- B-Bill... - interrumpió un peli azul al rubio que se encontraba fumando un cigarrillo recostado en un sillón lujoso, cuya textura realmente parecía de piel de animales... Y de eso mismo estaba hecho...
- ¿Qué quieres hermano? ¡¿Qué no vez que trato de relajarme!?... ¡Sin pino es más difícil sacar este estrés! ¡No está Ahora para complacerme y saciar estas ganas que tengo! - el rubio se levantó de forma brusca asustando al peli azul.
- D-De eso quería hablarte... - Dijo la peli azul con temor a que su hermano lo golpease como la última vez, lo había dejado con un terrible dolor en el vientre de las patadas que este le había dado.
- ¡NO QUIERO A PROSTITUTAS! ¡QUIERO A PINO! SOLO LO QUIERO A Él... ¡Y ESOS MALDITOS NO SE APURAN A ENCONTRARLO! – Grito de forma eufórica el rubio, pateando una mesa de estar con ira, tirándolo con todas las cosas que había sobre ella.
- Hermano... - dijo el azulado recibiendo una mirada aterradora por parte del rubio - Y-y-yo sé dónde está...
La sonrisa del mafioso Bill no pudo haberse ampliado más.
- ¿Estás seguro de que es él? No quiero errores hermanito...
-T-t-totalmente hermano... – Respondió de forma nerviosa - T-T-Tiene el pino e-e-en el Hombro...
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Gemidos mezclados con gruñidos, ambos lo suficientemente fuertes para qué media ciudad de Nearthcity comprendería la indecencia que cometían ambos cuerpos en fricción... Uno rubio, uno castaño...
- ¡Ahhh! ¡B-bill! M-me ¡Agh! ¡Me lastimas!... - el castaño suplicaba a duras penas que aquella calentura del rubio terminara, aun sabiendo que sus súplicas eran ignoradas - ¡D-Detente, por favor! ¡Agh!
- Eso es pino... Gime mi nombre... Q-quiero que todos sepan quién es tu dueño- gruño el rubio en el oído contrario debajo suyo, mientras continuaba sus embestidas dentro del castaño de forma lenta y tortuosa... Causando dolor en el pequeño, pero un placer exquisito en el mismo.
- Tu culo es exquisito pino... Muy... adictivo... - volvió a gruñir, esta vez mordiendo suavemente el lóbulo de la oreja del contrario, causándole escalofrío ante sus palabras de lujuria - vamos pino...- el rubio acelero sus embestidas - ¡Gime mi nombre!
—¡Agh! ¡B-Bill! — grito con lágrimas en sus ojos el pequeño
— Eso es... ¡Dilo más fuerte! — respondió el mayor. Sus manos, como si fueran serpientes hambrientas, acariciaban y rasguñaban con desesperación y deseo el frágil cuerpo del contrario mientras succionaba con firmeza el cuello del castaño.
El Pines no tenía otra opción, tenía que ser seguir las órdenes del mayor, tenía que seguir gritando el nombre de quien abusaba de él... No importaba cuando tiempo o que tanto doliera su garganta de lo seca que estaba por tantos gritos y gemidos que le impedía tragar saliva... Solo importaba que todo pronto acabara... Que el dolor punzante de su trasero siendo violado por la verga del mayor terminara...
Solo importaba complacer al amo Bill Cipher...
—¡B-Bill! Agh D-Detente por favor!...
Las risas de satisfacción del mayor, resonando por la habitación, eran esos recuerdos que lo atormentaban...
Esas pesadillas que cada noche lo perseguían...
Despertó...
Solo una pesadilla más...
Pesadamente, parpadeo, acostumbrándose a la luz intensa de la lámpara del techo, intentaba procesar todo lo que sucedía, pero no lograba dar con algo certero a la realidad. ¿Dónde se encontraba?
Lentamente, se incorporó en la dura cama, sentándose al borde de esta, el cual lo observo por un instante, teniendo en mente solo una cosa "la cama de un hospital", para luego sentir un dolor en su espalda... se frotó de forma persistente su nuca y miro hacia la almohada, realmente esa cama era incómoda y la almohada de lo peor.
De pronto un recuerdo le llego a la mente, tan fresca y clara: había logrado escapar de esa jaula de oro, las lágrimas de felicidad pronto aparecieron en su suave rostro, al igual que una sonrisa combinada con tranquilidad, el saber que es libre por solo un instante de su vida le calmaba.
Al fin despertaste...– el sonido de una puerta abriéndose con mucho cuidado, alertó al menor haciendo que su sonrisa desapareciera –tranquilo, pequeño, estás en un lugar seguro- Terminó de decir la enfermera que recién había entrado a la habitación, con ella traía una charola con una bolsa de suero, un vaso con agua y dos platos...
–¿Dónde estoy? – fue lo primero que dijo el castaño, aún estaba nervioso con la presencia de la extraña enfermera que había entrado a la habitación.
La enfermera rio suavemente –Antes que nada, Buenos días, Osa mayor, ¿Cómo te sientes? – el menor se ruborizó ante lo mencionado, realmente fue un grosero al no dar los buenos días o presentarse, ante todo, sabía que con el apodo se refería a su marca de nacimiento, solo levanto los hombros bajando la mirada, aun con ese rubor peculiar en sus mejillas – Está bien, no te preocupes, y respondiendo a tu pregunta... Estás en el Hospital de especialidades criminológicas de la ciudad –
–¿Criminológicas? – la enfermera asintió, por el contrario, el castaño suspiro, delatando tranquilidad, pues sintió que realmente estaba fuera de aquella pesadilla que lo despertó hacía unos momentos – ¿N-No ha llamado a nadie verdad?
La enfermera negó con su cabeza ante la pregunta mientras se acercaba lentamente al castaño con la bandeja, sacándole unas especies de patas, convirtiéndolos en mesa de cama, y colocándolo frente al único paciente de la habitación. Ahora se podía ver con claridad el contenido de los platos: Uno tenía varias frutas picadas, mientras que el otro contenía algo parecido a una papilla de avena. Al ver el segundo plato, el castaño se sintió asqueado... aquella papilla parecía a fluidos espermáticos, por lo que empujo con suavidad el plato rechazándolo. Opto por comer la fruta con la cuchara... La enfermera lo noto al instante, pero no dijo nada, continuo con su labor cambiando la bolsa de suero que estaba conectada a la muñeca del pequeño por medio de un tubo delgado de plástico.
La puerta de nuevo se abrió, provocando de nuevo una tensión en el menor, la enfermera al notarlo acaricio suavemente su lacio cabello castaño, logrando calmar un poco, al joven de la habitación.
El comandante había entrado a la habitación.
–Muy buenos días, señorita...– mencionó primero el oficial refiriéndose a la enfermera, el cual asintió amablemente– y buenos días, joven- se acercó el oficial extendiendo su mano derecha frente al castaño que lo miraba atentamente – Soy el comandante Alilleri, soy el encargado de tu seguridad y de investigar tu caso, ¿te molestaría que te hable por Osa mayor?
El menor observó detenidamente al hombre que tenía enfrente de él, un hombre alto, fornido, con cabello lacio corto y barba cerrada color negro, cuál azabache, sus ojos con orbes café oscuro reflejaban tranquilidad y seguridad, en su mano izquierda tenía unos lentes ray-ban mientras que en su mano derecha extendida frente de él, había un pequeño caramelo de miel que le estaba ofreciendo.
El castaño tomo el caramelo y prosiguió a tomar su mano en señal de amabilidad, pero inmediatamente negó con su cabeza.
–Prefiero que me llamen Dipper– recalcó el menor...
