Las visitas de Bill a la habitación de Dipper comenzaron a ser más constantes. Quizás, demasiado constantes. Primero fue una vez a la semana, luego dos veces, Cada dos días, hasta llegar a ser todas las noches. Mientras Bill disfrutaba de candentes noches con su preferido, Dipper comenzaba a presentar signos de adicción a sus afrodisíacos y relajantes. Cosa que también le beneficiaba al rubio.

Las semanas se convirtieron en meses. 6 meses exactamente.

Las costumbres comenzaron a surgir: Levantarse, tomar una ducha, cambiarse de ropa, tomar un trago de su relajante, y esperar hasta en la noche la llegada de Bill. En ciertas ocasiones llegaba a la hora de la comida o durante bocadillos, platicaba jovialmente con todos y lanzaba miradas coquetas a Dipper, mientras que el contrario solo lo ignoraba pensando en hacerse más de sus preciadas sustancias tranquilizadoras. Siempre había algo que hacer: Limpiar, acomodar, doblar ropa, cocinar, aprender de la biblioteca, jugar videojuegos, entre muchas otras.

En cuanto a los regalos de Bill; El rubio siempre se lució con aquellos "detalles" que le daba al castaño por sus servicios especiales: Equipos tecnológicos nuevos de última generación, libros originales de única edición, prendas de oro puro y gemas genuinas, inclusive llego a llenarle la habitación de muchos arreglos florales y peluches hechos de seda sumamente elaborados. Aquellos regalos habían causado mucha impresión en el Pines. Tanta impresión como para olvidar su plan original.

De una u otra forma, el castaño comenzó a "aceptar su destino": se notaba decaído y apático, aunque las drogas que se suministraba le ayudaban a mantener el ritmo del palacio por el día y por las noches. Curiosamente, al terminar la sesión diaria de sexo con Bill, no podía evitar sentir impotencia. En su mente rondaba los pensamientos de no salir ahí nunca, de que tenía todo lo que necesitaba ahí, ¿para qué quería huir?, solo tenía que soportar los caprichos sexuales de un maniático rubio. Lo último le causo una pequeña sonrisa, después de todo, las drogas le generaban placer y la actividad sexual constante junto con los lujos proporcionados le generaban la cantidad suficiente de dopamina que necesitaba para "sobrevivir". Qué estupidez.

Ante su desánimo de salir de ahí, el coraje me subió hasta los cuernos. No iba a permitir que aquí acabará esta historia.

Una noche, Después de la intimidad que había pasado con el rubio, justo antes de que el menor cayera ante el sueño, me tomé la libertad de irrumpir en sus pensamientos: "¿Acaso te has permitido comprarte?" Susurre con su propia voz. No lo tomo con importancia, por lo que volví a irrumpir: "Las drogas te han afectado la cabeza".

El castaño abrió perezosamente sus ojos, y observo al rubio desnudo que dormía a su lado: "Duerme tan pacíficamente", el Pines suspiró con cansancio, "Será una lástima manchar las preciosas sabanas de seda con tanta sangre cuando cortes su garganta".

Inmediatamente, se levantó algo asustado. ¿Por qué he pensado en eso? Se preguntó así mismo. "¿Has olvidado tu primer sexo oral?", regreso su mirada al rubio dormido "Así es, él te obligó a hacerlo solo porque lo pusiste en su lugar".

Sacudió rápidamente su cabeza, "¿También olvidaste tu primera vez?".

Se sentó en la orilla de la cama, "Y también las marcas de esa sesión".

Se colocó su bóxer y su short, "Todo ese dolor...".

Camino hacia el baño, "Todas esas drogas que has consumido...".

Se lavó su cara en el lavamanos dorado, "Eso sin considerar las amenazas nada sutiles contra tu familia".

Miro su rostro en el espejo, "Admítelo, Pines Zorra..."

-No soy una zorra- Susurró. "Te acuestas con él por comodidades y lujos ¡Consumes drogas para soportarlo!" - No soy una zorra- volvió a susurrar cerrando sus ojos con fuerza. "Tienes que salir de ahí antes de que lo seas" -No seré una zorra- Regresó su mirada hacia el Bill dormido. Comenzó a sentir su cuerpo pegajoso y sucio, por lo que decidió meterse a la ducha, "Ya has avanzado mucho, tienes su confianza... aprovéchala", abrió la regadera, sintiendo el chorro de agua fría que cayó justo en su cara.

Su mente comenzó a trabajar sola.

Un golpe de realidad necesitaba.

-0-

La noche transcurrió rápido. Y la mañana se hizo presente.

Desde que Bill había comenzado a dormir junto con Dipper, igual había cambiado lugar con sus compañeros en la mesa del comedor: se sentaba al lado izquierdo del rubio.

Todos los platillos exquisitos eran repartidos entre todas las demás personas que se encontraban en la lujosa y enorme mansión. Todo transcurría conforme a lo habitual, hasta que el Cipher dirigió palabra al castaño que desayunaba unas quesadillas.

-Pino, Tengo una reunión muy importante con unos socios de la ciudad- Pauso para tomar un sorbo de café - Espero que no te molestes por no llegar hoy en la noche - canturreó, mientras cortaba sus panqueques con sus finos cubiertos de oro puro. Ahí bien, humilde.

"Este es el momento adecuado". Susurré en la mente del castaño.

-No me molestaré si me compensas por ello...-Mencionó el Pines.

Aquella frase había captado la atención de dueño de la mansión y de su segunda al mando. Nadie antes le había respondido de la misma manera.

- ¿Qué estás haciendo? - Respondió inmediatamente Osiris, cambiando su sorpresa por fastidio.

-Solo pidiéndole algo a mi amo- El castaño agacho su mirada - Después de todo, No le he pedido nada antes al amo Bill. - Una mirada desafiante se dirigió a Osiris.

La pelinegra respondió: -Por qué no le pedimos nada al amo Bill, él nos pregunta que deseamos cuando él desee darnos algo...- Gruño.

-Basta- Hablo firme el Cipher, callando la pequeña discusión que tenía frente de él- ¿Qué es lo que quieres, Pines? -

Dipper miró con triunfo a Osiris, la cual, ella respondió con un bufido.

El Pines se acercó a la oreja del rubio, y colocó su mano, seguido de susurrarle algo. La respuesta del mayor fue solo una pequeña risa. La pelinegra los miró confundida.

-¿No estás pidiendo demasiado, Pino? - siguió con sus pequeñas risillas, mientras continuaba cortando su desayuno.

-Solo pensé, que he sido muy obediente y sumiso, amo- Respondió en nombrado de forma coqueta al rubio.

-Esto es una tontería, amo Bill...- Mencionó Osiris de forma rápida, pero fue detenida con una seña por Bill.

-Está bien...-Respondió el rubio aceptando su derrota, Osiris volteo a verlo incrédula- Acepto el trato, solo que hay pequeños detalles entre líneas que discutiremos luego...-

Dipper lo miró confundido, causándole gracia al mayor, mientras que la morena apoyo sus dedos, índice y pulgar contra su cien y su frente.

Bill no dudó en acercar su rostro, al contrario, tomar su fino mentón y morder los labios de Dipper. El rubor se adueñó de las mejillas del castaño, causándole inmediatamente que baje su mirada, causándole más risas al Cipher.

"No te distraigas" Le susurré en su mente al Pines, aceptando la idea de inmediato.

El almuerzo concluyó.

-Vístete con lo que te mandaré con Osiris. Si todo sale bien, te daré lo que quieres. - Recalcó el rubio. El castaño asintió. -Bien, puedes retirarte. -Finalizó. El castaño acató su orden y se retiró de la mesa.

- ¿En serio accederá, amo Bill?- Habló la pelinegra ante la ausencia del castaño. -Es decir, ¿al menos puedo saber qué fue lo que le pidió ese impulsivo sin educación?

-No seas entrometida, Osiris - Respondió el rubio de forma divertida- Además, no se la dejaré fácil...

"Veremos qué tan sumiso te has vuelto, pino..." escuche de la mente del mayor.

Será una noche muy divertida.

-0-

La tarde paso muy rápido, y pronto recibió a Osiris a su habitación y junto con ella, un paquete mediano.

Las instrucciones eran claras: Colocarse la ropa, ser obediente, ser tierno y cariñoso, no hablar a menos que el amo Bill diga, y cuando se dirija al amo Bill siempre sea con "amo" "amor" "cariño" y todas esas palabras cursis. Con el simple atuendo que le había llegado a su habitación supo que no sería sencillo conseguir lo que quería: Un corsé de cuero que cubría de sus pezones hasta su ombligo con encajes dorados, así como una tanga que solo le cubría su miembro, un ligero para su pierna, unos ligeros con moños dorados, medias de red y tacones negros tipo peep tooe con tocados dorados.

-No usaré esta porquería- susurró para sí mismo. "No seas cobarde" dije en la mente del castaño "Es un pequeño precio que pagar por tu libertad". Suspiró con pesadez. Se comenzó a desvestir y a colocarse el exótico atuendo que le habían proporcionado.

Una vez terminado, salió de la habitación, donde la pelinegra heterocroma lo estaba esperando.

-¡¿Te drogaste?!- Exclamó Osiris al ver como se tambaleaba el castaño al caminar.

-¡NO!- gritó eufórico el contrario- Yo no uso tacones...- explicó.

-Descuida, te acostumbrarás...- respondió algo molesta. -Solo no olvides las reglas que él dijo...

-Ya sé, ya sé...- respondió algo brusco. "No estaré lo suficiente para acostumbrarme" pensó.

Esa actitud me gusta.

Ambos caminaron por varios pasillos, algunos ya habían sido visitados por el castaño, mientras que otros eran completamente nuevos. Llegaron a la habitación del rubio, Osiris abrió la puerta, y ambos entraron. Posteriormente, la pelinegra se dirigió hacia unas cortinas y las movió para revelar el secreto que guardaban: Una puerta de fina madera tallada con la manija de oro puro. Ambos entraron a la habitación escondida, cerrando al entrar. Del otro lado de la puerta se encontraba un arco recubierto de cortinas doradas con ojos rojos de decoración, que cubría la vista del resto de la habitación.

-Vas a entrar, y te comportarás como te dije- Dijo la pelinegra antes de empujar el castaño.

No dio el tiempo de responder cuando ya estaba del otro lado de las cortinas y pudo divisar la habitación y su contenido: Una enorme mesa con mucho dinero y artículos de valor como oro y diamantes, alrededor de la mesa había varias personas y detrás de esas personas, había sirvientes y sirvientas vestidos con prendas exóticas, de la misma manera que él, mientras que en la silla principal se encontraba su "amo", Bill Cipher. Rápidamente, mejoró su postura: levantó el pecho, se paró derecho, y con sus manos en su espalda.

-¡Hey! ¡Aquí está mi pino! - Grito el Cipher al ver al castaño, seguido de señas hacia el para qué se acercará.

El castaño trató de sonreír de la mejor manera y se acercó al rubio, quien al tener al menor cerca, lo jaló por su muñeca y lo sentó en sus piernas. El Cipher se acercó al oído del Pines y le susurro "Recuerda nuestro acuerdo, Pino". El castaño asintió ligeramente y cruzo sus piernas mientras colocaba ambas manos sobre los hombros del rubio, y le dio un beso en la mejilla del rubio.

-Compañeros, Les presento a mi "Pequeña perra"... - mencionó de forma socarrona, sosteniendo al castaño de las caderas mientras se encontraba sentado en sus piernas. El menor solo sonrió por obligación.

Muchos de los invitados del rubio asintieron satisfechos y alagando la belleza del castaño.

-Lo he nombrado Pino, por su delicioso aroma mezclado con ese perfume barato que se vende en los supermercados. He olvidado el nombre...- Su mirada se dirigió a una persona que se encontraba del otro extremo de la mesa - Quizás tú te lo sepas, Stanley...-

Aquel nombre borro la risa del castaño, el cual rebusco entre las personas hasta encontrar al mencionado: Su tío Stanley pines.

-Vamos Stanley, si tienes que decir algo, dilo ahora...- canturreo el rubio. Bill ya sabia que su "Fiel" socio de negocios, Stanley, era familiar de su favorito. Más bien, Ya sabia TODO de su favorito.

-No tengo nada que decir, señor Bill...- Respondió el anciano.