Hola!
Este es un omegaverse que tenía en el baúl desde el año pasado, y que no había terminado por distintas razones, pero hoy, como un pequeño regalo a mi beta, ya esta listo!
Me ha apoyado mucho todo este tiempo y esta en realidad es una retribución muy pequeña para todo lo que ha hecho por mi.
Espero les agrade tanto como a Korra su alpha.
Capítulo Único
Descarrilamiento
Korra había pasado sus seis meses de rehabilitación en el Polo Sur, después de algunas decaídas y diversos corajes, logró ponerse de pie y volver a entrenar. Sin embargo, su fuerza y vigor habitual al manipular a los elementos no regresaba del todo. Estar con su familia le importaba, era agradable, los había extrañado en Ciudad Republica, pero ya no era lo mismo. Sabía que tenía que salir y empezar a hacer algo, sentir que avanzaba, aunque fuera solamente en la distancia que podría recorrer físicamente.
Justo en eso llegaron, junto a las cartas de sus amigos, las últimas noticias del mundo. Korra sabía que después del desastre entre el Loto Rojo y la monarquía del Reino Tierra, este ultimo estaba de verdad afrectado. De por sí el precario sistema se estaba cayendo por su propio peso, ahora sin una cabeza real, como la reina, los llevaria a la caida total.
Veía con celos y frustración las acciones de Kuvira. Era en realidad que ella quisiera estar ahí fuera ayudando al mundo como la maestra metal. Siguió con su rehabilitación, recuperando su movilidad y las fuerzas poco a poco, motivada por estos pensamientos y las palabras de sus amigos.
Además, un poco tarde pero al fin, a sus 17 años, su estatus despertaba, y aunque estaba un poco decepcionada de no ser una alfa, el simple hecho de que su lobo interno despertara, ya era un gran plus, porque como le correspondía a su potestad como Avatar, ya podía transformarse en lycan y en Trance. No tenía que esperar todo un ciclo de celos para alcanzar la madurez sexual y tener su primer transformación.
Kuvira, por su parte, veía el caos en el que su gente se sumió después de la caída de la monarquía y quería ayudar. Decepcionada de las acciones de Lin, con un corazón inflamado al ver multiplicado por millones el abandono que sufrió de niña, se lanzó en una campaña incansable para ayudar a sus compatriotas. No importaba lo difícil que pareciera, nadie más quería tomar el control, las riendas de un continente devastado.
La maestra metal, sin embargo, era una alfa poderosa, con instintos igual de poderosos y ahora quería proteger a toda su gente. Su Voz se desarrolló mucho a lo largo de esos meses, que pronto se volvieron casi dos años. Superó a su prometido, un Delta que no le interesaba mucho la dominancia pero sin duda, era el complemento perfecto para Kuvira, que junto a su genio y apellido, la ayudaba mucho, y un alfa que logra domar a otro alfa, era sin dudas muestra de capacidad.
Entre el Reino Tierra, a diferencia de las otras naciones, los alfas seguían teniendo una gran influencia en el poder. Ellos lo representaban. El respeto a los ancestros era importante, pero para ejercer el poder se seguían prefiriendo a los alpha.
El tiempo pasaba ahora mucho más lento para el avatar en las interminables llanuras grises de la tundra. Ya estaba lo mejor que se podía físicamente. Su fuerza se veía respaldada por su lobo. Ya no podía seguir solo entrenando y bañándose en aguas espirituales. Su propio espíritu es el que clamaba por un cambio, por un reto, por sentirse útil. Y fue así como logro convencer a sus padres de que era hora de avanzar.
Se dirigió al Reino Tierra, buscando por ayudar, por reencontrarse con su esencia de avatar. No le importaba ayudar a construir casas con tierra control, en aldeas sin maestros. El mejor de los momentos hasta ahora, fue cuando en un pueblo, le tocó celebrar el día del avatar y le levantaron una estatua junto a las de Aang, Roku, Kuruk y Kyoshi. Era un gran honor. Poco después de eso, se encontró con el grupo de la guardia de metal, y tuvo su primer acercamiento con Kuvira después de que ésta salvara a su padre en el Monte Laghima.
Era la alpha de más presencia que Korra conociera, fuera de Lin y Tonraq. La seguridad con la que influenciaba a los demás. Desde que se encontraron, la maestra metal logró cautivarla con su arte y su fuerza. El flechazo fue inmediato.
Korra y Kuvira tenían seis meses de estar trabajando juntas. Pero eso no era todo. Mientras el tren de la Gran Unificadora viajaba por el continente, las dos poderosas maestras y lycan se habían conocido poco a poco. La presencia y poder de Kuvira, maravillaron al lobo de Korra, que pronto se encandiló con la alpha. Y la maestra metal poco a poco iba apegándose más a la sureña. Esto había creado algunas riñas con Baatar Jr. hasta que no pudo evitar mirar a lo inevitable. Una alpha como Kuvira no se iba a conformar con otro alpha que no podía aplacar sus instintos cada vez más potentes.
Y así el avatar fuera una omega, tenía toda la fuerza para contrarrestarle fácilmente y no se sometía. Incluso en su forma Lycan, Korra era un lobo tan robusto como lo fuera Baatar. El ingeniero prefirió rendirse a lo evidente: la Gran Unificadora, y el Avatar, juntas.
Korra sin duda, un poco incomoda por la resolución del alpha, no podía negar que se sentía orgullosa de cierta manera, al retener al alpha más fuerte del tren, de su nueva manada. Y Kuvira no tardó en oficializar su unión.
Ahora, dos meses después de eso, Korra ya estaba más que familiarizada con el apetito de la maestra metal, y sus instintos estaban en consonancia. Las dos eran insaciables.
Korra estaba en una de las habitaciones del tren, parada frente a una mesa alta de trabajo con vista a los maravillosos paisajes del Reino Tierra, estudiando los planos del siguiente Centro Educativo que construirían en Gaoling. Sintió la Voz de Kuvira desde que entró a la habitación, antes incluso de escuchar sus pisadas. La alpha tenía mal humor. Estaba frustrada y esto en vez de desanimar a Korra, la hizo temblar con anticipación. Pronto aprendió a reconocer que los malos estados emocionales de su alpha, se aliviaban con una omega dispuesta. Y el avatar estaba más que feliz de servir y ayudar.
—¿Korra?— Preguntó la alpha antes de llegar hasta la mencionada, que no se volteó de su posición frente a la mesa.
—¿Qué pasa ahora? ¿Varrick decidió exfoliarse en vez de seguir trabajando?— Preguntó a su vez con un poco de sorna. Eso le sacó una sonrisa exasperada a la alpha.
—Ojalá fuera eso. Tenemos un retraso en la vía— Kuvira llegó hasta Korra y se puso tras ella. Aspiró profundo el aroma a menta y pino de la maestra de todos los elementos.
—Si otra vez son bandidos, te ayudaré con ellos— Ofreció la omega, sintiendo el calor de su alpha tras ella.
—No, esta vez no son bandidos... Ojalá. Son tejones topo salvajes, obstruyeron el túnel.
—Tal vez necesitas al puente entre los mundos para solucionar tu problema— Dijo Korra, recargándose en el pecho de la maestra metal, ya sin poner verdadera atención a las palabras, entendiendo que de verdad Kuvira la había buscado solo por una razón en estos momentos.
—No es eso lo que necesito, Omega— Se dejó de sutilezas y fue directa. Korra olió sus feromonas impregnando el espacio.
—¿Y qué es lo que necesita mi alpha?— Kuvira rodeó la cintura de Korra con sus brazos, y la morena los sostuvo con sus manos.
La maestra metal ya no habló. Pegó su vientre al trasero de su omega, quien sintió ya la erección dura y palpitante.
—Korra, solo te necesito a ti, a tu calor, apretada al rededor de mí.
Ya con eso la omega estaba más que lista y lubricada. Sin nada más que hacer que atender a su alpha, Korra levantó y apretó el trasero contra Kuvira, que gruñó de placer. En su mente no existía nada más que complacer. La Voz de Kuvira poco a poco la envolvía, comunicando sus deseos acompañada también de sus feromonas, derrochando deseo.
Kuvira se restregó más fuerte. Sus manos dejaron de sostener simplemente el cuerpo contra ella, bajaron con prisa y hambre, buscando por la hebilla de la maestra agua. No tenía en su mente más que completar su placer. Kuvira aprovecharía al máximo los minutos que los topo tejones le habían dado, con la mayoría del personal del tren distrayendo a las bestias y reacomodando el túnel para poder seguir con su camino. Korra no se molestó en ayudarla, sabía que si hacía falta, simplemente lo rompería con su metal control.
Los dientes de la ojiverde alcanzaron la vena palpitante en el cuello moreno. Con el hambre llenando sus sentidos, Korra alzó los brazos para tratar de sostener a Kuvira contra su cuello intensamente. La cadera de la alpha se movía rítmicamente con mente propia, sus hábiles dedos ya habían logrado deshacer el cinturón, que sostenía por igual la falda de cuero y el pantalón de la sureña, los bajó y cayeron pesadamente sobre las botas de Korra.
Se separaron solo un poco, lo suficiente para que Kuvira pudiera girar su cuerpo levemente, aprisionar a Korra contra la mesa y besarla salvajemente, con una mano sosteniéndola del mentón. Korra gimió de gusto ante el ligero dolor por la fuerza de los dedos que la obligaban a no dejar el beso. Kuvira metió la mano hasta encontrar la fuente de su omega, la cual gimió más fuertemente.
—Alpha, por favor, necesito sentirte— Alcanzó a decir entre besos.
—Que buena chica, ahora gírate— Sin dejar de apretarle el mentón, la llevó a ver los paisajes frente a ellas, fuera del tren —No quiero que quites la vista de la ventana.
Korra iba a contestar, y cuando abrió la boca, su lujuriosa y dominante alpha le metió el pulgar a la boca, y la obediente omega lo chupó como si fuera un cachorro hambriento. Con la mano libre, Kuvira se levantó la falda de la chaqueta y liberó su miembro palpitante sin necesidad de quitarse el pantalón. Ni siquiera retiró del todo el bóxer de Korra, solo lo suficiente para su punta abriera y rozara la línea de las nalgas, y en una sola arremetida, se insertó entre los labios necesitados de Korra. El gemido estrangulado de su garganta era una sinfonía en los oídos de la alpha.
—Eso es, mi omega... Tan lista y apretada para mí— Korra asintió con energía mientras seguía chupando el dedo de su alpha.
Kuvira permitió que siguiera un momento con eso, moviendo lentamente su polla dentro y fuera. Korra trataba de sostenerse, ya fuera del propio cuerpo contrario, o de la mesa. Kuvira bajó sus manos hasta la cintura de Korra, la sostuvo fuerte y comenzó a embestirla con salvajismo, rápido y duro. Solo quería desquitar su energía ahí, duro y profundo. Mientras ella gruñía, Korra gemía necesitada.
—Sí, Kuvira! Así, no te detengas— Y Kuvira golpeó hasta que no hubo espacio entre los cuerpos.
Korra bajó sus manos a la mesa y los planos de arrugaron entre sus dedos, desesperados por encontrar un agarre que le permitiera sostenerse ante las embestidas salvajes. Estaba tan mojada que el miembro de la maestra metal se deslizaba con facilidad. La golpeaba con tanta fuerza, que la mesa empezaba a sonar rítmicamente. Kuvira disfrutaba de ver la fuerte espalda de su omega, y como el trasero se pegaba a su vientre. Solo quería más. Sus feromonas ya llenaban el ambiente. Agarró a Korra por la nuca y la obligó a inclinarse sobre la mesa, levantando más las caderas, ofreciéndole un ángulo más directo y apretado.
Golpeando tan directo, Korra se sentía en paz con el mundo, controlada y dominada por su alpha. Era increíble. Trató de acomodarse más, porque las embestidas ya la estaban desestabilizando, pero con la mano de Kuvira presionándola contra la mesa, y el pantalón enredado en sus tobillos, era un poco complicado poder tener buen agarre. Las feromonas de su placer las envolvían y la necesidad solamente crecía más y más.
Kuvira no bajaba en su intensidad. Korra era suya por entero, y con su verga adentro, tenía que recordarlo lo suficientemente fuerte.
Korra gemía sin controlarse, sabiendo que la mayoría del personal estaba fuera. Sentir como era abierta y llenada hasta el fondo con cada golpe, marcaba el ritmo de su pulso y sus pensamientos. Al no encontrar otro modo, se dejó aplastar más contra la mesa, levantando lo más que podía las caderas. Kuvira entonces quitó la mano de la espalda morena y apoyó ambas manos en el ángulo que formaba el cuerpo doblado de Korra, para sujetarla con fuerza y obligarla a pegarse más a ella. Solo quería terminar ya. La punta caliente de su miembro alcanzaba deliciosamente el cuello uterino.
Según Korra movía los brazos, presa del placer, buscando apoyo, su espalda se contraía en esa playera tan pegada y Kuvira disfrutaba de sus músculos contrayéndose.
Kuvira movía su pelvis sin descanso contra la forma gimiente de Korra, era su placer y solo su placer lo que buscaba, pero en su desesperación, su omega también disfrutaba, porque en estos momentos, solo era una extensión más de sí misma. Korra rodeaba deliciosamente con sus paredes la verga de la maestra metal.
—¡Alpha, más fuerte! —Dijo poniendo los ojos en blanco al sentir el glande golpear su útero, poniéndola de puntillas.
Kuvira sonrió, presa del desesperado placer y quitándose los guantes con los dientes, metió dos dedos de la mano izquierda en la boca de Korra, que como un interruptor, inmediatamente empezó a gemir ahogadamente mientras los lamía sin descanso. Sujeta de ese modo, Korra se dejó ir más, haciéndose una con la mente de su alpha.
Desde la ventana se veía algo de movimiento.
Una parte de Kuvira quería que las descubrieran, cómo tenía sometida al avatar, llenándola con su miembro, gimiendo su nombre descontroladamente, poseyéndola para saciar sus nervios y su placer. No podría existir mejor prueba de su dominancia. Además a su lobo le encantaría que comprobaran que Korra era suya y solo suya. Salió un momento, entre quejidos lastimeros de Korra por sentirse vacía, para bajar por completo el boxer.
Con la palma abierta de la mano derecha, asestó el primer golpe contra el gluteo moreno. El grito estrangulado de Korra fue más de sorpresa que de dolor, aún así, sentía la marca quedarse en su piel. Kuvira la azotó eficientemente varias veces más, ida y vuelta, atendiendo su trasero a partes iguales, creando más calor, sumiéndola en un trance cada vez más profundo. Con cada nalgada, resonaba la habitación, la mesa se volvía a quejar, y Kuvira sentía una nueva contracción al rededor de su miembro.
A pesar del tono de su piel, Korra no tardó en tener el trasero rojo y ardiente, con las marcas de los dedos de su alpha en ellos. Su lengua luchaba entre gemir y expresar su placer o seguir chupando deliciosamente los dedos de Kuvira. Por un momento, dejo de sentir los golpes y las dos se sumieron solo en el ritmo de sus caderas chocando. Kuvira lo necesitaba más, más profundo, más intenso.
Dejo de aplastar a Korra contra la mesa y con la brusquedad de su placer y su fuerza, la obligó a llegar al suelo. Korra instantáneamente lamentó perder los dedos que su lengua adoraba pero no pudo hacerlo mucho tiempo, porque tuvo que ocupar ambas manos para sostenerse directamente del suelo y seguir ofreciendo su trasero al aire para que su alpha la llenara tan duro.
Kuvira bajó su cuerpo y dobló las rodillas, lo suficiente para acoplarse a la nueva altura de Korra, sintiendo como apretaba mucho más su miembro, aunque era más breve en su contacto, la tomó con dureza envolviendo su cintura y así, apenas sostenida sobre sus pies y manos, asaltó a Korra con la fuerza del tren, de su pasión, de su voluntad. Ante el placer, la lengua de Korra salía de su boca en un gemido continuo y grotesco por momentos, pero no podía controlarse, la verga de su alpha la abría y la abría y la abría, en la búsqueda de su propio placer, y se mojaba en la lluvia del placer de la omega, que ya dejaba su marca contra el piso del vagón.
—¡Kuvira! ¡Kuvira, más fuerte, más profundo! —Ni siquiera sabía que podía seguir formando pensamientos coherentes.
La posición les permitía movimientos más bruscos, pero Korra ya no sentía como la verga la partía hasta su centro mismo y esa era una carencia que su alpha no iba a dejar sin atender mucho tiempo. Con sus caderas y su peso, Kuvira llevó más hacia al piso a Korra, que no tuvo más opción que aplastarse contra el mismo, levantando solo sus caderas, apoyando su cabeza en uno de sus brazos doblados, volteando así lo más que podía a ver a su alpha, con una sonrisa de puro placer en su rostro.
Todo el estrés de Kuvira estaba siendo aliviado de la mejor manera. Le sonreía de vuelta a Korra, satisfecha. Se apoyó sobre sus palmas, haciendo gala de su fuerza y así la embestía. Los glúteos sonrojados de Korra se resentían por el rozamiento contra la ropa y el cinturón de Kuvira, pero era solo otra muestra de su dominio, la barrera de la ropa la distanciaba físicamente pero las acercaba en lo precipitado de su instinto.
No había espacio ni tiempo para quitarse la ropa.
No era momento de la ternura y el cuidado que las dos podían expresar, sino el desesperado placer de sus cuerpos encontrándose en sus centros. Solo eso. La respiración agitada de Kuvira, los gemidos de Korra casi golpeando el suelo, el choque de sus caderas con intenciones de romper el vagón.
Solo una alpha y una omega saciando sus instintos más primarios. No había espacio para nada más.
Era tan delicioso poder completarse así.
Adentro y afuera. Presionando. Placer. Gemidos. Jugos fluyendo. Feromonas llenando el espacio.
No existía vagón ni Reino Tierra ni tejones topo.
Solo su verga entrando y saliendo.
Korra estaba semigirada, buscando mirar a Kuvira, y por un momento le pareció a la maestra metal casi acurrucada. Un gruñido de gusto subía por su garganta, le hacía crecer más y más su pasión. Dio unas embestidas lentas, largas, que Korra remarcaba con sus gemidos, tan largos como las embestidas.
La alpha se hincó y salió un momento de los interiores de su omega, que movió las caderas lastimosamente al sentirse vacía. Kuvira la obsequió con otra serie de golpes, para que sus encantadoras mejillas del trasero no perdieran el calor ni el color.
Jaló a Korra de sus caderas para obligarla a incorporarse un poco y rozó así su entrada unos instantes, sintiendo como Korra quería que la volviera a penetrar. Kuvira llevo su miembro hasta la entrada y siguió provocando, creándole la necesidad de que la siguiera llenando, mucho más intensa.
No había nada en el mundo que más quisiera Korra en estos momentos que volver a sentirse llena por su alpha. No les importaba que fuera de su vagón, el mundo siguiera girando y ya casi terminaran de solucionar el problema.
Solo un poco más, un poco más profundo, un poco más rápido.
Kuvira estaba llegando al límite. Las paredes de Korra la envolvían tan delicioso que no aguantaría mucho más.
Kuvira tomo un ritmo más rápido y tomó a Korra de sus muñecas sosteniendo su espalda. Korra comenzaba a temblar y sus ojos pedían más, mucho más. Kuvira empujaba y embestía con la confianza de alguien que conoce su destino. Un chillido profundo salió de la garganta de Korra mientras el clímax la invadía, Kuvira la sostuvo entonces con ambos brazos mientras seguía embistiéndola, sosteniendo su cuerpo estremecido, ofreciendo un calor que Korra había extrañado tanto.
Kuvira embistió de nuevo, ahora más agresivamente, alimentando el fuego de lujuria que ambas ardían. El deseo, el deseo que nunca habían sentido igual. Sus respiraciónes ahora se entrecruzaban y Kuvira sentía los movimientos de Korra en sus caderas, como la omega se elevaba para acogerla más profundamente. Kuvira no podía más, no lo resistía. Con embestidas cada vez más rápidas y profundas, soltó su goce, llenando el espacio con su orgasmo. Korra alcanzó el suyo al mismo tiempo, disolviéndose en los brazos de Kuvira mientras esta descontroladamente seguía entrando en ella. Las dos quedaron anonadadas por el placer que acababan de vivir.
Kuvira enloquecida por la sensación de complicidad y pasión que habían compartido, toda la tensión había desaparecido, remplazada por una cálida satisfacción.
Los ruidos a su alrededor crecían pero el miembro inflamado de Kuvira todavía no decaía, pese al éxtasis recién vivido. No. No todavía un poco más para dar. Korra todavía tomarla mejor y más tiempo. Al carajo que los movimientos fuera del tren fueran más constantes y cercanos, ya no perdidos en la lejanía.
Sin darle un momento de respiro a Korra, se acercó hasta su cabeza, y la acarició un momento, dándose el placer de comprobar lo satisfecha que se notaba su omega. De comprobar que todo estaba bien. Que la violencia y desesperación de su encuentro era algo con lo que Korra estaba ciento por ciento de acuerdo, porque solo así era como Kuvira lo disfrutaba de verdad.
Al fin cedió la alpha y permitió a su pareja sentirse completa. La abrazó precariamente en el suelo. La prensión de sus brazos alrededor del cuerpo de Korra dejaba ver el gusto de la sesión. Los suspiros de Korra se unían al esfuerzo de la alpha, ambos recordando el placer que podían llegar a experimentar juntas. El agote de sus cuerpos los volvió a dejar en la realidad. Un profundo gemido salió de los labios de Korra, seguido de un beso en el cuello de Kuvira. Esta misma la abrazó con fuerza, completamente rendida. Y en ese momento, el tiempo volvió a fluir, el mundo volvió a girar, y la oda finalmente se escribió.
La caricia por el cuerpo de Korra creció, todavía presa del dolor de su trasero. Del hambre de su centro vacío. Pero Kuvira ya no quería comprobar lo hondo que esa parte podía llegar. Eso lo dejaría para la noche.
—Vamos, cachorra. Abre —Y con los ojos empañados de placer, Korra abrió la boca, sacando la lengua, así de bien entrenada estaba.
Kuvira apoyó la cabeza rojiza y húmeda de su miembro ahí. Korra empezó a lamer y chupar inmediatamente, levantándose de a poco de su posición acostada según Kuvira también se incorporaba, para quedar hincada, con las manos sosteniendo ya sea el miembro o apartando la ropa de la maestra metal. Con los pantalones en los tobillos.
De algún modo, era peor para Korra estar medio vestida que si estuviera desnuda o con la ropa bien apartada, el desastre en sus boxers y sus pantalones bajados solo hablaba de la intensa y rápida necesidad de la pasión de su alpha. Que la había tomado con tanta premura que ni el tiempo de quitarle la ropa tuvo.
Sin previo aviso, más que la sensación de Kuvira de tener su miembro lleno de humedad una vez más, en algún lado de su Vinculo, Korra tuvo la boca y la garganta llena de la venosa vara de su alpha. Hasta su campanilla. Kuvira la sostuvo del cabello, y así le marcaba el ritmo, solo se detenía para sentir el fondo y como la garganta de Korra se contraía a su alrededor. La dejaba sin respirar lo suficiente como para que tuviera que jadear entre sus envites, reduciendo todavía más su raciocinio.
Ese que en realidad no existía al tener a su alpha excitada al lado.
La cabeza de Korra solo iba y venía a lo largo de Kuvira, pero era delicioso, porque ahí de rodillas, Korra conocía la paz de saber que su trabajo era excelente, que su labor era tan simple como limpiar la semilla de su alpha directa de la fuente. Era de las mejores experiencias que tenía.
Todas las expectativas cumplidas, no más presión.
Solo su alpha gruñendo de placer, próxima a terminar otra vez.
Kuvira amaba la cara de obscena tranquilidad de Korra, completamente ida, perdida en su tarea, saboreando su semilla, los restos del placer pasado, construyendo otra vez su orgasmo. Aumentó la potencia de sus movimientos para volver a tener a Korra llena de su semilla, quien la bebió toda, bendecida en su éxtasis y casi tenía otra vez su propio orgasmo al sentir los espasmos de Kuvira en su lengua y su garganta.
—Buena chica, Korra —Y la sonrisa beatifica del avatar la recibió todavía Kuvira mientras su miembro decrecía por fin entre sus labios todavía. —Lo hiciste muy bien.
Su premio se vio interrumpido cuando Zhu Li abrió la puerta y se quedó de piedra al ver la escena frente a ella. Mucho más roja que el trasero de Korra, cerró la puerta y se quedó ahí afuera. Para que nadie más las fuera a interrumpir.
N.A.
Eso es todo por ahora! Pero solo un momento, el último cap de Blind Date es parte del tributo y también estara arriba en unas horas.
El cap siguiente de Segunda Ronda también, pero ese hasta la noche. Esta quedando largo otra vez.
Carpe Diem
