.

Capítulo II

El prodigioso demonio

.

—Es lindo ver que te preocupa —dijo Charlie.

Husker entornó los ojos y le dio un trago a la botella de licor para enseguida limpiarse el excedente con el antebrazo. Apenas gruñó y después continuó montando la marquetería reforzada de la nueva ala que se estaba adaptando en el hotel.

Vaggie frunció el ceño. Le repugnaba profundamente la actitud de Husker, y aunque Charlie trataba de convencerla de que le importaba, muy a su manera, era exactamente igual a cualquier hombre que renegaba de su paternidad, siendo las tareas que tomaba para acondicionar la nueva habitación, una clásica compensación mediocre.

Y la actitud de Angel no era mejor.

Había pasado apenas una semana desde esa noche, y cada día, desde que había conseguido levantarse por sí mismo, se la pasaba intentando que Husk hiciera... lo que fuera.

No entendía cómo es que se imaginaba que las cosas iban a cambiar, que él juraría no volver a beber, se comprometerían, se casarían y criarían al fruto de una noche bastante cuestionable, como una familia todo lo feliz que podrían ser en el infierno.

Por su parte, Husker ni siquiera lo miraba, apenas le ponía más atención que antes y nadie lo había convencido de siquiera mirar lo que había nacido.

Eso.

Aún no lo habían nombrado. Ella misma no se creía capaz, Charlie saltaba de uno a otro y nadie dejaba que Angel hiciera siquiera sugerencias, de cualquier forma, parecía estar interesado en que Husker lo decidiera, algo que no estaba pasando.

—¡Ya está listo!

Nifty apareció de pronto, levantando por sobre su cabeza, de manera casi imposible, algo que era casi de su tamaño, pero mucho más regordete.

Grotesco y maloliente, pese a estar recién bañado, Charlie chilló de emoción y corrió a abrazarlo.

Llevaba puesto un mono* tejido que simulaba ser un traje con todo y pajarita, seguramente obra de Nifty y por eso estaba tan orgullosa.

—¡Parece que cada que te pierdo de vista, creces! —exclamó, sopesándolo.

Vaggie estaba de acuerdo con eso.

En cuestión de días había doblado su tamaño y Nifty, que lo bañaba y vestía, acusando, no sin razón, a Angel de ser incompetente, siempre terminaba haciendo adecuaciones en sus ropas o algo completamente nuevo.

Charlie lo acunó, sin dejar de sonreír y hablando con cierto tiple.

En algún momento juntó su nariz con el hueco de fosa nasal que tenía en la cara esa criatura y luego se lo mostró a Vaggie, como invitándola a cargarlo. Ella sonrió forzadamente, pero rechazó el ofrecimiento, tocando su mano instintivamente. Esa cosa la había mordido cuando la ayudó a nacer, y extrañamente, la herida que en un principio no le pareció grave, no se había cerrado.

—¿Todo listo, Nifty, querida?

—Sí, lo vestí muy elegante. A la señorita Rosie le encantará.

Alastor agitó su micrófono y las sombras se arremolinaron a su lado cambiando de forma. Charlie se acercó a él y depositó al extraño ser en el improvisado cochecito de paseo. Quizás siendo irónico, remató la cubierta con un movimiento de mano que dio forma a un móvil de muñecos de trapo colgados por el cuello.

—¡Alastor! —chilló Charlie frotándose las mejillas—¡Es tan lindo! ¡Vaggie, mira!

—Es un lindo detalle de tu parte, sonrisitas.

Alastor esquivó con agilidad a Angel cuando trató de tomarlo por el hombro, apartándolo con micrófono.

—No nos esperen a cenar —dijo, poniéndose en marcha.

Charlie los acompañó hasta la puerta recordándole que fuera discreto, al menos en lo que estaban seguros de entender ellos mismos lo que había sucedido. Sin darle mayor importancia, Alastor reafirmó su compromiso y cerró la puerta con innecesaria fuerza.

—Cielo —dijo Vaggie, acercándose a ella, apartándose de los demás —. ¿De verdad crees que esto está bien?

Charlie la miró, como si no entendiera la pregunta.

Le preocupaba mucho que se supiera de la condición de Angel y eso atrajera a un montón de pervertidos. De suerte Valentino no lo había buscado, no quería siquiera imaginarse si se enteraba de lo que había pasado, seguramente que le encontraría una utilidad horrible.

—Que Alastor vaya solo con... con...

—¿Con el bebé?

Vaggie asintió, no entendía por qué le costaba tanto trabajo llamarlo de esa manera, y pensar que bien podría ser por la repulsión que le causaba su fealdad, la hizo sentir mal.

—Es decir, sabes perfectamente el tipo de dieta que lleva Alastor, y esa mujer a la que va a ver también.

Charlie le puso las manos en el hombro, intentando inútilmente calmarla.

—Alastor está muy intrigado en saber qué pasó, no se lo va a comer, al menos hasta que tenga respuestas. Además, dijo que alguien tendría que cuidar de él, considerando la actitud de Husk.

—Hay, Charlie, te juro que fue sarcasmo cuando Husk le preguntó si quería ser su padrino.

Charlie le pasó la mano por el rostro y se acercó para besarla.

—Yo creo que es una oportunidad para que Al se preocupe por alguien más. Quizás por eso nació, quizás sea una oportunidad para todos. Porque, ¿por qué de todos los sitios del infierno precisamente aquí?

Vaggie no supo qué responder.

Desde que era tan solo una niña, tenía claro que el sentido del humor de Dios era retorcido, y desde que lo recibió en sus brazos, no podía dejar de pensar en eso, que solo se estaba burlando de sus esfuerzos.

Abrazó a Charlie, realmente quería creer.

.

—Al, querido, esto no es un imp.

Alastor ensanchó su sonrisa, tomando al regordete demonio entre sus brazos.

—No, no lo es.

—¿Entonces qué clase de abominación es?

Rose recogió un poco el largo de su falda para bajar los escalones, extendiendo los brazos para tomarlo ella misma.

Acercó el rostro, respirando profundamente.

—¡Qué hedor!

—Lo sé, querida. He querido traerlo desde que nació, pero me temo que mi socia tiene su recelo para hacer público este feliz acontecimiento.

—No puedes culparla, vamos, pasa.

Rosie, entró a la casa y ordenó a las sirvientas, que se arremolinaron en el vestíbulo para recibir al invitado de su señora, que se mantuvieran a raya. Todas se estremecieron, aunque había sido cordial como siempre, era una overlord, no la podían retar a la ligera.

Alastor tomó asiento en su lugar habitual, un sofá junto a la chimenea, justo al lado de la mesa de servicio donde se encontraban, prolijamente ordenados, una notable variedad de bocadillos.

Luego de cerrar la puerta a su espalda, puso a la criatura en un sillón, asegurándolo con algunos cojines para que se mantuviera más a o menos sentado.

—¿Nifty hizo el traje?

—Naturalmente.

—Tan elegante, solo hay que enseñarle los modales adecuados y no tendrá problemas en sociedad. Incluso lo repulsivo que es, podría ser beneficioso para darle presencia. Cuando me dijiste que habías apadrinado a un bebé, no lo podía creer, lo juro.

—Bueno, es hijo de Husk...

Rosie giró el rostro, su sonrisa desapareció mientras que la de él se ensanchaba con malicia.

—Querido, no me tomes por tonta —le dijo con seriedad.

—Rosie, jamás te ofendería. ¿Crees que me interesaría un vulgar imp?

Alastor movió los dedos y el regordete monstruo fue levantado de su sitio por las sombras que le despojaron de la ropa que llevaba.

Rosie se llevó las manos a la boca, conteniendo su expresión de asombro mientras se revelaba el cuerpo deforme. No tenía un pelaje uniforme, la piel arrugada mostraba algunas venas púrpuras, especialmente en el abdomen, hinchado de forma grotesca. Sin embargo, dentro de sus rasgos distintivos, estaba una cola, exactamente igual a la de Husk, y de él también parecía hacer sacado las inmensas cejas rojas que se unían con un pelo ralo en la cabeza redonda que tenían en el nacimiento, una marca parecida a corazones negros.

Tenía orejas de gato, y sus ojos, diminutos y hundidos, tenían un aire bilioso de criatura enferma.

—Pues, ya que lo dices, se parece en algo. Pero, ¿cómo?

—Esa es la gran pregunta, querida. Este pequeño monstruo es único.

Rosie volvió a sonreír, tomándolo ella misma para sentarlo en su regazo.

—¿Qué edad tiene?

—Seis días.

Ella volvió a mirarlo con reproche.

—Y estaba a la mitad de tamaño.

—¿Qué come?

—Cualquier cosa, ayer atrapó un ratón por sí mismo.

—Pero ¡qué habilidoso!

Inmediatamente, Rosie empezó a acercarle los bocadillos de la mesa, que, sin demora alguna, empezó a devorar con avidez.

—Con mesura, cariño, toma lo que quieras, pero los modales hacen al caballero.

Alastor se inclinó al frente para ponerle una servilleta, acomodándola de modo que no le fuera a ensuciar el vestido a Rosie, y aprovechando, le limpió la boca.

—Y a todo esto, ¿cómo se llama?

El demonio de la radio se encogió de hombros.

—Sus padres no lo esperaban —dijo —. Así que no han pensado en ello.

—Pues, dado que eres su padrino, podrías nombrarlo tú.

Rosie lo miró.

—Ya tienes algo en mente, ¿verdad?

—Tengo algunas ideas, pero depende de qué otras sorpresas tenga bajo esa barriga.

—¿Te refieres a si tiene afinidad mágica?

—¿No sería increíble?

Las pupilas de Alastor se habían dilatado de forma exagerada, estaba auténticamente entusiasmado como no lo había visto en mucho tiempo.

Toda su energía estaba ahora canalizada a esa pequeña esperanza, y trató de imaginar lo que pasaría si lo único extraordinario de ese demonio fuera haber nacido, nada más.

La decepción sería terrible.

No obstante, percibía algo especial en él.

—Hay que iniciarlo —dijo.

—¡Pensé que no lo ibas a sugerir!

Rápidamente, Alastor despejó la amplia sala, empujando todos los muebles contra los muros. Rosie se tomó su tiempo, dejó que comiera un poco más y luego lo llevó ella misma al centro del círculo trasado por el otro demonio.

Enarcó una ceja al notar que se había sentado solo, ya no necesitaba de ninguna clase de apoyo y miraba a su alrededor, como si quisiera entender lo que pasaba.

Con suma ceremonia, Rosie se quitó el sombrero, dejándolo junto con su alfiler sobre uno de los sillones y desabrochó los botones del cuello de su vestido, apenas abriendo un poco la blusa. Luego tomó un cuchillo de la mesa y volvió con el pequeño, arrodillándose frente a él.

—Tranquilo, cariño. Solo sentirás un pequeño piquete, pero te prometo que la recompensa lo valdrá.

Alastor ensanchó su sonrisa al ver a la mujer deslizando la punta del cuchillo sobre el vientre hinchado. Algo que no estaba seguro de que fuera sangre, supuró de la herida y el demonio empezó a chillar con un berrido espantoso. Rápidamente lo inmovilizó, dejando que Rosie terminara de trazar los símbolos.

—Ya, ya, es todo —dijo mientras dirigía el cuchillo a su propio pecho, clavándolo decididamente para enseguida inclinarse, dejando que la sangre cayera sobre el rostro del pequeño.

El tacto de la sangre negruzca calmó enseguida el llanto y sacó la lengua paladeando lo que alcanzaba.

—¡Más! —exclamó, con un vozarrón que no se correspondía de nada a lo que podría esperarse de un recién nacido.

—¡Por los siete círculos del infierno! —exclamó Rosie, que levantó la vista hacia Alastor —¡Lo es!

Despacio, el demonio de la radio se acercó, abriendo también la botonadura de su camisa, del mismo modo que había hecho Rosie antes. Pero él no usó el cuchillo, sino sus propias manos para hacerse sangrar.

—Espero que sepas lo que haces —dijo ella, cubriéndose pudorosamente su escote, que ya empezaba a cerrar la herida.

Alastor lamió su propia sangre.

—Baphomet —dijo, sin responderle —. Ese será su nombre.

Aquel demonio debajo de ellos ya no lloraba, todo lo contrario, había empezado a reír, feliz en su baño de sangre.


Comentarios y aclaraciones:

*No estoy segura de un nombre neutro, pero se conoce también como enterito, o mameluco.

¡Gracias por leer!