Una posición extraña, incómoda y horrible para el menor.

Una posición común, básica y deleitosa para el mayor.

En definitiva, ambos tenían pensamientos diferentes; uno molesto, uno con miedo.

Se encontraba de rodillas, aún desnudo, con sus muñecas encadenadas a la mesa, ni él sabía cómo, pero no podía alejarlos o separarlos de aquel mueble. Por más que forcejeara, el rubio lo sujetaba con fuerza de sus cabellos castaños. Lo único que podía hacer, es implorar que lo dejara ir; sin embargo, su boca se encontraba ocupada... siendo ahora el entretenimiento y burla del rubio

- Jamás vuelvas a faltarme al respeto ¿Escuchaste? - empujó la cabeza del castaño con firmeza, provocando que la verga del mayor entrara con brusquedad dentro de la pequeña boca del más joven.

Después del incidente del café y el pay, El Cipher había sometido sin cuidado alguno al Pines, encadenando sus muñecas a la mesa (que tenía un tipo de arneses pequeños, pero fuertes que atraparon las cadenas del chico, manteniéndolo unido a la mesa) y procedió a quitarse el elegante esmoquin, ahora manchado con el dulce pay. Por otro lado, el Pines solo sentía miedo, trataba de no decir más que "lo siento" de forma rápida y consecutivo. Su miedo lo debilitaba, lo obligaba a mantenerse sumiso, no pensaba en defenderse solo en disculparse y rogar por perdón, algunas lágrimas salían de sus orbes chocolate, pero sus súplicas no parecían ablandar el corazón del Cipher.

El rubio se sentó arriba de la mesa, frente al encadenado castaño que lo miraba con miedo y confusión.

-Teníamos un trato Pino...- Gruño - Pero soy un amo piadoso... Te daré una segunda oportunidad...- desabrocho sus botones del pantalón y bajo rápidamente la cremallera, entre bajo el bóxer de modo que logro sacar su pene semi-erecto -Y por ahora este será tu castigo...- tomó por las hebras castañas al menor obligándolo a cercarse a su miembro.

El pines, por su parte, forcejeaba tratando de apartarse de aquella extremidad con aroma penetrante, sentía asco y mareos, en definitiva no deseaba hacerlo, aunque se arrancara el cabello por separarse y huir de ahí. Las suplicas y negaciones que salían de su ser eran ignoradas, solo un milagro podía salvarlo. Pero siendo honesta, ese milagro que esperaba nunca llegaría.

El rubio apretó las redonditas mejillas del menor, provocando que este gimiera por el dolor causado en su dulce rostro. Prosiguió a mirarle directamente a los ojos: aquellos ojos chocolatosos con un toque de color miel. Ojos llorosos implorando piedad, ojos hipnotizantes que fascina a cualquiera, y nuestro rubio no es la excepción.

Empujó el rostro ajeno, causando que la pequeña cavidad llegará directo a su miembro semi-erecto, metiéndolo de completo de un solo empujón

-No muerdas- Fue la instrucción clara y directa que recibió el castaño.

El movimiento vaivén comenzó.

La humedad y el forcejeo intenso comenzó a hacer efecto en los dos, el miembro del rubio aumentaba su tamaño y se ponía más duro y grande, duplicando el tamaño de aquella extremidad, mientras que en el castaño comenzaba a sentirse más asqueado y vulnerable, comenzaba a sentirse aún más débil de lo que se sentía. Bill empujaba con rudeza y con más velocidad la cabeza del castaño, hasta que un ardor inconfundible en su miembro lo detuvo. Jaló con fuerza sacando su miembro de la boca del menor

-¡Cuidado con los dientes!- grito aferrándose a las hebras castañas de su acompañante, mirándolo con fiereza directamente a sus ojos.

-Lo siento- fue la única respuesta del menor -N-no quiero esto, en serio perdóname

-Implora perdón con mi verga dentro de tu boca...- el rubio volvió a introducir su pene dentro de la boca del chico contrario - Si lo haces bien, quizás te toque premio...- Canturreó

Realmente la boca del castaño no era tan mala para la verga del rubio: Húmeda, suave, caliente y algo juguetona con su verga (o eso pensaba el mayor). Realmente comenzaba a disfrutarlo, y con ello, aumento más la velocidad, sintiendo su glande chocar contra la garganta del castaño, excitándolo aún más.

El castaño trataba de disculparse, pero el pene del mayor junto con los movimientos bruscos le impedían hablar, sentía unas inmensas ganas de vomitar, y tragaba saliva y todo residuo de líquido dentro de su boca cuando podía, el sabor amargo y saldado de aquella extremidad lo mareaba, mientras que el estar en esa posición tan incómoda entumecía todo su cuerpo.

El momento del éxtasis se acercaba.

Pronto los gruñidos de Bill se escuchaban por la habitación, sorprendiendo a Dipper.

El castaño comenzó a tomar el mando de los movimientos que le estaban obligando a hacer, el rubio por su parte aflojo su mano al sentir el movimiento repentino de Dipper, sorprendiéndolo un poco. Recostó su cabeza hacia atrás disfrutando de aquella acción.

-Q-quiero que te lo tragues todo- Ordenó de nuevo Bill, avisando que pronto se vendría dentro de la boca de Dipper.

El castaño asintió cerrando como fuerza los ojos sin dejar de mover su cabeza, sentía lo salado del líquido preseminal en su boca y por un momento, pensó que la debilidad de Bill sería lo relacionado con lo sexual. En sus adentros se sentía aliviado, pero al mismo tiempo preocupado y humillado, no quería ser tomado como una prostituta por un magnate millonario que desconoce por completo, aunque al parecer fuera bueno con eso de las "mamadas". En su mente comenzó a idear formas de como comprobar la debilidad del Cipher, y si era cierto, usarlas en su contra para poder huir de ahí.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el mayor lo volvió a tomar de los cabellos, empujándolo más hacia él, de cierto modo sorprendiéndolo al meter por completo la virilidad del mayor dentro de su boca. Pronto su garganta se llenaba de un líquido amargo y espeso. Trataba de tragar todo lo que podía, procurando no atragantarse con la gorda verga del mayor. Lágrimas comenzaron a salir de sus ojos en forma de desesperación, realmente no le gusto el sabor de aquel abundante líquido que emanaba de aquella parte de Bill, sentía que no podía respirar, con ganas de regresar todo y peor aún, se sentía utilizado como un juguete.

Bill disfrutaba la curiosa vista que tenía: un castaño ruborizado, semisudoroso que respiraba rápidamente, lloriqueando mientras aún tenía su verga dentro de aquella boca rojiza. Se sintió satisfecho con el trabajo del menor, y procedió a sacar su miembro de la abertura del menor jalando un poco sus hebras castañas, notando como el menor mantenía su boca semiabierta, respirando agitado, mientras que en la comisura de su labio, un pequeño hilo de líquido blanco delataba su cometido: había tragado la esencia del mayor.

"Excitante" pensó Bill. El rubio se levantó de forma brusca y tomó con algo de rudeza las muñecas aún atadas del menor.

-Espero hayas aprendido tu lección... no quiero una próxima vez de tus insultos- gruñó el mayor mirando directamente los ojos chocolates del chiquillo.

Dipper asintió frenéticamente. En su mirada se veía reflejado el miedo y el asco, en definitiva, su mente daba vueltas, al igual que su estómago. Bill procedió a subir su cremallera de nuevo y acomodarse su corbata, desato la muñeca derecha del castaño y procedió a recoger el esmoquin que antes había tirado en el suelo, sacudiendo las migajas de pay que aún tenía. El rubio salió de la habitación, son decir más, azotando las puertas al cerrarlas.

Dipper no sabía como responder o que hacer, solo procedió a cubrir sus ojos con su codo libre y llorar. Necesitaba desahogarse, el estrés y las náuseas lo torturaban a lo máximo. Ni siquiera recuerda como se liberó de aquella mesa, solo el hecho de que aquella noche no durmió nada, aun teniendo la cama y el cuarto más lujoso que en su vida había visto. Dentro de sí, agradecía a un ser superior por no volver a ver al rubio odioso en el resto del día, además de seguir con vida, claro.

Toda la noche se la paso pensando en que pasaría al día siguiente, en que estaría haciendo aquel desgraciado humano, y en que haría la próxima vez que algo similar pasará.

Definitivamente, no quería repetir aquello.

-0-

Respiró profundamente y froto sus ojos rojizos... miro con algo de pereza el único reloj que existía en la habitación: marcaba justo la media noche. El insomnio no lo dejaba dormir, por alguna razón el basto recuerdo de su primera mamada lo atormentaba, solo le daba un dolor de garganta, quizás solo era mañoso y muy paranoico, pero ese recuerdo solo lo mantenía despierto pues... ese, junto con otros recuerdos que, por alguna razón, extraño... pues él sabía después de todo, que el hecho de seguir las Órdenes al pie de la letra siempre traía buenas recompensas...

Procuraba pensar solo en el dolor y la humillación que sintió... no quería admitir sobre la verdad de los hechos...

No quería admitir las cosas sucias que había realizado para sobrevivir y no enloquecer con el Cipher.