No se contuvo.

El rubio cerró de inmediato al entrar, subió a la cama del contrario y retiró las finas manos que estaban entre los pegados shorts. Lo besó tan intensamente que hasta el mismo se sorprendo de su pasión. El pijama suave y semi pegada a su cuerpo, fue retirada en cuestión de segundos, disfrutando de la piel suave, tersa y perfumada del castaño.

Gemía el nombre del rubio sin vergüenza alguna. Su mente se había perdido por completo: El calor del momento y las sustancias ingeridas impulsaban sus más bajos deseos, deseos que el mismo ignoraba que tenía. Las caricias del rubio, excitaban cada segundo a ambas personas, mientras que Bill aprovechaba para tocar cada centímetro de piel del contrario y disfrutar sus melodiosos gemidos.

Bill sabía que el contrario estaba drogado, era común que siempre fuese así, pero poco le importaba si aquel potrillo castaño y salvaje, se doblegaba en cuestión de segundos ante él.

-Agh... Bill- Gimió el menor

- ¿Tanta confianza con unas pocas caricias, Mason?- replicó Bill de forma juguetona, ante la falta de la palabra "amo" en su pequeño gemido.

-P-perdón amo Bill- replicó un poco apenado, pero sin dejar de sonar tan erótico para el contrario -M-me gusta lo que m-mi amo hace conmigo- Mordió suavemente su labio inferior tratando de retener los gemidos de placer que le eran provocados. Después de todo, eso también lo hace excitante.

Sin duda alguna, una vista tan radiante como el sol, para el rubio. No podía evitar apretar ambos muslos con sus manos mientras su lengua jugueteaba con el pezón izquierdo del menor.

-A-agh Amo Bill- Gimió el castaño al sentir como un par de intrusos alargados se abrían paso en su interior.

Los dedos medios del mayor invadían su orto sin vergüenza alguna, entrando a la par y de forma suave, abriendo, despacio, pero deseosa, aquella pequeña abertura que deseaba profanar de nuevo. Por otra parte, el menor acariciaba el cabello rubio del contrario, mientras movía sus caderas en busca de más contacto, acción que realmente le fascinaba al contrario.

Por un instante se separó de aquel pezón que había quedado ligeramente rojo por la atención; le fascinaba su sabor, eran tan adictivos para él. Se levantó y comenzó a desvestirse de forma rápida, pues su miembro palpitante comenzaba a ser una molestia dentro de sus pantalones ajustados. Por otro lado, Dipper no pudo contenerse, y se levantó de la cama y procedió a lamer y succionar la parte viril del contrario apenas se descubrió de sus prendas.

Gruñó Bill.

-Estás lleno de sorpresas Pino- recalcó mientras tomaba aquellas hebras castañas y movía ligeramente la cabeza del contrario.

Por otro lado, Mason seguía en su labor de chupar aquella parte sensible, sin dejar de ver directamente el rostro de su ahora "amo". Estaba más que caliente por la situación.

Aceleró el movimiento, sintiéndose como un experto en la labor. Mientras con su mano derecha frotaba el cuerpo del pene, su boca y lengua succionaba y jugaba con el glande del contrario, su mano izquierda se automasturbaba a la par.

El mayor disfrutaba de la vista de un Dipper caliente que se esmeraba por autocomplacerse y complacerle a él. Por alguna razón no podía evitar sus propios gemidos roncos, realmente trabajaba muy bien bajo esas sustancias.

En cuestión de minutos el mayor sintió como el esfuerzo del más joven rendía frutos. Cerro sus ojos, tomo la cabeza y embistió ligeramente contra la boca del castaño. Por otra parte, Dipper no dejo su labor y entre cerro los ojos disfrutando del sabor que soltaba el líquido preseminal del contrario.

Vaya que esas drogas si estaban muy fuertes.

Casi de inmediato se vino en la boca del castaño, que, al sentir la sustancia del contrario en su garganta, no dudo en meterlo todo y tragar todo el esperma del contrario. Ambas manos del menor bajaron a su propio miembro para acelerar su movimiento, provocándose un orgasmo. Su mano izquierda retuvo su propia semilla mientras sus ojos se humedecían por la excitación.

Al momento que trago todo, se levantó rápido y con su mano derecha jaló la mano del rubio hasta tumbarlo en la cama. De inmediato y sin que le diera una oportunidad a Bill, se trepó sobre las caderas del contrario y colocó su mano izquierda por su trasero metiendo sus propios dedos para autolubricarse con su propio semen. Bill, sorprendido por lo rápido que fue el menor al tumbarlo, decidió dejarse llevar. Se acomodó para que ambos quedaran en medio de la cama. No importa que ahora fuera el dominado, después de todo quería saber que tan lejos llegaría su, ahora, favorito.

Dipper comenzó a frotar el miembro de Bill contra su aro semilubricado, son su propio semen recibiendo un gruñido de placer del contrario. Se sentía ansioso, pues su cuerpo exigía la polla del contrario dentro de él. Se inclinó a besar apasionadamente a Bill mientras metía de poco a poco la verga del mayor dentro de él. Recordaba a la perfección aquella sensación, hasta que sintió como la virilidad del mayor chocaban contra su próstata. Justo en ese instante se levantó ligeramente junto con un gemido.

Las autoembestidas comenzaron casi de inmediato. El castaño no dejaba de gemir mientras movía sus caderas de forma frenética en busca de más contacto. Su mano izquierda se mantenía firme contra el pecho del rubio con el fin de mantenerse sobre él, mientras que con su otra mano se automasturbaba disfrutando de la sensación placentera que generaban sus movimientos.

El rubio, por otro lado, no evitó tomar sus anchas caderas, apretarlas un poco y moverlas al ritmo del contrario: Podía sentir con más claridad el calor que emanaba del castaño, así como lo apretado que era su orto a pesar de ya no ser virgen. El sonido de un chapoteo se hizo presente al aumentar ambos la velocidad, el líquido preseminal de Bill lubricaba mejor y ambos sentían como sus partes intimas cosquilleaban alertando que pronto se vendrían.

Su espalda se encorvó al sentir como el éxtasis lo invadía, aferrando sus largos dedos a la carne del castaño, mientras que Dipper se inclinó al pecho de Bill, logrando observar con un poco más de detalles aquella parte. No pudo evitar morder con algo de fuerza la clavícula del contrario sin dejar de gemir, mientras que Bill correspondió en un gemido ronco, siendo ese el momento justo en el que ambos se vinieron: Bill dentro de Dipper, y Dipper en los abdominales del contrario.

Ambos se detuvieron, tratando de mantener su respiración. Dipper sentía como aquella sustancia viscosa y caliente salía a chorros de su orto. Podía sentir su palpitar en sus oídos, y el calor de sus mejillas, que no bajaba aún. Sentía como su respiración aún se encontraba acelerada y su trasero palpitaba. No pudo evitar ver al contrario: Un Bill sudoroso con la respiración agitada, manos extendidas en el colchón, la boca entre abierta y los ojos cerrados. Por alguna razón, eso lo calentó aún más...

Aún no se sentía satisfecho.

-A-amo Bill- Gimió entre su respiración cortada, llamando la atención del nombrado- Q-quiero m-más- contestó con algo de vergüenza.

De forma brusca y sin sacar su miembro de la cavidad del menor, el mayor jaló al contrario contra la cama y colocó las delgadas piernas sobre sus hombros de forma rápida y precisa. Dipper se sorprendió por la rapidez, pero se alegró de que su respuesta fuese lo que quería.

-Esta vez... yo tendré el control...- Alcanzó a decir el rubio antes de besar los labios semigruesos del castaño y continuar con las embestidas rápidas y certeras contra el contrario.

De nuevo los gemidos y el chapoteo retumbaban por las paredes del cuarto.

La noche es demasiado corta para tanto deseo carnal...