Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Powered by 23 Kicks, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Powered by 23 Kicks. I'm only translating with her permission.


Capítulo 4

Cerca de un mes en mi trabajo, leí algo en el boletín informativo en línea de la compañía que me llenó de terror y pavor.

Evento Obligatorio de la Compañía

Viernes, 15 de mayo, 6:00 p.m.

Twilight's End en Av. Chicago Este

Karaoke y cócteles

Había conocido a Colin Smith y Stuart Devaney, los cofundadores del negocio donde trabajaba. Ellos habían parecido hombres de familias normales y despreocupados que amaban su compañía, pero obviamente, eran sadistas encubiertos si iban a hacer que sus empleados asistieran a tal función.

La compañía promovía lo que ellos llamaban un ambiente laboral Nadie es Más Inteligente que Todos, lo cual básicamente quería decir que la guía y el apoyo estaban entremezclados entre los departamentos. En mi rol de gerente de cuentas, podía buscar la asistencia de un número de compañeros de trabajo dentro de la junta, así también como Alice, mi supervisora directora, o Edward, el director de mi departamento.

Por supuesto, hubiera renunciado antes de siquiera pedir consejos a Edward. Afortunadamente, no parecía haber algo que no pudiera hacer sin él.

Pero con el objetivo de la compañía de alimentar un ambiente de trabajo abierto, ellos organizaban eventos semestrales obligatorios para empleados fuera de la oficina. Excepto para Colin Smith y Stuart Devaney, de todos modos, porque Alice dijo que ellos no querían que alguien se sintiera cohibido en estos eventos.

Qué manera increíble de zafarse de asistir.

Incapaz de zafarnos de asistir, Alice y yo llegamos tarde al club en la noche en cuestión. Había un cartel en la puerta que decía «Cerrado por Evento Privado».

Esta era una muy mala idea. ¿Quién organizaba una reunión de empleados con alcohol? Parecía ser una receta para el desastre. Además, si hubiera sabido que se esperaría que asistiera a una cosa así, mucho menos que posiblemente cantara en ella, hubiera rechazado el trabajo. A menos que fingiera desmayarme, iba a tener que hacer lo que pudiera para zafarme.

Twilight's End era íntimo y hermoso, y parecía que estábamos afuera de noche. Paredes color azul oscuro decoradas con cortinas de luces pequeñas llevaban mi vista hacia la cúpula negra con un brillo en el cielo oscuro de las constelaciones.

¿Era esa la Osa Mayor?

—Vaya —dijo Alice.

La miré, y vi que su cabeza también estaba echada hacia atrás.

Los asientos eran de terciopelo azul oscuro con un escenario alto al final del salón, donde se encontraban tres micrófonos y dos monitores. Se escuchaba rock suave a través de los parlantes escondidos mientras Alice me dirigía hacia la barra.

—Preparémonos para la batalla —dijo—. Vamos a necesitarlo.

Más allá de la barra, agrupados frente al escenario, se encontraban cerca de cincuenta de nuestros compañeros de trabajo alrededor de pequeñas mesas cuadradas, algunas de las cuales habían sido juntadas para formar mesas más grandes. Varias personas estaban de pie. Con copas y botellas de cervezas en mano, todos ellos parecían estar parlachines y de buen humor, completamente inmutados por el prospecto de cantar frente a todos.

Entre ellos sobresalía Edward, su cabello broncíneo brillante bajo las tenues luces, camisa desabrochada en la garganta y arremangadas por encima de sus fuertes antebrazos. Había hecho un buen trabajo al evitar mirarlo cuando fuera que pasaba cerca de mi cubículo en el trabajo, fingiendo que él no existía a pesar que él no me había ofrecido la misma cortesía, pero no había forma de no pasarlo por alto ahora. Él estaba hablando, fácilmente llamando la atención de todos cerca, sonriendo de oreja a oreja y mostrando esos dientes perfectos que tenía.

De repente consciente de que lo estaba observando, aparté mi vista, pero no antes de que él me pillara.

Diablos.

—Dos té helado Long Island, por favor —escuché decir a Alice.

—Alice —chillé—. No me embriagaré.

Y allí se fue mi radar interno mientras Edward se acercaba.

—Ustedes dos van primero —dijo detrás de mí con su inconfundible voz suave, y había un tono distintivo gracioso en ella—. Ya conoces la regla, Alice.

Mantuve mi vista en Alice.

—¿Qué regla?

—Los últimos en llegar a la fiesta, van primero —dijo Edward.

Miré boquiabierta a Alice, notando las señales que revelaban su culpa—la manera en que se mordía el labio, la ligera encorvación de sus hombros, el rubor en sus mejillas mientras se encontraba con mi mirada. Como ella me había invitado a cenar antes de que venir aquí, ella se había asegurado deliberadamente de que llegáramos tarde.

¿Qué demonios?

—Tú-tú-tú —tartamudeé, sintiendo como si el techo estuviera cediendo. Prácticamente esperando que lo estuviera, de hecho.

—No es completamente su culpa —continuó Edward sobre mi hombro, y sentí su calor mientras se acercaba más. Demasiado cerca—. Hacemos esto con todos los nuevos empleados si tenemos la oportunidad.

¿Ellos qué?

—Danos unos minutos —ella le dijo a Edward—. Bella necesita un poco de fortificación.

—Está bien —dijo Edward.

Él aún no se había movido, y quería embestir mi codo contra su estómago. Por supuesto, eso no hubiera fomentado la interacción saludable entre empleados que se suponía que esta pequeña fiesta generaría.

—Haremos una excepción para Bella solo esta vez.

Isabella —dije entre dientes, apartándome de él.

Alice, quien lucía perpleja y fascinada por nuestro intercambio, me tendió una bebida. Era pesada y fría en mi mano, e imaginaba voltearme y lanzarlo al rostro de Edward.

—Yo iré primero —dijo él.

Finalmente me relajé cuando lo sentí apartarse, notando la ceja arqueada de Alice.

—Fuiste una muy buena supervisora hasta este momento —le gruñí, y ella rio, pensando que estaba bromeando.

Encontramos unas sillas junto a un tipo grande y moreno con una sonrisa rápida que se esfumó cuando me vio sentarme.

—¿No vas a cantar? —preguntó él.

—No si puedo evitarlo —contesté secamente, mientras Edward subía al escenario. Él lucía relajado y cómodo allí arriba, pero entonces tendría que estarlo, estando al mando como lo estaba.

Era realmente injusto que alguien tan imbécil fuera tan apuesto.

—Edward se la dejará pasar —dijo Alice, y levantó su té helado Long Island—. Bella necesita un poco de valor líquido primero. Bella, él es Emmett McCarty. Él trabaja en Publicidad.

Emmett aún seguía mirándome con sorpresa.

—Pero él nunca deja que un nuevo empleado se zafe de esto.

—Oh, ella no se zafará de esto —contestó Alice, y fruncí el ceño.

La suave música en el club se detuvo entonces, y escuché el suave compás de «Praying for Time» de George Michael. Al mismo tiempo que Edward tomaba uno de los micrófonos, habló brevemente mientras sonaba la música.

—Voy a cambiar las cosas un poco al ir primero esta vez, pero aún así todos tienen que jugar. Especialmente Isabella.

Oh, no, él no acaba de llamarme la atención.

Su voz amplificada contra la música sonaba bien. Realmente bien. Y mientras él comenzaba a cantar las primeras palabras sin sentido de la canción, la temperatura de mi cuerpo se elevó.

¿Había algo que Edward Cullen no pudiera hacer bien?

Maldito.

La voz de Edward no era tan ligera o suave como la de George Michael, pero aún así sonaba bastante bien. Mientras echaba un vistazo alrededor del cuarto, vi que todos estaban entretenidos con su actuación. Especialmente las mujeres, ¿pero qué mujer no se sentiría atraída a Edward?

Jessica Stanley, la recepcionista de la compañía, parecía que estaba jadeando. Realmente podía ver su pecho agitarse.

Alice dio unos golpecitos en mi hombro.

—Bebe. Él te hará cantar después —amenazó.

Mierda.

Tomé más que unos sorbos de mi trago, haciendo una mueca y fulminando con la mirada a Edward sobre ese escenario mientras él cantaba sobre que Dios llevaba la cuenta. Cada vez que su mirada se movía en mi dirección, mi corazón traicionero se aceleraba. Cuando la canción se acercaba a su final, sus ojos se encontraron con los míos y quedaron fijos allí. De alguna manera, él parecía hacer que sus expresivos ojos cargaran el mensaje que cantaba.

«And it's hard to love

There's so much to hate

Hanging on to hope

When there is no hope to speak of

And the wounded skies above

Say it's much, too much, too late

Well, maybe we should all be praying for time»

Cuando terminó de cantar, no sabía si mi sangre estaba hirviendo más de ira o de deseo.

Lo odiaba.

Odiaba que él tuviera este poder sobre mí. Después de mi pasado con él, no debería sentirme atraída en absoluto, y no comprendía cómo podía estarlo ahora.

Y mientras nuestras miradas se encontraban, él me dio una sonrisa engreída.

Deseaba mostrarle el dedo del medio.

En cambio, me adelanté a él; no le di el placer de tener que llamarme al escenario.

Como sabía que yo seguía, tomé otro trago rápido de mi bebida y me puse de pie, mientras que Edward aún era silbado y recibía elogios por su actuación. En mi falda de tubo azul marino y blusa blanca cruzada que se ataba sobre mi cadera, sabía que lucía bien, así que me consolé con eso. Por lo que, a pesar que estaba jodidamente nerviosa, también me sentía segura.

Probablemente era el alcohol.

La mirada de Edward se llenó de sorpresa mientras caminaba hacia él, quizás por mi rápida conformidad o por el desafío en mis ojos. No pude evitar sonreír mientras le robaba los silbidos y los aplausos, aunque estaba seguro que él no tenía idea de por qué estaba sonriendo.

Estaba a la altura del reto, imbécil.

Él no se movía mientras subía al escenario con él. Estaba quieto, esperándome con una expresión un poco fascinada en su rostro, lo cual me confundió por un momento. No quería que me estuviera mirando de esa manera; me quitaba el aliento.

En vez de caminar hacia él como estaba segura que esperaba, me detuve frente al otro micrófono.

—Damas y caballeros, Isabella Swan, nuestra nueva Gerente de Cuentas —dijo Edward con encanto, sonando impávido por mi acción. Con un movimiento de su brazo, regresó su micrófono de vuelta a su lugar, ignorando los escalones, bajándose del escenario con un salto. ¿Cuántos años tenía, doce?

—Eh, hola —dije, momentáneamente, desconcertada bajo la mirada de todos. Giré hacia la lista de canciones de la máquina de karaoke, rogando que tuviera la que estaba buscando. Cuando la encontré, casi salté de emoción, apenas conteniéndome a mí misma.

Después de entrar el código de la canción en la máquina, regresé hacia mi audiencia de compañeros de trabajo y sonreí de oreja a oreja. Edward, vi para mi asombro, no había regresado a su asiento. En cambio, estaba parado cerca de Tanya, casualmente apoyado contra una pared de brazos cruzados.

¿Intentaba intimidarme?

¿Acaso no sabía que esos días ya habían terminado?

Hace mucho.

No podía cantar bien. Mi voz siempre estaba un poco fuera de tono. Pero estaba determinada a ser exitosa, a como dé lugar. Cuadré mis hombros y respiré profundo, olvidando que el micrófono estaba bajo mi boca, arruinando mi momento de valentía.

—Oigan, denme un respiro, esto es jodidamente aterrador —admití ante la suave risa de todos.

—Puedes con esto —gritó Alice.

Así era. Podía con esto. Podría, o moriría intentándolo, de todos modos.

Mientras comenzaba la canción, eché un vistazo a Edward porque las palabras eran inmediatas y eran para él.

No me mires —susurré al micrófono, esperando hacerlo retorcerse con mi mirada. Esperando que se retorciera con esta canción.

Las mujeres en la audiencia comenzaron a gritar de alegría.

—¡Vamos, chica!

—Sí, rómpela.

No podía comenzar a hacer lo sonidos sin sentido que Christina Aguilera hacía al comienzo de la canción, así que esperé las palabras, mirando a todos lados menos al hombre que estaba parado demasiado cerca.

«Every day is so wonderful

Then suddenly, it's hard to breathe

Now and then I get insecure

From all the pain

I'm so ashamed»

Intenté hacer las palabras conversacionales como Christina lo hacía en su canción, prolongando los sonidos de "a" y "o". Me encontraba real y complacidamente sorprendida; mi voz sonaba bien, mayormente porque el registro de la canción era lo suficientemente lenta para mí.

Mirando a mi audiencia, vi que les gustaba mi versión de la canción, y sentí mi cuerpo relajarse.

Podía hacer esto.

Lo estaba haciendo.

Sintiéndome valiente, sin importar si fuera por el alcohol, miré de nuevo a Edward mientras cantaba las siguientes palabras.

«I am beautiful no matter what they say

Words can't bring me down

I am beautiful in every single way

Yes, words can't bring me down, oh no

So don't you bring me down today»

Ni bien comencé a cantar, la postura de Edward cambió; sus brazos cayeron a sus costados y se apartó de la pared. Antes de apartar la mirada, vi dolor en sus ojos.

Esperaba que fuera eso.

Quería que él sintiera dolor.

Quería que lo sintiera todo, que recordara cómo él una vez me había lastimado.

Pero también quería que él viera que no me había roto.

Y mientras continuaba con la canción, la sentí yo misma. Puede que haya estado rota una vez, y puede que aún recuerde el dolor demasiado bien... pero no estaba rota.

No, estaba cantando sobre cómo yo era hermosa en todo sentido, y lo estaba haciendo increíble.

Mientras cantaba las últimas palabras, volví a mirar a Edward con mi cabeza en alto. Incluso sonreí.

Edward no estaba sonriendo. Él estaba recordando, sintiendo dolor, podía verlo desde allí. Verlo en su lenguaje corporal.

Estaba contenta.

Lo estaba.

«Oooh-oh-oh, yeah

Don't you bring me down today

Yeah, ooh

Don't you bring me down»

Lo miré fijo hasta la última palabra. Sintiéndome arrogante de que había logrado mi cometido, le sonreí.

Mi audiencia estaba volviéndose loca, alejando mi mirada del hombre que estaba moviéndose hacia el frente del escenario.

—¡Eso fue increíble, Bella! —gritó Jessica.

Las mujeres estaban silbándome tan fuerte como lo habían hecho para Edward. Quizás incluso estaban haciéndolo más fuerte, porque la canción que acababa de cantar era para todas las chicas que habían sido relegadas a los rincones, quienes habían sido ignoradas, o habían sido burladas. Simplemente les había mostrado a todos que no podían ser reprimidas, que no serían reprimidas.

Mientras colocaba el micrófono de vuelta en su lugar, Edward caminó hacia el final de las escaleras, y mi corazón se detuvo.

No. No le permitiría que se me acercara.

Me encontraba en tacones, pero eso no iba a detenerme, diablos. Estaba volando alto.

Caminé hacia el borde del escenario y salté como Edward lo había hecho, y tuve dos segundos para disfrutar de mi aterrizaje victorioso antes que mis tacones se resbalaran debajo de mí, y cayera sobre mi trasero.

Mierda.

Antes que pudiera pararme, noté que habían dos manos diferentes acercándose a mí: la de Edward y la de otro hombre que aún no había conocido. Ignorando a Edward, a pesar que él se encontraba más cerca, miré hacia el rostro del otro hombre, buscando su mano.

Sálvame, extraño. Por favor.

—Disculpa, Jacob —dijo Edward con el ceño fruncido, bruscamente empujando con el hombro al hombre para quitarlo del camino mientras se inclinaba hacia mí. Intenté apartarme, pero Edward sintió mi movimiento y, pensando rápido, se acercó más para tomar mi mano. Sus dedos eran cálidos y fuertes alrededor de mi mano, y sentí una chispa de hormigueo mientras me ponía de pie. Su tirón fue tan fuerte que fui propulsada hacia su pecho, y tuve que usar la palma de mi mano libre para evitar caer por completo contra él.

Boquiabierta, todo mi cuerpo frío y caliente estaba consciente de estar tan cerca del suyo, lo miré con molesto asombro. Él era casi una cabeza más alto que yo, lo que quería decir que su estómago se encontraba en perfecto alcance para golpearlo en el vientre y, por Dios, quería hacerlo. Mientras sus manos se ubicaban contra mi espalda alta —aparentemente para estabilizar mi pobre y torpe cuerpo— mis dedos se curvaron y enterré mis uñas en la tela que cubría su cálido pecho.

—Las personas están mirando —dijo entre dientes, sus ojos negros con furia.

Reacomodé mi rostro con una sonrisa grande.

—Suelta.

Él me soltó tan abruptamente que me tambaleé lejos de él.

Maldito.

Entonces, él sostuvo mi antebrazo con su mano, como si estuviera borracha y necesitara ayuda para caminar, y me escoltó como un caballero hacia la mesa donde Alice estaba sentada con una expresión fascinada en su rostro. Sabía que ella veía las pequeñas maneras en que intentaba zafarme de él, que lo vio acercarme a él con un abrazo forzado y amigable.

—Compórtate —dijo él y rio, como si estuviéramos pasando el mejor momento.

—Vete al diablo —solté, usando su frase favorita, sonriendo tan grande como él lo estaba.

—Vaya —dijo Alice cuando casi me caí de mi asiento. Ella apenas podía controlar su sonrisa mientras las manos de Edward se posaban sobre mis hombros. Él se inclinó hacia adelante, el costado de su cabeza casi contra el mío. Su boca se encontraba a milímetros de mi mejilla.

—Creo que necesitamos hablar —dijo él, dándole un apretón a mis hombros significativamente, y entonces más fuerte—. Gracias por la canción y el baile —añadió sugerentemente, y entonces desapareció. Él caminó rápidamente de vuelta al otro extremo del salón, donde vi a Tanya moverse deliberadamente cerca de él.

Seguía sintiendo la manera en que él apretó mis hombros. Tenía escalofríos.

¿Qué demonios?

Y, ¿él creía que necesitábamos hablar?

Mierda, mierda, mierda

—¡Esto es histórico! —Rio Alice, captando mi atención—. Jamás he visto actuaciones tan fuertes y significativas. La de Edward fue realmente sexy.

Edward no estaba siendo sexy al cantar esa canción. Él simplemente estaba enfatizando su punto, y molestándome en el proceso, porque , diablos, él había sido sexy allí arriba.

—¿No vas tú ahora? —pregunté, señalando el escenario con un dedo.

—¿Qué pasa con ustedes dos? —preguntó Alice, ignorando mi pregunta—. Creía que lo conociste por primera vez hace solo un par de semanas, pero es evidente que ustedes tienen algún tipo de historia. Suelta.

Fui salvada de tener que contestar cuando las personas comenzaron a cantar su nombre.

Alice, Alice, Alice.

Ella hizo un sonido raro de impaciencia.

—Oh, demonios. —Mientras se ponía de pie, se inclinó hacia mí—. Esto no ha acabado.

¿Acabado? Al diablo eso, ni siquiera iba a comenzar.


Por si las dudas, la canción que Bella cantó era "Beautiful" de Christina Aguilera :)

¿Será mutua la atracción qué sienten? Lo cierto es que necesitan hablar.

¡Buen comienzo de semana! 😊