Notas de autor: Esta es una clara referencia a la novela Baila, Baila, Baila de Haruki Murakami (mi crush, mi sugar daddy)

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25 de diciembre de 2024

La mansión Malfoy era siempre toda majestuosidad y elegancia, a la vez que era gris y vacía. Scorpius había aprendido de Albus que no todas las familias vivían bajo las mismas reglas estrictas que marcaban hasta el caminar o el hablar de los individuos como en la suya. Por eso aceptaba cada invitación que le hacía a la casa de los Weasley aunque a Harry Potter le costaba mirarlo sin recordar la enemistad infantil que tenía con su padre, Scorpius sabía que nunca le haría una grosería a Albus.

Albus siempre fue el hijo difícil de Harry Potter y Harry Potter sabía que si quería llevar la fiesta en paz debía aceptarlo, ahí sentado en la mesa y dándole regalos y abrazos a Albus a la hora del desayuno, porque claro, tenía que pasar la noche buena con su propia familia, pero le dejaban marchar a la madriguera muy temprano el 25.

Les dio sus regalos a los abuelos y padres de Albus, a Lily le regaló una pluma de pavo real albino de uno de los pavos propiedad de su abuelo decorada con brocado de oro y al idiota (James) le regaló unas botas especiales de las que llevaban los aurores pues había entrado en la academia y seguro las necesitaría. Después, cuando Lily dijo que iría a Londres a ver a sus amigas, Scorpius, con bolso de viaje en mano, salió con Albus a dar un paseo.

Los abuelos Weasley vivían en medio del campo, tenían algunas tierras que cultivaban con trigo y maíz cerca de un rio que compartían con los vecinos, su vecino más cercano era Xenophilus Lovegood, el editor del diario el quisquilloso.

Ambos se tomaron de las manos para recorrer los bordes de los campos hasta llegar al rio.

— Todo es demasiado tranquilo por aquí. — Dijo Scorpius.

— ¿En serio? Pienso que es más tranquilo en las tierras de los Malfoy.

— Es por eso que luego me aburro mucho. Es muy tranquilo, por lo menos aquí tienes el gritadero de tus primos de fondo. En la mansión todo está tan callado que no puedes evitar entablar conversaciones contigo mismo. Preguntarte el origen del universo, de la vida, de la magia y no es muy agradable cuando lo que quieres es relajarte.

— Es porque piensas en muchas cosas, yo no pienso en nada y por lo tanto no me afecta.

— ¿Cómo te puede dar lo mismo no pensar? — Dijo yendo directo al árbol junto al río a donde iban siempre que Scorpius estaba en la madriguera, en cada lugar del mundo se las arreglaban para tener su rincón. En la casa de valle de Godric era el balcón de la habitación del Albus y en la mansión era el salón de otoño.

Albus miró un poco a lo lejos para ver si no los habían seguido y después se sentó cuando vio que no había nadie.

Entonces Scorpius empezó a sacar cosas de su bolso ilegalmente expandido, cuatro cervezas de mantequilla, una botella de whiskey de fuego que seguro hurtó de su abuelo y dos enormes bolsas de papas fritas muggle.

— Pero mira cómo has pasado de traficar coca-cola y dulces a bebidas alcohólicas.

— Tenemos 17, además, no nos hemos tomado cervezas de mantequilla desde hace mucho, ya van varias veces que no vas a la visita de Hongsmeade.

— Eso es porque no quiero hacer el mal tercio, tú siempre estás pegado con Michelle y como que me siento fuera de lugar. — Tomó una de las cervezas mientras Scorpius abría una de las bolsas de frituras.

— ¿Qué tal si te buscas una novia? Serían citas dobles.

— Con lo que me cuesta entender las cosas dudo que tener una novia sea algo bueno cuando estamos cerca de los EXTASIS.

— No eres ningún idiota, y las chicas no son problemas de aritmancia... ¿Al menos has besado a alguien después de Vanessa Hawk? Por eso sigues siendo virgen Al. — El rubio le dedicó una sonrisa burlona y a continuación tomó su propia cerveza cuando notó que se había pasado un poco de la raya. Obviamente no.

Vanessa Hawk, una chica Hufflepuff a la que Albus besó en un estúpido juego de botella cuando estaban en quinto año. Su primer beso...es gracioso como Macaulay tiene razón "La historia entera de la especie está formada por poca cosa si se exceptúan los crímenes y los errores".

Lo miró y luego miró al frente ¿Cuántas chicas había besado él después de Michelle? O estando con Michelle, con una mujer de moral tan flexible nada le sorprendería, además no eran oficialmente nada todavía.

— Oye no te pongas tenso, si te estás reservando para alguien especial lo veo perfecto, no es como si se tratara de andar picando flores cada dos por tres.

Es que ese ni siquiera era el problema. Gritó Albus en su interior.

Dio otro trago a su cerveza. Si no lo amara tanto probablemente ya le habría matado. Vio de reojo que Scorpius sacaba más cosas de su bolso. Un montón de papeles.

— Te traje esto, son planes de estudio de diferentes carreras, estuve toda la semana buscándolas y pidiéndolas por correo. Pensé que tal vez necesitas ver todas las opciones. Es cierto, que no quieras ser auror no es el fin del mundo, hay muchas cosas que puedes hacer con tus habilidades. — Albus no sabía que decir, tomó los panfletos en silencio y los miró con cuidado, eran muchos, Scorpius se había tomado el tiempo. — Lo importante es que estemos juntos ¿No?

— Gracias. — El rubio sonrió.

— Léelos más tarde, pero no estaría de más que para la vuelta a clases ya tuvieras al menos los descartados. — Albus asintió en silencio y le abrazó.

— Como te quiero. — Scorpius se rió tontamente y le correspondió el abrazo.

— Lo sé, lo sé. Yo también. — Los dos se tiraron a ver el cielo, que estaba plomizo pero aun así era bello. Se quedaron así, abrigados con el cuerpo del otro, en medio de una tranquilidad tan perfecta que no podían llamar de otra forma que no fuera felicidad.

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James estaba en casa siendo un incordio pero regresaría a Londres el día uno o dos de enero y su hermano Albus había llegado el 24 en la mañana, pues el 23 se había quedado en la mansión Malfoy para ir al concierto de que había regresado alucinado, era curioso sin embargo que había mandado las maletas con Lily porque él, por su puesto, tenía ropa en casa de su rubio amigo, sí había algo que gritaba "Estoy en una relación" más obvia que aquella no lo sabía.

El día 26 fue ella quien salió, su primera salida de invierno, su primera cita caliente de invierno, porque antes había salido, pero solo para intercambiar besos animalescos en el fondo de alguna sombría cafetería muggle y hasta ahí les veían mal, por se él tan mayor y ella tan joven. En verdad no le gustaba tener que mentir a sus padres pero también le molestaba que se le cuestionara de todo, supuso que como cualquier adolescente pero el asunto de ella era un poco más complicado porque se estaba acostando con su profesor.

Recibió la lechuza en la mañana muy temprano, poco antes de que todo el mundo se levantara, ella se las arregló para salir con la excusa de que había quedado para desayunar con las chicas, a quienes ya no les dirigía la palabra pero su madre no sabía de ello claro.

Se despidió saliendo por la chimenea hacia el caldero y ahí estaba Draco tomando un café, ella por supuesto salió antes que él del lugar caminando dos cuadras a la derecha y cinco minutos después Draco también salió del lugar. Iba muy bien vestido, un traje gris sencillo con una gabardina color camello que le llegaba debajo de las rodillas. Llevaba un sombrero gris, parecía un detective y se acercó con el sigilo de uno tomando su mano mientras ella miraba una vitrina en una tienda de bisutería. Luego se la llevó hasta un callejón donde pudieron aparecerse.

Lo siguiente que ella supo fue que estaban en la habitación de un hotel de lujo.

— ¿Dónde estamos?

— Este lugar es llamado hotel Delfín. — Ella sonrió.

— Así que finalmente soy la amante de un ricachón que me hace pasar por su sobrina. Soy mujer bonita. — Él le miró raro.

— Sí es alguna referencia muggle no la reconozco.

Ella se rio sentándose en la cama, mientras él, en su inocencia se quitaba la gabardina y el sombrero.

— ¿Quieres desayunar? Este lugar tiene un buen restaurante según sé.

— ¿Según sabes? ¿Quién te recomendó este lugar para empezar, niño travieso? — Él se inclinó para besarla.

— Un amigo, lo juro.

Ella sonrió y decidió creerle, decidió creer lo que fuera que saliera de su boca, porque él jamás le había mentido antes.

Bajaron al restaurante del hotel y comieron algo ligero, después pasearon un poco por la tienda de regalos y finalmente subieron al cuarto para hacer el amor. Cuando se hubieron satisfecho ella descansaba la cabeza en el pecho de su amante. Tenían todo el día por delante, estaban felices.

— ¿Tus amigos sangre pura vienen aquí? — Preguntó de repente, pues él siempre respondía sus respuestas.

— Sólo los que tienen la marca. — Dijo como si fuera de lo más normal alzando su propio brazo. — Fue Blaise en concreto, llegó aquí cuando el lugar recién abrió, hace quince años tal vez. — Fue pasando la voz...es increíble pero aquí se formaron algunas relaciones interesantes de las que él mundo mágico no sabe.

— ¿Cómo cuáles?

— La de Theo y Belle su mujer, por ejemplo.

— ¿El señor Nott tiene esposa?

— No es su esposa, pero es la madre de sus dos hijos, es una muggle y sus hijos están en Hogwarts pero no tienen su apellido, tienen el de la madre pero como comprenderás no puedo decirte de quienes se tratan, él lo quiso así para que sus hijos no sufrieran ningún tipo de discriminación. Inteligente el hombre. — Ella hizo un gran Oh con la boca. — Vive con ella la mitad de la semana, la tiene convencida de que es un criminal peligroso y ella le cree porque siempre le regala joyas y a sus hijos no les falta nada. Antes de ir a Hogwarts fueron a una escuela particular muy cara y créelo o no, los chicos le adoran aunque sea papá sólo de medio tiempo, es increíble que sepa ganarse a sus hijos tan bien aún sin haber tenido un gran ejemplo a seguir, y yo creo que en parte es porque les dio el regalo más grande de todos.

— ¿Cuál?

— Amor.

Ella se rio un poco.

— Pensé por un momento que dirías que el regalo más grande de todos es la magia.

— Lo es, pero en caso de nosotros los sangre pura no muchos tuvieron la suerte de tener infancias felices como Blaise o yo. Incluso los padres de Tori eran unos infelices... ¿No te molesta que hable de Astoria verdad?

— Sabes que no. — Dijo ella, con la malicia interna de una quinceañera que piensa "Que la extrañes no va a traerla de vuelta, que hables de ella no va a hacerla menos muerta. Ahora estoy yo para hacerte feliz" pero con una sonrisa y con un beso en los labios tan dulce que un hombre interpreta como bondad intrínseca.

Merlín bendiga la inocencia de los hombres frente a las mujeres.

Salieron por la tarde cambiando un poco su aspecto, ella se volvió rubia y el moreno. Salieron del lugar tomados de las manos y fueron a un centro comercial bastante exquisito. Entrando directamente en una joyería.

Quería llenarla de regalos que ella pudiera mirar durante el día o la noche y así acordarse de él. Sentía que flotaba. Tal vez salir con una jovencita estaba causando en él un retroceso psicologico, porque no había sentido jamás un amor adolescente ni cuando lo era, pero estaba seguro de que se sentía así. Cogieron anillos de matrimonio, pero los pusieron en cadena para llevarlos debajo de la ropa y que nadie más viera para que no los pudieran relacionar. También le compró pendientes, gargantillas y brazaletes, el dependiente ni siquiera pensaba que los fueran a comprar todos pero todo cambió cuando dijo que los pagaría con tarjeta de débito. La tarjeta no quiso pasar y tuvieron que llamar al banco, al parecer al haber sido una compra que no concordaba con las cantidades antes gastadas el banco había decidido bloquear la tarjeta por seguridad. Minutos después pudieron seguir comprando.

— No sabía que tenías cuentas en bancos muggle.

— Ya te lo dije, tenemos mucho dinero muggle porque tenemos negocios muggle.

Volvieron a verse el día 29.

Draco se entretuvo contando las pecas de su espalda, le daba un beso por peca. Durante la tarde estuvieron amodorrados, el aire estaba pesado de tanto sexo, húmedo, oloroso y hasta cierto punto asfixiante pero no importaba. Lily no soltó a Draco para nada, dormitaban, se duchaban, comían, veían la TV, cosa que Draco no hacía demasiado, pues en casa no tenía una y los dibujos animados fueron algo completamente increíble para él. Otra forma de magia.

Pasaron los días, sus hermanos se habían marchado a Londres, Albus por supuesto había ido con Scorpius para elegir el departamento que iban a utilizar para cuando terminaran Hogwarts. Nada anormal, masque el hecho de que de verdad quería regresar ya a Hogwarts, bajo la vigilancia de sus padres le costaba mucho más ir de un lado a otro, más cuando lo Aurores Guarda pasaban tanto rato en la casa ayudando a su padre con papeleo o conviviendo con la familia. Sus padres tenían la facultad de hacerse amigos de todo el mundo, supuso que era porque el abuelo había sido un empleado del ministerio.

Cuando Albus regresó de Londres lo notó extraño. Silencioso, se encerró en su cuarto a escuchar Muse, y a Coldplay, bandas que siempre ponía cuando estaba triste pero durante las comidas trataba de aparentar que estaba bien.

¿Por qué eran así?

¿Por qué los Slytherin siempre se encerraban bajo una capa de "no me pasa nada, no sé de qué estás hablando"? ¿No veían que se hacían daño?

Al final, justo cuando empacaban para Hogwarts ella acarició su mano.

— Siempre estaré para ti Albus. Si pasa algo...quiero que cuentes conmigo. — Él la miró con dulzura y luego acarició su cabello pelirrojo.

— Lo mismo digo.

Tomaron el tren solos, cosa rara. Draco le había dicho que lo tomarían pero no, no estaba Scorpius siquiera y Albus no parecía preguntarse dónde estaban, como si ya lo supiera de antemano y miró a la ventana durante del resto del viaje.

En la primera cena de semestre vio a Draco en la mesa de maestros, cuando la miró él le pidió disculpas en silencio, luego apuntó a su hijo y después hizo un gesto de no saber lo que pasaba. Ella movió los labios y le dijo que ya hablarían más tarde.

Observó a su hermano y a Scorpius, se sentaron muy alejados el uno del otro y Scorpius parecía tener una muralla de amigotes rodeándole.

Eso significaba que estaban peleados. Pero ellos no se habían peleado nunca, sólo se habían hecho de palabras una vez, con lo de Delphi pero nunca se habían dejado de hablar ni se habían hecho la ley del hielo, no tenían experiencia en reconciliaciones cosa que Lily había hecho más de una vez con sus amigas.