No poseo los personajes de la serie New World Zorro ni obtengo beneficios por publicar esta historia.

Tan ardiente.

Victoria cogió una silla para colocarla frente al armario de la cocina y poder alcanzar una caja que estaba sobre él. "Creo que guardé esa bolsita en una caja que puse ahí arriba." dijo a su ayudante.

Pilar ya había terminado de fregar los platos. "¿Quieres que suba yo a buscar?" dijo mirando a Victoria. "Soy un poco más alta."

Ella se giró un poco para responder. "No, con la silla sí que llego, vete ya a casa, que se nos ha hecho tarde. Nos vemos mañana."

"De acuerdo, hasta mañana." dijo Pilar saliendo por la puerta de atrás.

Victoria cogió la caja y la abrió, pero la especia que buscaba no estaba ahí. Sin embargo al fondo había otra caja, así que se puso de puntillas para alcanzarla. Con la punta de los dedos consiguió arrastrarla con dificultad. Al llegar al borde del techo del armario se enganchó con algo y ella dio un pequeño tirón para liberarla; al hacerlo la silla se bamboleó haciendo que ella se sobresaltara. Al sacudir las manos tratando de recuperar el equilibrio dio un manotazo a la caja, que se abrió y comenzó a caer. Victoria trató de cogerla al vuelo, pero solo consiguió golpearla con los dedos, la caja se dio la vuelta y una bolsa de tela que había dentro se estrelló contra ella, esparciendo su contenido en una nube a su alrededor.

La cayena de la bolsa se le metió en los ojos y la nariz, haciendo que lagrimeara y comenzara a estornudar. A ciegas intentó mantener el equilibrio sobre la silla mientras estornudaba una y otra vez.

"¡Victoria! ¡No te muevas!" dijo una voz masculina que ella conocía muy bien. Ella trató de agarrarse al mueble mientras seguía estornudando y notó como unas manos la sujetaban de la cintura.

"Eso es, despacio." dijo él mientras ella bajaba de la silla. "¿Qué te ha pasado?" preguntó él con preocupación mientras la ayudaba a sentarse.

"Cayena." dijo ella justo antes de estornudar otra vez y sin poder abrir los ojos, que le escocían y lloraban..

"Te traeré algo para que te laves la cara." dijo él inmediatamente. Ella acercó las manos a la cara para rascarse los ojos, pero oyó que él exclamaba desde el otro lado de la cocina. "¡No te toques los ojos! Espera hasta que te hayas lavado las manos." le aconsejó. Ella tosió y gimió, frustrada, mientras oía cómo él accionaba la bomba de agua.

"Sé que es difícil, pero tienes que intentarlo." Ella oyó pasos acercándose y un ruido de algo que él depositó sobre la mesa, luego arrastró la mesa hasta donde estaba ella. "Tienes una cazuela con agua frente a ti. ¿Hay paños limpios en el armario?"

"Sí, en el segundo estante."

Ella comenzó a lavarse las manos e inmediatamente sintió un paño húmedo sobre los ojos. Él limpió los párpados sin frotarlos, apretando suavemente contra la delicada piel y utilizando zonas distintas de la tela cada vez. Ella empezó a sentirse aliviada. La voz dijo desde su derecha. "Aquí tienes otro paño limpio."

Ella tendió al mano y él se lo dio para que ella se secara.

"¿Te sientes mejor?"

"Sí, menos mal que has llegado justo a tiempo, creí que me iba a caer." dijo ella parpadeando con fuerza mientras abría los ojos. Él estaba algo inclinado hacia ella, y ella aún tenía la visión borrosa por la especia picante. Lo primero que pudo ver fue su boca, con una expresión seria. "No sé cómo te las apañas para estar aquí justo cuando necesito que me rescates." dijo ella, alegrándose de que él estuviera allí a pesar de lo incómodo y ridículo de la situación.

"Me alegro de haberte podido ayudar." dijo él.

Ella alzó la vista, que ya se le iba aclarando. "Yo también me alegro…" se quedó con la boca abierta. "¿Diego?"

"Sí, claro, soy yo. Estaba trabajando en el periódico y no me he dado cuenta de que se me hacía tarde. Al salir he visto luz y he pasado a darte las buenas noches. ¿Ocurre algo?"

"¡Eres tú!" exclamó dándose cuenta de que sí era su héroe el que la había rescatado, esta vez sin su máscara.

"Pues sí, soy yo. ¿Qué es lo que te pasa?" dijo Diego algo alarmado.

"No, claro que eres tú, Diego. ¡Pero además también eres tú!"

"Victoria no te entiendo." dijo él preocupado.

"Eres…" miró alrededor, asustada, luego se levantó y se dirigió a la cortina, asomándose para comprobar que no había nadie en la sala. Diego la siguió, sin entender su comportamiento, y al darse ella la vuelta bruscamente se lo encontró justo detrás.

"Tú eres el Zorro." dijo con tono acusador aunque en un susurro.

Diego se quedó ahí mirándola sin saber qué decir. "Eh… bueno..."

Ella se cruzó de brazos y ladeó un poco la cabeza. "¿Eso es todo lo que tienes que decir?"

"Lo siento, no esperaba que después de tanto tiempo te dieras cuenta así, de repente." dijo él mientras trataba de recuperar sus funciones cerebrales superiores, aunque con escaso éxito.

"Supongo que crees que soy demasiado tonta como para darme cuenta de las cosas." dijo ofendida, alzando la voz.

"No, es solo que no te has dado cuenta los últimos seis años, pensé que seguirías sin sospechar nada hasta que te lo dijera, y que incluso así te costaría creerlo."

"¿Y tenías planeado contármelo algún día? Porque no parece que tuvieras mucha prisa por hacerlo."

"No sabía cómo." confesó él. "Habíamos acordado que esperaríamos hasta que el Zorro no fuera necesario. Además, las veces que he intentado hablar contigo, darte alguna pista, siempre parecías convencida de que detrás de la máscara había alguien… no sé, más impresionante que yo."

"En realidad fuiste tú el que decidió no contármelo, yo te pedí que te quitaras la máscara. ¿Y cuándo he dicho yo algo así?" dijo ella con desconfianza.

"Lo dijiste cuando te pregunté si podrías querer al Zorro cuando se quitara la máscara y resultara ser un tipo corriente como yo. También estuviste de acuerdo con mi padre en que si trataba de imitar a el Zorro haría el ridículo."

"No recuerdo exactamente lo que dije." respondió Victoria a la defensiva. "No sabía que lo estabas preguntando en serio. No es justo, porque cuando no llevas la máscara finges que eres otra persona. ¿Qué culpa tengo yo si tú has conseguido engañarme haciendo el ridículo a propósito?"

"Si no fingiera alguno de los alcaldes ya me habría ahorcado."

"Yo no soy el alcalde, no deberías fingir también conmigo."

"No tienes que preocuparte por eso. Está claro que a partir de ahora ya no lo voy a tener que hacer, así que ahora tú también tendrás que guardar el secreto." dijo él empezando a cansarse de que ella le gritara.

"¿Crees que no voy a ser capaz?" dijo ella desafiante.

"Pues tendrás que decírmelo tú. Vas a tener que fingir que no sabes quién está tras la máscara, comportate igual que siempre cuando no la lleve, y cuando el alcalde o unos bandidos amenacen a alguien, tendrá que parecer que crees las excusas idiotas que pongo poder irme y cambiarme de ropa e intervenir antes de que sea demasiado tarde."

"Supongo que podré aprender de ti, que tienes tanta práctica y lo haces como si tal cosa."

"¿Crees que es fácil ocultar la verdad? Pues no, es condenadamente difícil" dijo él exasperado. "Dejar que todos piensen que no puedo defenderme y decepcionar a mi padre, que pretendía que me enfrentara abiertamente al alcalde cuando llegué de Madrid, como si eso hubiera servido de algo."

Victoria cayó en la cuenta de algo. "Entonces no me lo imaginé, aquella noche en el molino sí que querías besarme."

Diego se acercó a ella. "Por supuesto que quería, quiero todo el tiempo. Es lo más difícil de todo, aparentar que no me afectas para que nadie se dé cuenta de lo mucho que deseo besarte cada vez que te veo."

Quizá Diego iba a añadir algo más, pero no pudo porque Victoria se lanzó sobre él para besarlo, con tanto entusiasmo que él tuvo que dar un paso atrás para no perder el equilibrio. Ella supo que tenía razón acerca de lo que dijo en la cueva, el hombre tras la máscara era tan apasionado como el Zorro. Mentiroso y cabezota, pero sin duda apasionado.

Cuando se separaron ambos jadeaban, y Diego se lamió los labios un poco extrañado.

"¿Qué pasa?" preguntó ella.

"No esperaba que nuestro primer beso sin la máscara fuera tan ardiente." Ante la mirada de ella añadió. "Todavía tenías algo de cayena en los labios."

Ella se tocó los labios con los dedos. "Pues has tardado un buen rato en darte cuenta."

"Estaba ocupado con algo más importante." dijo él esperando ver cómo reaccionaba ella. Luego le preguntó. "¿Qué tal tus ojos?"

"Me siguen escociendo un poco."

"Quizá deberías volver a lavarte las manos y la cara para acabar de quitarte el picante de la piel." Él le ofreció otro de los paños, que aún estaba limpio.

"Gracias." dijo ella acercándose al fregadero para mojarlo. Se limpió la cara mientras pensaba qué decir a continuación. Le parecía que Diego estaba tan tenso como ella.

Cuando ella dejó el paño sobre la mesa fue él el primero en hablar. Se acercó a Victoria y cogió su mano. "Necesito saber si quieres seguir adelante con nuestro compromiso."

Ella asintió y alzó la vista, con los ojos aún un poco enrojecidos. "Sí que quiero casarme contigo, Diego, pero lo que no quiero es esperar a que el Zorro ya no sea necesario. Puede que eso no suceda nunca, y ahora que sé cómo encontrarte… No creo que pueda fingir que solo somos amigos durante mucho tiempo."

Diego sonrió levemente. "Habrá que encontrar la manera." luego carraspeó, aún nervioso. "¿Cómo lo has sabido?"

"Por tu voz, y por cómo me has sujetado de la cintura. Estaba segura de que eras tú, quiero decir el Zorro. Siempre vienes cuando necesito ayuda." Ella lo miró a los ojos. "Aunque hasta ahora no he sabido cuántas veces lo has hecho, como Diego y como el Zorro."

"Siempre estaré aquí para ti." dijo él acariciándole la mejilla. Volvieron a besarse, esta vez más despacio.

"¿Ya no tengo picante en los labios?" preguntó ella.

Él la miró muy serio, reflexionando. "Creo que no, pero déjame asegurarme." dijo besándola otra vez.

Cuando se separaron ella se reía.

"Tengo que irme." dijo él también sonriendo.

"Pero te veré mañana." respondió ella esperanzada.

"Puedes contar con ello." aseguró él.

FIN

Nota de la autora:

Esta sólo es una pequeña historia. Por algún motivo la primavera me inspira formas diferentes de que ella por fin se entere. Hace dos años fue "El atraco" y el año pasado "Lluvias de abril".

Espero poder terminar un par de historias que tengo bastante avanzadas y publicarlas en los próximos meses. Hasta entonces gracias por leer.