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Capítulo I

Lo imposible

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—Esto no puede ser cierto —susurró Vaggie en español.

Angel, por su parte, se retorció con un chillido prolongado, maldiciendo entre jadeos.

Se había estado quejando los últimos días de no sentirse bien, pero solo hasta que empezó a gritar hacía unos minutos, fue que decidieron irrumpir en su habitación.

—¿Qué pasa? —preguntó Charlie al verla montarse en la cama, sacándole el pantaloncillo corto que Angel usaba cuando no salía. Le abrió un poco las piernas, pero antes de poder hacer nada, una mancha de sangre se extendió por las sábanas rosadas. Fat Nuggets olisqueó un poco antes de empezar a girar sobre sí mismo, dando lametones por donde podía.

—Sácalo de aquí, cielo —le dijo Vaggie con apuro —. Y tráeme agua caliente y muchas sábanas limpias.

Charlie quería hacer más preguntas, pero la sangre no dejaba de salir, así que salió corriendo con el pequeño cerdo en brazos, llamando a gritos a Razzle y Dazzle, aunque fue Nifty la primera en aparecer.

Volvieron a la habitación cuando los gritos de Angel ya se escuchaban en todo el hotel. Sus alaridos desaforados pronto empezaron a competir con los gritos de Vaggie que le pedía que cooperara un poco para acabar pronto con todo eso.

—¡Por favor, cabrón! ¡Estate quieto! —chilló Vaggie —¡Charlie! ¡Sujétalo!

Charlie dejó las sábanas a un lado para lanzarse y atrapar sus brazos, entonces aparecieron los otros cuatro, mismos que Razzle y Dazzle sometieron antes de que empezara a empujar a las chicas.

—¿Eso es…?

—¡Sí, Nifty! ¡Ayúdame! —vociferó Vaggie.

Su impaciencia iba reemplazándose con un creciente pánico a medida que nada parecía estar resultando, y el sangrado de Angel iba en aumento de forma escandalosa.

La situación era por sí misma imposible, así que la idea de que pudiese morir si no hacía algo, no parecía tan absurda.

—Yo… voy a tener que meter las manos para sacarlo —dijo jadeando.

—¡Entonces hazlo ya, perra!

Vaggie gruñó, le fastidiaba bastante que la insultara, sobre todo cuando estaba ayudándolo, pero en vista de las circunstancias, solo lo dejó pasar, se lavó lo mejor que pudo en un balde abollado al pie de la cama, y decididamente deslizó la mano por la abertura más o menos dilatada que se podía ver entre el escroto y el ano. La sangre, mezclada con un líquido viscoso, ligeramente amarillento de penetrante olor, se deslizó por entre sus dedos, facilitando de cierta manera el que pudiera entrar en la cavidad.

Entonces, pudo sentirlo.

Jadeó mientras abría los ojos exageradamente, ni siquiera se inmutó en el hecho de que Angel estaba teniendo una erección, todos sus pensamientos se arremolinaban en un único hecho imposible, aunque lo estaba tocando. Consiguió sobreponerse, concentrarse en lo importante y dio un leve tirón, sin embargo, hubo una resistencia pavorosa, algo se había enrollado a su muñeca con una descomunal fuerza, hundiendo más su mano en Angel, que gimió.

Armándose de valor, de rodillas en la cama y con la mano introducida hasta la muñeca, Vaggie se acomodó lo mejor que pudo para tener un apoyo firme y tiró con todas sus fuerzas, pero aquello seguía resistiéndose.

Cada movimiento de aquél grotesco forcejeo, no hacía más que inflamar las venas del miembro enrojecido de Angel, coronado con unas gotas traslúcidas.

—Vaggie —tartamudeó Charlie, horrorizada por el inaudito giro que había dado la situación.

Con ayuda de Nifty, que se encaramó en el vientre hinchado de Angel, Vaggie finalmente lo consiguió. El ruido de aquella cosa saliendo, como de un chapoteo por el líquido viscoso, se unió a un grito más fuerte y levemente prolongado con un perturbador matiz obsceno.

Charlie ahogó un quejido, el semen le había caído a ella, pero no se atrevió ni a quitarse ni a quejarse, tenía la mente completamente en blanco mientras veía a Vaggie en el piso, llena de sangre y el líquido viscoso, sosteniendo en los brazos algo que se retorcía con persistencia: era grisáceo, con algunos mechones de pelo rojizo pegados al cuerpo.

Angel estaba ido por completo, tanto que ya no era necesario sujetarlo, respiraba con dificultad y el sudor le había pegado el pelo al cuerpo, revelando lo ridículamente delgada de su complexión.

—¿Vaggie? —preguntó Charlie.

El enorme ojo de Nifty mantenía la mirada fija en lo que Vaggie tenía, y ella misma tampoco podía apartar la vista.

No podía hablar, no podía pensar en nada, ni siquiera acababa de comprender cómo era posible que jamás le hubiese pasado por la cabeza que Angel fuera capaz de eso, o en general cualquiera, al margen de las peculiaridades de su cuerpo que lo habían permitido.

Jamás había escuchado sobre algo así, de hecho, muchos demonios nativos se jactaban de la imposibilidad de los pecadores para concebir.

Aquello dejó de moverse, y solo eso la motivó a estimularlo de nuevo, de alguna manera, hasta que finalmente lo consiguió: un poderoso chillido que seguro escucharon hasta el bar.


Comentarios y aclaraciones:

Y así pues, Angel tuvo un bebé.

¡Gracias por leer!