El baile fue justo como Albus pensó que sería.

Aburrido.

Scorpius tenía muchos "amigos" nuevos ahora y aunque lo negara ciertamente lo estaba dejando atrás. Se notaba en momentos como ese, mientras él rumiaba en una esquina del gran comedor Scorpius bailaba alocadamente al ritmo de "Los Trolls de Texas" con una Ravenclaw, la buscadora del equipo de dicha casa, Michelle Brahuer, una sangre pura adinerada y en opinión de Albus, una chica con mucha "experiencia" pero que al parecer con Scorpius iba en serio. Ya habían quedado un par de veces antes pero Scorpius todavía no la consideraba nada oficial, estaba tirando el anzuelo de los celos para ver si Rose picaba un día.

Se dijo a sí mismo que no debía sorprenderle. Era un Slytherin y para los Slytherin el fin justificaba los medios, incluso se había acostado con Michelle un par de veces, diciendo que no quería llegar a ser novio de Rose y no saber ni como besarla.

No sabía cómo sentirse al respecto, se supone debía estar feliz, pero no lo estaba, porque estaba enamorado de él, miró su ponche pensando en que estaba muy dulce y que tal vez si lloraba sobre de él conseguiría equilibrar el sabor.

Tiempo atrás, él había reconocido sus sentimientos, aquella vez en que Scorpius, harto de todo le dijo todo lo que pensaba sobre su maldito complejo y la pasión casi suicida que tenía por probarle al mundo que era más que el hijo de Harry Potter, el hijo Slytherin casi squib e incapaz de volar. Vio toda la basura en él y se quedó a su lado, porque tenía un corazón gentil, una amabilidad intrínseca aferrada a cada una de sus células pero estaba creciendo, estaba siendo genial, y se forjaba un futuro brillante esperando conseguir la entrada al colegio mágico superior mientras él se debatía entre terminar Hogwarts o irse a Londres a apostarlo todo en las pruebas de una academia que no tenía nada que ver con la magia.

Decidió que era suficiente cuando volteó a la pista de baile y se encontró con Scorpius comiéndose a besos con Michelle.

Se levantó del asiento y salió del gran comedor para encaminarse a las mazmorras, vio a Lily escabullirse con el profesor Malfoy, se le hizo extraño pero no raro, ellos eran unos nerds, seguro iban a alejarse del ruido para hablar sobre pociones.

Ya abajo en las mazmorras se puso a ver los folletos de la academia a la que quería asistir y de la cual no le había hablado a nadie más que a su madre. Era estúpido querer dejar la magia por eso, pero desde las vacaciones de verano se le había metido la espinita.

Recordó bien como pasaron las cosas, como iban por el parque cuando empezó a sonar un acordeón, ellos se giraron y vieron a una gran multitud, estaban congregados para ver un espectáculo. Se acercaron por pura curiosidad y Albus quedó hechizado. Era una obra musical. Con una trama muy sencilla, cómica y hasta obscena representaron la vida de un matrimonio disfuncional a causa del sexo. Al final del evento pasaron un sombrero en el cual la gente empezó a colocar dinero.

— Si gusta cooperar. Es para ayudar a pagar la matrícula de un compañero. — Dijo uno de los chicos que había representado a uno de los amantes de la protagonista. — Somos de la academia de arte dramático de Londres, un gusto presentarse frente a ustedes. — El público aplaudía. Y Albus...Albus hace mucho que no sentía algo tan cálido en el corazón.

Después de eso Albus aprovechó que los Malfoy iban a pasar todo el verano en Shangai por los preparativos del nuevo hotel Malfoy en la ciudad China y se anotó en un curso impartido en una casa de cultura y artes en un pueblo cercano a valle de Godric, que es donde su familia vive. Iba y venía todas las tardes en autobús para tomar el curso que duraba cuatro horas diarias. Era cansado, bailaba, cantaba, analizaban muchos textos y ensayaban escenas una y otra vez, a veces hacía cosas ridículas y se reía involuntariamente cuando hacía escenas de romance. Al final del curso presentaron una obra juvenil que hablaba del amor adolescente, inmaduro, sexual y cómico.

Él, a pesar de ser nuevo en ese tipo de cursos fue elegido protagonista, y terminó llamándose Isaac, un chico judío que se metía en las mayores aventuras-problemas por tratar de meterse en las bragas de su novia Cecile, que era interpretada por Jessica. Una chica divertida y rubia que le recordaba que hacía esos cursos para pasar el rato por las tardes, era una actriz que no quería ser actriz, sólo quería un hobbie pero ya tenía muchos cursos y obras de teatro detrás.

Tras esa obra se dio cuenta de muchas cosas de sí mismo. No estaba seguro de querer ser un mago; podía hacer amigos cuando no se sentía acomplejado de ser hijo de Harry Potter; era capaz de hacer algo maravilloso y que no tenía nada que ver con la magia, se sentía grande y además de que no había cosa más maravillosa que escuchar el aplauso del público.

De regreso a casa, su madre conducía el viejo Ford blanco que su padre había comprado para mimetizarse con los muggle intentó hacer platica con ella. Definitivamente se llevaba mejor con su mamá que con su padre, lo leía más fácilmente.

— Me gustaría hacerlo otra vez. — Le dijo el mientras miraba hacia el frente.

— ¿Actuar?

— Sí, me parece una cosa estupenda.

— Bueno, sí, pero deberás esperar hasta el verano siguiente, cuando termines el colegio, eso si no estás muy ocupado con la entrada a la facultad...

— Todavía no sé qué estudiar madre. No soy como James o Lily que saben lo que quieren ser desde que tienen cinco años. Tal vez me tome un año antes de decidir.

— ¿Un año? Querido, un año es mucho. Un año de tiempo es un año de experiencia, un año de prestigio.

— Pero es que todavía no sé...no me veo en el ministerio haciendo papeleo como el tío Percy, y dios no se diga medimago, soy terrible en pociones... y en contacto humano. Tal vez sólo seré velador en Hogwarts como Filch. Sólo que en vez de un gato tendré a mi lechuza.

— No digas eso, eres muy bueno, tus calificaciones son... regulares, pero son más que suficiente para intentarlo con los aurores. Eres mucho mejor estudiante de lo que fueron tu padre y tu tío Ron.

— Sólo porque siempre tengo a Scorpius a un lado. ¿Y por qué todo el mundo me ve de auror? El tío George y el tío Bill se la pasan jodiendome con eso. El chico al que le gusta pelear es James, no yo.

— Ohh querido. — A veces Ginny ya no sabía cómo tratar con la autoestima baja de su hijo. Era el único de los tres con problemas de confianza, porque en realidad él era un magnifico duelista, no sabía por qué estaba tan acomplejado.

El fin de semana antes de que iniciaran las clases Albus mandó una lechuza a Scorpius diciéndole lo mucho que lo había extrañado y que esperaba verlo al día siguiente en el callejón Diagon. El día llegó y lo primero que hicieron los amigos la verse fue abrazarse. Las lechuzas no eran suficientes, las llamadas por red flú no eran suficientes, tenía que abrazarlo. Y había veces en que sentía que Scorpius sentía los mismo, pero inmediatamente Scorpius se apartaba, como si eso le quemara, como si le tuviera miedo a sentirse así.

Tontearon desde el mediodía hasta entrada la noche, después cada uno tomó la red flú a su casa.

Albus recordó haber llegado a casa para luego echarse en la cama. Odiaba estar lejos de él, pero a veces el miedo le paralizaba y también odiaba estar cerca, entre más cerca, más probable era que Scorpius se enterara de cuanto lo amaba.

Suspiró mirando los folletos y luego sonrió. El chico que se los entregó cuando fue a pedir informes parecía agradable. Empezó a guardar los folletos cuando escuchó la puerta abrirse, era Scorpius que tenía una sonrisa grande y roja en la boca.

— ¿Tan pronto? — Le preguntó Albus.

— Ella es bastante rápida y hace un hechizo raro para quitar y poner la ropa en un instante. — Dijo para sentarse en su propia cama. — ¿Qué haces?

— Nada.

— Mmm ¿Viste a mi padre? Se supone estaba de chaperón.

— Sí, estaba por los bocadillos. Muy interesado con los de jamón y queso, después creo que se fue a hablar con Lily de sus cosas del servicio, los vi irse juntos.

— Ahhh que bueno, así no me vio y no me hará preguntas. ¿Ya te vas a dormir?

— Sí.

— ¿Te duermes conmigo? — Preguntó quitando las cobijas de la cama. Albus lo miró sólo un par de segundos y luego sonrió. Se levantó llevando su almohada y un libro con él. Scorpius se quitaba la ropa y se ponía la pijama mientras el hacía lo mismo. Albus lo miraba de reojo, Scorpius era demasiado bello.

Ya en la cama miraron al techo en silencio hasta que Scorpius suspiró.

— ¿Pasa algo? — Al le preguntó tomandole de la mano y entrelazaron los dedos haciendo sentir al moreno el frio del platino de la sortija familiar de los Malfoy. — ¿Puedo? — Scorpius asintió sin dejar de mirar al techo y Albus se la quitó.

Uno no podía quitarle la sortija familiar a un heredero sangre pura sin su permiso, muchas de las familias colocaban el anillo en los dedos de los niños cuando estos daban su primera señal de magia, en las más antiguas como en el caso de los Malfoy, los Bulstrode, los Lastrange, y los Black y otras tantas familias siniestras las joyas se les colocaba el día se su nacimiento y el anillo crecía mágicamente con ellos, el niño obviamente no se lo comía, había hechizos para ello, para que la sortija quedara fija. Si se los quitabas sin su permiso, si las robabas o las quitabas a la fuerza te maldecía. Muertes trágicas y horribles, si eran rápidas o lentas dependía de lo retorcido que estuviera quien ponía los hechizos en primer lugar. Era un anillo Malfoy, mejor era no arriesgarse.

— Son muchas cosas. — Dijo mientras Albus deslizaba el anillo por su dedo dejando ver la marca por falta de sol, Scorpius rio. — El abuelo me ha dicho que si quiero ser un perro del ministerio lo mejor será que me mude a Londres.

— Estoy seguro de que hay maneras más gentiles de decirlo. — Albus empezó a girar el anillo en su dedo.

— No, tiene razón, y la abuela dijo que tenía que ir buscado ya un departamento porque Londres era una ciudad muy poblada y grande y tenía que ver qué lugar me acomoda más para llegar a todos lados. Abu Lulu dijo él mismo buscaría bienes raíces mientras termino Hogwarts, dice que para entonces encontrará un lugar decente y lo decorará a su gusto. Lo que me preocupa es que si no consigo la beca para la facultad el abuelo se decepcione de mí. No me lo dirá, pero lo veré en su mirada.

Albus se giró un poco y se incorporó a medias apoyándose sobre su codo.

— Tu abuelo tiene una manera muy rara de decirte que te apoya en lo que decidas hacer de tu vida. Además no necesitas ninguna beca, tu familia puede pagarlo.

— De eso no se trata, la beca es una forma de demostrar superioridad. Demuestra que eres más inteligente y aplicado en los estudios. Además sí mi abuelo me tratara con palabras dulces sería un Hufflepuff, somos Malfoy, encuentramos amor leyendo entre líneas. — Albus puso los ojos en blanco. Quien con serpientes anda, parsel aprende. — ¿Quieres vivir conmigo? — Albus lo miró sin saber cómo sentirse al respecto. Vivir con Scorpius, eso le haría muy feliz. — Quiero decir, tú también deberás mudarte a Londres para ir a la academia de aurores.

— ¿Academia de Aurores? — Se sentó bien en la cama. — ¿Quién te...? Madre mía Scorpius, no quiero ser Auror. — Scorpius también se sentó en la cama y lo miró como si no lo reconociera.

— ¿No? — Preguntó como si preguntara si era un ser humano.

— No.

— Pero Albus de todas las carreras posibles que dio tu prueba vocacional es la más...elegible. Tienes acreditaciones suficientes, tienes el apellido, una buena reputación de duelista, colega que es lo más lógico.

— Es solo una prueba, no tiene por qué definirme. — Se defendió. — Scor, ahora mismo no sé, tal vez no sé...en unos meses tenga una idea más clara de lo que quiero.

— Las pruebas son en mayo. Albus si tienes en mente algo más sólo tienes que decírmelo, de igual manera casi todas las facultades mágicas están en Londres, excepto crianza de bestias fantásticas. Igual vamos a vivir juntos por eso no tienes que preocuparte. — Scorpius acariciaba su cabello y tenía una sonrisa tan sincera que Albus asintió. Después de eso se volvieron a acomodar, dejando el anillo Malfoy en la mesa de noche.

En medio de la oscuridad Albus acabó abrazando a Scorpius que olía todo a whiskey de fuego y al perfume de Michelle. Se preguntó que si Scorpius querría vivir con él en Londres si él decidiera no ser mago por más tiempo o si siquiera lo miraría a los ojos cuando supiera que para él no había nada más importante en la vida que amarlo. No quería perderlo.