- Por favor señorita, quiero ver a mi hermano- la castaña intentaba pasar por aquel pasillo donde se encontraban las puertas de las habitaciones de los pacientes -me acabo de enterar de que él está aquí ¡Quiero estar con él! -

Varias personas y policías que se encontraban cerca del lugar, empezaron a salirse de sus labores para detener a la nueva persona que causaba caos en el lugar.

-lo siento señorita no puede pasar- comentó una enfermera tratando de bloquear el paso a la intrusa- este no es un hospital normal por si desconoce...

-No me importa qué tipo de hospital sea, ¡quiero ver a mi hermano! - Gritó desesperada la niña de cabellos cafés empujando con desesperación a la enfermera, la cual solo intentaba mantener el orden en el pasillo.

-Y lo verá después de que le hagamos unas preguntas, señorita- Interrumpió el comandante Alilleri quien apenas llegaba al lugar. Observó a la chica con sumo cuidado, dándose cuenta del gran parecido con Mason Pines. Era más que obvio que era la melliza del chico en cuestión.

La castaña solo trago saliva y asintió intimidada por el policía de alto rango. Sabía que, si seguía resistiéndose, podría caer en graves problemas...

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-Es más que obvio que Bill, no era una persona con una profesión normal, o al menos eso noté cuando lo vi por primera vez...- Comento el castaño ante la enfermera que poco a poco se ganaba la confianza del chico de aquella habitación -... pero no me imagine que estaba metido en cosas malas, además de que él es un desquiciado... un loco fanático de magia oscura y ambicioso de poder ilimitado... él actuaba de manera extraña siempre...

-Querido, Bill es un traficante de drogas... no dudo que él también consumía de su propia venta- Interrumpió la enfermera mientras continuaba ordenando la cama de menor.

-Nunca lo vi consumir lo que vendía-

-Quizás lo hacía mientras tú no lo observabas-

El menor bajo su mirada, la enfermera tenía un punto muy sólido, pero eso no explicaba por qué las reacciones y cambios de Bill eran muy bruscos. Observó la grabadora en sus manos recordando las confesiones que realizo la noche pasada.

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Aquella sensación de calidez y comodidad, como olvidar aquella sensación que le brindaba ese mueble, sensación que no olvidará jamás. Se movió un poco tratando de acomodar su cuerpo entumido, hasta que recordó algo, ¿Desde cuándo su cama se sentía tan cómoda? La sensación extraña de no tener ropa, pero sentir que algo suave que lo cubría lo aterrorizó, poco a poco los recuerdos le cayeron cuál agua helada sobre el cuerpo, intento abrir los ojos rápidamente, más, sin embargo, una pesadez se lo impedía. Lentamente, abrió los ojos con éxito, sintiéndose un poco aliviado, ¿Dónde se encontraba? Observó con determinación el cuarto: un lugar amplio, elegante, las paredes eran de un color chocolate oscuro con hermosas decoraciones amarillas, del techo guindaban unas telas con estampados simétricos de triángulos, la única luz que alumbraba el cuarto provenía del fuego cultivado en una chimenea rústica y curiosamente no observaba ventana alguna. El castaño se levantó despacio, y observó con cuidado la cama que lo acogía: tenía telas suaves del mismo color con las decoraciones, pero esta estaba estampado por unos pinos de color chocolate, por dentro pensó que realmente la persona dueña del lugar, estaba obsesionada por obtener un cuarto perfectamente sincronizado y combinado.

No se dio cuenta de que no estaba solo.

-Me gusta tu aroma...- La voz proveniente en una esquina alertó al Pines-desconozco la marca de tu perfume, pero huele como un bosque de pinos. -

El desconocido pronto se volvió alguien reconocible para el castaño, alguien muy peligroso y causante de su actual situación.

Un joven alto, de cabellos rubios, de ojos color miel y tez clara color, dueño de aquella extraña voz, se encontraba sentado frente un escritorio de aspecto costoso, pero muy bien ordenado, leía con sumo cuidado una carpeta que tenía en sus manos, al parecer algo de suma importancia.

-¿Q-Qué es lo que quieres?- el castaño tomó la palabra mostrando su intento de sonar firme, ya fue un total fracaso. Gracioso.

El rubio sonrió ladino observando de reojo al contrario, sin dejar de sostener la carpeta –Pues, por si no lo recuerdas, ahora me perteneces...- cruzó a la segunda hoja de la carpeta- deseo y espero mucho de ti ahora Mason Pines.

El nombrado palideció ¿Cómo es que sabía su nombre?

- Sé muchas cosas de ti ahora- Como si le hubiese leído la mente, el oji-miel continuó - sé que te haces llamar Dipper, ya que no te gusta Mason, Sé que vives en el condado Greedy de Nearthcity, Sé que vives con tus padres y hermana a pesar de no verlos muy seguidos en tu casa, Sé que ahí estudias para Genetista, algo que me parece fascinante por el hecho de que estás ahí por tu afán de saber el porqué de las anomalías. También sé dé tu marca en la frente, y que odias la fruta dragón.

-¡No es mi culpa que sea tan fea!- grito el castaño alzando ambos brazos como si sus disgustos fueran un pecado.

El rubio rio en alto ante la acción del contrario, parecía un joven con la mente de un niño de 8 años buscando justificaciones sin necesidad de hacerlo. El mayor cerró la carpeta dejándola sobre el escritorio, se levantó de su asiento y se dirigió hacia el menor, quien, bajo su mirada, se encontraba con miedo buscando con que tapar su cuerpo con nerviosismo. Se sentó al borde de la cama donde se encontraba el chico de cabellera castaña, causando que el castaño retrocediera hasta llegar a la pared.

-Me llamo Bill Cipher – Mencionó el rubio, acomodándose el moño en su cuello, sonriendo coqueto ante el menor- Pero puedes llamarme "Amo" o "Daddy" Me adaptaré solo por ti... - tomó la mano izquierda del menor y con cuidado beso el envés de esta – Es un gusto Dipper, aunque desde ahora te llamaré por pino...

-No puedes llamarme cómo se te venga en gana...- reclamó el menor, alejando su mano con brusquedad -... Y tampoco puedes tenerme aquí en contra de mi voluntad, eso se llama secuestro...-

-Un secuestro es cuando se llevan a una persona y piden dinero a sus parientes por su libertad... - Interrumpió el rubio- Y yo no pienso llamar a la señora y al señor Pines, ¿O eso es lo que quieres? -

-N-no - Respondió el castaño, imaginándose a su madre preocupada, a su hermana estérica y su padre a punto de un infarto. Los padres de Dipper ya son personas mayores de edad, por lo que una noticia como esta no solo los preocuparía, si no los mataría.

- Además, ¿no crees que tu hermana sería una buena prostituta?- comentó sacando una foto de su elegante traje, en aquella imagen se observaba una chica muy parecida a Dipper, solo que con cabello largo -Tiene un buen cuerpo que a cualquiera gustaría poseer - comentó de forma cínica.

-¡NO TE METAS CON MI HERMANA!- Gritó el Pines arrebatándole de las manos aquella foto donde la castaña se apreciaba.

-¡ENTONCES HARÁS LO QUE YO TE DIGA! - Respondió de igual forma el mayor, tomando con fuerza las mejillas al castaño con su mano izquierda - Este es el trato, tú obedeces mis órdenes sin objeciones, y yo no me meteré con tu familia ¿Entendido?

La ira del castaño era muy alta... Tanto que quería abalanzarse contra el mayor y golpearlo en todo lo que se llama cara por querer meterse con él y su familia, pero no sabía con quién trataba, su ira poco a poco se mezclaba con temor ¿Qué sería capaz de hacer Bill por doblegarle? ¿Por qué él?

-¿¡ENTENDISTE!?- Grito fastidiado el rubio ante el silencio del castaño, empujando la cara y cuerpo del menor contra la cama.

-Si-i Bill- Alzó un poco la mirada pero apretando firmemente la foto de su hermana.

-Bien- el mayor se levantó de su lugar y se acomodó su elegante saco, volviendo a sonreír de forma ladina - Necesitas un recorrido y tus instrucciones, levántate y vamos.

-Debo vestirme primero- reprochó el menor.

-¿Acaso dije que hicieras eso?

Memorízate esto: nunca hagas tratos con demonios.

Siempre sales perdiendo.