Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Powered by 23 Kicks, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Powered by 23 Kicks. I'm only translating with her permission.


Capítulo 5

Quince minutos antes de la hora de salida el lunes, recibí un mensaje privado por el chat de Teams.

Edward Cullen te ha mencionado.

Justo cuando creía que la costa estaba despejada. Que él se había olvidado de esas palabras que me había dicho el viernes por la noche.

Necesitamos hablar.

Entrecerré los ojos a la pantalla de mi computadora. El número uno en el círculo rojo se encontraba en la parte baja de la pantalla de mi aplicación de Teams, haciendo que me fuera imposible ignorarlo. Sin embargo, lo evité durante los siguientes diez minutos, tratando de concentrarme en lo que había estado haciendo antes que él me interrumpiera. Podía decirle que no había visto su mensaje hasta que fue demasiado tarde.

¿Qué quería? ¿Estaba relacionado con el trabajo, o tenía que ver con algo del viernes por la noche?

Necesitamos hablar.

Edward y esas palabras, junto con su implicación, habían atormentado mis sueños durante el fin de semana. ¿De qué demonios quería hablar?

No había hecho nada malo. Todo lo que había hecho fue responder amablemente al desafío que él primero me había hecho. Esa canción que él cantó—diciendo que esperaba que yo aprendiera a perdonar, que él rezaría por ello...

Espera sentado, amigo. La manera en que mis puños se cerraron al pensar en perdonarle me decía que no estaba lista aún.

Años atrás, suponía que le había mentido a mi terapeuta cuando declaré que lo había superado a él y al acoso, porque no le perdoné a Edward Cullen. Perdonarlo implicaría negar todas esas veces que él había hecho llorar y sentir inútil a la Bella de diecisiete años.

Pero, ¿quizás había sido demasiado obvia cuando canté la canción? Había sido muy divertido, y tan liberador. Había sentido como si hubiera dicho lo que tenía que decir con respecto a sus acciones hacia mí en la secundaria, y al diablo si me iba a sentir mal por ello. Por supuesto, también estaba la forma en que había reaccionado a él —tensa, horrorizada, y simplemente furiosa— una vez que puso sus manos sobre mí. ¿Quizás alguien más que Alice lo había notado?

Eché un vistazo al círculo rojo.

Él podría ver cuándo leí el mensaje. Él vería la notificación que mostraba que había leído lo que él envió, y tendría que contestar.

Diablos, bien podría leerlo ya que al parecer no podía concentrarme en nada más en estos momentos.

Hice clic en la aplicación de Teams, y entonces moví mi puntero sobre la burbuja de mensajes. Y estaba a punto de hacer clic en ella... en serio... cuando sonó mi teléfono, haciéndome sobresaltar tanto que solté un chillido y salté en mi silla.

La pantalla en mi teléfono decía E. Cullen.

Mierda.

—Isabella Swan —dije secamente.

—Por favor, ven a mi oficina —dijo, su voz suave y cortés—. Ahora.

Bueno, eso fue menos cortés.

Sintiendo como si me dirigiera a mi condena, me paré de mi silla y eché un vistazo sobre la pared y a la oficina de Alice. Ella estaba ocupada escribiendo y ni siquiera notó que me había puesto de pie. Había estado un poco distante conmigo hoy.

El viernes por la noche, todo lo que le había dicho era que Edward y yo habíamos ido a la secundaria juntos, que nos habíamos juntado con personas diferentes. Ella había estado decepcionada con mi corta explicación, y me había dado una mirada que sugería que no me creía. Así que, le había explicado que aquellos años no eran buenos recuerdos para mí y que realmente no quería discutirlos. Ella lo había dejado allí, pero sabía que algún día querría más.

—¿Alice? ¿Necesitas algo antes de que me vaya hoy? He sido llamada a la oficina de Edward —dije, esperando que ella estuviera preocupada o al menos tuviera curiosidad sobre por qué ella no había sido incluida.

—Nop, estoy bien —contestó Alice, sin siquiera apartar la mirada de su monitor—. Si ya no estoy cuando regreses, ten una buena noche.

Bueno, mierda.

—De acuerdo, gracias. Tú también.

Ella me dejó sin otra alternativa más que dirigirme a la oficina de Edward sola. Inhalando profundo, enderecé mis hombros y me di la vuelta, estudiando la oficina con sus paredes de cristal del otro lado del cuarto. Edward era un jefe que mantenía la puerta abierta; jamás la veía cerrada. Pero ahora que estaba de pie y mirando hacia su puerta, me di cuenta que su escritorio estaba ubicado a la vista de mi cubículo. Realmente podía ver el costado de su cuerpo, y entonces, su rostro, como si sintiera mi mirada, o como si estuviera viendo si finalmente iba allí.

El asombro me hizo moverme. De repente, estaba caminando a pasos largos con propósito hacia mi jefe, quien tenía una expresión de impaciencia en su rostro. Incluso más perturbador, él nunca apartó su mirada de mí mientras me acercaba. Y ¿era mi imaginación, o sus ojos se habían desviado rápidamente por mi cuerpo?

—Por favor, cierra la puerta —dijo cuando llegué, sorprendiéndome por completo. Esperaba que no se mostrara en mi rostro porque no quería que él supiera cómo me afectaba.

—Toma asiento —me dijo mientras me daba la vuelta.

—Preferiría quedarme de pie. Son casi las cinco —le recordé en caso de que lo haya olvidado.

—Toma asiento —repitió firmemente.

En vez de tomar la silla directamente frente a él, me senté en la que se encontraba en diagonal. El vestido que tenía puesto se subió por mi muslo mientras me cruzaba de piernas. Estas estaban tonificadas y en buena forma, y si tuvieran el poder de distraerlo como sentía que él lo hacía conmigo, lo haría.

También sabía que estaba siendo maleducada, pero estaba nerviosa por lo que quería. Diablos, estaba nerviosa a su alrededor en general.

Edward tenía puesto una camisa azul aciano hoy, la cual hacía que sus ojos lucieran más azules que verdes. Debajo de sus cejas pobladas y oscuras, estos parecían tranquilos pero determinados. Los vi entrecerrarse ligeramente antes de que él se pusiera de pie, caminando alrededor del escritorio para sentarse en la silla a mi lado. Él incluso giró amablemente en mi dirección, dejándome sin lugar donde esconderme.

—Creo que necesitamos aclarar algunas cosas —comenzó.

Mi corazón comenzó a martillar y entonces a latir aceleradamente por la expresión en sus ojos. Pequeños temblores se extendían por mi espalda, y me sentía jodidamente ansiosa. Quería apartar la mirada, pero esa hubiera sido una señal de debilidad, la cual definitivamente no sentía.

Mentirosa.

—Me dije a mí mismo que si aceptabas este trabajo, nos mantendría a nosotros, nuestro pasado, apartado de nuestra relación de trabajo —continuó, manteniendo su mirada en la mía—. Quería que tuvieras éxito, que mi relación contigo permaneciera profesional. Así que, me disculpo por sacar el tema el pasado viernes con la canción. No te merecías eso.

Me podrían haber derribado con un meñique.

En ninguna parte de las palabras que él pronunció había burla o ira, y mi cuerpo, mi respiración, continuaba reaccionando a cómo me miraba. Él era un tipo endemoniadamente sexy que probablemente estaba más que consciente de cómo su apariencia, su mirada, afectaba a una mujer. Él estaba usando esos ojos ahora, sin dejarme ir, fijándome en el lugar.

—Acepto tu disculpa —respondí, quizás sin aliento, y entonces le di una mirada inquisitiva.

¿Eso es todo?

Después de un momento, vi una grieta aparecer en su perfecto rostro; él casi se mordió el labio.

—¿Eso es todo? —preguntó—. ¿No te vas a disculpar también?

—Tú lo comenzaste —repliqué, y de inmediato hice una mueca.

No, no acabo de decir eso.

Los ojos de Edward se iluminaron y su boca se crispó, como si quisiera sonreír.

—Quiero decir, solo estaba respondiendo a lo que tú hiciste. Pero como te disculpaste, también lo haré. No debería haber reaccionado a tu ofrecimiento de ayuda con tanto enfado, supongo.

Mi respuesta le hizo sonreír por completo, y la belleza de ello me sacudió. ¡Maldito sea! ¿Por qué me miraba así?

—¿Eso es todo? —pregunté, haciendo un ademán para pararme.

—No —dijo él, la sonrisa desapareció tan rápidamente como había llegado—. Entiendo que tengas un problema conmigo, y no puedo comenzar a decirte lo mucho que lamento la razón de ello —comenzó suavemente—. Pero me gustaría tratar de dejar nuestro pasado atrás. Me gustaría tratar de ser amigos. O si amigos no, al menos respetuosos conocidos y buenos compañeros de trabajo.

Entonces, él me dio una mirada inquisitiva.

Mi garganta se secó. Él estaba sacando el tema a pesar que le había pedido explícitamente que no lo hiciera, actuando como si no fuera algo importante, y entonces eludiéndolo al pedirnos que fuéramos amigos.

¿Él quería que fuéramos amigos?

La idea era incomprensible para mí.

Mierda, él realmente era un buen tipo ahora, aunque un poco iluso. Aún así, eso no quería decir que no estuviera teniendo problemas para reconciliar al hombre frente a mí con el chico imbécil que solía conocer. Me hacía sentir molesta y a la defensiva, porque yo no estaba donde él se encontraba en nuestra presunta relación.

—Vaya. Si tan solo tuvieras esta actitud en la secundaria cuando realmente la necesitaba —dije, mi tono lleno de sarcasmo.

Él me arqueó una ceja, pero siguió considerándome con gentileza.

—Sí, pero lo estoy pidiendo ahora, Bella.

Escucharlo decir mi nombre hizo que mi corazón saltara a mi garganta. Era enorme viniendo de él. Era demasiado, de hecho, y sentí mi rostro enrojecer.

Él se inclinó hacia adelante en su silla, hacia mí, y por un segundo de pánico, pensé que él iba a tocar mi rodilla. Pero él simplemente trataba de usar su cuerpo, su presencia, para intimidarme a aceptar lo que él quería.

Casi funcionó.

—Solo mis amigos me llaman Bella —dije, y mi voz era fina con emoción. Diablos—. Y no estamos allí aún. Aunque no sé si alguna vez podremos ser a-amigos.

Él me dio una suave sonrisa arrepentida.

—¿No?

—No —contesté con un tono más fuerte, reclinándome en mi silla. Lejos de él.

Él suspiró y se puso de pie, caminando hacia la ventana detrás de su escritorio, regalándome sus hombros anchos y su espalda bien definida. En respuesta, mis ojos se cerraron en alivio, y mi cuerpo se relajó antes de que pudiera darle permiso para hacerlo. No me había dado cuenta de lo tensa que había estado.

Cuando volví a abrir los ojos, me di cuenta con horror que él me había estado observando a través del reflejo de la ventana.

Me.

Quería.

Morir.

—Entonces seremos conocidos, con todo lo que eso conlleva —dijo Edward, metiendo sus manos en los bolsillos de sus pantalones—. Sonreiremos cuando nos crucemos, y nos saludaremos como personas civilizadas, sin dar una razón para que sospechen que algo podría ir mal entre nosotros.

Él volteó hacia mí, su expresión una de cuidadosa paciencia. Así que ahora lo sabía; no estaba lista para perdonarlo. Y debido a eso, él probablemente descubriría que lidiar conmigo iba a ser tedioso en el mejor de los casos, e irritante en el peor. Quizás eso haría que él me dejara jodidamente en paz.

—Voy a pedirte que seas más prudente en tus interacciones conmigo. Demasiadas personas nos notaron por las razones equivocadas el pasado viernes, y aunque entiendo que parte de eso fue debido al licor y las fuertes emociones, los veo mirarnos ahora. Ambos necesitamos ser cuidadosos.

De acuerdo, entonces, ¿por qué él me había pedido venir a su oficina y me había hecho cerrar la puerta? Porque estaba segura que eso no pasó desapercibido.

—Estoy de acuerdo —espeté.

—Si tienes un problema conmigo, quiero que me lo menciones personalmente.

Oh, demonios.

—Soy una perfecta profesional y disfruto mi trabajo. No voy a hacer algo para perjudicarlo, y ciertamente no voy a permitir que mi pasado contigo lo afecte —dije, mi voz elevándose con cada palabra.

Sería más fácil si él simplemente me dejaba ser.

—Genial, eso es lo que quiero escuchar —dijo, pero estaba mirando al suelo.

No parecía que eso fuera lo que quería escuchar. Por alguna razón, creía que lo había lastimado. Lo cual era ridículo, porque jamás había tenido poder sobre Edward Cullen.

—¿Qué más quieres de mí?

Levantó la mirada hacia la mía.

—¿No es obvio?

—Quieres perdón —dije entre dientes—. ¿Es eso? —Furiosa ahora, me puse de pie—. Me tiraste abajo por años, ¿y se supone que deba dejarlo atrás? Quizás si tuviera la posibilidad de tirarte a ti abajo frente a todos tus pares y...

—¿Eso te haría sentir mejor? —interrumpió, frío contra mi calor—. ¿Verme como un tonto vulnerable frente a todos? Porque nunca fue así para mí. Más que eso, también te convertiría en la versión femenina de quien yo solía ser, y no estoy seguro que quieras eso. Pero, ¿esa vez que te caíste en la cafetería? Fue porque te tropezaste con mi pie. No te empujé. Jamás hubiera hecho eso.

Pero él tampoco me había ayudado a levantarme. Simplemente se había quedado parado allí con todos los demás riéndose mientras yo intentaba contener las lágrimas. Me daba cuenta ahora que los niños podrían ser accidentalmente crueles porque temían defender a otro niño que estaba siendo acosado, pero en ese entonces, había sido blanco y negro; todo lo que sabía era que nadie me había ayudado. Nadie se atrevió a ir en contra de él.

Sacudí la cabeza, obligando a que la emoción que se había acumulado en mi garganta desapareciera. Qué rápido había venido, y qué vívidos aún eran los recuerdos. Creía que había lidiado con ellos, pero no había esperado tener que hablar sobre ellos frente a frente con Edward Cullen.

Ciertamente no había esperado un buen tipo; él hubiera sido más fácil de lidiar si hubiera sido el mismo imbécil que recordaba.

Presioné el dorso de mi mano contra mi boca temblorosa.

—Voy a necesitar tiempo. No estoy acostumbrada a no odiarte.

Sus ojos aún seguían siendo gentiles.

—Tengo tiempo. Y puedo ser paciente cuando necesito serlo.

Asentí, teniendo que apartar la mirada lejos de él.

—Realmente lamento cómo te traté —masculló.

Por favor, deja de decir eso. Me hace querer llorar.

—Lo entiendo —dije, dando un paso atrás hacia la puerta. Diablos, mis rodillas estaban temblando—. Y tendré cuidado con nuestras interacciones. —Di otro paso atrás. Porque necesitaba irme—. Ya sabes, así nadie se da cuenta que una vez te odié, y que puede que siga haciéndolo. —Me reí débilmente.

Edward no lucía como si compartiera mi humor, pero tampoco era alguien que estuviera siendo dominado por sus sentimientos en este momento, mientras que yo estaba completamente desnuda.

—¿Sabes? Podrías fingir que soy invisible y no importaría —me atreví a decir. Como él solía hacer, y lo que una vez había dicho sobre mí.

Mirándome fijamente, negó con la cabeza una vez.

—Imposible. No solo eres una mujer hermosa, sino que estás sobrepasando las expectativas con tu trabajo.

No escuché nada después de las palabras eres una mujer hermosa.

Oh, por Dios, ¿acababa de decir que yo era hermosa? ¿No era inapropiado para el lugar de trabajo?

Asentí, y entonces me di cuenta que parecía que estaba de acuerdo con él.

Me di la vuelta, rápidamente marchando hacia la puerta cerrada. Justo había colocado mis dedos alrededor del pomo cuando él volvió a hablar.

—Bella.

¿Por qué no decía mi nombre bien? ¿Y por qué tenía que sonar tan jodidamente bien viniendo de él?

—¿Sí, Ed?

—Aún así estoy feliz de que estés aquí.

Di un medio giro y lo encontré dándome una mirada ardiente. La sentí hasta los dedos de mis pies; mierda, casi me dejaba aplastada contra la puerta.

Para con los halagos y las miradas, ¿puedes? No sé cómo lidiar con ellos.

—Sí, bueno, no estaré aquí por mucho más tiempo —dije estúpidamente, evadiendo su halago—. Es hora de la salida.

Y me fui, cerrando la puerta detrás de mí así no sentía su mirada mientras huía.

Mientras trotaba hacia mi escritorio en el piso casi vacío, me encontraba preocupada con un pensamiento inquietante, algo que reconocía por primera vez.

Una pequeña parte de mí comenzaba a agradarle esta nueva versión de Edward Cullen.


*Microsoft Teams es una plataforma unificada de comunicación y colaboración que combina chat persistente en el lugar de trabajo, reuniones de video, almacenamiento de archivos e integración de aplicaciones.


No pude contenerme y adelanté el capítulo de mañana :) ¿Dicen que mañana adelante el capítulo del viernes? Jajaja Esto solo puedo hacerlo mientras los capítulos sigan siendo de tamaño mediano.

Bueno, Edward parece que será paciente con Bella, y honestamente lo necesitará ¿o no? Jaja, ella no está lista para perdonar.

Gracias por leer 💖