-No quiero que te vayas – susurró el omega adolorido.

Desde que los ataques y la inceridumbre de la guerra habían comenzado en su nación, ver a su enamorado era cada vez menos. Y eso le disgustaba.

-Tranquilo Will, sabes que siempre regresaré por ti – Le respondió el castaño, tomando las suaves mejillas del omega que lo tenía abrazado de sus caderas, intentando retenerlo lo más que pudiera. A veces odiaba que aquel omega rubio del que se enamoró, fuera tan adorable.

- ¿Me lo prometes? – Un pequeño puchero se formó en el rostro del más bajo. Al Cipher le era inevitable observar con sumo cuidado el rostro del alfa: Sus ojos avellana le intrigaban, su cabello castaño lacio le enloquecía y el suave aroma del alfa a frutos secos le fascinaba. Deseaba poder admirar más cada parte del contrario, aunque ya lo conociera tan bien.

Una risilla se escuchó del alfa.

-Te lo prometo, amor mío. – Un suave beso en los labios selló la promesa hacia Will. Ambos cerraron los ojos ante el suave contacto, disfrutaban hasta la más mínima caricia que se dedicaban, pues sus corazones vibraban en deseo ante el amor que se tenían.

-Por favor no te vayas – interrumpió con un susurro el rubio, aun con los ojos cerrados, disfrutando del aroma del ser que le transmitía confianza. Sentía que si abría los ojos, las lágrimas inminentes descenderían en su rostro. – He tenido un mal sueño, tengo un mal presentimiento. No quiero perderte Tyrone.

El nombrado miró los ojos de su enamorado y sonrió suavemente. Conocía bien al rubio. Desde hace más de 4 años que había migrado a las lejanías de su nación y había encontrado a aquel omega, no había hecho otra cosa que pensar en él. Amaba sus cabellos rubios ondulados, sus orbes ambarinos, sus curiosas pecas amarillas que decoraban sus mejillas, su delicioso aroma a vainilla que tanto le enloquecía. Definitivamente, ese era su omega. Y algo que sabía perfectamente de su omega, es que si él presentía algo, es porque algo sucedería, ya que su condición del omega le daba ciertas habilidades únicas.

Pero no retrocedería.

Si necesitaba dar la vida por el pueblo que lo había acogido, lo haría sin dudarlo.

Si necesitaba dar su alma por el omega del que está enamorado, lo haría sin dudarlo.

No dudaría ni por un momento sacrificarse por los que más quiere.

-Es mi deber, tesoro - Le respondió - Pero descuida, daré lo mejor de mí, porque deseo volver a verte- con su pulgar frotó las suaves mejillas de William.

-Llévame contigo - Insistió el contrario. El castaño negó con su cabeza.

-Tu deber es ayudarme desde aquí, con las tácticas de defensa y las emergencias médicas - Besó la muñeca izquierda del contrario, donde un tatuaje en forma de un triángulo se encontraba y el cual representaba su jerarquía en su sociedad. El castaño le recordaba, a través de esa marca, su responsabilidad como líder de los omegas y los betas –Tus ideas siempre nos han hecho victoriosos y tus habilidades siempre nos han ayudado en toda la comunidad – Continuo – Eres valioso, fuerte, inteligente y único William Cipher. No quiero perderte.

El rostro del rubio se cubrió en un suave rubor debido a los comentarios del alfa.

-Entonces daré lo mejor de mí para volver a verte pronto - Le respondió desanimado, mientras jalaba una de las manos del alfa hacia sus mejillas. Amaba esa pequeña, pero placentera acción que le hacía el más alto a él.

El corazón de Tyrone se derretía ante las acciones del omega. Deseaba estar con él para toda la vida. Inclusive pensaba en pedirle matrimonio en cuanto acabará la guerra, para así fundirse y disfrutarse sin límites ni interrupciones. No quería obligarlo a nada, pues respetaba la libertad del omega y no deseaba obligarlo a nada. Ni siquiera lo había marcado como suyo, pues pensaba que los omegas no eran objetos para poseerlos y dominarlos. Si algún día el Cipher se lo pidiera, lo haría sin dudarlo, pues respetaba los deseos del rubio ante su relación.

Todo entre ellos era perfecto.

Lástima que en la guerra y en el amor, hay muchas indiferencias.

-oO◊Oo-

Habían pasado tres días desde la última vez que había hablado con el alfa, y debido a la actual situación de su pueblo, cada momento se impacientaba más al no saber de su amor.

-Ya casi- habló en lo bajo, tratando de consolar a su paciente, el cual, cosía una laceración profunda que se encontraba en su pierna derecha. Herida producto de una trampa que había caído gran parte de los guerreros de su pueblo.

-G-gracias William - respondió el beta en pequeños gruñidos de dolor. Ser costurado sin anestesia era un pequeño martirio.

Los guerreros de su tribu habían cometido el pequeño error de tomar una ruta alterna a la decidida. El error les costó caro al encontrarse con un grupo de turcos ladrones que los superaba en habilidades y en número de guerreros. Solo unos cuantos habían conseguido escapar del ataque, y la mayoría de los que regresaron, se encontraban heridos con grandes cortadas o quemaduras. Lo que más le impacientaba al rubio, era que en todo ese momento que se encontraba ayudando a los heridos, nadie le había dicho nada sobre su castaño enamorado.

No tenía información alguna de sí se encontraba bien o si ya había trascendido con los antiguos al cielo.

Eso lo mataba por dentro.

Pero lo soportaba.

Tenía que ser fuerte para sus compañeros omegas y betas, que estaban bajo sus órdenes. Tenía que ser fuerte para el pueblo.

-¡William! Te necesitamos aquí - Gritó un omega al otro lado de la enorme sala.

El nombrado término de costurar la herida y cortó el hilo con habilidad. Unas breves palabras de aliento fueron la despedida de hacia su paciente y corrió hacia donde lo habían llamado: Un par de omegas trataban de detener la fuerte hemorragia de un alfa, a quien había apuñalado a un costado de vientre. Se veía realmente mal.

El Cipher observo con sumo cuidado la herida y le pidió a uno de los omegas más vendajes, hilos y agujas esterilizadas; mientras que al otro omega pidió que checara de forma constante los signos vitales, limpiará las heridas superficiales del rostro y consolará al paciente, ambas órdenes fueron acatadas de inmediato. El rubio cerró la herida con ambas manos y presionó con fuerza, causando un gemido de dolor en el paciente. No tenían tiempo que perder.

Cuando le llevaron el equipo médico, el rubio ya había controlado gran parte del sangrado, por lo que al tener la aguja e hilo en mano, inmediatamente comenzó a costurar la herida, cerrándola con fuerza y causando más gritos de dolor en el alfa.

Estaba por la mitad de la herida cuando unos gritos, seguidos del sonido extraño de las pisadas de varios caballos, alertó a todos. Las puertas de la entrada fueron inmediatamente cerradas.

-¡Los turcos están aquí! - Se escuchó un grito alarmante de una fuente desconocida.

Todos se tensaron y comenzaron a caer en pánico. El Cipher lo pensó por unos segundos cuando él llamó la atención a todos mediante un fuerte silbido.

-¡No es momento de entrar en pánico! Tomen a los heridos y ¡escóndanse en el refugio! -Ordenó en general. Todos asintieron y acataron las órdenes de forma inmediata, escabulléndose de forma ordenada por un escondite secreto que se dirigía hacia el bosque.

El Cipher al notar la reacción positiva de todos los demás, continuo su labor de cerrar la herida del guerrero afectado.

-Estoy casi muerto, Dejame- Dijo a duras penas el moribundo. El alfa parecía haber perdido esperanza en sí mismo.

-De ninguna manera, estás vivo y no dejaré que tu vida culmine de forma tan horrible - le interrumpió con un deje de molestia y seriedad. Odiaba que siempre quisieran hacerse los héroes o los mártires. El alfa solo sonrió débilmente mientras gruñía en lo bajo por el dolor de los piquetes de las agujas. Al terminar de amarrar las puntadas, William comenzó a vendar la zona para evitar infecciones.

Por fuera de la habitación se escuchaban gritos, estruendos, y el sonido frío de espadas chocando entre sí. Los habitantes de su pueblo se defendían a capa y espada lo mejor que podían de aquellos bandidos desalmados.

De repente, se escuchó, él intentó fallido de las puertas intentando ser abiertas. El Cipher colocó su dedo índice sobre sus labios, como señal de silencio a los que quedaban en la habitación. Las voces de los presentes desaparecieron en su totalidad y apresuraron el paso, tratando de salir de forma silenciosa.

-Aquí deben de estar el resto de esos bastardos ¡Ábranla! - Se escuchó por fuera.

William le indicó al omega que lo acompañaba que lo ayudará a cargar la camilla donde se encontraba el alfa herido. Entre los dos lo cargaron y se escabulleron por el pasillo escondido, siendo los últimos en salir de la habitación.

El sonido fuerte de un golpe a la puerta se escuchó por todo el lugar. Había comenzó a intentar a abrirla.

El rubio cerro la entrada escondida, ocultando su ruta de escape.

La puerta finalmente cedió ante los ataques de los invasores.

-¡Aquí estaban los omegas sin marcar!

-¡Malditos!

-¡Búsquenlos!

Se escuchaba por el lado contrario a su escondite. Debian apresurar el paso.

La larga ruta de escape se hizo eterna para los últimos 3 individuos que escapan del ataque de los turcos, hasta que finalmente vieron la luz al final del túnel, pero no fue para bien.

Los turcos eran demasiados, y había encontrado la salida de su escondite secreto, atacando a los heridos de gravedad y sometiendo a omegas y betas en su lugar. El lugar era un caos y por donde quisiese verlo, era peor.

Por instinto, William empujó a su compañero omega y arrastro al alfa dentro del túnel y lo cerró inmediatamente. Ninguno de los dos dijo nada, y solo alcanzó a divisar la mirada de sorpresa de su compañero omega, quien se aferró al cuerpo del alfa moribundo. Eso calmó al rubio, pues esperaba que ambos se salvaran. El omega rubio comenzó a correr hacia el bosque, en sentido contrario del disturbio.

Un silbido poderoso se escuchó por todo el valle, y muchos turcos se detuvieron de sus sanguinarias acciones para buscar el causante de ese peculiar sonido. Era William Cipher, quien movía ambas manos llamando su atención.

-Vengan por mí, ¡asquerosos malhechores!- y sin más, corrió al bosque.

Un grupo grande de turcos montando a caballo, siguieron al rubio desafiante. Nadie podía insultar el orgullo de los jenízaros, y menos un omega enemigo.

A pesar de la ventaja física de montar a caballo, el omega corría lo más que podían sus piernas. Si aquella acción podría salvar a algunos cuantos de su pueblo, no dudaría en hacerlo más de una vez si pudiese. La persecución del bosque duro unos cuantos minutos, hasta que finalmente, un desalmado a caballo lo alcanzo y logró derribarlo pateándole su espalda.

Las risas de diversión de los invasores se escucharon por todo el bosque.

El omega se levantó tan rápido como pudo y de entre sus ropas sacó un pequeño cuchillo. No se dejaría someter ni llevar tan fácilmente.

-Detente ahí, pequeño bastardo - Uno de los alfas atacantes intentó usar su voz dominante para someterlo. Pero para sorpresa de todos, eso no funcionó.

Los turcos lo rodearon sin dejar de observarlo, dándose cuenta de que ese omega, no era un omega ordinario.

-¿Cuánto crees que no den por él en el mercado de esclavos?

-No lo sé, pero apuesto que será mucho.

- ¿Mercado de esclavos? Deberíamos entregárselo a nuestro sultán ¡Él nos premiará aún mejor!

La risa de aquellos alfas y betas que lo rodeaban no lo intimidaban.

Uno de los alfas atacantes saco su látigo y atacó a uno de sus brazos del omega, enredando el arma en la extremidad ajena. William jaló con fuerza aquella cuerda que lo enredaba, desconcertando al atacante por su peculiar resistencia. Otro enemigo repitió la acción del alfa, enredando su látigo en el brazo contrario del omega. Sin embargo, el Cipher logró mantenerse de pie, mostrando sus pequeños, pero afilados colmillos en forma de amenaza. Los demás atacantes no se dejarían intimidar y repitieron las acciones uno por uno, hasta que finalmente lograron enredar al omega. Y a pesar de verse sometido, aún luchaba buscando su libertad.

Mientras era arrastrado por los enemigos, a lo lejos alcanzó a divisar como una cabellera castaña luchaba fervientemente contra tres de los enemigos. Era Tyrone.

William sonrió con esperanza y gimió necesitado de ayuda, algo que no pasó desapercibido ante los instintos de su enamorado. En tres hábiles movimientos derrotó a sus contrincantes y montando un caballo enemigo, se dirigió hacia su omega en problemas.

Pero antes siquiera acercarse a los atacantes que sometían a su omega, una flecha enemiga atravesó su hombro derribándolo.

Un grito de dolor se escuchó de la boca del rubio. Algo que aturdió a los alfas enemigos del lugar.

Definitivamente, ese omega no era uno ordinario.

Sus atacantes se detuvieron viendo al alfa tirado en el suelo, retorciéndose de dolor, mientras que el omega seguía luchando tratando de liberarse de sus ataduras, arrastrándose hacia el herido. Los turcos rieron, burlándose de las acciones de los amantes.

Un turco bajo de su caballo, se aproximó al herido y sacando su filosa espada de su cinturón, atravesó el abdomen del castaño. Tyrone no pudo siquiera defenderse y William vio como aquella espada filosa teñida en sangre salía del vientre del castaño.

Un segundo gritó se escuchó. Pero inmediatamente fue callado al ser noqueado por uno de los invasores.

Lo último que pudo observar, fue aquellos ojos avellana observándole, pidiéndole perdón en silencio.

Todo se volvió oscuro y silencioso.

Y eso lo aterró por primera vez.