Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Powered by 23 Kicks, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Powered by 23 Kicks. I'm only translating with her permission.


Capítulo 3

Podía que la chaqueta de mi traje rosa y negro con sus pantalones capri estilizados fueran demasiado para mi primer día de trabajo, pero no me importaba. Con mis gafas de sol puestas, bolso negro grande sobre mi hombro, me sentía divertida, invencible, y a prueba de balas.

Puedo con esto, me dije a mí misma.

A Alice le encantó. Sus ojos realmente se abrieron de par en par, y sonrió de oreja a oreja.

—Luces increíble, chica —dijo y asintió.

Ella era la mejor supervisora que podría haber esperado, y no solo porque maldecía tanto como yo. Vistiendo una blusa con estampado azul y verde floral metida en sus pantalones de cuero negros, ella era bajita y ágil en tacones altos, pero su personalidad era gigante.

Al principio, había estado preocupada sobre lidiar con alguien que era llamada por dos primeros nombres. Siempre había pensado que las personas que hacían eso eran de las colinas o pretenciosas, pero ella era cálida y centrada.

—Oh, mierda, no me llames Mary Alice —me dijo después de que hubiera hecho justo eso—. Ese nombre es solo para nuestros clientes presuntuosos que quieren sentirse como si estuvieran lidiando con personas parecidas a ellos.

—¿Mis tarjetas de presentación deberían decir Isabella Marie Swan entonces?

Alice dio unos golpecitos contra su barbilla con un dedo.

—Creo que tendrás mucho éxito como Bella Swan, honestamente. ¡Hermoso cisne! —Rio, y entonces se detuvo abruptamente para enviar una mirada preocupada en mi dirección, como si de alguna manera me hubiera insultado.

—Está bien, estoy acostumbrada a eso —dije, encogiéndome de hombros, mentalmente sacudiendo la cabeza hacia mi madre sentimental.

El nombre había sido para burlarse de mí cuando era más joven, pero desde que había florecido, era más un chiste amigable. Lo toleraba, porque surgía de un nombre que mamá me había dado, y ansiaba todo lo que fuera que me recordara a ella.

—Oh, gracias a Dios —dijo Alice con un suspiro—. Si te hubiera ofendido en tu primer día y hubiera afectado la manera en que trabajábamos juntos, Edward hubiera tenido mi cabeza servida en una bandeja.

Escuchar su nombre hizo que mi corazón diera un salto y se llenara de miedo. Simplemente quería olvidar que él trabajaba aquí. Con suerte, como el espacio común estaba cubierto de filas de numerosos cubículos, sería fácil evitarlo.

Seis oficinas de cristal se ubicaban contra una pared, una de las cuales era de Edward Cullen. El resto le pertenecía a las otras otras divisiones operativas, aunque ninguno estaba aquí aún.

—Colin Smith, nuestro cofundador y director de Marketing, se ejercita a primera hora de la mañana, y entonces llega enérgicamente alrededor de las nueve —explicó Alice—. Y Stuart Devaney, nuestro otro cofundador y director de Publicidad, lleva a sus hijos a la escuela. Los dos son grandes hombres de familia.

Alice me hizo un recorrido por el lugar y me presentó a los compañeros de trabajo con los que estaría trabajando más de cerca a diario. Me olvidé el nombre de todos excepto el de Ben, quien era un hombre con cabello marrón, rostro de bebé y una sonrisa rápida; y Tanya, quien era una cabeza más alta que yo, y me saludó con un apretón de manos débil y una mirada fría.

—Solo ignórala —susurró Alice secamente mientras seguíamos adelante—. A ella no le gusta la competencia.

La miré con confusión.

—¿Competencia para qué?

—Atención masculina.

Resoplé con una risita, y entonces me mordí la lengua. ¿Estaba por trabajar para Los Valientes y los Hermosos?

Alice se tomó su tiempo para mostrarme cómo funcionaban las cosas con respecto a las tres cuentas con las que iba a lidiar, organizando entrevistas personales con los contactos clave de cada cliente para la semana. Estuve agradablemente sorprendida de lo mucho que ella sabía de cada uno de ellos, y se lo dije.

—He estado cubriendo este escritorio alrededor de un mes, entrenando con Stephenie antes de que se fuera. Pero ahora que estás aquí, estoy aliviada de ceder la responsabilidad.

Mi cliente más importante, y el principal en el que me centraría, era un lujoso negocio de muebles artesanales hechos a pedido. Ellos vendían cosas como paneles de revestimiento de paredes, mesas de centro de hierro forjado a mano con la superficie decorada a la Chinoiserie, y vestidores tallados en madera.

—¿Shin-wahzer-ree? —repetí con una ceja arqueada.

—Es una manera elegante de pintar —dijo Alice—. Solo mira su sitio web.

Ella lo abrió, y en la página de inicio, vi lo que parecía ser un pedazo de mural largo y gris oscuro con patrones finos y detallados en dorado.

—Ese es un panel de revestimiento de paredes esculpido y pintado —dijo ella, mientras lo señalaba como Vanna White en La Rueda de la Fortuna—. ¿Quieres saber cuál es la diferencia entre empapelado y revestimiento de paredes? Alrededor de cuatrocientos dólares por metro. Luxe vende estos al comercio, los diseñadores de interiores, cuyos clientes tienen más dinero para gastar que Dios. Ciertamente, más de lo que jamás veré en mi vida.

Luxe quería una seguidilla de correos electrónicos por semana, Alice siguió explicando, lo cual quería decir que estaría lidiando con todo desde el concepto hasta la entrega—básicamente, tratando de producir ideas para campañas que ellos aún no habían hecho. Era una tarea importante, una que me emocionaba cada vez más mientras ella seguía.

—Necesitarás estudiar sus archivos de campañas pasadas, y ponerte al corriente rápidamente. Si puedes armar una primera idea cautivadora, será una manera increíble de presentarte ante ellos. Lo siento, pero arrojando a algo para lo que no estás preparada. Considera esta tu primera prueba.

—Estoy lista —le dije—. Esto es lo que hago, después de todo.

Alice asintió y sonrió, entonces con una palmadita contra mi espalda, me dejó para que comenzara.

Mi cubículo tenía forma de L, era un escritorio lacado mate blanco y en forma de L, lo suficientemente largo para acomodar dos sillas. Las paredes alrededor del escritorio estaban cubiertas por una tela color tostado y contrastaba agradablemente contra el blanco. Cuando me senté en mi silla, no podía ver por encima de mi cubículo, lo cual me daba una sensación de privacidad y tranquilidad.

El cubículo de Alice se encontraba junto al mío. Podíamos vernos si una de nosotras se paraba o si movíamos nuestras sillas y nos inclinábamos alrededor de la pared.

Durante las siguientes horas, descubrí que ninguna de las campañas previas de Luxe se centraba en la diversidad o la inclusión, a pesar que algunos de sus diseñadores eran LGTBIQ+. Uno de sus pintores-escultores de obras francesas era una mujer transexual que se especializaba en sinestesia, lo cual comprendía que era escuchar música y ver colores o formas en la mente.

Y así de rápido, había encontrado el tema de lo que esperaba que sería su siguiente campaña. Mientras escribía mis notas al respecto, mi radar interno se despertó, y el vello de mi nuca se erizó. Girando la cabeza, vi a Edward Cullen parado detrás de mí, y me quedé sin aliento. Traje gris plata, corbata gris plata, ojos gris plata debajo de pestañas gruesas y oscuras.

Era raro cómo sus ojos cambiaban de color. Más raro aún que yo siquiera lo notara.

¿Pero qué diablos hacía él aquí?

—Es un comienzo prometedor —masculló, sus ojos en la pantalla de mi computadora, aunque sentía que él había estado mirándome hace solo un segundo.

Con un empujón, podría haber chocado la parte trasera de mi silla contra su cuerpo y hacerlo apartarse. Pero me encontraba en una oficina abierta con un sinfín de empleados, los cuales probablemente podían ver a Edward parado allí desde sus propios cubículos. Él era el jefe suelto; estaba segura que las personas seguían sus movimientos.

—Un comienzo prometedor —dije entre dientes, fulminando con la mirada a la pantalla de mi computadora. No quería mirarlo, no quería presenciar su belleza provocativa y llamativa. O su suave mirada, porque podía notar por el tono de su voz que era suave.

—Así es —dijo, inconvenientemente moviéndose a mi lado así podía ver algo más que la parte trasera de mi cabeza—. Has estado aquí, ¿qué? ¿Cuatro horas? Es un comienzo increíble. Creo que vas por un buen camino.

Le eché un vistazo brevemente, y su mirada en efecto era gentil y escrutadora, enviando un relámpago por mis venas. Bajé la mirada a las líneas más seguras y limpias de su camisa blanca con finas líneas grises. Cuando él se movió hacia la silla a mi lado, comencé a entrar en pánico.

Por favor, no te sientes. Por favor, no te sientes.

Quizás sintiendo mi terror, permaneció de pie y simplemente descansó su mano en el respaldo.

—¿Qué tal te parece todo aquí hasta ahora?

Su tono era cálido y amigable, aún completamente diferente a lo que estaba acostumbrada a escuchar de él en el pasado, lo cual hacía que mi corazón se retorciera. Dios, él estaba poniéndome nerviosa.

—Hasta hace un minuto, era genial —espeté, y entonces inmediatamente me sentí infantil e idiota.

¿Por qué estaba él aquí?

Vete, Edward Cullen. ¡Prometiste que no tendría que lidiar contigo!

—Estoy feliz de que hayas aceptado la oferta —dijo, ignorando mi diatriba—. Sabía que serías una gran adición al equipo.

Por el rabillo de mi ojo, podía verlo parado allí mirándome, su mano descansando casualmente en el respaldo de la otra silla.

Obviamente estaba esperando algo de mí.

¿Un puñetazo en la polla?

—Gracias —dije, de nuevo echándole un breve vistazo.

Sus ojos seguían abrumándome y fijos en mí. Su mandíbula estaba un poco tensa. Su cabello caótico como siempre.

Hermoso, por supuesto.

Imbécil.

—Bueno, dejaré que continúes —dijo y se apartó.

Al fin.

Se suponía que íbamos a actuar como extraños educados, pero no quería ser educada. Con un pequeño gruñido, me dejé caer sobre mi teclado. Entonces, mi labio inferior tembló entre mis dientes, giré en mi silla y lo fulminé con la mirada. Como había pedido, él no me había visto de manera apologética, pero había sido... demasiado jodidamente amable. Me dejaba descolocada porque no sabía cómo actuar a su alrededor si no era a la defensiva o sintiéndome dolida. Mis sentimientos no iban a simplemente esfumarse, sin importar cómo él me trataba ahora.

¿Estaba siendo un idiota despistado, creyendo que todo estaba bien entre nosotros ahora simplemente porque había aceptado su oferta de trabajo? Quiero decir, seguramente no. Él no sería tan estúpido. Él no parecía tan estúpido.

Mientras regresaba a mi computadora, noté que la mujer pelirroja en el cubículo frente a mi escritorio me miraba con furia antes de apartar la mirada. Tanya. Vistiendo una blusa color verde esmeralda, ella se puso de pie, mirando enojada y desconcertada a Edward.

—¿Está todo bien?

Ella pareció sorprendida ante mi voz.

—Todo está bien —dijo un poco despectivamente antes de darse la vuelta.

De acuerdo, entonces.

~PJS~

Las siguientes semanas se pasaron rápidamente mientras me sumergía en mi nuevo trabajo y me familiarizaba con mis clientes.

Luxe amó la idea de centrarse en la diversidad y la inclusión, así que el anuncio de cada semana mostraba eso—ya sea una obra centrada en esa cultura, o un artista destacado. Estaban tan impresionados con mis ideas que pidieron mi ayuda con la gestión de la marca en sus materiales impresos y digitales, y también con sus necesidades internas de mercadotecnia para tarjetas de presentación, fotos de cara, y el empleado destacado. Combinándolo con el trabajo para mis otros clientes también, comencé a prosperar bajo presión.

A través de Alice, aprendí que Edward estaba satisfecho con el trabajo que estaba haciendo. Él incluso le había pedido ver si yo estaba interesada en asistir a la reunión semanal para colaborar y aportar ideas, pero cortésmente lo rechacé. Por lo que entendía, solo los gerentes de cuentas senior asistían a esas reuniones, y estaba determinada a simplemente ser como cualquier otro empleado ocupado en su teclado.

—Si sigues produciendo este nivel de trabajo para nuestros clientes, serás ascendida a gerente de cuentas senior en cualquier momento —me dijo Alice.

Era un arma de doble filo. Un ascenso sería increíble pero probablemente implicaría trabajar más cerca de Edward.

Casi todos los días, él encontraba una razón conveniente para pasar por mi cubículo. Ya fuera que necesitaba hablar con Alice o Tanya, o simplemente pasaba por allí. Había muchas filas por las que podría haber elegido caminar, pero parecía que deliberadamente escogía la mía.

Mi vello se erizaba cada vez. La sangre se acumulaba en mi rostro y mi cuello. Me confundía y me enfurecía. ¿Por qué estaba tan consciente de él? No tenía sentido. No era normal. Él podría ser un matón reformado, pero aún lo odiaba.

Quizás odiar era una palabra demasiado fuerte. Quizás... simplemente no confiaba en él.

No. Cuando se paraba en silencio detrás de mí, deliberadamente provocándome con su presencia —después que había dicho en la entrevista que no tendría que lidiar con él— básicamente lo odiaba. La sensación en mi estómago siempre se convertía en incomodidad en su cercanía. Seguía esperando que él hiciera un cambio de ciento ochenta grados como solía hacerlo, seguía esperando que él arrancara todo de mis manos, revelando el cretino que recordaba.

Estaba consciente del dicho sobre que había una fina línea entre el amor y el odio, pero mi línea era más gruesa y oscilaba entre odio y desagrado, con una porción extra de desconfianza.

No había absolutamente ningún amor perdido allí. Especialmente desde que tenía la distintiva impresión que él intentaba ablandarme, que intentaba hacer que me agradara o lo aceptara.

Hice del abogado del diablo—¿sentiría el mismo nivel de incomodidad e ira si él hubiera sido un hombre feo?

, porque él aún así estaba mostrando mucho interés en mí, cuando yo solo quería ser invisible para él.

De hecho, me molestaba el hecho que él fuera hermoso, porque las personas atractivas sabían que podían salirse con la suya con casi lo que fuera. Y obviamente, él lo estaba intentando porque no le importaba mantener su promesa conmigo.

Sí, él iba a volverme loca.

Lo imaginaba atado a una silla al estilo interrogatorio, emocionalmente golpeado, tratando de esconder su dolor y temor, mientras me encontraba de pie frente a él y me reía sin piedad.

Él pronto sabría que no era la misma chica que una vez conoció. Era fantástica y vestía Wildfang, cuyo lema era, «Vístete a ti, no a alguien más», y no me rendía ante nadie. Mucho menos alguien que me había lastimado tanto en el pasado. Lo había soportado en la secundaria, había aprendido a lidiar con la muerte de mamá, y tenía las pelotas para aceptar un trabajo donde él trabajaba. No dejaría que mi pasado dictara mi futuro.

Era una sobreviviente.

Quizás seguía estando un poco rota, ¿pero quién no lo estaba?


Bueno, Edward intenta acercarse a ella, pero Bella no quiere saber nada jaja

Por cierto, subo adelantos en mi grupo, pueden encontrar el link en mi perfil :3

¡Buen fin de semana!