Lily había dicho que sí cuando Thomas Heffer, un Hufflepuff de su mismo año le pidió salir con él. No que fueran novios, sólo salir, para ver si eran compatibles y luego entonces sí, ser novios. Eso había sucedido en la primera semana de clases y tras haber salido tres semanas, él le pidió ser su novio formal.

Por supuesto, también dijo que sí, porque era de los más listos de su casa, y para Lily la inteligencia era una gran virtud, incluso más que la belleza, la cual Heffer si bien no poseía a montones compensaba con un buen sentido del humor. Era Hufflepuff así que dudaba mucho que fuera uno de esos chicos que jugaba a las dos bandas, pues ellos eran honestos y leales. Además su padre era un auror de la generación de su padre, de hecho, habían jugado juntos un par de veces en las cenas de navidad de los aurores y sí algo sabía era que los aurores tenían una buena ética moral y mano firme a la hora de educar a sus hijos. Su único defecto tal vez era que no tenía esa chispa, ese no sé qué parecido a la maldad y a la burla que le atraía de otros chicos que la hacían vibrar.

Thomas Heffer era su chico decente, sencillo, seguro y en el que se pudiera confiar. Ella quería un hombre así, uno como su propio padre. Eso sin contar con que la mayoría de los chicos con personalidades vibrantes eran Slytherin, y ya tenía bastante con su propio hermano, y lo sabía por experiencia ya que después de Daniel Pucey, el chico guapísimo y problemático con él que había perdido su virginidad después del baile de navidad del año pasado, supo que no necesitaba más serpientes en su vida. Y no, no era porque él le hubiese roto el corazón, de hecho comenzaron a salir después de eso (No se habían conocido antes, pero ambos habían ido solos y bueno, eran adolescentes) y no funcionó, por su culpa, tenía que admitirlo, él quería más de lo que ella estaba dispuesta a dar. Le gustaban los chicos malos pero no era tan estúpida como para enamorarse de ellos.

Tenía dos mejores amigas, Marleene Wagner, una pequeña y blanca castaña de gran nariz que al igual que ella, usaba gafas y era Mestiza, su padre era un mago alemán que trabajaba en Gringgots y la otra era Nelly Shelley, de padre inglés y madre Hindú, ambos habían sido modelos (Personas terriblemente bellas que se dedicaban a dejarse tomar fotos) y ahora su padre tenía una agencia de modelaje, ella era como un retrato de su padre pero su piel era algo más oscura y con ojos enormes y negros, herencia de su madre que había fallecido de cáncer (una terrible enfermedad muggle) cuando ella tenía 4 años.

Las dos chicas habían crecido en la ignorancia de la magia hasta que les llegó su carta de Hogwarts, obviamente porque Nelly era hija de muggles y estos no sabían nada de magia y Marleene porque su padre nunca se animó a decirle donde trabajaba, nunca se fio de su inocencia infantil. Ella solía tener muchos amigos y hablaba demasiado, temía que la niña le fuera a decir a alguien sobre él lugar donde trabajaba, pues vivían en el mundo muggle y la gente podía juzgarla loca o hacerla a un lado por rara.

Las tres eran Gyffindor orgullosas y con quince años las tres ya habían tenido su buen número de novios. Marleene atraía a la gente con su vivacidad y carácter agradable, Nelly con su belleza sobrenatural y personalidad fiera; Lily aunque un poco más fría, era inteligente, guapa y claro, la hija de Harry Potter.

Pero eso ultimo le pesaba demasiado, todos creían que sus buenas calificaciones se debían a que los profesores le hacían la pelota por ser una Potter, pero eso era estúpido y sin fundamento, ella tenía excelentes calificaciones mientras James era más bien normal, en el promedio, como su padre lo había sido y Albus, bueno, no era tan malo, más que nada porque tenía a una enciclopedia andante a su lado todo el tiempo, aunque tenía que admitir que había mejorado mucho en las clases prácticas, ya hasta era bueno en duelos y todo.

Ser una Potter...le hacía sentir tan desgraciada, no porque no amara a sus padres, sino que era un apellido que le pesaba mucho.

Su vida era prácticamente normal, era una adolescente con un brillante futuro, sino fuera por su estúpido y fastidioso hermano James (que gracias a Merlín ya se había graduado de Hogwarts) y su otro idiota y torpe hermano Albus (que todavía no se había dado cuenta de que era gay y que amaba a su mejor amigo o que ya se había dado cuenta y caminaba con bandera heterosexual para no hacer las cosas incomodas con el rubio), se podría calificar su vida de perfecta.

Esa mañana caminaba con sus dos amigas a los lados hasta llegar a la cafetería, se topó con su hermano Albus y con Scorpius que llevaban pesados libros con ellos, pues tenían dos horas de estudio antes de entrar a clase y con los EXTASIS tan cerca todos los de séptimos se tomaban las horas de estudio en serio. Si ella ya estaba estresada con sus TIMO's no se quería imaginar cómo estaba su hermano.

Tras desayunar y pasar seis horas tomando clase fue a almorzar y después, con el corazón en la mano fue a su hora de servicio con el profesor Malfoy.

Era agradable, no como lo habían pintado sus padres cuando ella era pequeña y no sabía porque sus padres evitaban hablarle lo menos posible si lo veían en la calle o en eventos de caridad, había sido un toque irónico de la vida eso de Scorpius y Albus se hicieran amigos. Al principio eso había sido doloroso de ver en el rostro de su padre pero luego de lo ocurrido con Delphi las relaciones familiares habían mejorado mucho. Durante las vacaciones Albus podía invitar a Scorpius a tomar el té a casa o salir al Londres muggle de compras (ropa y CD's) o al cine. Y Scorpius lo invitaba a comer en algún lujoso restaurante mágico o pasar hasta una semana en su casa. La realidad es que la única relación de verdad era la de Scorpius y Albus, pero ahora sus padres eran más corteses y aceptaban esa amistad.

Tocó la puerta y escuchó un "adelante" así que abrió y sonrió al ver a su profesor sentado tras el escritorio al parecer estaba calificando unas tareas.

Más que ser su asesor de servicio voluntario, el señor Malfoy era su compañero de locuras, trataban de ser muy cuidadosos pero no podían evitar dejarse llevar y practicar el arte de las pociones de manera que según su profesor, el mismo Severus Snape los sacaría a patadas del laboratorio.

Modificaban pociones curativas, creaban maquillajes, repelentes de insectos, y frecuentemente se hacían bromas, era muy diferente a tratar con cualquier otro profesor, era incluso diferente a tratar con el profesor Longbotton que era como de la familia. Era como si fueran amigos. Al principio creyó que eran bastante cercanos pero la relación se estrechó cuando él comenzó a enseñarle pociones aplicadas en las artes oscuras.

— No le digas a nadie. — Era lo que le había pedido su profesor cuando llegó a ella con un libro de cuero negro y letras doradas. — Necesito que lo estudies y podemos hacer alguna si quieres hacerla, no te voy a obligar. No es algo que venga precisamente en el programa escolar pero estaría bien que aprendieras algo.

Se lo dijo al oído mientras ella estaba de espaldas y a Lily le dio la impresión de que había dejado de percibir palabras, eran sonidos que acariciaban, sólo eso, era como ser acariciada de manera sensual. Algo bullía de tentación dentro de ella y no sabía si era por su profesor o por tener la oportunidad de coquetear con las artes oscuras. Merlín la bendijera para que nadie se enterara de que la hija de Harry Potter sentía curiosidad desmedida por lo oscuro.

Al día siguiente, obviamente, le dijo que si quería, que quería hacer el filtro gaseoso arranca carne. Entonces él con una gran sonrisa dijo que la prepararían al día siguiente, que esa tarde solo prepararían los ingredientes pues eran muchos. Ambos se sentaron codo con codo y con una gran sonrisa comenzaron a picar, raíces, ramas, semillas, frutos que tenían que deshidratar.

Era algo oscuro, maligno incluso, pero hacía que ambos corazones latieran fuerte, precisamente por lo prohibido, hacer algo prohibido en un salón de clases. Burlándose de todo y de todos sin que lo supieran. Harían algo oscuro y seductor. Lily sintió una caricia interna en el pecho que llegó hasta el rostro. Era un flamazo de su "Yo" que reclamaba los años de dejarla reprimida dentro.

Jadeó al cortar una raíz de bubablue de las amazonas y sentía que lloraría de emoción.

— Lily...—susurró el profesor colocando su mano sobre la de ella. —¿Está todo bien? —Preguntó mirándola a los ojos. Dejando de lado que ella no supo a qué se refería, si a ceder a los impulsos o a que nadie se daría cuenta de que lo había hecho. Esa fue la primera vez que la tocó, ese simple roce de manos de pronto le hizo parecer a Lily que su vida no estaba completa ni que era perfecta, que necesitaba algo más, necesitaba más de esos flamazos.