Observaban aquella caja fúnebre con desánimos.
Apenas habían entregado el cuerpo del rubio de la comisaria, habían organizado rápidamente un funeral digno de un Cipher. Su tumba se encontraba en medio de un enorme bosque frondoso, terreno que le pertenecía a Phill. Los dos hermanos Cipher, William y Phillip, Observaban neutrales como enterraban aquel ataúd al pie de un hermoso y gigantesco pino. Sabían que ahí se encontraba su hermano, pero también tenían en cuenta que todo eso se lo tenía bien merecido.
La enorme muchedumbre que los acompañaba eran conocidos del Cipher. Todos sus sirvientes y lacayos. Inclusive Osiris se encontraba ahí, con una mirada fría ante lo sucedido. El ambiente era tenso y devastador entre la multitud que lamentaba el triste final de un rubio que les había dado mucho en su vida, o eso era lo que pensaban.
Cuando el agujero quedo completamente sellado con la tierra, los hermanos tiraron sobre el lugar, las orquídeas negras que cargaban en sus manos. Los demás asistentes repitieron las acciones de los hermanos, empezando a retirarse de uno en uno.
-Osiris - Llamó Phill.
La nombrada se acercó a quien la había llamado. Ella no había soltado su flor.
-Si amo Phill.
-Tus servicios ya no son requeridos en la familia Cipher – Respondió de forma inmediata y sin expresiones – Al igual que todos tus compañeros de casa, Son libres.
La morena suspiro pesado y susurró un "gracias". El pelirrojo continuó hablando.
-Pero antes de que sigas tu vida, necesito un favor.
-Lo que sea, amo Phill.
-Vende todo lo de Bill... – Su mirada se mantenía firme – Y lo que no puedas vender dónalo a la caridad. El dinero que obtengan de todas sus cosas, repártelos entre tu gente, que todos regresen a sus casas bien asegurados y con una economía estable. Eso incluye la familia Pines.
Osiris asintió ante la orden.
-Compénsalos de la mejor manera posible por la pérdida de sus hijos. Dales consuelo.
-Eso haré amo Phill.
El nombrado suspiro pesado, y sin decir más se marchó, siendo seguido por su hermano Will, quien ahora era su único familiar que le quedaba.
Poco a poco la gente se retiraba del lugar. No había más que sollozos cortos y pesares breves, para luego dejar su flor en la tumba de Bill, y desaparecer lo más pronto posible. Después de todo, el rubio loco no fue tan querido por todos. La aglomeración se redujo a una sola persona que se encontraba expectante en el lugar: Osiris.
-Negras, de esperanza y el coraje. – Interrumpió el silencio una mujer que recién había llegado al entierro. Algo que, al parecer, a la pelinegra no le asusto o molesto porque sabía de quién se trataba.
Una mujer igual de morena como ella, con el pelo castaño y de ojos color miel, vestida en traje esmoquin negro, a comparación de Osiris, que llevaba un vestido de luto del mismo color, había interrumpido los pensamientos de la heterocroma. Sin embargo, ella no dijo nada. Sabía a lo que se refería con su comentario sobre el color de las flores de los hermanos. La mujer nueva observó la flor que cargaba Osiris: Una perfecta flor de pétalos naranjas con bordes más claros, reflejando los colores de los duraznos.
- Fuerza, voluntad y superación. – susurró.
La heterocroma asintió tirando su flor de igual manera, sobre la tumba del difunto.
-Dipper recibió amarillas.
-Hum – Pensó la pelinegra - Inteligencia y libertad...
-Apuesto que es más de libertad.
- ¿Vas a custodiarlo?
-Pensaba darle otra oportunidad...
- ¿A dónde?
- A su propio imperio.
Ambas se quedaron por un momento en silencio viendo aquella lápida con el nombre y el apellido del difunto.
- ¿Y qué harás con él? –Esta vez interrumpió Osiris, refiriéndose a Bill.
La castaña se quedó pensando por un momento.
- Lo justo es que pague por lo que hizo en esta vida ¿No crees?
-No le hagas daño – gruñó.
Ambas se miraron directamente a los ojos de forma amenazante, hasta que una sensación electrizante pasó por el cuerpo de ambas, dándoles a entender que ya habían pasado suficiente en el lugar. Ambas sonrieron al mismo tiempo.
- La próxima vez no permitiré esto, Amonet – Mencionó la heterocroma, con dejes de molestia.
Los ojos miel rodaron divertidos.
- Es tu decisión, Nathifa – Respondió dirigiéndose a la pelinegra.
Ambas comenzaron a caminar hacia el bosque sin dejar su pequeña discusión en susurros. Aún hacía falta hacer algo antes de marcharse de aquel lugar.
-0-
El enorme bosque frondoso parecía teñido con colores naranjas y amarillos, dando una apariencia nostálgica, pero al mismo tiempo de tranquilidad y Paz.
El joven Pines se encontraba recostado en el suave césped de color anaranjado. No sabía dónde estaba, o como es que había llegado ahí, pero se sentía sin preocupaciones, solo pensando.
Observo los enormes árboles que se encontraban a su alrededor. Todos eran Pinos enormes y majestuosos. Por alguna razón recordó el libro de biología básica que le habían prestado en el hospital. En ese libro había una sección sobre botánica, que a su vez tenía una sección llamada "coníferas" y en un capítulo tenía una parte dedicada a la familia de las Pinaceae, donde explicaban detalladamente de estos hermosos ejemplares.
- Las hojas de esos árboles se denominan Acículas – susurró al aire.
- Las acículas de un pino son hermosas – Le respondió una voz femenina – Son como los cabellos de las personas, cada uno es único, y sin ellos, no habría la belleza que nosotros conocemos.
-Lo curioso es que nunca se caen de los pinos – interrumpió con suavidad el castaño – se aferran a su portador como si no hubiera un mañana.
La voz femenina rio con suavidad.
- Dime, joven constelación, ¿Quieres un imperio para gobernar?
El castaño lo pensó un poco antes de responder.
-Suena agotador.
-No lo es. Yo me encargaré de ayudarte siempre que lo necesites.
Como si el viento fuera una extremidad humana, aquella suave brisa acaricio las suaves hebras castañas del Pines, quien solo cerro los ojos disfrutando de la sensación en su ser.
No había dolor. No tenía miedo. Se sentía en Paz. En la mente de Dipper, pensaba que su imaginación comenzaba a jugarle una broma debido a su soledad. Una broma con una voz parecida a la de Osiris, la joven que le había ayudado a mantener su cordura y a escapar mientras estaba vivo. Curiosamente, recordó aquel disparo que acabó con su vida de forma tan rápida. Aquel francotirador era muy bueno, lástima que el destino le hizo fallar en el momento menos esperado.
- ¿Y bien? – Sus pensamientos fueron interrumpidos por aquella voz femenina de procedencia desconocida
- Aceptaré solo si juras no abandonarme – respondió en voz baja.
-De acuerdo.
El Pines abrió los ojos con suavidad al sentir una presencia diferente en su entorno. No sintió miedo al ver unos orbes color miel observándolo. Una mujer morena con pelo castaño había aparecido. Un vestido de color blanco formaba bien su delegada figura, mientras que en sus brazos parecía cargar un libro de bordes dorados.
- ¿Listo para ir a tu imperio? – la morena le extendió la mano con la intención de ayudarlo a levantarse. El castaño aceptó la acción sin pensarlo mucho y se levantó al lado de ella.
La morena le extendió aquel libro que tenía en su otra mano.
Era un libro de colores amarillos, sus bordes eran dorados como el mismo sol y en la portada tenía varias imágenes de mándalas de colores cálidos. Lo que más le llamo la atención al Pines, es que, en la portada de dicho libro, junto en el medio, había 5 símbolos que cambiaban su forma aleatoriamente. El castaño fijo sus ojos castaños a dichos símbolos y estos se transformaron en letras y números que finalmente pudo reconocer: "O523b". Los bordes de dichas letras brillaron en una luz suave color amarilla. Poco a poco la luz se fue apagando, hasta consumirse por completo la palabra formada, que ahora parecía el título del libro que siempre ha tenido.
- ¿Qué significa? – preguntó algo curioso el castaño, refiriéndose al título del libro.
-Significa que disfrutaras más de lo que has sufrido en este mundo.
Una suave sonrisa se formó en la boca del menor, quien no dejaba de ver dicho ejemplar.
La paz fue interrumpida por un gemido doloroso proveniente del bosque de pinos.
-Será mejor que ahora te vayas, árbol del bosque- Susurró la oji-miel al castaño.
La referencia se había entendido. Dipper cerró los ojos y suspiro con pesar abrazando el libro que tenía entre sus manos. Un abrazo de esperanza.
Un brillo blanquecino lo cubrió rápidamente, haciéndolo desaparecer. Ahora, solo se encontraba el libro dorado, que flotaba envuelto de una suave luz violeta que parecía sostenerlo.
- ¡Dipper! - Se escuchó en la profundidad del bosque.
Era la voz del Cipher.
La castaña se dirigió al bosque, con la intención de llegar a esa irritante voz que gritaba una y otra vez el nombre del Pines.
Al llegar, vio a Bill flotando, pero forcejeando contra unas cadenas semitransparentes de color azulado eléctrico que envolvían sus muñecas y tobillos. Lo estaban reteniendo. Con un chasquido de la morena, dichas caderas se desvanecieron, causando que el Cipher cayera al suelo de forma brusca.
- ¿Q-quien eres tú? – pregunto con nerviosismo el rubio.
- Amonet – Le respondió con fastidio
- ¿Dónde está Dipper? - Gritó con desesperación hacia la joven que solo lo miraba con desprecio.
- Tienes suerte que mi hermana se haya compadecido de ti y me haya hecho prometer no lastimarte. –Gruñó como respuesta. Esa frase modificada fue un golpe hacia la realidad del rubio al recordar a quien había dicho esa frase. Los recuerdos llegaron a su mente de forma brusca, causando un gran temor al rubio que, sin quererlo, comenzó a llorar.
- ¿Ahora te arrepientes? – Le interrumpió la castaña con una risa burlona, sabía lo que pasaba por la mente del rubio.
Los ojos del Cipher miraron con preocupación a la única mujer del entorno, su mirada reflejaba sufrimiento y dolor. Su mente no paraba de repetirse una y otra vez que, por culpa de una obsesión y toxicidad extrema que el mismo había alimentado, había dañado a un ser inocente. Había lastimado a Dipper por culpa de su arrogancia y su ambición. Lo había matado.
- Necesito hablar con él – Esta vez, su voz sonó desesperada –Necesito rogar su perdón.
- ¿Un simple perdón repondrá todo el daño que hiciste? –respondió la femenina.
El dolor de una daga atravesando el corazón del Cipher le llego con claridad. Acomodó sus piernas de forma rápida, hincándose frente a la morena que solo lo observaba.
- Necesito suplicarle que me perdone – Gimoteo entre lágrimas. – Por favor.
Por primera vez, en todo el infinito universo, vio como un Bill Cipher se quebraba en mil pedazos por el arrepentimiento de sus actos. Suspiro con pesar.
- No puedes, él ya no está aquí.
El rubio se dejó caer en el suelo, sintiendo como su corazón se despedazaba a cada segundo que permanecía ahí. Las lágrimas amargas no dejaban de caer al suelo, mientras que sus manos cubrían su cabeza con desesperación. Su alma no descansaría en paz hasta poder suplicar el perdón del Joven Pines por haberle hecho tanto daño.
-Es hora de cerrar este libro – Susurró la oji-miel haciendo que el libro dorado, que seguía flotando a un lado de ella, se moviera con dirección hacia el rubio.
Al ver el objeto extraño y flotante, acercarse a él, Bill retrocedió por instinto. A diferencia del Pines, él sentía un miedo irracional y un pánico inexplicable. Sus acciones en la tierra le hicieron tanto daño en su alma, que sabía que debía pagar muchas cosas de forma muy cara.
-Nathifa quiere que tengas otra oportunidad de estar con el castaño, así que no lo eches a perder, Bill Cipher.
Ante sus orbes dorados, el libro se abrió, liberando un fuerte rayo de luz que ilumino por completo al rubio. Bill solo cerró sus ojos cuando se sintió ser absorbido por el libro. Cuando no hubo más rastro de Bill, el libro se cerró con fuerzas y se dejó caer al suelo sin cuidado alguno. La castaña tomó el libro y lo observó por unos segundos.
-A418z – El bosque a su alrededor se tornó en colores fríos y azules, como si entendieran las palabras de la morena que se encontraba en el lugar – Hemos terminado. – Susurró
Aquellos colores se comenzaron a juntar frente a la castaña, comenzando a formar un libro azulado con una peculiar imagen de un bosque de pinos. El título que se había mencionado, se formaron en palabras de letras blancas en la portada.
Amonet todo el segundo libro con su mano derecha confirmado su petición: el libro se había cerrado.
-Descuiden, en su siguiente historia tendrán un mejor final - Susurró antes de perderse en la profundidad del mítico bosque.
