Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Powered by 23 Kicks, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Powered by 23 Kicks. I'm only translating with her permission.
Capítulo 6
Di vueltas y vueltas en la cama esa noche, golpeando mi almohada ferozmente, fingiendo que era el estómago de Edward Cullen.
¿Parte de mí comenzaba a agradarle?
Qué mierda.
Eso sería como intentar ser amigo de un león que estaba hambriento y queriendo convertirme en su comida. Una situación completamente idiota y sin salida.
Y, ¿por qué estaba igualando a Edward con un león hambriento? Esa también era una imagen sexy.
Sin pedirlo, comencé a imaginarlo tomando lo que él quería, simplemente ignorando mis objeciones mientras se estiraba para agarrarme, jalándome contra su pecho desnudo.
Detente, imaginación cachonda.
Odiaba que pensara que él era hermoso y sexy. Odiaba que su encanto paciente estaba derribando mi resistencia. Odiaba que él pareciera tan diferente al niño molesto de mis recuerdos. Que me agradara, incluso un poco, parecía el peor tipo de traición a la Bella de diecisiete años.
Edward Cullen la había hecho llorar y sentir como una basura inservible demasiadas veces.
Ahora, él quería mi perdón por todo eso. Podía ver que él lo deseaba mucho también, pero no entendía por qué le importaba demasiado. Seguramente, él tenía mejores cosas que desear en la vida, especialmente considerando que él parecía muy alejado a todo lo que solía ser. Él había dejado atrás al imbécil y había emergido en su mejor versión. No hubiera pensado que él registrara mi lugar en su vida en ese entonces.
Mi garganta se cerró. ¿Querría tanto mi perdón si siguiera siendo gorda y poco atractiva? ¿Aún me miraría con gentileza y suavidad, prácticamente implorándome que le diera lo que quería, si fuera fea?
La idea hizo que levantara los brazos y los envolviera alrededor de mi cuerpo en un abrazo. Dolía mucho, porque no creía que él desperdiciaría tanto tiempo en mí, si no hubiera florecido en lo que lucía hoy. Hermosa por fuera o no, la chica de la que él se burló seguía siendo gran parte de mí. Y debería haber sido suficiente para repugnarme y desagradarme por completo, pero ¡diablos! Él era difícil de resistir, tanto su rostro hermosamente contrito y sus palabras persuasivas, y podía sentirme... volverme débil.
Era patética.
Marte, al parecer, no estaba aceptando estudiantes nuevos; tendría que quedarme en la Tierra.
Tampoco podía cambiar mi clase de biología.
Bueno, era eso o gimnasia.
Sopesé los pros y los contra en mi mente. Sudar y jadear detrás de chicas más delgadas que yo mientras corríamos en un horrible uniforme de gimnasia que revelaba lo enorme que era mi trasero, o sonreír y soportar lo que fuera que Cullen me lanzara.
Quizás la clase de gimnasia me podría ayudar a perder un poco de peso. Pero entonces, la clase de gimnasia no incrementaría las probabilidades de entrar a la universidad; Dios sabía que definitivamente no buscaba algún tipo de beca deportiva. Pero biología avanzada quizás sí.
Bien. Me quedaría con biología.
Me aseguré de llegar a clase temprano. No había manera de que caminara por el pasillo frente a Cullen y sus secuaces de nuevo.
Cuando llegaron y me vieron, retomaron de donde lo dejaron.
—Ella volvioooooó —dijo el de cabello rubio y flácido, mientras él y su amigo caminaban hacia la mesa frente a donde me encontraba.
Nada como anunciar lo obvio. No podría ir mal.
Cullen entró justo antes de que sonara la campana, poniendo los ojos en blanco cuando me vio sentada allí. Lo sabía, porque mantuve mi mirada en él hasta que me miró con desdén y tuve que apartarla.
—Sabía que era demasiado bueno para ser verdad que tu trasero hubiera desaparecido —dijo entre dientes.
—Sabía que era demasiado bu-bueno para ser verdad que tu trasero hubiera a-abandonado la clase —dije en respuesta, lo cual hizo que los tres rieran.
—Me-Me has pillado allí, espanto —respondió.
Lo ignoré después de eso.
Y entonces el profesor de biología me llamó.
—Hola, de nuevo —dijo alegremente—. ¿Debes ser Isabella Swan?
Asentí, tratando de no encogerme.
—Patito feo —dijo Cullen suavemente a mi lado—. Jamás serás algo más que eso.
Volteé para fulminarlo con la mirada. ¿Cuál era su problema conmigo?
—Vete al diablo —dije, usando su frase.
Echándole un vistazo al profesor para asegurarse que él no estuviera mirando en nuestra dirección, Cullen se deslizó amenazadoramente hacia mí. Él se acercó lo suficiente que podía sentir el calor de su cuerpo.
—No te metas conmigo, Isabella Swan —dijo en un tono frío y firme que hizo que el vello de mi piel se erizara—. O te arruinaré tanto que desearás estar muerta.
Mientras fulminaba con esos ojos hermosos los míos abiertos de par en par, ya deseaba estar muerta. O ser invisible. O estar sudando en el gimnasio.
Antes de apartarse, empujó mis libros al suelo. Estos cayeron con un gran golpe que llamó la atención de todos, y ardí en llamas por la vergüenza.
—Lo siento —le susurré a todos y a nadie mientras me apresuraba a levantarlos.
—Eres patética —me dijo Cullen después.
Por alguna razón, él seguía mirándome. Antes de darme cuenta lo que estaba haciendo, se acercó a mí de nuevo, su mano levantándose para juntar las mechas largas de cabello de mi cuello. Sentí un leve tirón que eventualmente se incrementó, y me di cuenta que él estaba envolviendo mi cabello alrededor de su muñeca.
—Así es —dijo Cullen, y era un susurro caliente contra mi oído. Extrañamente, su voz no era fea y burlona como estaba acostumbrada a escuchar, sino que placenteramente sedosa y juguetona—. Voy a... arruinarte... tanto.
Él jaló mi cabeza hacia atrás por el cabello, y escuché los latidos de mi corazón en mi oídos —bah-bang, bah-bang, bah-bang— y me preguntaba qué diablos estaba pasando. Cuando llevé mi mirada hacia él, vi la sombra de una barba en la mandíbula de Edward Cullen, sus ojos en mi boca mientras se acercaba.
El mundo se inclinó sobre su eje, haciéndome caer de cabeza en mi cama mientras me despertaba con un chillido.
Santo cielo, ¿qué fue eso? Con mi corazón latiendo como si estuviera en una maratón en mi garganta, abrí y cerré las piernas bajo las mantas de la cama.
—¡Demonios! —grité en el oscuro silencio de mi cuarto.
~PJE~
Prepararme para el trabajo más tarde esa mañana fue raro.
Me sentía rara. Vulnerable. Avergonzada, y como si alguien sería capaz de sentir que casi había tenido un sueño húmedo con mi jefe con solo una mirada.
¡No, diablos! El sueño había sido sobre el matón de mi infancia quién se había convertido en mi jefe lujurioso.
Freud estaría maravillado.
Hablemos de viaje mental. Aparentemente, la mía no estaba funcionando completamente bien, porque de verdad había ansiado tener la boca de Edward Cullen sobre la mía.
Era mortificante.
Era horripilante.
No sabía si estaba más molesta o aliviada de que hubiera despertado cuando lo hice. Solo unos segundos más, y hubiera sentido el suave calor de sus labios...
Los cuales me hubieran necesitado para llamar para pedir el día.
Así que, en serio, gracias a Dios que nada había pasado.
Observé furiosamente a la chica pálida en el espejo, tratando de encontrarle el sentido a todo.
¿Por qué diablos soñaría tal cosa? ¿Era la ira que aún sentía en lo profundo, la cual estaba confundiendo por atracción? ¿Necesitaba tener una charla con mi inconsciente?
Incluso si no tuviéramos una mala historia, era peligroso desear a Edward Cullen. No solo él era mi jefe, sino que era un hijo de puta apuesto y orgulloso que estaba al tanto de ello—y no me importaban los de su tipo. No me importaba quién había sido, y tampoco me importaba quién era ahora.
Tranquílizate, me dije a mí misma mientras me cepillaba los dientes agresivamente. Probablemente todas las mujeres en la oficina tienen sueños perturbadores con él.
Como resultado de mi confusión interna, me vestí para matar con una falda gris con lunares negros larga hasta las pantorrillas. Era ajustada, obligándome a dar pasos pequeños y afeminados.
O, quizás eran las botas con tacón aguja.
Mi blusa negra era floja con un cuello V y con volados en su parte inferior, los cuales rozaban la parte superior de mi trasero. Con mi cabello marrón oscuro sobre mi hombro en una coleta larga, y un par de gafas de sol grandes sobre mi nariz, sentía que mis nervios se calmaban.
Durante la caminata de cinco minutos desde mi apartamento, por la calle Franklin hacia el edificio donde trabajaba, las miradas de admiración enviadas en mi dirección estimulaban mi ego herido.
Gracias, gracias a todos, por su ayuda en elevar mi triste inseguridad. Aunque había mejorado mucho desde los días infernales de secundaria de Edward Cullen, aún habían momentos cuando necesitaba un poco de apreciación por lo lejos que había llegado.
Alice me miró sorprendida cuando me vio acercarme, e hice una mueca.
¿Era demasiado?
Al diablo.
—¿A quién intentas impresionar? —Tanya preguntó secamente mientras echaba un vistazo a mi vestimenta.
Oh, genial. ¿Ahora tenía que tener una excusa?
—Puede que salga después del trabajo —respondí, mientras me quitaba las gafas y las dejaba en mi escritorio.
—¿De caza? —preguntó Alice con una sonrisa, sus brazos colgando sobre la baja pared que separaba nuestros escritorios.
De hecho, quizás lo haría. Después de una semana de sueño horrible y sueños perturbadores sobre Edward Cullen, evidentemente era momento de reemplazarlo con el rostro de otro hombre. A pesar que nunca había salido con el propósito de encontrar una aventura de una noche, quizás si encontraba al hombre correcto, podría hacerlo.
Extrañaba a Paul, mi amigo con derechos. Como baterista de una pequeña banda de rock, él era un completo ligón y obsesivo del control. Él había querido exclusividad, pero tampoco podía evitarlo si había una chica bonita cerca—él expandía los límites para ver qué tan lejos podía ir con ella. Así que, sí, no había muchas posibilidades de una verdadera relación allí.
Pero como un amante ocasional, no había encontrado alguien a quien se le comparara. Paul había sido divertido y experimental, a veces incluso presionándome para hacer un trío, pero no me gustaban las chicas. Tampoco me gustaba compartir. Hasta que él se mudó el año pasado, lo había mantenido casual con él simplemente porque el sexo había sido increíble.
Sí, estaba inquieta y cachonda. Aunque mi vibrador era usado regularmente, había pasado mucho tiempo desde que había tenido a un hombre.
—¿Necesitas una compañera? —preguntó Alice—. Jasper trabaja hasta tarde esta noche, así que no hay necesidad de que me apresure a casa.
No, solo un hombre.
—Quizás —dije.
—Ustedes dos están locas —dijo Tanya—. El covid sigue estando, ¿saben?
Realmente no me agradaba Tanya. Con su cabello largo castaño rojizo y cuerpo alto y esbelto, ella era una de las chicas más hermosas que jamás había visto. Pero también tenía habitualmente una de las expresiones más amargas de las que jamás había visto. Ella siempre me veía como si me faltara algo, lo cual me recordaba demasiado a mis viejas inseguridades.
—Usaré una mascarilla y practicaré el sexo seguro —le dije, justo cuando Edward giraba en la esquina del cubículo de Alice.
Me sonrojé cuando su mirada curiosa se encontró con la mía. No porque él me hubiera escuchado, y no porque él luciera precioso hoy completamente de negro, sino por mi maldito sueño. Pon una pequeña barba de un día en su mandíbula, a sus ojos una expresión cargada y aletargada, y allí estaría el rostro que había visto hace solo unas horas atrás.
—Buenos días, Edward —ronroneó Tanya, saliendo de su cubículo, aparentemente para mostrar sus piernas en la corta falda que tenía puesto. Eran un par de piernas increíbles, también; le otorgaría eso.
—Buenos días, señoritas —dijo, mientras nos saludaba a cada una. Una de sus manos fue a su cabello en un movimiento inconsciente para quitarlo de su frente—. Hay una reunión de estrategia esta mañana para analizar una nueva cuenta. Están buscando una agencia de publicidad, así que necesitamos proponer ideas.
Él volteó hacia mí, y cuando habló, mi corazón saltó a mi garganta.
—Bella, me gustaría que asistieras —dijo—. Eres buena con las ideas creativas. Sé que esto es inusual, pero necesitamos la ayuda de todos.
—Pero ella sigue en capacitación —dijo Tanya, una mirada de asombro en su rostro.
Me sonrojé de nuevo por una razón diferente. No seguía en capacitación.
Alice frunció el ceño.
—No lo está. Ella está haciendo un trabajo ejemplar por su cuenta.
—Sin embargo, las personas van a molestarse de que sea incluida —dijo Tanya con un bufido—. Bella ni siquiera ha estado aquí por dos meses.
Edward lucía tranquilo y molesto.
—Envíame a quien sea que esté molesto, Tanya. Me gustaría saber quién no tiene espíritu de equipo.
Eso la calló.
Quince minutos después, me encontraba en la sala de conferencias donde había tenido mi no-entrevista con Edward. Estábamos varios de nosotros: Gerentes de Cuentas Senior, personas de Diseño Gráfico, y departamentos de Publicidad, Edward, Alice, y yo.
No, no me sentía para nada fuera de lugar.
Mientras Edward explicaba lo que el cliente hacía, estudié su sitio web en el iPad frente a mí. AccuTemp era una compañía de equipamiento de cocina comercial que vendía vaporeras, planchas, y sartenes. Grandes y burdos, su equipamiento de acero inoxidable sería difícil de glorificar en las redes sociales.
—Su paquete actual de publicidad consiste en folletos rudimentarios y un sitio web estático únicamente —dijo Edward—. Así que, tenemos un rango completo de tiendas a las cuales sacar provecho. ¿Ideas?
Por alguna razón, su mirada penetrante giró inmediatamente hacia mí. Estaba esperando que alguien más hablara primero, y eché un vistazo a Alice. Ella levantó sus cejas en mi dirección.
Ve a por ello, chica, ella parecía decir.
—Bueno, grande y burdo o no, tenemos que llevar esas cajas de acero inoxidable a Instagram y Pinterest —expresé—. Me pregunto si varios de sus clientes actuales nos permitirían usar sus cocinas e historias como inspiración para los futuros clientes.
Desde el otro lado de la mesa, podría haber jurado que los ojos de Edward se suavizaron mientras me miraban. Seguramente lo había imaginado.
—¿Puedes expandir eso?
Vacilé, asimilando las expresiones de las otras personas sentadas alrededor de la mesa. Nadie parecía estar incómodo de que yo estuviera hablando, o si lo estaban, lo escondían bien.
—Contactamos a sus clientes más exitosos y más grandes. Les preguntamos si podríamos enviar un fotógrafo y un escritor, con el propósito de usar sus historias de cocina sobre el equipamiento para seducir a nuevos compradores. También podría ser publicidad gratis para el cliente.
—Esa es una idea increíble, Bella —dijo Ben. Hoy, él tenía puesto anteojos con montura de carey que hacían lucir su rostro de bebé serio y estudioso. Definitivamente sexy—. Yo seré el que supervisará a este cliente, y no me molestará plantearles la idea. ¿Quizás podrías ayudarme?
Sonreí.
—Por supuesto.
Alice hizo un sonido de disconformidad, y entonces Edward habló.
—Lo siento, Ben, pero Bella no ha sumado las cinco cuentas usuales aún, y sigue trabajando bajo la dirección de Alice.
Ben y yo intercambiamos una rápida mirada ante la respuesta fría de Edward.
Allí se va el trabajo en equipo.
Pero también rogaba la pregunta de por qué estaba en la reunión de estrategia en primer lugar. Ya que claramente, no era capaz de lidiar con las cinco cuentas usuales aún.
—Creo que vas por el buen camino con la idea de la entrevista, Bella —dijo Edward, y me dio una mirada penetrante antes de echarle un vistazo a Ben—. Pero quizás podríamos filmarlo mejor, Ben. ¿Crear un banco de pequeños episodios? Mantén el presupuesto en mente también.
—Por supuesto. —Ben era amigable, fácilmente cediéndole el paso a Edward.
Observé los dedos de Edward —fuertes, rápidos, y capaces— mientras escribía algo en su iPad. Mientras levantaba los ojos hacia su rostro, su mirada se encontró con la mía. No paraba de ver esa expresión confusa que tenía en mi sueño. Tragando, aparté la mirada.
Mierda, ¿por qué él siempre parecía pillarme mirándolo?
—Este será su décimo año en el negocio —notó Alice—. Podríamos hacer un "Resumen de Diez Años" para su sitio web, con avances que los lleven allí desde un número de plataformas. Estoy de acuerdo con Bella, y creo que es clave introducirlos a las redes sociales lo más pronto posible.
De nuevo, noté que Edward estaba escribiendo algo en su iPad. Parecía que él estaba grabando notas durante nuestra reunión. No comprendía por qué encontraba eso cautivador.
—Partiendo de la idea de episodios de pequeñas entrevistas, quizás AccuTemp podría hacer unos tutoriales de recetas cocinadas con su equipamiento una vez al mes, algo que podríamos filmar y compartir en su canal de YouTube —sugirió Angela. Del departamento de Publicidad, ella era una persona pequeña, la cual probablemente fuera la razón de que usara un rodete alto en su cabeza. Aunque le daba varios milímetros de altura, su presencia en general era lo que la hacía parecer más alta para mí.
Betsy Cope, directora del departamento de Diseño Gráfico, tuvo una idea sobre actualizar el logo de AccuTemp.
Treinta minutos después, habíamos creado un plan sólido y multifacético para proponerle a AccuTemp, y me estaba sintiendo enérgica por la colaboración. También me sentía renuentemente impresionada por la habilidad de Edward para sonsacar nuestras mejores ideas, mientras que sugería mejoras que nos mantenía bajo el presupuesto de AccuTemp.
Mientras nos parábamos, Ben caminó alrededor de la mesa para hablarme. Él tenía el tipo de rostro que parecía sonreír a pesar de que no lo estaba haciendo.
—Hola, Bella. Disfruté tenerte en nuestra reunión, un conjunto de opiniones frescas siempre es bien recibido. Creo que tu idea sobre las historias de los clientes va a ser un éxito también.
—Eso espero —dije, captando la mirada de Edward sobre el hombro de Ben.
—¿Cómo vas con Luxe? —preguntó Edward.
Ben dio un paso atrás para permitir a Edward en nuestro círculo, y entonces se estiró para tocar mi hombro. Me sorprendió.
—¿Quizás podríamos almorzar algún día pronto?
—Claro —respondí—. Eso me gustaría.
Y entonces éramos solo Edward y yo en la sala de conferencias.
Me moví para colocar una silla entre nosotros.
—Luxe —comencé, mis ojos fijos en la mesa, ya que no era capaz de mantener la mirada firme y excrutadora de Edward sin imaginar la manera en que él lucía en mi maldito sueño—. Bueno, estoy segura que Alice ha estado manteniéndote al tanto, pero Eric, él es mi contacto, acaba de darle luz verde a mi idea sobre un enfoque inclusivo que incluyera a sus empleados LGBTQ, para el Mes del Orgullo.
—¿Y el departamento de Diseño Gráfico está siguiendo tus conceptos?
¿Por qué tenía la idea de que él simplemente estaba haciendo preguntas tontas para mantenerme aquí con él?
Asentí.
—Riley parece estar en la misma página como yo cuando explico lo que estoy visualizando. Él también es genial aceptando los deseos y las necesidades del cliente, incluso si eso quiere decir cambiar el diseño.
—Genial —dijo Edward. Tenía una expresión rara en su rostro, como si yo hubiera dicho algo inesperado.
—¿Eso es todo? —pregunté, dando un pequeño paso hacia atrás.
Sus ojos volvieron a los míos, y los míos regresaron a la mesa.
—Sí, eso es todo. Gracias, Bella.
—Oh, gracias a ti, Ed —dije con un último vistazo a su rostro.
Hombre estúpidamente hermoso.
Cuando me fui, podía casi sentir sus ojos en mi trasero mientras me seguía al salir de la sala.
Electrificaba mi sangre y llenaba mi estómago de mariposas, aterrándome.
¿Será que Edward escuchó lo que Bella planea hacer después del trabajo? Es obvio que le gusta, pero la tiene difícil, muy difícil jajaja
Gracias por leer :)
