Draco y Lily hacían todo a puerta cerrada. Sus pociones a veces eran muy peligrosas y Draco falseaba casi toda la información que mandaba a McGonagall con respecto al servicio. Desde la primera poción oscura Draco vio en Lily algo que jamás había visto más que en sus padres y era la emoción radiante al fabricar una poción toxica. Esa vez, mientras esperaban el tiempo adecuado para apagar el caldero sus mejillas se ponían rojas, sus manos sudaban y temblaban, mordía su labio inferior y su pecho subía y bajaba de la emoción. Cuando dio el visto bueno de la poción ella le abrazó.

Draco se rió. Para él era casi gracioso que los hijos de Potter fueran tan diferentes de él. Albus siempre pasaba por sobre de los demás para conseguir lo que quería. Era un digno Slytherin, si no se pareciera tanto a su padre incluso lo adoptaría.

Y Lily...Lily era diferente en todos los sentidos.

Era como...rara.

Demasiado instintiva y astuta. Incluso había ocasiones en que pensaba que ella debió haber ido a Slytherin, de eso estaba seguro porque ella tenía algo...

¿Cómo decirlo? Había algo en ella que era igual en todos los Slytherin que se respetaban.

Una mirada misteriosa, la capacidad de no mostrar sus emociones las cuales (porque la había observado) sólo emergían en privado, se emocionaba, temblaba, sonreía cuando estaba frente al caldero. Pero en su andar, seguro, confiado, con sus amigas alrededor, no lo hacía, se retraía. Sonreía sí, pero no era del todo honesto, era como si siempre se estuviese cuidando de algo. Como un instinto de autopreservación.

Draco se sorprendió nuevamente pensando en ella, era algo curioso porque casi no pensaba en sus estudiantes, él era bueno en lo que hacía, y era bueno explicando así que si sus estudiantes ponían o no atención le daba igual, a los que les interesaba les iba bien y a los que no, no. Así de simple, supuso que se debía a que pasaba mucho tiempo con, ella, tres horas cada tercer día. Eso eran al final nueve horas más que con cualquier otro estudiante. Pasaba mucho más tiempo con ella del que pasaba con Scorpius, porque él tenía entrenamientos, era buen cazador y además tenía que estudiar para los EXTASIS y pasar el tiempo con Albus. Principalmente.

Draco sonrió.

La semana pasada había visto algo curioso. Fue el cumpleaños de Albus y como era de esperar su hijo estaba vuelto loco por Hongsmeade buscando el regalo perfecto para Albus, al final decidió regalarle un brazalete de plata (porque el oro era para gryffindors y por lo tanto no era aceptable) con motivo de hojas de olivo y como quién no quiere la cosa, curiosamente Lily y Draco salían de la sección prohibida de la biblioteca hacia las mazmorras y en los jardines vieron a Albus y a Scorpius.

Por alguna razón ambos decidieron esconderse cerca para escuchar, ni siquiera se pusieron de acuerdo, solo corrieron en silencio para ocultarse y ver.

Scorpius se sentó junto a Albus, traía su uniforme de quidditch, el cabello mojado y la cara roja.

— Terminaste temprano. —Dijo Albus cerrando el libro que leía, probablemente uno sobre creaturas mágicas.

— Pedí permiso para retirarme antes...claro que Adalbert solo me dejó marchar después de machacarme a base de bluddgers. Feliz cumpleaños. —Dijo dándole un abrazo. Albus sonrió y devolvió el abrazo con una sonrisa.

— Gracias...entonces, saliste temprano para pasar la tarde conmigo... ¿Qué quieres hacer?— Scorpius buscó entre su ropa y sacó una pequeña bolsa de papel tendiéndosela a Albus. Éste la cogió.

— Tu regalo. — Albus abrió el pequeño paquete de papel y sacó el brazalete.

— Ohhh vaya. Muy bonito. — Sonrió.

— Póntelo. — Y el castaño negó con la cabeza. Sacó su varita.

— He estado practicando y quiero probar algo.

— No creo que sea buena idea Al...—Entonces una luz salió de la varita y el brazalete se partió, parecía un aro iluminado, después cada pedazo se enroscó tomando forma de anillos.

— Dos anillos idénticos, a partir de un mismo brazalete. Uno para cada uno. —Entonces Albus tomó la mano de Scorpius y le colocó el anillo. Scorpius sonreía tontamente. —Ahora si podemos irnos a perder por ahí. Tal vez debamos pasar a las mazmorras a dejar tu escoba.

— Vale. — Los dos se levantaron lentamente, uno más apenado que el otro, miraban primero al suelo y luego hacia el frente. Caminaron lentamente hacia el territorio Slytherin.

— Si no se declaran voy a arrancarme el poco cabello que me queda. —Dijo Draco saliendo detrás de la columna.

Lily se rio.

— Papá va a perder el cabello si alguna vez se declaran. No quiere pensar en eso. Quiere seguir pensando que Albus de alguna manera puede volver a ser normal.

Draco resopló.

— ¿A tu padre sigue sin gustarle mucho los Malfoy? —Lily se levantó y salió detrás del arbusto donde se escondió.

— No es que sea un Malfoy, es sólo que piensa que es otra raya al tigre que no puede descifrar. Papá y Al tienen una relación muy difícil, no es como usted y Scorpius, es decir, usted es estricto pero es amable y la amabilidad parece un código entre ustedes dos. Papá sólo quiere que sus hijos sean tranquilos, fáciles de leer y que no causen problemas, pero no lo consigue, tiene cierto entendimiento con James, sus personalidades son distintas pero encajan, en cambio Al es igual de cabezota que él, sumado al mismo carácter explosivo de mamá y chocan.

— Observas mucho a tu familia. — Ambos cogieron bien los libros entre manos y caminaron de nuevo, lentamente, hacia el laboratorio en las mazmorras.

— Comencé a hacerlo cuando Al entró en Hogwarts, Al...se volvió distante, nadie lo entendía, él sufría estando aquí y estando en casa, era una serpiente rodeado de leones y mis primos y mi hermano siempre se lo echaban en cara y papá...es como si lo presionara para disfrutarlo, pero es difícil de disfrutar cuando todos los ojos están detrás de ti, cuando alguien tiene expectativas y tú quieres cumplirlas porque si no te sientes como...como si...

— Como si fueras un inútil.

— Bueno. —Lily se rio. — Sí. —Y lo miró con ojos sonrientes.

— ¿Tú te sientes así?

— El único que lo ha llevado bien es James...papá dice que es como el abuelo de extrovertido, pero Al y yo somos más bien normales.

— ¿Quiénes son los que tienen esas expectativas realmente?

— Todo el mundo. —Soltó cansada. —Papá espera que sea buena hija, mamá que tenga el carácter suficiente para caminar entre toda esa gente que me mira y me señala, los abuelos también tiene sus expectativas, quieren que sea amante de los muggles, mis tíos que sea agradable y aventurera, incluso James...

— ¿Estás segura? ¿No serás tú la que tiene todas esas expectativas? Es decir... ¿No serás tú la que se está forzando a ser buena en todo porque piensas que eso es lo que los demás quieren?

— ¿Proyectándose profesor?

— Claro que lo hago, yo más que nadie sé el daño que suponen las expectativas pero de alguna manera no me imagino a Potter teniendo expectativas de sus hijos más allá de aprobar los EXTASIS y los TIMO's. Él fue un estudiante más o menos mediocre. — Lily lo alzó la mirada con una expresión indescifrable. Draco sonrió. — Lo siento, costumbre. A lo que quiero llegar es que él no sabe lo que son las expectativas de los padres, no creo que las tenga.

Ella hizo un gesto indignante.

— Eso es bastante cruel.

— Oye yo fui su compañero de clase, se de lo que hablo. Además deberías estar feliz por ello.

— ¿Sus padres tenían altas expectativas?

— Las tenían y puedo decir que arruinaron mi vida. Hice todo lo que mi padre quería pero nunca logré estar a la altura de sus expectativas y la triste situación es que incluso ahora me importa... aún espero el momento en que me diga "Estoy orgulloso de ti" Y no sabes el daño que me ha hecho esa espera. Potter jamás lastimaría a sus hijos de esa manera, de eso estoy seguro. Ve tranquila por la vida. Disfrútala.

Lily sonrió.

— No cabe duda de que los Malfoy son animales políticos. Insultan y halagan al mismo tiempo. — Dijo ella.

Draco abrió la puerta del laboratorio dejándola pasar primero como todo un caballero. Y como todos los días le movió la silla alta para que se sentase. Lily se sentía feliz, ningún chico, por lo menos de su clase, lo hacía.

— Te sorprenderías. Hay un libro entero de la historia de los Malfoy en la biblioteca. Léelo si quieres aprender cómo hacer política desde los salones de té, clubs masculinos y fiestas. —Ambos se sonrieron y procedieron con la tarea de ese día.

Empezaron con la poción de ese día. Solución negra. Cosa curiosa que era una poción de color blanco, pero después de haber sido terminada sólo tienes 20 minutos para cubrirla, porque en el minuto 21 se consideraba madura y una solución negra madura, al entrar en contacto con el aire se convertía en gas y dejando ciego temporalmente a quién esté en al alcance. Era de esas pociones que probaban con ratas de laboratorio, porque el profesor era insistente en eso de confirmar la eficacia de la poción.

Excelente trabajo, como siempre.

o-o-o-o-o

Draco llevaba ya un mes dando clases, estaban justo a principios de octubre. La directora McGonagall había estado dándoles lata sobre los preparativos del baile de Halloween. Una nueva tradición (bueno, nueva no, tenía nueve años pero él no la conocía y Scorpius nunca se la había mencionado, seguro se la pasaba la noche encerrado con Potter viendo al techo contando su colección de cromos de las ranas de chocolate).

Bailes...Draco sólo había ido a uno en Hogwarts pero en casa sí que había tenido bastantes. Era un gran bailarín, había sido en un baile donde conoció a Astoria y por eso les tenía mucho cariño. Sobre todo en el extranjero, cuando la delegación entera de Malfoys salían a convivir con socios en otros países pues ahí era donde Scorpius podía estar tranquilo e incluso bailar con varias chicas sin sentirse señalado. Sin embargo un baile en Hogwarts siendo maestro...significa desvelarse cuidando mocosos calientes. Se frotó el puente de la nariz.

— Va a ser complicado. —Dijo al fin decidiendo que debía ir a las mazmorras porque pronto sería la hora de estar con Lily.

Esa era la mejor parte de su día.