Notas: Esto transcurriría al final del libro dos, después de la batalla final del 'Words of Radiance'.
Esto también es un Fanfiction y mis ganas de leer más de Syl y Kaladin, no piense mucho más. Solo un breve momento random.
El sonido de la Tormenta resonaba con furia en su inicio ante lo que podía ser una eternidad.
Kaladin tenía un millar de cosas de que preocuparse, la batalla en medio de la Tormenta contra el Shin no fue sencilla, para nada sencilla. El subidón de ánimo e ímpetu hace mucho que se había desvanecido, pero una leve sonrisa agotada aún permanecía.
Muchas cosas que hacer, tanto que hacer… por ejemplo, como cerrar los ojos aunque sea un momento.
Pero su suave felicidad no radica en su tenue victoria, sino en verla a ella.
Vio la figura revolotear de una pequeña dama con vestido azul y figura esbelta, danzando en frente a él en medio del aire, su anguloso rostro era indistinguible, pero esos rasgos era indiscutible de una alteza de un reino más allá del material.
Sus ojos ahora claros, más claros que nunca, la miraron con chispas de calor, con él suspirando y negando con ahora una sonrisa socarrona.
Fue en una Alta Tormenta que la vi bailar por primera vez ¿No?. Fue donde la conocí, parece que fue hace tanto, tanto tiempo…
Su vida de asco girando en una espirar interminable de autodestrucción… esa vida, por el Padre Tormenta, Kaladin volvería a esa vida, si estaba ella junto a él. Gracias a ella es que pudo luchar por salir de ese agujero, ser un Parshmen o algo mucho peor...
Que sería de él sin que ella no este.
Desde que la conoció, las dos veces que se alejó, estuvo muy cerca de estar en un abismo intermitente, casi literalmente.
"¿Porque sostienes esa lanza? ¡Me tienes a mí! ¡Puedo ser lo que quieras!"
Syl se quejó, aunque su rostro no se muestre con claridad la imaginaba haciendo pucheros, mientras aún daba vuelticas bailando, incluso molesta seguía bailando con gracia, mientras miraba como Kaladin sostenía un arma.
Kaladin no se había dado cuenta que antes de tirarse en un rincón de la llanuras quebradas a respirar un rato y recuperar el aliento antes de lanzarse a la tormenta metafórica que era todo, había tomado una lanza tirada de algún campamento desocupado.
Kaladin alzó una ceja, casi divertido hacia su compañera Spren "¿Celos? No deberías"
La Honorspren ladeó la cabecita, sin dejar de dar vueltas para él "¿Por qué no debería?"
"El celoso soy yo, no quiero andar mostrándote por ahí"
Ahí está, lo reconoció, era culpable. Aunque es cierto que tampoco le quitaría los ojos a Roca por ver a Syl, tampoco estaría mostrándola a todo el mundo y luciéndola solo porque sí.
La Spren ladeó su cabecita a otro lado, antes de asentir para si, muy satisfecha con las palabras de su compañero.
"¿Ahora si lo reconoces? Necesito que me aprecies más ¿Sabes? ¡Me duele aún lo que hiciste! ¡Rápido! Podrás hacer un altar ¡Te lo permito! Soy un Dios, bueno, el pequeño pedazo de uno…"
Quiso poner los ojos en blanco, pero negó aún con su sonrisa, pegando la cabeza a la pared mirando la tormenta sobre ellos "Por ahora no, necesito descansar"
Pero tenía que decir algo antes de dormir diez minutos y prepararse para la Tormenta.
"Syl" ella siguió dando vueltas ante él, cuando no está haciendo travesuras o estar sobre su cabeza, ella se quedaba simplemente danzando en el aire como sus primas las vientospren ante Kaladin "No te vayas más, por favor. Si necesito hacer mil juramentos, los haré por ti. Puede que tal vez tropiece y rompa algunos en el camino, pero volveré a recogerlos, si, volveré y los recogeré… pero nunca te traicionaría, porque te necesito a mi lado ¿Lo sabes?"
Si Syl se iba por su cuenta, no le importaría, ya ella habría cumplido su propósito ¿Pero por su culpa? Solo el padre tormenta sabrá lo que descendería Kaladin si ella se iba por su culpa.
Sentir lo que hizo lo desgarro, el sufrimiento de ello aún le carcomía ¿Qué tan bajo cayó cuando eso ocurrió? agradecía al Padre Tormenta tenerla consigo, si, volvería a cargar puentes, mientras esté ella, Kaladin puede volver hacerlo.
Mientras no se convierta en ese miserable hombre de nuevo, lo volvería hacer…
Porque, habría aún esperanza.
La Spren terminó de danzar y encaró a Kaladin que parpadeaba constantemente, con su cabeza cayendo aún lado, somnoliento "¿Mil? ¿Solo eso?"
Él sonrió, sus párpados pesados… dormiría diez minutos, solo diez minutos "Entonces… ¿Mil y uno…?"
Cerró los ojos manteniendo la suave sonrisa, y así la conversación, como las palabras vergonzosas se difumino con el sueño.
Sylpherena sonrió, incluso si su sonrisa no se mostraba, su forma se agitaba feliz, casi radiante.
"Me basta"
