— Vale, esa cita no había salido muy bien. — Dijo en su mente Draco quién volvía del mundo muggle tras una horrible experiencia. ¿A quién coño le importaba si una vaca sufría o no? Era una vaca, servían para dar leche y carne y tiene que morir en algún momento, igual que cualquier ser vivo ¿Cree esa estúpida que él mundo va a cambiar si ella no come ternera? ¿Tenía que decirle todas esas cosas desagradables mientras comía? Puso los ojos en blanco. Muggles y su estúpida mentalidad.
— Veganos...veganos sus cojones.
Caminó y caminó por el borde de uno de los jardines que llevaba al gran comedor y ahí se encontró con varios chicos que estaban tomando el té. Miró la mesa de Slytherin, ahí se encontraba su hijo platicando con otros chicos Slytherin, los del equipo de quidditch. A unos cinco metros de distancia estaba Albus ojeaba varios folletos sobre la elección de carrera. Se sentó junto a Albus para no interrumpir a Scorpius mientras este terminaba de charlar.
— ¿Indeciso?
— Sí, algo. La verdad no me llama la atención ninguna profesión. — Miro a Scorpius y suspiró. — Scor quiere entrar a la facultad de derecho mágico.
— Algo ha dicho, es cierto. Pero no hay razón por la cual tengan que estudiar lo mismo.
— No, no la hay...supongo que me he hecho un tanto dependiente. ¿Qué estudió su esposa? ¿Se entendían aunque no se dedicaran a lo mismo? ¿No se distanciaron por estar muy ocupados? — Draco alzó una ceja.
— No...bueno, ella no hizo ningún tipo de estudios tras terminar Hogwarts.
— ¿Qué? ¿Por qué?
— ¿Por qué?...Bueno, porque era mujer, y era la menor, no necesitaba trabajar, era una heredera, los Greengrass tenían un negocio propio pero lo dirigía Dhapne al ser la mayor y Astoria prácticamente fue educada para ser una esposa. Aunque trabajaba con mamá en las obras de caridad.
— ¿Su madre tampoco estudió nada?
— No, ella se casó inmediatamente después de salir de Hogwarts. Y sinceramente no creo que se lo hubieran permitido.
— ¿Por?
— Por las mismas razones, era una heredera de buena dote, la menor de las tres hijas, la más guapa, y además ella había sido prometida con mi padre, su futuro ya estaba asegurado.
— ¿Prometida? Scorpius dijo que se habían casado por amor.
— Lo hicieron, se prometieron a los 15 años. Se conocían desde que mamá tenía dos, papá tenía cinco.
— Wow.
— Sí, además los sangre pura son un círculo cerrado. Pero como dije, no deberías elegir tu profesión sólo por Scorpius, deberías tomar la decisión basado en unos muy sólidos motivos. Sí uno quiere ser un buen mago no puede andar ahí desperdiciando años de dinero, magia, tiempo y cerebro en algo que no nos gusta.
— No es sólo eso...señor Malfoy, me gusta Scorpius...
— Sí...bueno, eso es algo que debes de decirle a él. —Dijo un poco desencajado. Ya lo sabía pero el shock aun así era fuerte.
— Me gusta, yo le quiero y...quiero que me dé una razón para seguir perteneciendo a esto.
— ¿Qué? ¿A que te refieres? Albus aclárate.
— No estoy seguro de si quiero seguir siendo un mago...
—Al...
— Lo peor es que siento que él no me corresponderá, estoy aterrado por eso, porque si me dice que no, entonces ya no habrá nada, nada que yo valore lo suficiente para que yo me quede aquí, intentando escoger una carrera que no me interesa, viviendo como un jodido Potter, viviendo como un mago.
— ¿Por qué dices eso? Albus la magia es un gran regalo. — Albus se tapó la cara.
— Pero soy un mago terrible y mediocre. Nunca podré ser un gran mago, avergüenzo a todo el mundo, no puedo ni volar bien. No soy bueno en pociones, ni en runas, ni en aritmancia, ni astronomía, ni adivinación, la magia simplemente no se me da. Si mi elección de vida no tuviera nada que ver con la magia sería el hombre más feliz del mundo, porque dejaría de sentirme como un inútil.
— No digas eso. Scorpius dice que eres genial en duelos y que en transformaciones y que amas a las criaturas mágicas, no estás tan mal. ¿Lo has hablado con tus padres al menos? ¿Lo has hablado con él? —Dijo poniéndole la mano en el hombro, tratando de darle apoyo pero más para sostenerse y no caerse de la impresión que esa fuerte conversación le estaba dando. Un mago huyendo de la magia.
— Lo he hablado con mamá. No está de acuerdo. Piensa que sólo debo tomarme un año o dos antes de decidir.
— Es posible...
— Pero entonces sentiré que me estoy quedando atrás, como un fracasado.
— ¿Entonces para no sentirte fracasado huirás de la magia?
— No se trata de huir de la magia...se trata de ir hacia donde quiero ir, no hacia donde se supone que nací para ir. — Draco lo miró largamente reflexionando sobre esas sabias palabras. —Y si me dice que sí, entonces no sé si seremos felices, porque él querrá seguir siendo un mago. Es un muy orgulloso Malfoy...
— No te compliques haciendo teorías hipotéticas de algo que no ha pasado, de una pregunta que no has hecho, aunque te diga que sí, de igual manera sólo seguirías siendo un mago para complacerlo. Ohh Albus, te veo a ti y siento...Dios, la de errores que me hubiera evitado si hubiera tenido tu misma determinación. Sólo dile lo que sientes, lo demás lo decidirás a partir de ahí.
Albus le sonrió de manera triste.
— Yo sé lo que va a responder. Es sólo que me gusta imaginar otras respuestas. De todos modos lo haré, no puedo vivir con ello en el pecho. Gracias — Dijo para entonces levantarse, tomar sus panfletos y salir del gran comedor.
¿A qué se refería? ¿Por qué se veía tan negativo? Era obvio que su hijo le adoraba.
o-o-o-o-o
Después de un rato su hijo se desocupó y tras verlo pensativo en la mesa de alumnos se sentó a su lado.
— ¿No es un día maravilloso? — Le preguntó Scorpius a su padre cuando lo vio ahí sentado junta él, Draco lo miró, sólo de su madre podía salir él tan optimista y alegre, era una de las cosas que amaba de Astoria pero definitivamente, al parecerse tanto padre e hijo, le daba un poquito de desagrado ya que esa frase jamás hubiera salido de su boca. Aun cuando lo decía Astoria esa pregunta siempre le sonaba estúpida. Ni siquiera se enderezó.
— Sí, estaba pensando ¿Aún sigues pensando en derecho mágico?
— Sí, no crees que sería genial tener un primer ministro apellidado Malfoy. —Su hijo levantó las cejas varias veces. Ahora sí se enderezó y miró a su hijo como si fuera un desconocido.
— Te apoyaré, incondicionalmente hijo. — Fue lo que dijo aun sin creérselo, aún sin que le gustara la idea.
o-o-o-o-o
El sábado, como ya había prometido y avisado a los chicos fueron los cuatro el callejón Diagón en vez de Hongsmeade. Al parecer Albus todavía no le había dicho nada a Scorpius, seguían teniendo esa relación extraña de bromance, que mezclaba las miradas dulces y las atenciones sutiles con los empujones, las burlas y los insultos moderados. Mientras tanto él estaba batallando su propia guerra llevando a Lily del brazo. Se sentí tan nervioso que si no llevara el bastón de su padre, que siempre le recordaba cómo debía comportarse un Malfoy simplemente se hubiera dejado caer en la nieve.
Era inapropiado por decir lo mínimo, pero Draco no podía dejar de sentirlo correcto.
La chica había llegado hasta ellos con un traje de invierno de botas negras altas, saco y falda larga en color verde pastel apagado, como pistache oscuro, no podía decir exactamente como se llamaba ese color, pero contrastaba hermosamente con piel pálida, las mejillas rosas y el cabello y los labios rojos. Se veía adorable con todas y cada una de sus pecas. Una muñeca de porcelana.
Los chicos se fueron con el sastre mientras él la llevaba con una diseñadora que hacía todos los vestidos de su madre. Había un vestido rojo justo en la vitrina, era enorme y estilo victoriano, él pensó que quizá este le gustaría mucho a la chica, sin embargo ella sólo lo admiró un poco y después se pasó a ver los demás vestidos. Una empleada, muy guapa y sobria se acercó.
— Señor Malfoy, ¿Qué lo trae por aquí? —Le hizo un gesto a Lily que sólo entonces soltó su brazo y dio un paso al frente.
— Vengo a buscar un vestido para el baile de Halloween en Samhain. — La mujer los miró extrañada, Draco Malfoy con la hija de Harry Potter... pero tampoco se lo pensó demasiado. Un cliente era un cliente y Morgana's una casa de moda muy exclusiva, por lo tanto los empleados tenían que cerrar la boca. Así que procedió a exhibir un gran dominio en el arte de la lambisconería para darle muchos cumplidos a Lily que no eran mentiras. Lily era muy guapa y seguro era fácil conseguirle vestido.
Grato fue el momento en que, tras cuatro vestidos que no la convencían del todo, le mostraron uno blanco, era muy entallado y la tela era ligera y suave y en algunos lugares transparente como las piernas y el estómago, haciéndolo ver como un velo. Ella parecía entusiasmada desde entonces y cuando salió del probador a Draco casi se le caía el bastón con el que había estado jugando.
Parecía una jodida ninfa del bosque.
Bella, angelical, y peligrosa.
Sonreía tanto que él también le sonrió de vuelta. Sólo quería darse de golpes contra el muro, ¿Por qué tenía que ser tan hermosa?
— ¿Le gusta?
—Te ves bellísima. — No tenía caso mentir, así era. —Deberías llevar ese, te va bien. La empleada entró y casi grita maravillada.
— Se ve usted guapísima. Jamás un vestido parecía tan hecho a la medida.
— ¿Cuánto cuesta? Preguntó ella apenada.
— 20 galeones. —Lily la miró incrédula.
— No sé si mi padre consentirá comprarme este vestido ¿Puedo apartarlo? Necesito hablar con él primero.
— No hará falta señorita Potter. Yo lo pagaré si hace falta.
— Pero...es muy amable señor Malfoy pero mi padre de verdad se enojará si dejo que usted pague. —Esas conversaciones de usted también le dieron una mala espina, ellos casi nunca se hablaban así, no desde hace algún tiempo, era como si estuvieran actuando, como si estuvieran ocultando algo.
— No se preocupe por eso. Ya hablaré con él. Señorita, empaqué ese vestido por favor. —Le dijo a la empleada.
Salieron de ahí como llegaron, tomados del brazo y con una bolsa de más. Draco no sabía muy bien cómo actuar en ese momento, una cosa era pagar una comida de restaurante como había hecho hace días con una muggle desconocida, pero a la última persona a la que le compró un vestido fue a su esposa.
— ¿Te gustaría dar un paseo por el callejón Knocturn? —Lily le miró.
— No lo sé, me gustaría, padre nunca me dejó ir. —Draco sonrió.
— Te gustará.
Entonces cruzaron un umbral que parecía haberse tragado la luz. No se parecía nada al callejón Diagon, no era colorido ni concurrido. El sonido de sus tacones hacía mucho eco, había gente horrible en algunos lugares, como idos.
— ¿Qué le pasa a esa gente?
— Ellos...digamos que se dejaron llevar mucho por las artes oscuras.
— ¿Si saben que pueden terminar así por qué lo hacen?
— Hay muchas respuestas en ese barril sin fondo Lily. — Volvió a llamarla por su nombre, por alguna razón comenzó a salivar.
Vieron un par de tiendas que a Lily le parecieron de lo más interesantes. Incluso ojeó algunos libros. Le gustaba ese ambiente, se sentía más bruja incluso que estando en la construcción de Hogwarts, ese aire de misterio le encantaba. Draco hizo algunas compras de ingredientes.
— ¿Raíces de Boabab?
— Las necesitamos para una poción.
Ella sonrió.
— ¿Otro veneno?
— No es mortal, sólo genera mucho dolor muscular, aunque aun así no duele ni la mitad de lo que duele un crucio.
— ¿Le gusta el dolor profesor Malfoy? —Dijo con una voz que era tremendamente sugerente. Draco se rio.
— Puede ser...— ¿Qué estaba haciendo? ¡¿Le estaba coqueteando a su alumna?!
En un pequeño pasillo que daba hacia unas escaleras, justo debajo de un arco donde llegaba poca luz de un negocio contiguo Lily se soltó del brazo de Draco justo cuando él se disponía a bajarlas. Dos escalones abajo se extrañó al no sentirla por eso y volteó a ver qué había sucedido. Lily estaba justo ahí, sujetando sus manos y mirando nerviosamente hacia abajo. Después de unos segundos ella le miró a los ojos y sujetó el rostro de su profesor con sus manos tremendamente frías.
— Me queda claro que los Slytherin son demasiado precavidos con sus sentimientos, tienen demasiado miedo a su propio veneno. Extrañas creaturas ustedes las serpientes.— Y entonces le besó.
Primero fue un beso de pico y tras dos más, él abrió un poco los labios, dejándole a ella entrar. ¿Qué demonios estaba sucediendo?
Draco no supo cómo pero terminó empotrándola contra uno de los muros tirando por las escaleras las bolsas de la compra, alzándola por las nalgas para quedar a la altura, ella se enroscó en sus caderas con las piernas y entonces sí, comenzaron a besarse desesperadamente mientras él metía sus manos por entre la falda de Lily.
Estaban prácticamente fuera de sí, devorando los labios y el cuello del otro cuando escucharon la campanilla del negocio de aun lado sonar.
Mierda. Fue lo que pensó primero Draco. Estaban en un lugar público. Alguien pudo haberlos visto, la bajó dejándola sentada en el piso y corrió por la escalera para recoger las cosas que se habían tirado, gracias a Merlín el vestido seguía dentro de la caja y la raíz de boabab no se había regado. Cuando volteó hacia arriba Lily estaba sentada con el rostro apoyado en sus manos, tan sonriente que irradiaba luz.
— Acomódese la corbata profesor, tiene el cuello de la camisa deshecho. — Draco la miró largamente y después se sonrojó como un adolescente idiota, con las compras en una mano, le ofreció a Lily la mano, quién se levantó y después de sacudirse el polvo de la falda caminó con él hacia el callejón Diagon.
— Lily esto que hicimos...no está bien.
— No se lo diré a nadie. Lo sé, supongo que esto que tenemos es imposible pero...se siente bien y no pienso evitarlo, quiero vivirlo, no me importa si es en secreto, así que no se atreva a ser un cobarde ahora, porque después de cómo me ha besado no hay vuelta atrás.
—Merlín...
— Siento tener agallas de Gryffindor. A mí también me hubiera gustado dejarlo pasar.
