Miren, mi bae ama este fandom y yo no puedo hacer más que complacer (no es como si a mi no me gustara escribirlo)

Advertencia: Mención de violencia

Imagen de portada de Dr. Chalk (Twitter)


La sombra del Rey

El mundo, por distintas razones que varios han intentado explicar, pero que nadie parece entender, ha estado plagado por distintos males desde antes que el tiempo fuera tiempo y los mortales empezaran a contabilizarlo. Sin embargo, algunos de dichos males son más prominentes en el corazón de algunos, por encima de otros, sobre todo en el de los demonios que caminaban la tierra junto a los inmortales, luchando entre ellos guiados por instintos que los humanos habían empezado a olvidar.

Uno de estos males, y probablemente de los más peligrosos, es la avaricia. Como un gusano anidado en sus corazones, devora todo reproduciéndose e invadiendo el resto del cuerpo hasta invadir la mente causando deseos de más, más, más. Es por ello que muchos, humanos y demonios, cometían actos atroces a fin de saciar esa necesidad de nunca acabar.

Es también, por la avaricia ciega, que algunos cometían actos estúpidos sin ser realmente conscientes de cuán estúpidos son.

Un ejército de demonios buey, comandados por su implacable Capitán, tenían alrededor de una semana, poco más poco menos, viajando con dirección a una montaña, de hermosas cascadas y suelo fértil, plagado de árboles y flores, con la intención de saquear los tesoros de su interior. A oídos del Capitán buey había llegado noticia de que cierto demonio, un mono impertinente que respondía al nombre de Sun Wukong, auto proclamado Monkey King, guardaba una increíble cantidad de piezas de oro entre otros artilugios de gran valor, ocultos de miradas curiosas protegidas recelosamente por él mismo.

Por supuesto, rápidamente se convenció que tantos tesoros no podían permanecer un segundo más en manos de un demonio de bajo nivel, por lo que había partido tan pronto como le fue posible junto a su ejercito ignorando las advertencias que otros demonios, que aparentemente se habían encontrado con este Sun Wukong anteriormente, trataron de darle. Algo sobre que había estado en un enfrentamiento directo con el Reino Celestial o que había algo mucho más feroz protegiendo la dichosa montaña. Cobardes todos, fue lo que pensó al iniciar su viaje, ¿Qué podría hacer un simple mono en contra de su ejército completo?

Simplemente lo mataría en cuánto lo viera y se haría con su tesoro.

Según sus cálculos estaban a menos de un día de viaje, posiblemente menos si mantenían el ritmo constante que llevaban; casi podía ver el brillo del oro en sus manos, o quizás es el sol reflejándose en su armadura piensa divertido alzando la mirada al cielo para valorar que tan rápido podrían llegar si aceleraba el paso. Sin embargo, una vez sus ojos alcanzan el firmamento algo se interpone entre la figura del sol y su vista, algo que parece descender rápidamente en su dirección y antes de poder reaccionar la figura de un mono, vestido con una armadura tan brillante como el sol y envuelto en una capa rojiza, se hace perfectamente visible cayendo frente a él con más gracia de la que esperaría de una criatura como esa.

—¡Ja! Sabía que los alcanzaría antes de que llegaran a mis tierras —dice el mono enderezándose con las manos en su cintura, observándolos con una sonrisa prepotente adornando su peludo rostro—. Tengo entendido que es de mala educación tratar de invadir territorio contrario sin al menos una declaración de guerra. ¿O era llegar a un hogar ajeno sin invitación? No lo recuerdo bien, ¡bah! No importa.

—¿Qué demonios…? ¡¿Quién carajo eres?! —grita el Capitán llevando una mano al mango de su arma lo que inmediatamente pone a sus hombres en guardia.

—¡Monkey King, en carne y hueso! Protector de la Flower Fruit Mountain —el mono realiza una mofa de reverencia agitando su cola en el aire de forma burlona—. Un… pajarito me dijo que tendría visitas no deseadas por lo que decidí adelantarme para darles la bienvenida apropiadamente y de paso, ya sabes, invitarlos a retirarse.

—¿Tú? ¿Tú eres el Sun Wukong que vine buscando? —el Demonio buey lo mira de arriba abajo antes de soltar una fuerte carcajada que reverbera a su alrededor espantando a algunas aves que emprenden el vuelo despavoridas—. Eres tan pequeño que podría aplastarte solamente con mi mano. De hecho, eso es exactamente lo que haré.

Sin embargo, tan rápido como desenvaina su arma, Monkey King materializa prácticamente del aire un bastón deteniendo de inmediato su ataque.

—Que consté —dice el mono apartándolo con más fuerza de la esperada—, que intenté ser amable.


El enfrentamiento se detiene un segundo cuando ambas partes paran tomando fuertes bocanadas de aire tratando de ignorar el olor de la sangre que se alza en el aire. Decir que el Demonio Buey estaba sorprendido con la habilidad de pelea de Monkey King sería dejar su reacción corta; a un paso rápido e implacable el mono había acabado con gran parte de su ejército, manteniendo sus propios ataques a raya sin perder el paso de la pelea e incluso se había atrevido a insultarlos y burlarse de su forma de pelear ¡Inaudito!

Sin embargo, a pesar de que le quedan pocos hombres en pie en condiciones más o menos decentes para continuar con la pelea, Monkey King se veía más agotado que él, limpiando la sangre de su pelaje contra la parte superior de su armadura mirándolo con una mirada calculadora. Bufa para si mismo observando el descenso del sol a espaldas del mono, el único indicio de que tenían horas enfrentándose y no meros minutos.

—He de admitir —dice cuando logra recuperar el aliento, irguiéndose en toda su estatura con la intención de verse más intimidante para el diminuto mono—, que eres más formidable de lo que esperaba. Pero eres tu solo contra el resto de mi ejército, estás acabado.

El Capitán espera muchas reacciones tras sus palabras, que Monkey King se rinda en primer lugar, aunque miedo en sus ojos es un buen reemplazo, sin embargo, para su sorpresa el demonio deja escapar una carcajada. Es pequeña al principio, silenciosa que simplemente agita sus hombros, pero rápidamente va escalando en volumen burbujeando desde el fondo de su pecho tornándose profunda y oscura mientras su cuerpo se sacude por completo. Tras de sí, sus hombres se remueven perturbados por el matiz que ha tomado su risa, que parece no tener fin hasta que de un momento a otro se corta por una gran bocanada de aire.

—Estás muy, muy equivocado —el mono se limpia las pequeñas lágrimas de la risa que se habían acumulado en sus ojos antes de enderezarse en toda su altura. Balancea su bastón tomando una postura de ataque llevando una mano a su capa; por un segundo el Capitán cree que va a quitársela, tal vez para evitar que siga recibiendo daño o en un intento de ser dramático; sin embargo, lo que hace el demonio es extenderla lejos de su cuerpo dejando ver el interior.

El Demonio Buey observa el interior de la capa visiblemente confundido, no por la acción de Monkey King, sino por lo que logra ver desde su posición. Mientras el exterior de la capa es de un color rojizo que podría ser confundido con el color de una manzana, o posiblemente un durazno bien maduro, el interior es de un color mucho más oscuro, probablemente el tono de negro más negro que ha visto en su vida jamás. Eso no tiene sentido, piensa mientras una sensación de incomodidad y desasosiego escala por su pecho enredándose en su garganta, no importaba que el sol estuviera justo al nivel de la figura del otro demonio, el interior no debería verse tan oscuro, ni la sombra que crea la capa debería ser tan extensa.

¿En qué momento la sombra alrededor del cuerpo de Monkey King se había vuelto tan grande si aún hay algunos rayos de sol iluminando el lugar?

—La cosa es… —la voz del mono rompe su concentración atrayendo su mirada nuevamente a su rostro, —¿quién te dijo que estaba solo?

Un grito ahogado de uno de sus soldados le hace bajar la vista nuevamente a la capa encontrándose con dos puntos brillantes que no estaban ahí hace un momento, puntos que rápidamente identifica como ojos cuando una figura se desliza desde el interior de la capa hacia el exterior causando que la sombra a los pies de Monkey King aumente de tamaño. La figura rápidamente toma la forma de otro mono, aunque sus rasgos permanecen oscurecidos por las sombras, y se desliza hasta salir por completo de la capa enderezándose por completo. Poco a poco las sombras se deslizan de su cuerpo dejando a la vista varias cosas que le erizan la piel.

La primera, es una enorme sonrisa despiadada que contiene más dientes de los que puede contar. La segunda, es que, si bien sus rasgos son muy similares a los de Monkey King, su pelaje es completamente blanco como el brillo de la luna en su máximo esplendor. Lo tercero, y probablemente lo más escalofriantes, son sus tres pares de oreja haciéndole reconocerle inmediatamente.

Six-eared Macaque. El Demonio podría no haber escuchado más que rumores con respecto a Monkey King, ignorando cualquier advertencia al respecto del demonio, pero había escuchado mucho más sobre el demonio capaz de escuchar el pasado, el presente y el futuro. Sobre todo, había escuchado advertencias de que era un guerrero sanguinario e incluso había presenciado las consecuencias de despertar su furia.

Y tiene a ese sanguinario guerrero parado frente a él, mientras él permanece paralizado en su lugar escuchando, sin atreverse a mirar, como sus hombres se retiran agrupándose a sus espaldas rodeados de copias hechas con sombras de Macaque. El mismo demonio conjura de entre las sombras un bastón idéntico al de Monkey King, quién por su parte suelta una nueva carcajada arrancándose algunos mechones de su pelaje soplándolos al aire e inmediatamente copias de si mismo aparecen a su alrededor.

—Ahora sí, qué comience la fiesta —dice Monkey King consiguiendo un bufido por parte de Macaque, que no pierde el tiempo para lanzar el primer ataque.

En ese momento el Capitán, pronto a punto de dejar de serlo, de un enorme ejercito de Demonios Buey cae en cuenta de que jamás tuvo oportunidad de ganar la batalla. El parloteo de Sun Wukong, al encontrarse, fue una muestra de misericordia y una oportunidad de retirarse cuando aún tenía tiempo. Y él, estúpidamente, la ignoró.