Esta historia se escribió hace 10 minutos mientras viajaba en un taxi, se me vino la idea a la cabeza y no me la pude sacar. Así que aquí tienen un breve fic en lo que tengo listo el nuevo lemon.


Kagome estaba fascinada con la novela occidental qué le había prestado su amiga Ayumi. Los personajes eran tan abiertos en sus emociones y deseos, todo lo contrario a lo que estaba acostumbrada. Mientras leía no pudo evitar sonrojarse en algunas ocasiones.

Lo que más le llamó la atención era cuando los personajes se despedían o saludaban de beso. Familia, amigos, conocidos y parejas amorosas. Se preguntó cómo sería hacerlo con su familia. Saludarlos con un beso cuando llegue a casa y cuando se fuera. Le parecía una linda manera de expresar su alegría al verlos. Estaba tan distraída pensando en que comenzaría a practicar con ellos cuando regresará a casa qué no se dio cuenta de la hora.

Se despertó de pronto de sus ensoñaciones y saltó guardando todos sus materiales escolares en su mochila. Tenía que irse antes de que anocheciera. Ya le había prometido a sus amigos que regresaría en solo dos días, entregaría su trabajo de literatura, haría compras de provisiones y estaría de vuelta en un parpadeo.

Sus amigos al darse cuenta que era momento de despedirse se levantaron de sus lugares alrededor del claro donde habían pasado una tarde tranquila. Inuyasha saltó a tierra desde su lugar en el árbol y los siguió a paso pausado con su ceño fruncido como cada vez que ella tenía que regresar a su tiempo.

Justo cuando llegaron al pozo Kagome levantó a Shippo para darle un beso en la mejilla. El recuerdo de las muestras de afecto al despedirse regresó a su mente, ¿qué podría salir mal?

— Nos vemos pronto, prometo regresar en dos días.

El niño agitó su cola con emoción por la demostración cariñosa.

— Nos vemos pronto Kagome — dijo Sango antes de ser rodeada por los brazos de Kagome en un rápido abrazo.

Cuando se acercó a Miroku para abrazarlo también, su enorme sonrisa le hizo erizar la piel de la peor manera, por lo que él se tuvo que conformar con un golpe amistoso en el brazo.

Justo en el momento en que estaba frente a Inuyasha y el pozo, Miroku alzó la voz en indignación.

— Señorita Kagome me ofende que piense que yo pueda aprovecharme de su muestra de afecto amistosa cuando nuestro querido Inuyasha está tan cerca.

— Lo siento Miroku, no confío en esa mano maldita ni en tus palabras, me das a entender que si Inuyasha no estuviera aquí entonces me tocarías el trasero.

— Pero…

Kagome dejó de escuchar a medias lo que decía el monje para despedirse del hanyo.

— Me voy, si necesitas o quieres algo puedes venir a casa.

Justo en el momento que Inuyasha resopló con molestia, algo extraño pasó. Kagome miró brevemente a Miroku y Sango discutir pero rápidamente se giró de nuevo hacia el rostro de Inuyasha, se puso de puntitas y sin más le dio un beso en los labios. Ambos se quedaron en shock brevemente con los ojos bien abiertos y los labios trabados.

Kagome fue la primera en saltar hacia atrás, se sonrojo desde el cuello hasta la punta del cabello. Sango y Shippo los miraban con la boca abierta pero la sonrisa come mierda de Miroku no presagiaba nada bueno así que hizo lo más sensato. Se dio la vuelta arrojándose al pozo sin elegancia y huyó en el tiempo.


Inuyasha estaba congelado…

¡¿Qué demonios acaba de suceder?!

Había visto el extraño comportamiento de Kagome, toda empalagosa con sus amigos. Tenía cierta curiosidad si también lo abrazaría. Él no quería el abrazo, por supuesto que no, era solo curiosidad. Sintió malestar en el estómago al verla besar a Shippo pero decidió ignorarlo ¿quién quería un estúpido beso?... O eso pensaba hasta que lo besaron.

Por un breve momento de pavoneo con la idea de que a él lo habían besado en los labios, eso era aún más íntimo, nadie más tenía ese privilegio. No es que él quisiera besos todo el tiempo, tenía cosas mejores en las que pensar que en los labios húmedos y suaves de Kagome. No podía detenerse a pensar en besos robados en la noche, detrás de los árboles, en su habitación del futuro… todos esos pensamientos pasaron como una ráfaga en segundos hasta que Kagome se arrojó por el pozo y él miró a sus amigos con extrañeza, todos estaba en silencio atónito pero la expresión pervertida de Miroku prometía tantas burlas a largo plazo qué por fin todo se asentó en su mente.

¡KAGOME LO HABÍA BESADO EN LOS LABIOS FRENTE A TODOS!

Inmediatamente se sonrojo del mismo tono que sus ropas. Gruñó justo en la cara del monje siseando su amenaza entre dientes.

— ¡Ni una jodida palabra libidinoso! Si dices algo más sobre esto o incluso si veo una mirada que indica que estás pensando en eso, recuerda que pasamos mucho tiempo juntos solos. Te puedes ahogar en la siguiente fuente termal, un Yokai puede arrancarte la cabeza por error o te puedes resbalar por el siguiente barranco qué pasemos. ¿Quieres que Sango sea viuda antes de tiempo?

Cuando vio morir la sonrisa de Miroku y el color desaparecer de su rostro, se dio cuenta que había dejado claro su punto. Por lo que aún con el rostro encendido saltó a los árboles y desapareció en el bosque. Tal vez cuando el montón de chismosos se fuera lejos del pozo él podría ir tras Kagome y conseguir un abrazo o un nuevo beso.

Un hanyo poderoso como él no necesitaba otro beso, solo quería saber por qué el escándalo al respecto, por que los humanos querían besarse todo el tiempo. Y dejarle en claro a Kagome qué si se atrevía a besar a Kouga de esa manera le iba arrancar la cola y metersela por la garganta al estúpido lobo. Sí solo era eso. O por lo menos es lo que se dijo así mismo constantemente. Mientras se posaba en una rama alta y esperaba que se despejara su camino al pozo y al futuro.