las trate adecuadamente responderá ante mí.
—¿Mujeres casaderas? — preguntó Kiba.
Hime miró rápidamente a Naruto y luego a Kiba.
—No vienen con el propósito expreso de casarse, pero espero que algunas de ellas decidan que el matrimonio es una opción.
—¿Dónde van a vivir?
—En las habitaciones que construiremos encima del restaurante.
—Entonces necesito que los hombres vuelvan al trabajo y terminen este hotel, lo antes posible.
Hinata dio un paso adelante.
—¿Señor Inuzuka?
Él se giró.
—Sí, señora.
—¿Puedo colocar un clavo en su lugar?
—Sí, señora. Usted puede hacer lo que quiera. Mujeres meseras. ¿Quién lo hubiera pensado...?
Retrocediendo, Naruto observó mientras su esposa caminaba con confianza alrededor del sitio de construcción, saludando a cada hombre individualmente. Apenas se parecía a la mujer que había estado parada en su salón, dudando en casarse con él.
Se preguntó si miraría a los hombres que estaba conociendo, deseando haber tenido la oportunidad de elegir al hombre que sería su marido.
Un hombre le dio un martillo mientras que otro le dio un clavo. Otros dos hombres sostenían una tabla en su lugar. Colocó el clavo en la madera y la satisfacción se extendió por sus hermosas facciones.
Se preguntó si hubiera invitado a volver a su cama la noche anterior a otro hombre que no fuera él. Tal vez una sola vez con él fue suficiente; pero si hubiera sido con otro hombre, nunca lo hubiera sido.
Despreciaba las dudas que lo atormentaban, porque nunca sabría si ella lo habría elegido a él si hubiera tenido otra opción.
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Poniéndose en cuclillas entre las altas hierbas de la pradera, Jõgan acercó al perro de la pradera a sus piernas y vio a la dama atravesar el esqueleto del edificio más nuevo.
Ella era la cosa más hermosa que jamás había visto. Pensó que parecía un ángel, si existieran los ángeles. Albergaba muchas dudas sobre cosas como ángeles, el cielo... y la bondad. Pero la dama lo hacía querer creer.
Salió por un agujero en el marco y retrocedió unos pasos, extendiendo los brazos, como si no pudiera creer lo grande que era.
Luego se volvió, sonrió suavemente y comenzó a caminar hacia él. Su corazón comenzó a latir con tanta fuerza que pudo oírlo en los oídos, y le dolía hasta tomar un poco de aliento. Se levantó, abrazando al bicho contra él, que gritó y luchó por liberarse, pero la mantuvo apretada.
—Hola, Jõgan Cooper — tenía la voz más dulce que hubiera escuchado. Ojalá tuviese un sombrero para arrojarlo al aire como había visto el día anterior.
Se arrodilló frente a él. Olía como si tuviera un montón de flores, pero no podía ver que estuviera sosteniendo o usando ninguna. Tomó el perro de la pradera de sus brazos.
—¿Cómo está Preciosa?
—Bien.
Su sonrisa creció.
—Aprecio que la hayas cuidado por mí.
Quería que ella lo abrazara de la misma forma en que abrazaba al perro de las praderas, pero sabía que no lo haría, sabía que nadie lo haría nunca. Retrocedió un paso.
—Me tengo que ir.
Tan rápido como se lo permitieron sus piernas, corrió hacia los edificios donde podría esconderse en las sombras.
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Sentada en una mecedora en la galería, Hinata cerró los ojos y escuchó la música que la rodeaba como un remolino. El crescendo se elevó, se volvió más audaz, más fuerte hasta que pudo imaginar a un hombre galopando a través de las llanuras, con el polvo ondeando detrás de él...
—Naruto — dijo en voz baja y miró por un ojo a Kawaki.
Sonriendo ampliamente, detuvo el arco.
—Sí.
Ella cerró su ojo.
—Toca otra.
Naruto la había escoltado a su casa y luego había ido a ver cómo estaba su rebaño. Kawaki se había unido a ella en la galería, con el violín metido debajo de la barbilla mientras tocaba melodías de su propia creación, melodías que basaba en las características de las personas que conocía.
Había adivinado todas las canciones correctamente hasta ese momento: Menma, Tanahi, Maggie, Naruto, pero esta melodía era diferente. No llevaba ningún patrón. Fuerte por un momento, débil, débil, cada vez más débil con cada nota.
Abrió los ojos, se puso de pie, corrió al borde de la galería y saludó a su hermano mientras se acercaba.
—¡Shinki!
—Así es — dijo Kawaki mientras dejaba de tocar.
Hinata sacudió la cabeza.
—¿Qué?
—Esa canción sin valor fue Shinki — Se levantó de un salto y se volvió hacia la casa.
—¡Kawaki! — gritó Shinki mientras detenía su caballo y desmontaba.
Kawaki se dio la vuelta.
—¿Qué?
Su hermano colocó un pie en el escalón, luego lo devolvió a la tierra como si no estuviera seguro de si era bienvenido. Su mirada se dirigió hacia Hime, luego de regreso a Kawaki.
—Sé que estás enojado.
—Sí, maldita sea, estoy enojado. Cuando no puedo estar con Yodo, se supone que debes cuidar de ella por mí. Para eso están los amigos.
Shinki se sonrojó debajo de su sombrero.
—Ella estaba bailando con Tokuma. ¿Cómo se suponía que debía saber...?
—Deberías haberlo sabido, eso es todo. En el momento en que la llevó a las sombras, deberías haberlo sabido. No tendrá diecisiete hasta el próximo mes. Tokuma tiene que estar en el lado más alejado de los treinta, demasiado viejo y demasiado experimentado para su bien.
Hinata caminó cautelosamente por el porche.
—¿Qué pasó?
— No pasó nada — dijo Kawaki — porque lo detuve — Señaló con su arco a Shinki — Y puedes decirle a tu triste excusa de hermano, que si él la toca otra vez, lo mataré.
—Creo que se dio cuenta de eso cuando le rompiste la nariz.
—¿Le rompiste la nariz a Tokuma? — Hinata preguntó en estado de shock.
—Hubiera roto toda su cara, pero Yodo me detuvo — Kawaki entró a la casa.
Shinki se dejó caer en el escalón, apoyó el codo en el muslo y la barbilla en el puño. Hinata se sentó a su lado y le tomó la mano. Giró la palma de su mano y entrelazó sus dedos con los de ella antes de mirarla con una expresión tan funesta que estuvo a punto de llorar.
—¿Alguna vez te preguntaste cómo nuestra familia llegó a ser así? Pa no se siente bien. Está borracho la mayor parte del tiempo. Indra tiene tanto odio en él que explota sin razón. Creo que Tokuma lo sigue de cerca. No decide si ir por su cuenta o seguir a Indra.
—¿Qué hizo él anoche?
—Sacó a Yodo detrás de la tienda general e intentó forzar su afecto hacia ella. Kawaki estaba tocando música para la gente... — Shinki negó con la cabeza — Y yo haciendo de chica.
—¿De chica?
—Sí, no hay suficientes chicas alrededor, así que tuvimos que sacar pañuelos de un sombrero. Si sacábamos uno rojo, teníamos que atarlo alrededor de la manga y ser la chica. Casi me rompen las botas.
Ella presionó su mejilla contra su hombro.
—¿Es por eso que no estabas mirando a Yodo? ¿Demasiado ocupado bailando?
—Tal vez.
Ella le frotó el dorso de la mano, recordando las muchas veces que lo había hecho cuando él era niño, preguntándose ahora, cuándo había adquirido la mano de un hombre. Incluso relajado, las venas se hinchaban y los músculos parecían fuertes.
—¿Eres feliz, Hime?
Suspirando, ella cerró su mano alrededor de la suya.
—Sí, lo soy. Naruto es... justo.
Él sacudió la cabeza hacia atrás.
—¿Justo?
—No sé si puedo explicarlo. Nunca espera más de sus hombres, de nadie, de lo que está dispuesto a dar. Está levantado antes del amanecer, trabajando, y trabaja en la noche. Habla conmigo, pero además él me escucha. No sé si alguna vez alguien realmente escuchó lo que tenía que decir.
—¿Lo amas?
Ella se encogió de hombros y habló con tanta melancolía como su hermano momentos antes.
—Tal vez.
Levantó la mirada hacia un jinete que se aproximaba. Naruto detuvo su caballo al lado del de Shinki.
Éste saltó de los escalones.
—Tengo que irme — dijo, depositando un rápido beso en la mejilla de Hime.
—¿No puedes quedarte a cenar? — le preguntó.
—No yo...
—Tu hermana quiere que te quedes — dijo Naruto, su voz haciendo eco en la terraza. Shinki asintió rápidamente.
—Entonces me quedaré.
—¿Nadie en tu familia come? — preguntó Naruto mientras veía a Shinki y Kawaki alejarse del rancho, dirigiéndose al salón de la ciudad. La hostilidad que había notado entre los dos apenas se sentaron a cenar, había disminuido durante la comida — Tu maldito perro de las praderas come más que él.
—Estaba un poco incómodo...
Naruto se volvió hacia ella y alzó una ceja rubia.
Se dejó caer en la mecedora y cruzó las manos en su regazo.
—Lo aterrorizas.
Naruto colocó una cadera en la barandilla. Necesitaba un columpio en el porche, con un banco que no fuera demasiado ancho para poder sentarse junto a Hime y disfrutar de la brisa de la tarde a medida que avanzaba la noche. Tan pronto como el ebanista se instalara, Naruto le encargaría uno, hecho especialmente con su nueva marca tallada en la parte superior.
—Supongo que conoces esa sensación.
Ella sonrió.
—También sé lo que es no temer.
Él podía discutir eso. Si ella no le temiera aun, tal vez no hubiera sido tan rápida para echarlo de su cama.
Le gustaba verla sentada en su terraza. Se sentía bien, como la brisa que movía su molino de viento. Como el suave viento que hacía sonar sus pequeñas campanillas. Extendiendo la mano, tocó los diversos trozos de alambre de púas que Hime había colgado de los aleros de la galería, y en los aleros de los diversos balcones, que ahora tintineaban en el viento. Ella había tocado su vida con una abundancia de pequeños gestos.
—Camina conmigo — dijo.
Ella se levantó y lo siguió por los escalones. En un agradable silencio, caminaron hacia el sol poniente.
Pensó en tomarla de la mano, pero después de la noche anterior, no estaba exactamente seguro de dónde estaba parado, y mataría su orgullo si no le daba la bienvenida a su toque.
Había pasado mucho tiempo durmiendo solo, y de repente deseaba desesperadamente algo, a lo que ni siquiera podía ponerle nombre: necesitaba llenar el vacío que había descubierto dentro de sí mismo la noche anterior. Fue ese momento después de haber desbordado de satisfacción, cuando había yacido en su cama, sosteniéndola entre sus brazos y había escuchado su suave respiración.
Casi se encontró deseando no haberle dado un hijo.
.
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—No llevo a tu hijo.
Naruto levantó la cabeza y miró a su esposa al otro lado de la mesa, con la mirada fija en los huevos fríos. Kawaki se había ido apenas unos momentos antes, dejando un pesado silencio a su paso, una reticencia destrozada por sus palabras.
—¿Estás segura?
Su esposa asintió enérgica.
—Lo supe hace varios días. Pensé que sería mejor esperar hasta... hasta ahora para decírtelo — Su mirada se lanzó hacia arriba, luego hacia abajo, y sus mejillas se pusieron rojas.
Naruto se puso de pie y caminó hacia su extremo de la mesa, un millar de sentimientos tronando en su mente como el ganado en estampida. Quería arrodillarse a su lado, tomar su mano, besar su frente, su nariz, su barbilla. Quería que ella lo mirara, pero solo se quedó mirando los malditos huevos, por lo que pronunció unas palabras que transmitían poco de lo que estaba sintiendo.
—Iré a tu cama esta noche, si eso te agrada.
Ella asintió bruscamente.
—Lo siento.
—Tal vez tendremos mejor suerte esta noche.
—Eso espero.
Con un propósito en su zancada, Naruto salió furioso de la casa, tiró de las riendas de Satanás del corral, montó al semental negro y lo pateó al galope. Cabalgó rápido y duro por las llanuras hasta que la casa de su hermano quedó a la vista. Los últimos diez días habían sido un infierno: quería abrazar a Hinata, sabiendo que ella no tenía ningún interés en su toque.
Era extraño, pero tenía que admitir que no estaba decepcionado de que Hime todavía no llevara a su hijo. Aún deseaba un hijo, pero la urgencia de su sueño había disminuido. Lo que quería ahora eran unas pocas noches, más extendidas, en la cama de Hime, con ella acurrucada contra él.
Menma estaba trabajando con un mustang en el corral cuando Naruto detuvo su caballo en la casa y desmontó.
Tanahi estaba sentada en el porche, batiendo mantequilla. Maggie se puso de pie y bajó los escalones. Ella chilló cuando Naruto la levantó hacia las nubes.
—Veo pecas saliendo — dijo.
—¡No! — lloró ella mientras se frotaba la nariz — ¡Bésalas! ¡Bésalas!
Él empezó rápidamente a lloverle besos sobre su rostro, hasta que ella soltó una risita. Señor, amaba su fragancia. Olía a flores sacadas de la tierra, gatitos y leche dulce. Su inocencia siempre lo humilló.
La pequeña arrugó su nariz.
—¿Me hiciste un niño para jugar?
—Todavía no. Todavía estoy trabajando en eso.
—¿De dónde va a venir?
Naruto señaló a Tanahi con la mirada. Negando con la cabeza, ella sonrió. Sacó una gota de limón del bolsillo y se la dio a su sobrina.
—¿Por qué no chupas esto por un tiempo?
—No me dio un triste.
—A mí sí y mientras lo haces yo hablo con tu ma al respecto. — Puso a Maggie en el porche, que se metió el caramelo en la boca y comenzó a chupar vigorosamente. Naruto se quitó el sombrero, colocó un brazo sobre la barandilla del porche y estudió a Tanahi. Pensó que se veía pálida.
—¿Cómo te sientes? — preguntó.
—Solo un poco descompuesta por las mañanas, pero pasará.
—¿Vas a darle a Menma un hijo esta vez?
—Le gustan las hijas.
—Es una maravilla para mí que los dos queramos hijos.
—Tú y Menma son más parecidos de lo que crees.
Sacudió la cabeza.
—Con su habilidad con los caballos, podría tener un negocio próspero. Nunca me conformaría con menos.
—No se trata de conformarse con menos. Es cuestión de saber lo que quieres y encontrar satisfacción en eso — dijo en voz baja.
—¿Tienes todo lo que quieres?
—De hecho, sí. ¿Te gustaría contarme sobre tu triste?
—No es triste en realidad. Lo dije para beneficio de Maggie.
Tanahi inclinó la cabeza como si no le creyera. Maldita sea la mujer, ella siempre había visto y averiguado demasiado. Volteó su sombrero entre las manos, estudiándolo, buscando las palabras correctas.
—¿Recuerdas cuando nos casamos? — preguntó.
Tanahi sonrió cálidamente.
—No es probable que una mujer olvide su primer matrimonio.
—Cuando te besé... ¿te gustó? — preguntó bruscamente.
Levantó la mirada rápidamente como si la respuesta descansara dentro de los aleros del porche antes de volver su mirada a la de él.
—Pienso que fue muy agradable.
—¿Agradable? El clima es muy agradable. Un beso debería ser... — Se detuvo abruptamente ante el rubor que corría por sus mejillas — ¿Qué pasa cuando Menma te besa?
Su rubor se hizo más profundo.
—Mis dedos de los pies se curvan.
—¿Es por eso que lo elegiste en lugar de a mí? — Las palabras fueron pronunciadas antes de que él pudiera recuperarlas. Tanahi siempre había tenido una manera de hacer que un hombre dijera lo que pensaba. Lo había hechizado y agravado al mismo tiempo.
Se puso de pie, cruzó el porche y envolvió su mano alrededor de la de él.
—Cuando se trata del corazón, la razón rara vez está involucrada. No sé por qué me enamoré de Menma y no de ti. Sólo sé que lo hice.
—No estoy feliz por eso — dijo.
Ella le apretó la mano.
—Sé que no.
—Solo... maldita sea — Forzó las palabras amargas más allá de su apretada garganta — No sé cómo complacer a Hinata en la cama... y quiero hacerlo.
—Ese es el primer paso, ¿no? ¿Querer complacerla?
—Aparentemente, es un pequeño y maldito primer paso. ¿Qué hace Menma cuando te besa?
—No lo sé. Él solo me besa. Quizás deberías preguntarle a él.
Echó un vistazo por encima del hombro. Menma se deslizaba por las tablillas del corral. Naruto nunca en su vida había preguntado la opinión de otro hombre sobre nada. Ahora no sabía cómo preguntar, especialmente sobre algo tan íntimo y personal como acostarse con su esposa.
—Aprecio que seas sincera conmigo — le dijo a Tanahi.
Ella le dio unas palmaditas en el hombro.
—Ve a hablar con Menma.
Mientras su estómago se tambaleaba más que las aspas de un molino de viento cuando la varilla de bombeo se partía en dos, Naruto se acercó a su hermano.
—¿Qué te trae hoy? —Preguntó Menma mientras se abrochaba la camisa.
Naruto rechazó su orgullo.
—¿Cómo besas a Tanahi?
Los dedos de Menma se detuvieron sobre el último botón, y frunció el ceño.
—¿Qué?
Naruto exhaló un profundo suspiro de frustración.
—Tanahi dice que cuando la besas, haces que los dedos de sus pies se curven.
La boca de Menma se dividió en una sonrisa distorsionada que movió un lado de su rostro dejando inmóvil el lado marcado.
—Ella dijo eso, ¿verdad? — Miró por encima de Naruto en dirección al porche donde su esposa había vuelto a batir mantequilla.
Irritado, Naruto se paró frente a él.
—Sí, ella dijo eso. Entonces, ¿Cómo la besas?
Menma se encogió de hombros.
—Solo pongo mi boca sobre la de ella como si no hubiera un mañana.
—¿Eso es todo? ¿No haces algo especial?
—¿Cómo qué?
—¡Si supiera no preguntaría!
Menma entrecerró su ojo.
—Aprendí cómo besar mirando. ¿Cómo puedes olvidar cómo hacerlo?
—No lo olvidé, pero solo besé a las putas a excepción de Tanahi — Él hizo una mueca cuando la descripción de su beso resonó en su cabeza — Ella dice que mi beso fue muy agradable — Dio un paso adelante y cruzó los brazos sobre la barandilla superior del corral — Agradable, por el amor de Dios, me sorprende que Hinata no haya tenido arcadas.
Menma se relajó junto a él.
—Tal vez no tiene nada que ver con la forma en que la besas. Tal vez tiene todo que ver con lo que sientes cuando la besas.
Naruto giró su mirada hacia su hermano.
—¿Qué quieres decir?
Menma se frotó el lado con cicatrices de su cara, sus dedos rozaron su parche en el ojo.
—Te enojarás si te digo.
—No, no lo haré.
—Dame tu palabra.
—La tienes.
Menma lanzó una respiración profunda.
—La primera vez que besé a Tanahi, recién habíamos cruzado ese río inundado...
—¿La besaste antes de llegar al rancho?
—Dijiste que no te enojarías.
—No estoy enojado, me siento estafado. Confié en ti... — Naruto reprimió su temperamento. Cinco años atrás, había tomado una decisión que lo había dejado sin esposa. Él no planeaba repetir su error — Termina tu explicación.
Menma se limpió la garganta como si contemplara la sabiduría de sus palabras.
—Bueno... estaba furioso porque ella había saltado al río para salvarme, estaba muy agradecido de que no se hubiera ahogado, y me golpeó más fuerte que un caballo mustang darme cuenta de que la amaba. No podía decírselo, así que intenté mostrarle. Vertí todo lo que sentía en ese beso, y la he estado besando de esa manera desde entonces.
—Haciendo que sus dedos de los pies se curven.
Menma sonrió ampliamente.
—Aparentemente sí.
Naruto se apartó del corral.
—Gracias por el consejo.
—Tal vez con el tiempo, una vez que tus sentimientos por Hime se profundicen...
—Ese es mi problema, Menma. Creo que me enamoré de ella y no tengo la menor idea de cómo hacer que ella me ame.
CONTINUA
