A Francisco le gustaba ir de paseo por la noche desde que él tenía diez años, la noche para él no era siempre motivo de miedo o de espanto, era también motivo de intriga, fascinación, encantamiento, la noche para él está llena de historias, historias que merecen ser escritas, historias tejidas por el Creador, muchas son trágicas, otras tienen finales felices, otras son como la suya. El chico caminaba por los suburbios a las diez de la noche, no porque tuviese algo que hacer ni nada, solamente volvía de un paseo que estaba haciendo hace poco, entró en casa, una casa como todas las demás en su suburbio, de dos plantas y un pequeño jardín, y entro sin hacer ruido, todos estaban dormidos menos el, sin llamar la atención se quitó los zapatos y se fue a la cama.
Al despertar Francisco hizo sus rituales, hizo la cama, se duchó, rezó ante una imagen de Cristo y bajó a la cocina listo para irse a la escuela, abajo le esperaba una mujer con largo pelo castaño, una camisa blanca y una falda verde que le llegaba por debajo de la rodilla, era su madre, que le dirigió una sonrisa.
-Buenos días, Paco-
-Buenos días, mamá ¿Papá sigue en la cama? -
-Me temo que sí, te he hecho el desayuno y la comida en un táper cada uno, para que no tengas que tomarte tanta prisa o pagar para la comida en el colegio. -
Francisco sonrió un poco y cogió los dos táper que estaban en la mesa, estaba a punto de despedirse cuando su madre le llamó otra vez. -
-Paco. -
Francisco se giró para ver a su madre detrás suya al final del pasillo de la puerta, llevaba una expresión de preocupación.
-Ten cuidado, sabes a lo que me refiero-
Francisco no dijo nada durante unos segundos, luego sonrió. -
-Lo tendré. -
Salió de casa y se dirigió a la moto que estaba en el jardín, se puso el casco, la saco y encendió motores, solo tardó cinco minutos en llegar al colegio, la academia de Kuoh, una academia que hasta hace dos años era un colegio femenino, desde entonces tienen una minoría de hombres en todos los cursos, Francisco era el integrante más reciente, llegando hace medio mes y haciendo solo la mitad del curso anterior pero con buenas notas, como era de esperar era uno de los pocos extranjeros en el colegio siendo un español, solo había un americano, una sueca y un polaco. Al ser extranjero el destacaba, aunque manejaba bien el japones todos lo primero que hacían al hablarle era hablarle en inglés o el español que alguno podría saber de ir en internet.
- ¡Pa-chi! Gritó alguien detrás de Francisco.
Aunque los amigos que si tenía eran leales, aunque fuesen raros, detrás de Francisco alguien le echó un brazo a su hombro, un chico de pelo castaño, ojos almendrados y una sonrisa dentuda apareció al lado suya, Issei Hyodo, uno de los pocos amigos que Francisco tenía, Francisco le dirigió una sonrisa al chico.
-Ise, me alegro de verte.
-Y yo a ti, colega, una cosa ¿Has hecho tú los deberes de inglés?
- ¿Qué deberes?
En ese momento Issei abrió los ojos, lo que hizo que Francisco se llevase un espanto, pero pronto se difuminó cuando Issei empezó a reír como un condenado, poniéndose de rodillas y agarrándose la tripa, oyó otras risas detrás suya, dos chicos más se sumieron al dúo, uno con gafas y un pelo más oscuro e igual de descuidado que el de Issei y otro era calvo, Matsuda Takumi y Motohama Nakakuni respectivamente, con estos tres Francisco tenía su pequeño grupo que afectuosamente llamaba Los Perdedores, Issei y los otros dos chicos eran gente peculiar incluso para Kuoh, no necesariamente porque fuesen unos pervertidos, de eso Francisco se aseguró en cierta medida que lo reprimiesen con éxito parcial.
-Pa-chi, no había deberes, Issei solo te está mintiendo- respondió Matsuda ajustándose las gafas. Francisco entonces miró a Issei y le propinó una colleja.
-Gracias por hacerme empezar el colegio con un buen susto, pedazo de atún, ya verás cuando las chicas de Kendo vengan a abrirte el cráneo de par en par- Al decir eso los chicos se estremecieron.
- ¡Oye, eso solo fue una vez! Replicó Motohama con un dedo acusador- solo fue una vez y pedimos perdón justo después, ya no somos esas personas.
-Pero Kaori y Yui no saben eso, y ya sabéis que no tenéis que estar cerca de ese sitio para que os acusen de algo ilícito, menos mal que son ellas y no nuestro párroco ¿No te parece, Issei? -
-No me lo recuerdes, la última vez que Fernando-san se enfadó conmigo tuve que limpiar el altar de manchas de cera toda la mañana del domingo. -
-No estaba enfadado, solo que el castigo tenía que hacerse, era eso o cambiar las flores de la Virgen que estaba a lo alto del altar mayor, que te recuerdo me acabó tocando a mí. -
El grupo empezó a andar hasta el edificio, charlando de las cosas que hicieron el fin de semana pasado, los cuentos y la música que Francisco hizo, los doujins que hizo Matsuda, las imágenes de Matsuda, de todo hablaron, pero no por mucho tiempo porque notaron que una multitud se estaba congregando en fila alrededor del camino hacia el edificio del colegio, al girarse al tumulto vieron de quien se trataba. Andando hacia el colegio con cierta gracia había dos chicas, las más populares de todo el colegio, una era foránea con rasgos vagamente de Europa del norte tenía pelo carmesí, ojos azules y una tez blanca, casi pálida, la otra chica era claramente japonesa, de pelo negro como el carbón, ojos de un color purpura, de por sí ya tan raro como un unicornio, y una tez igualmente pálida. Los cuatro se echaron a un lado, al pasar por su lado Francisco notó que una de ellas los miró por un instante antes de entrar en el edificio, era la japonesa, Francisco se apartó de la mirada de ella con una expresión neutral. Cuando se fueron Matsuda esbozo una sonrisa.
-Señores, acabamos de presenciar a Helena de Troya y a una de sus hermanas- Francisco puso los ojos en blanco y soltó un bufido. -
-No es para tanto, Motohama. – respondió Francisco, -como ellas hay muchas, además, aquí dudo mucho que consigas novia mientras Kaori y Yui sigan respirando y en el mismo colegio que nosotros- la última parte bajó los ánimos del calvo.
-Ya- luego se le ocurrió una idea -oye, ¿y si nos deshacemos de ella? -
-Ni de coña, ya os conocen como el trio pervertido, no queremos añadir rastreros hijos de puta a ese apodo- respondió Francisco con el ceño fruncido.
El grupo se fue entonces a sus clases, Francisco apenas prestaba atención, las clases del primer día apenas le importaban, solían ser introducciones a temarios y profesores que el veía como innecesario, pensaba que para el bachillerato este tipo de formalidades son innecesarias, otra cosa que no entenderá de los japoneses y su obsesión con este tipo de formalidades superfluas. Al llegar la comida sacó su comida y lo que se suponía iba a ser su desayuno y buscó al grupo de siempre, que estaba en el tejado de la escuela, sentados cerca de la barandilla con los pies colgados entre las rendijas de los barrotes estaban sus amigos.
-Pa-chi, ven, te hemos dejado sitio- anuncio Issei
Se sentó Francisco entre Issei y Motohama y sacó sus tapers, estaban a punto de comer cuando Francisco les paró.
-Ya sabéis que hay que hacer antes de comer, Issei, haz los honores.
Issei asintió y todos pusieron las manos juntas, Issei bendijo la comida de todos, no a la manera japonesa con un simple acción de gracias.
-Bendice Señor, estos alimentos que estamos a punto de recibir por obra y gracia de N.S Jesucristo.
Empezaron entonces a comer.
-Os voy a alegrar el día, mi madre hizo un desayuno, pero olvidé comérmelo y la verdad no tengo mucha hambre, así que tenéis embutidos y queso pa' aburrir.
Abrió el táper y lo puso en su regazo, dejando que todos cogiesen con manos y expresiones hambrientas, comieron en silencio y mirando al resto de estudiantes en el patio, en especial a los que jugaban al balompié, justo cuando uno de los jugadores pegó una patada a la espinilla.
-Uff, eso sería falta roja en cualquier partido. Comentó Motohama
-En efecto, sería una falta roja y le expulsarían del resto de la Liga, y si lo hizo adrede entonces le echarían de la selección. Respondió Matsuda, -Pa-chi, se me olvidó preguntar ¿Va a haber reunión de grupo? Francisco asintió.
-Si, tendremos, un nuevo integrante, me pidió la admisión justo ayer, solo falta recibirle. Motohama sonrió.
-Bien, nuestro siguiente integrante, con eso haríamos un escuadrón con más del mínimo de personal ¿Quién es?
-Un alumno de nuestro curso en la clase C, Genshirou Saji, es el tío con el pelo rubio que no es Kiba.
-Vale, la reunión es a la misma hora que siempre ¿No? Preguntó Issei -Es que si hay cambio no podré asistir, tengo que hacer recados y debo ir al centro a partir de las siete.
-No te preocupes, sigue siendo a las cuatro y media.
Terminó la comida y volvieron a las clases, no pasó mucho en la clase salvo por una cosa, al estar junto con Issei yendo de una clase a otra cuando se toparon una vez más con las chicas de la mañana, solo que esta vez al pasar de lado las dos miraron al dúo otra vez, no de pasada, sino que los miraron directamente, Francisco lo notó y las miro de vuelta cuando pasaron, vio a la pelirroja mirándole directamente a la cara al igual que a la pelinegra, esta última con una expresión que se podría llamar de tristeza. Francisco apartó la mirada cuando la pelinegra le miro, escondiendo una mueca.
Al terminar las clases a las cuatro de la tarde se reunieron todos, Francisco previamente le mandó un mensaje a Saji diciendo que se reuniesen con ellos en la entrada de la escuela, Saji era un chico de la misma estatura que Issei, e era uno de los pocos japoneses que tenía pelo rubio, el grupo entonces se alejó del colegio y se fueron al norte de Kuoh donde se asentaba un pequeño polígono industrial, allí entre dos talleres de metalurgia estaba una casa que parecía abandonada, sacando unas llaves Francisco abrió la puerta y entraron todos, durante todo el trayecto Francisco le dijo a Saji a donde iban, que no tuviese miedo porque allí nadie sabría que estaría ahí, fue Saji el último en entrar con reticencias claras. Todos se fueron al salón de la casa, la casa en si no sería muy diferente a cualquier otra, salvo por el hecho de que justo en la puerta desde dentro había unas runas inscritas en la puerta. Se fueron al salón donde se sentaron alrededor de una mesa, Francisco entonces cerró los ojos e hizo la señal de la Cruz.
-En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén. Inspira nuestras acciones, Señor, y acompáñalas con tu ayuda, para que todo nuestro hablar y actuar tenga en ti su inicio y su fin, por Jesucristo N.S. Amen. San Huberto de Lieja, ruega por nosotros, San Jorge, ruega por nosotros, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén. Al terminar de rezar abrió los ojos Francisco -Empecemos por lo más importante, el aspirante a ser parte de la Hermandad de los Cazadores, Saji Genshirou, por favor, preséntate. Saji dio unos pasos adelante, un poco nervioso por la atmosfera -solo debes decir tu nombre, tu credo y que te hizo buscarnos-
-Hola a todos, soy Saji Genshirou, hace poco fui bautizado en el Sinodo de las Catacumbas en Kyoto- se presentó el chico después de tragar saliva
- ¿Ah, un luterano? Pensaba que la mayoría solo estaban en Alemania- comentó Matsuda
-No, hay algunos aquí en Kuoh, pero solo somos nosotros y otras diez familias más, ah y vine aquí por qué. Saji tragó saliva antes de continuar- un monstruo me atacó, fui a un callejón en el centro después de oír a una mujer gritar, iba a ser comida para un monstruo, no sé qué era, tenía brazos y piernas y la piel pálida, parecía humano, pero no lo era. La cosa es que ese monstruo luego fue matado por un hombre que llevaba ropa negra y una máscara de gas. Francisco asintió y le hizo un gesto para que parara al ver que Saji empezaba a temblar.
-Issei, ve a por algo de beber para Saji, Saji, siéntate, por favor.
Saji se sentó y se intentó calmar, bebiendo a grandes tragos el refresco que Issei le dio.
-Te encontraste con un gul, el hombre era parte de la Hermandad de los Cazadores, y te salvo a ti y a esa mujer un miembro del doceavo escuadrón 'Shimazu', nosotros somos el decimotercero escuadrón, el más reciente con el apodo 'Susanoo', sigue si quieres.
-Bueno, luego se lo conté a mi padre, él sabía de lo que hablaba, me dijo que había gente que se dedicaba a matar a esos monstruos, gente que lo hacía para proteger a las personas de esas cosas. Saji entonces levanto la mirada, los ojos algo rojos y las mejillas recién secadas de unas lágrimas y los puños tan apretados que se blanquearon -quiero ser como esa persona, quiero ser el que salva a esa mujer, no puedo quedarme sin hacer nada ahora que sé que cosas como esas existen y se comen a la gente.
-Y las hay peores, Saji, pero con Dios de tu parte aprenderás a matar hasta al más fuerte de los preternaturales. Francisco sacó un papel desde su mochila -Pero son criaturas peligrosas, por eso aunque eres ahora un aspirante no te puedes unir, la Hermandad en sus ordenanzas piden a sus miembros por lo menos un periodo de entrenamiento antes de unirse a la escuadra, por eso toma esto, es una runa de transporte, di las palabras en alto y te llevara a la sede, una vez estes ahí diles que buscas unirte a la Hermandad, te llevaran a un campo de entrenamiento a las afueras de Kuoh, entrena y hazte fuerte, porque cuando salgas y hagas cacerías con nosotros cualquier momento podría ser el último. Saji cogió el papel y lo miro, vio la runa, dos círculos concéntricos y la palabra que tenía que decir para activarlo.
-Pero ¿Podre defender a la gente de esas cosas? Francisco asintió mientras sonreía.
-Harás eso y mucho más, puedes irte si lo deseas, la siguiente parte de la reunión no es relevante para ti.
Saji asintió, les dio las gracias a todos por la ayuda y se marchó de la casa, justo salió cuando Francisco empezó a hablar de nuevo.
-Ahora por lo siguiente, sacó entonces otro papel, este redactado de una forma más profesional y llevando un selló retratando un dragón con un punto de mira justo en el centro y rodeando el dragón- os va a encantar, 'Yo, el coronel Albert von Staufen, autorizo oficialmente a la decimotercera escuadra, auto apodada "Susanoo" a su ascenso de escuadra de reserva a escuadra regular, por ende queda autorizada para realizar cacerías de nivel 1, en reconocimiento de los méritos colectivos e individuales de la escuadra en los campos de pruebas y su excelso trabajo en las misiones de reconocimiento. Terminada su misión con éxito, serán autorizados a recibir las runas y el equipo que les corresponde con su nuevo estado- Terminada la carta todos sonrieron, llevaban casi un año haciendo todas las misiones que la Hermandad les asignaban y entrenando regularmente en los campos de pruebas, todo para poder acceder a las cacerías lo antes posible, que su superior les reconociese el esfuerzo después de un año fue un triunfo personal para todos desde Francisco hasta Motohama.
-Caballeros, somos oficialmente cazadores, y aquí tengo los detalles de nuestra misión, que de todas maneras la Hermandad os la ha enviado a vuestros correos electrónicos-.
La misión era una simple misión de "búsqueda y destrucción" en una casa a las afueras de Kuoh, una misión estándar que servía de bautismo de fuego para las escuadras recién ascendidas a regulares, aun así, no pudieron evitar un sentimiento de ansias y entusiasmo.
-Bueno, Sargento Baroja ¿Ahora qué? -
-Ahora nada, ya solo nos irnos y prepararnos, lo cual me recuerda a una cosa, Issei ¿Te parece si te acompañamos en tus recados? Yo personalmente no tengo problemas.
-Para nada, de hecho, es mejor que vengáis-
Después de eso los chicos salieron y acompañaron a Issei en sus recados, yendo al supermercado para hacer la compra de la cena de su familia y también fueron a la tintorería para recoger el traje del padre de Issei, pero al ir al centro pasaron por un puente.
-Disculpe, disculpe-
Los chicos se pararon al ver una chica de pelo y vestido negro al estilo gótico, un poco más baja que ellos, dicha chica tenía una expresión de timidez y sonrojo, Matsuda, al verla, entrecerró los ojos, como si la chica fuese más sospechosa de lo que ya era
-¿Quién de vosotros es Issei Hyodo?- los chicos se miraron los unos a los otros, completamente extrañados, hasta que Issei respondió.
-Soy yo, y tu ¿Quién eres? -la chica tartamudeó.
-Soy Yuuma Amano, soy del colegio público en el centro, esto, debo hacerte una pregunta- dijo la chica jugueteando con sus dedos – te he estado observando ya por un tiempo- Francisco apenas reprime un bufido, -y creo, ¡creo que me gustes y me gustaría salir contigo! – Francisco una vez más casi suelta un bufido.
- ¿Esta mujer a quien cree que engaña? Pensó Francisco - ¿De verdad piensa esta mujer que somos unos idiotas que pensamos con la entrepierna? -
-Claro, por supuesto ¿A qué hora quieres? - preguntó Issei.
- ¡Ise! - pensó Francisco con la cara hecho un poema, y al parecer le sorprendió también a Yuuma.
-Ah, pues, podemos hacerlo este sábado, mañana por la mañana- respondió la chica, al final los dos se pusieron de acuerdo en el tiempo y el lugar, la chica le dio un beso en la mejilla y se fue tarareando una canción, Issei se volvió a sus amigos, dos de los cuales tenían unas caras de incredulidad mientras el castaño llevaba una sonrisa pícara.
-Ise, creo que hablo por todos cuando digo que has perdido la cabeza- dijo Francisco sin expresión alguna.
-Al contrario, Pa-chi, estoy más cuerdo que nunca- respondió Issei manteniendo su sonrisa y cruzando sus brazos
-Explícanos entonces que haces haciendo una cita con una metahumana- dijo Matsuda.
-Se perfectamente que lo era, es más, precisamente lo hice, ella ha venido a por nosotros, a por mí, sabéis lo que tengo en mi ¿Verdad? - la expresión de Francisco cambió a una de entendimiento.
-Ya entiendo, quieres ver si ella sabe lo de 'el'
-Si, y esta es la manera más fácil, si, sé que podría morir, pero por ello os voy a tener que solicitar vuestra ayuda- pidió Issei, Francisco esbozó una pequeña sonrisa.
-Muy bien Issei, me has sorprendido, pero la próxima vez que haces algo tan peligroso como lo que acabas de hacer pídeme permiso o por tu bien me vere obligado a castigarte.
-Descuida, Pa-chi, esto solo será la última vez.
-Bien, guarda esa iniciativa para cuando la necesitemos de verdad, ahora vamos, aún nos queda hacer la compra de tu cena.
Después de acompañar a Issei en sus recados Cada uno se fue a su casa para prepararse para la misión que tenían encargada, Francisco llegó a casa, pero en vez de irse a su cuarto se fue detrás de las escaleras y bajo hasta un sótano, llegando a una sala hecha de cemento con varias taquillas y cráneos grandes de criaturas desconocidas, que solo la gente de la Hermandad de los Cazadores o los cazadores mundanos más supersticiosos reconocerían. Francisco se quitó la ropa, dejándola en una cesta de lavar, el cuerpo del chico estaba lleno de unos tatuajes de estilo geométrico, que le recorría desde el cuello hasta las piernas, era sus runas corporales, mediante una técnica ideada por los magos de la Hermandad el maná de los cazadores es transmutado en otra fuente de energía, que luego puede usarse para imbuir al cuerpo humano de una fuerza comparable al de un diablo o incluso mas fuerte que uno, con la única limitación siendo el cuerpo y la capacidad de las runas que lleve la persona.
Abriendo una taquilla sacó primero un juego de armadura compuesto de rodilleras, brazaletes, un peto balístico con una plancha de metal insertada en un bolsillo en el centro y un casco de fibra Kevlar, debajo de los cuales iba ropa de camuflaje negro, si alguien mirase más de cerca verían que la armadura y la ropa llevaban runas inscritas, dándole protección y creando una ilusión, haciendo pensar a la gente que el chico solo llevaba ropa oscura pero normal, por supuesto escondiendo también el brazalete. Cerrando la taquilla de donde saco la ropa y la armadura abrió otra donde se encontraban un rifle G36, también con ciertas runas talladas en el arma, sacó también una berreta y un machete, puso el rifle en una funda de guitarra, la pistola en una funda ceñida a un cinturón y el machete en otra funda ceñida al mismo cinturón.
Había terminado Francisco y oído el timbre en la puerta de su casa cuando alguien le llamó desde el salón, subió y se encontró con un hombre de mediana edad de pelo castaño corto, una cara con cicatrices viejas y aunque estaba en una silla de ruedas y tenía gafas, seguía manteniendo una buena musculatura, su mirada era igual de penetrante que antes de su accidente y aun imponía respeto y autoridad, era el padre de Francisco, José Baroja.
-Siéntate. Le dijo el padre a su hijo -me ha llegado un mensaje de la Orden, tu escuadra y tu habéis sido autorizados a hacer vuestra primera cacería, estoy orgulloso- Dijo José Antonio con una sonrisa.
-Gracias padre.
-Solo te doy lo que te mereces, tu trabajo en estos últimos meses es nada menos que ejemplar y es justo que recibas una recompensa por ello, de mi parte pronto la sabrás, pero la Orden va a permitirte llevar armas mejores, pronto vas a poder encantar tu machete y llevar mejores runas corporales dentro de poco.
-Me alegro.
-Y yo también, se lo mucho que has trabajado para formar la escuadra y en convertirla a ella y a ti mismo en lo que sois ahora, pero como sabes, la formación de un cazador y su perfeccionamiento no acaba nunca, nunca sabes cual será el críptido que te vendrá grande, mírame a mí, por entrometerme en asuntos ajenos estoy como estoy, aunque el sanador dice que mi espina se recuperará a principios del año que viene.
-Eso es bueno, significa que podrás volver al campo- El padre echó una risa.
- ¿Tan entusiasmado estas para verme trabajar? Supongo que es lógico, en cualquier caso, quiero que sepas que estoy orgulloso-
-Y una vez más, gracias- Francisco se levantó en cuanto oyó el timbre de la casa otra vez.
-Ah y recuerda, pasado mañana el domingo, después de misa tenemos visita de los Himejima-
Francisco frunció el ceño y se fue otra vez a su padre.
-Padre, sabes tan bien como yo que…
-Que Baraquiel es un 'ángel caído' y Akeno es una nefilim, lo sé, pero lo que ellos no saben, no les afecta, no tienen que saber que somos cazadores, tampoco es que nos dediquemos a cazarles a ellos ¿o ahora sí?
-A cuento de eso, hay algo que debo decir.
- ¿En serio? Pues me lo cuentas luego, ahora tienes un trabajo que hacer, venga, pequeño legionario, a tu primera batalla.
Francisco se fue entonces a la puerta, donde se encontró con sus amigos y subordinados. Se fueron pues a por el coche de José Baroja, en un garaje cerca del vecindario, en un polígono industrial. En todo el trayecto nadie dijo nada, todos estaban ensimismados, casi todo el grupo pensando en la cacería que tendrían pronto, por la cual habían entrenado tanto, Francisco sin embargo pensaba en la visita que harían los Himejima. Ellos y su familia tenían, y siguen teniendo, una historia juntos, sus padres eran muy amigos de los Himejima a pesar de que ellos hasta hace poco eran paganos, pero los hijos no tenían tal relación, no porque no se conociesen mucho, sino porque Francisco se empeñó en distanciarse de la hija de los Himejima, por razones que luego se verán porque en este capítulo no viene a cuento que se cuenten.
Llegaron los chicos a un tipo de aparcamiento de interiores guardado por dos hombres de la Orden, Francisco les enseño una tarjeta de su cartera y dijo una contraseña, los hombres asintieron, dejando pasar a los chicos al interior. Entraron en un monovolumen rojo y algo viejo, tras comprobar el nivel de combustible encendió el motor.
-Recordad el entrenamiento chicos, vamos a estar en un espacio cerrado y lleno de bichos, así que nada de separarse, iremos como un solo grupo registrando la casa entera, id sacando vuestras armas y manteneos atentos mientras vamos-. Avisó el chico, -Hermano Issei, puedes sacar 'eso'-. Issei asintió y mientras Francisco empezaba a conducir un brillo verde envolvió el interior por un segundo y en el brazo derecho del japonés castaño había un guantelete rojo de aspecto fiero como la garra de un dragón que le llegaba hasta el codo, en el centro de ese guantelete estaba una gema verde como una esmeralda que brilló cuando una voz empezó a hablar.
- ¿Es el momento, compañero? - preguntó una voz que, aunque tenía un tono casual sonaba como la voz de una bestia.
-Si, don Ddraigg, pero no vamos a hacer una patrulla esta vez, la Hermandad ha decidido que somos los suficientemente fuertes para poder hacer nuestra primera cacería-, la voz bufó.
-Ya era hora, me estaba aburriendo de tanto entrenamiento y peleas que no eran en serio, por fin mi huésped y yo tendremos una oportunidad para lucirnos.
-Ojojo, créeme, no podría estar más contento ahora, vámonos pues.
Francisco ya había salido del aparcamiento cuando Ddraigg habló, nadie dijo mucho en todo el trayecto hasta que Motohama habló.
- ¿Qué creéis que nos vamos a encontrar? - Preguntó, Matsuda se ajustó las gafas antes de hablar.
-Teniendo en cuenta que aun somos una escuadra relativamente nueva nos llevaran como mucho a limpiar una madriguera de guls-
- ¿Guls, te refieres a esas cosas que parecen cavernícolas con dedos largos? -
-Exactamente esos, aunque puede que no solo, en sitios de cacería confluyen muchos otros críptidos, podríamos tener mucha mala suerte y encontrarnos con un espíritu-
-Dios quiera, no será así. -
Se quedaron callados hasta que llegaron al sitio, la zona estaba poco poblada, solo algunas de las casas estaban iluminadas, Francisco aparcó al lado de la casa y salieron todos, con la misma ropa negra y las máscaras de gas negras, con la de Motohama y la de Francisco llevando un cráneo en estas, en la piel que aun enseñaban se podia ver las runas corporales, cuyas propiedades les permitían tener sus atributos mejorados, ya sea la fuerza, vista, velocidad ect. Francisco miró el edificio, una casa que parecía haber estado habitada hace poco tiempo, la casa en si tenía signos de destrucción, sin embargo, algunas lámparas parpadeaban, había ventanas rotas y la puerta había sido arrancada.
-Revisadlo todo, esta es vuestra última oportunidad, ¿tenéis las linternas en vuestras armas, las grandas y las armas blancas? -
Respondieron positivamente y fueron todos juntos formando dos filas, de manera que desde el aire avanzaban en una especie de cuadrado, al llegar a la puerta se pusieron a los dos lados de la puerta.
-Hermano Matsuda ¿Qué ven tus ojos?
Matsuda se asomó a la puerta, la única manera de saber que algo cambió en el chico fue las iris de los ojos cambiando de marrón a verde oscuro y enseguida sondeó el vestíbulo de la casa, pero no solo tenía eso, Matsuda era un explorador por excelencia, sus runas habían aumentado sus sentidos más que cualquier otro atributo.
-Por el vestíbulo no hay nada, pero puedo oírlos y olerlos, hay guls y arañas gigantes, no sé cuántas, pero están en el salón y la cocina los guls, podrían intentar emboscarnos, puedo oler también a otros guls en la parte superior de la casa y arañas en el sótano detrás de las escaleras.
-Bien, Hermano Matsuda, Hermano Issei, tomad la cocina, Hermano Motohama, conmigo, cogeremos el salón, luego avanzaremos hacia la segunda planta y para terminar iremos al sótano.
Hicieron lo que dijo y avanzaron lentamente, cuidándose los pasos para no alertar a sus presas, cuando estaban en posición Francisco sacó de su cinturón una granada, modificada para tener un rango de explosión más grande y un sonido reducido.
-En cuanto explote quiero que te cargues a los gul, yo me encargare de cubrirte y matar a las arañas que puedan estar aquí-, susurró Francisco, Motohama asintió, las runas del calvo brillando tenuemente de un color rojo, Francisco alzo la mano libre que tenía y empezó una cuenta atrás de cinco segundos. De repente tiró la granada y después de un momento una explosión de color blanco surgió en medio de salón, despedazando la mesa y magullando a algunos cadáveres, tirándolos por la habitación, los guls que estaban en la sala aullaron de dolor cuando la fragmentación modificada penetró sus carnes, todos cayeron al suelo, uno de ellos ya muerto, Motohama salió corriendo a la misma vez que Issei, cuyo guantelete brilló momentáneamente, al acercarse a uno de los guls Motohama pegó un puñetazo derecho a la cara de uno, mandando al gul a una pared. Francisco y Matsuda mientras tanto cubrían a sus compañeros, disparando a las arañas que salían de los cuerpos de las víctimas y asegurándose de que no se acercasen a sus compañeros que luchaban contra las criaturas más grandes con ráfagas azules disparadas en arcos, cada bala encantada matando a una araña del tamaño de una rata. Toda la refriega duró medio minuto, Issei termino el primero, aplastando la cabeza de un gul derribado en una lluvia de sangre, Motohama terminó cuando de un puñetazo atravesó el cuerpo de un gul que intentaba arrancarle la cabeza de un mordisco, al terminar se reagruparon.
-Buen trabajo chicos, Hermano Issei, la siguiente vez no destruyas la cabeza de los guls, tengo entendido que sus dientes son valiosos pues están hechos de acero de buena calidad, se paga muy bien por cada montón individual de dientes
-Sargento Francisco, de habérmelo dicho no lo habría hecho. Replico Issei frunciendo el ceño.
-Perdóname, hermano Issei, se me paso de largo, pero ahora lo sabes y podrás ganar dinero extra, bien, hermano Matsuda, sigues oliendo a nuestras presas en el sótano y en la planta de arriba. Matsuda volvió a olfatear.
-Si, pero nos han oído, algunos guls están justo al girar la escalera, seguramente uno se abalance a nosotros si subimos.
-Menos mal que he traído más granadas de las que creía necesarias, hermanos Issei y Motohama, seréis la vanguardia, el hermano Matsuda y yo tiraremos una granada cada uno para forzarles abajo, y vosotros los rematareis con la cobertura de nuestro fuego, hermano Issei ¿Como vas de impulsos? -
-Tengo suficientes para el resto de la cacería.
-Bien, pues poneos en posición en los primeros escalones, la señal será la explosión de las granadas, en cuanto exploten id a saco, os seguiremos justo detrás.
Los dos chicos subieron los dos primeros escalones, Issei yendo delante de Motohama y preparando para usar el artefacto en su brazo derecho, mientras tanto Francisco y Matsuda cogieron otra granada y esperaron tres segundos para tirarlas, después de un momento se oyó una explosión y un brillo de luz blanca seguido de los aullidos de dolor de los guls, Issei se impulsó dos veces y subió corriendo al ataque seguido de Motohama y los otros dos cazadores, Issei se había abalanzado sobre un gul por la espalda y estaba intentando ahogarlo mientras la criatura trataba de zafarse de él, Motohama por su parte ejecutó a uno de los guls aturdidos con su pistola y enseguida se puso a pelear con el otro gul que intento abalanzarse sobre el chico, antes de que pudiese hacer nada Matsuda y Francisco empezaron a disparar, el primer gul fue acribillado en la cabeza, destruyendo su cerebro, el segundo fue herido en la espalda por Matsuda y rematado por un golpe de Motohama.
-No huelo nada aquí salvo muerte, deberían quedar solo las arañas de abajo, siento que ese es su nido principal- informó Matsuda.
-Lo más probable es que haya una araña madre y que el sótano sea su nido, cambiad el encantamiento de las armas a balas incendiarias, la madre no sobrevivirá a fuego concentrado-
- ¿Cómo sabes que hay una araña madre? No puedo distinguir el olor entre las arañas-
-Es sabiduría de cazadores que las arañas rara vez son solo un puñado, sobre todo en una casa, esto me lo enseño mi padre, si hay arañas en un edificio lo más probable es que tengan un nido cerca, esa es, no irónicamente, la parte más peligrosa de la casa en estos momentos, si hubiésemos usado la misma táctica que ahora, los hermanos Issei y Motohama estarían en serios apuros. Dispararemos a la puerta, las balas la penetraran y empezaran a quemar la tela, dejando al descubierto las arañas, entonces empezaran a subir las escaleras, las mataremos de esa manera.
Bajaron todos las escaleras y se fueron a la puerta del sótano guiados por Matsuda, se pararon a escasos metros de la puerta y modificaron sus armas susurrando un encantamiento, al hacer eso las líneas azules de sus armas se tornaron naranjas, apuntaron y esperaron a la señal de Francisco.
-Fuego
Y al decir eso salieron de los rifles una tormenta de fuego que perforó la puerta, despedazándola y enseñando el nido de las arañas, con la tela prendiendo fuego y consumiéndose rápidamente, escasos segundos después se oyó un siseo viniendo de abajo y las arañas empezaron a subir por las escaleras, al final de todo estaba la madre, que era una araña del tamaño de una vaca, sin vacilar un solo segundo abrieron fuego sobre el enjambre que subía, diezmando las arañas en cuestión de segundos, la madre murió acribillada por las balas, que se incrustaban en ella y la quemaban por dentro al entrar en contacto con la tela en su interior, las larvas en su interior quemándose también, añadiéndose al daño, la matanza termino tan rápido como empezó, Francisco esbozó una sonrisa.
- ¿Captas algo más, hermano Matsuda? El mencionado ladeó la cabeza mientras devolvía la sonrisa, -bien hecho, hermanos, nuestra primera cacería y hemos acabado con un éxito incuestionable, y al vencedor le pertenece el botín, vamos, sacadle los dientes a los guls, tengo bolsas en el coche que podemos usar para guardarlas, pero, antes de nada, os felicito a todos por esto y por vuestra contribución ¡tres hurras por nosotros! -
Los hurras se hicieron con mucho jubilo y celebración, incluso Ddraigg, el espíritu en el guantelete de Issei que antaño era un ser de un poder inimaginable, se unió a la celebración. Poco después volvían al coche los chicos con las bolsas cargadas de los dientes de las criaturas que abatieron.
-Debemos ir a la sede para acreditar la terminación del trabajo, una delegación de teniente ira a investigar y confirmaran nuestra victoria-
-Sargento Francisco ¿Cómo de valiosos son esos dientes que hemos cogido? Francisco se dirigió a Issei
-Tenemos dos kilos, un kilo son un bonus de seiscientos euros, tenemos en nuestro maletero mil doscientos euros en yenes para repartir entre los cuatro, conviértelos en yenes y haz las mates.
Al oír eso Matsuda esbozo una sonrisa dentuda, los chicos habían hecho una pequeña fortuna en su primera cacería y la hicieron con una ejecución que, a sus ojos, fue perfecta.
