-Desperté en una habitación oscura, no sabía dónde estaba, pero sabía que Bill Cipher me había dormido con un dardo tranquilizador en aquel estacionamiento – Relató el castaño directamente al comandante Alilleri. Ya estaba por completo recuperado, tanto su brazo como sus heridas estaban sanadas, y su orgullo se lo había tragado para relatar el resto de su historia al comandante, quien no dejaba de grabar dichas confesiones para evidenciar los actos crueles del rubio.

- Pase una semana completa ahí, si no es que más. – Continuo - Pasaron muchas cosas, muchas torturas que tuve que soportar, hasta que finalmente se me dio una oportunidad de escapar.

- ¿Y recuerdas por donde cruzaste hasta llegar al parque junto a los oficiales que te trajeron ahí?

Dipper dudo un poco.

-Podría trazar de forma inversa como es que llegue ahí, recuerdo cuantas veces cambie de calle y en qué dirección.

-Perfecto, traeré un mapa. – El comandante tomó su celular y realizó una llamada –Moveremos al Pines a "resguardo de testigos", necesito al "ejército Cienfuegos" en el hospital, "Amarillo caerá esta tarde"- Mencionó en forma de clave y abreviada.

El castaño suspiro un poco asustado.

Todo aquello no fue ignorado por los ojos que todo lo ven. Aprovecharía el movimiento de los oficiales para poder recuperar "su propiedad".

Aprovecharía a ejecutar su plan para recuperar a su pino.

El Cipher también empezó a mover a sus guardias.

- ¿Cómo es que lograste abrir el alcantarillado?- Preguntó de forma ladina hacia el castaño. - Esas rejas son demasiado finas para tus dedos y los tornillos siempre son ajustados a su máxima capacidad.

El Pines solo se dignó a dirigir una mirada de ira hacia el Mayor. Se encontraba encadenado de ambas muñecas hacia la pared, mientras el resto de su cuerpo se guindaba un poco sobre lo que parecía una plancha de cemento. Como una cama, pero muy incómoda.

-Analice cada parte de ti – Continúo el Cipher, sin dejar de observar a su contrario – No llevabas herramientas, no llevabas nada filoso, solo vestías bien... - Admitió

-Púdrete Bill, No me retendrás toda la vida aquí.

- O~Oh ¿eso es lo que crees? – Se acercó peligrosamente al Pines sin dejar de observar aquellos ojos que tanto le enloquecían.

-N-no te atrevas- forcejeo nervioso.

Los labios de ambos se juntaron en un parpadeo, el Cipher sostenía con ambas manos las mejillas del contrario, mientras que el Pines, forcejaba para librarse de aquella boca indecorosa. Bill mordió de forma brusca los labios ajenos, causando un gemido de dolor que inmediatamente fue aprovechado para ingresar su lengua y profundizar el beso.

Entre el beso apasionado que forzaba, abrió con suavidad los ojos, observando con mayor detalle el arete que colgaba del lóbulo del Pines.

"Osiris" Pensó.

-Esa maldita – Se separó con brusquedad del beso y tomó con ira aquel objeto dorado, jalándolo sin cuidado alguno, causando un grito de dolor al castaño por la herida recién hecha en su lóbulo.

-Así es como llegaste lejos ¿He? Pequeño tramposo...- Comentó sin dejar de observar aquel objeto brillante, ensangrentado – Esa Zorra me las pagará...

-N-¡No te atrevas a tocarla!- Le reprochó Dipper a Bill entre gemidos de dolor.

- ¿En qué más te ayudo? –Los múltiples accesorios comenzaron a ser retirados con brusquedad, para ser observados meticulosamente – Seguramente esa tramposa se sentía celosa de ti, mi castaño... Quería deshacerte de ti y caíste en su trampa...

-Te equivocas... – Lo interrumpió el castaño – Todos saben lo mala persona que eres, lo mal que me trataste, lo mucho que abusaste de mí...

Una bofetada lo silencio.

- ¡Te di todo lo que las personas querrían! ¡Dinero! ¡Atención! ¡Tiempo! ¡Familia! A todos los protegí...-La mirada amarilla observó de nuevo aquella prenda con gotas de sangre – Pero esa traidora pagará lo que hizo... -Gruñó aventando los accesorios por el suelo.

-No te...-Sus quejas fueron silenciadas por una mano que cubrió toda su boca con fuerza.

-En cuanto a ti... - Comenzó a rasgar la ropa del Pines sin pudor alguno -Haré lo que sea necesario para que JAMÁS olvides que me perteneces –Gruñó comenzando a morder con fuerza la piel del contrario.

No pasaron más de 15 minutos.

-Señor- Llegó un oficial a la habitación, quien abrió la puerta con desesperación – Cienfuegos está listo para trasladar al Pines.

Un suspiro de alivio en el castaño se escuchó.

-Bien, Movámonos- Concluyó el comandante.

Las tres personas salieron del cubículo, siendo escoltados por policías armados con armas de alto calibre, en total unas 6 personas con trajes especiales para guerrillas indeseadas.

Mientras se movían apresuradamente por los pasillos, el Pines, subrayaba por medio de una tableta con un mapa digital, un camino que recordaba.

Era el camino que había utilizado para escapar de la prisión del rubio.

Los siguientes tres días, solo consistieron en más violaciones y tortura sin parar. No entendía como es que el Cipher tenía una alta resistencia. Y, sobre todo, no entendía por qué le sucedía aquello.

En el tercer día, Bill había llamado a un tatuador profesional para hacerle una marca en el hombro izquierdo con la intención de que "no olvidará que tenía dueño".

Dipper se resistió y forcejeo ante las punzadas de dolor, y al momento de querer empezar a trazar el triángulo que rodearía el pino, el Pines logro empujar con fuerza el cuerpo del tatuador, rompiendo la pequeña, pero costosa máquina al tirarla de las manos ajenas.

Acción que enfureció más al rubio.

Los siguientes dos días los paso igual. Sin comida, ni agua, solo se debilitaba más con cada acción que intentaba realizar para evadir al Cipher.

Sus esperanzas comenzaban a apagarse.

Unos disparos se escucharon por fuera del hospital, causando un nerviosismo inmediato en todos que se movían con velocidad a la entrada del edificio.

~ El triángulo apareció, Repito el triángulo nos ataca... ~ Se escuchó por uno de los equipos de radiocomunicación que portaban los escoltas del Pines.

El castaño palideció ante lo escuchado. Sabía a lo que se refería la clave que habían comunicado.

- Cambio de planes...- Susurró Alilleri, pensando rápidamente – ¡Cambio de planes, tomaremos el plan B! –Esta vez gritó hacia los uniformados.

Todos asintieron de inmediato, cambiando de pasillos a una nueva ruta de escape.

El castaño solo alcanzó a sostener con fuerza la mano del comandante, estaba asustado.

Detrás de ellos se escuchaban gritos, disparos y algunas pequeñas explosiones.

Era claro que el Cipher no se iría sin la cabeza del Pines.

Al sexto día, algo nuevo ocurrió. Osiris apareció. Y junto a ella, tres personas más, personas que vivían en aquella enorme casa, pero a diferencia que, de costumbre, Estas personas tenían los ojos en blanco con una mirada seria y perdida, como si estuvieran hipnotizados.

-Muévanse- Susurró la pelinegra.

Las tres personas se dirigieron al castaño, quien, aturdido por la luz y la cantidad de personas, solo se quejó con dolor. Estos humanos comenzaron a desatar las cadenas del castaño y con paños húmedos en alcohol, limpiaban las heridas del contrario.

Osiris juntó sus manos y comenzó a susurrar palabras extrañas entre ellas, y rápidamente generó una pequeña luz entre sus manos.

El castaño pensó que todo aquello era una ilusión a causa de su debilidad por falta de alimento y agua. Pero no era así.

De entre las manos de la heterocroma se vio una pequeña esfera húmeda color blanquecino. Aquella esfera pasó a manos de uno de sus sirvientes, el cual se acomodó en la parte inferior del castaño, sentándose donde se encontraban sus piernas.

-Esto te va a ayudar, pero no te va a gustar como debes absorberlo – Susurró la azabache dirigiéndose al castaño.

El sirviente que sostenía la esfera tomo las piernas del Pines, y las abrió con suavidad. Acercó aquella esfera al agujero del castaño y la metió con rapidez, causando un respingo del contrario. Inmediatamente, la boca de Dipper fue cubierta por Osiris para callarlo. Una sensación cálida y de alivio inundo el cuerpo del castaño, quien, confundido, se levantó con sumo cuidado y observó los ojos bicolores de la mujer que lo estaba ayudando.

-Ahora escúchame bien... - Siguió hablando en susurro – Esta es tu última oportunidad de escapar, solo síguelos a ellos y no mires atrás...

La instrucción era clara. Debía correr y escapar. Y así lo hizo. Así llegó al hospital.

Con una esencia de éxtasis temporal.

Una bala derribó a uno de los guardias que protegía adelante del Pines. El resto de los guardias y el comandante se pusieron alerta y rodearon al castaño protegiéndolo con sus cuerpos. Colocaron sus armas en posición y apuntaron hacia los pasillos que los rodeaban esperando lo peor.

Unos personajes armados comenzaron a rodearlos apuntando con sus armas hacia ellos.

El Pines respiraba asustado, viendo la tensión entre los hombres que lo defendían y los hombres que atacaban. Hasta que se encontró con aquellos orbes color Miel que lo observaban con ira.

Cipher lo había encontrado.

El Pines no pudo evitar aferrarse como un niño asustado al cuerpo del comandante Alilleri.

Un chasquido de los dedos del rubio, inicio el fuego cruzado, derribando de forma inmediata a todos los guardias que se encontraban cuidando de su castaño. Todos, menos el comandante Alilleri que sostenía al Pines de ambos brazos, sin dejar de apuntar con nerviosismo a todos de forma rápida y veloz.

El Cipher apuntó su arma a la cabeza del comandante, pero el contrario no se inmutó.

- Suéltalo – Habló firmemente.

- Primero muerto – Se aferró al castaño. No dejaría que se lo llevará tan fácilmente. Buscaba hacer tiempo para qué le llegarán refuerzos.

Una sonrisa se esbozó en la cara del rubio, el cual no dudo en disparar en el hombro del comandante. Un grito de dolor fue la respuesta del afectado, mientras que el castaño se alteró aún más, tratando de reponer al uniformado y cubriendo su herida con ambas manos.

- ¡Basta! – Gritó el más joven.

-No te entrometas, Pines-niño – Seguía apuntando al policía. No toleraría que nadie más se aferrara a su "Pino", pero tampoco se arriesgaría a lastimar su propiedad.

El castaño soltó el agarre del policía y se interpuso entre el arma y el cuerpo del comandante.

- ¡Dije Basta! –Gritó hacia el rubio - ¿Quieres que vaya contigo? Dejarás de lastimarlo y lo dejarás vivir

Bill lo pensó un poco. Bajó el arma y extendió su mano hacia el castaño.

- ¿Es un trato?

Dipper lo tomó en muestra de aceptación. Rápidamente, fue jalado hacia el cuerpo del Mayor, quien lo rodeo posesivamente de los hombros con su brazo izquierdo.

Un gruñido de dolor seguido de un "No, Dipper" muy débil, se escuchó por parte del policía.

-Tienes suerte que mi Pino se apiadara de tu vida...-Refunfuñó, arrastrando al castaño consigo mismo, alejándose de aquel lugar y siendo escoltado por su séquito de guardaespaldas bien armados, dejando los cuerpos inertes de los policías y al comandante desangrándose del lugar.

Se movían entre los pasillos del hospital, apuntando tanto como el rubio como sus guardias a todas las direcciones posibles. Su agarre del Cipher al Pines era firme y constante. Esta vez no dejaría que se volviera a salir de sus garras.

El castaño solo se quejaba de su fuerte agarre. Había olvidado lo rudo que era, y definitivamente no le gustaba.

-Por favor Bill ¡Para! ¡Me lastimas! - Jadeó de dolor.

-Cállate- Gruño molesto.

Estaban cerca de la salida de escape cuando el sonido de una voz al megáfono los detuvo.

~Bill Cipher, Entrégate. Tenemos rodeado todo el edificio~ Se escuchó

-Tsk...- Esta vez, volteo al Pines sin dejar de tomar sus hombros y observo sus ojos chocolatosos. – Esta vez, tú serás quien me saque de aquí...- Seguido de la frase, se acercó fugazmente mordiendo el labio inferior del castaño, quien volvió a quejarse de dolor.

El líquido carmín salió de los labios ajenos.

El rubio dio órdenes a los guardias de salir a sus espaldas, mientras volvía a acomodar al castaño entre su brazo. Saco una pistola de bajo calibre, le saco las municiones y la apunto a la sien del más joven, quien se quedó estático ante la sensación de tener un objeto peligroso apuntando a su cabeza.

-Tu tranquilo y sígueme el juego – Susurró en el oído de Dipper – Si todo sale bien, haré como que nada paso. –lamió la mejilla del castaño, causándole un respingo ante la asquerosa sensación y salió de forma brusca al exterior.

Los policías se tensaron ante la amenaza al rehén. No querían que él saliera herido.

Mientras el Cipher gritaba que le dejarán el camino libre para su escape, los policías no accedían a quitarse del camino tratando de negociar con el delincuente.

La tensión en el aire era demasiado pesado, y con ello, llego un mal presentimiento en el Pines.

Los policías solo querían hacer tiempo para que el francotirador que se encontraba a dos edificios del lugar apuntará a su principal objetivo: El Cipher.

En la mira ya tenía la cabeza del rubio ubicada.

Trataba de evadir a toda costa el cuerpo del castaño.

Trataba de estudiar el comportamiento errático del rubio para poder pegarle solo a él.

Y finalmente disparo.

La sangre brotó con intensidad del pecho ajeno.

El cuerpo cayó bruscamente al suelo.

El pánico comenzó a invadir su mente.

El dolor apareció en un parpadeo.

Un mal movimiento.

Un mal movimiento del Cipher causo que la bala que iba destinada hacia él, terminará en el pecho de su amado.

Los guardias de Bill, rápidamente cubrieron ambos cuerpos y comenzaron a defenderlos en medio de un fuego cruzado.

No entendía por qué el líquido carmín no dejaba de fluir del pecho del ajeno a pesar de que presionará con fuerza.

Gritaba su nombre con la esperanza de que lo ayudará de algún modo.

Por primera vez, la desesperación y la impotencia lo carcomían.

El castaño se sentía mareado, sin fuerzas, y sus párpados comenzaban a cerrarse sin su consentimiento. Sabía que era su final. Sabía que ese dolor era a causa de una bala que no era destinada para él. Sabía que finalmente podría librarse de toda esa tensión que sufría constantemente a causa del rubio loco que lo atormentaba.

-Dipper – Gimoteo en tristeza y desesperación.

No quería perderlo.

Una suave sonrisa se formó en el rostro pálido, al parecer había visto algo que le había gustado, para luego perder sus fuerzas y cerrar sus ojos para siempre.

Cipher no creía lo que veía.

Abrazo con fuerzas el cuerpo del castaño y las lágrimas no tardaron en aparecer en su rostro.

Su mente estaba ida, en shock, no procesaba nada ni escuchaba nada. Ni siquiera escuchaba lo que decían sus guardias desesperados ante el enfrentamiento.

Los policías los derrumbaban uno a uno.

Hasta que finalmente el Cipher se quedó solo. Abrazando un cuerpo inerte.

Los policías seguían gritándole, pero no parecía escuchar.

"Ya no me queda Nada" Pensó.

Sin dejar de abrazar con fuerzas el cadáver de su amado, con su mano derecha saco una pistola que aún conservaba entre sus ropas.

La cargo.

Y dirigiendo el cañón hacia su boca...

Disparó.

Nadie podía entender lo que había sucedido.

Se acercaron ante ambos cuerpos y se maldijeron por no poder cumplir con su misión.

Todo había sido en vano.